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07 febrero 11

EMBARAZADOS

La decisión de tener un hijo, es trascendental. Es aceptar por siempre que tu corazón ande vagando fuera de tu cuerpo


Siempre repudié a esas parejas que anunciaban su futura paternidad soltando un unísono y vomitivo ¡Estamos embarazados!. Me prometí a mí misma que, de llegar el día, jamás diríamos semejante incongruencia. Me parece una auténtica y redomada estupidez. Hace falta ser idiotas.

Pero yo, a diferencia de ellos, me permito el lujo de anunciároslo con dicha incoherencia porque verdaderamente en mi casa no sólo soy yo la que está embarazada, sino que ÉL, por mucho que lo niegue, sobrelleva sin remedio el denominado Síndrome de Couvade (sufre antojos, aumento de peso, cansancio, calambres en las piernas, ciática, dolor de espalda…). Sin embargo, de una manera inteligente, se ahorró el honor de sufrir un dolor agudo en los pezones cuando se pasa frío. Así cualquiera.

Las cosas han cambiado mucho desde que en casa, a una prueba de embarazo, le salieron dos rayitas confirmando que el tamaño de mis pechos no era gratuito. Ahora, dormimos más (si cabe). Sabemos que a este lujo asiático le quedan los días contados, así que aprovechamos cualquier momento para sucumbir a los brazos de Morfeo. Lo mío es una cuestión de necesidad, lo de él es ¿simbiosis?.

Evitamos los tugurios y los humos y nos las damos de sanos cuando bien sabemos los dos que, por mucho que lo intentemos evitar, somos insanos por naturaleza. Nuestros mejores amigos se llaman Carbohidrato y Glucosa. Son gente maja a la que tenemos mucho cariño. Ya no nos hablamos con Nicotina, dicen que no es de fiar, aunque yo aún me acuerdo de ella.

No os lo voy a negar, estamos viviendo el momento más dulce y feliz que jamás pudimos imaginar. Esta permanente ilusión y la ternura del ambiente que respiramos nos hace vivir este embarazo como algo mágico. Es vivir el milagro de la vida en primera persona. Es la felicidad en mayúsculas.

Y ya. Hasta aquí me permito y os deleito con párrafos azucarados. Nosotros vivimos a nuestra manera este embarazo, pero vosotros no tenéis por qué soportar el empalago que esto conlleva. No quisiera castigaros. También a vosotros os tengo cariño.

Ahora que vivo este estado de, como dicen las abuelas, buena esperanza, mis blogs, libros, revistas y fuentes de información en general, han cambiado como de la noche al día. Al final siempre acabo leyendo algún artículo en cuya portada aparece una tía buena de piernas flacas, tripa gorda y cara de satisfacción, haciéndonos creer que eso que soporta, no pesa. Y un carajo que se coma.

Y es que el embarazo, como todo, está lleno de leyendas urbanas y topicazos. Señores, cada pareja vive su embarazo de una manera diferente y el afán por compartirlo TODO no es absolutamente necesario. No hace falta dar una opinión o contar tu propia experiencia sin que nadie te pregunte. Hay muchas cosas que pueden ser ahorradas o, al menos, dosificadas.

Tanto es lo que he leído y tanto lo que me han contado, que ahora vivo con el miedo de que, cualquier día de estos, me despierte como una almorrana del tamaño de un melón. Vivo sin vivir en mí pensando que en cualquier momento se me hincharan los tobillos y mis dedos se convertirán en morcillas. Vivo con el terror de que el día del parto una matrona maligna me trate a patadas y me pegue un tijeretazo que me llegue hasta la garganta. Vivo con angustia porque las plastas que ya han pasado por esto, no dejan de martirizarme con historias para no dormir. No quiero escuchar más, por favor. Callaros de una maldita vez.

Y es que nunca están lo suficientemente a gusto con tu sufrimiento. Si tienes nauseas te dirán que te prepares para cuando tengas barriga. Cuando tienes barriga te dicen que te prepares para cuando tengas más.. y cuando tienes más, comienzan con el martirio del parto. Tengo historias de partos, para dar y regalar. Me las sé de memoria, con pelos (púbicos) y señales. Yo nunca les pedí que me contaran nada. Pero eso les da igual. A ellas les gusta ver tu cara de pánico mientras hablan. Una fuerza imperiosa les hace contarte su experiencia (casi siempre trágica). Si no disponen del tal experiencia, te cuenta la de su prima y si no, la de su vecina y si no tienen vecina, se la inventan. El caso es darte el día.

Cuando terminan, las muy cachondas, siempre acaban diciéndote que cualquier cosa merece la pena cuando, por fin, ves la cara de tu bebé. Pero para cuando llegan a esa parte, mi cuerpo está del revés y sólo puedo imaginarme con exceso de kilos, retención de líquidos y abierta en canal mirando a un niño que vete tú a saber si es el nuestro (dispongo de un gran surtido de historias de cambiazo de niños). Intentado dar el pecho con una teta tres veces más grande que su cabeza y con un pezón lleno de grietas sangrantes por culpa de una mastitis que me hará recordar, por los siglos de los siglos, lo importante que es el maravilloso mundo de la lactancia.

Esas mujeres me dan miedo. Mucho miedo. Son el vivo retrato del diablo.

El caso es que tenemos una ligera idea de los padres que queremos ser. No aspiramos a nada del otro barrio, queremos que nuestro hijo crezca con mucho amor y cariño. Intentaremos hacerlo lo mejor que podamos. Somos conscientes de la difícil tarea que nos espera pero estamos ansiosos por comenzar.

Pero no he llegado hasta este blog para hablaros de los diferentes métodos de educación que tenemos pensado aplicar… eso, como tantas otras cosas, quedará en nuestra casa. Vine hasta aquí para contaros la clase de madre y mujer en la que no quiero convertirme por nada del mundo:

- Quiero poder seguir manteniendo una conversación con mis amistades sin recordarles, cada dos por tres, que yo soy madre y que eso me convierte en un ente distinto a los demás.

