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23
julio 14

Bobarín sienta la cabeza

CAPÍTULO XLVI

A veces el piso más alto es el peor amueblado.

Madame Bobarín

 

Stradivarius cabalgaba a lomo de Cary Grant; unidos por la desesperación perseguían el tren en un vano intento por dar caza a sus amigas. Gabina y Bobarín representaban para ellos una alegoría a la vida, la ilusión, la magia, la alegría, la esperanza, un destino en libertad, un sueño… Un sueño que no alcanzarían nunca si ese tren paraba porque señores, sólo ellos eran dueños de su destino y había llegado el momento de cortar aquel cordón umbilical.
- ¡No nos dejéis aquí!
- ¡Bobarín te necesitamos!- gritó Cary desmoralizado, pero las damas parecían no haberse dado cuenta de la triste escena que acontecía en el exterior.
- ¡Oh Dios mío! ¡Qué tristeza! ¡Corre más jamelgo, corre!- Stradivarius golpeó con su funda la ventana del tren sobresaltando a las mujeres.
- Bobarín, estoy fatal, me creo hasta lo que veo.
- ¡Ostrás! Cary y Stradivarius nos persiguen.
- Qué pare el tren- ruega Gabina.
- No Gabina, déjales ir. Hazme caso, les hacemos un favor.
- Oh Bobarín, no puedo, son nuestros amigos, nos necesitan.
- ¡Qué nos van a necesitar! No mires atrás.
- ¿Por qué?
- Si miras atrás la imagen permanecerá como una promesa y no es bueno vivir esperando nada.
- Pues bien que hemos esperado para que no se nos escapara este tren.
- ¡Ah no! El tren nos esperaba a nosotras querida.
Fuera como fuere y ante la desolada mirada de nuestros amigos, el tren fue haciéndose pequeñito hasta despeñarse en el horizonte.
- Siendo los dos una tristeza, ya no será tristeza si no alegría- se consolaba Cary.
- Tú eres bobo.
- Bueno, era para consolarte, ni siquiera la frase es mía es de Villaespesa…
-Espeso estás tú.
El tren ya había desaparecido mientras Cary y Stradivarius se consolaban con el mal de muchos y unos gin tonics.
***
Un sacerdote debidamente ataviado con su traje talar tomó asiento junto a nuestras damas.
- Creo que ha llegado el momento de sentar la cabeza- pensó Bobarín en voz alta.
- ¿Decía algo señora?- El cura parecía ansioso, al hombre le habían aconsejado en su diócesis que hiciera un viajecito para desengancharse de sus vicios y es que últimamente se había vuelto adicto a los secretos de confesión.
- Sí, ya lo he decidido, voy a casarme conmigo misma- bajo la perpleja mirada del sacerdote Bobarín se levantó y agarrando a Gabina del brazo se dirigió hacia la locomotora en busca del “Capitán del Tren” que gustoso y con la bendición de Gabina casó a Bobarín con ella misma embargada de alegría e ilusión.
- ¡Cómo me quiero!
- ¡No he visto nunca un amor igual!- sollozaba Gabina llevada por la emoción.
En el vagón y ajeno a todo, Toulouse pintaba bocetos y apuntes de Madame Bobarín.
- Te puede dominar la belleza o la cabeza, pero yo nunca dejaría que la belleza me domine- le interrumpió Bobarín mientras curioseaba los dibujos por encima de su hombro.
- … claro que siendo usted tan bella debe resultarle difícil…
- ¿Lo dice con retintín?
- No señora lo digo yo solito. A mi nunca me dominará la cabeza porque la he perdido por usted.
- Pues por mi en lugar de perder la cabeza ya podría encontrar un buen trabajo.
- Por usted me haré ingeniero. ¿No cree entonces que es un mérito vestir tanta hermosura con tal holgada inteligencia?
- Yo no creo que las guapas sean tontas por necesidad, sólo que a veces se hacen bobas sin necesidad.
- Eso lo dice usted que además de belleza posee una inteligencia cegadora.
- Qué va, a veces estoy tan lenta que me parece que una persona se cruza consigo misma frente a mis narices.
- Eso es que la gente va muy rápido, andan como locos de un sitio para otro sin disfrutar de las pequeñas cosas, como el hecho de estar con usted.
- Hombre pequeña cosa…nunca me habían llamado.
- Entiéndame usted, para mi sois una persona grande.
- No se paseeee…
- No me refiero a su tamaño. Míreme a mi que como buen fruto de la endogamia no levanto ni un metro y medio del suelo.
- Mire jovencito si no fuera capaz de empatizar no me gustaría nada lo que dice.
- ¿Pero le gusta?
- Es que soy muy empática.
- Y le sienta a usted muy bien esa enfermedad.
- Me sonroja. ¿Pero no considera que es usted muy joven para mi?
- No sería tan joven, ni tan bajo, si no apuntara tan alto.
- Hombre visto así…
- La amo por auténtica, por ser usted misma.
- ¡Ja! Imagínese vivir siendo otro mismo.
- No le falta razón pero no me negará que la sociedad esta insiste en imponernos las pautas para ser feliz. ¡A mi me van a decir lo que necesito!
- ¿Y qué necesita usted para ser feliz?
- Con mi lienzo y mis pinceles me basta.
- Es usted el hombre de mi vida, además me cabe en el bolsillo.
- La amo. ¿No tiene sitio para mi en su corazón?
- Seguro que sí, espere que haga mudanza que siempre tiro algo.
Gabina llevaba un buen rato propinando codazos a Bobarín escandalizada por lo que estaba sucediendo.
-Bobarín ¿Has perdido la cabeza? Deja de coquetear con ese hombre ¡Que acabas de contraer matrimonio mujer!
Bobarín llevada por la lujuria y haciendo caso omiso de su amiga, se lanzó sobre Toulouse propinándole un beso de Supercinexin.
- Muy bien. Te has puesto los cuernos a ti misma. ¡Adúltera, adúltera!- gritaba Gabina por el pasillo.
-Tranquila que yo me perdono soy una mujer muy comprensiva y nada rencorosa- y continuó besando al pintor mientras se lo metía en el bolsillo.
- ¡Ay! ¡Qué bien se está cuando se está bien!- suspiró Bobarín.
Continuará

Algunos prefieren asomar la cabeza al cielo a meter el cielo en su cabeza. Capítulo dedicado a Gabriela Fígulis.

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14
julio 14

Postimpresionado. Toulouse-Lautrec pierde la cabeza

CAPÍTULO XLV

Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro. Jacinto Benavente

Lautrec
 
En capítulos anteriores:

Stradivarius, el caballo Cary Grant, Gabina y Madame Bobarín se las veían para sobrevivir ante la creciente e imparable espuma de plátano que había invadido su hogar. Ambas damas huyeron despavoridas de la casa abandonando indolentes violín y caballo a su suerte. Sin más enseres que un libro y un cepillo de dientes -con el único fin de tener algo que llevarse a la boca- se descolgaron por la ventana hasta la calle.

-Bobarín me voy a la peluquería a leer revistas- dijo Gabina sacudiéndose los tropezones de plátano de su vestido, como si tal cosa.
-Muy bien, yo aprovecharé para tomarme una cerveza en Santa Bárbara mientras devoro mi libro- jubilosas, se despidieron las damas tarareando Plátano Baloo como dos colegialas.
No llevaba Bobarín más de cinco minutos en la cervecería cuando el camarero se acercó ofreciéndole el teléfono.
-Señora, le llaman de la peluquería “Te Tomo el Pelo”
-Ah, esa es mi amiga Gabina. ¿Cómo sabe usted que soy yo la que busca?
-Me la han descrito.
-Y por curiosidad. ¿Cómo me ha descrito esa sinsorga?- pero cuando Bobarín levantó la cabeza el camarero había desaparecido.
-¿Gabina?
-Sí, Bobarín te llamo porque he tenido un pedazo de idea y me da miedo que se me olvide.
-¿Por qué no te vienes aquí y me la cuentas?
-Por que es una idea muy grande y pesa mucho.
-Bueeeenooo, pues te envío a Paquito el camarero que es muy fuerte para que me la traiga.
-Esa si que es una buena idea. ¿Y tu cómo haces para que no te pesen?
-Para que no pese una idea sólo hay que realizarla- y apuró su cerveza con un sonoro sorbo de los que roban el alma a la cebada.
En promesa de una buena propina Paquito hizo gustoso el recado aunque a duras penas pudo traer aquella la idea que de tan grande no cabía por la puerta por lo que se vio obligado a dejarla aparcada en la acera.
-Señora su amiga me ha encargado que le de este nota, la idea la encontrará aparcada en segunda fila a cargo del guarda llaves.
-¿Le parece a usted bonito? Ahí pueden estar las ideas, claro, así a la hora de la verdad nadie tiene una idea buena, ya lo decía mi madre “Hija mía tu no pienses” y va usted y le hace caso- contestó Bobarín mientras asomaba con curiosidad la cabeza por la ventana para encontrarse con una locomotora agitándose como una batidora; con calma y dando un trago a su nueva cerveza abrió la nota de Gabina.
“Querida, te espero en el primer vagón. Nos vamos en un viaje sin destino ni retorno previsto. Deja de leer ese libro y levanta el culo de la silla, la lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren. Estoy como una locomotora, veo la luz al final del túnel y no es un tren. Celebremos nuestra libertad por todo lo bajo. Gabina.”
Por todo lo bajo es como se venían celebrando las cosas desde que la crisis arrasara el mundo, lo de celebrar su libertad era un género de vida que llevaban siglos practicando y el libro lo seguiría leyendo allá dónde fuera, lo único del plan que excitaba a Bobarín era el hecho de tener un tren a su plena disposición.
-Señora, su tren de largo recorrido está en la puerta fumando pitidos, el maquinista parece ansioso, pegada a una ventanilla una señora llora y se suena los mocos mientras se despide de un violín que toca la canción más triste del mundo- se quejaba Paquito esperando su propina.
-Venga, por simpático le dejo las aceitunas- se despidió Bobarín mientras vaciaba los cacahuetes en su bolso y dejaba un par de olivas custodiadas por un puñado de relucientes huesos.
Cuando Bobarín llegó al vagón Gabina conversaba ufana con un hombre de acentuado acento francés, un individuo de pequeño tamaño con barba y gafas coronado por un bombín que batía su bastón en el aire llevado por la euforia de la conversación. Al ver a Bobarín cesó de aspear los brazos y aflojándose la corbata se presentó a nuestra dama.
cabaret copy-Toulouse-Lautrec para servirla- dijo el galán besándole la mano.
-Madame Bobarín, para que me sirva usted… un gintonic.
-Es todo un placer. ¡Marchando un gintonic!- Toulouse desenrolló un lienzo y pintó en él un gintonic con mucho hielo, terminada la obra introdujo su mano en el cuadro y ofreció a Bobarín el aparente bebercio.
-¡Oh! Muchas gracias caballero, usted y yo sí que vamos a hacer migas. Bueno migas para desayunar pero visto su don creo que vamos a cenar ostras y caviar.
-Acompañado de un ChâteauLafite Rothschild.
-Hombre ya que estamos y si no le importa prefiero el producto nacional. ¿Qué tal un Vega Sicilia con Denominación de Origen Ribera del Duero?
-No sé yo ese vino qué tal lo pintaré…lo que suelo hacer es pintar “tempranillo” por la mañana un Cabernet Sauvignon y lo dejo cinco años en barrica, pero a estas horas…
-¡Vaya a usted a saber dónde estamos dentro de cinco años!
-Yo también soy artista, artista independiente- interrumpió Gabina.
-Más bien es artista dependiente, primero fue dependiente de sus padres y ahora de mi- apuntilló Bobarín.
-Lo que es todo un arte es verme así con mi edad- contestó Gabina con la cabeza bien alta mientras se tocaba el busto orgullosa.
-Lo malo de viajar en coche-cama a esta edad tan artística…es que una termina baldada.
-Eso se arregla con un masaje.
-Miedo me dan los masajes, ¿Cree usted que si me doy un masaje corro el peligro de adelgazar?
-En todo caso adelgazaría el masajista.
-Qué labia tiene usted. Creo que sale el tren.
-¿Lo ha visto moverse?
-No. Hay que saber ver por las orejas querido Touloue- dijo Bobarín guiñándole un ojo al pintor, en ese momento la cabeza de Toulouse desapareció bajo el bombín que flotaba en el aire como si de un Magritte se tratara.
-¡Diantres! Otro hombre que pierde la cabeza por mí. Gabina, por favor, pregunta al revisor si hay alguna cabeza con olor a trementina en objetos perdidos.

 Capítulo dedicado al antes amigo que poeta George Clark

Notas de interés: Otro título que barajaba ” Tolouse-Latrain” (en inglés postimpresionista, perder el tren)

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1
junio 14

República Bananera

CAPÍTULO XLIV

Llega un momento que te das cuenta de que no es que te hayas especializado en algo, sino que algo se ha especializado en ti. Arthur Miller

 

Sor Olla. Actualmente expuesto en la Galería Ara Arte. Madrid

Sor Olla. Actualmente expuesto en la Galería Ara Arte. Madrid

    El deseado actor continuaba pretendiendo a Bobarín con el único fin de heredar su fortuna que -como nosotros sabemos pero el ignoraba- se reducía a un puñado de ilusiones ya invertidas en delirantes negocios de dudosa rentabilidad. Por su lado, la astuta Bobarín había conseguido que los aires de grandeza abandonaran a La Marquesa que como un globo deshinchado yacía flácida sobre el diván.
-¿Sabías que doña Adelaida se ha separado de su marido?
-¡Ya han tardado!- cotilleaban las damas al fondo de la sala.
-Yo soy de clase media, no tengo acceso a reflexiones tan profundas…- ironizó Bobarín.
-Por mí como si se separa Ortega de Gasset o Ramón de Cajal – interrumpió Gabina.
-Aquí todos tenemos ganas de contar nuestras historias.-se quejó “La Marquesa”.
-Lo malo es que sus historias son siempre las de otros…
-Así se habla Gabina y usted marquesa a ver si deja de refunfuñar- añadió Bobarín.
-Pero si no he dicho ni muuuu.
-Que utilice usted silenciador no significa que no se delate el “refunfuño” en su rostro.
-Una ya no puede ni sufrir en paz. ¡Ay qué vida más dura…!- se lamentó la marquesa.
-Mujer, deje de darse pena de si misma, mejor démonos alegrías de nosotras mismas.
Bobarín comenzaba a cansarse de sus invitados, sobre todo de los que pagaba por horas mientras vaciaban su mueble bar, por lo que fingió recibir una carta sazonada en ántrax y ordenó desalojar la casa y acordonar la zona. Clooney que ahora era un clásico mayordomo “Fermín” se despidió apesadumbrado; estaba el Cassanova besando con elegancia a nuestra dama cuando pegó un respingo hacia atrás.
-¡Pardiez! Creo que el ántrax le ha afectado al crecimiento capilar. ¡Me ha pinchado con el bigote!
-¡Se habrá creído usted que el bigote es exclusividad de los hombres!
-No se excite, al menos no tiene usted un pelo de tonta.
-¡Ah no! Cuando me sale uno de esos me lo quito con la eléctrica- respondió Bobarín señalando el enchufe.
-Aunque me pinche usted no se olvide nunca de mi, recuerde que este humilde actor la amó por conveniencia. Nunca un querer ha sido tan interesado.
-No se preocupe, de vez en cuando le preguntaré a mi ascensor que tiene más memoria que yo.
-Adios muy buenas Madame.
-Mira Gabina, acabo de perder otro novio.
-No te preocupes querida, tendrás otros y también los perderás.
-No sé qué haría sin ti. El origen de mi fortaleza es que nadie me ha amado nunca…
Stradivarius y Cary se habían escondido en la cocina para no ser desalojados con el elenco y aprovechando el ambiente culinario cocinaban unas chuletas de cordero y un batido de plátano.
-Mmmmm…Parece que algo se está cocinando.
-Menos mal porque a este paso me voy a quedar en los huesos- se quejaba Gabina que al compartir aventuras con Bobarín a estas alturas del libro ya había perdido treinta kilos.
-La única manera de no quedarse en los huesos es comiendo- dijo Bobarín mientras hacía una demostración práctica con las chuletillas, allegando al hueso y dejándolos bien peladitos sobre el plato.
-¡Bobarín! ¡Con tus demostraciones te has vuelto a comer todas las chuletillas!- se quejó Gabina.
-Ten cuidado Gabina que la gente termina siempre por condenar a los que acusa. Observa, huesos y huesos.
-No se preocupen señoras ahora mismo les traigo el postre- no terminó esta frase Cary cuando comenzó a salir una enorme masa amarillenta de la cocina invadiendo el salón, aquel magma ambarino semejante a la espuma para apagar incendios anegó el piso engullendo a nuestros protagonistas.
-¡Oh Dios mío! ¿Qué es eso?- gritaba Gabina. Entre el espumajo se oía la voz ahogada de Stradivarius.
-No se qué ha pasado, me he puesto a batir y aquello ha comenzado a crecer…
-¿No estarías batiéndolo con nata?
-¡La que has montado!
-Esta casa se ha convertido en una República Bananera.
-¡Siempre dando la nata!- bromeaba Gabina mientras se relamía.
La espuma de plátano había invadido ya la sala, Bobarín aprovechó para afeitarse el bigote, Stradivarius tocaba aquella bonita canción de los plátanos de Canarias, mientras Cary al intentar seguirle el ritmo planeó sobre las peladuras…
-¡Cáscaras! ¡Qué resbalón!
-¡Estoy de los carbonos hasta los hidratos!- se quejaba Bobarín mientras intentaba alcanzar la puerta.
-Esto no parece oro ni plata ni naaaa…- protestaba Gabina sacando la cabeza por la ventana.
-Tu come a ver si baja la marea.
-¡Me has mordido los bajos!- gritó Cary que reaccionó propinándole una patada a Bobarín en el trasero.
-Esto parece un batido de futbol.
-¡Ponle setas y hacemos la Champiñons League!- acuñó Gabina.
-¡Menuda frutada!
Continuará

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3
marzo 14

Un cúmulo de imperfecciones perfecto

CAPÍTULO XLIII

Los deseos se tienen, no se piden. Lo que se pide es el objeto del deseo. Francisco Umbral

MADAME BOBARÍN

Madame Bobarín llevaba horas sin levantarse de su diván, disfrutando agradecida de la vida horizontal. Stradivarius, Cary Grant y George Clooney atendían a sus deseos colmándola de caprichos y piropos. Es curioso cómo Bobarín suele despertar un deseo irrefrenable de cuidarla, no es que parezca débil, qué va, tal vez, el hecho haber adquirido como actitud el hacer lo menos posible había sido asumido por el resto de sus amigos de tal manera que llegaban a creer que tenía algún problema en desplazarse a causa de su peso, como si el solo hecho de levantarse pudiera agotarla o quizá la desinteresada generosidad de la dama les hacía sentirse deudores de aquella entrega casi servicial que, por otro lado, la dama agradecía junto esa cándida sonrisa que tanto escasea en el mundo este. Pero Clooney llevaba esta entrega a tal límite que comenzó a convertirse en un mayordomo inglés.
-¿Desea algo de comer Bobarín?- se ofreció Clooney con una servilleta blanca colgando del antebrazo.
-No, gracias Fermín. No como entre bebidas.
-Debería comer como yo, para empapar.
-No me extraña que sea usted tan pesado, comiendo tanto…
 -Las que no paran de comer mientras la critican son la marquesa del Foie y sus amigas.
-”La higadilla” es tan chismosa que aprendió francés para cotillear en dos idiomas.
-Es evidente que no maneja biel el arte del dime y direte. Cuando se critica no se come.
Desde la mesa de juego se escuchaba a la marquesa arder en quejas, asegurando indignada tener un pelo en la sopa.
-Bobarín, disculpe pero esto es inaceptable, tengo un pelo suyo en la sopa.
-¿Qué me ha ahogado usted un pelo?
-¿Uno? Creo que tengo más pelos que fideos.
-¡Es usted una pelicida! ¡Salga ahora mismo de mi casa!
Gabina se acercó a Bobarín para intentar paliar sus sofocos con gin tonic.
-Bobarín, intenta condescender. Comprende que esta mujer es una multimillonaria muy desgraciadita.
-Supongo que el dinero le ayudará a soportar las desgracia.¿No?
-La mujer no valora las cosas importantes…los pelos en la sopa, la amistad…
-Señora, venga pa acá que yo le enseño a usted a ser pobre en un periquete- exhortó Bobarín dirigiéndose a la Marquesa de Foie.
-¿Haría eso por mí?
-Sólo tiene usted el cerebro un poco esclerosado, tráigalo pa acá que le hago unas friegas. También necesito que meta toda su fortunita en mi caja fuerte.
-¿Y seré pobre de verdad?
-No tendrá usted ni un cepillo de dientes que llevarse a la boca.
-¿Y seré capaz de valorar las cosas que uno tiene que valorar?
-Dinero, buen vivir, viajes, jóvenes apuestos…dejará usted de ser amante de esas zarandejas.
-¿Dejaré de ser avariciosa?
-¡Ohhh querida! La avaricia termina cuando empieza la pobreza.
-¿Seré humilde?
-Le enseñaré a ser una nueva pobre, pero sin hacer ostentación de su pobreza.
La Marquesa comenzó por abandonar sus aires de grandeza, un huracanado viento recorrió la sala desordenando las pelusas que descansaban bajo los muebles. La grandeza volaba como un pajarillo desorientado entre cuatro paredes, chocándose con los muebles y rebotando contra el suelo.
-La ambición puede volar, pero también arrastrarse. Gabina, por favor, abre la ventana a ver si se va esta ciclogénesis con aire fresco.
Los aires de grandeza parecían resistirse a separarse de la marquesa. Después de haber compartido toda una vida juntos, abandonar el cuerpo de la dama significada salir de la cárcel en la que había nacido. ¿Qué sería de su futuro ahí fuera? ¿Encontrarían a otras personas dispuestas a sentirse superiores?
-¡Volad libres, volad! Sólo tenéis que tomaros a vosotros mismos a la ligera- les animaba Bobarín. Y en el preciso instante que los aires de grandeza se tomaron a la ligera, se hicieron humildes y regresaron dentro de la Marquesa. La sala aplaudió la alquimia y “La higadilla” se terminó tan contenta la sopa de pelos.
Cloonney, maravillado por los dones de Bobarín se acercó a ella retomando aquella conversación que interrumpió el maldito óculo de la discordia.
-Cuando llegué me iba a contar usted a qué se dedicaba.
-Estaba pensando en alquilar perros lazarillos para citas a ciegas.
-¿Entonces ligan los perros?
-Nunca se sabe, tal vez se trate de ligar por los perros que es mejor que por los pelos.
-¿Y si no funciona el negocio?
-Alquilaré perros ciegos para personas lazarillo.
-Aventurada empresa pero ¿y si eso tampoco funciona?
-Me haré futbolista.
-¿Futbolista? Los futbolistas son perseguidos por la ira de los aficionados y por las mujeres que olfatean su cartera. ¿Por qué no trabaja usted en televisión?
-¡Huy! Mi cara es más para la radio. Aunque ahora tengo catarro y cuando hablo, toso.
-¡Qué catarro más prudente!
-Es un señor catarro.
-Entonces envíelo usted a trabajar y quédese conmigo.
-¡Contrólese Clooney! No adule mis imperfecciones.
-Es usted un cúmulo de imperfecciones perfecto.

(Continuará)

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3
febrero 14

Maestra de ceremoñas…

CAPÍTULO XLI

Un capítulo de novela rosa en blanco y negro

Odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen filete. Woody Allen

En el último capítulo Madame Bobarín tonteaba descaradamente con un falso George Clooney,   parte del elenco contratado por Gabina y Bobarín para pasar la velada.

