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Entradas etiquetadas: Madame Bobarín


27
marzo 15

El Acelerador de Particulares

CAPÍTULO LII

“¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido.”

Juan Rulfo

“Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.”

Gilbert Keith Chesterton

Madame Bobarín

La insistencia de Godoy Álvarez el del Farias había empujado a Bobarín al precipicio de su paciencia. Ella siempre había soñado que el amor verdadero llegaría sin revuelo, sin presiones, sin fechas y sin necesidad de promesas.
 -No puedo más, me está entrando claustrofobia en este vagón. Me voy a la zona de fumadores- dijo Bobarín intentando desencajarse del asiento.
-En este tren no hay de eso- apuntó Godoy.
-¿Cómo que no? Sobre la techumbre del vagón oigo pasos, apuesto que están fumando ahí arriba.
-Estás un poco bolinga para subir ahí arriba.
-Sino estuviera bolinga no se me ocurriría. ¿Me acompañas Gabina?
Gabina y Bobarín salieron por la puerta de emergencia y treparon hasta la cubierta del tren, donde se amontonaba un copioso grupo de fumadores en uniforme. Vestían casacas de colores con botonadura dorada, como los Beatles en Sgt.Salt and Pepper.
-Buenas tardes señoras, bienvenidas ¿Cómo han subido hasta aquí?
-No sé, la verdad, para no acordarme de lo que he hecho. Qué bien lo he hecho.
-¿Y ustedes a qué se dedican?- preguntó Gabina excitada por aquellos coloridos uniformes.
-Somos un Big Band.
-Anda cómo tu Bobarín ¡Un Big Bang!
-Ji,ji,ji…- rieron ambas amigas, completamente borrachas.
-Ah vale, que tienen ustedes un idioma personal.
-Desde que usted lo ha dicho, porque era para todos….
-Ji, ji, ji… Se llama auto exclusión, ji, ji, ji….
-¿Viajan solas?
-A ratos, como todos.
-¿Y qué hacen dos bellezas como ustedes sin acompañante?¿O tienen pareja?
-Estamos comenzando a planteárnoslo….- dijo Gabina mientras atusaba con mimo el cuello del músico.
-Cada vez es más difícil encontrar pareja, uno se vuelve maniático con la edad…- respondió el músico retirando las manos de Gabina de su pecho.
-Desde que perdí el olfato todo es más sencillo – suspiró Bobarín.
-¿Y eso?
-Mire, para que me guste un hombre debo admirarlo, ha de ser un señor interesante, bueno, simpático, que me inspire confianza y me huela bien. Tiene que haber piel, sino la cosa no funciona. Ahora me he quitado esto último.
-Ya, pues si se queda ciega y sorda tendrá al hombre perfecto.
-¡Qué pueril!
-Pues sil….Lo más difícil es admirar a alguien.
-Yo admiraba a mi padre.
-¿Y cuando dejó de hacerlo?
-El día que llegó a casa ebrio.
-¿Y yo le inspiro confianza?
-Supongo que ser digno de confianza importa menos que parecerlo.
-Qué mala eres con lo buena que eres- interrumpió Gabina.
-Pues anda que tu no eres…
-¿Y su amigo, es también músico?-preguntó interesada Gabina con la pupilas en forma de corazón.
-Qué va, es el pipa. El tío es capaz de ir a la ópera con walkman. ¿Y ustedes a qué se dedican?
-Yo soy pobre oficial. Vamos que lo soy hace tiempo pero por fin se me ha reconocido- contestó Gabina.
-¿Y usted?
-Yo soy inventora- contestó Bobarín.
-¡Qué mentirosa!- se quejó Gabina.
-Soy una mentirosa que siempre dice la vedad.
-Yo la creo. ¿Qué ha inventado?
-Ahora acabo de patentar el Acelerador de Particulares.
-¿Hablamos de cuántica?
-No, qué va. Es un programa que se introduce en el hipotálamo y proyecta anuncios de autónomos invadiendo los sueños del personal. “Anúnciese en sueños.”
-No sé…no quiero desanimarla pero no se haga muchas ilusiones con ese proyecto.
-No sé preocupe, también he inventado el contenedor de reciclaje para descargar desilusiones.
-¿Y qué descarga usted?
-Desilusiones nuevas. ¡Qué cosas tiene! Mire lo que me acabo de inventar ” ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”
-Con todo el respeto pero eso…
-Si empieza así ya puede ir tirando el resto de la frase al contenedor.
-Sólo he dicho que la respeto…pero reconozca que eso ya lo dijo Calderón.
-Usted no ha entendido la frase. Además, yo cuando plagio, plagio, sino no sería yo misma.
-Bien, como le digo, yo respeto sus palabras.
-Yo respeto hasta la falta de respeto- dijo Bobarín acalorada.
-¿Bobarín pero cómo puedes decir eso?- le reprendió Gabina.
-Comprendo que no todo el mundo ha tenido la suerte de tener una educación tan exquisita como la mía…
-¡Pero si te has criado entre vacas!
-Pues eso Gabina, ¿Imaginas lo difícil que es tratar al personal como a vacas cuando nunca se ha visto una? Unos genios, te lo digo yo.¡Unos genios!
-Me supera su ironía vacuna.
-Eso, eso, estoy vacunada contra todo, contra todo.¡Qué ironía!

coronilla

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3
febrero 15

El sabor no ocupa lugar


“La risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final”.
Oscar Wilde

“No hay un final. No existe un principio. Solamente existe una infinita pasión por la vida”. Federico Fellini

¡Qué lío! Madame Bobarín

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En capítulos anteriores Madame Bobarín y Gabina viajan en un tren con destino desconocido acompañadas de Toulouse convertido en estatua al fundirse en un beso con Ramonita; Godoy Álvarez el del Farias antiguo amor de Bobarín irrumpe en el vagón, el valido huido de la justicia sucumbe al amor y protección de Madame Bobarín.