- Respetaré, entenderé y trataré como a una igual a aquella mujer que, por el motivo que sea, no tiene hijos (esto os puede parecer obvio, pero os aseguro que no lo es para mucha gente).

- Jamás diré una frase del tipo “cómo se nota que no eres madre”, “cuando tengas un hijo ya me lo dirás”. Nunca haré una diferencia de ese calibre a una igual ni consideraré que una mujer tiene que ser obligatoriamente madre para comprender ciertos asuntos terrenales.

- No pronunciaré jamás algo semejante a “¿y tú para cuando?” “tú lo que tienes que hacer es embarazarte”. Si alguna vez lo habéis hecho, dejad de hacerlo. Anotaros este consejo si no queréis seguir quedando como cretinos/as. Tener un hijo es la decisión más personal en la vida de alguien. Si esa persona no te ha hablado del tema, es porque no quiere compartirlo contigo. No te metas donde no te han llamado. Métete en tus asuntos y ocúpate de tu triste vida que seguro que tienes mucha porquería que limpiar.

- Buscaré, en la medida de lo posible, momentos para seguir escuchando a mis amistades y seres queridos. Nuestra vida es la que girará sobre la de un nuevo ser, pero no la de ellos que, aunque sufran los efectos colaterales, no habrán perdido, de ningún modo, a una amiga.

Todo esto, a groso modo. Por cierto, que nadie me pregunte para cuando la parejita. Hay personas que nunca están satisfechas con el recorrido de tu vida y siempre quieren más. Os recuerdo lo citado anteriormente: “Tener un hijo es la decisión más personal en la vida de alguien. Si esa persona no te ha hablado del tema, es porque no quiere compartirlo contigo”. No lo olvidéis. Tatuároslo si lo creéis necesario.

He querido compartir, como siempre y a mí modo, otro momento importante en mi vida. El más importante. Sinceramente, no sé que será de este blog… hace tiempo que vengo rumiando la idea de un cambio de aires pero aún no tengo nada claro. Os sugiero que os apuntéis al grupo de Facebook aquí y así os podré mantener al tanto de futuras novedades que conciernen a este invento.

Se os quiere. Mucho.

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08 abril 10

HASTA EL MOÑO DEL GLAMOUR Y DE LA MADRE DEL CORDERO

 

hasta el moño del glamour.jpg

La moda comienza y termina siempre por las dos cosas que más aborrece:
la singularidad y la vulgaridad
(William Hazlitt)

 

Estoy hasta la punta de la boina de lo fashion, del glamour, de los glamurosos y de las glamurosas. Qué hartura, rediós.

Algún mal dios me ha castigado soportando a diario el petardeo descomunal y generacional que día a día me persigue. Soporto de mala gana simplezas soporíferas de los que se creen llenos de glamour. Que, dicho sea de paso, siempre vienen dadas de los ejemplares más necesitados de unas clases urgentes de elegancia y distinción.

Con el glamour, queridos, se nace, no se hace… Sospecho que a más de uno os dolerá esto que voy a decir: no conozco a una sola persona a la que pueda definir como un ejemplo de lo fashion y/o glamour. No, a ti tampoco.

Pero esto, como tantas veces he dicho, no tiene por qué ser necesariamente malo. Aceptar de una vez por todas que no eres el más fashion ni el más glamuroso, no debería de ser un problema para ti (de hecho sería un relajo para todos). Lo que sí es una contrariedad es que aburras hasta la saciedad a tus amigos intentando demostrarles cada dos por tres que estás a la moda y que eres guay.

Me importa un rábano:

- si te has comprado una rebequita color cacafuti
- si te has comprado el último grito en calzado
- o si te has tomado un cosmopolitan en la terraza del hotel de moda

Cómpratelo y punto. Hazlo porque te gusta y no para darnos la matraca a los demás. Ven y cuéntanos algo más interesante. Todo eso de la moda ya huele. Nos aburre. Te sugiero que estimules tu cerebro con, por ejemplo, ¿la cultura?. Te sorprendería saber que eso nunca pasa de moda.

De un tiempo a esta parte se usa con tanta ligereza el concepto del glamour y de lo fashion que, lamentablemente, ha llegado a convertirse en una cosa pastosa, apestosa, cateta y pueblerina que no hay ser humano con dos dedos de frente que lo soporte.

Si las grandes divas levantaran la cabeza, se caerían de culo y volverían a morirse.

Yo, que debo estar mayor, a diferencia de estos ejemplares, lo que entiendo por una noche perfecta dista mucho de ponerme unos tacones de diez centímetros, ir a un local atestado de petardeo para, después, ponerme a hablar en un reservado de algo tan profundo como el modeluqui que lleva el moderno/a de turno. No, gracias.

Afortunadamente mis diez centímetros de tacón aún no me han dañado el cerebro y puedo seguir comprándome ropa por el puro placer de ponérmela (y quitármela). Si la compañía es buena, no me importa estar en un bar lleno de serrín sin miedo a que tal escenario haga daño en mi dudoso estilo. Disfruto con cada cosa que hago por el puro placer de deleitarme y gozar. Adoro lo bello por la excitación que me produce. Bebo cócteles de moda por el placer de emborracharme y me compro el último grito en trapos simplemente porque me da la real gana… ¡y no para dar el tostón al personal!.

En resumen: que en un angustioso intento de haceros ver la luz, me gustaría ayudaros a bajar al planeta tierra. Invitaros a la relajación y a lo mundano, al jersey con pelotillas, a las camisetas ajadas y al vermut de grifo.

Dejad de machacarnos con estúpidos intentos de creeros los reyes del mambo. Aún no habéis conseguido impresionarnos.

 

 

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08 febrero 10

ODIO, ODIO, ODIO…


Odio tener que soportar a seres humanos, siendo una divinidad superior
(Grupo de Facebook)

Es muy posible que cuando termines de leer esto, acabes pensando de mí que soy una amargada y que no merezco estar en este mundo de estupendos. Pero nada más lejos. Sólo soy una enamorada de ese lado oscuro llamado odio.

