Grace de nuevo, Grace siempre

Y es que la verdad  sea dicha, Grace no hubo más que una aunque tantas quieran imitarla. Por ejemplo Nicole Kidman, que siendo como es una gran actriz, en la película que hace poco hizo sobre la princesa de Mónaco –en la que por cierto estaba bella y elegante-, lo cierto es que Grace era Grace y ella tenía solo la gracia.

Viene a cuento en este enero frío, mientras la lluvia golpea en mis ventanas de Madrid, que se está preparando desde hace tiempo en América, una serie de televisión sobre la vida y la muerte de la esplendorosa dama de otro tiempo. Resplandor que, está claro, aún permanece. Por una razón fundamental, porque no solo tiene historia que contar y que callar incluso, sino porque no hubo nunca otra mujer como ella ni su hija, Carolina. Ella, siendo espectacular como lo es, tanto en su vida, en sus hechos, como en sus silencios, forma parte de la galería cada vez mas escasa, y bien que lo siento, de recuerdos inolvidables, y eso que mis vitrinas cada vez son más frágiles y se van vaciando. A la hora de la verdad no solo no aguantan el paso del tiempo, sino que a veces mueren en las manos fuertes y peligrosas de algunas de las empleadas domésticas (es una broma), que se encargan de cuidarlas.

Largo prólogo para justificar una presencia. A Grace, cuando solo era Kelly, la conocí en Madrid, donde había venido para presentar no sé qué película. Quizá fuera Mogambo, aunque no lo tengo seguro, o algunas otras de las de Hitchcock, el general director de cine que la convirtió en su estrella favorita. Me gustó aquella niña a la que ya había besado en la boca Clark Gable  y también su icono preferido, aquel actor mágico al que un día di la mano durante un cocido madrileño en Horcher, Gary Grant. Aunque su corazón, y por exigencias de guion, estaba en otra parte, como más tarde se supo.

Dicho lo cual, debo decir que aquella entrevista mía está en el viejo Careta, donde inicié mi tareas del corazón y a veces del hígado, las cosas como son. Y bueno, ya me gustó entonces el estilo ”que yo definí europeo, casi inglés” de la hija del riquísimo ladrillero de Filadelfia, que cautivó a todos, no solo en el plató y en la escena sino en la calle.

Fue entonces cuando no la dejaron entrar, como les digo, en un hotel madrileño formidable, inolvidable para mí. Por ser eso, “solo una actriz de cine americana”, aunque más tarde tuvieron que pedir perdón, cuando volvió, por ser su alteza serenísima. Ese era su titulo, la princesa Grace de Mónaco, esposa del príncipe Rainiero. Aquella noticia preciosa, precisa, de su boda, dio la vuelta al mundo. Por lo que recuerdo, ya había ocurrido algo igual con un gran actor del cine americano, James Stewart, al que entrevisté también cuando vino a rodar una película del oeste a nuestra Almería, cuando era ni más ni menos que el Hollywood de Europa de tantas películas como se hacían en su desierto mágico, maravilloso, único. James Stewart, como actor, no pudo acudir como cliente al hotel al que me refiero, pero eso sí, decirles quiero que cuando supo la razón por la que no había cama para él, fue a la embajada americana. Y es rigurosamente cierto que se vistió con su uniforme de teniente coronel de la aviación americana, (lo había sido en la segunda guerra mundial), y las puertas de aquel sitio se abrieron para él con todo reconocimiento.

Cosas aquellas que están no solo en mis cuadernos que ahora voy a revisar, porque hay mucha historia dentro y que actualizan a un personaje como el que hoy esta en nuestro blog, y digo nuestro por que es tanto mío como suyo. Me traen a la memoria, siempre, aquel baile de la rosa en el que tuve que estar, si bien discretamente, en segunda fila pero consciente de a quien representaba. El baile aquel de la rosa, que sin ¡HOLA!, no tenía la importancia que debía tener, por que ¡HOLA!, siempre acudió a esta cita anual y allí fue recibida como merecía. Nadie nunca le dio a esta cita de la gloria, tanta y tan bella y resplandeciente cobertura.

En la película de Grace que he vuelto a ver después de buscarla en el milagro de la maquina azul, he comprobado que hay un pasaje de la vida de la princesa a la que tanto amamos, -diré antes de que se me olvide que en un baile de la rosa (Dios sabe cuántos años hace), le di la mano a su alteza que me respondió con una sonrisa inolvidable,  sobre todo por que a la hora de doblar la espalda y rozar la delicada mano con una sortija espectacular, sobre todo digo cuando sin pronunciar mi nombre siquiera, que ni falta que hacia, se dijo hello a lo que ella con un especial manera, yo diría que distinta, sabedora y agradecida, respondió con un especial gesto de anuencia, esto es, agradecida, sorprendida, y contenta. Debo decir que nos leía todas las semanas, desde casi siempre, y que a veces recibía, ¡HOLA!, con mas urgencia, por valija diplomática, por que su país, pequeño y maravilloso, tenía y tiene representación oficial.

Lo que no se contó en aquella película es la otra parte de la vida de Grace: su muerte. El misterio de aquel accidente en aquella curva terrible, donde no faltan flores frescas, me cuentan los que son habituales de esta carretera, en la que murió aquella que fue de las damas mas lloradas del mundo entero. Junto a ella viajaba su hija Estefanía como todo el mundo sabe, a la que tuve el gusto y la oportunidad de entrevistar en la casa aquella alquilada de Los Ángeles, donde vivía entonces el apasionado romance de amor con aquel atleta rubio del que luego jamás se supo. Cuando yo conté de una manera eso si camuflada que la princesa Estefanía llevaba una pequeña rosa tatuada en un lugar muy intimo, que imagino continuara en su piel, y lo cuento justo cuando una nieta mía que acaba de volver de estudiar en los Estados Unidos ha pedido a los Reyes Magos, a los que tantas cosas se piden, por imposibles que parezcan, que le permitan tatuarse una tortuga en la cadera, dado el que es ademas den una escritor a esplendida, que ademas se me quiere ir a Palestina por que es solidaria a tope, muy pero que muy ecologista. Les tendré informados de ella, se llama Lola Medina.

En fin, que viene la historia y se quiere llamar Serenísima, que me parece un titulo fulminante, bueno, lleno de fuego y de fuerza. Están buscando alguien que se le parezca, y no solo físicamente, sino que tenga la fuerza de llevar al cine la vida y también el adiós, que la palabra muerte ya saben que no me gusta escribir, y que los guionistas no descansan. Hollywood  atraviesa una crisis de inventores de argumentos y se está encontrando con la inmensa realidad de la vida misma, que no hay historias mayores y mejores  que aquellas que produce nuestra propia vida. 

  • Tico, muy buen artículo. Desgraciadamente no hay nadie como Grace. Ni lo habrá. Era y sigue siendo única. Su hija Carolina es maravillosa, pero no. Nadie es igual a Grace en nada. Hace tiempo leí su biografía y fue una señora formidable. Lástima murió joven. Eso impidió que envejeciera y la convirtió en un mito más fuerte todavía. Se puede decir que tuvo una vida maravillosa, privilegiada y única. Sólo la temprana muerte le quitó esto. Es ejemplo de elegancia y saber estar. Gracias por traerla al blog.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer