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Entradas etiquetadas: Guillermina Royo-Villanova


5
marzo 13

Una longeva lonHeavy Metal

CAPÍTULO XXXIII

Sólo la virtud tiene argumentos poderosos contra el pesimismo. Leopoldo Alas Clarín

 Longheavy*

El pequeño arco topó con Cari Grant -el rocín- que pastaba en el pasillo y al verle decidió convertirse en un arco de herradura. Aunque a “trote” y moche, parecía que por fin todo se ponía en su sitio. Si algo tenía claro el pequeño arco es que no quería ser arco rebajado ni de dos centros, ya que esto podría descentrarle para el día de mañana que es hoy. ¿De medio punto? Ni hablar, prefería ser un puntazo; tampoco le gustaba ser arco de descarga, o entrecruzado, ni falso o deprimido. La cosa estaba difícil. No deseaba terminar siendo un arco ciego o abocinado, rampante o apuntado por todos. El arco de herradura era definitivamente la mejor opción y el jamelgo Cari Grant acogió la noticia en su pezuña con gran felicidad.
 - ¡Por fin ha parado de llorar el arquito de los acueductos! Me iba a volver loca- suspiró Bobarín.
- Es un arco flechilla…- dijo Stradivarius rompiendo una lancilla por su hijo.
- ¡Qué gracioso! Pues a mi su flechilla me ha legado una resaca de tres pares de demonios, voy a tomarme una tila- continuó Gabina.
- ¡Ja! A tila la reina de los hunos y de los otros. Lo mejor para la resaca es una cerveza bien fría.
- ¿Y un zumo de naranja? Creo que el ácido cítrico me sentará bien.
- Ácido cíclico es lo que tienes tu.
- Oír el llanto de un niño me ha puesto romántica, nunca sabremos lo que es amor de madre…bueno, ni el de hijas. Huérfanas y sin descendencia. Lo que voy a hacer es retirarme a mis aposentos a leer una novela de Corín Tellado.
- ¡Corín Tullido te voy a dar a ti!
Stradivarius miraba a Bobarín con la decepción colgando de sus papos.
- Señora pero ¿No es usted romántica? Sus actos dicen lo contrario.
- Depende de lo que llame usted romanticismo. Yo creo tanto en el racionalismo como en el romanticismo, porque no hay nada más romántico que una buena ración.
- Yo soy parnasiano perdido.
- ¡Uy parmesano! ¡Haber comenzado por ahí!
- Parnasiano del monte Parnaso, donde moraban las musas como usted.
- ¿Dónde se oraba a las asentaderas en Delfos? ¿El oráculo? Mejor el queso.
- No me tome a chufla señora mía ¿No ve que bebo los vientos por usted?
- Y dale con beber aire- dijo Bobarín sirviéndole vino.
- Escuche con atención.- En ese momento Stradivarius comenzó a hacer vibrar sus cuerdas mientras cantaba una tonadilla subido al sillón orejero que también escuchaba muy atento.
- Bebo el viento del norte, del sur, del este y del oeste. Tralarí, tralarete.  El del norte me lo bebo en copa, en mis brazos que la arropan. El del sur trae el calor, y entre este y oeste, no sea me desoriente, me quedo con el poniente, que pone sin dejar resaca. Mejor, me lo bebo en taza. El del Norte si le da frío, mi piel le haga de abrigo, mi cuerpo sea tu ropa, ¡Mejor me lo bebo en copa! El del sur trae el calor, continente y contenido, amor en decantador, siempre es más divertido…
- No oí en toda mi vida tal orate- habló la ironía en boca de Gabina.
- ¿Continúo?
- ¡No por dios! Está bien, me quedo a su resguardo del viento.
- Le juro por Eolo que yo la amaré al máximo.
- Si, porque con los tiempos que corren supongo que lo demás será al mínimo.
- ¡Alegría, alegría! – interrumpió Gabina- ¡Ha nacido el amor!-
- ¡No empecemos a hablar de amor que no imagináis cómo da de si esa braga!- acuñó Bobarín.
- ¿Se refiere usted al tema del amor ágape?
- No, no, a la braga en sí. Cuando me la compré yo pesaba treinta kilos y ahora peso más de cien y ahí sigue.
- ¡Qué elasticidad!
- Bueno, me aprieta un poco pero también me sube la papada y me vigoriza el pecho.
- ¡Qué invento! ¡Qué mujer! ¡Qué linaje!
- Yo en vez de ser una de mi linaje, soy dos.
- ¡Qué humor! ¿Sabe que reír hace que uno sea longevo?
- Bueno, yo más que longeva soy longheavy metal, pero aquí sigo a mis años, jubilosa y disfrutona.
- No me gusta dar consejos…pero señora usted es maravillosa, no se burle tanto de si misma.
- ¡Uy! Qué cosas, todo el que te da consejos resulta que no le gusta darlos.
- A veces las palabras casi llegan obligadas- respondió Stardivarius mudando el tono-  Sólo quiero que se vea como yo la veo.
- Sólo si usted se ve como le veo yo- dijo Bobarín acercándole sus gafas.
- Con sus gafas la veré como usted no me ve-
- ¡A mi qué me cuenta, ha empezado usted!
- Imagine que usted es Venus y yo llevo un Vulcano dentro a punto de erupción.
- Uy, ahora me dirá que me magma con todo su alma, que sus besos son Vesubios y yo termino como Pompeya.
- Acepte mi amor Bobarín, ha sido usted la que ha abierto este cráter.
- No siga, me ruboriza. He aprendido a ver en el silencio- contestó nuestra dama cubriéndose los ojos con el reverso de su mano.
- Déjeme continuar. Usted es para mi un Tiziano pintado por Rubens, su cuerpo derrocha una atmósfera de fecundidad y eterna primavera irresistible a mis sentidos.
- No gusto de tantas ambiciones estéticas, pero sus halagos me han abierto el apetito y eso es muy buena señal.
- ¿Dónde quieren que hagamos hoy el buche?
- ¡Vayamos al Mesón del Masón!- gritó Gabina emocionada.
- Me ha salido masonera. ¡Ale! Vayamos al Mesón Rancho Panza que en mesa grande caben muchos- dijo Bobarín levantándose con el alma pegada al envite.
Continuará

28
enero 13

Haga ripio la trobalenguas

CAPÍTULO XXXI

Hemos inventado la revolución, pero no sabemos qué hacer con ella.

Peter Weiss (1916-1982)