Un capítulo de novela rosa en blanco y negro
 
-¡Qué elenco más aburrido! A este paso voy a terminar siendo maestra de ceremoñas- se quejaba Bobarín- Gabina ¿El carnicero no tenía que venir hoy?
-Tenía que haber llegado ates de ayer.
-Esto pasa siempre con los impuntuales, la única manera de que lleguen es esperarles y la única manera que tienen de llegar es irse.
-Pues este no se va.
-Shhhh…No digas tonterías en público.
-¿Y cómo se yo si son tonterías? Cuando estamos solas te parecen bien.
-Pues eso, tu no las digas en público.
-¿Y por qué?
-Por que luego me toca hacer que nos entiendan y ahora estoy ocupada. Escoger el momento es ahorrar tiempo Gabina…- farfullaba Bobarín mientras recorría la salita con la mirada analizando a sus tediosos invitados.
-Qué cosas le dice usted a su amiga- interrumpió Clooney.
-Descuide. Gabina es una no conformista apacible, con ella da gusto- respondió Bobarín mientras Gabina sonreía en su regazo.
-No nos tomamos tan en serio como hacen ustedes…los actores de la vida esta. Nos conformamos con encender focos de alegría popular- aseguraba Gabina mientras abrazaba a su amiga.
 El actor, confundido, giraba sobre la alfombra bailando los vientos y la polca por Bobarín.
-¡Es usted diplomático!-observó Bobarín.
-No señora ¿Por qué dice eso?
-Porque he notado que se le da muy bien comer canapés y bailar la polca.
-En estos momentos soy por completo un corazón enamorado.
-Y mareado…¡Deje de girar por Dios! Que se le está poniendo cara de alfombra turca.
-¿Usted no sigue a su corazón nunca?
-Depende del marca pasos que lleve. La última vez tuve que montarme en un taxi y decirle “Siga a ese corazón”
-¿Y qué pasó?
-Pinchó el taxi…Mire, en las grandes crisis el corazón o se rompe o se curte; así que a estas alturas tengo por corazón una bota de vino de cuero español.
-Olvide los dolores pasados, bebamos juntos de su bota. La vida no va sin grandes olvidos, con que se quede usted con la esencia de lo aprendido…
-Aprehendido…en esencia o me olvido enseguida o no me olvido nunca.
-De todas formas la memoria no es nunca la misma.
-Está claro, además para crecer hay que apostar…Lo mejor para no equivocarse, es no hacer naaa. Hay que arriesgar, si señor, hay que arriesgar…¿Pero quién le ha dicho a usted que yo quiero estar acompañada?
-¿Tiene usted miedo a las relaciones?
-No me venga con esas ¿O es que tiene usted miedo a la soledad?
Clooney presintiendo que Bobarín se encontraba a punto de sucumbir a sus encantos tomó asiento junto a ella sujetando sus manos con la dulzura del tío más cursi que se puedan imaginar.
-Hay que caminar hacia adelante, nada llega por si sólo; excepto el miedo.
-Sí, ese te va a buscar, el valor es el que espera arrezagado.
-Señora, yo no hago caso de habladurías pero me han soplado que está usted enamorada.
-Soplado, soplado…Pues con la bota de vino se puede usted imaginar que lo que tengo es un soplo de corazón. ¡Uno gordísimo! Tanto que me han salido dos señoras en mis ventrículos embriagados- despistó una vez más nuestra dama que al sentirse atravesada por la flecha de Cupido intentaba inútil cambiar la dirección del viento -¡Qué viento!- del huracán que agitaba todo su cuerpo y estallaba su corsé como una mascletá.
-¿Me haría el favor de presentármelas?- se interesó Clooney mientras esquivaba el último latigazo de la cinta del corpiño.
-Sístoles y Diósteles- dijo Bobarín entre jadeos, señalando a dos hermosas damas que la abanicaban- creo que son hijas de alguna deidad griega- Clooney aprovechando el mareo de Bobarín puso sus frías y nerviosas manos sobre el pecho excitado de la dama que con los ojos oportunamente cerrados esperaba ansiosa el deseado ósculo que por fin recibió en… la mejilla.
-¡Huy que beso más soso! Un buen beso no debería ser singular.
-Tiene usted razón, es cosa de dos. Pero con Sítoles y Diástoles somos cuatro y no quise incomodarla ante tanto público. ¿Le gustaron mis flores?- dijo Clooney contundente ocultando su vergüenza mientras se alejaba de la dama recolocándose el nudo de la corbata.
-Hombre después de plancharlas un poco…
-Es que vine en metro.
-Si dejaran tranquilas a las flores…las pobres se pasan la vida yendo a nacimientos y entierros. ¡Cuanto mejor están es en el campo!
-Debería tomarse la vida con más tranquilidad. ¿Le preparo una Tila?
-Ayyy un Atila, rey de las Hunos y de los otros como el Lexatín; yo para tranquilizarme me como un bocadillo. Ve, ahora me está dando un ataquito de hambre.
-Para eso lo mejor es un a-taquito de jamón.
-¡Oh…adorable Clooney! Dichoso este momento en el que por fin congeniamos…
-Entonces ¿Quiere ser mi novia?- la temperatura volvía a subir en la sala.
-¿Qué es exactamente un novio, querido?
-Un marido disfrazado de bueno, supongo…
-Entonces si, pero no vaya a casarse conmigo.
-Ni por asomo. Mañana la llamaré para ir al teatro. No se vaya usted a olvidar.
-No se preocupe que si me olvido…improviso.
-¿Y en qué trabaja ahora mi adorada dama?
-Trabajo en lo que haga falta, en lo que se me ocurra. Todo trabajo es digno.
-Bien se que a usted no se le caen los anillos.
-Con estos dedos lo difícil es que me entren.
-Yo le haré uno a medida.
-Ay alma de mujeriego, siempre encontrará la buena fe de la que no le conozca… ¿No hemos quedado que no ofendería usted esta mano con un diamante?
-Seré sólo su amante de noche que los de día son muy caros.
-Usted si que me entiende- dijo Bobarín abrazandole por la cintura desde la comodidad de su butaca. El actor enajenado de amor y obviando la concurrencia de la sala se lanzó sobre los gordezuelos labios de Bobarín- (beso fundido en negro) Oportunamente se habían apagado las luces de la sala, sólo se escuchaba la respiración entrecortada y jadeante de los enamorados. Entre gemido y gemido latían las palabras…
-Si hiciera agravio de tratarme con cumplimiento…
-¡Sí mi amada! Ya le he dicho que la trataré como un novio.
-Júrame que la furia matrimonial no se interpondrá entre nosotros.
-Seré un novio de los de antes, meteré un poco de mano y un poco la pata.
-¡Ay qué suerte tengo! ¡Qué suerte tengo! – dijo Bobarín mientras Sístoles y Diósteles la abanicaban sin pausa.
(Continuará)
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10
diciembre 13

¿De qué va el juego?

No puede haber una revolución total sino una revolución permanente. Como el amor, es el goce fundamental de la vida.

Max Ernst

 CAPÍTULO XXXIX

RECORDATORIO: En el último capítulo Madame Bobarín y Gabina finalizan su larga jornada gastronómica contratando un disparatado elenco de actores para disputar en su casa una acalorada partida de Bridge. Las encontramos a punto de dejar el Mesón Rancho Panza.

HOLA

Una bonita estampa navideña de crisis que nada tiene que ver con este capítulo.

