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09 junio 11

Cumpleaños de la reina Fabiola

Once de junio de 2011, la reina Fabiola cumple años. El sábado, Su Majestad cumple 83 años..

Y lo celebro firmando mi último libro, la biografía de la reina Fabiola: Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los belgas, de la editorial Espasa, el sábado día 11 de junio en la caseta Nº  258 del Grupo Planeta, de 12:00 h. a 14:00 h.

Alegre, aunque de pocas palabras. De mirada sincera, transparente. Serena, con la sensación íntima de tenerlo todo controlado, la niña Fabiola desplegaba un aire de cierta superioridad que la hizo merecedora de un cariñoso apelativo familiar: era

«La reina». Y años después, «tía Queen». Así la llamaban desde muy pequeña sus seis hermanos, en un ambiente de gran normalidad, sin más aspiraciones que las propias de una familia bien situada económicamente, socialmente, entroncada con la aristocracia madrileña de finales de los años veinte, que concentraba en una palabra el carácter de la

pequeña Fabiola: discreta, nada retraída; muy pendiente de las inquietudes de los demás, nada egoísta; soñadora, sensible y cumplidora con todos sus encargos, incluso más allá de las pequeñas obligaciones propias de una niña que se formaba en el seno de una familia numerosa.

Era inimaginable, evidentemente. Pero la propia película de su vida hizo realidad aquel cariñoso apelativo familiar. Fabiola reinó, en efecto. De ahí el título de mi libro: “Nacida para reina”. Y despertó la admiración y la simpatía de todo un país, España, que había ignorado hasta entonces la existencia de una joven aristócrata entregada desde muy niña a hacer más fácil la vida de los demás.

Fabiola Fernanda María de las Victorias Antonia Adelaida de Mora y Aragón, que este es su nombre completo, nació en Madrid el 11 de junio de 1928, en el seno de la familia del conde de Mora y marqués de Casa Riera, don Gonzalo de Mora y Fernández, casado con doña Blanca de Aragón y Carrillo de Albornoz.

El matrimonio De Mora y Aragón residía en el palacete situado en los números cinco y siete de la calle Zurbano de Madrid, junto a sus siete hijos: Gonzalo, Neva, Annie, Alejandro, Jaime, Fabiola y María Luz. Y «la reina», aunque apartada ya de sus responsabilidades desde el fallecimiento de su esposo, el Rey de los belgas, sigue siendo muy querida en España y en Europa en estos primeros compases del siglo XXI. En la España de 1928 residían alrededor de veintitrés millones de personas, con un alto nivel de analfabetismo, bajo la autoridad de la dictadura implantada en 1923 por el general Miguel Primo de Rivera, en el marco de una Constitución, la de 1876, desbordada por los acontecimientos y las propias actuaciones de los sucesivos gobiernos del general.

*Texto: Extractos del libro Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los belgas. Editorial Espasa. 5ª Edición


07 junio 11

Hoy, Fabiola vuelve a Guetaria, cincuenta años después

Doña Blanca -la madre de Fabiola- había confiado siempre en el estilo e ingenio de Balenciaga. Y también lo hizo para la gran fiesta de Fabiola.

Cristóbal Balenciaga era hijo de un pescador y una costurera que residían en Guetaria (Guipúzcoa), una localidad costera muy próxima a Zarauz, lugar de veraneo habitual de los condes de Mora. Allí conoció doña Blanca a un jovencísimo Cristóbal Balenciaga, que dibujaba con pasión muchos de los vestidos que imaginaba. Se cuenta que la madre de Fabiola le dio una tela y uno de sus vestidos para que lo copiase. Y se quedó sorprendida de las buenas artes del joven de Guetaria. Hasta el punto de que se convirtió en su principal apoyo, no solo porque sería su modisto y el de sus hijas, sino porque le ayudó desde entonces, tanto en San Sebastián como en Madrid, donde le presentaron a las familias de la alta sociedad.

