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Entradas etiquetadas: humor


16
Mayo 17

Yo para ser feliz quiero un…“que me dejen en paz”

Esto de la felicidad no consiste en poseer y gozar, lo único que te hace libre es no desear lo que no se tiene, por otro lado la única ventaja que tiene no ser feliz es que se puede desear serlo. Dedico esta bonita historia a aquellos que viven para saber y saben para bien vivir, que es la única ambición sana y no se lo dedico a todos los que no hacen más que quejarse y dar la tabarra con sus pataletas sin valorar lo que tienen o no tienen, porque a veces vete tú a saber si es mejor no tener. A algunos  el dinero les afea muchísimo.
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“Familia de Carlos el del cuarto”. Colección privada Carlos de la Torre.

Hay personas que necesitan tener su propia casa, les gusta mucho comprarse cosas para tenerlas en propiedad pero luego se pasan el día dándote la turra con la suerte que tiene una de no haberse metido en una hipoteca. En otras ocasiones son sus hijos los encargados de dar la paliza al personal; estos mocosos son criados en el salvajismo porque sus padres estaban muy ocupados en ganar dinero para comprar cosas. En este caso los gemebundos progenitores envidiarán a los padres de los hijos bien educados por haber tenido tanta suerte con sus vástagos, como si los hubieran ganado en un tómbola ya enseñaditos. Cuando los padres ya tienen su casa y sus niños neandertales, sufren mucho porque no consiguen a nadie que los cuide cuando quieren ir a la ópera y se los dejan a servidora en su humilde apartamento compartido de alquiler. Dicen que nunca es largo el camino que conduce a casa de un amigo, que se lo digan al amigo. Pero eso no es lo peor. Cuando te traen a su hambrienta manada de vándalos no se van sin contarte que su vida es un horror, que se han quedado sin chica y se les jubila el mecánico, que el todoterreno se les ha quedado pequeño para tanta silla infantil, que los abuelos de los niños están mayores: una cosa muy rara “la de envejecer” que le pasa a esta gente. Todo esto le deja a una destrozada; con el alma partida miro hacia aquellas pobres criaturas con ternura y escucho: Eres fea y gorda.

14
Marzo 17

“El Tribunal Social” y “Amor octogenario”

El Tribunal Social

Decir que te gusta la soledad, aborrecer la masa, los grupos de WhatsApp y los smartphones, está peor visto por el tribunal social que acumular una decena de taras y parafilias, que también.

Madame Bobarín , el silencio nunca me agrede.

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Microbobarato#2

Amor octogenario. [Relato en un acto]

Llevo hora y media en el bar. Por fin aparece Gabina, que irrumpe en mi mesa con esa libertad sólo permitida a una amiga íntima. Mueve con torpeza la mano derecha, lastrada por un pesado diamante de dos quilates.
B: ¿Y ese pedrolo? ¿No te da miedo que te atraquen?
G: Mírame. Nadie puede sospechar que es auténtico. -Un largo silencio que oscila entre la risa y la lágrima es irrumpido por el camarero.
Camarero: ¿Qué vas a tomar?
G: ¿Usted y yo nos hemos acostado?
Camarero: No, señora.
G: ¡Ah! Como me habla de tú había pensado… Póngame un Bull Shot para celebrar.
B: ¿Te han caído otros cuernos?
G: No, no, hoy no. Creo. ¿No te da rabia cuando se te ocurren las respuestas lúcidas a toro pasado?
B: Me pasa poco, pero cuando me pasa, recuerdo las hermosas ocasiones de callar que a veces dejamos pasar. Intuyo en ti esa desazón…
G: No, de verdad –cuando Gabina dice eso significa: Sí, sin duda-, a mi no me importa que los hombres me fastidien.
B: Ya, lo que fastidia es que sea siempre el mismo.
G: ¿Tienes una receta para la monogamia heterosexual?
B: Para eso, lo mejor es hacer creer a tu pareja que es él el que manda.
G: Pero eso está muy manido y si hacemos los dos lo mismo… Al final, ¿quién manda?
B: Es que eso no es relevante, la cosa no consiste en mandar, ni en ganar. Consiste en disfrutar, entonces ambos ganan. A ver, ¿tú qué le pides a una relación?
G: No tenerla. ¿Y tú?
B: A estas alturas: sólo paz -esas dos palabras condensaban todo el poema de mi amor.
G: ¿Y lo has conseguido?
B: Bien sabes que no.
G: Entonces eliges mal, eso es que tú tampoco quieres una relación.
B: La edad de la inocencia siempre es truncada por un desengaño, eso no perdona a ninguna. Después, el amor lo escribe la fatalidad y siempre se ignora el desenlace.
Camarero: Aquí tienes.
G: ¿Usted y yo nos hemos acostado?
Camarero: Sí.

30
Diciembre 16

De las copas sin fondo y los hombres con fondos

¿Moral biológica? El que ingiera demasiado alcohol será castigado con cirrosis. Pero es necesario, además, que sus cromosomas le hayan fabricado un hígado que se preste a ello. De otra manera, no hay sanción.

Jean Rostand.

Y aquí aparezco yo cuando era vieja.

Y aquí aparezco yo cuando era vieja junto a Wolf del In Dreams, que no bebe cerveza.(Acrílico sobre madera de G.Royo-Villanova)

 

Parecía que Gabina no sólo había ganado o perdido la virtud –eso depende del lector, que es uno-; por lo visto estaba empalmando una petite mort detrás de otra -que es lo que da la vida- y se había olvidado de servidora. Menos mal que tengo los higadillos preparados para estas circunstancias de esperas etílicas, aunque la continuada ingesta de alcohol comenzaba a afectarme al hipotálamo y el mundo comenzaba a torcerse ligeramente hacia la izquierda: de hecho, Leonardo parecía lucir una doble peluca.
-Leonardo, deben de ser las copas, pero le veo dos pelucas torcidas.
-¡Leche! Ya se me ha descolocado el bisoñé.
-Eso me tranquiliza. Por soñarla quien la sueña, la llaman la biensoñada. Supongo que la dentadura del suelo no es suya. -Leonardo palpó el bolsillo de su chaqueta y respondió-. No, esa no.
-Esto comienza a parecer un cementerio de elefantes…- antes de terminar la frase me dio un vahído y me dejé caer sobre lo que parecía un sofá. La verdad, caí a plomo y no me fijé en si había alguien debajo. De haberlo, no tuvo tiempo de quejarse; más tarde me dijeron que se trataba de un gigante, pero que no me preocupara porque tenía alma de enano cabrón. Me sentía morir, aunque no debía de estar muriéndome porque no vi la luz ni me pasó una parvada de imágenes de mi vida por delante, sólo desfilaron ante mí todas esas cosas que no son importantes; pensándolo bien, tal vez sí me estaba muriendo, porque al fin y al cabo, la muerte es este algo que nada importa. Leonardo me abanicó preocupado.
-¿Cuántos dedos ves? -me preguntó sin mostrarme ningún dedo-. ¿Cuántos años tienes? ¿A qué te dedicas? -parecía estar aprovechando mi desmayo para hacerme un interrogatorio.
-A mi edad y para estar siempre guapa… debo de ser tanatopractora.
-Está usted estupenda, aunque no se puede decir lo mismo del resto de criaturas que habitan a estas horas el bar.
-La competencia es lo que debita el comercio.
-¿Pero se siente mejor? Piense en una suave brisa peinando un campo florido.
-La verdad, en este momento debo de ser muy feliz porque no siento la necesidad de pensar en algo precioso. Aún así, ha llegado la hora de la retirarse.
-No se si podré con usted hasta casa. ¿Cuánto pesa?
-¿Quieres el peso real o el relativo? Porque pesar peso 120 kilos, pero añádale 12 copas, el paso tambaleante y mi zozobra existencial.
-También puedo prestarle dinero para un taxi.
-Sí, prefiero eso. Lo importante no es tener dinero sino deberlo.
-Bueno, soy un hombre pudiente, puedo asumir el gasto.
-Enséñeme el ombligo.
-¿El ombligo?
-Sí señor, el nivel económico de un hombre se mide por el relleno de su ombligo. Hay hombres que tienen pelusillas de algodón egipcio o de lana de vicuña, otros los rellenan –con el tiempo- de pelotillas orgánicas y cascarrias. ¿Le importa enseñarme su pelusa? –Leonardo metió la mano bajo el jersey y extrajo una espumosa y boyante bola del mejor cachemir del Tibet. Hasta me pareció oírla balar.
-¡Qué maravilla de pompón! ¡Qué exceso! ¡Qué tocar!
-Es usted muy generosa en sus elogios.
-Lo que soy es una mujer sólida sin adornos ni engaños… Soy un fondo de inversión.
-Ja,ja,ja… Ya veo por dónde va.
-No lo ve tanto, por lo general analizo lo que le gusta oír a la gente y se lo digo.
-¿No es eso un engaño?
-Se llama piedad. Por ejemplo, a la gente le gusta oír que todo me va de maravilla.
-Eso lo hará porque sabe que si le van mal las cosas las personas tienden a pasar de usted.
-¡Ja! ¿No cree que me gustaría quitarme de en medio a ese tipo de gente? Una mártir. ¡Lo que soy es una mártir! Siempre pensando en los demás.
-Desde luego, es usted una mujer ejemplar.
-Las mujeres no suelen ser ejemplares a no ser que sean muy muy feas.
-No pretendía llamarla fea.
-No, si lo de fea no me molesta, es peor lo de ejemplar, la cursilería del eufemismo. Además, soy lo suficientemente hermosa para suscitar el piropo del albañil desde el andamio. Le aseguro que doy el pego cenitalmente.
-Todos tenemos nuestro perfil bueno. Venga, que la acompaño y convido al taxi -insistió mientras la cerveza se me derramaba lentamente sobre la pantorrilla. Mis reflejos, empáticos como su dueña, se habían quedado en el cristal de la copa siquiera mi cerebro emitió la orden de enderezar el asunto, porque en el fondo agradecía el fresquito que recorría mi pantorrilla.
-La próxima vez intente que parezca que no me invita, como si fuera yo la que está haciéndole el favor.
-Me complacería usted si me acompañara a buscar un taxi.
-Gustosamente iría, pero hoy estoy de copa caída -me levanté con esfuerzo, apoyándome sobre el amable señor plegable que estaba debajo de mi. Le di unas palmaditas y le tranquilicé asegurándole que la humedad provenía de la cerveza que acababa de derramarse. Algo que agradeció mucho-. ¿Qué hora será? Estoy agotada, las neuronas no me dan para más.
-No nos deje, está resplandeciente y lúcida. Hace falta levantarse muy temprano para pillarla a usted dormida.
-Se lo agradezco, pero no apele a mi voluntad con lisonjas, me voy a casa.
-No me huya.
-No huyo, voy hacia mí.
(Continuará después de la resaca)

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4
Junio 16

De cómo Gabina es desviagrada y desdoblada

Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe.

Benjamín Franklin

CAPÍTULO   LXIII

hola

“La musa y sus titanes” G.Royo-Villanova. Acrílico sobre lienzo para la próxima exposición colectiva “Las mil caras de Dulcinea” coordinada por Ángel Agrela

 

Ahí me quedé, abandonada por Gabina en la Vía Láctea, luchando por moverme entre la displicente masa humana que se apelotonaba en torno al billar donde un grupo de mujeres ataviadas con penes luminosos en la cabeza jugaban a romper el tapete.
-No soporto las despedidas de soltera, está claro que no hay nada más aburrido que divertirse- no hablaba sola, hablaba a Gabina que no estaba.
La cerveza helada me sudaba en la mano, aquello era insoportable. Un palo de billar luchaba por abrirse paso para hacer otra nefasta jugada seguida de las estridentes risas de las mujeres pene, hoy por fin, alguien las mira.
-Me están agobiando las del billar.
-Más bien las agobiamos nosotras.
-¿Gabina?- No la veía pero sin duda era su voz.
-Aquí estoy- respondió su voz- como desdoblada y disuelta en el aire.
-¿Pero no estabas entregando tu flor a Eugenio? ¿No le has invitado a tu huerto sin cercado?
-Sí, sí, estoy en su apartamento a punto de entregarle mi virtud.
-Qué manía en pensar que la virginidad es una virtud. ¿Estás bien?
– Sí, pero tenía que consultarte algo.
-Dime.
-¿Tú me ves a mí como yo a ti?
-¿De qué estamos hablando?
-Te veo desde fuera con subtítulos en español latino.
-No, yo sólo te escucho. ¿Eso es lo que me querías consultar?
-No mujer, es que Eugenio ya anda aflojándome la faja y me preguntaba ¿Cómo sé si es el hombre adecuado? ¿Cómo saber si le gusto de verdad?
-Mi táctica no es ver a quién puedo gustar o me guste, sino quién me parece divertido o interesante. Pero vamos, a estas alturas yo ya no le haría remilgos.
-Estoy asustada, me acaba de tocar una teta. ¿Qué hago?
-Que no cunda el pánico, déjate llevar, sé tu misma, él sabrá que hacer, eres como un libro abierto.
-Un libro abierto de una sola página en blanco. Estoy colapsada. ¿Que sea yo misma? Mira que eres marimoñas – tras un breve silencio escuché incómodos gemidos- ¿Ahora por qué me deja babas en la oreja?
-No sé, yo tampoco lo he entendido nunca, debe ser un punto erógeno.
-¿Alógenos?
Al verme hablar sola una “aparentoso” caballero se sentó junto a mi llevado por la curiosidad y un poco por mi irresistible atractivo. Muy atento, no dejaba de mirar de reojo mi escote por si algo se me escapaba.
-No caerá esa teta caballero.
-Bobarín no te pongas a ligar ahora. ¡Ayúdame!- se quejó la voz. Otro silencio.
-Por dios Gabina, no me retransmitas el partido, es tu gran momento de intimidad.
-Acabo de pegarle. No se por qué pero le he soltado un mamporrazo de aquí te espero. Ahora me odiará para siempre.
-La causa de la causa es causa del mal causado.
-¿Eso es por mí o por él?
-Por los dos.
-¿Qué hago?
– No le sueltes otro leñazo.
-¿Le digo que me duele la cabeza o algo así?
-No, no, que tú tienes muy mala mentira. Dile la verdad.
-La verdad duele.
-Sí, pero es un dolor sano, el golpetazo es menos grato y te puede denunciar.
-Me está diciendo que sea leal con nuestro pasado. Pretende que me entregue como no hice en aquella romería hace sesenta años.
-No se puede ser leal con el pasado siendo desleal con el presente.
-¿Le digo eso?
-Venga, no se me ocurre algo menos libidinoso.
-No ha funcionado, le ha gustado. Me persigue por el dormitorio llamándome Diosa de la Inoportunidad, acaba de aferrarse a mis adiposidades abdominales. Me ha inmovilizado. ¿Qué hago?
-A ver, es evidente que nuestras posibilidades de acción han sufrido una merma considerable.
-No te enrolles, esto es desesperante y desesperante es también tu aparente pasividad.
-Tranquilízate. Prueba a decirle que no quieres intimar con él- intenté aplacarla con mis palabras- ¿Gabina? ¿Qué ha pasado? ¿Gabina? ¿Sigues ahí?
-Que lo ha entendido perfectamente y me está poniendo un Martini. Fíjate, ahora que le veo desde aquí me está dando ganas de la concupiscencia esa.
-Entonces te dejo que tengo a un señor asomado al balcón de mi escote.
-Disculpe señora, deje que la prevenga de los caballeros de dudosa caballerosidad que frecuentan este bar.
-Comete usted un error psicológico garrafal, no quiero conocer de antemano los sinsabores eróticos que me deparan.
-Pero no debería usted estar aquí sola coqueteando con desconocidos.
-¿Viene usted a matar la esperanza que abrigo de tener esta noche un maravilloso destino de lujuria y desenfreno?
-Pues se va a llevar usted un chasco.
-Muy bien, deje entonces que disfrute hasta que llegue el chasco.
-Merece usted mejores compañías.
-Oiga usted, yo nunca le acusaría de no ser ni mucho menos tan honorable como parece, podría usted tener una vida privada abominable o más probable, perder un ojo enganchado entre mis pechos. Además ha de saber que a este sitio venimos mucho.
-¿Venimos?
-Yo y mi amiga, que no está porque se ha reencontrado con el amor.
-Quien ama, principalmente ama el amor y desea que el amado ame a aquel que a su vez le ama.
-Te ha dejado tu novia y me vas a dar la tabarra.
En ese momento volví a escuchar la voz en off de Gabina, más exaltada, pletórica, ufana y satisfecha que nunca.
 -¡Bobarín! ¡Bobarín! ¡Por fin me he convertido en todo un hombrecito!
Había merecido la pena esperar un tiempo.

La Potasada del día

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5
Abril 16

De Gabina sin carabina

“Si la virtud fuese reconocida como un misterio, la virtud sería más fácil.” Cándido

CAPÍTULO LXII

 NOCTÁMBULO DE MADAME BOBARÍN

Serie Pin Ups Madame Bobarín "Romperocazones"

Serie Pin Ups Madame Bobarín “Romperocazones”. Acrílico sobre madera por G.Royo-Villanova

