Vivir flotando

No pienses mal. Vivir flotando está muy bien. De hecho, sería recomendable para todos una vez en la vida. No me refiero a buscar paraísos flotantes artificiales –cada uno es libre de hacer lo que quiera–, hablo de tener la casa anclada en un muelle, de residir en una bahía sobre una embarcación, de pasar una temporada amarrado a un suelo en movimiento como es el mar. Muchas veces tenemos demasiado tiempo los pies en el suelo y a lo mejor, de vez en cuando, podríamos encontrar la forma de dejarnos mecer por el mar avistando siempre tierra.

Por ejemplo, la bahía de Richardson, junto a Sausalito (California), está formada por una decena de calles hechas de tablones de madera, barandillas desgastadas por la sal y el viento y muchas plantas y flores. En cada pier flotan casas de madera, cada una con sus buenos ventanales, su buzón y su nombre. Habrá más de 300 viviendas preciosas a menos de veinte minutos de San Francisco. Sausalito era un pueblo pesquero que la contracultura transformó en un paraíso.

 

En Portland o Seattle, también en el oeste norteamericano, han proliferado este tipo de forma de vida con barriadas de casas flotantes. Allí suelen vivir bohemios, artistas y también familias con niños. La más conocida es la que levantó un grupo de arquitectos sobre el Lake Union. Tiene casi 300 metros cuadrados y una terraza con impresionantes vistas al lago y la ciudad.

En Holanda se llaman casas-bote y no solo son famosas en Amsterdam. He leído que más de 2.500 familias pasan la vida en casas flotantes en los más de 4.000 kilómetros de canales, lagos y ríos navegables. Y lo más curioso, el crecimiento del nivel del mar producido por el calentamiento global ha dejado de ser un problema para el desarrollo de nuevos núcleos urbanos. Los construyen sobre el agua y solucionado.

En Finlandia han ido más allá. Un arquitecto llamado Daniel Andersson ha inventado una casa flotante que emerge sobre el agua como un iceberg. Lo que hay sobre el agua funciona como terraza y unas grandes estructuras transparente dan luz al interior, que está en parte sumergido en el agua.

Esto de vivir flotando no es cosas de países ricos y arquitectos modernos. En Camboya llevan funcionando los palafitos hace muchísimo tiempo. De hecho, pueblos enteros se encuentran construidos en la cuencas de lagos y ríos. Estas poblaciones flotantes se han convertido en un reclamo turístico.

Por último, resulta sorprendente también el barrio de Aberdeen, en el sur de la isla de Hong Kong. Lo que era puerto de comercio de madera de sándalo es ahora un rincón lleno de casas flotantes donde viven familias humildes y también restaurantes sobre el agua con buen pescado y marisco.

Fuentes: Anacaliforniana.blogspot.com, Rinconabstracto.com, Canalviajes.com, Inhabitat.com, Lavozdepalma.com, Viajes.chavetas.es

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