Hay muchas clases de amor

Sin duda, como lo que sé es más por viejo que por sabio, hoy que es el día de San Valentín, ya lo saben. Y todo el mundo habla, escribe, cuenta sobre el tema… Reúno estas líneas, como si fueran margaritas de la cuneta del camino, incluso a veces flores de cardo, que son bellas, y más aún cuando se convierten en esas salvajes espadas secas de La Mancha, que tienen también su belleza para con ellas hacer un ramo de palabras, que en el fondo son más hermosas que ninguna otra flor, por efímera que sea, aunque las palabras, ya saben… se las lleva el viento del camino.

Luego de este prólogo en el que trato de explicar que hay muchos argumentos que son amor, nadie sabe nada sobre ese tema del que todo el mundo habla, pero que es tan distinto, tan diferente, aunque parezca el mismo desde la noche de los tiempos.

3

Por ejemplo, tras romperme la cabeza por dos veces, llegué a una conclusión inmediata. La representación del amor, por encima de cualquier otro símbolo es, ya lo saben, un corazón. Vale. Sin embargo, lamento comunicarles, que el corazón es solo un músculo, como una vieja patata que late como un reloj, gracias a la sangre que a él llega, sobre todo gracias también a lo que el cerebro le manda, que es el dueño de todos los sentimientos que en el ser humano habitan. Él es el que rige los sentidos, los dolores, los amores… En su consecuencia, él es el que rige nuestra vida desde que se nace hasta que se muere.

No me señalen, por favor, como un despreciable ser que quiere romper todos los cánones establecidos, canciones, poemas, libros formidables y maravillosos, teatros, historias… en fin, que tienen una constante señalización con ese músculo, el cardíaco, a veces rosa, a ratos rojo, incluso azul y hasta amarillo, que ahora se lleva de todos los colores.

No es ese mi deseo, entre otras razones porque he vivido muchas historias de amor, que me he apresurado a contar en todos los medios habidos y por haber, aparte de que a veces he sentido el amor dentro de mí, de todas formas y maneras porque, por ejemplo, a lo largo de una vida, llevo sesenta años casado con la misma mujer y sé bien que hay escalas de color, intensidades. Cuando el dolor se convierte en amor o cuando el amor es el aguante, la comprensión, el hombro con hombro, el sostenimiento, o cuando la pareja se sienta a la caída de la tarde, que por cierto era, es, según San Juan de la Cruz, la hora ‘en que seremos examinados de amor’, bueno, pues cuando frente a la quinta ventana de la televisión uno suspira fuerte, casi de perfil, y pregunta en voz alta:

– Si vieras, vida mía, ¡cómo me duelen los huesos!

love2

Y la santa te responde, como quien bien sabe lo que dice:

– ¡Si vieras, amor, cómo me duelen a mí!

O sea, que hay muchas clases de amor. Hoy, por ejemplo, un periódico del sur titula a todas sus columnas esta noticia hermosa, que es buena para cualquier día de la semana incluso.

‘Una madre da parte de su hígado a su hija…’

Y además, en el subtitulo:

‘Y no le doy todo porque si no me sería imposible seguir viviendo, y no podría ser feliz sin ver que mi hija sigue viva.’

No quiero, Dios me valga, dejar de hablar del día de hoy que está llena de noticias de amor, entre dos sin duda. Las televisiones, nuestra revista misma, prefiere dar una buena noticia de amor, a otra de desamor, que también hay que darla. Pero esa Beyoncé, por ejemplo, con su vientre de madre, lentejuelas sobre la piel, gana los Grammy presumiendo de su amor de madre…

Beyoncé

Por dar un nombre tan solo, que hay muchos, los que se asoman a las portadas de mañana miércoles con el amor en los ojos, que no puede ocultarse. Las parejas que llegan de nuevo, los que empiezan, los que aguantan, los que celebran sus bodas de plata, incluso hasta los que del amor acaban, los libros que salen, las películas, las series… A ver si es posible encontrar una de las que se ven, o de las que que se van a ver, en las que el amor no esté, al menos, en un cuarenta por ciento…

He querido decirles que vale al amor de San Valentín, que es un santo bueno de Almería, ciudad, tierra del amor por excelencia, donde por ejemplo, John Lennon -yo fui testigo de ello- escribió una de las más hermosas canciones de amor de que se tienen noticia, llevando el compás de una cuchara sobre un plato de campaña mientras hacía Cómo gané la guerra de Richard Lester…

Porque San Valentín fue un santo, célibe, que no conoció mujer según se dice en la leyenda escrita y trasmitida, pero eso sí,que fue martirizado por el amor a sus semejantes…

valentin2

Todos los días hay historias de amor, desconocidas muchísimas, casi todas, sobre las que este momento que vivimos se mueve, se precipita incluso. Hay que reivindicar el amor a todos lados, en las cuatro esquinas de cada día, no en los que lo cuentan -a veces el amor espejismo existe- sino también en los que lo callan y lo disfrutan y lo sufren. Recogiendo también el clamor de las mujeres cada día más en el silencio de sus casas, aplastadas por el malamor de aquellos que antes de golpear, amagan cobardemente.

– ¡Te pego porque te quiero!

Es mentira, es falso.

Un día vi en una espalda oscura en Nueva York un tatuaje que decía “ni mi madre me quiere”. ¡Podría contar tantas historias no contadas!

Pero prefiero en este día, reivindicar el amor, sí, pero en todas las direcciones. En todas sus formas: el amor solitario, el amor solidario, el amor repartido, que todos sean, por lo tanto el día de San Valentín. También mañana. Es lo único que nos puede salvar de la gran catástrofe de todo el mundo, y de cada ser humano. Hoy dicen que el amor engorda. Sí. Pues aunque engorde y, sobre todo, que ganen peso los gramos que pesan el alma.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer