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septiembre, 2011


5
septiembre 11

Un embarazo por sorpresa

por Nadia Hajaj

Cuando me enteré que estaba embarazada de dos meses no sabía qué hacer, tenía miedo de tomar cualquier decisión errónea y arrepentirme toda la vida. Un día, camino de una clínica, llena de dudas, sentí a mi bebé, sentí como se movía y como si me dijera “YO tengo derecho de vivir”.

En ese momento decidí seguir adelanté con el embarazo aunque me encontraba en grandes dificultades. Estaba sola en Madrid, mis padres no sabían nada y tenía miedo de contárselo porque sabía que no lo aceptarían, tampoco tenía el apoyo del padre del bebe…

Pasé cuatro meses alojada temporalmente en casa de mi tía intentando buscar soluciones para continuar yo sola. No sabía dónde ir cuando conocí la FUNDACIÓN MADRINA, donde me transmitieron el verdadero sentido de la maternidad y me ofrecieron ayuda. Comencé a sentir esperanza y fuerza para seguir adelante. Además me dieron la oportunidad de vivir en su piso con otras madres en mi misma situación.

Tomé la opción de dar mi hija en adopción y al nacer la dejé en el hospital. Volví a casa con mi familia pero sentía como si me faltará un trocito del corazón. Me puse en contacto con mi madrina de la fundación con la intención de recuperarla, pero sin esperanza alguna. Después de tres semanas de sufrimiento, recuperé ese trocito de corazón que me hacía falta para vivir: mi hija.

Todo fue posible gracias a Dios y a dos maravillosas personas de la Fundación Madrina, su presidente, Conrado Giménez y Paloma de la Huerta, mi madrina. Ellos me han ayudado a ser otra mujer, con esperanza y feliz de ser madre. Me volvieron a acoger en el piso con mi hija y allí descubrí el valor del amor y amistad, recibí el cariño de una familia, me sentí más protegida. A los tres meses, llegó a la fundación una persona muy especial para mí y gracias a ella me incorporé a trabajar en un colegió.

Una vez recuperada, me acogió una familia con tres niños y estuve viviendo casi un año con ellos. Sofía, la madre, me ayudó a conseguir un diploma de Técnico en Educación Infantil. Fue como una segunda madre para mi porque me abrió las puertas de su corazón y de su casa.

Ahora para seguir adelante me apoyo en mi fe en Dios y en todo lo aprendido en mi experiencia como madre.


5
septiembre 11

Ser “madrina” me ha agrandado el corazón

por Paloma de la Huerta

Hace 5 años que colaboro en Fundación Madrina. Lo que más me gusta es ayudar a las madres, hablar mucho con ellas, darles cariño, acompañarles en los partos y hacer un seguimiento a los bebés.

Con el tiempo he ido cogiendo cariño a todas y he llegado a quererlas como a hijas. Me he dado cuenta que lo que más necesitan es amor porque en general vienen de familias muy desestructuradas, tienen mucha soledad y problemas que nunca podríamos imaginar…

Creo que el papel de “madrina” conlleva mucha responsabilidad. Es una tarea de día a día: hablar, cocinar, llorar, acompañar, aconsejar, enseñar… y tantas cosas que necesitan estas chicas.

Después de muchos años de acompañar y ayudar a tantas mujeres me he dado cuenta de que yo soy la primera beneficiada. Es una tarea gratificante que llena la vida porque se pueden desarrollar las propias cualidades para ayudar a otras personas y compartir los dones que Dios nos ha dado.

Animo a todo el mundo a poner un granito de arena en esta cadena de ayuda mutua y disfrutar de poder impulsar tantas vidas con muy poco de nuestro esfuerzo.