CAPÍTULO L

- ¿Hacia dónde se dirige este tren Bobarín?- preguntó Godoy extrañado ante el paisaje selvático cuando deberían de estar atravesando Cuenca.
- ¿Eso qué importa querido? El viaje es más importante que el destino.
- Sus palabras me hacen sentir… muy seguro y su belleza juvenil me pone a cien.
- ¡Huy juvenil! Lo que pasa es que en nuestro pueblo los relojes estaban retrasados un siglo- intervino Gabina ya cansada de no comerse un colín.
- Calla Gabina que ya sé porqué estás tu tan flaca, la envidia muerde pero no come.
- No si comer te lo comes tu todo… con eso de quitarte años…
- Yo no me quito años, me los pongo para que me digan que estoy estupenda- respondió Bobarín a su amiga mientras se giraba pizpireta hacia su galán – ¡Pero qué guapo está usted con ese uniforme de valido desvalido! ¡Leñe!
- Las mujeres sólo piropean a los hombres cuando no les consideran peligrosos.
- Yo al revés, me suelen temer a mi…
- ¿Y qué he de temer? Nadie me haría daño, soy presa demasiado fácil, un hombre simpático y sincero…
- Es difícil ser ambas cosas sin omitir nada…
- Es difícil no omitir nada y no aburrirle. Yo nunca miento y eso que no estoy dejando de fumar.
- ¡Demuéstrelo!
- Pregunte lo que se le antoje y yo le responderé gustoso.
- ¿Qué intenciones tiene usted para conmigo?
- Quisiera ser el último amor de su vida.
- ¡Ja! Pues aún queda mucho para eso todavía no pienso estirar la pata.
- Quiero decir ahora, ya, para siempre. ¿Me está rechazando?
- No se lo tome así. El tema es que yo acostumbro a dejar lo mejor para el final, me pasa lo mismo con las hamburguesas, me dejo el centro jugosito para el último mordisco, lo malo es que cuando llega el final ya suelo estar empachada…
- Esperemos que entonces le pille la parca con apetito y en lo mejor de su vida…
- Y sobre todo en el final.
- El tiempo siempre encuentra un final perfecto.
- Qué tío el Tiempo, ya quisieran muchos escritores.
- Es usted sabia pero lo importante no es lo que uno sabe sino lo que uno hace.
- Ahora mismo el tonto y cuanto más dure esta disputa más lejos nos hallaremos del final.
- Entonces esperaré a qué me llame usted. ¿Sabe? Así ataviada me recuerda a los Borbones…
- Alago su memoria pero eso me recuerda que no he de llamarle.
- ¿Le parece a usted mal tener un aire borbonesco?
- Mi aire es más bourbonesco, por cierto la botella está vacía.
- Lo que ha vaciado usted es la tarde…
- No se ponga taciturno que no le toca.
- No puedo evitarlo, me pone usted triste.
- Tampoco es cuestión de estar triste por no estar contento. Alégreseeee Godoyyyy ¡Que yo le amoooo…!
- ¡Sorpresa! ¿Utiliza usted mucho lo del bajón como truco para el subidón…?
- ¿Usted no?
- Yo lo estaba dejando. Está usted fatal de la azotea señora.
- Lo sé Godoy, pero yo me curo, en este mundo o en el otro, me curo. Lo importante es que sepa que le amo además admiro mucho que haya superado usted tan bien el que yo le abandonara.
- ¿Que usted me abandonara? Pero si fui yo el que salió corriendo despavorido asustado por sus calenturientas intenciones.
- Bueno sí, pero luego yo le dejé.
- Madame, esto no puede ser, veo que no avanzamos.
- ¿Y a qué llama usted avanzar? ¿A que me quite el corsé?
- No sé si el tamaño de este vagón puede concedérselo.
- ¡Sinsorgo! Ya lo sabía yo. De lo que no hay duda es que avanzar avanza, lo que pasa es que cuanto más avanza usted más retrocedo yo.
- A ver Bobarín, primero me lía y después me interpreta mal.
- ¡Anda ya! Que le he interpretado perfectamente y eso lo sabemos usted y yo.
- ¡Usted no debería saberlo!
- ¡Ay el sabor! ¡Ese sí que no ocupa lugar!
Y ambos saborearon un beso de esos que revientan corsés.

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12
septiembre 14

To lose a Toulouse

“¡Mira que estaba mal!… Pues nada”  Miguel de la Quintana.

 CAPÍTULO XLVIIIlautrecbobarín

A Ramonita pareció no molestarle la fingida e irónica indiferencia de Bobarín a la cual respondió con una elegante actitud incisiva.
-Poca carne tiene usted para poner en el asador…- dijo Bobarín tocando su escuálido trasero- ¿Usted no come por pobre o por presumida?
-Mi belleza y perfección es de he-reeen-cia, estoy bien hecha porque generación tras generación en mi estiiiiirpeee se ha vivido muuuuuyyy bien, sepa usted que proveeengooo de una familia de raaaancio aboleeeengooo.- dijo Ramona exagerando un acento de lo más cursi siguiendo el juego a Bobarín.
-Huy los abolengos no me los como yo ni maduros, ni verdes ni rancios.
-Pues será usted lo único que no se come.
-Las buenas estirpes son las que se endurecen, las que sobrevivimos a base del trabajo de nuestro sudor… las que sabemos que engordamos por todo lo que no nos mata y nos inmunizamos contra el mundo este.
-Yo estoy hecha de otra madera.
-Si querida pero la carcoma no entiende de maderas, cuando llega, llega.
-Señora yo no estoy delgada por lo que como o dejo de comer.
-Claro que no, es por lo que le recarcome.
-A mi nada me remuerde, hasta pienso mucho en los pobres, mi lema es “Da pan al que tiene hambre”
-Huy y que de hambre a los que tienen pan, porque mírese, está usted que da pena verla.
-Yo soy de buen comer, se lo juuuuro…
-Ja, ja, ja Osea… ¡Una pija que jura! ¡Qué novedosa!- rió Gabina.
Parecía que esta vez nuestra dama había encontrado una contrincante a su medida algo que la excitaba sobre manera, incluso comenzaba a caerle bien, si había de perder a Toulouse bien estaba que fuera por una mujer con personalidad que en cualquier caso ya había robado el corazón del pintor años antes.
-Ramonita, Ramona, mi amor. Soy yo, Toulouse ¿No me recuerdas?
-Pues claro que te recuerdo tonto, llevo buscándote toda la vida, te perdí en la cola del supermercado, te busqué en congelados, en la carnicería, en bebidas…te esperé años junto a la caja. ¡Tres cajeras murieron en ese tiempo! Creí que me habías abandonado, pero al mirarte hoy a los ojos…
-Mi amor.
-Mi vida- y ambos se fundieron en un abrazo convirtiéndose es una bonita estatua de bronce.
-¡Ay Gabina! He estado cerca… pero ni premio, ni puro- exclamó Bobarín.
-¿Cómo que no? Aquí tengo un Farias.
Al oír la palabra Farias Bobarín dio un respingo abandonando aquella actitud derrotista que no iba con su carácter ni con su sombrero. A veces gustaba jugar a ser lo que no era en un vano intento por sentir lo que el mundo esperaba que sintiera pero Bobarín siempre encontraría triunfo en la derrota.
-Trae pa acá ese habano.
-Bueno espera, que sólo me queda uno y no sé…- respondió Gabina bromeando.
-Ya sabía yo, eso más que un habano es un avaro…
-Sólo bromeaaaba bobarina, si ni siquiera es de la Habana- dijo Gabina mientras cortaba el extremo del codiciado puro.
-Con los vicios y la comida no se bromea, estoy harta de repetírtelo.
-Menuda bronca por naaa…
-Pues a mí me encanta que me caigan puros.
-Ji,ji,ji…- rieron al unísono.
En el estrecho camarote la escultural estatua bicéfala y nuestras amigas compartieron el humo del Farias que comenzó a condensarse en una amenazante nube.
-Abre la puerta o abre mi paraguas- se quejó Ramona.
-Qué pesada, las estatuas ya no son lo que eran, tan calladitas señalando con un dedo al horizonte.
-La nube esta parece que está tomando forma de tornado…tú verás…
-Ta tomando tor-tornado tu verás…qué pesadita ta.
Al abrir la puerta Bobarín vio una fugaz sombra a contraluz que se apresuró hacia ellos introduciéndose en el camarote.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué era eso?
-¿Y dónde está?
-No veo nada.
-Cuidado que a lo mejor muerde.
La espesa niebla ciclogénica se fue disipando, bajo la cama sobresalía una temblorosa levita.
-Salga de ahí intrigante… cosa- ordenó Gabina. El bulto sospechoso se aferraba en su escondite, sin más dilación Bobarín tiró de él –fundido en blanco- ante los perplejos ojos de Bobarín y Gabina apareció un polvoriento y desencajado Godoy, Manuel Godoy Álvarez el del Farias, les sonara pues el famoso albañil que terminó siendo pocero ha sido nombrado anteriormente en esta biografía por ser el favorito de Bobarín, de Carlos el del cuarto y de su mujer; un hombre válido y valido donde los haya.
-¡Quieren ahorcarme, mi vida pende de un hilo!
-Dirá usted de una soga…- acuñó Gabina.
Toulouse mantenía la mirada lánguida sobre Ramonita, en el cristalino de sus ojos se podían ver pasar tiernas imágenes de su juventud junto a la moza; aún así no ajeno a la nueva e inesperada visita suspiró.
-¿A quién van a matar? A lo largo de estos años a falta de mi Ramona…¡Cuánto he deseado que me visitara La Parca!
-¡Bravo! ¡Así se habla! – exhortó Gabina.
-¿Pero qué dices bruta?- se quejó Ramonita.
-Lo que quiero decir es que si no tenía ganas de vivir que al menos las tuviera de morir.
-Está usted loca…
-Yo no lo creo. Mire, lo primero no tiene remedio pero lo segundo sí- explicó Bobarín apoyando a su amiga.
-Oigan ustedes, con todo el respeto por la estatua esa, pero el que está en apuros soy yo- se quejó Godoy.
-Aquí el que no está en apuros se fuma uno.
-Eso. Ya está bien de querer tener siempre el protagonismo. Uno viene con que le quieren matar, otro con que se quiere morir…¿Y los que queremos vivir tan panchos, qué? ¿No contamos?
-Tienes razón Bobarín, pásame el puro – rogó Godoy alargando su temblorosa mano.
-Amor mío yo te sacaré de apuros, calmaré el temblor de tu mano, no pudiendo fumarnos la vida juntos, nos fumaremos un habano.
-Poeta, poeta, eres una poeta- aplaudía Gabina mientras Bobarín continuaba recitando llevada por ese rapsoda que todo enamorado lleva dentro.
-Le amo con tanta locura
que si el cinismo era mi condena
ahora es mi tortura.
-Muy bonito pero…¿Me pasas el Farias? ¿O qué?