JUGLARINA copia

Resolvieron ir presto a la orilla de la bañera,
las pompas de jamón del baño salían bellas, enteras,
que decir que parecían en toda su pomposidad
un anuncio de lotería del premio de Navidad.
Gabina declamaba un poema sobre los Mayas y Brincas,
lírica de su cultura y costumbres alimenticias.
- ¿Es la hora de la cena?-
- ¿Qué ripias Bobarín?
Ten paciencia y espera
que aún flota Stradivarius
a remojo en la bañera.
Si quieres ve a la cocina
y mientras él esté listo
preparas una tortilla
y unos sándwiches mixtos-
 Pompas salían del baño, a la luz de las velas
la música de Stradivarius envolvía la escena,
una radio o transmisor, una especie de patata
emitía extraños ruidos a los pies de la tina como cosa de magia.
Encendiose ella sola emitiendo a gran volumen la canción de La Ramona.
- ¿La Ramona?
- La Ramona Pechugona.
-Bonita canción-
Al llegar el estribillo
en el golpe de emoción
Stradivarius con brío
y con pie la derribó.
No háyase visto tal brillo
tal chispa de ejecución
ejecutada la música
el violín sobrevivió.
Propinada la descarga
habiendo tocado madera
no hay calambre que valga
para rama brasileña
aislante donde los haya
la sacudida certera
al violín en su prestancia
inmerso el la bañera
resistió con elegancia
el tremendo voltaje.
Más los plomos de la casa
cayeron cual cae un sable
fundido tras un estoque
rizadas quedaron sus cuerdas
como en Dalí el bigote
o las cejas de Cela.
Con el arco por garrote
asió una de las velas
saliendo cual presta estela
de aquel cuarto de baño.
Lavose antes las manos
sin dejar de aquello rastro
acaso la afrenta fuera
cosa del mismo Pilatos.
- ¿Qué ha sido eso?-
Preguntole Bobarín.
-Ha sido la patata,
no me mire a mí.
Me tiene preso de asombro,
ha confundido su nombre
y olvidando el último “ta”
metió la pata hasta el fondo.
Con los cables bien pelados
y peinados por el agua,
me dejó el cuerpo escaldado
en exagerada descarga.
- ¡Que nos pillen confesados!
- ¡A mi que me pille peinada!
- Señoras que no ha sido nada.
- ¡Más han saltado los plomos!
- ¿Por Dónde?
- ¡Gabina, aplomo!
No seas cotilla, mujeeer
Que salte
donde le ha menester,
de una silla o de una torre
que a plomo ha de caer
lo que a plomo responde
donde el metal se desplome
tu no lo has de saber.
Que el plomo cae donde quiere
y la caída es certera.
- Ya podía caerse
el vecino de la escalera,
que a pelmazo no le gana
ni el plomo de España entera.
Es en vano que espere
no caerá a plomo esa breva.
- ¡Mala hierba nunca muere!
- ¿Pesan mucho los plomos esos?
Preguntó Bobarín
sofocada en pensamiento,
imaginar sólo el subirlos
le afanaba hasta el aliento.
En la oscuridad de la sala
encontrábanse las damas;
sus siluetas relucían
¡Cual dos hogueras brillaban!
Esfinges fluorescentes
glaucas ambas deslumbraban
¡Y más brillaban sus dientes!
- ¿Que nos pasa Bobarín?
¿Qué es éste relucir?
¿ Qué es lo que tengo?-
Preguntaba Gabina
mientras sus brazos movía
en amago de flamenco.
Bobarín agitaba los suyos
en el aire dibujando
con tal haz un minotauro,
tal complicado era el sino
¡Que no llegaba ni al a mino!
A ver si adivinas que escribo
con mi dedo en el aire
que es aire y es pedo
gases de lo comido
entra antes, sale luego
plato hondo aire fino
-¡No adivino!
-¡Pues si da aires…!
-¡Si no es fabada…es cocido!
-¡Acertaste!
- ¡Con compango de chorizo!
- Ahí te pasaste,
que tanto no he escrito.
-¿Pero por qué relucimos?
Bobarín dudó un momento
-No fue nada que comimos
que mesurada fui ¡Lo juro!
y la cena está por llegar…
¡Ya se! ¡Es la mistad!
Que resplandece en lo oscuro
y la nuestra es de envidiar.
-Si eso que dices es cierto
has de encender la luz
que Stradivarius es nuevo
y andará con ojo ciego.
- La razón tienes puesta
siempre como virtud
curémonos en salud
si la ocasión no espera
y la pintan calva
enciendo ahora la luz
o este va y se la pega
y a ver si de esa se salva.
-¡Reine la calma!
-¡Encienda!
-Se lo agradezco señoras,
Si quieren traigo otra vela….
- No será a dos velas
como vuestra vuecencia nos vea.
No teniendo mayordomo
habré de arreglarlo yo
pesen lo que pesen los plomos-
Ya con la luz repuesta
y sabiendo puesta la mesa
miran todos las bandejas
Gabina, suspira.
Un plato con pocas migas
y un trozo de costra seca
coronan triste vajilla
disfrazada de cena.
-¿No hiciste emparedados
de queso y de jamón?
Y para vegetarianos
¿Otros del huerto?
- ¿Quién yo?
- ¡Si! Eran de jamón y queso
y estaban calientes
Que lo he visto.
- ¡Ha sido mixto y no mixto!
- ¡Mientes! ¿El de verdura también?
- Ojos que no ven
 corazón que no siente.
-Tu estómago en celo
no tiene remedio.
Ávido e impaciente
clava el ojo primero
para hincar después el diente.
-Pues si he visto no me acuerdo.
-Y esa mancha en tu pechera
Confiesa ¿Qué eso?
- Parecer… parece queso.
(Continuará)

Dedicado a mi querida alma perpleja María Maier, mixta o no mixta.


10
diciembre 12

Un drama resistible

CAPÍTULO XXVIII

 Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto. Jacinto Benavente.

En el último capítulo os dejé con los dos rocines a punto de traspasar la línea de llegada; vamos que os dejé con el corazón en un puño para hacer un poco la puñeta. Por el altavoz continúan retransmitiendo la carrera :
Bobarín adelanta a Selami montado por Fayos, les separa una pulga de chorizo; la dama sigue sacando pecho. ¡Cagancho adelanta posiciones, Selami , Grant y Cagancho pelean los últimos puestos! Parece que este es orden definitivo de llegada.
Bobarín exhausta cabalgaba frente a las gradas orgullosa de su segundo puesto. La prensa se amontonaba a su alrededor asediándole a preguntas:
- Bobarín ¿Un segundo puesto es una victoria?
- Pues si señor, porque con el segundo puesto regalan un bono para los supermercados Sánchez Romero.
- ¿No hubiera preferido quedar en primer lugar?
- Deje, deje. No se si sabría sobre llevar el éxito, tal vez terminara anoréxica, sin apetito sexual ni de chorizo.
- Pues yo creo que le sentaría muy bien la victoria.
- No señor, yo soy más bella sin sentarme en el trono.
- ¿Ha sido dura la carrera para usted?
- El camino arriba y abajo es uno y el mismo.
- ¿ Va a seguir presentándose a carreras?
- No señor, ahora asistiré como espectadora a las carreras de suicidas en el puente de Segovia.
- Ha habido momentos del recorrido en los que usted parecía al menos cuatro personas. ¿Cómo se explica esto?
- Hay que ser muchas para conseguir ser una sola.
- ¿Quiere desmentir los rumores que la relacionan sentimentalmente con su caballo?
- Me cuesta lo mismo mentir que desmentir las mentiras de otro. También me critican mucho y eso que no me han visto durmiendo.
- ¿Es consciente que hemos atendido a la carrera más lenta de la historia?
- Hasta la carrera hubiera sido más rápida si cada uno se ocupara de sus propios asuntos.
- ¿Tiene algún secreto a la hora de competir?
- Lo importante es aparentar que una va un segundo después para ganar un segundo y esto pueden aplicarlo en el día a día…
- ¿Qué puede comentarnos sobre su salida nula,cuando quedó atrancada en el cajón?
- Es que en mi comienzo está mi final. Mire para ahorrar tiempo lo mejor es escoger el momento de salida.
- ¿Qué conclusión saca de esta carrera?
- Hay que ser muy tonta para sacar conclusiones.
- Con su edad y su peso ha sido toda una proeza.
- Señor, no me falte, yo soy una niña hinchadita de tiempo.
- Me refiero a que era difícil predecir su segundo puesto.
- Señor, predecir es muy difícil siempre, sobre todo el futuro…
Volvieron a interrumpirla con más preguntas y como ocurre siempre que una está hablando de algo importantísimo y es interrumpida, se le olvidó el tema que le ocupaba. Cuando acontece dicha laguna mental hay que tener preparada una frase comodín de relleno que le salve a una del apuro, así Bobarín echó mano de su frase fetiche y continuó hablando contundente:
- …y todo lo demás de todos los países.
Tras esta afirmación que dejó a los reporteros mesándose la barba, invitó a Gabina a montar en el rocín y se fueron con sus bonos a otra parte.
Si usted está leyendo esto, es que me he perdido. Disculpen. Como os iba diciendo el público gritaba enfervorizado a su paso.
- ¡Bobarín! ¡ Bobarín! ¡Diestra amazona en su rocín!
- ¡Ay qué simpáticas son las triunfadoras!- se dirigió Gabina con retintín al entregado público y girándose hacia su amiga continuó hablando.
- ¡Ay Bobarín, qué emocionante carrera! ¿ Tu cómo la has vivido?
- Pues en la curva de las Perdices se me han ocurrido unas cosas graciosísimas, espero haberlas apuntado.
- Y yo mientras pintaba el paso de cebra he conocido a un hombre muy interesante.
- ¡Alma cándida! Cuando llevas durmiendo sola tanto tiempo, todos son interesantes.
Tras ellas caminaba a paso ligero un galán demostrando tal vez, sospechoso interés.
- ¿Dónde van señoras?
- ¡Qué hombre más completo! ¡Tiene hasta curiosidad!
Sepa buen hombre que nos dirigimos a descansar a casa- Gabina pellizcaba nerviosa a su amiga mientras le susurraba algo al oído.
- ¡Ay! Que me da un patatús. No le despaches que es mi nuevo enamorado. ¡Para por favor!, ¡Para!
Un atractivo galán de pelo cano cogió con suavidad la mano de Gabina hincando la rodilla en el suelo.
- Gabina, es usted mi media naranja, somos la pareja perfecta, usted, una mujer con pasado y yo, un hombre con futuro…- en ese momento una maceta cayó de la nada dejándolo tieso.
- ¡Pues vaya futuro!- dijo Bobarín reanudando el paso. Gabina miraba hacia tras fijando su mirada en el mal parado.
- ¿Qué ha querido decir con eso de una mujer con pasado?
No le des importancia Gabina y toma un trago- contestó Bobarín consolándola con una botella de mezcal.
- No sé chica, un día me comí el gusano que reposa al final de la botella y el gusano me comió a mí…Oye. ¿Pobre hombre no?
- Es un drama resistible Gabina, resistible…

