3 razones parar ser feliz en la Costa Brava

Siempre hay motivos para ser feliz, y un viaje por supuesto es de los más importantes, al menos para mí, claro, que me paso la vida de aeropuerto en aeropuerto y de hotel en hotel. Mi vida es lo que pasa entre el check in y el check out, y yo encantada de que así sea. En cualquier caso, y gracias a los casi 4 años que llevo viviendo en Barcelona, he tenido la oportunidad de descubrir auténticas joyas perfectas para escapadas cortas. Una de mis preferidas es siempre la Costa Brava, lo que para mí representa una perfecta combinación entre las azules aguas de sus calas, los verdes paisajes del Ampurdán y por supuesto la deliciosa gastronomía basada en platos sencillos y de calidad. Y a pesar de que ya he enumerado unos cuantos, aquí van 3 motivos para lograr ser muy feliz en la Costa Brava.

Hostal de la gavina-Blog Bon voyage

Sus hoteles: alojamiento para todos los gustos, desde pequeños hoteles rurales donde evadirse del mundo como Les Hamaques, hasta grandes hoteles que rezuman lujo y solera como el Hostal de la Gavina. Este precisamente ha sido uno de mis últimos descubrimientos, un histórico alojamiento de lujo en pleno corazón de la Costa Brava, en S’Agaro, un privilegiado rincón del Mediterráneo. La historia de La Gavina, además, tiene miga. Este lujoso hotel lleva más de 80 años recibiendo a lo más granado de la sociedad nacional e internacional, y celebrities de medio mundo se han alojado en muchas de sus 74 habitaciones, que en su origen fueron tan solo 11. Mucho ha crecido desde entonces, claro, aunque lo ha hecho sin perder ni un ápice de ese encanto que aporta el lujo clásico a conceptos de hotel hoy prácticamente inexistentes. Lo mejor del hotel es su cercanía al mar, su atentísimo personal de servicio y por supuesto su impresionante piscina, donde se puede disfrutar de unas excelentes vistas a la playa y la bahía de Sant Pol. Tampoco se me antoja un mal plan cenar a la luz de las velas en su restaurante Candelight, donde degustar ricos platos en un ambiente de lo más refinado y romántico. Cuando te alojes en La Gavina no olvides contemplar la puesta de sol desde el Camino de Ronda, un idílico paseo que bordea el hotel y la lujosa urbanización a la que pertenece y desemboca en la que para mí es la playa más bonita de la Costa Brava, Sa Conca. Sin duda un lugar donde ser muy muy feliz.

hostal_la_gavina BlogBonvoyage

Sus restaurantes: he repetido hasta la saciedad, lo sé,  que uno de los mayores placeres que se pueden sentir en esta vida es comer con los pies en la arena. Pues bien, aunque en la Taberna del Mar, el restaurante donde ser feliz en la Costa Brava, no se puede comer con los pies en el mar, su privilegiada ubicación y su ambiente marinero lo suplen con creces. Yo nunca había oído hablar de la Taberna del Mar hasta que descubrí La Gavina (hotel y restaurante están muy cerca), pero según me cuentan, este restaurante en la Costa Brava es todo un icono gastronómico de la zona, sobre todo ahora que acaba de reabrir sus puertas tras una minuciosa remodelación. El resultado, obra y gracia del interiorista Lázaro Rosa Violán, no ha podido ser más bonito, dando vida a un nuevo restaurante sin perder la esencia marinera que lo ha hecho famoso. ¿Qué pedir? Pues una paella o una buena fideua, sin lugar a duda. Y un consejo, mejor reservar con antelación porque lo interesante es conseguir una mesa en su terraza, aunque el interior, en este caso, resulte también de lo más atractivo.

La Taberna del Mar

Sus mercadillos: no hay fin de semana que no se pueda encontrar en la Costa Brava un buen mercadillo. Aunque no lo busques, siempre acabas dando con alguno recorriendo sus serpenteantes carreteras. En mi escapada a la Costa Brava coincidí con el mercadillo de Pals, por cierto, uno de los pueblos más bonitos de la zona, y con un tan pequeño como interesante mercadillo en Corcà. El de Pals es bastante caótico y puedes encontrar casi de todo; antigüedades mezcladas con utensilios del campo  y hasta ropa adlib. Ya me he aficionado a los dos, claro, pero sobre todo al de Corcà, donde cada dos sábados del mes montan puestos de comida ecológica: frutas, verduras, huevos, miel, pasta casera… y hasta un señor haciendo una paella al aire libre que comprar en pequeñas raciones. Sencillo y encantador. Lo de barato, regular, quedan pocas cosas baratas por esta zona, aunque sí puedo afirmar que son buenas.

Y ahora, a ser feliz y a disfrutarlo.

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