(Continuará)

Dedicado a Miguel de la Quintana de Amargord ediciones. 

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19
agosto 14

Las bolsas de la Ramona

CAPÍTULO XLVII

“Las bolsas de la Ramona son más grandes que su cuerpo, Ramona te quiero…¨

capXXXVII

“Mientras yo sepa de qué me pongo, me da igual de qué me pingan, digo pongan”

-¡Ay qué bien se está cuando se está bien!- suspiró Bobarín. Dicho esto y tras disfrutar del gustirrinín que da compartir las cosas buenas, cayó dormida sobre el hombro de Toulouse.
-A ver cuánto dura esta paz- dijo Gabina con el papo aplastado contra la ventanilla. Y es que lo que suele suceder cuando uno está bien es que aparece alguien para estropearlo. Creo que fueron más de cinco apacibles minutos de descanso; los pájaros mugían, las vacas maullaban y los postes eléctricos bailaban a su son.
– ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!- desde el exterior alguien golpeaba el tren a su paso -¡Qué pare leñe! ¡No voy a perder este tren! ¡No señor! ¡Este tren si que no lo pierdo!- El ferrocarril frenó de golpe; Bobarín salió despedida hasta la sala de máquinas, Gabina perdió la dentadura postiza –pero conservó la de verdad- y Toulouse creció cinco centímetros de y del golpe.
Se encontraban parados en mitad de la nada. Una mujer cargada de bártulos con un paraguas colgando del brazo se introdujo en el vagón pegando gritos ininteligibles mientras caminaba propinando golpetazos a su paso. Hay mujeres que caminan cargadas hasta las trancas para poder abrirse camino entre la masa humana valiéndose de sus bolsas, suelen llevar objetos punzantes cargados de mala saña para ayudarse a la hora de adelantar en el paso de cebra o de apearse en el autobús, esta, era una de ellas.
Toulouse -una vez habiéndose acostumbrado a la nueva medida de las cosas- ayudó a la nueva pasajera a colocar los bultos en el compartimento para equipaje. Después de haber organizado las bolsas, la jaula del guacamayo, un reloj de pared, varios baúles, un organillo y un puesto de castañas la miró sonriente y complacido con las pupilas en forma de corazón, la mujer sin apenas mantenerle la mirada le dijo –Gracias, ¿puede por favor acomodar también mi sombrerera? Y no espere propina.
   Bobarín regresó alegre y ufana de la sala de máquinas dónde había preparado una barbacoa al carbón con algo de matanza que llevaba en el refajo. Al darse cuenta del interés que despertaba la señora de las bolsas en Toulouse fingió perder el equilibrio pisándole sin querer un prominente juanete que latía bajo su zapato.
-¡Huy! Disculpe, le he pisado sin querer antes de que usted me saque un ojo queriendo- la mujer apuntó desafiante a Bobarín con su paraguas, en ese oportuno instante Toulouse ofreció su brazo a la mujer de las bolsas acompañándola a tomar asiento.
-No entiendo por qué este género de señora lleva siempre veinte bolsitas colgando en lugar de meterlo todo en una- dijo Gabina.
-Es una mezcla de Síndrome de Diógenes con afán de aparentar, fingen que van de tiendas pero luego no llevan nada dentro, como mucho compran una prenda y la cambian cien veces, en el resto de las bolsas llevan relleno de almohada y unas mandarinas para merendar.
-En definitiva, utilizan los bártulos como coraza para golpear a diestro y siniestro mientras farfullan… vete tu a saber qué farfullan.
-Yo creo que hablan otro idioma, uno que se parece al alemán.
-A veces bufan como un gato.
-Y van a la misma peluquería.
-¿Son las mismas que se hacen las tontas para colarse en las colas?
-Sí, son las mismas.
-¿Las que si les preguntas por una calle te indican erróneamente a propósito?
-Ellas. Pero luego se confiesan al cura y salvan su alma.
-¿Su alma va también con bolsas?
-Eso ya no lo sé. Dijo Bobarín mientras buscaba ansiosa la fiambrera en su bolso. Por el pasillo dando tumbos volvía Toulouse triste y apesadumbrado, limpiándose el sudor con un pañuelo tomó asiento junto a Bobarín y permaneció cabizbajo.
-Esa mujer que acaba de subir es Ramonita, mi primera novia. ¡Ay Bobarín! La he mirado fijamente a los ojos pero no me recuerda. Me temo que no fui nada para ella.
-¿Y qué pasó? ¿Cómo la perdió?
-En una cola.
-No me diga más.
-¡Ay Bobarín! Las viejas heridas tienen vida propia.
-Ni que lo diga, yo tengo una bala incrustada entre las costillas desde La Guerra del 14 y no vea cómo se resiente con el mal tiempo.
-Me refería a las heridas del corazón.
-¿Le dispararon a usted en el corazón?
-Si señora, varias veces.
-Bueno, pero no se preocupe que por ahora dan buen tiempo.
-A veces se me resiente tanto que no sé si me duele por delante o por detrás.
-No vaya a ser reuma…
-No señora es mal de amores.
-¿Y eso es contagioso?
-Qué vacile tiene.
-¡Ay Toulouse! Es que se me pone usted moñas y me estropea la tarde.
-¿Usted nunca se ha enamorado?
-Yo me enamoré una vez perdidamente, las otra veces me enamoré también perdidamente y sigo enamorándome perdidamente todos los días. Vamos que como encuentro el amor lo pierdo.
-¿Ha mirado usted en objetos perdidos?
-En los de este tren no. ¿Qué le parece si vamos a fisgar?
-Disculpen que me entrometa ¿Les importa que les acompañe?- interrumpió la señora de las bolsas- es que he extraviado un ojo.
-Faltaba más, tal vez encuentre usted unas gafas y me reconozca, digo que como está usted estrábica…
-Perdone ¿Ha dicho algo?
-Y también sorda…
-Oye ¿Tu crees que te compensa que te reconozca?- le preguntó Bobarín metiéndole un codazo nada disimulado.
-Dejemos lo de los objetos perdidos para más tarde que ese vagón no se va a perder- dijo Gabina. Bobarín continuaba buscando ansiosa en su bolso.
-¿A qué hora comienzan a servir la cena?
-Aún es pronto Bobarín.
-Tengo un hambre feroz, ojalá pudiera comer algo. Bueno, ojalá pudiera quitarme ese pensamiento…
-Pues no nos queda nada de reservas en la maleta.
-¡Mujer! ¡No me des tristezas para distraerme el hambre!
-Ya no sabe una como entretenerte. Toulouse ¿Por qué no la rondas un poco hasta que abran el restaurante?
-A estas horas yo acostumbro a beberme un orujito.
-Pues vayamos a empinar las costumbres.
-¿Y hoy qué celebramos?- preguntó Gabina guiñando el ojo a su compañera.
-Mi divorcio. Hoy celebramos que me divorcio de mi misma y me lo dejo todo.
Gabina, Toulouse y Bobarín se apretaron dentro del camarote del artista que se apresuró a pintar un par de botellas de orujo para después sacarlas de su lienzo.
-¡Voilá! – exclamó el pintor.
-¡Voilà!- dijo Ramonita que aparecía en ese instante por la puerta.
-Esta se apunta a un bombardeo- dijo Gabina, pero Ramona hizo caso omiso y ayudada de un par de bolsas se abrió paso hasta Tolouse.
-Es usted todo un artista. ¿Qué piensa del arte conceptual?- prosiguió Ramonita mientras le atusaba la barba.
-Eso, eso. ¿Qué fue antes la estatua o la gallina?- infirió Gabina con mala leche.
-Mmmm…pues antiguamente se inventaba entre todos una figura emblemática, un Napoleón, un Roberpierre o algo así y después se le hacía una estatua, ahora con el arte conceptual se puede hacer una estatua y luego decidir a última hora quién es.
-Muy práctico ¿Y a usted qué tal le va desde que se murió?- preguntó Bobarín.
-Ya sabe, no falta nunca gente que se acerque a calentarse a la hoguera del éxito, pero cuando uno se va a Triana…- Toulouse no podía dejar de mirar a Ramonita a la que realmente dirigía sus palabras, Ramona, Ramona, Ramona, la mujer que llenara su vida años atrás y ahora si quiera le reconocía.
- Qué razón tiene, cuando la hoguera se apaga, sólo los que le quieren a uno de verdad le ofrecen su calor…- dijo Bobarín arrimándose a Toulousse y aplastándole con una teta.
-Alguien tiene ceeeloooos- dijo Gabina silbando al aire.
- Esta señora es una fresca. ¡Qué digo una fresca! ¡Es un futón verbenero!
-¿Has oído algo Gabina? Toulouse sírvame otro orujo por favor- y alzando la copa clamó- ¡Mientras yo sepa de qué me pongo, me da igual de qué me pingan!

