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5
abril 16

De Gabina sin carabina

“Si la virtud fuese reconocida como un misterio, la virtud sería más fácil.” Cándido

CAPÍTULO LXII

 NOCTÁMBULO DE MADAME BOBARÍN

Serie Pin Ups Madame Bobarín "Romperocazones"

Serie Pin Ups Madame Bobarín “Romperocazones”. Acrílico sobre madera por G.Royo-Villanova

Era la típica taberna española, de esas en las que hay que abrirse paso entre cabezas de gamba, huesos de aceituna y servilletas grasientas. Como tantas otras, estaba abanderada por dos hombres cabizbajos atrincherados al final y principio de la barra. Una mujer notablemente achispada daba la tabarra a los camareros que miraban impacientes un oxidado reloj de Coca-Cola.
-Me da a mí que están cerrando el paraíso- dijo Gabina, demasiado avispada incluso para esa lucidez que le concede la bebida.
Al vernos entrar, los camareros echaron un pulso con la mirada apostándose a quién le tocaba atendernos. El menos obstinado se acercó hacia nosotras:
-Estamos a punto de cerrar.
-Solo es un chupito, lo que dura la ira- dijo Gabina guiñándome el ojo mientras se sacudía el agua del abrigo.
-Bien, pero cerramos en diez minutos.
– Entonces cuando cierre ¿podremos fumar dentro?
-No señora, cerramos con ustedes fuera, esto no es un after y no es negociable que la veo venir.
-Bueno, bueno, no se ponga así, era por si colaba…
Sin duda Gabina ya había cogido el expreso de media noche e iba a ser difícil que saltara de él en marcha. Nos sirvieron los dos chupitos que bebimos con su consecutivo golpe sobre la barra.
-Venga y ahora para casa Gabina, que ahí puedes fumar tranquila- yo también tenía que probar por si colaba.
-Ah, no, no, no, no. La Vía Láctea nos pilla de camino, una paradita anda… que me he quedado con mal sabor de boca.
-Bueno. Una parada más y no me sobes tanto.
Continuamos nuestra peregrinación habitual. El llegar a casa suele convertirse en toda una cruzada contra las seductoras hordas del vicio nocturno. La verdad es que no hace falta que nos tienten demasiado, el simple hecho de saber que aún queda algún bar abierto es una clara incitación a esa hora en la que la voluntad es la primera en rendirse.
-Venga tonta, que esta vez invito yo.
-No abuses de tu generosidad- respondí. Claro, que la muy tunanta no entendió esto último. Era la primera vez que me invitaba a algo y me temo que lo hizo con el dinero que va sisando de mis propinas. Al fin y al cabo, todo queda en casa y no hay riqueza tan segura como la de un amigo.
-Es que con lo que me estás contando esta noche siento una ansiedad que me coge el pecho y me ahoga.
-Tranquila, no es más que el vértigo de la libertad, se te irá pasando.
-Es que siento que he sido toda mi vida una completa idiota.
-No sientas eso Gabina, a ti no te falta inteligencia, solo te falta experiencia e información.
-Pero no me informes tanto leñe, ve poco a poco.
-Ahora ya no sé si me estás vacilando y no hace falta, ya estamos donde querías.
-Mucho me queda para vacilarte pero tiempo al…
– Shhhh… Echa un ojo con disimulo. A mi espalda hay un antiguo conocido tuyo, ese que habla con todos. ¿Le reconoces?
-No, ni un poco. Pero parece que es amigo de todo el mundo.
-Lo que nos dice que no es amigo de nadie.
-Dame otra pista.
-Le echaron del pueblo.
-Pues sería al único, los demás nos fuimos por nuestro propio pie.
-Sobreactúa, me temo que nos ha visto.
-Sin duda a estas horas todos se exceden en el matiz del papel que interpretan.
-¿Le estás defendiendo? Vaya con la inteligencia emocional. A este lo que le convendría es un curso de arte dramático.
-Es de buen ver. ¡Qué mentalidad más arcaica tienes hoy!-me respondió la tía. Por seguro había notado que estaba en efecto contrariada.
-Arcaico hay que ser para decir que alguien tiene “mentalidad arcaica”- respondí.
Recordaba perfectamente a aquel tipejo y cómo en nuestros años mozos, tras repetidos rechazos de Gabina, había intentado sobrepasarse con ella, llegando incluso a besarla en la mejilla. Hubo un revuelo en el pueblo y por decreto fue exiliado a puntapiés llegándose a prohibir pronunciar su nombre en toda la región.
-¡Ay Bobarín, Bobariiiiín! ¡Que se acerca hacia nosotras!
Me inquietó su tono de emoción, tan crónico como la pasión, pensé, qué virtud tan extraña la de aquellos que en lugar de ocultar la emoción, la afectan. Me acercaba a Gabina para refrescarle la memoria cuando aquél canalla nos interrumpió con descaro.
-Les invito a una copa.
-No gracias- respondí contundente.
-No hieran mis sentimientos.
-¿A quién trata de engañar? Sus sentimientos no pueden sentirse heridos- Sí, menuda memez acababa de decir, pero me asaltaba el imperioso deber de proteger a mi amiga.
-¡Ja! Cuánto sentimentalismo.
-Sentimentalismo será para usted los sentimientos que no comparte- me estaba hundiendo yo sola.
-Me temo que no me han reconocido.
-Si no le hubiera reconocido hasta me hubiera caído bien.
-¡Ya caigo yo! Es Eugenio, mi pretendiente del pueblo.
-Tu pretendiente a secas.
-Tu estás celosa- se reveló Gabina mientras entregaba su mano a aquel fantoche que no dudó en besarla como si de un caballero se tratara.
-Eu, para servirla. Gentil, leal y cosmopolita.
-Sí, creo que una vez estuvo en Londres- dije mostrándole mi disgusto. A mala hora había avisado a Gabina de su presencia.
-No se mofe señora y muestre respeto por este paisano de ustedes al que les une el destino.
-Por favor Gabina, quita esa cara de balada- susurré a mi amiga que parecía hipnotizada, seducida, hechizada, cautivada, magnetizada… pero las cartas estaban echadas, Eugenio no iba a desistir en su conquista y Gabina se dejaba seducir ufana.
-Gabi, cielo, no me está atendiendo.
-Que sí, que le escuchaba con el otro oído.
Agarré con fuerza a Gabina del brazo.
-Gabina ha dicho “cielo” por Dios. ¿Vas a irte con alguien que te llama “cielo”? Piensa un poco, los pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
-Me importa un pitoche- me contestó mientras pestañeaba zalamera timándose con Eugenio. Parecía decidida a no dejar pasar de nuevo aquella oportunidad. Tal vez me sentí celosa, tal vez fingí protegerla cuando sólo temía perderla. Vinieron a mi cabeza bucólicas imágenes de nuestra amistad en la aldea y recordé a aquella Gabina de dieciocho años que rechazó a Eugenio. Miré hacia ella y no pude evitar emocionarme, entre lágrimas volví a ver aquella sonrisa pubescente en su ahora ajado rostro, a los ochenta y dos años mi cándida amiga había conservado su virtud en espera de entregar su flor al hombre adecuado. Eugenio se volvió hacia mí.
-Disculpe Bobarín, ¿no tiene nada que hacer?
-Lo estoy haciendo, querido- pero mi trabajo de carabina fue eclipsado sin decoro por su robusta espalda.
-¿En tu casa o en la mía?- le preguntó en un alarde de originalidad.
-¿Tiene alergia al polvo?
-Mucha.
-Entonces en la suya.
(Continuará)

Dedicada a mi admirada Chus Lampreave, que en paz descanse.