Sus distinguidas clientas le ayudaron a trasladarse a París —cuando estalló la Guerra Civil española—, donde consolidó su prestigio como diseñador de moda internacional. Balenciaga se retiró después de cincuenta años en activo; y falleció en Jávea el 23 de marzo de 1972. En 1946, doña Blanca preparaba con entusiasmo la puesta de largo de Fabiola en sociedad. Ya habían contraído matrimonio sus hijos mayores. Y por edad, había llegado el momento de presentar a los jóvenes madrileños a su sexta hija.

Aquel verano de 1946, cumplidos los dieciocho años, Fabiola fue la protagonista de la fiesta. Después de aceptar el verde mar del vestido que diseñó Balenciaga, a pesar de que a ella siempre le había gustado mucho más el azul pálido, Fabiola, por primera vez bajó las arañas del gran salón de baile del palacete familiar de la madrileña calle Zurbano. La señorita de Mora y Aragón se pone de largo y se presenta, oficialmente, en sociedad. A partir de esa noche, sobre la cual publicó una breve nota el diario monárquico ABC en sus páginas de ecos de sociedad, Fabiola incorpora a su agenda de actividades las fiestas y reuniones sociales a las que es invitada.

Pero el diseño estrella que Balenciaga cosió para Fabiola y que desde hace más de 50 años ha sido un punto de referencia en el mundo de la moda fue el traje de novia que le confeccionó. Incluso antes de la boda de Fabiola, la prensa se hizo eco del dibujo del supuesto traje de boda de la novia, que publicó un diario neoyorquino, aunque inmediatamente fue desautorizado por el propio Balenciaga, quien aseguró que el diseño se mantendría en secreto hasta la misma fecha de la ceremonia, como así fue.

Hoy, el traje de novia de Fabiola vuelve a Guetaria, al Palacio Adalmar, la casa de verano de los abuelos de Fabiola, los marqueses de Casa Torres, donde Fabiola jugueteó durante tantos veranos y donde Balenciaga se inició con la aguja. Allí en esa casa familiar de Fabiola, la reina Doña Sofía inaugura el museo Balenciaga, donde la reina Fabiola estará presente a través de su traje de novia. Esa pieza es la obra estrella que se exhibe en la colección permanente del museo Balenciaga compuesta por 90 piezas entre trajes y complementos. El Museo tiene un fondo de 1.200 piezas del modisto, que se irán exponiendo a lo largo del tiempo. Todas las piezas han sido cedidas o donadas por particulares e instituciones privadas y públicas, como lo ha hecho Fabiola con su traje de novia.

*Foto: Portada del libro Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los belgas. Editorial Espasa. 5ª Edición

*Texto: Extractos del libro Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los belgas. Editorial Espasa. 5ª Edición


26 abril 11

Primera similitud de Balduino y Fabiola con Guillermo y Kate

Sólo cuatro meses separan la boda que se celebró entre Balduino y Fabiola con la de Guillermo y Kate. Cuatro meses… y cincuenta años más, claro. Ya que la primera ceremonia fue el 15 de diciembre de 1960 y la segunda el 29 de abril de 2011. Muchas horas, días, años de diferencia. Pero ya nos llega la primera similitud entre ambos enlaces.

 

Fabiola, tras su “sí quiero” con Balduino, en un momento de crisis económica como la actual, se desprendió de buena parte de los regalos recibidos por la boda y eludió muchos de los numerosos homenajes con los que pretendían agasajarla durante el segundo semestre del año 1960 en España. En ningún caso se deshizo de los obsequios más simbólicos, sino de aquellos que no podría utilizar de ninguna manera, aunque fueran de valor, y susceptibles de ser vendidos o aprovechados por colectivos y familias necesitadas. Y así lo cuento en el libro que he escrito sobre Fabiola de Mora y Aragón, Nacida para reina de la editorial Espasa.

Y Guillermo y Kate, han decidido hacer lo mismo tras su enlace. Y me parece que es la gran noticia de la boda. Que ambos, jóvenes, hayan decidido no encerrarse en ellos mismos, sino por el contrario pensar en los demás en una fecha tan señalada para sus vidas.

