Mercedes Milá, siempre

Mercedes Milá, con acento en la “a”. Les doy enteros sus nombres y apellidos: María de las Mercedes Milá Mencos.

O sea, todas las emes, pero que le falta una que se la tengo que regalar porque la merece: magnífica. Porque es grande esta periodista, sabia y a la par hermosa mujer, ¡que a los sesenta y cinco años me gusta más cada día! Y miren ustedes, mis lectores y lectoras, que cada día aumentan y en todo el mundo, les digo que mi admiración por ella aumenta en dos direcciones.

La primera, porque es una gran, gran, gran periodista. Ella no sabe que yo, como andaluz, la sigo desde que empezó a escribir-¿cuánto tiempo hace de esto, M.M?- en El Correo de Andalucía, de Sevilla. La sigo desde entonces, porque ella está ahí, mandando en el oficio, contando las cosas no bien, sino además echando la pierna adelante, que es lo que se dice de los toreros valientes.

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M.M es catalana total, pero española de sangre. Es condesa de Montseny, y en la Wiki esa, donde se cuenta todo o casi todo, pone: “Pero no ha querido por deseo propio ejercer con el título y en su día lo dejó a un lado”.

Eso ya indica distinción, o sea, ser distinta en el tiempo que vivimos. Es casi suicida a veces la tía, que no le molesta que se lo diga. Yo la he visto mucho en la distancia, aunque estaba cercana acudiendo al súper o donde fuera en el barrio de Chamberí, que es donde vivía cuando a su vera estaba aquel talento mediático que fue José Samano. Casi veinte años juntos, siempre juntos, y de pronto, M.M, que siempre es noticia, se distancia, o él de ella, y cada uno por su lado.

A mí me apasiona ver que “hace lo que le sale del moño”, como quizá ella misma haya dicho, que va y lo dice y después no niega que lo haya dicho. Hace poco, los que estamos cerca de M.M  y sabemos todo o casi todo de ella, sabemos de aquel joven novio que tuvo, luego de Samano, incluso después de haber dicho “porque para eso está uno, para equivocarse”, y también “jamás volveré a tener un novio que sea bastante más joven que yo”…

Pero es que M.M mañana puede desdecirse de lo que dijo ayer y seguir más radiante que nunca, exponiendo, porque es una equilibrista, una pinito del oro del trapecio de la palabra, que lo ha hecho todo o casi todo, protagonista de grandes sucesos frente a la cámara y que todavía nos sigue sorprendiendo con lo que hace, pero nunca deshace. Sé que tiene una librería de la que está muy contenta, y que ayuda a muchos escritores que empiezan y que se juega en ello el dinero que gana, merecidamente, en la tele.

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O sea, vamos a ver, Mercedes Milá, aunque es bien consciente de que en este oficio no vales más de lo que vale tu último reportaje, que nos decían cuando éramos nenes, en esto cada día que pasa, cada noche está en lo suyo, aunque sea sin querer, como esta última vez que nos asustó tanto con la pierna quebrada en un accidente de nieve esquiando en Italia, y de la que resurgió en cuanto le fue posible, diciendo ahora:

– Por fin haré el programa que quiero hacer desde hace tanto tiempo, desde siempre, un programa cultural, pero no de héroes escritores, sino el libro desde la calle, un programa cultural en todos los aspectos. Tanto me ilusiona que es lo que he soñado hacer toda mi vida.

Incluso escribió un libro titulado Lo que me sale el bolo, que no sé cómo iría en la calle, pero el título ya tiraba del lector o del seguidor en la tele de este “monstruo” del oficio, que acabo de ver en su última aparición que está tremenda. Pelo corto, rubio, labios pintados de rojo fuerte, casi como una vampiresa de Polanski, con su boca de cena de sangre…

Total, que en sí ésta es la noticia que actualiza su regreso, que la vamos a tener, la queremos tener, por lo menos una vez por semana, que la audiencia la va a respetar cuando no sea solo la portavoz de Gran Hermano, sino que se convierta en eso, la gran hermana de la cultura que estamos necesitando en España. “Ni estoy arruinada, ni enferma, estoy aquí a pie de obra de nuevo, lista para el combate”.

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Se aguanta en el espejo y siempre sorprende. Nos sorprende, incluso a este viejo druida que soy y que es un coleccionista de sorpresas. Es una mezcla de Oriana Fallaci y la Carrá, con acento en la “a”, mejorando siempre lo presente.

Estilo directo, se lo juego todo a un plano, muestra una dentadura de guepardo hembra y unas piernas de protagonista de un gran musical. Es coqueta, sí, y le gusta más que prendar, prender. Me gustaba tanto en la radio con Luis del Olmo, con Iñaki Gabilondo, aquellos programas de la tele en tiempos más difíciles… Camilo, Umbral, Juilín, el valiente torero al que hizo famoso en una sola mano etc.

En fin, niña, que me alegro de que vuelvas y que lo hagas con algo que te guste de verdad. Te lo mereces, y te digo una cosa, haces falta. Siempre rompiendo, siempre exponiendo, siempre riendo… pero, eso sí, escribe y cuenta lo que no has contado hasta ahora, que es mucho. Eso que te empuja antes de salir ahí, a ese gran circo que es la tele, el mayor espectáculo del mundo, a ver si los que creemos saberlo todo y ahora somos jefe de pista, o los que le dan de comer en un cubo agua a los elefantes y limpiamos la mierda de los viejos leones, aprendemos más de los que sabemos.

Y no te cases, que nos gusta soñar contigo todavía, reina, que no quisiste ser marquesa. ¿O era vizcondesa? Por cierto, buena raza la de tu hermano Lorenzo, bello y bueno, y ahora que lo veo con los refugiados de Lesbos, me gusta más que nunca, está el tío como tú, en su mejor momento como corresponsal en el dolor de la gente. ¡Le envidio tanto…!

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