6
noviembre 12

Jolly Jockey

Todos somos aficionados, la vida es tan corta que no da para más. Charles Chaplin

CAPÍTULO XXVII

 

Mucho había granizado desde que Gabina y Bobarín comieran caballo, decididas a llevarse el rocín apuraron sus copas y tras despedirse de sus nuevas amistades montaron sobre el lomo de Cary Grant camino a casa.
Ufanas cabalgaban por la Villa de Madrid a paso del “rucio” de Sancho Panza haciendo caso omiso a los bocinazos de las bicicletas.
- No vayas tan rápido que me despeino- dijo Gabina asida con fuerza a las caderas de Bobarín.
- Yo creo que se me ha desbocado-
- Tengo susto, por qué no hacemos una paradita-
- Ahora que lo dices podemos pasar por la casa del embajador de Francia-
Madame Bobarín acostumbraba a pasar de vez en cuando por los buzones de los embajadores para coger prestadas las invitaciones a los eventos de más pompa que acontecían en la cuidad, pero su mano de virgen bizantina no cabía bien por la rajilla y necesitaba a Gabina para este menester. Las damas desmontaron el jamelgo por el método “me dejo caer, cuídate que haya algo mullidito debajo”, el mullidito se llamaba Ramón, después anduvieron fisgando el buzón un buen rato.
- Tu palpa y ase solo los sobres que tengan buen tocar-
- ¿ Y esos cuales son?-
- Mujer los satinados con ventana de plástico mala cosa, esos son facturas, multas o reclamaciones-
- Aquí me parece palpar un sobre de algodón con textura-
- Ese, ese, péscalo- Emocionadas abrían la correspondencia de los señores embajadores.
“ El Excelentísimo Marqués de Huevas Frescas tiene el placer de invitarles al cenorrio que tendrá lugar…bla, bla, bla…”
- Seguro que no pone cenorrio, Bobarín-
- Seguro que no lo pone, pero seguro que lo ponen-
- Gabina continuó leyendo – Aprovecha esta ocasión para reiterarles su consideración más distinguida. El marqués de Huevas Frescas-
- Mujer con ese nombre por seguro que nos va a salir el caviar por las orejas-
- ¡Ay mira Bobarín! Aquí nos invitan un fin de semana a la Finca de los Botín, se pone de largo su hija-
- Ya se podían poner los Botas, pero hazte con ella por si tenemos libre ese fin de semana- Bobarín ya se relamía pensando en los desayunos de migas con huevos que acostumbraban a ofrecer en los cotos de caza. Con el zurrón lleno de misivas volvieron a montar su -ahora corcel- y emprendieron la marcha.
- ¿Qué marcha emprendemos?-
- ¡Ancha es Castilla la Marcha! Vamos a ir al Hipódromo de la Zarzuela- dijo Bobarín palmeando a Cary Grant – Sólo necesitamos un dorsal y una fusta- Al oír esto el rocín se inquietó lo justo, porque la fusta gusta.
- ¿Crees que tengo tipito de jockey Gabina?-
- De Jolly Joker un poco-
- Pues con eso vale, digo yo. Jugaré esa carta-
Llegaron justo a punto para pasear por el Paddock, Bobarín montaba altiva entre jockeys de la altura de Horcajada y Fayos. Su caballo Cary Grant se barajaba como uno de los favoritos entre los eruditos.
- Cary Grant, caballo ganador y colocado- susurraban en el círculo.
Bobarín estaba henchida de orgullo. El handicapper al contemplar las dimensiones y peso de la dama y comprobar que pesaba más que el rocín, decidió subir automáticamente el handicap al resto de los participantes. Es decir, si a un caballo según su handicap se le añaden unos “ kilos muertos” en peso de plomo, esta vez añadieron el peso de un muerto a todos los jacos, 100 kilos, para ser precisos.
Recordemos que Cary Grant antes de ser caballo fue un experto ladrón acostumbrado a salir a la carrera, la pista era de hierba y él carnívoro, no había peligro de que se detuviera a comer. Todo pronosticaba un éxito seguro. Gabina, su moza de cuadra les acercó una nevera de viaje con bocatines de chistorra y cerveza con leche de magnesia para el camino.
La salida fue declarada nula, la dama y el rocín habían quedado atascados, se repitió el pistoletazo concediéndoles esta vez los dos cajones interiores. Puedo afirmar que fue la carrera más lenta de la historia, Bobarín cabalgaba como siempre con el cababallo a dos patas, las traseras, debido al contra peso que ejerce la dama sobre el animal.
La fusta de Bobarín azotaba a Cary Grant que gemía de gusto, era caballo entero. Vallecas, montado por El Tuyo Cid, sale en cabeza, llegada la curva de Las Perdices la nevera de Bobarín sale volando, se puede decir que el estado de la pista se convirtió en una de obstáculos, los caballos derivaban al exterior.
Por el altavoz retransmiten la carrera:
Vallecas en cabeza, le sigue Rocindespués por el exterior, Pegasorbos, Bucéfalo montado por Brandy Magno, Artax se retira- Esto parece la historia interminable- declararía a los medios. Cagancho rejonea; cerrando el grupo se encuentra Bobarín a la que parece se le está haciendo larga la distancia, la dama desmonta para recuperar su chistorra. Vallecas y Tornado tropiezan con la nevera de Bobarín y salen disparados hacia las gradas; una señora que viste los colores de Bobarín pinta un paso de cebra en la pista y se cruza un rebaño de ovejas, Cary Grant gana puestos y pone uno castañas asadas, Cary Grant y Selami montado por Borja Fayos van en cabeza. Parece que Bobarín le pregunta algo a Fayos.
- Salami no, Selami señora- responde el jockey; Grant, Selami, Selami, Grant!, llegan a la recta final, el público permanece sentado sabedores aquesta manera es la única de que arriben los caballos. Selami alarga el cuello, Bobarín saca pecho, Fayos aguanta sin desfondarse, Bobarín…Continuará.
Carrera patrocinada por la afamada revista “ A galopar, que son dos días” Dedicado a Borja Fayos. Por qué será que dos de los mejores jockeys se llaman Fayos y Fallon.