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23
julio 14

Bobarín sienta la cabeza

CAPÍTULO XLVI

A veces el piso más alto es el peor amueblado.

Madame Bobarín

 

Stradivarius cabalgaba a lomo de Cary Grant; unidos por la desesperación perseguían el tren en un vano intento por dar caza a sus amigas. Gabina y Bobarín representaban para ellos una alegoría a la vida, la ilusión, la magia, la alegría, la esperanza, un destino en libertad, un sueño… Un sueño que no alcanzarían nunca si ese tren paraba porque señores, sólo ellos eran dueños de su destino y había llegado el momento de cortar aquel cordón umbilical.
- ¡No nos dejéis aquí!
- ¡Bobarín te necesitamos!- gritó Cary desmoralizado, pero las damas parecían no haberse dado cuenta de la triste escena que acontecía en el exterior.
- ¡Oh Dios mío! ¡Qué tristeza! ¡Corre más jamelgo, corre!- Stradivarius golpeó con su funda la ventana del tren sobresaltando a las mujeres.
- Bobarín, estoy fatal, me creo hasta lo que veo.
- ¡Ostrás! Cary y Stradivarius nos persiguen.
- Qué pare el tren- ruega Gabina.
- No Gabina, déjales ir. Hazme caso, les hacemos un favor.
- Oh Bobarín, no puedo, son nuestros amigos, nos necesitan.
- ¡Qué nos van a necesitar! No mires atrás.
- ¿Por qué?
- Si miras atrás la imagen permanecerá como una promesa y no es bueno vivir esperando nada.
- Pues bien que hemos esperado para que no se nos escapara este tren.
- ¡Ah no! El tren nos esperaba a nosotras querida.
Fuera como fuere y ante la desolada mirada de nuestros amigos, el tren fue haciéndose pequeñito hasta despeñarse en el horizonte.
- Siendo los dos una tristeza, ya no será tristeza si no alegría- se consolaba Cary.
- Tú eres bobo.
- Bueno, era para consolarte, ni siquiera la frase es mía es de Villaespesa…
-Espeso estás tú.
El tren ya había desaparecido mientras Cary y Stradivarius se consolaban con el mal de muchos y unos gin tonics.
***
Un sacerdote debidamente ataviado con su traje talar tomó asiento junto a nuestras damas.
- Creo que ha llegado el momento de sentar la cabeza- pensó Bobarín en voz alta.
- ¿Decía algo señora?- El cura parecía ansioso, al hombre le habían aconsejado en su diócesis que hiciera un viajecito para desengancharse de sus vicios y es que últimamente se había vuelto adicto a los secretos de confesión.
- Sí, ya lo he decidido, voy a casarme conmigo misma- bajo la perpleja mirada del sacerdote Bobarín se levantó y agarrando a Gabina del brazo se dirigió hacia la locomotora en busca del “Capitán del Tren” que gustoso y con la bendición de Gabina casó a Bobarín con ella misma embargada de alegría e ilusión.
- ¡Cómo me quiero!
- ¡No he visto nunca un amor igual!- sollozaba Gabina llevada por la emoción.
En el vagón y ajeno a todo, Toulouse pintaba bocetos y apuntes de Madame Bobarín.
- Te puede dominar la belleza o la cabeza, pero yo nunca dejaría que la belleza me domine- le interrumpió Bobarín mientras curioseaba los dibujos por encima de su hombro.
- … claro que siendo usted tan bella debe resultarle difícil…
- ¿Lo dice con retintín?
- No señora lo digo yo solito. A mi nunca me dominará la cabeza porque la he perdido por usted.
- Pues por mi en lugar de perder la cabeza ya podría encontrar un buen trabajo.
- Por usted me haré ingeniero. ¿No cree entonces que es un mérito vestir tanta hermosura con tal holgada inteligencia?
- Yo no creo que las guapas sean tontas por necesidad, sólo que a veces se hacen bobas sin necesidad.
- Eso lo dice usted que además de belleza posee una inteligencia cegadora.
- Qué va, a veces estoy tan lenta que me parece que una persona se cruza consigo misma frente a mis narices.
- Eso es que la gente va muy rápido, andan como locos de un sitio para otro sin disfrutar de las pequeñas cosas, como el hecho de estar con usted.
- Hombre pequeña cosa…nunca me habían llamado.
- Entiéndame usted, para mi sois una persona grande.
- No se paseeee…
- No me refiero a su tamaño. Míreme a mi que como buen fruto de la endogamia no levanto ni un metro y medio del suelo.
- Mire jovencito si no fuera capaz de empatizar no me gustaría nada lo que dice.
- ¿Pero le gusta?
- Es que soy muy empática.
- Y le sienta a usted muy bien esa enfermedad.
- Me sonroja. ¿Pero no considera que es usted muy joven para mi?
- No sería tan joven, ni tan bajo, si no apuntara tan alto.
- Hombre visto así…
- La amo por auténtica, por ser usted misma.
- ¡Ja! Imagínese vivir siendo otro mismo.
- No le falta razón pero no me negará que la sociedad esta insiste en imponernos las pautas para ser feliz. ¡A mi me van a decir lo que necesito!
- ¿Y qué necesita usted para ser feliz?
- Con mi lienzo y mis pinceles me basta.
- Es usted el hombre de mi vida, además me cabe en el bolsillo.
- La amo. ¿No tiene sitio para mi en su corazón?
- Seguro que sí, espere que haga mudanza que siempre tiro algo.
Gabina llevaba un buen rato propinando codazos a Bobarín escandalizada por lo que estaba sucediendo.
-Bobarín ¿Has perdido la cabeza? Deja de coquetear con ese hombre ¡Que acabas de contraer matrimonio mujer!
Bobarín llevada por la lujuria y haciendo caso omiso de su amiga, se lanzó sobre Toulouse propinándole un beso de Supercinexin.
- Muy bien. Te has puesto los cuernos a ti misma. ¡Adúltera, adúltera!- gritaba Gabina por el pasillo.
-Tranquila que yo me perdono soy una mujer muy comprensiva y nada rencorosa- y continuó besando al pintor mientras se lo metía en el bolsillo.
- ¡Ay! ¡Qué bien se está cuando se está bien!- suspiró Bobarín.
Continuará

Algunos prefieren asomar la cabeza al cielo a meter el cielo en su cabeza. Capítulo dedicado a Gabriela Fígulis.