Era la típica taberna española, de esas en las que hay que abrirse paso entre cabezas de gamba, huesos de aceituna y servilletas grasientas. Como tantas otras, estaba abanderada por dos hombres cabizbajos atrincherados al final y principio de la barra. Una mujer notablemente achispada daba la tabarra a los camareros que miraban impacientes un oxidado reloj de Coca-Cola.
-Me da a mí que están cerrando el paraíso- dijo Gabina, demasiado avispada incluso para esa lucidez que le concede la bebida.
Al vernos entrar, los camareros echaron un pulso con la mirada apostándose a quién le tocaba atendernos. El menos obstinado se acercó hacia nosotras:
-Estamos a punto de cerrar.
-Solo es un chupito, lo que dura la ira- dijo Gabina guiñándome el ojo mientras se sacudía el agua del abrigo.
-Bien, pero cerramos en diez minutos.
– Entonces cuando cierre ¿podremos fumar dentro?
-No señora, cerramos con ustedes fuera, esto no es un after y no es negociable que la veo venir.
-Bueno, bueno, no se ponga así, era por si colaba…
Sin duda Gabina ya había cogido el expreso de media noche e iba a ser difícil que saltara de él en marcha. Nos sirvieron los dos chupitos que bebimos con su consecutivo golpe sobre la barra.
-Venga y ahora para casa Gabina, que ahí puedes fumar tranquila- yo también tenía que probar por si colaba.
-Ah, no, no, no, no. La Vía Láctea nos pilla de camino, una paradita anda… que me he quedado con mal sabor de boca.
-Bueno. Una parada más y no me sobes tanto.
Continuamos nuestra peregrinación habitual. El llegar a casa suele convertirse en toda una cruzada contra las seductoras hordas del vicio nocturno. La verdad es que no hace falta que nos tienten demasiado, el simple hecho de saber que aún queda algún bar abierto es una clara incitación a esa hora en la que la voluntad es la primera en rendirse.
-Venga tonta, que esta vez invito yo.
-No abuses de tu generosidad- respondí. Claro, que la muy tunanta no entendió esto último. Era la primera vez que me invitaba a algo y me temo que lo hizo con el dinero que va sisando de mis propinas. Al fin y al cabo, todo queda en casa y no hay riqueza tan segura como la de un amigo.
-Es que con lo que me estás contando esta noche siento una ansiedad que me coge el pecho y me ahoga.
-Tranquila, no es más que el vértigo de la libertad, se te irá pasando.
-Es que siento que he sido toda mi vida una completa idiota.
-No sientas eso Gabina, a ti no te falta inteligencia, solo te falta experiencia e información.
-Pero no me informes tanto leñe, ve poco a poco.
-Ahora ya no sé si me estás vacilando y no hace falta, ya estamos donde querías.
-Mucho me queda para vacilarte pero tiempo al…
– Shhhh… Echa un ojo con disimulo. A mi espalda hay un antiguo conocido tuyo, ese que habla con todos. ¿Le reconoces?
-No, ni un poco. Pero parece que es amigo de todo el mundo.
-Lo que nos dice que no es amigo de nadie.
-Dame otra pista.
-Le echaron del pueblo.
-Pues sería al único, los demás nos fuimos por nuestro propio pie.
-Sobreactúa, me temo que nos ha visto.
-Sin duda a estas horas todos se exceden en el matiz del papel que interpretan.
-¿Le estás defendiendo? Vaya con la inteligencia emocional. A este lo que le convendría es un curso de arte dramático.
-Es de buen ver. ¡Qué mentalidad más arcaica tienes hoy!-me respondió la tía. Por seguro había notado que estaba en efecto contrariada.
-Arcaico hay que ser para decir que alguien tiene “mentalidad arcaica”- respondí.
Recordaba perfectamente a aquel tipejo y cómo en nuestros años mozos, tras repetidos rechazos de Gabina, había intentado sobrepasarse con ella, llegando incluso a besarla en la mejilla. Hubo un revuelo en el pueblo y por decreto fue exiliado a puntapiés llegándose a prohibir pronunciar su nombre en toda la región.
-¡Ay Bobarín, Bobariiiiín! ¡Que se acerca hacia nosotras!
Me inquietó su tono de emoción, tan crónico como la pasión, pensé, qué virtud tan extraña la de aquellos que en lugar de ocultar la emoción, la afectan. Me acercaba a Gabina para refrescarle la memoria cuando aquél canalla nos interrumpió con descaro.
-Les invito a una copa.
-No gracias- respondí contundente.
-No hieran mis sentimientos.
-¿A quién trata de engañar? Sus sentimientos no pueden sentirse heridos- Sí, menuda memez acababa de decir, pero me asaltaba el imperioso deber de proteger a mi amiga.
-¡Ja! Cuánto sentimentalismo.
-Sentimentalismo será para usted los sentimientos que no comparte- me estaba hundiendo yo sola.
-Me temo que no me han reconocido.
-Si no le hubiera reconocido hasta me hubiera caído bien.
-¡Ya caigo yo! Es Eugenio, mi pretendiente del pueblo.
-Tu pretendiente a secas.
-Tu estás celosa- se reveló Gabina mientras entregaba su mano a aquel fantoche que no dudó en besarla como si de un caballero se tratara.
-Eu, para servirla. Gentil, leal y cosmopolita.
-Sí, creo que una vez estuvo en Londres- dije mostrándole mi disgusto. A mala hora había avisado a Gabina de su presencia.
-No se mofe señora y muestre respeto por este paisano de ustedes al que les une el destino.
-Por favor Gabina, quita esa cara de balada- susurré a mi amiga que parecía hipnotizada, seducida, hechizada, cautivada, magnetizada… pero las cartas estaban echadas, Eugenio no iba a desistir en su conquista y Gabina se dejaba seducir ufana.
-Gabi, cielo, no me está atendiendo.
-Que sí, que le escuchaba con el otro oído.
Agarré con fuerza a Gabina del brazo.
-Gabina ha dicho “cielo” por Dios. ¿Vas a irte con alguien que te llama “cielo”? Piensa un poco, los pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
-Me importa un pitoche- me contestó mientras pestañeaba zalamera timándose con Eugenio. Parecía decidida a no dejar pasar de nuevo aquella oportunidad. Tal vez me sentí celosa, tal vez fingí protegerla cuando sólo temía perderla. Vinieron a mi cabeza bucólicas imágenes de nuestra amistad en la aldea y recordé a aquella Gabina de dieciocho años que rechazó a Eugenio. Miré hacia ella y no pude evitar emocionarme, entre lágrimas volví a ver aquella sonrisa pubescente en su ahora ajado rostro, a los ochenta y dos años mi cándida amiga había conservado su virtud en espera de entregar su flor al hombre adecuado. Eugenio se volvió hacia mí.
-Disculpe Bobarín, ¿no tiene nada que hacer?
-Lo estoy haciendo, querido- pero mi trabajo de carabina fue eclipsado sin decoro por su robusta espalda.
-¿En tu casa o en la mía?- le preguntó en un alarde de originalidad.
-¿Tiene alergia al polvo?
-Mucha.
-Entonces en la suya.
(Continuará)

Dedicada a mi admirada Chus Lampreave, que en paz descanse.

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8
Marzo 16

Del odio y otras memeces

El Odio es un borracho al fondo de una taberna que constantemente renueva su sed con la bebida.