Bobarín mató de un trago su pinta y posando el vaso con fuerza sobre la mesa se levantó de golpe haciendo que el resto de los comensales, que descansaban sobre el mismo banco, resbalaran al suelo a causa del contrapeso.
-¡Avise usted cuando se vaya a levantar!
-Siempre aviso cuando me voy a sentar porque el efecto catapulta es mucho más incómodo.
- Tiene usted razones de peso, pero el efecto tobogán cuando uno está tomando el café tampoco es muy agradable.
-Me disculpo, porque reconozco que teniendo que haber sido a propósito… ha sido un accidente -respondió Bobarín mientras se dirigía a la puerta cantando la Marsellesa. Gabina siguió a nuestra dama haciéndole coros y blandiendo la copa, sus pechos desbocados luchaban por salir del corsé y desmelenadas se fueron a la francesa con aquella Libertad que guiaba al Pueblo.
Las dos amigas, que habían abandonado en su ímpetu a Cary y Stradivarius, caminaron pizpiretas calle arriba haciendo meandros y cantando jaraneras esta alegre tonadilla – ¡Vamos a casa, dónde el agua sabe a agua, la justicia a justicia y la verdad a verdad!
Llevaban tanto tiempo fuera que apenas recordaban dónde vivían; al llegar tuvieron que echar a un grupo de ocupas que había tomado el piso. La despensa y el mueble-bar continuaban intactos porque Bobarín se cuidaba bien de cerrarlos con candado. Aún estaban colocando el glauco tapete de naipes sobre la mesa cuando llegó el variopinto elenco que habían contratado para jugar al Bridge.
-Abre tu Gabina mientras yo termino de preparar la mesa, que es camilla.
-¿Les vas a hacer la camilla?
-Sólo un poco.
Por la puerta desfilaron cinco damas vestidas de los siglos XVI y XVII  guardadas por un apuesto galán que sujetaba la puerta a su paso. Tras las presentaciones tomaron asiento en torno a la mesa que era una camilla. La más desaliñada, Madame Curie, barajaba virtuosamente las cartas valida por sus manos verdes fosforitas.
-Esta es más radioactiva que Jiménez Losantos.- apuntilló la marquesa de Rambouillet.
-¡A usted tenía yo ganas de conocerla!- dijo Bobarín abrazándola con ímpetu- ¿Su salón literario fue realmente el primero de París?
-Leyendas, leyendas…no vea cómo gana una en leyendas con los años.
Ninón de Lenclós observaba atenta los cuadros que decoraban la sala y escribía notas en un cuadernito.
-¿Sigue usted escribiendo?
-Ahora soy mecenas.
-Pues a mi no me cene mucho que tengo lo justo.
-Descuide. Estaba tomando notas sobre sus retratos. ¿Cómo los pinta? ¿Son impresionistas?
-Más bien impresionantes. El truco está en mezclar las salsas en el lienzo, no en la paleta.
Las otras tres damas que parecían salidas de La Corte de Luis VXI se sujetaban con fuerza la cabeza.
-Delfina, es tu hora de la Toma de la Pastilla.
-¿La del colesterol?
-Si señora.
-A mi lo que me mata es esta migraña, a veces me quitaría la cabeza.
-Eso es el principio Delfín. Ji ji- añadió Gabina con su particular y negro sentido de humor.
Una vez hechas las presentaciones el grupo se puso al asunto.
Bobarín espabila que te toca. Subasta y contrato.
-Perdona es que tengo pérdidas.
-¿De orina?
-¡No mujer! De memorias, no recuerdo cómo se juega a esto…
- El destino mezcla las cartas y nosotros las jugamos.- Dijo el George Clooney de pega.
- Que no os deslumbre este guapito, parece brillante pero es sólo porque la luz va más rápido que el sonido- dijo Bobarín dirigiéndose a las señoras mientras intentaba recordar cómo se jugaba al Bridge.
- Eso, eso y que se invite a café.
-Señoras no sean así, sepan ustedes que nada más verlas supe que las amaba a todas.
-Huyyyy, no juegue usted con el querer que en eso soy tan buena que me dejaría ganar…- dijo Bobarín pasándole una notita perfumada por debajo de la mesa.
-¿Aquí vamos a jugar a las cartas o a escribirlas?
-Lo que se tercie Gabina, lo que se tercie.
-Creo que las cartas ya están repartidas- añadió Clooney
-Ha de saber George que a las mujeres nos gustan los hombres silenciosos, así pensamos que nos escuchan- calló Bobarín al actor dedicándole un beso de los que crean corriente.
La invitada adinerada endulzaba su rancio abolengo con rosquillas mientras dejaba caer un fajo sobre la mesa.
jolin
-¿Aquí se apuesta o no se apuesta?
-¿Por Clooney?
-¿Cuál es el juego?
-No nos haga usted la rosquilla.
-¿Esto de qué va?
-¿De ligar cartas o ligar actores?
-Juguemos a ver quién se liga a Clooney- dijo Gabina.
-Seguro que pierdo- refunfuñó la más joven y atractiva mientras le guiñaba el ojo apostando fuerte. La acaudalada marquesa dio unas palmaditas a la joven en la espalda consolándola.
-El mérito está en alegrarse, sean cuales sean las circunstancias.
Bobarín que andaba hipnotizada con el cascabeleo que producían los oros de la marquesa espetó.- Présteme usted su circunstancias y luego hablamos.
-¡Ahora mismo!- respondió la noble irónicamente.
-¿A qué tipo de ahora mismo se refiere usted?
-Al de nunca.
-Ahora mismo la descalifico y mi ahora mismo es de este segundo. ¡Ja! No me venga de altanera…
-A ver cómo me habla ¡No olvide que soy marquesa!
-Muy señora mía, una vez terminado el juego el Rey y el peón vuelven a la misma caja.
-A usted lo que le pasa es que teme que me lleve a Clooney en promesa de un acaudalado futuro.
-Creo que Clooney ya tiene un presente muy acaudalado y caudaloso.
-¿Sugiere usted que yo estaría con el dinero por alguien? Digo… ¿Con alguien por el dinero?- se quejó el actor que hacía de actor moviéndose de un lado a otro de la instancia.
-Se Nespressa usted fatal. Creo que sufre de sobre dosis de cafeína, debería dejar de anunciar café.
Entre el humo que decoraba la sala se podía escuchar a una de las invitadas arrastrando un acento de perrito caliente que daba gusta oírla.
-Guau, guau…
-¿Es usted de Nueva York?
- No señora, de Tres Cantos.
-Pues no me venga de Bienvenida Pérez, que lo que hay que hacer es españolizar el mundo.
-A mi me viene mejor hacerme la estadounidense y decir que vivo en la Sexta Avenida, porque estoy muy bien avenida. ¿Sabe usted?
-Mujer usted es un poco boba, lo que tiene que hacer es cambiarle el nombre a la calle y en lugar de Sexta Avenida llamarla Camino Sexto, que es un señor de Alcoy que canta muy bien.
(Continuará)
10-adieta-copia

Para acceder y conseguir la obra pictórica de Madame Bobarín (originales o láminas) presionen con su ratón sobre el hermoso cuerdo de la maja que hace un rato estaba vestida.

 

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29
noviembre 13

Planeando un Bridge sobre aguas turbulentas.

CAPÍTULO XXXVIII

Debemos buscar a alguien con quien comer y beber antes de buscar algo que comer y beber, pues comer solo es llevar la vida de un león o un lobo. Epicurio de Samos

SANTBLOG

Una fotografía -en la que salgo muy favorecida. que nada tiene que ver con este capítulo. ¡Viva Galicia! ¡Viva el licor de café!