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14
julio 14

Postimpresionado. Toulouse-Lautrec pierde la cabeza

CAPÍTULO XLV

Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro. Jacinto Benavente

Lautrec
 
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Stradivarius, el caballo Cary Grant, Gabina y Madame Bobarín se las veían para sobrevivir ante la creciente e imparable espuma de plátano que había invadido su hogar. Ambas damas huyeron despavoridas de la casa abandonando indolentes violín y caballo a su suerte. Sin más enseres que un libro y un cepillo de dientes -con el único fin de tener algo que llevarse a la boca- se descolgaron por la ventana hasta la calle.

-Bobarín me voy a la peluquería a leer revistas- dijo Gabina sacudiéndose los tropezones de plátano de su vestido, como si tal cosa.
-Muy bien, yo aprovecharé para tomarme una cerveza en Santa Bárbara mientras devoro mi libro- jubilosas, se despidieron las damas tarareando Plátano Baloo como dos colegialas.
No llevaba Bobarín más de cinco minutos en la cervecería cuando el camarero se acercó ofreciéndole el teléfono.
-Señora, le llaman de la peluquería “Te Tomo el Pelo”
-Ah, esa es mi amiga Gabina. ¿Cómo sabe usted que soy yo la que busca?
-Me la han descrito.
-Y por curiosidad. ¿Cómo me ha descrito esa sinsorga?- pero cuando Bobarín levantó la cabeza el camarero había desaparecido.
-¿Gabina?
-Sí, Bobarín te llamo porque he tenido un pedazo de idea y me da miedo que se me olvide.
-¿Por qué no te vienes aquí y me la cuentas?
-Por que es una idea muy grande y pesa mucho.
-Bueeeenooo, pues te envío a Paquito el camarero que es muy fuerte para que me la traiga.
-Esa si que es una buena idea. ¿Y tu cómo haces para que no te pesen?
-Para que no pese una idea sólo hay que realizarla- y apuró su cerveza con un sonoro sorbo de los que roban el alma a la cebada.
En promesa de una buena propina Paquito hizo gustoso el recado aunque a duras penas pudo traer aquella la idea que de tan grande no cabía por la puerta por lo que se vio obligado a dejarla aparcada en la acera.
-Señora su amiga me ha encargado que le de este nota, la idea la encontrará aparcada en segunda fila a cargo del guarda llaves.
-¿Le parece a usted bonito? Ahí pueden estar las ideas, claro, así a la hora de la verdad nadie tiene una idea buena, ya lo decía mi madre “Hija mía tu no pienses” y va usted y le hace caso- contestó Bobarín mientras asomaba con curiosidad la cabeza por la ventana para encontrarse con una locomotora agitándose como una batidora; con calma y dando un trago a su nueva cerveza abrió la nota de Gabina.
“Querida, te espero en el primer vagón. Nos vamos en un viaje sin destino ni retorno previsto. Deja de leer ese libro y levanta el culo de la silla, la lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren. Estoy como una locomotora, veo la luz al final del túnel y no es un tren. Celebremos nuestra libertad por todo lo bajo. Gabina.”
Por todo lo bajo es como se venían celebrando las cosas desde que la crisis arrasara el mundo, lo de celebrar su libertad era un género de vida que llevaban siglos practicando y el libro lo seguiría leyendo allá dónde fuera, lo único del plan que excitaba a Bobarín era el hecho de tener un tren a su plena disposición.
-Señora, su tren de largo recorrido está en la puerta fumando pitidos, el maquinista parece ansioso, pegada a una ventanilla una señora llora y se suena los mocos mientras se despide de un violín que toca la canción más triste del mundo- se quejaba Paquito esperando su propina.
-Venga, por simpático le dejo las aceitunas- se despidió Bobarín mientras vaciaba los cacahuetes en su bolso y dejaba un par de olivas custodiadas por un puñado de relucientes huesos.
Cuando Bobarín llegó al vagón Gabina conversaba ufana con un hombre de acentuado acento francés, un individuo de pequeño tamaño con barba y gafas coronado por un bombín que batía su bastón en el aire llevado por la euforia de la conversación. Al ver a Bobarín cesó de aspear los brazos y aflojándose la corbata se presentó a nuestra dama.
cabaret copy-Toulouse-Lautrec para servirla- dijo el galán besándole la mano.
-Madame Bobarín, para que me sirva usted… un gintonic.
-Es todo un placer. ¡Marchando un gintonic!- Toulouse desenrolló un lienzo y pintó en él un gintonic con mucho hielo, terminada la obra introdujo su mano en el cuadro y ofreció a Bobarín el aparente bebercio.
-¡Oh! Muchas gracias caballero, usted y yo sí que vamos a hacer migas. Bueno migas para desayunar pero visto su don creo que vamos a cenar ostras y caviar.
-Acompañado de un ChâteauLafite Rothschild.
-Hombre ya que estamos y si no le importa prefiero el producto nacional. ¿Qué tal un Vega Sicilia con Denominación de Origen Ribera del Duero?
-No sé yo ese vino qué tal lo pintaré…lo que suelo hacer es pintar “tempranillo” por la mañana un Cabernet Sauvignon y lo dejo cinco años en barrica, pero a estas horas…
-¡Vaya a usted a saber dónde estamos dentro de cinco años!
-Yo también soy artista, artista independiente- interrumpió Gabina.
-Más bien es artista dependiente, primero fue dependiente de sus padres y ahora de mi- apuntilló Bobarín.
-Lo que es todo un arte es verme así con mi edad- contestó Gabina con la cabeza bien alta mientras se tocaba el busto orgullosa.
-Lo malo de viajar en coche-cama a esta edad tan artística…es que una termina baldada.
-Eso se arregla con un masaje.
-Miedo me dan los masajes, ¿Cree usted que si me doy un masaje corro el peligro de adelgazar?
-En todo caso adelgazaría el masajista.
-Qué labia tiene usted. Creo que sale el tren.
-¿Lo ha visto moverse?
-No. Hay que saber ver por las orejas querido Touloue- dijo Bobarín guiñándole un ojo al pintor, en ese momento la cabeza de Toulouse desapareció bajo el bombín que flotaba en el aire como si de un Magritte se tratara.
-¡Diantres! Otro hombre que pierde la cabeza por mí. Gabina, por favor, pregunta al revisor si hay alguna cabeza con olor a trementina en objetos perdidos.