No se pierdan el desenlace final de Supervivientes con Cuquera y Potasa

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25
febrero 16

De señales y razones, intenciones

La verdad al cien por ciento es tan rara como el alcohol al cien por ciento.

Sigmund Freud

    Continúo recostada en mi diván ejerciendo este acto liberador o terapia literaria de mentir bien la verdad. Defenestrado el síndrome de abstinencia, me centro en lo que ahora me atañe -me centro mucho- porque sólo alcanzando la libertad interior puede una aspirar a tener de las otras, luego ya veré qué hago con ellas. El efecto del gazpachov es placentero, pero como todo buen placer hay que utilizarlo raramente, este bebercio te invade como el té de amapola blanca, muy lejos de la euforia me mantiene relajada en el sofá mientras el hipotálamo realiza sus funciones básicas dejándose acunar por los recuerdos a corto plazo que se reproducen en super 8 sobre la corteza prefrontal sin saber ni pretender entrar por la escuadra al hipocampo…un espacio que he reservado para la memoria del corazón, la que elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, la que me permite seguir adelante.
    Sin duda, aquella noche con Gabina mereció la pena, me ilusionaba su entregada atención, percibía sus cinco sentidos achispados por el alcohol fijos en mi palabra algo que acrecentaba mi inspiración. Cándida criatura, su interés me llamaba a comprometerme con la absurda verborrea destilada de las cervezas que habíamos ingerido. Tampoco deseaba mantenerme alerta, quería disfrutar de aquel momento, pero me preocupaba no saber callarme a tiempo, porque sólo las buenas ideas deberían convertirse en palabra y sólo las buenas palabras han de tratar de convertirse en actos, deseaba protegerla sin perturbar su inocencia y temía que el alcohol me traicionara. Hacía un rato que había adquirido el papel de coach, como si pudiera prepararla para los peligros de la gran ciudad – yo que nada sé- pensaba… Sólo la humildad de alguien como Gabina puede aproximarse a la verdad, si quiera desaprendiendo todo lo que sé podría acercarme a su honestidad.
La vida es la constante sorpresa de saber que existo- ¡Ay!.... (Madame Bobarín avista por la ventana a su novio besando a otra)

      La vida es la constante sorpresa de saber que existo ¡Ay!  (Madame Bobarín descubre a su novio besando a otra)