2
septiembre 12

La justicia poética no excluye la clemencia

CAPÍTULO XXIV

Segunda parte

Las segundas partes siempre son buenas. Madame Bobarín

Huían Bobarín y Gabina detrás del ladrón calle abajo cuando a la vuelta de la esquina se toparon con un asador avileño.
- ¡Ay Bobarín…que tengo hambre! ¿Paramos a descansar?
- Mira que eres inoportuna, tienes que hacer como yo y meterte una pastillita de Avecrem debajo de la lengua para despistar el hambre- Pero a esa alturas el olor de la carne había penetrado en sus pituitarias y sin darse cuenta ya se encontraban dentro del restaurante. Casualmente acurrucado detrás de la barra se encontraba su Cary Grant temblando.
- ¡Te pillé pillín!- le sorprendió Bobarín asiéndole del moflete.
- ¿ Qué hace este en el suelo? ¿ Se ha caído? ¿ Le ayudamos a levantarse?- se ofreció Gabina.
- Yo no me he caído. ¿Acaso me ve usted cara de caerme?
- No señor tiene usted cara de levantarse. Si quiere le ayudo.
- Yo vivo en el suelo de toda la vida.
- En tal caso… ¿Nos invita usted al té?
- Se me ha terminado, pero si esperan ustedes le pido un poco a mi vecina.
A su lado tras la barra y tumbada sobre el suelo estaba su vecina concentrada en la telenovela y presa de unos espasmos rarísimos.
- A su vecina le está dando un patatús.
- No monina es un cólico, me dan cuando sale Francisco José.
- ¿Hay algún médico en el asador?- preguntó Gabina
- Pues creo que no porque no viene en la carta- dijo Bobarín que estaba a lo suyo.
- Lo más parecido a médico es “mediokilo” de buey.
Un hombre vestido de bombero se acercó a la barra donde yacían todos entre unas cosas y las otras cosas.
- ¿Alguien preguntaba por un médico?
- Esos- dijo Bobarín sin levantar la cabeza inmersa en la carta mientras señalaba a Gabina, al ladrón y a su vecina espasmódica.
- ¡Venga aquí señor doctor. ¡Apresúrese que ha salido Francisco José tres escenas seguidas!
El ladrón, llamémoslo Cary Grant intentaba desvalijar a su vecina mientras esta decía algo sobre la virgencita de Guadalupe.
- Mire a ver si le encuentra usted algo a esta señora- le dijo al doctor.
- Levante los brazos por favor.
- Usted no tiene ni idea, se dice, arriba las manos.
- La vecina, muy sufrida ella sufría patatús tras patatús al ver a Francisco José.
- ¡Que alguien apague la dichosa televisión!
- No encuentro el mando- dijo Bobarín que ya había llegado a los postres.
- No seas holgazana, que el suelo de esta barra es tan pequeño que lo raro es que nadie la haya apagado de un estornudo.
El ladrón seguía insistiendo al médico. –¿Pero le encuentra algo o qué?
- Pues no señor. Sólo le he encontrado este collar de perlas, pero son falsas.
- ¡No me fastidie! ¿ Falsas? ¡ Falsaaaaaaaas!- se recuperó la convaleciente.
- Un soponcio quita otro soponcio ya lo decía Soponcio II.
- ¡Ay señoras qué disgusto tengo!, ¡Que son falsas mis perlas!
- ¿A qué no sabe qué le dice una perla a otra? ¡Eres una falsa!- apuntilló Gabina.
- No se burle de mi que tengo un disgusto muy gordo y otro disgusto menos gordo.
- No se disguste mujer, que es sólo un collar.
- Ya pero lo había cambiado por mi Euralio y mi Euralio era auténtico.
- No sé preocupe que seguro que se lo devuelven.
- Tiene razón. Voy a seguir con la telenovela que está la cosa que arde- en la pantalla ardían los campos de trigo de Francisco José. Cary Grant había encontrado el té en casa de su vecina y lo había preparado en una bandeja.
- ¿A qué esperas para servirnos?
- A las cinco.
- ¿ A cinco más? ¿ Tu crees que cabemos todas aquí?- dijo Gabina dando un codazo a Bobarín mientras le guiñaba un ojo- así tocamos a más ladrón por faja- añadió por lo bajini.
- No Gabina se refiere a las cinco de la tarde, algunos ladrones tienen como tradición tomar el té a esa hora y hacer risas con sus rimas.
En ese momento sonaron las cinco, Cary Grant con su puntualidad inglesa sirvió el té a las damas.
- Este té está exquisito- dijo Gabina alzando su copa de whisky.
- Tiene usted los mismos gustos que yo- habló un emocionado Cary Grant brindando con ella.
- ¿Y usted cuántos tiene?
- Pues los mismos que usted más uno.
- Pues ese gusto ¡es mío!
Mientras tanto el médico continuaba reconociendo a la vecina.
- ¡Ay Ramona, cómo la reconozco! ¿Y ahora a qué te dedicas?
- Pues nada, aquí, a la telenovela.
- Pero con tanto lío… No ve la novela. No vela usted- dijo el médico mientra seguía reconociéndola tocándole un pecho.
- No vela- dijo Bobarín.
- No vela!- dijo Gabina chisposilla con un candelabro sin vela.
- ¿Pero son ustedes todos tontos?- dijo uno que pasa por allí mientras se escuchaba de fondo la novela de Bethoven.
- ¿Y ustedes señoras, quienes son? Con tanto lío no nos hemos presentado yo me llamo vecina ¿ De qué conocen al ladrón de mi vecino?
- Pues mismamente de las labores que le ocupan, nos iba a robar….- Cary Grant interrumpió a Bobarín.
- Señoras yo como ladrón les ofrezco el piadoso servicio de no robarles a ustedes acambio de su también piadosa deserción en su empresa amatoria.
- ¡Tu tía! Usted ya nos ha robado el corazón, ahora debe recompensarnos y robarnos la faja.
- ¿A las dos?
- A las tres!- se apunto la vecina.
- Los juegos con las mujeres por veces salen caros.
- Y tan caros, es justicia poética.
- Pero la justicia poética no excluye la clemencia.
- ¡Hombre, pero si lo va a pasar usted de perlas!
- ¡Ayyyyyyyyyy!- se lamentaba la vecina mientras alzaba su falso collar de perlas australianas- …Euralio…
(Continuará)

 


4
julio 12

La justicia poética no excluye la clemencia

 

 

  CAPÍTULO XXIV

El hombre es un perro para el hombre. Hip-Hobbes

El viaje de vuelta a la Villa de Madrid fue muy parecido al de ida. Azafatas volando por la ventanilla, terroristas, flirteos, egipcios de Murcia…lo normal.
- ¡ Qué bien me encuentro!
- Hija si, pero no hace falta hacer estos largos y lejanos viajes para encontrarse a una misma, igual te encuentras en Cuenca.
-Este viaje de vuelta, ha sido un ajuste precioso de distancias entre Lázaro y yo.
- Y de paso te enteras de una vez de lo `poco que dura el amor eterno…
- Pero si yo no le quería, sólo quería la posibilidad tan obvia de quererle.
- Pues yo me he quedado un poco melalcohólica…
- Tranquila que eso se te pasa con una cerveza. Hablando de cervezas. ¿ Crees que con ocho euros podemos desayunar las dos?
- Eso no depende de los euros sino del apetito que tengas.
- ¿Pues entonces te importa no desayunar?
- Mereces una lacónica respuesta, no, no me importa.
- Si pero no me hables de lacón que estoy famélica.
- Mujer, famosilla, pero no tanto.
Cuando llegaron a casa la puerta estaba atrancada por la publicidad que se había ido acumulando durante su viaje. Gabina hizo una “reflexión” y se agachó a recoger los papeles.
- ¡Huy mira esta publicidad! Doña Venerea, especialista en tratamientos. ¡¡¡ Llame ahora !!!
- Gabina por favor no te pongas ahora a leer clasificados y ayúdame a meter el equipaje en casa.
- ¡Madre del Amor Hermoso, qué calor!
- A mi me vas a decir, nada más bajar del avión se me han hinchado los pies y me han hecho una herida los zapatos. ¿ Tienes una tirita?
- Si pero espera a que se te bajen los vapores que sino no pega bien.
 No les había dado tiempo a deshacer la maleta cuando escucharon ruidos en la puerta de entrada.
- Ya está, menuda suerte tenemos, este es un ladrón que se cree que seguimos de viaje.
- Ay mujer, qué pesimista, a lo mejor sabe que hemos vuelto.
- Voy a a bloquear la puerta de la entrada con la cómoda, tu vete buscando en ese mueble la Parabellum.
- Si vis pacem, para bellum.
- ¿ Y ahora qué dices?
- Que si quieres paz prepárate para la guerra.
- Lo que quiero es espantar al ladrón.
- Pues en este cajón no se puede encontrar nada, si es que guardas unas porquerías…tienes síndrome de Diógenes- Dijo Gabina sacando un paquetito cerrado con cinta dorada.
 - Deja eso
-  ¿Eso? , ¿ Ya me gustaría a mi saber qué es “eso” ?
- “Eso” es mii colección de cajas de cerillas que no encienden, trae pa acá y céntrate que este ladrón nos asalta en casa. Toma este busto de Maria Antoñeta, sube a esa silla y si entra se lo dejas caer en la cabeza.
 - Te dije que teníamos que haber comprado una hormiga de vigilancia.
 - Qué buena idea me has dado, escucha, este es el plan, vamos a hacernos pasar por perros rabiosos y peligrosos, tu gruñe y ladra, Gabina,¡ Gruñe !
Las dos amigas se acercaron a la puerta a gatas gruñendo y ladrando mientras rozaban con la pezuña la puerta.
 - Grrrrrrr….Grrrrrr….guau, guau!
- ¿Sandoval? ¿ Leónidas? ¿ Qué les pasa a mis rottweiler guapitos? – Decía Bobarín de vez en cuando haciendo que hablaba con dos perros muy fieros.
- ¡¡ Dionisio, Sansón id a ver qué les pasa a los perros!! -
- Grrrrrrrrrr, guau, guau…
- Paco ve a ver tu qué pasa…
-  ¿Dionisio, Juan , Paco? ¡¡¡ Esto parece un cuartel!- dijo Gabina.
-  Ay hija cuantos más hombres hayan en la casa más efecto hará esta performance.
- Shhhh, tu ladra.
- Ggggrrrr….Grrrrr…- Hacían las dos amigas a la par.
- Grrrrr…¡ Quillo…! – dijo Gabina
- ¿ Pero qué dices quillo ni quilla, no ves que los perros no hablan?
- Si es que me aburro, llevo una hora gruñiendo en inglés y quería hacerme el Perro Andaluz como el de Buñuel.
- Shhhhhh! El ladrón a estas alturas tendrá la mosca detrás de la oreja.
- Pues muy mal, donde hay que llevar la mosca es dentro a lo Pepito Grillo, que detrás se la oye mal.
- Qué mujer esta, ¡ Desarmas todo lo alevoso !
- Grrrr, guau, guau. Perra ladradora…grrrr…
- Gabina has estropeado todo el plan- dijo Bobarín que levantándose pega la mejilla contra la puerta y pregunta – ¿Quién va?
- Ramón.
- Ese es un nombre hecho y derecho.
- Y de confianza de toda la vida.
- Usted lo que es es un ladrón.
- No señora yo soy ilusionista.
- Ya, pues no se haga usted muchas ilusiones que aquí poco hay que robar.
- Grrrrrrrrrrr….- seguía ladrando Gabina. Bobarín la miraba perpleja.
- Te voy a llevar a la protectora de animales.
- La protectora de animales soy yo.
- Qué can-sinas- dijo el ladrón que se sentía chisposillo.
- ¿ Y usted por qué no se va a pasar la noche a Calcuta?
- Me han dicho que por la noche está eso muy desanimado- dijo Gabina.
- ¿ Y tu qué sabrás?
- Señoras no se peleen- decía Ramón el ladrón desde el otro lado de la puerta.
- Descuide Ramón, que enseguida se nos pasa. ¿ No se parecerá usted a Cary Grant en Atrapa a un ladrón?
- Pues precisamente…
- ¡Ay Gabina! ¿ Y si nos dejamos robar un poco…?
- Venga señoras no se hagan de robar.
- Bobarín abrió la puerta lanzándose en los brazos de Ramón el ladrón. Gabina le puso una copa fresca de vino de Rueda y le ayudó a quitarse la chaqueta.
- Desvalíjame entera.
- ¡A mi antes!
- Sisa, despoja, usurpa, afana, expólianos un poco- dijo Bobarín aflojándose el corsé mientras se acercaba a Ramón que salió rodando escaleras abajo.
- ¡ Cómo se nota que ha bebido Rueda!
- ¡Que no escape Gabina!
Ambas damas salieron zumbando calle abajo tras su Cary Grant que corría atemorizado sin mirar atrás.
( Continuará)