Charles Baudelaire

 

EPIS-ODIO LXII Diario Madame Bobarín

Jolly Jocker (II) Colección privada M.Manrique

Jolly Joker (II) Colección privada M.Manrique

 Madrid 8 de marzo, 2016
     A la quinta cerveza la conversación comenzó a ser delirante, a mí no me lo parecía pero el personal nos miraba raro cuando Gabina alzaba la voz para sentenciar sus inciertas certezas… Había llegado la hora de irnos, mañana probablemente tendríamos que volver a por los objetos olvidados. Como Gabina había llegado al bar a la francesa -vamos, que tardé media hora en verla- estuve atenta para que no se fuera de la misma manera, no porque no pagara, temía que no encontrara el camino de vuelta a casa. Ha pasado una semana desde entonces y me sorprende que me acuerde de algo, esto sólo me pasa cuando me siento responsable de alguien que no sea yo. No sé qué sucederá este sábado, no me gusta hacer planes, como tampoco me gustan las personas manipuladoras que te planifican la vida. Lo de programarme nunca me sale bien porque soy tan previsora como predecible, así que cuando preveo algo no me funciona. Las personas que sufren cuando se les tuerce los planes es por el hecho de tenerlos y por su incapacidad de improvisación ante los imprevistos. Es un error pensar que la vida de uno haya de ser así o asá, lo único que hay que trabajarse es a uno mismo, pero no con objetivos fijos porque lo bueno de los objetivos es que van cambiando según te acercas a ellos, pasa como con las personas, a veces apuestas todo por alguien y te defrauda pero por el camino encuentras otras mejores; la cosa es no enquistarse y seguir creciendo. Esto de lo que hablo no es conformismo, simplemente no conformarse con los deseos de una sociedad que jamás hubieras deseado.
Apenas nos manteníamos en pie, iba siendo hora de regresar a casa.
– Venga Gabina, levanta el trasero -me giré con obvia torpeza hacia la barra para despedirme del camarero, no le vi, aún así me despedí por si acaso.
– Adiós Wolf, tengo una noche de hojalata, me voy con mi tambor a otra parte.
Al salir de In Dreams nos cruzamos con algún exnovio embriagado, aún no tengo claro si era mío o de Gabina porque estaba tan borroso como mi memoria. Se acercó a nosotras y levantando las manos hacia el cielo exclamó:
– ¡Te he amado demasiado como para no odiarte!
– Tu eres idiota.
– Yo creo que me ha confundido, nadie me ha amado tanto…-dijo Gabina irónica.
– El Odio es otra flor del mal, bebiéndose hasta el agua de los floreros al fondo de una taberna que renueva su sed con la bebida. O algo así dijo el maldito.
– Yo no entiendo el odio, es una pérdida de tiempo- apuntó Gabina.
– Es un sentimiento que a mí me enternece, es más, incluso me honra. Pienso que si alguien es capaz de odiarme también podía haber sido capaz de amarme, eso sí, vete tu a saber con qué tipo de amor, que ahora se llama amor a cualquier cosa…- nos tambaleábamos en zigzag de un lado a otro de la acera. Calculé que íbamos a tardar tres veces más de lo habitual, que era tres veces más que en estado sobrio.
– ¿Pero de dónde les sale el odio?- insistía Gabina obcecada.
– No sé, yo lo que he comprobado es que la diferencia engendra odio y envidia, y si encima no se entiende, engendra rechazo… También hay especializaciones en cuanto a eso del odiar.
– Ya, lo malo de los juicios de la gente es que no los hacen para cambiar las cosas sino para destruirlas directamente. Es como una enajenación destructora ante lo desconocido.
– Exacto, es la cólera de los débiles, el camino fácil.
– Ja, ja, ja…pues podíamos coger ese camino a casa- dijo Gabina quitándose los tacones.
– ¿Quieres que cojamos un taxi? Aunque estamos a cien metros…
– No, que me viene bien andar para empapar- había llovido – ¿Sabes? A mí es que no me importa que me odien, incluso a veces ni me entero.
– Eso es lo más gracioso, que el cobarde intimidado lo hace como venganza; luego llega una Gabina de turno y ejerce la venganza más cruel…
– ¿Yo? ¿Qué venganza?
– La del desprecio de toda venganza, aunque sea sin querer es una cosa que les fastidia mucho.
– No sé, yo soy incapaz de vengarme y de odiar, me envenenaría- dijo Gabina mientras vomitaba sobre una farola.
– Creo que ya estás envenenada.
– Ya pasó. Era sólo un hipo gordo. ¿Por qué no sé odiar? ¿Por qué?
– Porque eres todo corazón, criatura. Cuanto más pequeño es el corazón más odio es capaz de albergar, un despilfarro de corazón, lo mejor es un By pass-o de todo…
– Pero me intriga, me gustaría saber lo que sienten.
– Imposible, para odiar hace falta no tener imaginación ni inteligencia, y a ti te sobra de lo primero.
– ¿Qué insinúas?
– Que eres incapaz de odiar.
-¿Y de verdad que no te molesta nada que te odien?
– No, incluso aprecio a los que lo hacen con elegancia.
– Ja, ja, ja, a mí me hacen gracia los que te piden perdón antes de pisarte.
– Y el cínico aconsejándote que dejes de fumar… La verdad, es un arte que respeto, sobre todo si echan mano del cinismo,  la gente debería al menos aprender a odiar.
– Bueno, dicen que el odio disminuye con amor…
– ¿Quién es el memo que dice eso? Al que odia más rabia le da que le des amor, entonces se ensañan, te ven con cara de poner la otra mejilla y no pueden resistirse. Lo mejor que puedes hacer es dejarlo en paso. El tiempo es el único capaz de aburrir al odio, aunque algunos “odios” siguen bullendo bajo la lápida e incluso son hereditarios.
– ¿De verdad que nunca has sentido nada parecido?
– A ver, reconozco haber sentido ira, pero esa no me dura nada, la ira prolongada es la que engendra rencor y el rencor prolongado el que engendra odio…
– ¿Cuánto ha de durar la ira exactamente?
– Exactamente lo que te dura un chupito- en ese momento un coche pasó raudo sobre un charco mojando a Gabina de arriba abajo, su cara se llenó de cólera, sin mediar palabra entró en el primer bar que vio y acercándose a la barra pidió un chupito.
 (Continuará)
Dedicado a ese profesional en irse al francesa, el escritor J.D como el whisky 
Una mujer al final de una barra una barra al final de una mujer In Dreams Café, nuestra casa

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25
Febrero 16

De señales y razones, intenciones

La verdad al cien por ciento es tan rara como el alcohol al cien por ciento.