Es verdad que dejar de fumar (otra vez) ha podido ayudar a que me encuentre en este estado tormentoso. Se me pasará, no hay de lo que preocuparse. Aún no he llegado al punto en el que tengas que compadecerme por ser una infeliz. No lo soy, pero permíteme que me autointoxique. En el fondo me gusta.

Si lo que quieres es algún ejemplo de cómo una persona, aparentemente encantadora, puede atormentarse sin ayuda de nadie, no te preocupes, yo te los daré. No te pido que me comprendas, pero sí te pido que no me juzgues. Si vas a hacerlo, lárgate de aquí, nadie te dijo que entraras a un lugar cuyo título es “odio, odio, odio”. Puedes imaginarte de qué va la vaina.

Como es muy probable que sepas (me encanta vender mi intimidad), de un tiempo a esta parte he cogido un extraño “gusto” a eso de ir al ginecólogo. Qué le vamos a hacer, están empeñados en revisarme lo revisado. Tan habituada me siento ya en ese ambiente, que el otro día fui capaz de mantener una deliciosa conversación con mi médico sobre literatura contemporánea mientras que mis bragas, medias y pantalones seguían colgados de un perchero. Y no, no estaba en la camilla. Y no, no me acuesto con él.

El caso es que, curiosamente, lo que me resulta duro de ir al ginecólogo no es el hecho de que me metan todo tipo de artilugios por mi partes nobles (una se hace a todo), lo que no puedo soportar, es la maldita e insufrible sala de espera.

Casualmente, cada vez que tengo que ir al ginecólogo, todas las embarazadas del planeta tienen que hacerlo conmigo. Hace tiempo que llegué a la conclusión de que lo hacen para mortificarme. Sólo tengo que mirar sus abotargadas caras para darme cuenta de ello.

Te juro por mis bajos fondos que no soy especialmente neurasténica pero, qué quieres que te diga, cuando una tiene su útero remendando y lleno de parches, no le gusta juntarse con mujeres a punto de estallar. Manías personales.

Bien saben los dioses que esos especímenes conspiran en mi contra y que me tratan como un bicho raro. Cuchicheando, las muy embarazadas, puedo oírlas decir: bah, ni te fijes en ella, es una infecunda contagiosa que no merece vivir.

Después hacen su particular aquelarre y me miran por encima del hombro mientras hablan de vómitos y grietas en los pezones a sabiendas de que yo no tengo opinión sobre esos temas (si ellas supieran… probablemente tenga más experiencia que cualquier de ellas en lo que a vómitos se refiere, aunque sobre lo de los pezones no tenga mucho que decir, bien es verdad que podrían darme la oportunidad de poder documentarme con alguna técnica masoquista).

En resumen, que aún yendo preparada como voy (auriculares y libro enciclopédico muy grande para no verlas) ellas se empeñan en hacerse notar. Son las mismas que luego traen al mundo a Belcebú y se preguntan que es lo que han hecho mal en la vida: ¡ser un auténtico tostón en las salas de espera, eso es lo que hacéis mal!

Entonces es cuando me salto esa norma tácita que todo el mundo conoce de no detestar a las mujeres embarazadas y me regodeo odiándolas con toda mi alma y mi ser. Y mientras sostengo una gota de odio en el lagrimal, no puedo más que rezar para que todas y cada una de las anestesias epidurales desaparezcan como por arte de magia del país. Y ya puestos, del planeta.

El odio te lleva a segregar más odio (mi experiencia personal me lo dice), y cuando una está metida en ese círculo de hostilidad, le coge el gustillo y, como deporte nacional, se dedica a odiar a todo quisqui. Es un círculo vicioso.

Pero si lo que quieres es escuchar algo sorprendente y contradictorio, escucha esto que te voy a contar: mis ansias de odio llegan tan lejos que entre mi grupo de “amigos” de facebook, tengo gente a la que odio y a la que, en el mejor de los casos, les deseo que les retuerzan los brazos y les den de comer sus propios excrementos.

Sin embargo, no puedo negarles mi amistad, necesito tenerles cerca para tener muy claro qué tipo de persona es en el que no quiero convertirme.

Odio a quien se declaran adicto a la moda sin declararse adicto a nada más (aunque sólo sea para compensar su simpleza). Odio a los hombres que odian a las mujeres y odio a las mujeres que odian a los hombres. Odio los coches tuneados y a los ositos de peluche. Odio a quien no escucha y a quien no para de hablar de sí mismo. Odio la mediocridad, la insuficiencia y la estupidez. Odio los tirantes transparentes y los zapatos sucios. Odio a los gorrones, a la gente tacaña y a quien escribe “jajajajaja” cada vez que termina una frase.

También odio a la gente que arrastra los pies.

Y así, podría pasarme el día entero… odiando sin parar…

NOTA 1: Si vas a ponerme un comentario de aliento, de ánimo, hablándome del zen, de la ley de la atracción o del karma, ahórratelo. Lo borraré sin ningún tipo de piedad. Odio los comentarios dulces y positivos en posts amargos.

NOTA 2: En mi defensa diré que cuando amo, lo hago con la misma intensidad que cuando odio.

NOTA 3: Si quieres, puedes unirte al grupo de facebook de Pastelitos Envenenados pinchando aquí.

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26 octubre 09

LA VERGÜENZA

 
LA VERGUENZA.JPG

 

Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé
y su comitiva hubiesen perdido el barco
(Mark Twain)

 

Perdón por haber tardado tanto en escribir, pero estaba vomitando.

Y es que el mundo está hecho un asco. Está como una de esas casas a la que nunca se la trató con mimo, un hogar revuelto e incómodo que jamás fue decorado. Donde nadie se molestó en arreglar sus paredes agrietadas, sus goteras y desconchones. Como una de esas viviendas que para volver a convertirla en un lugar presentable, habría que demolerla y levantarla de nuevo. Con otros cimientos y desde un nuevo punto de partida.