Dedicado a Isabel Tabares y al Pico ladrador de Sonia Estevez 


24
mayo 12

Tongo, tango, tanga, tonga

CAPÍTULO XXIII 

El mundo me la da, pues yo la tomo. Echegaray

Para que puedan ustedes formar juicios les reconstruyo los hechos que acontecieron en aquella milonga y que terminaron dando fin al intrépido viaje. Gabina, Bobarín Meritorio, Agustín y Detente se agolpan en la escena saliendo por la puerta que era una ventana.

 

-Las puertas en Argentina son iguales que las de  España- Comprobó Gabina mientras salía por la ventana.
- Hablando de La España esa que es toda una demagogia… ¿ No crees Gabina que ya es hora de volver? Se pasan los capítulos y aquí no hacemos nada más que bailar tangos y tangas.
- Pues si, además como nos despistemos aquí nos expropian hasta las enaguas.
- En aguas o en seco empiezo a echar de menos un buen cocido y una buena cocida madrileña.
- A mi no me está sentando muy bien este viaje, empiezo a sentir un profundo desapego al amor.
- Gabina no empieces ¿Sabes? He pensado que a lo mejor lo que te pasa es que eres lesbiana.
-¡Tu tía! ¿ Crees que es posible? ¿ A mi edad? A lo mejor tu también.
- Dame un beso y lo probamos.
Gabina cerró los ojos y Detente- por una vez más rápido que un colibrí- se lanzó a besarla. Gabina mantenía los ojos cerrados y besaba con fluctuación.
- ¡Oh Diós mío soy lesbiana! ¡Ese ósculo si que me ha gustado!
- No digas cochinadas.
- Si es que en el fondo yo soy una romántica. ¡Te quiero Bobarín! ¡Te quiero!
- Que no Gabina que te ha besado el nuevo, Don Detente.
- Pues no se detenga Detente, deme la miel de sus labios que soy una romántica empedernida.
- En ese achaque no me supera.
- ¡Qué enfermedad esta es el amor!
Y volvieron a fundirse en un beso de los que crean época y quitan la respiración a los pájaros y caen desplomados.
- ¡Corra el aire!
- Corro yo y huyo. ¡Me da miedo este sentimiento!- exhortó Detente.
- Qué noche de verano…
- La propia para un idilio.
-Yo no entiendo de toros pero ilidio con lo que me echen.
-Habla usted de una Lidia.
- A esa tampoco la conozco, ¿Ya estamos con terceras personas? ¡Farsante!
- ¿Farsante? Lo nuestro no puede ser, hay un abismo entre nosotros.
-Pero es un abismo muy pequeño.
- Es un abismo tamaño estándar.
- Hay que tener otra conformidad Detente, tiene usted un problema para cada solución.
- Me atemoriza usted, me voy pitando.
- Váyase pero no pite que tengo resaca.
- Me desaparezco.
- Ale, ale, complázcame usted en tan honroso deseo.
- Vámonos Gabina que cada vez nos duran menos lo idilios. Deberíamos sentar la cabeza de una vez.
- ¡Ay no! Que se me duerme.
- Es de rosas y espinas la cadena del amor…- lloraba Meritorio que despechado se derramaba sobre la acera que no era una acera sino un valle de lágrimas, recordando su lidia con Gabina antes de que apareciera Detente.
- En su cárcel de espinos y rosas…- leyó Bobarín con un ojo en un libro de Rosalía de Castro mientras con el otro leía el Hola Argentina.
- ¡Ay qué amante es la rosa y qué amada la espina!- respondió Meritorio con un ojo en un libro de Gabriela Mistral y el otro cerrado.
- ¿Qué espina?- Preguntó Gabina.
- Concha debe ser.
- Meritorio no llore, actúe, debe usted tratar a Gabina con mano izquierda.
- Yo sólo tengo dos derechas, y esta mujer me hace sentir el hombre más aburrido del mundo…
- Si eso fuera verdad sería maravilloso. Demuéstrenos que es usted el hombre más aburrido del mundo.
- Pues si, pues si, qué buen tiempo hace…
- Esmérese hombre, que así de aburridos son todos los vecinos en el ascensor.
La conversación se arrastraba penosamente en espera de otro destello de aburrimiento, algo que nunca llegaba.
- ¿Por qué afirma que es usted tan aburrido? Usted sólo es un insulso.
- No diga eso, enséñeme a ser aburrido.
- Pruebe a hablar de política, de crisis, de brotes verdes…
- Oh, si todo un pueblo conociese su atraso…no estaría realmente atrasado…
- Ahí vas bien. ¡Qué tío más aburrido!
- ¡Bravo! ¡Bravo!- gritaba Gabina.
- Gracias, gracias. ¿Quieren que siga?
- No tengo hoy defensas para combatir el bacilo del aburrimiento, me fugo de esta escena en ciclomotor con Gabina.
Gabina apareció en una moto Triumph  dando eses por la acera.
- Sube Bobarín.
- ¡Pero estás bebida!
- Espera que tengo un teléfono con una aplicación que si  soplas por la antena te da el grado de alcoholemia.
- ¿ Y si da positivo?
- Depende de lo que te de el teléfono llama a tus padres, a la Dirección General de Tráfico o a Fermín, que es un señor muy simpático que te lleva a casa y te mete en la cama.
- Pues yo de ti no soplaría.
- No. ¡Si soplar más ya ni puedo!
- Arranca y dale hasta el aeropuerto pero para por el camino en un asado que tengo hambre.
- Ya comerás en el avión, últimamente te encuentro adiposa y apenas cabes en ese jersey.
- Lo que pasa es que lo lavé con agua caliente y se me ha dado de no.
- Ya, a ver si comemos menos…
- Nunca más volveré a pasar hambre, lucharé hasta el último hálito…de pollo y cuando vuelva a Madrid me voy andando a Vigo para bajar peso.
- Y cuando llegues a Galicia te comerás una tarta de Santiago, otra de Juanita y otra de Ramón.
Pero para cuando llegaron al aeropuerto habían devorado 20 kilómetros en moto y el apetito les había desaparecido.
- Que sea la última vez que devoramos algo antes de la cena.
- Qué razón tienes Gabina.

Dedicado a Alberto Urrutia, dueño y señor de la imagen que ilustra este bonito drama de amor. ( Colección privada Echaniz) 


26
abril 12

Una pieza fuera del programa

Gabina tras quitarse unos años de encima y ponerlos bajo el diván

Gabina tras quitarse unos años de encima y ponerlos bajo el diván

CAPÍTULO XXII

Allá por donde voy el escándalo me sigue.

Tirso de Molina y Madame Bobarín.