Después de su enlace, el grueso de la actividad solidaria de Fabiola se dirigiría más bien a la atención directa de las necesidades de centros hospitalarios o de caridad. Además, fiel a su costumbre, quiso abrir vías ordinarias que le permitiesen el trato directo con enfermos y necesitados, niños o mayores, sanos o enfermos. Por ello, a mediados de mayo de 1961 puso en marcha una secretaría dedicada exclusivamente a la acción social, a la que fueron llegando desde entonces todas las peticiones de ayuda y desde la que se organizaron las tareas de apoyo a las personas y familias que lo requerían. De esa manera encauzó con mayor eficacia su vocación solidaria, que tempranamente se había puesto de manifiesto como consecuencia de unas graves inundaciones que se produjeron en Bélgica, en febrero de 1961.

Lo cierto es que esta tarea sí sorprendió a los belgas, no sólo a los responsables de los centros sanitarios o benéficos, que la veían aparecer con frecuencia sin protocolo y casi de improviso; sino también a los ciudadanos, que la veían cada vez más como la imagen de la reina Astrid, a la que tanto quisieron por su sencillez y proximidad. Ese fue el cariño que habían comenzado a volcar desde finales de 1960 en Fabiola, cuyo comportamiento posterior, ya en el trono, no hizo sino añadir motivos para acogerla como una más entre los belgas.

Tras su boda, en esos primeros meses de 1961, la reina Fabiola dedicó parte de su tiempo a abrir cauces para desarrollar la labor de ayuda a los necesitados, al igual que lo había hecho en Madrid. Y en esta ocasión, también, con la anuencia, el apoyo y la admiración de su marido el rey Balduino.

Seguro que si desde su espontaneidad y libertad, y con autenticidad, Kate sigue esos pasos de Fabiola, Guillermo también admirará y querrá más a Kate. Y no sólo Guillermo, sino su pueblo y Europa, y el mundo entero sabrá reconocer ese pensar en los demás, de lo que últimamente carecemos y necesitamos tanto. No hay que olvidar que 50 años y cuatro meses después, hoy Fabiola tiene la admiración y el respeto de todo su pueblo, por algo será…

Muchas Felicidades, Guillermo y Kate. Ojala que dentro de 50 años vuestro pueblo os quiera tanto como a la reina Fabiola el suyo. Y eso de quien más depende es de vosotros.


10 marzo 11

Quinta edición del libro ‘Nacida para reina’ de la reina Fabiola

 

Hace unas semanas el libro Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los belgas comenzó a estar presente en todas las librerías españolas.

Antes de su publicación, dediqué un año y medio de trabajo estudiando, analizando prácticamente todo lo que existía sobre la reina Fabiola: videos, archivos sonoros, y escritos. Después, comencé con las entrevistas a personas que bien conocen a la reina belga nacida en España: familiares, amigos. Incluso, hablé en su palacio sevillano de Liria, con la duquesa de Alba que conoció a Fabiola desde niña, entrevista a la que dedico el epílogo del libro. Y así fui redactando las páginas de este libro.

Después, mucho trabajo y más alegrías. He tenido el privilegio de atender más de 250 entrevistas con mis colegas los periodistas, nacionales e internacionales. Han sido varias las portadas de periódicas belgas dedicadas al libro. Y como dice el titular de este post, unas semanas después de estar en la calle, la semana pasada, se imprime ya la quinta edición. Además, en la próxima primavera, el libro que ya se está traduciendo al francés y al flamenco, se distribuirá en Bélgica.

Tras volver a la normalidad de mi trabajo diario, en mi despacho de comunicación y relaciones públicas, Urbiola Comunicación, y tras descansar un poco del trepidante trabajo que toda promoción de un libro conlleva quiero detenerme hoy y escribiros estas líneas para daros las gracias desde este blog que sé es tan leído. De hecho, también me han dado la alegría de saber que es el primer blog de hola.com que con menos de un año de vida ha tenido tantas visitas.