Así estamos, con la casa sin barrer, donde andamos todos peleados, en la ruina y, por si eso fuera poco, haciendo méritos para ver a quien se lleva la medalla al más capullo.

No sé vosotros, pero yo me avergüenzo de la raza humana cuando, por ejemplo, compruebo atónita que países como Italia, a estas alturas, aún sigue siendo gobernada por un mafioso de pelo teñido que va por la vida creyéndose un Latin Lover sin percatarse del asco y del rechazo que produce en la gente inteligente.

Pero ése es sólo un pequeño grano en el culo si lo comparas con el resto. Por lo que a mí respecta, aún me quedo clavada en la silla cada vez que veo la imagen de algún que otro ex presidente de los EE.UU.: se me hiela la sangre como a la de una mujer maltratada cada vez que ve a su agresor.

Todo eso sin hablar de las arcadas que me produce ver al analfabeto de Chávez escupiendo perlas demagogas… Y Chávez (por una desgraciada asociación de ideas), me hace pensar en Cuba y, si pienso en Cuba, pienso en los hermanos Fidel y sus camaradas que han conseguido llevar a una maravillosa isla, a la más absoluta de las miserias. Mientras, el resto de los cubanitos, en el mejor de los casos, se comen los mocos.

Y hablando de Cuba y de asociaciones… envejezco diez años cada vez que me cruzo con alguien vistiendo una camiseta con la cara del Che porque, tristemente, más del ochenta por ciento de esos incautos, no saben ni lo que llevan puesto (tiene más peligro un imbécil, que un malvado). A muchos de ellos habría que enseñarles, tatuándoselo en la frente, que el Che no era tanto como el tipo guay de “Diario de una motocicleta” sino más bien un homófobo cuyo deporte nacional, entre otros, era matar homosexuales: ¡Oh, sorpresa!: espero que ahora mismo quemes tu camiseta de la que te sietes tan orgullo-so/a.

Pero claro… si lo dice la moda… La moda es la moda. Aunque endiosemos a meapilas como Karl Lagerfeld que se permite el lujo de decir, sin que nadie le fusile, que “El mundo de la moda está hecho de sueños e ilusiones y nadie quiere ver mujeres redondas”. Y yo lo único que quiero es no volver a ver a este tío a no ser que sea vistiendo una mortaja.

Con gentuza como esta, mal vamos señores, mal vamos.

¿Y qué podemos esperar?, por mi parte, ya he perdiendo toda esperanza. El país donde nací y donde vivo, está que da pena verlo. Eso sí, encabezamos listas europeas (algo que nos encanta):

España a la cabeza de Europa de:

- Los peores datos de paro
- Uno de los países con más crímenes
- También somos los que más drogas consumimos

Y algo que me pone, literalmente, los pelos de punta:

- España figura entre los países más incultos de Europa

No me extraña. Sinceramente, ¿qué podemos esperar si tenemos un Ministerio de Educación que es una vergüenza absoluta? Están tan atareados en reformar lo reformado que no se han preocupado de que nuestros jóvenes estén por debajo de la media en todas las materias. Ahí es ná.

Arrastramos con pesadumbre la herencia de un gobierno que durante ocho años no hizo más que meter la pata. Tenemos un gobierno actual que no vale ni para tomar por culo y una oposición que es de juzgado de guardia: la mitad debería estar en la cárcel y la otra mitad, deben de estar drogándose (haciendo méritos para seguir encabezando listas admirables).

Nuestras “mejores” empresas españolas (Telefónica, Iberdrola, etc) son sólo ladrones a mano armada que esperan cualquier despiste para clavártela. Todo esto, sin olvidarnos de nuestro hijo tonto, la SGAE: sociedad que no sirve más que para pasar la gorra y sacarnos los cuartos (luego que no nos extrañe que España también encabece la lista MUNDIAL de descargas de material con derechos de autor).

Cambiando de tercio y aprovechando que tengo la tensión por las nubes, quiero saludar a mi tía la del pueblo y recordaros que yo, me paso el sexismo lingüístico por el forro.

Dejad de torturarme con debates llenos de miembros y miembras; géneros y géneras; personos y personas. Antes de toda esa palabrería barata, sugiero que alguien se tome la molestia en igualar sueldos y sueldas. Hay una realidad que es más que evidente: una mujer, sigue cobrando un 35% menos que un hombre. Pero sobre esto, tengo mucho que decir, así que lo dejaré para otro capítulo.

Estoy totalmente de acuerdo con vosotros, esta entrada sólo es un revoltijo de pensamientos… pero tengo muchas cosas que decir y poco tiempo. Otro día, más y mejor y con la pastillita azul recién tomada.

Y, como ya dijo un día Quino: he decidido enfrentarme la realidad, así que apenas se ponga linda me avisan.

 

 

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15 junio 09

SOBRE EL DAÑO QUE HA HECHO CARRIE BRADSHAW

  

sobre el daño que ha hecho carrie bradshaw 150609-01.jpg¿Se puede tener un futuro, teniendo presente el pasado?
(Carrie Bradshaw)

 

Carrie Bradshaw: Personaje principal de la serie de HBO “Sex and the City”. Es una escritora fiestera y adicta a la moda. Fanática de los clubes, bares y restaurantes es también conocida por su inigualable estilo para vestir. Es autoproclamada fetichista de los zapatos y se enfoca, principalmente, en los de Manolo Blahnik. Durante gran parte de la serie, el personaje de Carrie se centró en la continua búsqueda del verdadero amor y siempre se negó a contentarse con algo que no se le pareciera. A pesar de esto, durante la serie expresaba frecuentes dudas sobre si ella era del tipo de chicas que se casaban y estaban listas para una familia. Mr. Big es su verdadero amor, el hombre que -según ella- puede llegar a ser su alma gemela.

Bueno, después de esta pequeña introducción (por si alguien, a estas alturas, no sabía quien era Carrie Bradshaw) y antes de exponeros mi teoría, quiero dejar bien claro que siempre me he declarado fan absoluta de la serie en general y de Carrie Bradshaw en particular. Que a nadie le quepa la menor duda de eso.