  Se oye el rumor de las calles, dentro de la milonga Bobarín vuelve a acercarse a la barra.
- Sáqueme el aire de esta copa con ese buen vino, por favor..
- Deje de tomar- imploró Agustín.
- Beber es una manera como otra cualquiera de rendir tributo a la virtud.
- Ande baile conmigo y no beba tanto.
- Yo no bebo mucho, bebo siempre que no es lo mismo.
- Corazón perverso olvide los bebercios y no desoiga la voz del amor.
- Descuide que en demasiadas ocasiones oigo esas voces y es duro acallar la voz del amor.
-  Se requiere un corazón muy intrépido para no temer esa llamada.
-  Aún ando recuperándome de la última decepción.
-  Ámeme.
-  No me toque las palmas que me conozco.
-  Le toco entonces un pie.
-  No siga, no suba a los tobillos que me desmayo.
-  Seamos entonces amigos.
-  No gracias, ya acumulo muchos de esos.
- Mujer, a mi se me pone convidarla a cenar, a bailar, a viajar…
- Uno que responde con cartera, eso ya es otra cosa.
- Menos mal, lo mío es suyo señora.
Esto enterneció a Bobarín que terminó ofreciéndole el brazo con guiño chunguero. Salieron a bailar a la pista pero cuando llegaba la hora de ejecutar el paso de los ochos la potencia de sus caderas hacía que el miriñaque llevado por la fuerza centrífuga lanzara despedida a nuestra dama fuera de la pista arrollando todo lo que se le ponía por delante. El resto de parejas chismorreaban molestos.
- Estas gallegas se toman el tango a chufla- decía una escuálida instructora de baile enfundada en pocos centímetros de tela.
- ¡Ay Agustín! Es ley de vida, una ofrece una pieza fuera del programa y el público queda bloqueado.
- Con el tiempo les terminará gustando y se pondrá de moda en los salones.
La profesora de tango, larga como una farola se acercó a la pareja con insolencia.
- Hagan el favor de abandonar la pista.
Bobarín que había descargado su peso y el de Agustín sobre una mesa respondió.
- Fuera de pista ya estoy, pero pienso volver hasta que controle ese dichoso paso, ¿ Si se ofrece usted a enseñarme? – tomó aire y continuó- A mi sólo me chulea el rey de los ochos, por cierto ¿Quién es el rey de Argentina?- Esta pegunta desorientó a la escritora de este relato, a su vecino y a la instructora de tango que desapareció llevada por una ventolera.
- Hace frío aquí dentro.
- Es el aire acondicionado.
- ¿Aire? Esto es viento del norte.
-¡Ventolera estoy yo por usted! Corra el aire, que la cercanía de su cuerpo me vuelve majara. Quisiera ser el padre de sus hijos.
- ¡Huy! A estas alturas no estoy dispuesta a hacer el sacrificio de multiplicarme, es usted un imprudente.
- A mi ver, la prudencia sólo corteja a la incapacidad.
- Me he quedado sorda del aire.
- Escucha usted lo que quiere, esquiva cobra de piropos.
- Señor, su cortejo me halaga, pero yo lo que necesito es centrarme y conseguir un trabajo para mi y para mi amiga Gabina.
- ¿Dónde quieren trabajar?
- Había pensado hacernos lavanderas, lavar las honras perdidas, el vino tinto con el blanco, los trapos sucios, las reputaciones, las manos a Pilatos…
- ¡Éxito asegurado! ¡Patente la idea antes de que alguien lea esto!
La pareja regresó a la pista con más fuerza, bailaban con los ojos cerrados chocándose con el resto de personas que bailaban con los ojos abiertos, lo que les hacía carcajear como niños y caer al suelo descuajeringados de la risa. Se hacían mucho daño pero nada importaba porque en el amor nada duele hasta que duele. ¡Pero qué bien lo pasaba así la tía!
En la barra Gabina continuaba pelando la pava con Meritorio.
- ¡Che papá sírvame otra copa!
- ¿Es el padre de usted?- preguntó asombrada Gabina.
- Es una forma de hablar, una expresión argentina.
-Che mamá póngame a mi otra copa- exhortó Gabina a la camarera.
- ¡Hija mía!
- ¡Mamá!- gritó Gabina mientras se fundían en un abrazo.
- ¿Pero no era usted huérfana Gabina?
- ¡Ya no!
- ¡Pero si esta madre es más joven que usted!
- Así me dura más que la última.
-Esto es inaudito.
-No diga palabrotas.
 Todos sabemos lo que es la juventud, incluso algunos saben lo que es una segunda juventud que era exactamente lo que estaba viviendo Gabina. Embelesada miraba tiernamente a los ojos de Meritorio y emitía ruiditos de felicidad. Meritorio la arrastró fuera de la milonga.
-Demonio tentador ¿A dónde me llevas?
-Te voy a subir al obelisco para ver la luna de cerca.
Y subieron al obelisco y casi tocaron la luna, Gabina se quedó en lo alto y Meritorio la invitaba a lanzarse.
- Salta mi amor que yo te recojo- Gabina saltaba, Meritorio la recogía y eran muy felices.
-¡Qué hermoso amor!
-Qué ganas de que nos casemos.
-Yo tampoco.
Planeaban ir a París para tirarse desde el obelisco Luxor de la Plaza de la Concordia, una plaza muy cordial donde guillotinaban a todo quisqui independientemente del régimen vigente. Había amanecido, sólo el piar de unos pajarillos turbaba la quietud de la calle Corrientes.
-Esto ya me resulta muy corriente, volvamos a buscar a Bobarín.
En la milonga Bobarín y Agustín descansaban sus bailes cuando se acercó el desalmado de Lázaro que parecía perseguirles por la ciudad.
-¿No me saluda?
- Que le salude su tía.
- Su tía lo será usted.
- Tenga usted juicio y no sofoque a la señora – interrumpió Agustín, pero Lázaro lo ignoraba con desdén.
- ¿Ya no dicto ninguna palabra a su corazón?
- ¡Canalla y tunante!, esas me dicta. Abandone la contienda no vaya a pagar juntas todas sus fechorías.
- Castígueme que me excita.
Por la voz de Bobarín pasó un trémolo sollozo. - No me robe el sosiego, se lo ruego- pero ya era demasiado tarde, an el momento que vio al gaucho el pecho de Bobarín rezumaba angustia. El hecho de que este hombre hubiera terminado con su ilusión primera y de una manera tan hiriente le había trastornado los cascos. Agustín apretaba su mano para que ganara en confianza. Lázaro insistía en incomodar.
- Discuta conmigo Bobarín que aún tengo cosas horribles que decirle.
- Haga el favor Lázaro, no hay pelea si no se incendia el aire donde reposan las palabras- recitaba Agustín.
- Qué tío cursi este panolis que te has buscado. Recuerde Madame los lazos que nos unieron el día del asado.
- Rotos quedaron esos lazos para siempre.
- ¿Y para nada más?
- Para siempre y para nada más.
- Hiera a un amante y hallará un enemigo- continuaba Agustín con ese prurito de hacer frases ingeniosas que acomete a los intelectuales.
- Eso quisiera.¡Bobarín mi enemiga!- contestó Lázaro relamiéndose.
- ¿Por qué quiere hacerme desgraciada?
- Porque herirla me da la vida.
- Es usted un sanguinario.
- No señora soy de Rosario.
- ¿Está usted sordo?
- Tan sordo que ni veo.
- No lo soporto más, me voy a tomar una caja de Espidifen.
- El Espidifen no mata.
- Yo no quiero matarme, es que me da dolor de cabeza con tanta matraca.
- Las mujeres sois como las veletas, sólo paran cuando se oxidan. ¿ Un poco de tres en uno Madame?
Gabina llego justo a tiempo para oír esto último y llevada por un huracán de furia la emprendió contra el gaucho, Bobarín interfirió el ataque impidiendo males mayores.
- ¡Déjame incrustarle en la silla de un porrazo!
- No lo haga Gabina o acabaremos todos en una Institución pública de dudosa comodidad.
- Qué labia tiene Meritorio, trae que le atizo.
- ¡Detente!- Gritó Bobarín.
- ¿Quién es ese?
- Un amigo muy pausado.
- Encantada- respondió Gabina.
- El gusto es mío.
Mientras todos en la mesa saludaban a Detente que entraba en escena muy despacito, Lázaro había vuelto a desaparecer.
Continuará

10
abril 12

¿Para qué zarandear un panal de abejas?

Ama, espera, confía

porque no puede el que vence sin riesgo

decir que vence.

(Mercurio anima a Perseo) Calderón de la Barca.