Todos estos hitos que os cuento se han ido sucediendo gracias a todas a todos vosotros. Mi trabajo ha sido sólo ese, trabajar. Muchas son las personas que trabajan, diariamente, y no tienen el privilegio de recoger tantas alegrías. Y os lo quiero agradecer, y de corazón. El éxito, sin duda, que hasta el momento está teniendo el libro, y estoy convencido que con más alegrías nos sorprenderá, es de la protagonista del libro por ser como es. Y, también el vuestro, que habéis decidido que Fabiola siga de moda. Este periodista sólo ha narrado, ha escrito su verdad, la de Fabiola de Mora y Aragón.

Hoy, Fabiola, vive con sus 82 años alejada de todo protagonismo, como siempre le ha gustado hacer. Sigo aprendiendo de ella. Y, también, de vosotros. Gracias por todo.


09 febrero 11

Hace unos días mi amigo Nacho Núñez me invitó a un pase privado de la película Encontrarás Dragones, que tendrá su estreno mundial el próximo 25 de marzo en España, y en la que se está dejando la vida en el trabajo de producción. El director de la obra es Roland Joffé, que se consagró con Los gritos del silencio y La Misión. Y durante toda la proyección, que se estrenará en mayo en EEUU, me venía a la cabeza la reina Fabiola.

La película es un drama épico, centrado en la investigación que un periodista español está realizando sobre una serie de acontecimientos acaecidos durante la guerra española de 1936-1939, que tuvieron como protagonista a su propio padre y a un joven sacerdote. A través del relato de su padre, el periodista va a descubrir una terrible historia de traición, celos y muerte, pero también de redención y perdón con el terrible trasfondo que supuso la guerra en un país enfrentado entre sí.

Entonces, Fabiola de Mora y Aragón apenas tenía 11 años y volvió a su casa familiar, al palacio de Zurbano, al terminar la guerra civil. El palacete de los Mora y Aragón se había convertido durante la contienda en la sede central de las mujeres revolucionarias que lideraba Dolores Ibárruri, La Pasionaria. Su imagen aparecía en distintas fotografías colocadas en buena parte de las dependencias de la casa. Así me lo contó una amiga de la reina, tal y como lo narro en mi último libro Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de los Belgas (Espasa 2010):

“Éramos unas niñas y creo que a ninguna se nos olvidará jamás lo que vimos al volver a nuestras casas cuando se terminó la guerra civil. Estaba todo en ruinas, todo destruido por la crueldad. Recuerdo los olores… no sé, a sucio, a quemado… Allí estaban nuestras casas, donde habíamos vivido felizmente. Teníamos recuerdos muy agradables de aquellos lugares. Y fue muy duro volver. Era el mismo sitio, pero totalmente diferente. El calor  del hogar se había convertido en la frialdad de unas ruinas. Había mucha pobreza, carecíamos de todo, no contábamos más que con un vestido para toda la semana: una blusa, una falda y unos zapatos. Y nosotras éramos de las familias con posibilidades económicas”.

La película Encontrarás Dragones pone de manifiesto la libertad que todos, todas tenemos diariamente -las reinas, también- de escribir cada una de las páginas del libro de nuestra vida. Páginas que inexorablemente escribimos, aunque no nos sentemos a redactarlas. Si en esos párrafos vitales somos capaces apartar los dragones que todos, todas llevamos dentro se nos sugiere en la película una vida plena. Por el contrario, y así se ve reflejado en la cara de los protagonistas, si nos dejamos llevar por el rencor, la ira, en definitiva por nuestros dragones interiores, el libro que narra nuestra vida no tendrá una lectura agradable.

Fabiola, que vivió la época de Encontrarás Dragones se ha enfrentado a sus propios dragones, quizá por esta razón hoy es tan querida en Bélgica.

Me quedo con el transfondo y la propuesta de la película -y os aconsejo verla, no perderéis el tiempo-: excluir los dragones en nuestras vidas, y así poder escribir la mejor de las biografías, la de nuestra propia vida.


01 febrero 11

Fabiola, ayer y hoy, con el Real Madrid

Entre las numerosas recepciones que se celebraron los meses anteriores a la boda de Fabiola con el rey Balduino, hace un poco más de 50 años, una llamó especialmente la atención. Se trataba del encuentro que mantuvieron con la directiva y toda la plantilla del Real Madrid, que había viajado a Bélgica para jugar un encuentro contra el Imperial de Lieja. El presidente del equipo blanco, Santiago Bernabéu, regaló a la novia un bolso en oro con brillantes, como destacaron posteriormente los periódicos.

