Noticia del ‘corazón’ sobre José Coronado

Hasta ahora, el maestro José Coronado, por que en lo suyo es un maestro, en lo de actor, haga lo que haga y donde lo haga. Por ejemplo ahora mismo está haciendo, teatro en el Español de Madrid. Nos tenía más o menos acostumbrados a gloriosas noticias, aunque no le guste mucho que sepan de él más que lo justo. Pero miren por donde este fin de semana santa, los medios, que a veces son cuartos, y a ratos más que medios enteros, hicieron aparecer en  sus titulares que el actor José Coronado había sufrido, digamos que un infarto.

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Alarma, preocupación y traslado del actor desde su casa de Madrid, con su hijo Nicolás al lado, hasta la clínica donde, ya esta misma mañana, parece que después de una intervención quirúrgica seria, está bien o casi bien del todo. Ya que eso necesita su tiempo, y se lo dice a ustedes quien tiene desde hace años un imperdible por dentro. Lo que pasa es que a lo mejor cuando ustedes lean esto, en cualquier parte del mundo donde se encuentren, José Coronado, que se llama García de segundo como un servidor, está ya en franca mejoría. De lo que tanto nos alegramos, porque su estado de salud, es fundamental para seguir sonriendo. Porque don José Coronado, que cumplirá en agosto de este verano sus primeros sesenta años, es sin género de dudas uno de los  patrimonios de la Humanidad, de los tesoros ibéricos de este país, llamado España al que mal que le pese a muchos pertenecemos.

Les diré, aunque sé que ya lo saben desde siempre, que José Coronado es un señor en toda la extensión de la palabra. Aunque a veces en el cine, en la tele, en el teatro o en donde sea que interprete, tenga que hacer papeles de malo malo malo, aunque eso sí, siempre con un punto  de bueno, de cruzado con corbata. La lista de sus éxitos ha sido grande. Por ejemplo en la serie que ustedes recuerdan, en El Príncipe, que es por otro lado el nombre de un barrio especial de la hermosa ciudad de Ceuta, de la que soy desde hace mucho tiempo, Caballa de Oro. ¡Me gustaba tanto aquel periódico El Faro de Ceuta…! En el que tuve tantos y buenos amigos, por ejemplo, aquel Alfonso, que fue premio Nadal de novela, y que además hizo en la revista Chicas la crónica de mi boda que pronto hará ¡sesenta años!

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A lo que voy, que a veces los recuerdos se me enmarañan, y los tengo que desenredar, entre otras razones por prescripción facultativa, que me dice que tengo que darle leña a mi cerebro y usar mi memoria porque es bueno para seguir adelante en este oficio de contador de historias.

Les cuen, como se dice ahora en la pijería habtual de estos días. En el idioma de la calle, dicho de otra manera. En la geografía de la Milla de Oro, que esta tan cerca de mi casa, en el barrio de Chamberí.

Que don José Coronado ha tenido amores. Hombre, pues claro que sí, pero el hecho es que no ha tenido demasiados, a saber, aquel con Paola Dominguín, que todo el mundo recuerda porque fue una historia hermosa sin duda, y del que tuvo un hijo, Nicolás, actor ya bueno del teatro y cine, que por cierto es el que se ocupa hora de cuidar el corazón recién intervenido de su padre herido. Y que fue con Mónica Molina, a la que uno casi ha visto crecer. Les diré que hace poco aquella fulgurante historia de amor con Eugenia, la hija de la Duquesa de Alba, y que fue un relámpago sentimental, que descubrió como casi siempre, ¡HOLA! Terminó rápido, y de mutuo acuerdo.

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Servidor que siempre quiso mucho a Eugenia desde que siendo ella una niña escribí las memorias primeras de su madre la Duquesa descalza, he mantenido esa admiración, yo diría que casi de abuelo hacia esta criatura especial, casi espacial, que ha sido si duda, desafortunada en amores aunque sigue siendo igual de linda, que a veces me la encuentro en el ave de ida y vuelta a Sevilla, donde le gusta acudir, como le ocurre a su hermano Cayetano, tan fiel a Liria como a Dueñas.

José Coronado tiene además merecidamente el Goya a mejor actor. Si fuera a Hollywood, que aunque se lo han ofrecido no quiere irse, ya que es un español de Madrid medular, y prefierequedarse entre nosotros, lo que nos obliga a un especial agradecimiento.  Siempre le gustó mucho el campo, y dejarse la barba pero no por razones de su oficio, que por cierto, ya tiene en marcha una nueva serie con Telecinco, sobre el tema del narcotráfico, del que ya se han hecho tantas copias.

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Habla poco, muy poco con la prensa, pero cuando tiene que estar está, y la prueba es que la otra noche estuvo en El Hormiguero cosechando, como se dice a veces, un gran éxito de público y audiencia. En su vida de muchacho estudiante, primero estuvo a punto de ser abogado, y después pensó en ser médico, aunque termino. Cuando fue descubierto por la gloria, pasando modelos, haciendo anuncios y con éxito. Donde pone la mano, generalmente pone su raro resplandor, que siempre permanece vivo, y  creciendo, haga de monje tibetano, de soldado de fortuna, o de padre de chica descarriada. Es tan dúctil el tío, que es capaz de hacer reír y de hacer llorar en el mismo argumento como se demuestra en su última película, por ahora.

A veces surge un viejo romance al que el ademas otorga siempre el crédito de la sonrisa. No presume de guaperas, es culto de la vida y de la palabra, sabe de cocina, hizo un anuncio de whisky inolvidable, aunque yo no lo beba, puso un restaurante -le gusta arriesgar en los negocios- y tendría, si es que quiere contarlo todo o casi todo, gran éxito con unas memorias en las que se notará no solo su vida sino su acento. Es inteligente, resultón y sabe enamorar con  facilidad y sin las cartas marcadas. Es curioso reseñar mientras terminamos, de una vez por todas, que ya es, creo, abuelo, abuelo joven, que después de hacer El Príncipe, y de tener una relación con la Duquesa de Montoro haya ido con su corazón herido al Hospital de la Princesa. Aunque, jugando a las  palabras, que es cosa que tanto me gusta, es natural, ya que su apellido es Coronado.

Vale. Es un rey en lo suyo, y más ahora después de lo ocurrido. Podríamos llamarle como a un viejo amigo le llamaban por Sevilla, que siempre estaba de vuelta con el corazón roto, el duque del infartado. Por cierto, que de vuelta a casa ahora mismo acaba de decir, sonriente, con una mano sobre el corazón.

-No os preocupéis. Solo ha sido un susto.

Sobre todo para nosotros, añado.

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