Madame Bobarín y sus amigos llevaban dos días sin salir del Mesón Rancho Panza -Es lo que tienen las cenas tumbadas- dice un señor que pasaba por aquí mientras escribía. El grupo continuaba ordenando comandas en este bonito orden conmutativo: comida, bebida, sobremesa, siesta, bebida, eructito agradecido, Cinquillo, comida, sobremesa y así sucesivamente.
- Bobarín tienes un enamorado a tus pies- Avisó Gabina a su amiga señalando al filósofo.
- ¡Huy¡ Ya decía yo que me pesaban mucho los zapatos- y al cruzar las piernas, siempre sin intención, Descartes salió despedido hacia el infinito pero el pensador se lo tomó con filosofía. El camarero que se llamaba Mario y llevaba cinco horas esperando a que terminaran de comer se acercó para retirar el plato a Bobarín.
- ¿Pero dónde vaaaaa? – se quejó Madame lanzándose en plancha sobre el plato- ¿No ve que estaba en reposo?
- Perdone señora, creí que había terminado.
- ¿Pero no ve que aún queda? Yo es que me dejo lo mejor para el final y hago repositos para hacer hueco.
- Repose, repose. Si quiere se lo caliento- pero Bobarín ya había conectado su hornillo portátil bajo el plato- Avíseme cuando quiera que le retire-
- ¡Qué atento! Yo iba a esperar a que me retirara mi hijo.
- ¿Pero qué dices Bobarín? Si no tienes hijos. Te encuentro un poco atorada…
- ¿Lo dices por los cuernos?
- Por los cuernos hay que cogerte a ti. ¿Qué hacemos esta tarde?- Preguntó Gabina.
- Podíamos salir un poco.
- ¿Salir? ¡Pero si no entramos! Hagamos por llevar una vida más casera y sana.
- Pero si salir es sanísimo, al menos mientras me arreglo no fumo, ni bebo, ni veo Tele 5. Pero no sé…¿De verdad quieres hacer algo? Tengo tantas cosas pendientes que me llegan las orejas al suelo.
- Si es que tienes mil frentes abiertos.
- Mientras no me abran la frente.
- ¿A que no conoces el secreto de mis tardes de éxito?
- Pues no, es que no soy nada cotilla.
- En ocasiones me alquilo amigos. Oye, podríamos alquilar a unas amigas para jugar al Bridge en casa.
- ¡Qué buena idea! ¡Ya estoy llamando!
Bobarín marcó el teléfono de “Alquila tu elenco” pero comunicaba.
- Si es que se acerca la Navidad y no dan a basto.
- Yo una vez me alquilé un señor para que me hiciera de canario y me cantara lindas canciones pero mi gato se lo comió.
- La próxima vez llama directamente a los Toreros Muertos- dijo Bobarín mientras continuaba marcando.
- Buenas tardes señorita, menos mal que me ha cogido porque se me estaba quedando el dedo afónico de tanto llamar – un silencio cómodo – Si, deseaba un grupo de cinco mujeres maduritas, de sesenta a ochenta años…
- Y una jovencita por favor…una de veinte- rogó Gabina.
- ¿Y para qué quieres una de veinte?
- Para aprender de su inexperiencia.
- Pues póngame una de veinte también- Bobarín alejó el teléfono y se dirigió a Gabina por lo bajini. – Oye, que están en promoción, con la de veinte adjuntan un George Clooney por el mismo precio.
- Pilla, pilla que ese pone el café.
- Veo el Clooney y por favor entre las maduritas póngame a una millonaria y a una tramposa de las que se les agarra fácil. No. No prefiero un cojo, gracias. Y por favor que vistan todos de época y lleguen a Villa Bobarín a las siete en punto.
Las damas cerraron el pedido y continuaron su sobremesa para hacer tiempo hasta su partida de Bridge.
- ¿Te apetece un postre salado?
- No sé si me cuadra…
- Si no te cuadra te descuadras y ya está. Como hacía yo en el ejército.
- ¿Fuiste militar?
- Militara. Pero luego me sacaron.
- ¿De ejército?
- De mis casillas, es que el Coronel tenía dos adosados muy monos y me encapriché con ellos.
- Yo dejo el postre en paso. Me duele la boca.
- ¿Se te ha atascado una palabrota?
- No Bobarina, me duele de tanto comer.
- ¡Exagerada! No te vayan a tener que intervenir- habló el sarcasmo.
- Lo que me va a intervenir Hacienda es la cuenta.
- Eso si que duele Gabina, el bolsillo es un órgano muy sensible y lo hacen sin anestesia, así que bebe, bebe que es lo mejor para los dolores.
Bobarín levantó una pinta de cerveza e instó a su amiga.
- ¿Te apintas?
- ¿Por qué no? Romper el equilibrio equilibra las cosas.

(Continuará)

Dedicado a Sonia Formoso.

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13
septiembre 13

Descartando a Descartes; un par de ases.

CAPÍTULO XXXVII

Los políticos son como los cines de barrio, primero te hacen entrar y después te cambian el programa. Enrique Jardiel Poncela

vasodilata

Descartes intentaba abrir paso a su voz entre las risitas de las damas pero no había manera; aprovechando un sofocado respiro que ambas acompasaron dándose palmaditas en la espalda volvió a intentar explicarse.
- Señoras lo de “amén” era un decir… como que me llamo Renatus Cartesius que…- intentó defenderse Descartes sin éxito.
-Ya, ya, no nos recuerde que fue usted el culpable de  los cartesianos esos…mire yo soy “extensa” , a la vista salta,  y “pensante” pero muchas cosas más, no me van los dualismos cartesianos, soy una realista convencida y usted ha dicho amén. ¡Valga dios, que hay testigos!
- Ja, ja, ja, ja…ayyyy…jajajaja…que me da, que me da- reía Gabina.
- Sinsorga ¿Y tú de que te ríes?
- De tu realismo…y un poco de la merluza que llevo encima.
- Pues yo de tu sombrero que parece una merluza.
- Señoras no discutan por mi.
- ¿Es usted es un poco bobo?
- No señora, no me falte, soy el mayor intelectual de mi barrio…
-Se puede ser intelectual y no saber conducir el carrito de la compra- dijo Bobarín girando con soltura su carrito de la compra. No discutimos por usted   Renatus, nos reímos de nuestras cosas.
El camarero volvió a acercarse a la mesa con los ojos al estilo máquina traga perras, marcando dólares y alguna cereza que otra.
- ¿Desea usted otra copa?
- No gracias, tengo que conducir- dijo Bobarín señalando con la cabeza el carrito de la compra.
- ¿Seguro que no quiere un whisky con agua? – insistió el camarero apelado a la voluntad de nuestra dama con la mágica e irresistible palabra “whisky”.
- Está bien.
- ¿Entonces un whisky con agua?
- Pensándolo bien, como estoy dejando de beber mejor póngame sólo el whisky.
- Entonces dice usted que es escritora…- dijo Descartes intentando pasar página.
- Hoy soy escritora, mañana Dios dirá. ¿Y usted? ¿A qué se dedica ahora mismo?
- Trabajo en el Ministerio de Fomento.
- En mal fomento se mete usted a eso- interrumpió Gabina con uno de sus habituales chascarrillos de saldo.
- Lo que es un ministerio sin resolver es dónde va a parar el dinero que les adjudica el Estado.
- ¿Qué dinero?
- ¡Pues eso digo yo! Deberían devolverlo ustedes aunque sea a plazos.
- Señora que yo trabajo en el ministerio pero como guardia de seguridad.
- Razón de más ¿Y usted con quién va? ¡Delante de sus  narices nos sisan a todos! ¡Estará usted orgulloso!
- Le digo a usted que por la puerta no sale una perra flaca. Se lo prometo por mi placa.- dijo Descartes besando una chapa de los Rolling Stones.
- ¡Y a mi qué más me da su placa! En el gobierno son todos  unos ladrones.
- Habrá algún remedio, digo yo.
- ¡El veneno es el remedio!
- Por favor Bobarín, no se ponga así que le va a dar un patatús. Cálmese un poco que se está poniendo roja.
- Tiene usted razón, bajen ese termómetro del techo que está muy alta la temperatura.
     El camarero hizo caso a nuestra dama y todos se quedaron tan fresquitos.
- Mire ya está bien de callarnos cosas de las que estamos hasta la coronilla- continuó Bobarín- le voy a confesar cínicamente que estoy desconforme en absoluto con su sotabarba, que ni es mosca ni es barba ni es nada.
- ¿Qué me quiere decir con eso? Mi barba es irrelevante y usted irreverente.
- Lo que le vengo a decir, aunque estaba yo aquí primero,es que una tiene que ser fiel a sus principios y a sus finales.
- Señora es más fácil luchar y morir por unos principios que vivir acorde a ellos.
- ¿Y usted qué? ¿Acorde a qué vive? Si no se atreve a decir las cosas a la cara ni con copas. ¿Por qué no me dice lo que piensa de mi?
- Imagine que no fuéramos tan hipócritas…¡Menudo lío se iba a montar! Aunque yo soy bastante sincero…
- O se es sincero o no se es sincero, no se puede ser un trozo de sincero. ¡Ya me gustaría verle a usted por un agujerito!
- ¿Y por qué por un agujerito?
- Porque seguro que le queda muy mono.
- Ah. Seguro que me queda mejor que la barba. ¿Tiene usted  fuego?
- No. Me acaban de cortar el gas del mechero.
- ¡Qué tiempos! ¡Cómo andamos!
- Yo, esquizofrénica perdida.
- Mujer ¿Por qué dice usted eso?
- Porque entre usted y yo, le voy a confesar que en ocasiones mis obras me dan vergüenza ajena.
- Pues si señora un poco de personalidad múltiple tiene usted. Lo de Madame Bobarín viene de la Madame Bovary de Flaubert o de La Dama Boba de Lope?
- De la Dama Adobá…
-  Venga ya. Cuénteme, cuénteme.
- Cuénteme usted ¿Por qué se sienta tan lejos?
- Porque no había otra silla libre.
- Ya, ya. Lo que le sucede es que teme sentarse a mi vera y no poder resistirse.
- ¿Resistirme a qué?
- Lo que yo le decía, usted es bobo. A mis encantos. ¿A qué va a ser?- dijo Bobarín mientras se acercaba con descaro a Descartes.
- Que corra el aire Bobarín.
- O se acerca a mi o le canto Rigoletto.
- Señora por favor, no me toque.
- ¡Pero si está usted más enfundado que una longaniza, qué le voy a tocar! Parece usted del siglo XXVII.
- Nací a finales del de Oro.
- Enhorabuena, aunque no es oro todo lo que reluce. Ya le veo, usted es de los que encienden el fuego pero no avivan la llama…
- No señora. Con mis respetos yo sólo he venido aquí a tomarme un orujo y a jugar a las cartas si se tercia.
- Huy pues el Stradivarius y el caballo de aquella mesa son mis amigos y están jugando al cinquillo.
- Si usted me los presentara…
- No. Pensándolo bien no se los voy a presentar.
- ¿Y por qué?
- Porque tratándose del cinquillo usted juega con ventaja.
- ¿Y eso por qué?
- ¿No escribió usted El Discurso del Método de Descartes?
- ¡Ay madre! Pero no trataba sobre los descartes en el cinquillo.
- ¡Coña! Y yo que pensaba hacer negocio con usted.
- Hable con propiedad.
- Qué más quisiera tener de eso, tenía un pisito en Cebreros pero me han desahuciado. A no ser que me recalifique usted esta mota de tierra que se me ha metido en el ojo…
- Muy señora mía…
- Muy todo lo que quiera pero de suya nada.
- Esta conversación es muy amena pero la dejo para salir a fumar un cigarrillo.
- Otra cosa que nos han prohibido por nuestra salud- apostilló Gabina a lo bajini.
- ¡Ja! Por nuestra salud, el pobre Nicoto de tanto salir a fumar murió de una pulmonía- dijo santiguándose-  ¡Espere Don Descartes que salgo con usted.
- ¡Ay! Bobarín ¿No te da vergüenza llevar siempre un cigarrillo en la boca?- le amonestó Gabina.
- ¿Y dónde quieres que lo lleve?
- Cogito ergo sum (pienso luego existo)- dijo Descartes mirando a Bobarín como si fuera oligofrénica y por lo tanto no existiera. Bobarín duchá y ducha en latín quedó contrariada por las palabras del filósofo; llevaba toda la tarde estudiando al cartesiano buscando el momento adecuado para seducirle. Aquellas palabras que podían sonar ofensivas, sin duda escondían amor. En un periquete y medio, Bobarín se enfundó en su traje de trovadora y dedicó al filósofo este bonito poema:
“ Cogito cogito, cogito ergo sum,
descartando a Descartes…
                           un par de ases,
cojito cojito de verga es,
yo no existo,
menos bien que tu lo sabes.”
Y Descartes cayó a sus pies locamente enamorado.
(Contituará)