Las crónicas de la época subrayaron fundamentalmente el ambiente distendido del acto, debido a la proximidad de la pareja, a la ausencia de protocolo y al enorme cariño con que fueron recibidos los madrileños en el Palacio Real bruselense. De hecho, según se contó después, el rey Balduino mostró su interés por conocer el significado de los símbolos del Real Madrid. Y uno de los directivos se quitó su insignia de la solapa y se la colocó inmediatamente después al monarca.

Cumplidos sus compromisos en la capital belga, Fabiola de Mora regresó de nuevo a Madrid. En esta ocasión, para asistir a los actos organizados con motivo de su despedida «definitiva» —entre comillas, porque en realidad nunca ha sido definitiva—, ya que el siguiente viaje a Bruselas sería para la celebración de su boda y, en consecuencia, para iniciar su nueva vida como reina de los belgas.

En julio de 2009, Fabiola apareció sonriente, junto a los reyes Alberto y Paola, en los actos religiosos de acción de gracias que se celebraron en la catedral de San Miguel y Santa Gúdula de Bruselas. Y llamó la atención de los cronistas, también, el hecho de que hubiera elegido, precisamente ese día, un elemento decorativo tan especial: el alfiler con el escudo del Real Madrid prendía del cuello de su blusa morada, bajo la sonrisa amable y bondadosa de Fabiola.


26 enero 11

Fabiola, una mujer moderna

Fabiola con 27 años publicó un libro de cuentos: Los doce cuentos maravillosos. Como le encantaba contar historias a sus sobrinos, seleccionó las doce mejores y se lanzó a publicarlos. Fue un fracaso editorial, por lo que después fue regalando el libro a los niños que visitaba en los hospitales.

Pero hace 50 años, tras su boda con el rey Balduino, se imprimió una segunda edición. Y en enero de 1961 era habitual ver este anuncio de prensa en los diarios que se publicaban en España.

A los 29 años, Fabiola trabajaba en el hospital militar Gómez Ulla de Madrid y era, siempre lo ha sido, una mujer libre, rompedora, muy moderna.

Incluso se independizó de la casa de sus padres. Se fue del palacio familiar de Zurbano a un piso en la calle Braganza, conducía su propio coche, un quinientos o el Fiat 500 con matrícula 209.174. Y eso en aquellos años, hace más de 50 años, estaba muy mal visto. También, sus profundas convicciones le hacían ser una mujer muy generosa, tanto con su dinero, porque lo tenía, como con su tiempo. Se entregaba y mucho a los demás.

Al llegar a palacio -y aún perteneciendo a la aristocracia- lo primero que le brota es ir a la cocina, organizar la casa, el palacio. Pero es que Fabiola siguió siendo la misma tras su boda con el rey Balduino, y a pesar de su nueva vida. También, continuó quedando con sus amigas de siempre, cuando podía, claro. Fabiola ha sido, siempre, muy fiel a sus amigas.

Quizá por esa razón, por su generosidad y coherencia, hoy muchos belgas opinan que la figura más emblemática del país es el Maneken Pis –“Niño que orina”, la popular estatua de bronce situada en el centro histórico de Bruselas o la reina Fabiola, la viuda del rey Balduino.


20 enero 11

Hace 50 años, Verónica O’Brien, siempre discreta

Esta es una de las notas del Rey de los belgas, Balduino, que encierra su profundo agradecimiento por haber conocido en 1960 a Verónica O’Brien, a la que se refiere con el nombre de Gracia; la mujer que medió en la relación entre Fabiola y el rey Balduino.

Una nota que repetía con distintas palabras prácticamente cada año, en agradecimiento por haberse encontrado con miss O’Brien.