 Capítulo dedicado al antes amigo que poeta George Clark

Notas de interés: Otro título que barajaba ” Tolouse-Latrain” (en inglés postimpresionista, perder el tren)

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1
junio 14

República Bananera

CAPÍTULO XLIV

Llega un momento que te das cuenta de que no es que te hayas especializado en algo, sino que algo se ha especializado en ti. Arthur Miller

 

Sor Olla. Actualmente expuesto en la Galería Ara Arte. Madrid

Sor Olla. Actualmente expuesto en la Galería Ara Arte. Madrid

El deseado actor continuaba pretendiendo a Bobarín con el único fin de heredar su fortuna que -como nosotros sabemos pero el ignoraba- se reducía a un puñado de ilusiones ya invertidas en delirantes negocios de dudosa rentabilidad. Por su lado, la astuta Bobarín había conseguido que los aires de grandeza abandonaran a La Marquesa que como un globo deshinchado yacía flácida sobre el diván.
-¿Sabías que doña Adelaida se ha separado de su marido?
-¡Ya han tardado!- cotilleaban las damas al fondo de la sala.
-Yo soy de clase media, no tengo acceso a reflexiones tan profundas…- ironizó Bobarín.
-Por mí como si se separa Ortega de Gasset o Ramón de Cajal – interrumpió Gabina.
-Aquí todos tenemos ganas de contar nuestras historias.-se quejó “La Marquesa”.
-Lo malo es que sus historias son siempre las de otros…
-Así se habla Gabina y usted marquesa a ver si deja de refunfuñar- añadió Bobarín.
-Pero si no he dicho ni muuuu.
-Que utilice usted silenciador no significa que no se delate el “refunfuño” en su rostro.
-Una ya no puede ni sufrir en paz. ¡Ay qué vida más dura…!- se lamentó la marquesa.
-Mujer, deje de darse pena de si misma, mejor démonos alegrías de nosotras mismas.
Bobarín comenzaba a cansarse de sus invitados, sobre todo de los que pagaba por horas mientras vaciaban su mueble bar, por lo que fingió recibir una carta sazonada en ántrax y ordenó desalojar la casa y acordonar la zona. Clooney que ahora era un clásico mayordomo “Fermín” se despidió apesadumbrado; estaba el Cassanova besando con elegancia a nuestra dama cuando pegó un respingo hacia atrás.
-¡Pardiez! Creo que el ántrax le ha afectado al crecimiento capilar. ¡Me ha pinchado con el bigote!
-¡Se habrá creído usted que el bigote es exclusividad de los hombres!
-No se excite, al menos no tiene usted un pelo de tonta.
-¡Ah no! Cuando me sale uno de esos me lo quito con la eléctrica- respondió Bobarín señalando el enchufe.
-Aunque me pinche usted no se olvide nunca de mi, recuerde que este humilde actor la amó por conveniencia. Nunca un querer ha sido tan interesado.
-No se preocupe, de vez en cuando le preguntaré a mi ascensor que tiene más memoria que yo.
-Adios muy buenas Madame.
-Mira Gabina, acabo de perder otro novio.
-No te preocupes querida, tendrás otros y también los perderás.
-No sé qué haría sin ti. El origen de mi fortaleza es que nadie me ha amado nunca…
Stradivarius y Cary se habían escondido en la cocina para no ser desalojados con el elenco y aprovechando el ambiente culinario cocinaban unas chuletas de cordero y un batido de plátano.
-Mmmmm…Parece que algo se está cocinando.
-Menos mal porque a este paso me voy a quedar en los huesos- se quejaba Gabina que al compartir aventuras con Bobarín a estas alturas del libro ya había perdido treinta kilos.
-La única manera de no quedarse en los huesos es comiendo- dijo Bobarín mientras hacía una demostración práctica con las chuletillas, allegando al hueso y dejándolos bien peladitos sobre el plato.
-¡Bobarín! ¡Con tus demostraciones te has vuelto a comer todas las chuletillas!- se quejó Gabina.
-Ten cuidado Gabina que la gente termina siempre por condenar a los que acusa. Observa, huesos y huesos.
-No se preocupen señoras ahora mismo les traigo el postre- no terminó esta frase Cary cuando comenzó a salir una enorme masa amarillenta de la cocina invadiendo el salón, aquel magma ambarino semejante a la espuma para apagar incendios anegó el piso engullendo a nuestros protagonistas.
-¡Oh Dios mío! ¿Qué es eso?- gritaba Gabina. Entre el espumajo se oía la voz ahogada de Stradivarius.
-No se qué ha pasado, me he puesto a batir y aquello ha comenzado a crecer…
-¿No estarías batiéndolo con nata?
-¡La que has montado!
-Esta casa se ha convertido en una República Bananera.
-¡Siempre dando la nata!- bromeaba Gabina mientras se relamía.
La espuma de plátano había invadido ya la sala, Bobarín aprovechó para afeitarse el bigote, Stradivarius tocaba aquella bonita canción de los plátanos de Canarias, mientras Cary al intentar seguirle el ritmo planeó sobre las peladuras…
-¡Cáscaras! ¡Qué resbalón!
-¡Estoy de los carbonos hasta los hidratos!- se quejaba Bobarín mientras intentaba alcanzar la puerta.
-Esto no parece oro ni plata ni naaaa…- protestaba Gabina sacando la cabeza por la ventana.
-Tu come a ver si baja la marea.
-¡Me has mordido los bajos!- gritó Cary que reaccionó propinándole una patada a Bobarín en el trasero.
-Esto parece un batido de futbol.
-¡Ponle setas y hacemos la Champiñons League!- acuñó Gabina.
-¡Menuda frutada!
Continuará

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3
marzo 14

Un cúmulo de imperfecciones perfecto

CAPÍTULO XLIII

Los deseos se tienen, no se piden. Lo que se pide es el objeto del deseo. Francisco Umbral

MADAME BOBARÍN

Madame Bobarín llevaba horas sin levantarse de su diván, disfrutando agradecida de la vida horizontal. Stradivarius, Cary Grant y George Clooney atendían a sus deseos colmándola de caprichos y piropos. Es curioso cómo Bobarín suele despertar un deseo irrefrenable de cuidarla, no es que parezca débil, qué va, tal vez, el hecho haber adquirido como actitud el hacer lo menos posible había sido asumido por el resto de sus amigos de tal manera que llegaban a creer que tenía algún problema en desplazarse a causa de su peso, como si el solo hecho de levantarse pudiera agotarla o quizá la desinteresada generosidad de la dama les hacía sentirse deudores de aquella entrega casi servicial que, por otro lado, la dama agradecía junto esa cándida sonrisa que tanto escasea en el mundo este. Pero Clooney llevaba esta entrega a tal límite que comenzó a convertirse en un mayordomo inglés.
-¿Desea algo de comer Bobarín?- se ofreció Clooney con una servilleta blanca colgando del antebrazo.
-No, gracias Fermín. No como entre bebidas.
-Debería comer como yo, para empapar.
-No me extraña que sea usted tan pesado, comiendo tanto…
 -Las que no paran de comer mientras la critican son la marquesa del Foie y sus amigas.
-“La higadilla” es tan chismosa que aprendió francés para cotillear en dos idiomas.
-Es evidente que no maneja biel el arte del dime y direte. Cuando se critica no se come.
Desde la mesa de juego se escuchaba a la marquesa arder en quejas, asegurando indignada tener un pelo en la sopa.
-Bobarín, disculpe pero esto es inaceptable, tengo un pelo suyo en la sopa.
-¿Qué me ha ahogado usted un pelo?
-¿Uno? Creo que tengo más pelos que fideos.
-¡Es usted una pelicida! ¡Salga ahora mismo de mi casa!
Gabina se acercó a Bobarín para intentar paliar sus sofocos con gin tonic.
-Bobarín, intenta condescender. Comprende que esta mujer es una multimillonaria muy desgraciadita.
-Supongo que el dinero le ayudará a soportar las desgracia.¿No?
-La mujer no valora las cosas importantes…los pelos en la sopa, la amistad…
-Señora, venga pa acá que yo le enseño a usted a ser pobre en un periquete- exhortó Bobarín dirigiéndose a la Marquesa de Foie.
-¿Haría eso por mí?
-Sólo tiene usted el cerebro un poco esclerosado, tráigalo pa acá que le hago unas friegas. También necesito que meta toda su fortunita en mi caja fuerte.
-¿Y seré pobre de verdad?
-No tendrá usted ni un cepillo de dientes que llevarse a la boca.
-¿Y seré capaz de valorar las cosas que uno tiene que valorar?
-Dinero, buen vivir, viajes, jóvenes apuestos…dejará usted de ser amante de esas zarandejas.
-¿Dejaré de ser avariciosa?
-¡Ohhh querida! La avaricia termina cuando empieza la pobreza.
-¿Seré humilde?
-Le enseñaré a ser una nueva pobre, pero sin hacer ostentación de su pobreza.
La Marquesa comenzó por abandonar sus aires de grandeza, un huracanado viento recorrió la sala desordenando las pelusas que descansaban bajo los muebles. La grandeza volaba como un pajarillo desorientado entre cuatro paredes, chocándose con los muebles y rebotando contra el suelo.
-La ambición puede volar, pero también arrastrarse. Gabina, por favor, abre la ventana a ver si se va esta ciclogénesis con aire fresco.
Los aires de grandeza parecían resistirse a separarse de la marquesa. Después de haber compartido toda una vida juntos, abandonar el cuerpo de la dama significada salir de la cárcel en la que había nacido. ¿Qué sería de su futuro ahí fuera? ¿Encontrarían a otras personas dispuestas a sentirse superiores?
-¡Volad libres, volad! Sólo tenéis que tomaros a vosotros mismos a la ligera- les animaba Bobarín. Y en el preciso instante que los aires de grandeza se tomaron a la ligera, se hicieron humildes y regresaron dentro de la Marquesa. La sala aplaudió la alquimia y “La higadilla” se terminó tan contenta la sopa de pelos.
Cloonney, maravillado por los dones de Bobarín se acercó a ella retomando aquella conversación que interrumpió el maldito óculo de la discordia.
-Cuando llegué me iba a contar usted a qué se dedicaba.
-Estaba pensando en alquilar perros lazarillos para citas a ciegas.
-¿Entonces ligan los perros?
-Nunca se sabe, tal vez se trate de ligar por los perros que es mejor que por los pelos.
-¿Y si no funciona el negocio?
-Alquilaré perros ciegos para personas lazarillo.
-Aventurada empresa pero ¿y si eso tampoco funciona?
-Me haré futbolista.
-¿Futbolista? Los futbolistas son perseguidos por la ira de los aficionados y por las mujeres que olfatean su cartera. ¿Por qué no trabaja usted en televisión?
-¡Huy! Mi cara es más para la radio. Aunque ahora tengo catarro y cuando hablo, toso.
-¡Qué catarro más prudente!
-Es un señor catarro.
-Entonces envíelo usted a trabajar y quédese conmigo.
-¡Contrólese Clooney! No adule mis imperfecciones.
-Es usted un cúmulo de imperfecciones perfecto.