Dedicado a Meli, nuestra seguidora Capicúa vadis número 1111 en Face Book. Animaros a seguir a Bobarín en su página  

coronilla

 

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2
septiembre 13

Descartes dijo “amén”

CAPÍTULO XXXVII

 “Bomba de animar” anagrama de Madame Bobarín (A que no habían caído)

Clorata de Potasa

 

Las Tres Graciosas. Acrílico sobre lienzo. Colección privada.

   Stradivarius y Cary habían optado por sentarse en otra mesa para jugar tranquilos al Cinquillo. Los policías agotados en su empresa de conseguir la documentación de las damas, pasaron del “perplejismo” a ignorar aquél desdén latente en el exagerado y trascendental debate de sobre mesa que ambas mantenían. Bueno sobremesa es un decir porque como venía siendo costumbre ambas habían optado por la horizontalidad en los bancos corridos del mesón.
- El segundo plato no tenía suficientes taquitos de jamón- se quejaba Bobarín.
- Para ti los taquitos de jamón nunca son suficientes- respondió Gabina- pero aún así te has puesto ciega.
- El ensayo sobre la ceguera…podía haber dado más de sí…
- Algunos no quieren ver, no les interesa, así no tienen que mojarse.
- Lavado en seco. Es más fácil taparse los ojos y abrirlos cuando a uno le conviene.
- Cada uno ve lo que quiere con la excusa de que ve o que puede.
- Lo que pasa es que no todos tienen el arte de los desenfoques. Hay que poner los ojos a medias – explicó Bobarín entornando los ojos- así se te abren el resto de los sentidos y ves la esencia.
- ¿Entonces los ciegos ven mejor?
- ¡Ay hija! ¡Qué pesadez! Hay que contar lo mismo de cinco maneras diferentes para que te entiendan todos los públicos…
- A veces los conceptos se te deforman en las manos cuando uno va a entregarlos a los demás.
- Eso será a ti que no tienes ningún cuidado y los apachurras.
- La gente no se entera… porque no les interesa enterarse de nada.
- Luego dicen que han perdido el tren.
- Lo que pasa es que lo pierden todos los días.
- A mí me afanaron ese libro- dijo Gabina.
- ¿El Ensayo sobre la ceguera?
- No. Asesinato en el Orient Express- apuntó Gabina.
- …hablando de trenes…Mira Gabina cuando cambias disimuladamente de tema ya sé que buscas otra cosa.
- Es bien sabido que hay ladrones de libros como de almuerzos…
- ¡Lo sabía! A mí no me mires que no te he quitado un libro ¡En mi vida!- dijo Bobarín mientras sacaba un libro de Alfred Jarry del bolso.
- No si ya…me refería a los almuerzos.
- No si ya, me refería a los almuerzos.- Repitió Bobarín con voz de colegiala enfurruñada.
Un caballero que guardaba gran parecido con Descartes no pudo evitar fijarse en tan intelectuales mujeres, que sin intención alguna habían acaparado todas las miradas del lugar con su interesantísima tertulia literaria.
- Buenas tardes hembras de alcurnia y cultura. ¿Son ustedes escritoras?
- Alcurnias veces, buen hombre.- bromeó Gabina.
Madame Bobarín le observó detenidamente por encima de sus gafas  – que no eran suyas- y ni corta ni perezosa le colocó el siguiente rollo :
- Un día tuve la sensación de que todos los acontecimientos se producían simultáneamente a mi al rededor, el tiempo se hacía horizontal y circular siendo espacio al mismo tiempo – hacia dentro y hacia fuera- las soluciones imaginarias que regulan las excepciones daban sentido a mi vida y al canaperismo, fue entonces cuando intenté dibujarlo y escribí este libro…
- ¡Pero si este libro no lo ha escrito usted!
- Lo que pasa es que usted no sabe nada de Patafísica. Podría ser una excepción.
- Yo es que soy racionalista.
- ¡Ja! Desde que le he visto sabía que no nos íbamos a entender. ¿Racionalismo es eso de racionar las comidas?
- Ja, ja, ja. En su familia valorarán mucho su arte.
- En mi familia les hace mucha gracia el hecho de tener un artista en sus filas, pero no tienen ni idea de lo que significa eso, no comprenden la obligación que tiene una de alejarse de ellos…
- Pero Bobarín, si no tienes familia, todos te fueron abandonando.
- Pues eso. Es que nací para ser artista.
- Claro que sí señora, hay que ver el lado bueno de las cosas sin ignorar las verdades evidentes innatas en la razón.
-Yo nunca olvido la razón, porque siempre la tengo, pero soy más de aprender de la experiencia.
- Mientras sea usted feliz…
- ¡Claro! No entiendo las personas que se ahogan en un vaso de agua.
- Lo dice la que no se atreve ni a meter los pies en la orilla.
- Eso es otra cosa Gabina. El miedo que tenía al agua murió ahogado porque no sabía nadar- respondió Bobarín mientras –glu,glu,glu- se bebía la jarra de agua de tres tragos- si no los meto es porque estoy sin depilar.
- ¿Me da fueguito? Bobarín.- interrumpió Descartes.
- ¿Y usted por qué se pone ahora cursi? ¿Para ahorrarse el por favor?
- Disculpe, ¿Me da lumbre por favor?
- Sólo tengo cerillas pero me he afeitado esta mañana y no tengo para chiscar.
-  No se apure. ¿ Sus amigos fuman?
- Unos fuman y otros no. Claro…están inter-calados…
- ¿Y usted por qué se llama así? Madame Bobarín…
-  Como siempre he sido una niña prodigio… me dieron las letras al nacer y me dijeron que escribiera mi nombre.
- Pues con esas letras a mí me salen otras cosas.
- ¡Y a mí!- animó Gabina.
Y sin el permiso de Bobarín se pusieron a jugar a los anagramas con su nombre. Abrase visto.
- Por ejemplo, se me ocurre…”Madama Biberón”.
- ¡Eso me haría parecer una borrachuza!
- No se ofenda ¿Qué le parece…? “Mermada bobina” ?
- Ji, ji, ji.- reía Gabina.
- ¡ No me falte! En todo caso “Bomba de animar”
- ¡¡¡ Qué bueno ese Bobarín!!!- se emocionó su amiga.
- ¿Y “bobina de mamá?- continuó Descartes.
- Ya estamos…
- Ja, ja, ja  escuchad este, sus primeras palabras “ Mamá- bebida- ron”- bromeaba Gabina.
- No le veo la gracia.
- Y su madre le respondía “Bribona de mamá…”
- ¡Mi boba mermada!
- Cesad de hostigarme. En todo caso “Mimada en babor”
- Claro a ti lo que te gusta es que te mimen a babor a estribor o dónde sea.
- Venga. No tiene gracia.
- ¡Cómo que no! ¡Sólo uno más! “Mi barba moderna”
- Su barba moderna no llega ni a mosca y se la voy a esquilar yo. Me llamo Madame Bobarín porque eso es lo que me gusta.
- ¡Amén!
- Descartes ha diiiiicho améeeen…. Descartes ha diiiiicho amén…- reían Gabina y Bobarín.
( Continuará)