“Hace cuarenta y tres años te pedí, Señor, que me enviaras una
santa para que me guiara en mi vida espiritual. Doce años más
tarde, Gracia entraba en mi vida vestida de verde.
Gracias, Señor, por el inmenso amor que me tienes. Gracias, Señor,
por haberla reconocido como tu ángel para mí. Gracias por el bien
recibido a través de ella. Gracias por el ejemplo que sigue dándonos
con su comportamiento ante el dolor físico, moral y ante todos los
problemas de la edad.
Gracias por sus relaciones con Michel e Yvette, por su vida de
oración, por su sentido del humor. Gracias, Jesús, por haberla creado
desde toda la eternidad y haber permitido que, en un momento dado,
yo entrara en su vida. Me has mimado, Señor, con tu Amor inagotable,
invulnerable, incansable. Mi Madre, mi confianza”.

Una carta del nuncio de Madrid, monseñor Antoniutti, fechada el 1 de enero de 1961, hace 50 años, quizá resuma de alguna manera la discrección total de Verónica O´Brien tras mediar entre Balduino y Fabiola. Verónica desapareció tras el anuncio del compromiso entre ambos…

“[...] ¡Cuántas veces he pensado en usted esta última temporada!
Ha sabido quedarse en la sombra como convenía. Esta actitud me
trae a la memoria el relato de un monseñor florentino. Después de
ocuparse de todos los detalles de las solemnes fiestas celebradas en
Roma con motivo de la vuelta del Papa de la cautividad de Avignon,
refiriéndose a santa Catalina de Siena (instrumento providencial de
este regreso), que estaba ausente, añadió: «Una sola persona faltaba,
que brillaba por su ausencia». Esta anécdota y este texto me han
venido a la memoria leyendo las crónicas que usted conoce… Ha
terminado usted en silencio y en la oración lo que había empezado
como instrumento de la Providencia.
Con este pensamiento de fondo, he rezado por sus intenciones
en la capilla donde usted se retiró mientras que yo redactaba una
carta, inicio de una preciosa historia, como la del capítulo XXIV del
Génesis”.


22 diciembre 10

Ayer, luna de Miel, en San Calixto. Hoy, Fabiola en facebook

 

Hoy la reina Fabiola está en Facebook, en la página del libro  Nacida para reina. Fabiola, una española en la corte de belgas. Ya son muchos los seguidores de esta página. Si quieres hacerte fan, tú también, sólo tienes que hacer click aquí.

 

Ayer, 15 de diciembre de 1960. Era media tarde. Sonaban los brindis finales del almuerzo festivo en el Palacio Real. Y los recién casados abandonaron las dependencias. En el aeropuerto ya les esperaba un avión con un plan de vuelo no revelado. Comenzaba el viaje de luna de miel, cuyo destino habían querido mantener en secreto, en el mismo marco de discreción que Balduino y Fabiola habían preservado desde que se conocieron.

Mientras el avión militar volaba hacia algún destino secreto  —luego se supo que era España—, los belgas se sorprendían al comprobar que el Rey, los Reyes —él y ella— se habían colado en sus hogares sin previo aviso, con gesto travieso y ojos de complicidad mutua, mediante un mensaje televisado. Ambos agradecían todas las muestras de cariño recibidas y se ponían sinceramente a su disposición, a su servicio, para tratar de mejorar su vida en todo aquello que fuera posible como consecuencia de su tarea y su responsabilidad al frente del Estado.

El rey Balduino, que tantas veces había meditado sobre la bondad y la trascendencia del amor humano, volcó en su mensaje televisivo una de las frases que mejor resumen ese valor tan sobrenatural, parafraseando al genial autor de El pequeño príncipe, Saint-Exupéry: «Amar no consiste en mirarse el uno al otro, sino en mirar juntos en la misma dirección».

«Desde ahora —dijo el soberano— estamos unidos para serviros y para contribuir con lo mejor de nosotros mismos a la felicidad de cada uno de vuestros hogares».

Y Fabiola, que quiso expresar su identificación con el pueblo belga dirigiéndose a todos en francés y flamenco, abrió su alma colmada de felicidad y agradecimiento: «Gracias por vuestra inolvidable acogida; desde ahora, mi corazón y mi vida pertenecen no solo a mi esposo, sino también a todos vosotros».
Pronto se conoció que el avión militar que había partido desde el aeropuerto de Bruselas aterrizaría horas después en Sevilla, donde esperaba una discreta comitiva, que acompañaría a los Reyes hasta la pequeña aldea de San Calixto, en la provincia de Córdoba.