Sin embargo, hay algo con lo que no puedo, algo que me atraganta sobremanera: las imitaciones. Y cuando las imitaciones son sobre el personaje de marras, el resultado siempre es un paleto y patético quiero y no puedo.

Como una pandemia a lo más estilo gripe porcina, las Carrie Bradshaw han salido hasta de debajo de las piedras. Burdas imitaciones que sólo consiguen desprestigiar al personaje.

Sí, vale, todas quisiéramos parecernos a ella. A quien más y quien menos le gustaría tener un monísimo apartamento en Manhattan, estrenar modeluquis preciosos todos los días del año, escribir una columna archi famosa en un periódico de prestigio y salir de fiesta día sí y día también.

No olvidemos mencionar que, a prácticamente todas, nos encantaría que dichos modeluquis nos quedaran igual de bien que a ella y, creo, que tampoco haríamos ascos a un Mr. Big que va escupiendo dólares a su paso y que, aunque bastante cretino él, no está del todo mal.

Soy una absoluta defensora del libertinaje y la concupiscencia, a estas alturas nada me escandaliza, me gusta ir a la moda y salir de copas. Estoy bastante puesta al día de los lugares en boga y un par de zapatos bonitos, pueden llegar a nublarme la vista (y la VISA). Sin embargo, entre Carrie Bradshaw y yo, hay poco menos que un abismo. Lo sé, lo reconozco y lo admito.

Pero no todas debemos de ser tan realistas como yo.

Las que ahora quieren parecerse a Carrie Bradshaw, en época de Friends, querían parecerse a Rachel. Os lo juro.

Me he topado con cientos, miles de blogs, de tipas que quieren ser como ella o, mejor dicho, me he topado con cientos, miles de blogs, de tipas que creen ser como ella… y me da mucha pena. Me da mucha vergüenza ajena… Y, lo peor de todo, no puedo dejar de leerlas para recrearme en mi horror.

Estas pobres gregarias son las que ahora quedan a tomar el brunch con las amiguitas porque es mucho más fashion que decir que se van a meter, entre pecho y espalda, unos churros y unas porras. Estas, y no otras, son las que matan por tener un amigo gay (aunque este sea una mariquita mala) porque piensan que tenerlo les hace geniales.  Tienden a usar la frase “mi amigo el gay…” de una forma indiscriminada. Cualquier momento es bueno. Por ejemplo, “voy a hacerme un bocadillo de mortadela mi amigo el gay dice que mañana va a llover”… Así, todo junto, sin sentido. Les encanta.

Decir, sencillamente, “mi amigo”, les convertiría en seres inferiores.

Estas mujeres se compran un par de zapatos de tacón y lo publican hasta la saciedad, estas señoritas te echan tabarras soporíferas sobre tipos de bolsos y se empeñan en enseñarte su armario al completo. Estas, y no otras, son las que se echaban las manos a la cabeza cuando Fulanita de Tal no se acordaba con quien despertó el fin de semana anterior pero, sin embargo, ellas, quieren ser Carrie Bradshaw.

Ellas viven en el extrarradio y son mileuristas, pero ellas, más que ninguna, se creen Carrie Bradshaw…

Queridas mías, dejad de intentarlo, queda cutre y mal. Ni sois Carrie ni lo llegareis a ser. Tampoco llegareis a tener unos Manolos, pero eso, no es necesariamente malo.

Por último, siento ser yo quien os lo diga, pero Carrie Bradshaw ya no es guay. Me han dicho que lo más in ahora, es una tal Soraya Sáenz de Santamaría. Confiad en mí, mi amigo el gay me lo ha dicho.

 

 

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21 mayo 09

MI TERRIBLE FALTA DE INSPIRACIÓN

 
 
MI TERRIBLE FALTA DE INSPIRACION 210509-01.jpgLa inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando
(Pablo Picasso)

 

Estoy en blanco. No tengo nada que contar. Llevo tiempo intentado actualizar el blog pero nada me sale. Sufro mi falta de inspiración como sufriría unas hemorroides: en silencio. A la gente le digo que ando muy liada y que no tengo tiempo de andar actualizando, pero no es verdad, lo cierto es que, aunque tengo mucho que hacer, no tengo nada que contaros… o al menos nada digno de ser un buen “Pastelito Envenenado”.

No pienso caer en la trampa ni en el recurso facilón de ponerme a escribir chuminadas del tipo “hoy me he roto la uña del dedo gordo del píe o me he comprado un pantalón de florecitas”. No tendré nada que decir, pero me sobra dignidad.

Lamentablemente ya os hablé de mi regla, de mi color de pelo y hasta caí en el tópico/típico post donde os conté que había dejado de fumar. Ya he hecho todo lo que podía hacer y, ahora, sólo me queda fustigarme y emborracharme (cualquier excusa es buena).

Pero la culpa no la tengo yo, sino mi pareja. Él es el causante de mi falta de creatividad. Él, trayéndome a esta vida bucólica y pastoril, ha hecho que mi carrera de literata ilustrada se fuera al garete (sin mencionar la lorza que me ha salido alrededor de la cintura).

Yo antes era de moral distraída y eso, me inspiraba un montón.

Ahora, no sólo soy consciente de que todo lo que escribo deja mucho que desear sino que, además, tengo que escuchar por parte del culpable de mi sequía literaria, que me he vuelto mediocre en lo que a la escritura se refiere.

Y sí, efectivamente tiene razón.

Tengo dos opciones: Echarme a las calles buscando inspiración en hombres jóvenes de carnes prietas (pinta bien) o afrontar el bache buscando otras fuentes de inspiración.

Como le quiero y tengo la sana intención de seguir haciéndolo hasta que mi cuerpo aguante y dado que la idea de sugestionarme en los brazos de hombres jóvenes, prietos, embadurnados de aceite, musculados y con venas como tuberías, no le hace demasiada gracia (lástima), pues no me queda otra que aceptar el maravilloso mundo de la monogamia y hacer un esfuerzo para no volver a caer en la literatura anodina.