(Continuará)

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18
febrero 14

¡Que me den morcilla!

CAPÍTULO XLII

Sólo viviendo absurdamente se podrá romper alguna vez este absurdo infinito. (Rayuela. Julio Cortazar)

morcillas

El beso de Bobarín paralizó el mundo, dicen que la tierra incluso rotó en sentido contrario, los relojes de arena cerraron su embudo y los de cuerda hicieron cortes de manga con sus agujas; de Oriente a Occidente no se hablaba de otra cosa, la prensa del corazón ingresó por urgencias para que le hicieran un bypass. Y Clooney ¡Oh Clooney! Mientras el resto de lan mujeres continuaban la partida de cartas el galán enamorado insistía en declarar su admiración por nuestra dama con tal insistencia que el amor de Bobarín comenzaba a remitir como un cangrejo asustado.
-¡Ay Bobarín! ¡Cómo la admiro! Al ver cómo competían todas por mi amor me di cuenta del valor de su silencio abnegado.
- Chico, yo sólo compito conmigo misma.
-Usted no conoce la envidia.
-Claro, porque me importa un pito lo que tengan los demás.
-Y si se tiene mucho le asesinan a uno.
-Lo que le pasa a usted es que ha hecho muchas películas. El asesinato perfecto es asesinarse a uno mismo y que el consorte con suerte cobre el seguro.
-¿Seguro?
-Segurísimo, así no fastidia usted a nadie.
-Qué alma tiene usted Bobarín, qué generosidad. ¿Haría usted eso por mí?
-¿El qué? ¿Asesinarme?
-¡No! No le pido que lo haga sólo si lo haría.
-Ni loca. ¿Y usted por mí?
-Si lo necesitarais lo haría, mi vida a cambio de su comodidad- afirmó el actor levantando la copa.
-Hombre, para eso con que me acerque ese cojín me basta- Clooney colocó el cojín bajo los pies de Bobarín que reposaban sobre un escabel.
-Poso mi frente sobre sus botas…
-Mejor pose la copa sobre la mesa que me está usted poniendo perdida.
-La noto distante.
-Y yo a usted distinto.
-Es que ahora soy un hombre besado por el amor.
-Pues le sentaba a usted mejor lo otro.
-Más bien parece pesado por el amor- interfirió Gabina.
-El amor puede ser muy pesado muy a su pesar.
-No soporto escucharla así. No puedo perderla ahora, es usted una alegre banderilla en el páramo ártico de mi agenda.
En aquel momento sonó el timbre, Stradivarius y el caballo Cary Grant volvían del mesón Rancho Panza alegres como los mozos en las fiestas de mi pueblo. Gabina abrió la puerta y se encargó de introducir bebidamente a los invitados. El violín Stradivarius batía nervudo su caja de resonancia pidiendo a gritos que alguna de las damas le tocara.
-¡Tóquenme por favor! ¡Tóquenme! Si no lo hacen terminaré desafinándome.
-¡Fino vas tu! Desafinarte va a ser complicado- dijo Gabina mientras le servía un vaso de agua.
-¡Qué desafinante!
-Por favor Stradivarius guarda las formas- le rogó Bobarín.
-¡Tóqueme Bobarín, tóqueme se lo ruego!
-Ya sabes que los instrumentos de curda se me dan muy mal.
-Dirá usted de cuerda- le corrigió Clooney.
 -Eso lo dirá usted, yo digo de curda, porque sobria los toco de maravilla.
-Mi amada, ahora que han llegado sus amigos la noto aún más distante- se lamentaba Clooney.
-Sólo estoy intentando poner orden ¿No ve que Stradivarius esta dando la nota sin que le toque una sola?
-¡Me gustaría tener con usted dos palabras!- exhortó Clooney esta vez con desafiante autoridad.
-¿Dos?
-Palabras.
-Pues ale, ya las has tenido.
-Andábamos esta vida sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
-Y al final me vas a encontrar…
Todos sabemos que el amor eterno es muy corto pero este batió records en la Thermomix. Cary Grant después de descalzarse las espuelas se acercó a Bobarín con la mirada de un trotón en celo y un relinchar de whisky que enderezó las pelucas en la sala.
-¡Qué gusto volverla a ver!- dijo con los ojos clavados en el escote de nuestra dama.
-El busto es mío Cary. Pero no me vengas con esa mirada lisonjera que ya nos conocemos.
-Bisojera dirás, porque he perdido las gafas y se me va un poco el ojo…
-Un poco sí se te va, sí.
-Veo que alguien puja por su amor ¿He llegado tarde para retomar lo nuestro?
-Gabina por favor sírvenos una copa que Cary quiere retomar.
 -¿Va George Clooney a destronar a Cary Grant? ¿Ese es su postor?- lloriqueaba Cary llevado por el engañoso amor de la resaca.
-Sí, Clooney es mi postor pero lo convierto en impostor en un segundo. Y ahora déjate de sospechas que Alfred Hitchcock te hizo mucho daño.
Clonney que aún saboreaba la miel de los labios de Boabrín no podía creer que ya no le amaran.
-¿Cómo he pedido sus favores? ¿Qué le he hecho?
-Usted es el sueño de cualquier dama, pero no se olvide que es un actor contratado y cuando salga por esa puerta tendrá otra vida esperándole. No nos engañemos más de la cuenta.
-No Bobarín, engañémonos un poco menos de la cuenta.
-Pues siento decirle que el contrato terminó hace ya media hora.
-No me importa trabajar unas horas más de extra.
-Atienda a razón, es mejor para los dos, hágame caso que he vivido más de lo que usted a dormido.
-¡No es usted tan mayor!
-Claro que no, es que yo duermo mucho.
-Al menos dígame usted cómo ha conseguido ser tan ilustrada en las artes y humanidades.
-Pues comiendo morcilla, mi padre siempre dijo que la letra con sangre entra.
-¡Anda ya! ¡Vete a tomar morcilla!
Y de esta Bobarín se aprendió La Vida es Sueño.
(Continuará)
Un capítulo dedicado a Isidorian Grey. Que nos den morcilla, slogan en defensa de la cultura. 
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3
febrero 14

Maestra de ceremoñas…

CAPÍTULO XLI

Un capítulo de novela rosa en blanco y negro

Odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen filete. Woody Allen

En el último capítulo Madame Bobarín tonteaba descaradamente con un falso George Clooney, parte del elenco contratado por Gabina y Bobarín para pasar la velada.