 -¿Y cómo se hace para mentir?- me preguntó muy interesada por las artes del embuste.
-Lo primero es creerte tu propia mentira y lo segundo tener buena memoria y confiar que sea a la larga porque si no, tarde o temprano, te pillan…
-Antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.
-A no ser que no sea cojo y sólo lo finja.
-Esto va a ser complicado.
-Escucha y luego practicamos. La mentira además habrá de ser apoyada por detalles circunstanciales siempre verídicos…
-¡Ay…! Ponme un ejemplo.
-A ver. Lo mejor es partir de una verdad. Mira, te voy a contar una que me intentó colar un amante que se veía con otra. Se llamaba… vamos a llamarle Santos, para que nos dé más risa.
– De devociones absurdas y santos amargados, líbranos Señor…
-Un pálpito me decía que Santos andaba enredado con Ramona, así que le pregunté sin rodeos y me contestó de manera sospechosa y perifrástica:
-¿Recuerdas cuando nos quedamos sin cerveza? Me enviaste al chino a comprar unas latas – ese es buen comienzo para el mentiroso porque sugiere que el hecho de haberte hecho un favor es el desencadenante de lo sucesivo. Me contó que estaba justo pagando cuando entró ella por casualidad… Ese en cambio fue su primer error, marcar la casualidad, porque supe que ahí me había colado la mentira aunque no sabría cuál hasta más tarde. En realidad estaba omitiendo que aprovechó que bajó a la calle para llamarla, entonces el buen mentiroso enseguida hilvana con otra verdad -¡Qué casualidad! Ella también iba a por cerveza para cocinar su afamado pollo…. – es verdad que el pollo a la cerveza de Ramona tiene mejor fama que el de Ramoncín… -¡Con una casualidad basta!- le dije, y sin entrar en la latosa rueda de la discusión huyendo del cisma, decidí dejar la relación, y no porque me molestara que se viera con otra, pues yo también lo había hecho en mis años mozos, sino porque no soporto la mentira.
-Entonces yo no sirvo para mentirosa, hay que ser muy listo…
-Y buen actor… De todas formas, depende de a quién quieras mentir. Por lo general los más inteligente optan por ser un poco crédulos, sino no hay quién viva. Por otro lado a los listos, como tu dices, que distan mucho de los inteligentes, les suele traicionar el sentimiento de orgullo.
– Vale, entonces nunca hay que decir “por casualidad…”
-Ja, ja, ja, mujer, lo que no hay que hacer es marcar las mentiras, puede ser con un “por casualidad” o rascándote la nariz… Yo tengo un detector de mentiras innato. ¿Sabes? El buen mentiroso, el que disfruta, se pone más guapo cuando miente.
-¡Qué cosas! Por eso me gustarán los feos…
-Bueno, eso es porque no puedes aspirar a otra cosa…
-¿Qué has dicho?
-Nada, nada, alma cándida. ¿Sabes lo que más rabia me da?
-Dime.
– Cuando sin que hayas preguntado intentan arreglar algo que no te importa, más bien, algo que ves claro y prefieres no darle importancia. De nada sirve perdonar una infidelidad si no se olvida, y yo tengo mala memoria, así que mi perdón es de los que duran. No entendí por qué entonces insistía en recordármelo intentando justificarse con más mentiras.
-Hay que asumir que el hombre engaña más.
-Y que la mujer engaña mejor…Y por asumir asumamos que a la larga el hombre es fielmente infiel por naturaleza y la mujer apasionada suele perdonarle.
-Bueno, también están las que prefieren tragar antes de quedarse solas.
-Ya bueno, pero no te vayas por ahí que ese no es nuestro caso. A lo que íbamos, lo que me irritó fue que intentara defender su mentira. ¡Eso sí que me crispa! Lo considero un insulto a mi inteligencia y si me despiertan el ego…
-¡A mí me vas a contar!
-Mujer, suelo mantenerlo aletargado, la debilidad de carácter sí que no se enmienda.
– Ya, ya, venga, ¿y lo siguió intentando?
-No imaginas. Hay personas que son capaces de “matar” a su madre si eso les aporta una buena coartada.
-¿Qué te decía?
-Me dijo que no había pasado nada, pero yo les había visto desde la ventana besándose en la plaza…
-Vaya… Ja, ja, ja y ¿qué hacías en la ventana?
-Ja, ja, ja. Buscar con la mirada ilusionada a mi amor, me gustaba verle andar por la calle…
-¡Ay, pobre! Dicen que la sorpresa es el móvil del descubrimiento…
-Pues yo comencé la casa por el tejado.
-¿Y qué le dijiste?
-Un clásico, el típico “no lo aclares que oscurece”.
-¿Y continuó?
– Claro, ya había cogido carrerilla, me juraba que todo había sido un dominó de casualidades, y es verdad, todo son casualidades, si no son para uno, son para otro. ¡Qué manía tiene la gente de creer que se tiene todo controlado! Eso sería aburridísimo.
-¿Entonces te daba igual de verdad que tuviera otro lio?
-Gabina lo que hay que ser es sincero con uno mismo. ¿Cómo reprocharle lo que yo había hecho anteriormente a otro? Fastidiarme me fastidió, claro, pero ten en cuenta que si te pringas con la vida exageras su importancia y si pasas de ella, exageras su insignificancia.
-Vamos, que no me tomé a mí misma ni demasiado en serio, ni demasiado en broma.
-Exacto. Pero la cosa fue a peor, cuando más insisten, más la fastidian, cuanto más la fastidian, más rabia les da, entonces pasan al papel de víctima… Pasó de pegármela a ser el “pobrecito Santos”. ¡Ay, pobre que le han dejado! Llamadas, whatsapp, mensajitos, en fin, toda la artillería del reproche sobre un mismo blanco. Así que Gabina, ándate con ojo con los mentirosos, lo único bueno que tienen es que como al final hagas lo que hagas siempre tienes la culpa puedes hacer lo que te de la gana.
-No sé yo… si lo ves tan claro juegas con ventaja.
-¡Ah! ¿Entones no sólo hay que parecer tonta sino serlo? Yo perdono la infidelidad pero no la deslealtad.
-Mmmmm…Me haces dudar.
-Bien, lo importante es dudar a tiempo.
-Es que no sé si me gustan tus teorías, me haces un lío, ahora, no sé qué hacer con ellas…- dejé a Gabina dando vueltas al asunto y me giré hacia a la barra.
-Dos tercios Wolf, por favor- lo que más me gusta de Wolf es que se hace querer, es de los pocos camareros que no se llaman “Perdone”. Al volverme hacia Gabina descubrí que se había ofendido al haberla dejado hablando sola, enfurruñada me asaltó:
-¿Me escuchas o qué?
-O qué.
Ambas reímos al tiempo de brindar con las dos nuevas cervezas.
Dedicado a Cecilia Gurrea Moreno y Janis Lázaro ¿Os ha gustado, o qué? – O qué.

