CAPÍTULO XXIII
El mundo me la da, pues yo la tomo. Echegaray
Para que puedan ustedes formar juicios les reconstruyo los hechos que acontecieron en aquella milonga y que terminaron dando fin al intrépido viaje. Gabina, Bobarín Meritorio, Agustín y Detente se agolpan en la escena saliendo por la puerta que era una ventana.
-Las puertas en Argentina son iguales que las de España- Comprobó Gabina mientras salía por la ventana.
- Hablando de La España esa que es toda una demagogia… ¿ No crees Gabina que ya es hora de volver? Se pasan los capítulos y aquí no hacemos nada más que bailar tangos y tangas.
- Pues si, además como nos despistemos aquí nos expropian hasta las enaguas.
- En aguas o en seco empiezo a echar de menos un buen cocido y una buena cocida madrileña.
- A mi no me está sentando muy bien este viaje, empiezo a sentir un profundo desapego al amor.
- Gabina no empieces ¿Sabes? He pensado que a lo mejor lo que te pasa es que eres lesbiana.
-¡Tu tía! ¿ Crees que es posible? ¿ A mi edad? A lo mejor tu también.
- Dame un beso y lo probamos.
Gabina cerró los ojos y Detente- por una vez más rápido que un colibrí- se lanzó a besarla. Gabina mantenía los ojos cerrados y besaba con fluctuación.
- ¡Oh Diós mío soy lesbiana! ¡Ese ósculo si que me ha gustado!
- No digas cochinadas.
- Si es que en el fondo yo soy una romántica. ¡Te quiero Bobarín! ¡Te quiero!
- Que no Gabina que te ha besado el nuevo, Don Detente.
- Pues no se detenga Detente, deme la miel de sus labios que soy una romántica empedernida.
- En ese achaque no me supera.
- ¡Qué enfermedad esta es el amor!
Y volvieron a fundirse en un beso de los que crean época y quitan la respiración a los pájaros y caen desplomados.
- ¡Corra el aire!
- Corro yo y huyo. ¡Me da miedo este sentimiento!- exhortó Detente.
- Qué noche de verano…
- La propia para un idilio.
-Yo no entiendo de toros pero ilidio con lo que me echen.
-Habla usted de una Lidia.
- A esa tampoco la conozco, ¿Ya estamos con terceras personas? ¡Farsante!
- ¿Farsante? Lo nuestro no puede ser, hay un abismo entre nosotros.
-Pero es un abismo muy pequeño.
- Es un abismo tamaño estándar.
- Hay que tener otra conformidad Detente, tiene usted un problema para cada solución.
- Me atemoriza usted, me voy pitando.
- Váyase pero no pite que tengo resaca.
- Me desaparezco.
- Ale, ale, complázcame usted en tan honroso deseo.
- Vámonos Gabina que cada vez nos duran menos lo idilios. Deberíamos sentar la cabeza de una vez.
- ¡Ay no! Que se me duerme.
- Es de rosas y espinas la cadena del amor…- lloraba Meritorio que despechado se derramaba sobre la acera que no era una acera sino un valle de lágrimas, recordando su lidia con Gabina antes de que apareciera Detente.
- En su cárcel de espinos y rosas…- leyó Bobarín con un ojo en un libro de Rosalía de Castro mientras con el otro leía el Hola Argentina.
- ¡Ay qué amante es la rosa y qué amada la espina!- respondió Meritorio con un ojo en un libro de Gabriela Mistral y el otro cerrado.
- ¿Qué espina?- Preguntó Gabina.
- Concha debe ser.
- Meritorio no llore, actúe, debe usted tratar a Gabina con mano izquierda.
- Yo sólo tengo dos derechas, y esta mujer me hace sentir el hombre más aburrido del mundo…
- Si eso fuera verdad sería maravilloso. Demuéstrenos que es usted el hombre más aburrido del mundo.
- Pues si, pues si, qué buen tiempo hace…
- Esmérese hombre, que así de aburridos son todos los vecinos en el ascensor.
La conversación se arrastraba penosamente en espera de otro destello de aburrimiento, algo que nunca llegaba.
- ¿Por qué afirma que es usted tan aburrido? Usted sólo es un insulso.
- No diga eso, enséñeme a ser aburrido.
- Pruebe a hablar de política, de crisis, de brotes verdes…
- Oh, si todo un pueblo conociese su atraso…no estaría realmente atrasado…
- Ahí vas bien. ¡Qué tío más aburrido!
- ¡Bravo! ¡Bravo!- gritaba Gabina.
- Gracias, gracias. ¿Quieren que siga?
- No tengo hoy defensas para combatir el bacilo del aburrimiento, me fugo de esta escena en ciclomotor con Gabina.
Gabina apareció en una moto Triumph dando eses por la acera.
- Sube Bobarín.
- ¡Pero estás bebida!
- Espera que tengo un teléfono con una aplicación que si soplas por la antena te da el grado de alcoholemia.
- ¿ Y si da positivo?
- Depende de lo que te de el teléfono llama a tus padres, a la Dirección General de Tráfico o a Fermín, que es un señor muy simpático que te lleva a casa y te mete en la cama.
- Pues yo de ti no soplaría.
- No. ¡Si soplar más ya ni puedo!
- Arranca y dale hasta el aeropuerto pero para por el camino en un asado que tengo hambre.
- Ya comerás en el avión, últimamente te encuentro adiposa y apenas cabes en ese jersey.
- Lo que pasa es que lo lavé con agua caliente y se me ha dado de no.
- Ya, a ver si comemos menos…
- Nunca más volveré a pasar hambre, lucharé hasta el último hálito…de pollo y cuando vuelva a Madrid me voy andando a Vigo para bajar peso.
- Y cuando llegues a Galicia te comerás una tarta de Santiago, otra de Juanita y otra de Ramón.
Pero para cuando llegaron al aeropuerto habían devorado 20 kilómetros en moto y el apetito les había desaparecido.
- Que sea la última vez que devoramos algo antes de la cena.
- Qué razón tienes Gabina.
Dedicado a Alberto Urrutia, dueño y señor de la imagen que ilustra este bonito drama de amor. ( Colección privada Echaniz)