Sigmund Freud

    Continúo recostada en mi diván ejerciendo este acto liberador o terapia literaria de mentir bien la verdad. Defenestrado el síndrome de abstinencia, me centro en lo que ahora me atañe -me centro mucho- porque sólo alcanzando la libertad interior puede una aspirar a tener de las otras, luego ya veré qué hago con ellas. El efecto del gazpachov es placentero, pero como todo buen placer hay que utilizarlo raramente, este bebercio te invade como el té de amapola blanca, muy lejos de la euforia me mantiene relajada en el sofá mientras el hipotálamo realiza sus funciones básicas dejándose acunar por los recuerdos a corto plazo que se reproducen en super 8 sobre la corteza prefrontal sin saber ni pretender entrar por la escuadra al hipocampo…un espacio que he reservado para la memoria del corazón, la que elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, la que me permite seguir adelante.
    Sin duda, aquella noche con Gabina mereció la pena, me ilusionaba su entregada atención, percibía sus cinco sentidos achispados por el alcohol fijos en mi palabra algo que acrecentaba mi inspiración. Cándida criatura, su interés me llamaba a comprometerme con la absurda verborrea destilada de las cervezas que habíamos ingerido. Tampoco deseaba mantenerme alerta, quería disfrutar de aquel momento, pero me preocupaba no saber callarme a tiempo, porque sólo las buenas ideas deberían convertirse en palabra y sólo las buenas palabras han de tratar de convertirse en actos, deseaba protegerla sin perturbar su inocencia y temía que el alcohol me traicionara. Hacía un rato que había adquirido el papel de coach, como si pudiera prepararla para los peligros de la gran ciudad – yo que nada sé- pensaba… Sólo la humildad de alguien como Gabina puede aproximarse a la verdad, si quiera desaprendiendo todo lo que sé podría acercarme a su honestidad.
La vida es la constante sorpresa de saber que existo- ¡Ay!.... (Madame Bobarín avista por la ventana a su novio besando a otra)

      La vida es la constante sorpresa de saber que existo ¡Ay!  (Madame Bobarín descubre a su novio besando a otra)

 -¿Y cómo se hace para mentir?- me preguntó muy interesada por las artes del embuste.
-Lo primero es creerte tu propia mentira y lo segundo tener buena memoria y confiar que sea a la larga porque si no, tarde o temprano, te pillan…
-Antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.
-A no ser que no sea cojo y sólo lo finja.
-Esto va a ser complicado.
-Escucha y luego practicamos. La mentira además habrá de ser apoyada por detalles circunstanciales siempre verídicos…
-¡Ay…! Ponme un ejemplo.
-A ver. Lo mejor es partir de una verdad. Mira, te voy a contar una que me intentó colar un amante que se veía con otra. Se llamaba… vamos a llamarle Santos, para que nos dé más risa.
– De devociones absurdas y santos amargados, líbranos Señor…
-Un pálpito me decía que Santos andaba enredado con Ramona, así que le pregunté sin rodeos y me contestó de manera sospechosa y perifrástica:
-¿Recuerdas cuando nos quedamos sin cerveza? Me enviaste al chino a comprar unas latas – ese es buen comienzo para el mentiroso porque sugiere que el hecho de haberte hecho un favor es el desencadenante de lo sucesivo. Me contó que estaba justo pagando cuando entró ella por casualidad… Ese en cambio fue su primer error, marcar la casualidad, porque supe que ahí me había colado la mentira aunque no sabría cuál hasta más tarde. En realidad estaba omitiendo que aprovechó que bajó a la calle para llamarla, entonces el buen mentiroso enseguida hilvana con otra verdad -¡Qué casualidad! Ella también iba a por cerveza para cocinar su afamado pollo…. – es verdad que el pollo a la cerveza de Ramona tiene mejor fama que el de Ramoncín… -¡Con una casualidad basta!- le dije, y sin entrar en la latosa rueda de la discusión huyendo del cisma, decidí dejar la relación, y no porque me molestara que se viera con otra, pues yo también lo había hecho en mis años mozos, sino porque no soporto la mentira.
-Entonces yo no sirvo para mentirosa, hay que ser muy listo…
-Y buen actor… De todas formas, depende de a quién quieras mentir. Por lo general los más inteligente optan por ser un poco crédulos, sino no hay quién viva. Por otro lado a los listos, como tu dices, que distan mucho de los inteligentes, les suele traicionar el sentimiento de orgullo.
– Vale, entonces nunca hay que decir “por casualidad…”
-Ja, ja, ja, mujer, lo que no hay que hacer es marcar las mentiras, puede ser con un “por casualidad” o rascándote la nariz… Yo tengo un detector de mentiras innato. ¿Sabes? El buen mentiroso, el que disfruta, se pone más guapo cuando miente.
-¡Qué cosas! Por eso me gustarán los feos…
-Bueno, eso es porque no puedes aspirar a otra cosa…
-¿Qué has dicho?
-Nada, nada, alma cándida. ¿Sabes lo que más rabia me da?
-Dime.
– Cuando sin que hayas preguntado intentan arreglar algo que no te importa, más bien, algo que ves claro y prefieres no darle importancia. De nada sirve perdonar una infidelidad si no se olvida, y yo tengo mala memoria, así que mi perdón es de los que duran. No entendí por qué entonces insistía en recordármelo intentando justificarse con más mentiras.
-Hay que asumir que el hombre engaña más.
-Y que la mujer engaña mejor…Y por asumir asumamos que a la larga el hombre es fielmente infiel por naturaleza y la mujer apasionada suele perdonarle.
-Bueno, también están las que prefieren tragar antes de quedarse solas.
-Ya bueno, pero no te vayas por ahí que ese no es nuestro caso. A lo que íbamos, lo que me irritó fue que intentara defender su mentira. ¡Eso sí que me crispa! Lo considero un insulto a mi inteligencia y si me despiertan el ego…
-¡A mí me vas a contar!
-Mujer, suelo mantenerlo aletargado, la debilidad de carácter sí que no se enmienda.
– Ya, ya, venga, ¿y lo siguió intentando?
-No imaginas. Hay personas que son capaces de “matar” a su madre si eso les aporta una buena coartada.
-¿Qué te decía?
-Me dijo que no había pasado nada, pero yo les había visto desde la ventana besándose en la plaza…
-Vaya… Ja, ja, ja y ¿qué hacías en la ventana?
-Ja, ja, ja. Buscar con la mirada ilusionada a mi amor, me gustaba verle andar por la calle…
-¡Ay, pobre! Dicen que la sorpresa es el móvil del descubrimiento…
-Pues yo comencé la casa por el tejado.
-¿Y qué le dijiste?
-Un clásico, el típico “no lo aclares que oscurece”.
-¿Y continuó?
– Claro, ya había cogido carrerilla, me juraba que todo había sido un dominó de casualidades, y es verdad, todo son casualidades, si no son para uno, son para otro. ¡Qué manía tiene la gente de creer que se tiene todo controlado! Eso sería aburridísimo.
-¿Entonces te daba igual de verdad que tuviera otro lio?
-Gabina lo que hay que ser es sincero con uno mismo. ¿Cómo reprocharle lo que yo había hecho anteriormente a otro? Fastidiarme me fastidió, claro, pero ten en cuenta que si te pringas con la vida exageras su importancia y si pasas de ella, exageras su insignificancia.
-Vamos, que no me tomé a mí misma ni demasiado en serio, ni demasiado en broma.
-Exacto. Pero la cosa fue a peor, cuando más insisten, más la fastidian, cuanto más la fastidian, más rabia les da, entonces pasan al papel de víctima… Pasó de pegármela a ser el “pobrecito Santos”. ¡Ay, pobre que le han dejado! Llamadas, whatsapp, mensajitos, en fin, toda la artillería del reproche sobre un mismo blanco. Así que Gabina, ándate con ojo con los mentirosos, lo único bueno que tienen es que como al final hagas lo que hagas siempre tienes la culpa puedes hacer lo que te de la gana.
-No sé yo… si lo ves tan claro juegas con ventaja.
-¡Ah! ¿Entones no sólo hay que parecer tonta sino serlo? Yo perdono la infidelidad pero no la deslealtad.
-Mmmmm…Me haces dudar.
-Bien, lo importante es dudar a tiempo.
-Es que no sé si me gustan tus teorías, me haces un lío, ahora, no sé qué hacer con ellas…- dejé a Gabina dando vueltas al asunto y me giré hacia a la barra.
-Dos tercios Wolf, por favor- lo que más me gusta de Wolf es que se hace querer, es de los pocos camareros que no se llaman “Perdone”. Al volverme hacia Gabina descubrí que se había ofendido al haberla dejado hablando sola, enfurruñada me asaltó:
-¿Me escuchas o qué?
-O qué.
Ambas reímos al tiempo de brindar con las dos nuevas cervezas.
Dedicado a Cecilia Gurrea Moreno y Janis Lázaro ¿Os ha gustado, o qué? – O qué.

