Meryl Streep no me cae bien. Me cae super-, ultra-, requete mega bien. Me gusta como actriz, me parece cálida, divertida y cariñosa como persona (sin haberla conocido, que conste, con lo cual no tengo ni idea sobre cómo es realmente) y encima, le debo haber pasado momentos absolutamente memorables y muy divertidos con pelÃculas como “Mamma MÃa” (la favorita de mi hija, y dado que ella tiene cinco años, que sea su “favorita” significa que la hemos visto unos seis millones de veces y me sé los diálogos de memoria) o “No es tan fácil” (recomendable y casi obligatoria para todas las mujeres de más de 40).
Y me he dado cuenta de que no estoy sola. Creo que a todo el mundo le cae bien Meryl Streep. Incluso a la gente del mundo de la moda, lo cual no siempre es fácil. Y es que he visto a pocas mujeres tan poco favorecidas como a ella con el traje de burbuja Freixenet con el que se torturó para la noche de los Oscars. A mà me ha costado tiempo darme cuenta no sólo de que era horrendo, sino de que, además, le quedaba fatal. Pero como es Meryl Streep, y nos cae muy bien, ¡nos ha dado igual! ¡A todos! Mientras estilistas y comentaristas varios se lanzaban a despedazar el look de A y B, ella, dorada, fruncida, arrebuñada, sonreÃa feliz – y nos hacÃa cómplices globales de su felicidad mientras se escapaba por obra y gracia de su encanto personal de la lista de las peor vestidas.
Quizás el dorado fuera un homenaje a la estatuilla, pero… no, no le quedaba bien el vestido: a las pruebas (gráficas) me remito.

Su sonrisa eclipsaba al vestido, pero… no, el dorado no le sentaba bien…
He aquà a la misma Meryl, apenas unos dÃas antes, con un traje que era menos “oscarizable”, pero mucho más favorecedor…

Ya se sabe que el color negro hace parecer más delgada, pero no llevar seiscientos metros de tela enrollados y aburruñados alrededor de la cintura también ayuda…
Pero lo de menos es el traje: lo que importa es que Meryl es grande, muy grande. Porque está guapa, porque mejora con el paso del tiempo, porque está sabiendo crecer, madurar y avanzar (¡me niego a decir envejecer, porque está muy lejos de parecer vieja!) como pocas actrices. Porque está radiante, y cien mil veces más atractiva que otras actrices que, incluso décadas más jóvenes que ella, parecen petrificadas y momificadas a causa de rellenos, botox e infiltraciones varias.
No me extraña que haya sido, a los 62 años, la mujer de más edad en salir en la portada de Vogue. Porque lo suyo es estilo, y da igual lo que lleve.

Meryl Streep es la mujer de más edad que jamás haya salido en la portada de Vogue. Y no puede estar más guapa, con más estilo y con más fuerza.