Mis más sinceras disculpas, no sólo por tardar tanto en actualizar, sino por haber escrito artículos insulsos de los que no sois merecedores. Volveré e intentaré hacerlo con fuerzas renovadas. Se admiten sugerencias en mi mail (kiku.montejo@hotmail.com) o en facebook.

 

 

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13 abril 09

LA BUENA SUERTE DE SER PELIRROJA

  
 
LA BUENA SUERTE DE SER PELIRROJA 130409 01.jpg

- ¿Cómo consigues que una pelirroja cambie de humor?
- Espera diez minutos

 

Nací pelirroja. He tenido esa suerte… Aunque, si he de ser sincera, os confesaré que no siempre me sentí tan afortunada: en mi más tierna infancia fueron muchas las ocasiones en las que volví a casa llorando, herida en el alma, por ser objeto de burla.

Rogaba desconsoladamente a mi madre que pusiera remedio a ese pelo endemoniadamente naranja. Yo quería ser morena. Deseaba un pelo tan negro como una bandada de cuervos… Me negaba a seguir escuchando que era una zanahoria o que daba mala suerte.

Mi madre intentaba confortarme, me decía que el resto de los niños se ensañaban conmigo por envidia que, aunque no me lo dijeran, querían un pelo tan especial como el mío.

Por supuesto no la creía. Ni en mis mejores sueños podía imaginar que alguien envidiara el infiernillo que llevaba en la cabeza.

Un día, en el parque donde solía jugar, un desdichado niño se atrevió a llamarme “cabeza oxidada”.  Heridísima, harta de tanto insulto gratuito y sin pensármelo dos veces le lancé, llena de ira, una piedra que le dio de lleno.

Aprendí  dos cosas muy importantes: 1) cuando hay sangre de por medio el castigo es tremendo y 2) las cejas sangran mucho.

El niño en cuestión ahora es un hombretón que cada vez que se mira al espejo y se toca la cicatriz, recuerda lo arriesgado que es meterse con una pelirroja cabreada. Por lo que a mí respecta, tuve mi merecidísimo castigo. Aún agradezco a los dioses que me hayan dotado de una regular puntería; si llego a darle en el ojo (como sospecho que era mi intención), ahora pesaría sobre mi conciencia la mirada de un tuerto.

Con todo y con eso, mi madre hizo un buen trabajo; no desistió y logró convencerme de lo especial que me hacía tener ese color de pelo: consiguió que me sintiera orgullosa de pertenecer a una familia de rutilantes.

No pasó mucho tiempo. Ni si quiera había llegado a la adolescencia cuando ya sentía el tremendo orgullo de ser pelirroja: aprendí rápido a saborear el placer que se obtiene siendo diferente a los demás.

Hemos sido asesinados, repudiados y sacrificados. Nos han hecho víctimas de supersticiones y hemos sido objetos de deseo e idolatrados (a los chinos les damos buena suerte y nuestra compañía es muy apreciada). Por el contrario, nos han acusado de tener estrecho contacto con el diablo haciéndonos la vida imposible y quemándonos vivos. En el Antiguo Egipto se consideraba a los pelirrojos descendientes de Seth y se les atribuía una mayor fiereza. En la cultura judeo-cristiana, el rutilismo tenía que ver con la marca de Caín, por lo que a lo “mejorcito” de la Biblia se les tiñó de pelirrojo: Judas Iscariote, Esaú y María Magdalena.

En la mitología griega las mujeres pelirrojas eran consideradas brujas, mujeres perversas y amigas de lo oscuro. Se las representaban como mujeres libidinosas y provocativas. Nos han asociado a la obstinación y al temperamento; a lo fogoso, al riesgo y al peligro. Se nos sugiere como personas seguras y perseverantes. También dicen de nosotros que nos movemos por impulsos y que somos incapaces de controlarnos (no seré yo quien discuta esta parte).

Ahora la ciencia dice que sufrimos la mutación del gen MC1R y que somos mucho más sensibles al dolor precisando más cantidad de anestesia ante los mismos estímulos dolorosos (en concreto un 20% más). También nos cuentan que somos más propensos a sufrir cáncer en la piel y, según otro estudio ¿científico?, las pelirrojas somos mas fogosas en la cama y disfrutamos más del sexo (no, yo no lo escribí).

Para bien o para mal, seguimos sin pasar desapercibidos. Existen cientos de páginas en Internet donde nos adoran pero, a su vez, nos encontramos con otras tantas donde nos repudian y nos acusan de oler a pis (¡ja ja ja!), ser grimosos y malas personas.

Pero yo, ahora más que nunca, no sólo estoy encantada con mi cabellera sino que además creo que tengo mucho que agradecerle:

- Me defiendo muy bien, llevo haciéndolo desde muy pequeña

- He aprendido a reírme de mí misma

- Resulta muy difícil ofenderme

- Pertenecer a este pequeño 2% que ocupamos los pelirrojos en la población, hace que me crea y sienta especial

Sin lugar a duda y aunque más de uno/a corrobore que soy una maldita bruja que merezco la hoguera, estoy orgullosa de ser pelirroja y de pertenecer a tan maravillosa minoría…

 

 

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02 marzo 09

MI LADO MÁS VOYEUOR

 

MI LADO MAS VOYEUOR 02032009-01.jpg

La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas

Alejadro Dumas

 

Que soy una cotilla empedernida no es nada nuevo y si no, que se lo pregunten a mi pareja que, sin dar crédito, observa como dejo absolutamente cualquier cosa que esté haciendo para, al menor ruido de voces en la escalera, correr de puntillas y pegarme a la mirilla para así fisgar lo que está ocurriendo fuera.
 
Esta situación podría darse en cualquier caso. Por ejemplo, si yo fuera una importante TEDAX (puestos a imaginar no quiero ser una TEDAX cualquiera, sino una muy importante) y estuviera en uno de esos momentos límite donde a cinco segundos de una explosión tengo que decidir si cortar el cable rojo o el azul, iría corriendo a la mirilla si escuchara un ruido sospechoso en el rellano de mi casa.