Potasa conoce a Neptuno Hurtigruten. Fiordos Noruegos

 

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15
Diciembre 15

El pudor habitúa a mentir

“Aquel que no usa su moralidad sino como si fuera su mejor ropaje, estaría mejor desnudo.”

Khalil Gibran, poeta libanés.

CAPÍTULO LIX

"Me han tangado" Acuarela

“Me han tangado” Acuarela

Madrid, a 15 de diciembre 2015

Esta mañana he llamado a la oficina de Correos para pedirle al gentil cartero que acercara un paquete a mi domicilio.
– Gentil cartero, me he entretenido explicándole a un amigo lo que es una teta y ando mal de tiempo.
– ¿Y en qué puedo ayudarle?
– Mire usted, me encuentro desnuda en la bañera y necesito que me traiga un paquete de mi apartado de correos. ¿Le importaría acercármelo? La cuestión es que se trata de la esponja que necesito para frotarme la espalda.
El gentil funcionario no tardó en llegar a casa, le recibo desnuda y me ayuda a frotarme la espalda. Después le ofrezco un café pero me advierte que prefiere un vodka, le acerco la botella y la vierte con brío sobre la esponja, los dos aplaudimos. Embriagados decidimos comer algo para empapar. Después me dijo que debía volver a sus labores y nos despedimos con un fuerte apretón de manos. Al salir a la calle el buen hombre se escandalizó al ver al personal tan vestido. Una mujer en vaqueros, jersey, abrigo, pañuelo, guantes de alpaca, sombrero ruso y zapato plano pasa a su lado.
-¡Desvergonzada!– le grita el cartero. La mujer, que con las prisas no se había percatado de la guisa con la que había salido de casa, se tapa sus vergüenzas, no sin antes decirle:
-Lo que le pasa a usted es que es un mal pensado.

Guillermina Royo-Villanova  ( Dedicado a Nacho F)

Mi compañera Potasa me apoya con este documento eslavo

 

 

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26
Noviembre 15

De los celos y otras cegueras

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

Aristóteles

 CAPÍLTULO LVIII Diario Madame Bobarín

Croniquilla de la muerte de una relación sin anunciar

celos

Madrid 26 de noviembre 2015

 

