Doyle tiene 83 años, su esposa Phyllis 81. Es un hombre que pasa interminables horas junto al lecho de su esposa enferma. No quiere perderla. La ama. No es para menos, han sido cónyuges durante 62 años de su vida. Contrario a lo que muchos piensan sobre la evolución del amor en la vida matrimonial, esta pareja representa un tremendo ejemplo de heroÃsmo, fidelidad y realización del amor en el matrimonio.
Phyllis padece una especie de artritis que poco a poco va deformando las articulaciones; no sólo eso, sufre también de osteoporosis, enfermedad que la tiene confinada a una silla de ruedas desde hace ya algunos años. Ella y Doyle se conocieron a principios de la segunda guerra mundial. Se casaron y él se fue a la guerra. Ella pacientemente esperó su regreso. Su amor entonces de juventud sobrevivió a la separación y a la vuelta de Doyle. La vida les regaló tres hijos.
Dice el psiquiatra vienés VÃctor Frankl que “el amor no se dirige a los atributos psicológicos o fÃsicos del ser amado, sino hacia el exclusivo e irrepetible ‘ser-asÑ de la persona que se ama. [...] El amor no es atraÃdo por esta o aquella cualidad que el otro tiene, sino por la singularidad irrepetible del otro. [...] El amor verdadero es una relación espiritual con el espÃritu del otro, como aparición de un Tú en su ‘ser asÃ’ y no de otra manera, inmunizada contra la caducidad que inevitablemente conlleva la mera circunstancialidad de la sexualidad corporal y del erotismo psicológico” (Frankl). Ese Tú es intocable e insustituible, y la relación con él indisoluble y “más fuerte que la muerte”.
Bellas palabras de Frankl y útiles para comprender lo que esta pareja vive y nos enseña: un amor que es más fuerte que la muerte. No lo dudemos, amores asà siguen y seguirán existiendo a pesar de que veamos caos en el mundo, divorcios, relaciones rotas, desilusiones, etc. El ser humano quiere seguir amando, quiere seguir comprometiendo su vida con un “otro” y quiere escribir, no una biografÃa, sino co-biografÃa… contigo.

Como se es, se ama
El filósofo griego Sócrates hizo famosa la frase “hombre, conócete a tà mismo”. Sin lugar a dudas, es en la medida en que cada uno se conoce, como va encontrando sus defectos y sus virtudes y asà ama. Como se es emocional y espiritualmente se ama. Aquella persona que no se detiene a reflexionar sobre sà misma y sobre el porqué de sus actos y actitudes, no podrá ser buen amante, amará a medias. Esto es asà porque para crecer es indispensable una auto-revisión de la propia personalidad, del propio ser amor. El amor como acto de la voluntad y movimiento dinámico requiere de un esfuerzo personal convencido para conservarlo, y en algunos momentos de la vida restaurarlo.
Haz un ejercicio
Te propongo hacer el siguiente ejercicio. Selecciona una experiencia pequeña de trato con los tuyos que te haya ocurrido hoy. ¿Estás satisfecho/a de cómo expresaste ahà tu decisión de amar? ¿Expresaste tu necesidad de ser amado o tu capacidad de amar? Te sugiero que haya ocurrido lo que haya ocurrido, no lo justifiques en la conducta o en las disposiciones de los otros. Es asà como vamos creciendo en el amor.
Doyle y Phyllis a lo largo de su vida, descubrieron que el amor no es sólo gozo sexual y momentos felices. Ellos descubrieron que más bien el amor verdadero es además de esfuerzo, trabajo y voluntad, es acompañamiento a lo largo de los años en la medida que cada uno va envejeciendo. La lozanÃa de la belleza se va, la figura va cambiando, y el cabello empieza a tornarse blanco. Entonces queda lo que se es, la potencial humanidad, un ser único e irrepetible para la vida del otro. El amor de esta pareja abarca: entrega, sustancia, unión, co-existencia. Una historia de amor vivida a tope. El dolor, sufrimiento y prueba no han faltado. Phyllis ha muerto. El la recuerda todos los dÃas. He tenido la suerte de poder llamarlos suegros.