Afortunadamente la seguridad ciudadana no está en mis manos.

A mí no me gusta autodenominarme cotilla, prefiero decir que soy una persona con intereses sociológicos en el comportamiento humano. Soy además y sin duda alguna, una buena vecina que se preocupa por el bienestar de sus colindantes y que se interesa, en concreto, en el estudio de sus conductas sexuales.

Sí, me gusta saber la frecuencia con la que mis vecinos copulan, para algo somos vecinos. Me gusta y me intereso por sus diferentes grados de satisfacción dependiendo del día y de las discusiones que tienen (normalmente económicas, típico en época de crisis). Si he de ser sincera, he de reconocer que últimamente me tienen preocupada, parece que están perdiendo el apetito sexual y eso es algo que verdaderamente me inquieta ya que así, dejan un vacío en mi vida que no he tenido más remedio que llenar con el bendito San Facebook.

Para el que a estas alturas de la vendimia no lo sepa, Facebook es simplemente una red social que te conecta con tus amigos y con lo que se comparten vínculos, vídeos, fotografías e incluso estados de ánimo. O, dicho de otro modo: Facebook es  una herramienta perfecta para el que, como  yo, no tiene nada mejor que hacer que cotillear al prójimo.

No hace demasiado, una inesperada lectora y amiga a la que invité al Facebook me preguntó “¿para qué sirve eso?”, yo la contesté algo así como “para ver y estar en contacto con tus amigos y para reencontrarte con antiguas amistades o viejos novietes”. Ella contestó “pues no me interesa: con los antiguos amigos con los que no tengo contacto, es porque no quiero saber de ellos y de mis ex, prefiero no saber…”. Efectivamente tenía razón, Facebook no va hacer de tu vida algo mejor, sin embargo, entretiene mogollón a gente que, como yo, se hace adicta a cosas inservibles y a aplicaciones que sólo consiguen que pierdas el tiempo.

Con Facebook podrás:

 

  • Ver como tus ex novios se han quedan calvos (sin excepción) y comprobar que los que antes eran unos auténticos Adonis, ahora son seres rechonchos sin ningún atractivo

 

  • Ver como tus antiguas compañeras de colegio se han convertido en auténticas conejas haciendo una importante labor al planeta aumentando el índice de natalidad.

 

  • Sorprenderte a ti mismo mirando fotos que no te interesan para nada como, por ejemplo, las fotos del viaje de novios en Punta Cana del amigo de un amigo que no conoces ni por asomo.

 

  • Mirar la lista de amigos de tus amigos. También podrás comprobar como eres capaz de perder el tiempo viéndote mirar, con sumo interés, la lista de amigos que tiene el amigo de un amigo de tu amigo. Esto es, como imaginarás, harto interesante.

 

  • Hacerte amigo de un conocido con el que si te encuentras por la calle, disimulas y te haces el loco para no saludarle ya que, en el fondo de tu corazón, le odias.

 

  • Hacerte fanático de grupos tan importantes para la humanidad como “Yo tampoco he visto nunca una foto de Hitchcock de joven” o “Soy de los que creen que los piojos los tiran desde avionetas”

 

A pesar de todo esto, a mí Facebook me tiene enganchada y es por esto por lo que he creado un grupo de Pastelitos Envenenados al que te invito a unirte pinchando aquí y una página en la que te puedes hacer fan de este blog pinchando aquí.

No hará que tu vida se vuelva apasionante pero, con suerte, podrás ver las fotos de las últimas vacaciones de alguien a quien no conoces de nada…

 

 

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17 febrero 09

DEJAR DE FUMAR PROVOCA… DE TODO

 

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Al cumplir los setenta años me he impuesto la siguiente regla de vida: No fumar mientras duermo, no dejar de fumar mientras estoy despierto, y no fumar más de un solo cigarro a la vez
(Mark Twain)

 

Hace poco más de una semana tomé la difícil decisión de dejar de fumar. La sola idea de dejarlo me resultó tortuosa y, aunque por primera vez en mi vida tenía claro que quería hacerlo, sentí un sudor frío recorrer mi espalda mientras me fumaba mi último cigarro.

Como soy chica aplicada me leí las tropecientas publicaciones de rigor que, en teoría, iban a ayudarme a dejar tan insano hábito. Ahora, y después de haber dedicado mi precioso tiempo a leer más de lo mismo, me doy cuenta de que hay mucha información oculta en lo que a dejar de fumar se refiere.

Diferentes asociaciones contra el cáncer junto con especialistas en patologías psicosomáticas, decidieron redactar un protocolo donde dejaron claro que en ninguno de los estudios publicados, se explicaría con veracidad lo que realmente le ocurre a un fumador empedernido cuando toma la decisión de dejar el fumeque.

Pero no os preocupéis, para hablaros con claridad ya estoy yo. Aunque tenga que rozar la ilegalidad y ponga en peligro mi integridad física, os voy a desvelar todo aquello que verdaderamente le ocurre a una persona que decide entrar en el club de la gente sana y libre de humos:

Los dos primeros días el ex fumador siente unas terribles ganas de escupir, insultar y azotar a todo lo que se le pone por delante. Hay que tener mucho cuidado porque la elección es indiscriminada, cualquiera puede valer. No diferenciará entre edad, sexo o raza. El psicópata que todos llevamos dentro hace su entrada estelar y habla y actúa en tu lugar. Los ojos se te inyectan en sangre y hasta tú mismo te aterrorizas y das un paso atrás cada vez que te miras en el espejo. El mundo tiembla; tú has dejado de fumar.

