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agosto, 2014


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agosto 14

Un tesoro de carne y hueso

erika

Me llamo Erika, soy periodista, tengo 29 años y soy natural de Suiza.  Mi familia es de Nicaragua por lo que he vivido allí la mayor parte de mi vida. Hace 8 años me encontraba viviendo en Alemania cuando me enteré que estaba embarazada.

Tenía claro que iba a nacer el niño pero no sabía cómo íbamos a cubrir nuestras necesidades sin un empleo estable. Dado que mi alemán era medio y no fluido tenía dificultades para investigar sobre las ayudas que podrían proporcionarme en en Alemania. El padre del niño era español y decidí buscar información en este país. En internet encontré Fundación Madrina. Eran las 11 de la noche cuando escribí en la página web y media hora después recibí una contestación de Conrado, Presidente de la Fundación, tranquilizándome y diciéndome que podrían apoyarme y orientarme.  Me animé a volver a España y en Fundación Madrina me ayudaron a perder el miedo,  a darme cuenta que podría llevar yo sola la carga si el padre no respondía,  en definitiva encontré un refuerzo emocional.

Tras necesitar un apoyo de vivienda, hace dos meses empecé a vivir en el piso tutelado para madres que tiene la Fundación. Nadie quiere hospedar a una mujer embarazada y un recién nacido y yo no tenía los medios para cubrir esta necesidad por lo estoy eternamente agradecida.

Esperé la llegada de mi hijo con la ilusión que me provoca la navidad. Treinta y nueve semanas más 5 días de gestación implicaron un largo proceso de planificación, de organización, de desgaste y de alegría, no podía pensar sólo en mí, ahora eramos dos.

enmanuelTras varias revisiones médicas, ante la posibilidad de provocar el parto, el primero de agosto a las 4 hs de la mañana, unas contracciones intensas me alertaban y preparaban para la llegada de mi niño. Respira, suspira y espera.  Desde el piso tutelado de madres de Fundación Madrina podía apreciar en la distancia el Hospital de la Paz. La primera cuna que tendría Enmanuel al nacer.

“Enmanuel, mi lindo Enmanuel” yo te amo y te espero con ternura, tu eres mi gran preciosura, llamado mi hijo Enmanuel” cantaba susurrándole el estribillo de la canción que le escribí, mientras esperaba romper aguas o al menos estar convencida que eran contracciones de parto. Una vez lista puse rumbo, aún recuerdo el olor a medicamentos del largo pasillo del hospital y como un cuerpo de matrona me custodiaba.

Jamás olvidaré la tranquilidad que tenía en la primera fase del parto. Había nacido mi amado Enmanuel a las 20.30 hs de la noche del primero de agosto, tras su larga lucha y ganas de vivir.

Con él nació otra etapa de mi vida, desde que le llevaba en el vientre me sentí su madre, su protectora. Pero sí, había dado a luz a ese hijo tan deseado y ahora en mis brazos disfruto su larga serenata de madrugada, disfruto sus expresiones constantes, y todo mientras me perfuma con su olor a bebé. A diario tengo razones y nuevas causas para amarle, es mi tesoro de carne y hueso.