                                 CAPÍTULO XXI

Bobarín y Gabina llegaron a un enredo de callejones en el oeste de la ciudad. A lo lejos sonaba un tango, parecía que no era tan contraria su suerte. Frente a la puerta de lo que creían un cafetín un anciano hablaba con su perro como si de un oráculo se tratara.
-¿Crees que hará frío esta noche Garufa?
-Guau, guau – contestó el perro al que gustaba repetirse. Bobarín interrumpió la interesante conversación.
-Perdone señor ¿En este sitio se puede bailar tango?
-¿No ven que estoy hablando con mi perro, quiénes se creen ustedes para interrumpirnos? Es usted…
- No me ladre. ¡Santo cielos qué mal envejece el mal humor! A mi también me molesta que hablen cuando interrumpo, pero a estos cuerpos les urge beber y bailar.
-¿Qué crees Garufa?- Preguntó el anciano a su perro oráculo.
-Lo urgente transciende lo inoportuno…- contestó el perro- Si quieren tomar y bailar están en el lugar adecuado, esto es una milonga.
-Gracias Garufa, entremos presto Gabina que el palique en la puerta sólo trae resfriados.
-Yo tomaré un vino blanco- dijo Gabina.
-¿Blanco? ¡El mejor blanco es un tinto!
-Pues sean dos tintos en vaso grande.
-Eso lo que es…es un vaso dilatador.
- O delatador…
Las dos amigas se fueron encendiendo con uva, Gabina que casi doblaba en edad a Bobarín se quitó unos años de encima y los puso debajo de la mesa, parecía una muchachita con su virtud y su carne prieta. En la mesa de enfrente un hombre que por ratos se rascaba la nalga y absorbía mate hizo un gesto con la cabeza invitando a Gabina a bailar. Gabina accedió azorada pero en un plin se dejó llevar demostrando su maestría, su soltura, su capacidad y su etcétera bailando tango.
-Olé, olé- aplaudía Bobarín.
-¡Qué rumboso es usted!- se animaba Gabina.
-Y eso que bailo tango…¿Y ustedes galleguitas a qué se dedican?
-A viajar, ahora vamos a tener que laburar porque estamos sin plata.
-Algo tendrán.
-El corazón para amar nos pesa, pero ni un peso.
-Ya somos unos cuantos millones, pero descuiden que la ley de los pobres es ayudarse.
-Pobreza obliga…Me está cayendo usted la mar de simpático, le ruego se siente con nosotras en la mesa.
Gabina y el simpático bailarín se reunieron con Bobarín.
-Encantado señora, Meritorio para servir a su amiga.
-Encantada, vaya sirviéndole otro vino qué bien lo merece.
- Si señora, buen vino gustamos en Argentina. Dicen que tenemos mejor carne que los ingles, mejor pizza que los italianos, mejor empanada que los gallegos y mejor vino que los franceses.
-No adivino quién lo dice…
-Yo adivino el parpadeo que las luces a lo lejos, van marcando mi retorno…- canturreó Meritorio clavando su mirada en los faroles de Gabina algo bizcos ya por la bebida y el baile.
-¡Ay Bobarín que este es de tu escuela! Me da a mi que me pretende.
-Déjate querer un poco Gabina.
-Si señora soy un hombre necesitado implorándole audiencia.
-Tenga mis oídos y mi atención pero también tenga en cuenta que este corazón octogenario tiene ya las paredes débiles.
-Déjeme alojarme en él y alicataré sus muros.
-Le aviso que es para usted mucho trabajo, habrá de hacer honor a su nombre.
Meritorio dobló el silencio con la mirada.
-Gabina, esos ojos suplican respuesta- animaba Bobarín a su amiga qué apenas acumulaba experiencia en amores y en tortillas de patata.
-Pues ale, sea usted el patrón de mi corazón en esta velada.
Al oír esto Meritorio sufrió un ataque de alegría cayendo fulminado.
-No se apure, le da por veces- apuntó el camarero.
-Pues esta vez parece la última- desespera Gabina mientras intenta levantar a Meritorio del suelo- No me deje en este valle de lágrimas…- rogaba desesperada a la bola de espejos que colgaba del techo. ¿Y Bobarín, qué hacía Bobarín en medio de este drama? Pues les voy a contar lo que hacía Bobarín. La mujer permanecía extasiada en su silla mirando al fondo del bar, desde donde un bulto de hombre se le acercaba, era Lázaro, el viril gaucho que había robado su corazón reventándolo con dinamita. Su rostro mudó de color y su voz arrugada demandaba botox con urgencia. Sin poder articular palabra permanecía como una piedra bloqueada ante el reciente recuerdo, ajena a otros desmayos. Mientras tanto Gabina hacía una friega de mate a su fulminado Meritorio bajo la nuca.
-¡Parece qué revive!- gritó Gabina.
-¡Parece que muero!- gritó Bobarín.
Lázaro caminaba del brazo de una hermosa mujer deslumbrando a nuestra dama con la delicada ironía de su sonrisa. Aquella ostentación de incomodarla, de ofenderla y maltratarla, tal vez estimándola, era más de lo que Bobarín podía soportar.
-¿Acaso finges quererme?
-En absoluto, fue todo una farsa, yo soy hombre de muchos amores.
-Empezando por el propio.
-Y terminando.
-Pues termine usted de una vez conmigo, cláveme sus puñales de acero. ¡Hiera, mate y huya!
-No sea usted dramática que me da lástima.
-Es todo lo que me queda para darle, a parte de un porrazo.
-No desistiré en molestarla hasta que me atice.
-¿Para qué zarandear un panal de abejas?
-Usted que se pica.
-¡Agárrame Gabina que le doy!
-¡Se impone la demencia!
-¡Gabina que me enajeno!
Pero Gabina estaba en otros menesteres. Meritorio despertó de su repentino letango, digo letargo, mientras la banda tocaba Volver. Con la mirada febril y borrosa se le iba apareciendo Gabina que le refrescaba la frente marchita, peinaba su sien plateada y soplaba para refrescarle.
- Es un soplo la vida…- susurró Meritorio acompañando al tango.
-¡Qué susto me ha dado!
-Tiene usted la expresión de la mujer que ha dialogado con los ángeles.
-Usted si que ha estado cerca de hacerlo.
Las historias se cruzaban haciéndose caso omiso.
-Por favor Lázaro, importune usted a otra dama, esto me va a matar- rogaba Bobarín al gaucho.
-Pues lo que le mata, le hace más fuerte.
-No es así el dicho- y dicho esto un apuesto caballero vestido de época que podría llamarse Paco pero sin embargo se llamaba Agustín acude a la mesa en su socorro. Bobarín cae al suelo medio bolinga ya sin fuerzas.
-¿Le están molestando señora?
-Ya me iba- dijo Lázaro tocándole el pandero a la mina que colgaba de su brazo.
El tercero en concordia abanicaba a Bobarín que recuperaba el color y un poco la compostura.
-Acepte mi gratitud caballero, gracias a usted y a Meritorio gano en fe hacia los porteños. A punto estaba de ingresar en un convento de arrepentidas.
-Pronto se le ha pasado.
-No voy a perder la fe a estas alturas- dijo Bobarín desde el suelo.
-Algunos amantes se creen soldados en guerra, creen en el revivir del amor tras la batalla.
-No era el caso, pero mi débil intuición le adivina a usted hombre de bien.
-Cualquier tierra puede dar hombres de mérito.
Bobarín brindó por ello terminando su copa.
-No tenemos remedio-acuñó Gabina.
-Me temo amiga que estamos llamadas a una suerte pareja con los hombres, yo por apego y tu por desapego.Brindemos por ello.
-No tome tanto señora.
-Bebo para sacarme un clavo del corazón.
Gabina vuelve a escena – Pues ten cuidado que a este ritmo se te va a salir hasta el de la cadera. El elegante Agustín asió a Bobarín con fuerza del brazo.
-¡Qué agustín!
-No se burle y baile conmigo, mujer fatal.
-Fatal lo estará usted.
 (Continuará)

 


2
abril 12

La vida es una herida absurda

 

