Hoy las ciencias adelantan
que es una barbaridad:
ahora vienen y nos plantan
que ser feliz adelgaza.
¿Quién se lo iba a imaginar?
Y nos dicen, sin embargo,
que la ansiedad nos engorda,
y eso a mí ya me desborda.
Pero habrá que hacerse cargo,
y ¡hala!, a tirar por la borda
el error en el que estábamos
y era que, cuando engordábamos
-por culinarios deslices-
nos creíamos más felices
y que,cuando adelgazábamos,
era por ser infelices.
Siempre se creyó que el gordo,
feliz era en la gordura
que con él viajaba a bordo:
¡qué desilusión tan dura!
Si es cierto que la ansiedad
nos conduce a ganar peso
¿se imaginan lo que es eso?
¡Una faena total!
Y la ansiedad ¿por qué engorda
si habría de ser lo contrario?
Pues porque el ansia desborda
gustos, costumbres y horarios
y nos reclama glucosa,
sueña con el chocolate
y lleva a mil disparates:
por ahí empieza la cosa.
Y ¡cuidado con las dietas!
Mucho ojo y no se despisten:
hay muchas que ponen tristes
y hasta generan rabietas.
Y, si no estamos felices,
pueden ocurrir lo contrario
al efecto deseado:
no comeremos perdices
y hasta podemos quedarnos
con tres palmas de narices
y, encima de eso, engordando.
Posdata:
También lanzan otro órdago:
afirman que el sobrepeso
mucho más que en el estómago
suele estar…en el cerebro.
(¿Todo es cuestión de cabeza?
¡Dios mío! ¡Cuantas rarezas
atesora en sus adentros
la madre naturaleza!)
















Reino Unido
Canada
Rusia
Grecia
México
Brasil
Argentina