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mayo 11

DRAMA DE AMOR CON GODOY ÁLVAREZ EL DEL FARIAS

El famoso albañil que terminó siendo pocero

Godoy Álvarez el del Farias

CAPÍTULO IV
En la foto Godoy  (1793 ) que guarda gran parecido con Bobarín, vistiendo búcaro de flores sobre la cabeza. Detrás un señor de Cuenca que quería salir en la foto pero no lo consiguió.
Bobarín fue una alumna aventajada en la Escuela de Solfeo, en unos meses consiguió completar los cinco cursos llegando a dominar el triángulo a las mil maravillas, incluso se atrevía con el hexágono. Con tanto polígono terminó aprendiendo álgebra  y en lugar de acompañar arias tocaba áreas, no había triángulo que se le resistiera. La Orquesta Sinfónica de Madrid en un principio le cerró las puertas pero ella consiguió entrar por una ventana. Su padre iba siempre a escuchar sus conciertos en el Auditorio Nacional acompañado de su amigo Agabio. Ambos amigos aguantaban despiertos toda la audición hasta que su Miguelita tocaba ese “ rin” que sonaba a gloria.  ¡ Dos y tres rines seguidos llegó a tocar Bobarín!
- ¡ Qué maravilla, qué ejecución ! – Le decían sus seguidores a la salida del concierto. Lo que no extrañaba nada a Bobarín porque había tenido un antepasado verdugo que era todo un artista y hasta había hecho una película con Berlanga. Un día cuando salió Bobarín de dar su concierto encontró a su padre pesaroso y desalumbrado.
- ¿ Pero papá no te ha gustado mi ejecución?- Le preguntó Bobarín extrañadísima.
-  Ejecutas mejor que nadie en el mundo. ¡ Es que no aguanto los agravios de Agabio! ¿ No me ha llamado oriundo? Oriundo de cabeza vellosa, ni más ni menos!-
-  Pero papá oriundo no es un insulto significa que tus raíces son de Cabezabellosa, tu pueblo padre, tu pueblo!-
-  ¡ Ay mi madre! ¡ Pues le he propinado una galleta que todavía me duele!-
Pronto su padre y Agabio volvían a tomar claretes juntos ya que Agabio se había quedado amnésico del porrazo.
– Lo tengo clarete – Reía Agabio mientras ingería el bebercio. Mientras La Conciencia mordisqueaba un poco la mano del padre de Bobarín.
- No me remuerdas y tómate un vinito Lubol que eso va muy bien para la conciencia y para la circulación , que me lo ha dicho un guardia-
Así de tranquilos transcurrían los días de Bobarín en la Villa aunque ella lo que quería era ser una de esas señoras elegantes que acudían al concierto pagando, no de coladillo como hacía su padre al que miraban raro cuando decía orgulloso que estaba “coladillo por ella.”
Como el triángulo era un tacaño y no le daba dinero, decidió dejar de tocar el triángulo y comenzó a tocar madera y a hacer otros planes de futuro.
Una tarde Madame Bobarín paseaba ufana tras haber quedado última en un concurso de Poesías Malas. Eso era mejor que haber ganado o haber quedado última en un concurso de poesías buenas, todo era felicidad dentro de sus zapatos. Para celebrarlo entró en una “Nube de Humo”, lo que ahora se llamaba “Bar”, donde se había reunido todo el barrio para ver un buen partido. Eso era justo lo que ella estaba buscando, un buen partido que le sacara de pobre y le sacara a merendar. Como les iba contando entró en la nube de humo a tomar el fresco y la fresca cuando Bobarín quedó extasiada al ver frente a la barra un albañil que se erigía como una estatua celtíbera con mono azul. Prendada al ver la ilusión del bar en el fondo de sus ojos, pues esto era nuevo para Bobarín, se acercó sin disimulo.
– Don Godoy ¿ Le pongo lo de Siempre?- Le preguntó el cantinero a la efigie.
– No, hoy póngame lo mío, gracias – Respondió Godoy entre risotonas evidenciando que era la gracia sin gracia que repetía todos los días abusando de la falsa amabilidad del camarero. Y es que ya se sabe, el cliente siempre tiene la razón que son quince euros.
El ambiente estaba nublado por el humo y por que hacía mal tiempo. Bobarín llevada por su olfato y por su reloj biológico que era un brújula terminó con la nariz pegada al farias de Godoy.
- ¡Huy! Me ha quemado usted la puntita de la nariz- le dijo Bobarín  zalamera.
-  Disculpe señora, pero ha sido el farias que tiene vida propia – Y el farias le guiñó un ojo.
-  Vida propia tiene mi corazón que a usted le entrego - Añadió Bobarín arrancándose el corazón y haciendo un amago de desmayo.
-  ¿Pero es usted tonta? – Preguntó Godoy casi afirmando.
-  No señor, digo bobadas porque estoy dedicando toda mi inteligencia en mirarle-
-  ¡ Ah , bueno! Me había parecido-
-  “Parecía tonta” dirá usted algún día mientras me fugo por la escalera de incendios-
-  ¿ No será usted demasiado lista? –
-  ¿ Cuanto es lo justo de lista?-
-  Lo que es justo es lo justo- Dijo Godoy ya harto y a punto de pedir lo de Siempre.
-  Usted si que parece tonto…pero seguro que es pura modestia y yo le amo- Volvió a declararse Bobarín.
Godoy ante tal reclamo no supo que decir así que no dijo nada. Ella insistía en desmayarse por lo que el caballero para evitar que rompiera los azulejos que aunque eran azules estaban muy cerca, tuvo que  abrazarla, luego abrazó la carrera de pocero que pesaba menos, he hizo carrera hasta Aranjuez sin mirar atrás para no tropezarse y para olvidar a la proba Bobarín que anduvo llorando hasta tres minutos como horas y no sé cuántos centilitros en lágrimas.
-  ¡Ay Godoy, qué bien corres ! – lloraba Bobarín presa del amor a primera y última vista mientras Godoy se apresuraba para ser engullido por el hambriento horizonte.
Así termina la desgarradora historia de amor que heriría a Bobarín para siempre perdurando en su memoria hasta este día, que es martes.

Datos de interés:
Cualquier semejanza entre nuestro Godoy y Godoy Álvarez de Faria, primer ministro de Carlos IV y precursor de la desamortización, es pura casualidad y siempre ha tenido mosca a Bobarín.

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