 
Tu antiguo cuerpo de fumador te abandona y poco a poco va transformándose en uno de no fumador. El camino hasta llegar a este último es duro e inhumano. Es un sinvivir de continuos mareos y sensaciones de vértigo. Tus manos se convierten en una gelatina sudorosa que no para de temblar. Las palpitaciones son constantes y una incesante sensación de sufrir un ataque de pánico te ronda cada minuto. Cuando has conseguido estar una semana sin fumar, una tos perruna se apodera de ti y tu armoniosa voz pasa a convertirse en la de Joaquín Sabina. Cada vez que toses, expulsas un pulmón y por las noches sientes que te falta el aire. Los expertos dicen que tu cuerpo se está limpiando, pero la realidad es que estás desterrando al mismísimo Satanás.

 

Tus conversaciones dejan de ser interesantes, ya sólo sabes hablar de tu decisión de dejar de fumar. Lo más coherente que llegas a decir es: “llevo dos días sin fumar, llevo tres días sin fumar, llevo…“. Nada ocurre a tu alrededor, nada te interesa y nada sucede en el mundo. Todo se ha paralizado, lo único importante es que tú has dejado de fumar. Si a tu pareja le ha atropellado un tractor, tampoco es importante: es sólo una manera ruin de llamar la atención y hacerte la vida imposible ya que te va a resultar muy complicado sobrellevar esa situación sin fumar.

 

Pierdes tus amistades. Y no sólo porque estés insufrible, sino porque en tu época de fumeta les arrastraste a esos lugares infectados de humo donde sólo tú te sentías a gusto. Pero ahora que ellos ya se sienten cómodos en esos lugares, tú te niegas a ir porque no soportas ver a gente echando humo a tu alrededor (la envidia te corroe). Les haces recorrerse toda la ciudad buscando un sitio que cumpla tus expectativas y donde no se vea a una persona fumando en un kilómetro a la redonda.

 

Fumar engorda y provoca trastornos alimentarios. Por mucho que intenten convencerte de lo contrario y de enseñarte métodos alternativos para que esto no ocurra, una persona que deja de fumar, sin excepción, se pone como un zeppelín. Sustituyes el tabaco por combinaciones imposibles: natillas con torreznos, palmeras de chocolate con gazpacho, brownie con pizza a la barbacoa y helado de fresa con alitas de pollo rebozadas. Se come a cada instante, sin parar; es directamente proporcional a las veces que antes te fumabas un cigarrillo. No te engañes, por mucho que sepas que lo que tienes que hacer es beber mucho líquido, a ti lo que realmente te apetece es comerte una vaca por los pies.

 

Dejando de fumar no ahorras dinero. Ahora tienes que matar tu ansiedad de algún modo, y mientras te comes con una mano una tarta de manzana y con la otra un perrito caliente, compras compulsivamente cientos de cosas inservibles: un horrible vestido que jamás te pondrás, películas en formato Beta, un teléfono que detecta el mal aliento, un ratón con ventilador o un soporte de papel higiénico que te canta cada vez que lo usas: “la cucaracha, la cucaracha ya no puede caminar, porque le falta, porque no tiene, marihuana que fumar…”.

 

Dejar de fumar reduce el apetito sexual y las ganas de hacer todas esas cosas maravillosas que antes te encantaban y que ahora no haces porque las asocias a que después, te fumarías un cigarro. Tu ansiedad es tal que si logras centrarte en hacer cualquier monería en la cama, descargas tanta adrenalina y resultas tan violenta que tu pareja, con el rabo entre las piernas, se asusta y te dice que ya no eres la de antes y que ahora le das mucho miedito.

Tristemente, esto es más o menos lo que le ocurre a toda aquella persona fumadora que deja el exquisito, maravilloso, deseado y fabuloso vicio de fumar (aún no he llegado a la fase del odio al tabaco).

Ahora, mi plan, es convertirme en una de esas personas ex fumadoras tan poco tolerantes y tan plastas como los que yo he tenido que soportar desde el día en que comencé, hasta el día en que dejé de fumar.

Fumadores, podéis comenzar a echaros a temblar. Una nueva ex fumadora ha nacido…

 

 

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22 enero 09

EL EQUILIBRIO DE LA CONTRADICCIÓN



 


EL EQUILIBRIO DE LA CONTRADICCION 220109-01.jpg

La contradicción es la sal del pensamiento

(Proverbio francés)

 

- Me gusta la frivolidad, pero soy profunda

- Me gusta ser sincera, pero miento constantemente

- Me gusta el capitalismo, pero no las clases sociales

- Me gusta la familia, pero me desespera la mía

- Me gusta la comida sana, pero como mal a diario

- Me gusta la comunicación, pero no me gusta hablar por teléfono

- Me gusta la lectura, pero no leo cualquier cosa

- Me gusta mi casa, pero me quiero cambiar a otra

- Me gusta viajar, pero odio los aeropuertos

- Me gusta trabajar, pero odio tener que hacerlo

- Me gusta la política, pero no creo en los políticos

- Me gusta beber, pero odio tener resaca

- Me gusta fumar, pero no me gusta seguir haciéndolo

- Me gusta mi ciudad, pero la odio continuamente

- Me gusta la homosexualidad, pero no a quien presume de tener amigos homosexuales

- Me gusta la legalidad, pero pirateo cd’s

- Me gusta la sensatez, pero soy totalmente irracional

- Me gusta el invierno, pero odio pasar frío

- Me gusta el verano, pero odio pasar calor

- Me gusta ser excéntrica, pero soy muy normal

- Me gusta vivir, pero odio este mundo injusto

- Me gustan los animales, pero odio a los insectos

- Me gustan las rebajas, pero no me gusta rebajarme

- Me gusta estar informada, pero odio las noticias

- Me gusta la puntualidad, pero siempre llego tarde

- Me gusta querer, pero odio a muchas personas

- Me gusta que me perdonen, pero yo no sé perdonar

- Me gusta ser buena persona, pero he hecho mucho daño

- Me gusta el orden, pero necesito el caos

- Me gusta la revolución, pero odio a Fidel Castro

- Me gusta la tolerancia, pero soy muy intransigente

- Me gusta ser independiente, pero dependo de muchas cosas

- Me gusta la intimidad, pero escribo en una revista del corazón

- Me gustan las verdades, pero a veces prefiero que me mientan…  

 

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