Hay personas que tienen un problema para cada solución. Cuando alguien está de malas, está de malas y no hay nada que una pueda hacer. Vamos, que si quieren pelearse les basta con que estés delante. Si una opta por dar la razón, porque das la razón, si les sigues la corriente, porque eres sumisa o les tratas como tontos. Vamos, que no te libras de que te caiga un rapapolvo.
El otro día en un restaurante pude escuchar una conversación que me dejó turuleta. No es que yo vaya por ahí escuchando conversaciones… Bueno, sí. Descubrí que el que es celoso no es nunca celoso por lo que ve, con lo que se imagina basta. Bueno, eso ya lo había dicho don Jacinto Benavente pero yo lo descubrí esa noche. He aquí lo que escuché gracias al manos libres de un caballero:
 – ¿Cariño te vienes a tomar una copa después del trabajo con mis amigas?
– Hoy tengo cena con los de la oficina.
– Ya, ya, con los de la oficina, es que te gusta la secretaria de tu jefe.
– Que no mi amor, que es la cena de Navidad.
– Ya, ya… pues muy bien tú verás, haz lo que quieras.
– Pues eso, la cena, y no es que quiera, es que ya estoy aquí y estaría mal…
– Siempre haciendo las cosas por los demás, lo que está mal es no venir…
– ¿Pero no has dicho que haga lo que quiera?
– Sí, sí, con sus consecuencias…
– Bueno venga, ceno y voy corriendo para allá.
-No, no, déjalo, ya no vengas.
– ¿Pero cómo que ya no vaya? Venga cuchi cuchi que te quiero.
– Eso lo dices para que ella te oiga y dar más morbo.
– ¿Qué gano yo con eso? Si me gustara alguien, mejor me saldría estar solo y ligármela.
– ¿Me estás dejando? ¿Has dicho ligar? Lo sabía, es que lo sabía…
– No seas paranoica, sólo me gustas tú.
– ¡Qué horror, qué horror! Ella te está oyendo, sabe que tenemos problemas. ¡Va a ir a por ti!
– Mi amor ella no ha venido. Está enferma.
– Mira cómo te fijas.
– Mujer, somos cinco en la oficina…
– Pues voy yo, ¿qué te parece?
– Pues vente al café, es un poco raro, pero vente…
– Ya, lo que no quieres es que vaya y compruebe que está ella.
– A ver… ¡que no está!
– Ah, por eso estás como estás, porque no ha ido.
– ¿Pero cómo estoy? Venga que voy para allá.
– No, no, no vengas, pero que sepas que aquí hay un chico que me está tirando los trastos.
-No me extraña, es que eres la más guapa del mundo.
– ¿No te molesta? Eso es porque algo tienes por ahí.
– ¿Qué quieres que haga? ¿Qué vaya y le pegue? Es normal que te entren, ¡eres guapísima!, pero confío en ti.
– Pues yo en ti no, está claro prefieres a esa pendona a mí.
– Pobre mujer. ¿Por qué es pendona?
– Hazte el tonto, tú sabes bien a qué me refiero…
– Bueno pues te veo en casa.
– ¿Entonces no vienes?
– Oye que ya están con el postre, hago lo que tú me digas, pero aclárate ya.
– Ahora vas de abnegado…
– Venga petarda que voy.
– No, no, no, ya no vengas, pero no me esperes. Esto se terminó.
La chica colgó el teléfono zanjando la conversación, pero en el fondo esperaba que él la llamara para colgarle de nuevo y si podía hacerlo tres veces más, mejor. Él no llama, ella está segura de que él va a aparecer, quiere verle aunque seguramente le monte un pollo. Él también lo sabe y por eso no aparece, piensa que mañana se le habrá pasado. Aquella noche el buen hombre se aburrió como una ostra en la cena de Navidad, que yo me fijé.
Tras lo escuchado me quedé imaginando lo que sucedería en el futuro:
Ella deja la relación por obvias razones, respaldada por la imparcial opinión de todas sus “amigas”, esa misma noche se liga a un maromazo con el que se casa a los dos meses. Poco después, el abandonado invita a cenar a la secretaria, su única amiga en la oficina, lo ha hecho para contarle que tiene una terrible depresión y que va a pedir la baja laboral. En la mesa de al lado está su ex. El sonríe esperanzado, feliz del encuentro, nervioso, lujurioso, lleno de amor. Su ex se acerca a la mesa, vacía una copa de vino sobre su cabeza y se va. ¡Chimpúm!
Sí señores, en los celos hay mucho amor, sobre todo amor propio, falta de autoestima, avaricia y orgullo y lo peor es que aunque los celos nazcan del amor, no mueren con él porque unos buenos celos son capaces de asesinar el amor pero no consiguen matar el deseo. Claro, que hay celos y celos. Algunos terminan en crimen aunque sean infundados. Está claro que los celos destruyen la libertad interior, desvelan, martirizan y crean infelicidad. No he conocido dos sentimientos más egoístas, venenosos y destructivos como la envidia y los celos. Son la irritación de una falsa vanidad, una enfermedad que destruye a su portador y a quién le acompañe. No miento, en el único celo en el que creo es en el del aparea-miento.

Mi amiga Potasa quiere compartir con ustedes su último proyecto: Potasa Callejuela 

 

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17
Noviembre 15

Madame Bobarín y Potasa

Al encontrarse en eminente proceso final la novela biográfica de Madame Bobarín, a partir de ahora transcribiremos sin pudor alguno su diario, respaldado por un vídeo ilustrativo de Potasa.

duquesa madame Bobarín

Duquesa al alba. Acrílico sobre lienzo 50X60 G.Royo-Villanova

 

Madrid 16 de noviembre de 2015

 Recién finalizada mi exitosa exposición podría resumirla en doce cajas de vino y no sé cuántos canapés, aunque estos últimos no los caté. Al llegar a la Galería Carlos Moltó, donde colgaban mis retratos, me agaché para recoger con esfuerzo un objeto sospechoso:
-¡Gabina! ¡Mira! ¡Un palillo! Aquí ha habido canapés…- exclamé certera siguiendo mi exacto olfato. Sin duda alguna no ha habido una moda más viral que la del “canaperismo”.
Siempre he dicho que lo mío es la cultura horizontal y es que lo de montar una exposición me desmonta, aún tengo agujetas aunque no tengo muy claro si se deben al montaje de tramoya precisamente, porque aquella misma noche un enamorado me tuvo trabajando hasta el alba.¡Eso sí que fue cultura horizontal! Al tratarse de un virtuoso actor se dedicó hacendoso al arte del amor mientras recitaba sonetos de Shakespeare, es lo que llaman en retórica, versos encabalgados. En el lecho de amor los hombres suelen hacer promesas que olvidan tras el climax en la “petit mort”: donde fallecen las promesas. Las mujeres en cambio recordarán por siempre aquellos sumisos compromisos que se evaporarán junto al sudor de las sábanas. En mi caso nunca me creo una promesa fugada en el calor de la lujuria por si acaso se cumple, y es que se pueden hacer cosas correctas pero por la razón equivocada. Yo aconsejaría a aquellos hombres que no pueden callarse durante el arte amatorio que reciten el Séptimo Canto de Altazor (Huidobro), les saldría más a cuenta, consideren que por lo general la mujer en su empeño es incisiva e insistente y la sucesiva proyección de deseos durante la concupiscencia terminará funcionando como si de un espejo lento de reflejos se tratara. Yo soy más de sobremesas que de promesas, porque estas últimas suelen ser olvidadas y disminuyen la confianza.  Al final cada cual con su memoria que es directamente proporcional a lo selectivo y sufridor que sea uno, en mi caso tengo tan poca memoria que veo mejor el futuro que el pasado o visto de otra manera, mi memoria funciona hacia delante. Hablando de memoria es curioso cómo cuando vas piripi se dispara el piloto automático para regresar a casa aunque luego una nunca lo recuerde, lo que he comprobado es que en el caso de tener la memoria destilada lo mejor es vivir en un pueblo pequeño, de esta manera si una olvida lo que sucedió la noche anterior, el marujeo popular te recordará gustoso todo lo acontecido sazonado con alguna malvada añadidura que hará tu aventura más sabrosa, al fin y al cabo somos una destilación del chis-morreo y de alguna manera nuestra vida aumenta cuando la ponemos en la memoria de los demás. Ahora me bajo al banco del parque para enterarme de lo que hice ayer y poder seguir escribiendo.
Madame Bobarín

El vídeo de Potasa que hoy respalda este documento :

 

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