70 veces Massiel

O sea, que el día dos de este mismo mes de agosto cumplió los setenta años. Y siempre, siempre, es una rebelde eterna, porque hasta cuando sonríe usa la misma fórmula del Cordobés, mi compadre, “como si tuviera un cuchillo entre los dientes”. Asturianísima, de raza y plaza aunque haya nacido en Leganitos. Tanto es así, que como siempre llegaba arrollando la llamaban  “la tanqueta de Leganitos”. Cosa que a mi no me gustaba mucho por que un servidor, ella lo sabe, fue uno de los primeros de su vida artística en entrevistarle. Un día, me contó mi amigo Loygarri, que llevaba el tema de la noche en el Diario Pueblo hace ya no se cuantos años.

Total, que hablamos con ella en aquel piso alto, un ático que tenía la madre de Luis Eduardo Aute, aquella filipina bellísima, en el paseo Rosales. Le había escrito Aute, mi viejo amigo al que tanto admiro. Un día me regaló incluso una sirena pintada de tamaño natural, de aquella hermosa historia llamada ‘Rosas en el mar’.  Cosa grande que aun hoy permanece entre las mejores de los últimos, como poco, cincuenta años.

Hablamos, era hermosa, más que bonita, valiente, insisto, rebelde siempre, aunque a veces en su silencio, parezca mansa. Una jaguar en la selva  de la música que entonces rompía por encima de la copla y el pasodoble. Recuerdo que aquel día en aquella terraza abierta sobre el inmenso parque madrileño, me dijo:

-Siempre diré, pero siempre, siempre, lo que piense. Lo que sienta.

Y así ha sido, incluso después de aquella entrevista me dijo “no se olvide poner mi nombre artístico con dos eses”.

Incluso, ya les digo, cuando ganó en Eurovisión aquella noche memorable, del sesenta y ocho, que parece que fue ayer, y con aquel ‘La la la’ que le habían escrito los del Dúo Dinámico. Ajusten cuentas. Hace caso cincuenta años, los hará el que viene. Y ahí sigue tras largos silencios, tres veces casada, tres veces viuda, aunque ahora tiene su corazón creo que ocupado. Massiel, que tanto pan nos dio a lo largo de toda una vida, María de los Ángeles.  Feliz Santamaría  y espinosa, asturianisima, aunque nacida en Madrid, insisto, hija de aquel gran capitán que fue de la representación musical, Santamaría, al que tanto acudimos tantos en su tiempo.

Massiel, con dos eses, de soberana y sabia, capaz de armar la revolera, superviviente de sus propios naufragios que, si ayer se le quema la casa grande de san Rafael en Segovia, hace muy poco nos descubre:

-Que me estoy quedando ciega, por culpa de una macula en los ojos…

Grande, de todas formas, con un hijo grande también, que por lo que leo sigue muy cerca de ella. Massiel, que en las tertulias, cuando quiere ir, dice su verdad, directa, con la misma voz de siempre, incluso de cuando era niña. Sustituyó a Serrat aquel día en Eurovisión, en blanco y negro, y ganó el primero. Joan Manuel no quiso ir, y ella, se alzó con el triunfo, que la hizo rica y famosa en el mundo entero.

Cada uno de sus matrimonios fue una noticia de portada de revista y en nuestra casa en ¡HOLA! apareció muchas veces, muchos días, por derecho propio. Sé que escribia a escondidas y gustaba mucho. Por ejemplo, Bertol Bretch, en la política ya se sabe, en la vida, la cabeza levantada y a por todas. Yo, la habré entrevistado en todos los medios posibles y aun en los imposibles no sé cuantas veces y siempre, siempre, lo que dijo fue noticia. Era, es, muy asturiana, muchísimo y por ejemplo, aquel aleluya uno, que le escribió en su día también Luis Eduardo Aute fue una gloria bendita, llegando a ser un himno de su tiempo.

Bueno, pues acaba de cumplir, quien lo diría, sus setenta años primeros y aquí firmo que le queda mucha tela que cortar. Tendría, tiene, vaya que sí, unas muy buenas memorias, mucho que contar para quien tiene mucho que callar, porque prefiere el silencio a decir tonterías. Está en ese momento en que la voz se le ha roto, como debe ser, y por lo tanto aun puede gritar si es que le da la gana- y me viene a la memoria, que a veces la tengo, lo que aquel día primero, en aquella terraza, la massielona, “¿Recuerdas?”, me dijo ya vestida de hippie, bellezona, querida niña de entonces. Cuando empezaba, ese camino que para ella ha sido de rosas en el mar, pero con todas sus espinas puestas.

-Que sepas, que siempre diré lo que quiero decir, pase lo que pase.

Solo han pasado, niña brava de los lagos de Asturias, setenta años de nada. Déjame que contigo hoy, en el crepúsculo, vuelva a cantar tus setenta aleluyas.

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