Un capítulo de novela rosa en blanco y negro
 
-¡Qué elenco más aburrido! A este paso voy a terminar siendo maestra de ceremoñas- se quejaba Bobarín- Gabina ¿El carnicero no tenía que venir hoy?
-Tenía que haber llegado ates de ayer.
-Esto pasa siempre con los impuntuales, la única manera de que lleguen es esperarles y la única manera que tienen de llegar es irse.
-Pues este no se va.
-Shhhh…No digas tonterías en público.
-¿Y cómo se yo si son tonterías? Cuando estamos solas te parecen bien.
-Pues eso, tu no las digas en público.
-¿Y por qué?
-Por que luego me toca hacer que nos entiendan y ahora estoy ocupada. Escoger el momento es ahorrar tiempo Gabina…- farfullaba Bobarín mientras recorría la salita con la mirada analizando a sus tediosos invitados.
-Qué cosas le dice usted a su amiga- interrumpió Clooney.
-Descuide. Gabina es una no conformista apacible, con ella da gusto- respondió Bobarín mientras Gabina sonreía en su regazo.
-No nos tomamos tan en serio como hacen ustedes…los actores de la vida esta. Nos conformamos con encender focos de alegría popular- aseguraba Gabina mientras abrazaba a su amiga.
 El actor, confundido, giraba sobre la alfombra bailando los vientos y la polca por Bobarín.
-¡Es usted diplomático!-observó Bobarín.
-No señora ¿Por qué dice eso?
-Porque he notado que se le da muy bien comer canapés y bailar la polca.
-En estos momentos soy por completo un corazón enamorado.
-Y mareado…¡Deje de girar por Dios! Que se le está poniendo cara de alfombra turca.
-¿Usted no sigue a su corazón nunca?
-Depende del marca pasos que lleve. La última vez tuve que montarme en un taxi y decirle “Siga a ese corazón”
-¿Y qué pasó?
-Pinchó el taxi…Mire, en las grandes crisis el corazón o se rompe o se curte; así que a estas alturas tengo por corazón una bota de vino de cuero español.
-Olvide los dolores pasados, bebamos juntos de su bota. La vida no va sin grandes olvidos, con que se quede usted con la esencia de lo aprendido…
-Aprehendido…en esencia o me olvido enseguida o no me olvido nunca.
-De todas formas la memoria no es nunca la misma.
-Está claro, además para crecer hay que apostar…Lo mejor para no equivocarse, es no hacer naaa. Hay que arriesgar, si señor, hay que arriesgar…¿Pero quién le ha dicho a usted que yo quiero estar acompañada?
-¿Tiene usted miedo a las relaciones?
-No me venga con esas ¿O es que tiene usted miedo a la soledad?
Clooney presintiendo que Bobarín se encontraba a punto de sucumbir a sus encantos tomó asiento junto a ella sujetando sus manos con la dulzura del tío más cursi que se puedan imaginar.
-Hay que caminar hacia adelante, nada llega por si sólo; excepto el miedo.
-Sí, ese te va a buscar, el valor es el que espera arrezagado.
-Señora, yo no hago caso de habladurías pero me han soplado que está usted enamorada.
-Soplado, soplado…Pues con la bota de vino se puede usted imaginar que lo que tengo es un soplo de corazón. ¡Uno gordísimo! Tanto que me han salido dos señoras en mis ventrículos embriagados- despistó una vez más nuestra dama que al sentirse atravesada por la flecha de Cupido intentaba inútil cambiar la dirección del viento -¡Qué viento!- del huracán que agitaba todo su cuerpo y estallaba su corsé como una mascletá.
-¿Me haría el favor de presentármelas?- se interesó Clooney mientras esquivaba el último latigazo de la cinta del corpiño.
-Sístoles y Diósteles- dijo Bobarín entre jadeos, señalando a dos hermosas damas que la abanicaban- creo que son hijas de alguna deidad griega- Clooney aprovechando el mareo de Bobarín puso sus frías y nerviosas manos sobre el pecho excitado de la dama que con los ojos oportunamente cerrados esperaba ansiosa el deseado ósculo que por fin recibió en… la mejilla.
-¡Huy que beso más soso! Un buen beso no debería ser singular.
-Tiene usted razón, es cosa de dos. Pero con Sítoles y Diástoles somos cuatro y no quise incomodarla ante tanto público. ¿Le gustaron mis flores?- dijo Clooney contundente ocultando su vergüenza mientras se alejaba de la dama recolocándose el nudo de la corbata.
-Hombre después de plancharlas un poco…
-Es que vine en metro.
-Si dejaran tranquilas a las flores…las pobres se pasan la vida yendo a nacimientos y entierros. ¡Cuanto mejor están es en el campo!
-Debería tomarse la vida con más tranquilidad. ¿Le preparo una Tila?
-Ayyy un Atila, rey de las Hunos y de los otros como el Lexatín; yo para tranquilizarme me como un bocadillo. Ve, ahora me está dando un ataquito de hambre.
-Para eso lo mejor es un a-taquito de jamón.
-¡Oh…adorable Clooney! Dichoso este momento en el que por fin congeniamos…
-Entonces ¿Quiere ser mi novia?- la temperatura volvía a subir en la sala.
-¿Qué es exactamente un novio, querido?
-Un marido disfrazado de bueno, supongo…
-Entonces si, pero no vaya a casarse conmigo.
-Ni por asomo. Mañana la llamaré para ir al teatro. No se vaya usted a olvidar.
-No se preocupe que si me olvido…improviso.
-¿Y en qué trabaja ahora mi adorada dama?
-Trabajo en lo que haga falta, en lo que se me ocurra. Todo trabajo es digno.
-Bien se que a usted no se le caen los anillos.
-Con estos dedos lo difícil es que me entren.
-Yo le haré uno a medida.
-Ay alma de mujeriego, siempre encontrará la buena fe de la que no le conozca… ¿No hemos quedado que no ofendería usted esta mano con un diamante?
-Seré sólo su amante de noche que los de día son muy caros.
-Usted si que me entiende- dijo Bobarín abrazandole por la cintura desde la comodidad de su butaca. El actor enajenado de amor y obviando la concurrencia de la sala se lanzó sobre los gordezuelos labios de Bobarín- (beso fundido en negro) Oportunamente se habían apagado las luces de la sala, sólo se escuchaba la respiración entrecortada y jadeante de los enamorados. Entre gemido y gemido latían las palabras…
-Si hiciera agravio de tratarme con cumplimiento…
-¡Sí mi amada! Ya le he dicho que la trataré como un novio.
-Júrame que la furia matrimonial no se interpondrá entre nosotros.
-Seré un novio de los de antes, meteré un poco de mano y un poco la pata.
-¡Ay qué suerte tengo! ¡Qué suerte tengo! – dijo Bobarín mientras Sístoles y Diósteles la abanicaban sin pausa.
(Continuará)
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