5 desayunos por los que merece la pena reservar un hotel

Si hay algo que me gusta de un hotel, son sus desayunos. Bueno, eso, y las sábanas que son suaves, las bañeras infinitas, los lobbys animados, el room service… Pero volviendo al principio, sí, los desayunos son algo que verdaderamente me encanta de los hoteles. Despertarse sin prisa, agarrar un periódico y escoger una mesa escondida donde disfrutar de ese momento único del día: café recién hecho, tostadas, zumos naturales y una rica tortilla.Un desayuno de manual, vaya.

Estos son los 5 desayunos que, de momento, más me han conquistado en este 2014. ¡Dentro vídeo!

palazzo margheritaPalazzo Margherita: Mes de junio en Bernalda, un coqueto pueblo perdido de una nada turística región italiana. ¿Mi hotel? En realidad no es un hotel, sino la casa que Francis Ford Coppola tiene en este pueblo, de donde era originaria su abuela. Hoy es un impresionante palacio de tan sólo 9 habitaciones restaurado con todo el mimo del mundo que una o dos veces al año también visita la familia Coppola, no obstante aquí se casó su hija Sofía Coppola, y hasta yo me volvería a casar porque es tan romántico que roza la locura. Pero como aquí hemos venido, entre otras muchas cosas, a desayunar, os diré que este ha sido uno de los mejores, o tal vez el mejor, desayuno del año. Sencillo, rico y servido en una de esas vajillas que dan ganas de meterse en el bolsoEl desayuno perfecto existe, vaya que sí.

Desayuno hotel Only YouOnly You: Es, con permiso del resto, uno de los hoteles más bonitos de Madrid. Y además de ser famoso por sus excelente servicio, su cuidada decoración y su brunch, yo me quedo con sus desayunos. Tanto si estás alojado como si no, puedes disfrutar de un excelente desayuno a la carta (no hay bufé) con ingredientes de primera calidad, no es broma, que no en todos los hoteles se puede desayunar jamón ibérico cortado al momento. El zumo, natural, como debe ser. Y para un día de caprichos, también tienen churros (de los ricos, no de los refritos).

Les Hamaques: Ya os he hablado con anterioridad de este precioso hotel de la Costa Brava. Además de que no puede ser más bonito, lo cierto es que en Les Hamaques se come -y se bebe- muy bien, también. El desayuno es otro de los puntos fuertes de este bonito hotel en el Empordà. Sus dueños se esmeran en servirte cada mañana un desayuno sencillo pero compuesto por alimentos de primera calidad donde todo son productos de cercanía. ¿Lo mejor? el lugar donde lo disfrutas, en el romántico invernadero de la casa, y con la puerta de la cocina siempre abierta a sus huéspedes. Tu propia casa en la Costa Brava.

Hotel CarusoBelmond Hotel Caruso: Un bufé tan infinito como las vistas de las que se goza mientras desayunas. Así de único es el desayuno en uno de los hoteles más bonitos del mundo, el Belmond Hotel Caruso. Más de siete clases de pan para elegir, mermeladas caseras -ese lujo-, embutidos y deliciosos platos para escoger a la carta entre los que yo me quedo con sus huevos revueltos (no lo pregunté, pero tuve la sensación de que podían llevar una gotita de mantequilla que los hacía aún más deliciosos, claro, qué fácil es la vida con mantequilla). Aunque siendo sincera, podríamos desayunar un simple café que tan solo por la ubicación, con la Costa de Amalfi a tus pies, el recuerdo de la primera comida del día sería, sin duda, inolvidable.

Domaine de la BaumeDomaine de la Baume: Estaréis de acuerdo conmigo que cumplir 33 años en uno de los hoteles más bonitos de la Provenza y con un desayuno así (ver foto) servido en la cama, no es fácil de olvidar. Y os aseguro que vosotros tampoco olvidaréis el sabor de ese bizcocho de chocolate y naranja. El Domaine de la Baume es por muchos motivos, además de por sus desayunos, un  hotel de obligada visita en cualquier viaje por la Provenza. La que fue la casa del artista Bernard Buffet hasta 1999 es hoy un idílico hotel donde alojarse para olvidarse del mundo. Por tener, tiene hasta cascadas naturales dentro de la propia finca, además de una piscina, un spa, pista de tenis y todo el encanto del mundo reunido en no sé cuántos, pero muchos, acres de terreno. El desayuno es memorable, pero el aperitivo tampoco se queda corto; aunque de esto, ya hablaremos otro día.  

Y por cierto, buenos días.

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