Fin de semana en París: ‘oh la lá’

Nunca hay suficientes viajes a París, la ciudad del amor, la luz, la moda, los macarons y los brindis con champagne. Nuevos hoteles, museos, tendencias y, cómo no, clásicos, como un suculento ‘petit déjeuner’ con vistas a la Torre Eiffel. Oh la lá, París.

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París es siempre una cuestión de actitud. Ante el amor, ante la felicidad, ante el optimismo, ante la vida. Pocas ciudades pueden presumir de simbolizar tantas ciudades en una y por eso un viaje hasta la capital de Francia es siempre una experiencia nueva por una sencilla razón: es posible encontrar tantas ciudades como actitudes ante la vida se tengan.

Un fin de semana en París da para mucho, se trata de tres intensos días en los que visitar alguno de los más míticos hoteles, disfrutar de un buen expreso en un café del barrio de Marais, salir de compras por calles tan elegantes como Saint Honoré o visitar uno de los más recientes templos del arte, la cultura y el diseño, el Museo de la Fundación Louis Vuitton. “Si alguno de los dos muere –le dijo el marido a la mujer- yo me trasladaré a París”. Palabra de Sigmund Freud.

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Tanto si se trata de una primera toma de contacto con la ciudad como si no, nadie debería dejar de visitar lugares tan importantes como el Arc de Triomphe que, construido por Napoleón, ostenta el título de ser el mayor arco de triunfo del mundo. La Basílica del Sacré-Coeur, uno de mis lugares fetiche en París, un rincón casi místico desde donde divisar la ciudad a tus pies. Y de un lado a otro de la ciudad continuamos nuestro recorrido hasta el Centro Georges Pompidou, un osado centro de arte que es, además, una puerta de entrada ficticia al barrio de Le Marais, mi preferido.

Una visita al Pompidou es del todo obligada, como también lo es una cena o un cóctel en su restaurante Georges, situado en la azotea del imponente edificio que parece construido al revés. Desde Georges se obtienen algunas de las mejores vistas de la ciudad a la imponente Torre Eiffel, el monumento más reconocido de toda Francia. Pero antes de visita a ‘la vieja dama’, es de recibo hacer un alto en el camino para pasear, perderse y volverse a encontrar por el barrio de Le Marais.

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Y aunque la magia de Le Marais no se pueda comprar, sí se puede disfrutar. Mis dos rincones preferidos los tengo más que grabados en mi hoja de ruta; uno de ellos es Les Philosophes, en el 28 de la rue Vieille du Temple, perfecto para degustar un rico expreso por la mañana en un ambiente literario y decadente. El segundo sirve para degustar la rica gastronomía francesa, y nada mejor que hacerlo en Au Petit Fer à Cheval. Es pequeño, ruidoso y más bien incómodo, pero no importa, es uno de mis rincones foodies preferidos. Fue inaugurado a principios del siglo XX, fíjate en la espectacular barra en forma de herradura, y sirven el mejor filet mignon que he probado.

En Le Marais, además de tiendas fundamentales como Diptyque (de donde todo el mundo tendría que llevarse a casa cualquiera de sus clásicas velas, mi preferida es la Baies), también se pueden encontrar reconocidas marcas como Maje o Sandro, cuyos establecimientos causan furor. Mezclado entre la tremenda amalgama de tendencias de Le Marais, sobresale el latido judío con sus tiendas y restaurantes callejeros de rica comida kosher, como el falafel. Una parada interesante es el  Museo de Arte e Historia Judía, en el 71 de la rue du Temple.

Y si existe un lugar en París que defina a la perfección, el amor a las compras en general y a la moda en particular, ese es Merci, en el 111 del Boulevard Beaumarchais. Aquí se pueden encontrar desde antiguas piezas de época, clásicos diseños de Yves Saint Laurent hasta interesantes hallazgos de jóvenes diseñadores emergentes, todo bajo un mismo y estiloso techo. Uno sabe cuándo entra en Merci, pero nunca cuando sale. Este Concept Store es bonito, agradable y hasta se puede hacer un alto en el camino para disfrutar de un rico café a la crème y un sabrosísimo sándwich de salmón.

¿Dónde dormir en París? 

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Uno de los hoteles más especiales donde me he alojado en París ha sido el hotel Da Vinci, una auténtica monería de alojamiento ubicado en el corazón del parisino barrio de Saint-Germanin-des-Prés. Un coqueto café, una chimenea, confortables habitaciones con amenities de Cavalli (la inspiración italiana del hotel es innegable) y, ¡oh sorpresa!, una piscina que puedes privatizar para transformarla en un reservado solo para dos. Un espacio de relajación plagado de velas, mosaicos y hasta una bóveda estrellada que convierten este rincón, y todo el hotel, en un oasis de relajación absoluta.

Atento servicio, completo desayuno (que nadie deje de probar sus deliciosos croissants) y tan solo 24 habitaciones donde abundan los guiños al Renacimiento. Algunas de ellas asoman a un tranquilo patio y otras a la rue des Saints Pères y al cercano Louvre. Cercano al hotel encontrarás la clásica Brasserie Lipp el bistró más francés de todo París, la tienda de Pierre Hermé donde puedes comprar los mejores macarons de toda la ciudad y en general interesantes pequeñas tiendas donde encontrarás un excelente shopping en este bohemio barrio de París.

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