El mejor profeta del futuro es el pasado. Antonio Buero Vallejo

 CAPÍTULO XX

Bobarín observaba afligida el Congreso de Desocupados, hoy en día el trabajo es muy divertido, podemos pasar horas observándolo, unos porque no lo tienen pero lo quieren, otros porque no lo necesitan y otros lo observan cumpliendo el mito del funcionario mito más extendido que el de la caverna de Platón.
- Por estar en paro está hasta la Virgen que ya ni se aparece- dijo Bobarín.
- Pues yo he oído que sigue apareciéndose en Zaragoza, a Lourdes sólo va de vacaciones.
- Mira Gabina parece que van a volver a registrarnos por culpa de la Kalashnikov.
 La policía abrió el bolso de Bobarín y encontró más de 50 frascos de 100 ml.
- ¿ Y esto señora?
- Como no me dejaban traer mis botes de 200 ml los he dividido, este tan mono es ántrax, este cianuro, este cloruro potásico…
- Está bien pase, pase que tiene más labia…!
 Apenas traspasar la puerta de salida del aeropuerto toparon con un simpático señor asiendo un cartel que rezaba “ Perpleja”.
- Ese señor debe venir a por nosotras, Gabina.
- Buenas señor, soy Madame Bobarín la más perpleja, para servirle.
- Encantado, permitan que me presente, Lázaro, para guiarles a ustedes por donde gusten.
- Cómo me alegro porque nunca he entendido porque la gente de pueblo como yo disimulan su sorpresa y admiración al llegar a un nuevo país.
- Ustedes disfruten y pregunten lo que quieran.
 Era una hermosa y gorda mañana de verano en Buenos Aires, Gabina y Bobarín subieron a la furgoneta de Lázaro mientras contemplaban extasiadas el paisaje.
-¡Qué campos, qué vacas! No entiendo por qué las vacas argentinas viajan a Madrid teniendo esto- dijo Gabina.
- Tal vez no viajen por su gusto…
- Precisamente por su gusto me da a mi que viajan- añadió Lázaro.
- ¡Los solares que harán falta para hacer un campo tan extenso!
- ¡Menudo invento!
- ¿Y por qué tiene tantas vacas?
- Para que parezca un campo Gabina.
- Pero son muy caras, tal vez por eso deben compensarlo con margaritas que son más baratas.
- Si Gabina, las flores donde mejor están es en el campo, porque luego les da por ir a los nacimientos y a los entierros y no hay quién las aguante.
- Los campos ya no son como antes, hace apenas un mes la hierba me llegaba a la rodilla- infirió Lázaro mientras un labrador segaba los campos.
 Bobarín comenzó a sentir un leve cosquilleo en la región temporal que es donde ella siente el amor pinzándole el hipotálamo.
- ¡Ay Gabina que me ha dado!
- Bobarín pero si aún no hemos llegado a la ciudad, te habrán confundido las vacas.
- Ha sido Lázaro, su camisa de cuadros, su sombrero de gaucho, sus viriles manos al volante.
- ¿Decía señora?- infirió Lázaro.
- Comentaba la cantidad de camiones que recorren la carretera al corazón…
- ¿Disculpe?
- ¿Nos podría llevar a tomar un asado? Estamos hambrientas.
- Por supuesto les llevaré a lo de Mauricio, que hace los mejores asados de Buenos Aires pero hemos de dejar el vehículo e ir en colectivo.
- ¿Qué es un colectivo?
- Es un mueble gordo en el que se mete la gente muy apretada.
- Ah! Como el autobús.
- Exacto. Pero en el colectivo siempre cabe alguien más mientras no se demuestre lo contrario.
- Igualito, igualito lo tenemos en Madrid, pero a mi siempre me ofrecen asiento los caballeros temiendo que me siente encima de ellos.
- Aquí sólo se puede entrar de canto.
Aparcaron la furgoneta y viajaron en colectivo a lo de Mauricio. Para llegar antes cogieron el colectivo una parada después. Un frondoso jardín y una humeante parrilla acogió a nuestras protagonistas. Mauricio era un hombre fibroso y vegetariano que cocinaba “la chicha” como nadie.
- A mi deme costillas por favor.
- ¿Para qué sirven las costillas?
- No sé , para localizar los dolores, a mi me duele entre esta y esta.
-Eso es el corazón- dijo Lázaro.
-Si es que yo le amo con fervor, gaucho mío.
- Tengan señoras prueben este churrasco- infirió Mauricio.
- Qué lástima que esta vaca no esté más cocinada.
- ¿Está muy cruda?
- Creo que todavía respira.
 Mauricio como buen vegetariano al ver el rojo interior de aquella carne sufrió un desmayo.
- ¡Rápido, una transfusión de remolacha!
Consiguieron revivir a Mauricio, los pájaros cantaban, las vacas mugían en la parrilla y el amor se confundía con el suculento olor a carne mientras Bobarín pelaba la pava en lunfardo con el porteño Lázaro.
- Hermosa, si vamos a tener una relación insisto en que debemos discutir y partirnos el corazón para luego escribir un buen tango…
-Pero Lázaro yo nunca me he peleado con un señor.
-Entonces lo descubrirá junto a mi. ¿Hay algo más bonito?
- La peineta de la Virgen del Rocío. ¿Para qué pelear sino valen golpes bajos ni abrazos? Sepa usted que yo sólo quiero abrazar su masculinidad.
Pero el poder persuasivo del gaucho hizo que el amor del hipotálamo Bobarino terminara en discusión, sin persuadirse fue cediendo al capricho de Lázaro con el que por fin consiguió tener un litigio corriente. Si Bobarín decía blanco, Lázaro decía negro, si ella decía negro para agradarle, el decía que ella no tenía personalidad ni principios. Si el gaucho se ponía pelos rubios en la chaqueta para darle celos a la dama, Bobarín se cambiaba de peluca.
-¡Qué hermoso estar enamorada, mi cabello se ha vuelto adorablemente rubio!- estos incisos que pretendían apaciguar el ambiente sulfuraban más a Lázaro.
- Despierta Bobarín, soy un hombre libre y salvaje y de vez en cuando digo a mi amada que me voy a los Lagos de Sur, que es justamente donde no voy.
- Mi amor, mi dulce de leche, mi alfajor, yo haré que me creo que estás en los Lagos del Sur, incluso puedo enseñarte a ahogarte en un lago.
- Nada tiene que enseñarme usted pues yo todo lo sé y usted es una más del montón para mi.
-¿Qué es un montón, mi amor?- continuaba Bobarín completamente embriagada por la uva ciega del amor.
La intensidad de la disputa fue subiendo gradualmente, aquél gaucho no escatimaba en el grosor de los insultos, era realmente generoso.
- Bobarín lo que tiene que hacer usted es darme guita para que yo pueda invitarla- y Bobarín hipnotizada por sus ojos y sus napias quedó pescada en el anzuelo de su nariz perdiendo la cartera y la razón, que es lo que en ocasiones le hace a uno el enamorarse. La novedad ante el cisma la tenía perpleja, por fin conocía lo que era una vulgar pelea de pareja, era como perder la inocencia y volver a sus años mozos. Lázaro intentó robarle la autoestima pero Bobarín la tenía guardada en la faja y estaba sentada sobre ella.
- Me voy, marcho a los Lagos de Sur.
- Qué pesado con los Lagos del Sur, creí que me amaba-
- No señora, me ha querido demasiado en pocas horas y ahora me aburre.
- También pasa vicealcontrario, ¿ No me escribirá?
- No Bobarín.
- ¿Cómo voy a vivir sin sus faltas de ortografía?
- Como ha vivido hasta ahora.
- Hay que ver, no somos nada.
- Sobre todo usted. Adiós muy buenas.
- Hasta el año que viene- sollozó Bobarín allegando al hueso de una costilla mientras buscaba el calor y apoyo de su amiga.
- Me da a mi Gabina que viéndome ávida de cariño y ciega de amor éste Lázaro me ha engañado- dijo Bobarín rompiendo a llorar definitivamente.
- Has de ser cisterna Bobarín, no seas fuente.
- ¿Qué dices Gabina? Eso me suena al “be water my friend“ de Bruce Lee versión Gabina- dijo Bobarín esbozando una sonrisa.
- ¡Que contengas, que no desbordes!
Habíase secado el manantial de sus lágrimas cuando Gabina la abrazó ofreciéndole un poco de chorizo criollo.
- No sufras Bobarín, hace poco me enseñaste que la apariencia era un error del entendimiento, has querido ver lo que no era, a veces para ver hay que escuchar o comerse un pimiento.
- ¡Qué Dios te bendiga Gabina!
- Deja, deja que la bendición relaja demasiado y mira luego cómo acabas. ¡Que bendiga al chorizo…criollo!
Bobarín guardaba los restos que yacían en la parrilla en el interior de un tupper mientras canturreaba un tango en voz baja:
“La vida es una herida absurda,
y es todo tan fugaz que es una curda, ¡nada más!, 
mi confesión…”
Menos poseída ya de su ardiente pasión y generosidad, le puso una mantita a su cuenta corriente que se había quedado al descubierto y se fue con Gabina al centro a buscar trabajo.
Ilustración, Bobarín germánica preparada para viajar a la sierra de Córdoba, Argentina, antiguo gueto alemán.