Allí, en el corazón del parque natural de Hornachuelos, la finca de San Calixto —propiedad de los marqueses de Salinas, parientes de Fabiola— acogía un convento de carmelitas descalzas donde se encontraba una de las íntimas amigas de la reina belga, con quien había compartido su adolescencia y su juventud. Se trata de Piedi Muñoz, hija de los marqueses propietarios de San Calixto, que tantas horas y tantas aventuras había vivido junto a Fabiola y a Pilar Sástago en Madrid. Aunque retirada en el convento siguiendo la llamada divina, nunca perdieron el contacto ninguna de las tres. De hecho, Fabiola —que vivió todo su noviazgo junto a Pilar Sástago— también confesó por carta a su amiga Piedi que había encontrado al hombre de su vida, el rey Balduino, que era perfecto, salvo por un único fallo: que era rey. Fabiola aseguró a su amiga que la visitaría en San Calixto en el primer viaje que realizaran juntos después de la boda. Y así lo hizo.

Los monarcas descansaron en la tranquilidad de la finca, durante unos días de frío y nieve, aunque brillantes y soleados en muchos momentos de la jornada. Pasearon por los caminos del enorme parque natural y disfrutaron como habían imaginado. Ajenos —aparentemente, al menos— a los múltiples movimientos de los reporteros, que ya conocían el destino secreto de los monarcas, varados en Hornachuelos y sin posibilidad alguna de lograr la foto soñada de los recién casados. Fueron unos días con un sabor especial añadido. Los monarcas se disponían a disfrutar juntos sus primeras Navidades.


15 diciembre 10

15 de diciembre de 1960. Fabiola se casa con Balduino, rey de Bélgica

El frío —cero grados— y la nieve caída durante la noche no frenaron el entusiasmo de los miles de ciudadanos que quisieron darse cita en torno al Palacio Real y las calles adyacentes por donde debía pasar la comitiva la mañana del 15 de diciembre de 1960, hace cincuenta años.

Eran las siete de la mañana y ya estaban prácticamente llenas las calles por las que tres horas más tarde pasarían los vehículos del cortejo nupcial. Los invitados ocuparon sus respectivos lugares en el interior del Palacio Real. Y poco antes de las nueve hizo acto de presencia el vehículo negro en el que viajaba el rey Balduino, que vestía para la ocasión el uniforme de comandante en jefe del Ejército belga. La Sala del Trono se encontraba ya dispuesta, abarrotada de acuerdo con el protocolo previsto, a la espera de la novia, para formalizar solemnemente el matrimonio civil de los contrayentes.
Minutos antes de las diez, la hora prevista, hizo acto de presencia Fabiola de Mora, que exhibía la diadema de la princesa Astrid -madre del rey Balduino- cuyos brillantes representaban las nueve provincias belgas.

El traje de seda blanca y de larga cola, sencillo y elegante —como lo interpretó Balenciaga, en armonía con el carácter de la española—, que se ceñía ligeramente al cuerpo, fue la atracción de todas las miradas. Ambos avanzaron lentamente, con paso firme y majestuoso, hasta situarse ante la presidencia del salón. El burgomaestre de Bruselas, Lucien Coormans, se situó en el centro de la escena para iniciar la ceremonia del matrimonio civil. Y tras leer los artículos correspondientes del Código Civil, Coormans se dirigió al monarca:

«Señor, ¿declara Su Majestad tomar por esposa a doña Fabiola Fernanda María de las Victorias Antonia Adelaida de Mora y Aragón?».

Balduino pronunció un oui firme y sonoro.

«Señora, ¿declaráis tomar por esposo a Su Majestad el rey Balduino Alberto Carlos Axel María Gustavo, príncipe de Bélgica?».

Oui dijo Fabiola de Mora y Aragón, en francés, un sí en francés que no dejó lugar a dudas sobre cuál era su deseo más íntimo.