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21
agosto 13

Pa’ lo mal que me ha ido, he tenido suerte.

CAPÍTULO XXXVI

“Según esta manera de ver las cosas, el hombre sería el animal que tiene una vida humana” Julián Marías, 1914.

 reinona

Acrílico sobre lienzo. Colección privada

Cary mantenía su rictus facial de seta alucinógena, Bobarín bordaba el papel de caballera de la mesa redonda, Stradivarius seguía tocando el “Esta noche es noche Rueda…” y la clientela en general se emborrachaba a gusto para bajar la cena.
- Mira Bobarín me he comprado un smartphone último modelo de segunda mano y lo he liberado.- presumió Gabina con gran emoción.
- ¡Qué antigua estás Gabina! Yo he ido a un chino y me he liberado el marcapasos , ahora puedo beber lo que sea…
- Y comer… Porque llevas ya dos corderos. Podrías hacerte vegetariana una temporada a ver cómo te sienta.
- ¿Cómo me va sentar? ¡De maravilla! Me encantan los chupitos de hierbas.
- En serio. Mi madre me aconsejaba siempre comer mucha verdura.- dijo melalcohólica Gabina la huerfanita octogenaria.
- Si es que las madres antes daban muy malos consejos, en cambio ahora los damos muy buenos.
- Pero si tu no eres madre, sólo eres una oveja negra…
- ¿La oveja negra es la que va por libre?
- Si , claro.
- Ah, pues la verdad que lo de ser negra no me preocupa, me preocupa mucho más lo de oveja…
- ¿En qué andáis?-preguntó Stradivarius.
- Aquí, comunicándonos entre chupitos de hierbas.
- ¡Ay mujeres…! Hablar sin cesar no significa comunicarse.
- Oye ¿ Y a ti que te pasa ahora?
- A mi nada pero me canso de tanto “buenrollismo”¿ Vosotras por qué estáis siempre tan contentas?
- ¿Y por qué no íbamos a estarlo? Lo otro no nos compensa…
- Pero cuando las cosas están como están….
- Nada, nada, yo no puedo controlarlo. Las cosas que estén como quieran. – dijo Bobarín mientras se endiñaba otro chupito.
- De risitas vienen lagrimitas. Es bien sabido que la resaca le deja a uno muy susceptible y tristón.
- Eso lo serás tu.
- A ti lo que te falta es una alegría pal cuerpo.
- ¿Otra?
- Me refiero a que deberías hacerte con un buen novio.
- ¿Otro?
- Si, la verdad…que tienes un buen curriculum y a cada cual más diferente.
- Parecían diferentes pero es que nadie les miró a los ojos…
- ¡Pero si alguno ni tenía!- dijo Stradivarius buscándose la cejilla.
- Ni ojos, ni oficio, ni beneficio- añadió Gabina.
- ¿Cómo que no? Lo que pasa es que hoy en día se trabaja buscando trabajo.
- Y qué lo digas- suspiró Cari- y es agotador…-
- Ocho días a la semana al sol, es la versión Beatles de la película esa del Bardem.
- Al Sol y Sombra, como mi tío Honorio.
- ¡Claro! Lo suyo ahora es vender cremas protectoras para no chamuscarnos el humor con tantas horas al sol.
- Ya no hay más crema que nos proteja que la de orujo.
- Oye este ron con té me ha rejuvenecido 20 años.
- Trae pa’ acá esa botella que yo también quiero un Drake de esos- dijo Gabina mientras le arrebataba el Negrita y lo vertía sobre su té.
 Por la puerta entraron dos policías mal encarados pidiendo las licencias al restaurante y los papeles a la clientela.
- ¡Operación Guateque!
- Pues vaya. Yo para matar el hambre entre horas solía tomarme una pastillita de Avecrem. ¡Pero estos si que son efectivos!- dijo una Bobarín que a esta alturas podía confundirse con la reina de Inglaterra.- Le cortan el apetito a cualquiera-
- ¿Señora tiene usted papeles?
- Pero qué mal le sienta a usted ese uniforme. ¿Quiere que se lo meta un poco en cintura?
- Señora ¿Está usted sorda?- se quejó el policía.
- No, es que tengo una afección en la pituitaria y me afecta un poco a la vista.
- Por favor. Entrégueme su documentación. Deme los papeles del “On the Rocks”
- ¿No lo dirá usted por Gibraltar? Para entrar en ese tema hay que hacer cola por culpa de la aduana.
- Lo que le entra a usted muy bien es el cognac Napoleón, qué paradoja. Por favor Utrecht enséñenme sus papeles.
- Gracias por hacerse del hogar.
- Dirás de rogar…- corrigió Gabina.
- No, no, es un dos en uno. Es que chico se me ha hecho muy familiar.
- Les recuerdo señoras que están ustedes hablando con la policía.
- Menos mal que es usted de los que tienen unos segundos de memoria.
- Oye Gabina, se van los de la mesa de al lado. Ya podemos poner los piés.
- A estas alturas ya no puedo poner nada.
- ¿Tiene su DNI o no lo tiene?
- Pues llevo exactamente tres minutos con esta nueva personalidad y no me ha dado tiempo a sacármelos…del bolso. Me temo que lo que tengo es un papelón.
- Este quiere papeles para empapelarnos, yo los papeles me los fumo- dijo Gabina sacando si librito de papel de arroz.
- Cuanto más bebo menos memoria tengo, qué depresión. ¿No me quedaré así?
- Venga Bobarín no me vengas con esas ahora, que ayer ya lo habías superado.
- No, si para lo mal que me ha ido, he tenido suerte.
- ¡Cómo me gusta ese optimismo tuyo!
- Oye, estos señores nos miran mucho. ¿No querrán robarnos el bolso?- dijo Bobarín mirando al los policías.
- Yo creo que les gustamos.

(Ninguna conversación está completa.  CONTINUARÁ)

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