La ceremonia civil concluyó. Los saludos y las felicitaciones se prolongaron y la salida hacia la catedral de San Miguel y Santa Gúdula se retrasó más de lo previsto.

La calle era una fiesta, con numerosos tonos españoles. Eran ya más de las doce del mediodía. Sonó el himno nacional belga y en la calle estallaron los ¡vivas! al descubrir a Balduino y Fabiola en el gran vehículo negro que iniciaba majestuosamente su camino hacia el templo, seguido del centenar de coches que formaban parte de la comitiva. De la Plaza Real belga, en dirección al Bulevar de la Emperatriz, miles de agentes con traje de gala trataban de mantener despejada la calzada. El vehículo nupcial se paró en frente de la catedral. Fabiola bajó lentamente, para permitir el ordenado despliegue de la larga cola, que inmediatamente fue sostenida por los diez pequeños encargados de ayudar a la novia en esta tarea. Balduino se unió a ella del brazo y comenzaron el ascenso por la escalera de la catedral.
Una mirada hacia atrás descubrió a los contrayentes un mar de colores, entre los que predominaban el rojo y amarillo de la enseña nacional española; y cientos de fotografías de la nueva pareja real belga. El murmullo se intensificaba a medida que se descubría en toda su dimensión el traje de la novia, mientras se sucedían los saludos entusiasmados, a voz en grito. Y sobre todo, la aclamación más repetida: «¡Viva la reina Fabiola!».

Arriba, bajo el pórtico de la catedral, el arzobispo auxiliar de Malinas, monseñor Suenens esperaba a los contrayentes, a los que saludó con su bendición. Y les mostró el camino hacia el altar mayor, tapizado de rojo por una larga alfombra, que recorrieron lentamente ante la atenta mirada y los saludos de los numerosos invitados. Ambos hicieron una cuidada reverencia ante el Santísimo y ocuparon sus respectivos lugares a la espera de que el cardenal Van Roey, arzobispo de Malinas y primado de Bélgica, iniciara la solemne ceremonia:

—Balduino, Rey de los belgas, ¿deseas libremente, por propia voluntad,  contraer matrimonio con Fabiola de Mora y Aragón, aquí presente?
Oui.
—Fabiola de Mora y Aragón, ¿deseas libremente, por tu propia voluntad, contraer matrimonio con Balduino, Rey de los belgas, aquí presente?
Oui —dijo Fabiola de inmediato y con tono suave y firme.

El sí de los ya monarcas belgas fue recogido con todo detalle por las cámaras de televisión, que retransmitían en directo la ceremonia para todos los países conectados en esos momentos a la red de Eurovisión. Los potentes focos descubrían la belleza del templo, cuyos nervios de piedra aparecían salteados por cientos de claveles blancos.

Comenzó la santa misa, que fue oficiada por monseñor Danneels, sucesor de Suenens, y seguida con un visible recogimiento por los monarcas, muy especialmente en el momento de la comunión. La ceremonia finalizó con las felicitaciones, mientras sonaba el Magnificat de Juan Sebastián Bach. Al aparecer de nuevo en el pórtico catedralicio, las espadas de acero de los graduados de honor de la Academia Militar formaron un arco en homenaje al matrimonio, sonaron las ciento una salvas en honor de la Reina, volaron los pichones soltados al aire en señal de paz y repicaron todas las iglesias católicas de la capital, mientras las miles de personas allí congregadas —ya eran más de las dos de la tarde— entonaban con fuerza, al unísono, el nombre de Fabiola, a la que aclamaban como su reina.

Ya en el Palacio Real, los monarcas atendieron la demanda de los bruselenses, que solicitaron su comparecencia en el balcón. Eran casi las tres de la tarde y los invitados ocuparon sus respectivos asientos para compartir el almuerzo nupcial con los Monarcas.

Extracto de los capítulos 34 y 35 del libro Nacida para reina. Fabiola una española en la corte de los belgas. Espasa 2010, 3ª edición. 19,90 Euros. Fermín J. Urbiola.


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