Potasa conoce a Neptuno Hurtigruten. Fiordos Noruegos

 

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26
abril 12

Una pieza fuera del programa

Gabina tras quitarse unos años de encima y ponerlos bajo el diván

Gabina tras quitarse unos años de encima y ponerlos bajo el diván

CAPÍTULO XXII

Allá por donde voy el escándalo me sigue.

Tirso de Molina y Madame Bobarín.

  Se oye el rumor de las calles, dentro de la milonga Bobarín vuelve a acercarse a la barra.
– Sáqueme el aire de esta copa con ese buen vino, por favor..
– Deje de tomar- imploró Agustín.
– Beber es una manera como otra cualquiera de rendir tributo a la virtud.
– Ande baile conmigo y no beba tanto.
– Yo no bebo mucho, bebo siempre que no es lo mismo.
– Corazón perverso olvide los bebercios y no desoiga la voz del amor.
– Descuide que en demasiadas ocasiones oigo esas voces y es duro acallar la voz del amor.
–  Se requiere un corazón muy intrépido para no temer esa llamada.
–  Aún ando recuperándome de la última decepción.
–  Ámeme.
–  No me toque las palmas que me conozco.
–  Le toco entonces un pie.
–  No siga, no suba a los tobillos que me desmayo.
–  Seamos entonces amigos.
–  No gracias, ya acumulo muchos de esos.
– Mujer, a mi se me pone convidarla a cenar, a bailar, a viajar…
– Uno que responde con cartera, eso ya es otra cosa.
– Menos mal, lo mío es suyo señora.
Esto enterneció a Bobarín que terminó ofreciéndole el brazo con guiño chunguero. Salieron a bailar a la pista pero cuando llegaba la hora de ejecutar el paso de los ochos la potencia de sus caderas hacía que el miriñaque llevado por la fuerza centrífuga lanzara despedida a nuestra dama fuera de la pista arrollando todo lo que se le ponía por delante. El resto de parejas chismorreaban molestos.
– Estas gallegas se toman el tango a chufla- decía una escuálida instructora de baile enfundada en pocos centímetros de tela.
– ¡Ay Agustín! Es ley de vida, una ofrece una pieza fuera del programa y el público queda bloqueado.
– Con el tiempo les terminará gustando y se pondrá de moda en los salones.
La profesora de tango, larga como una farola se acercó a la pareja con insolencia.
– Hagan el favor de abandonar la pista.
Bobarín que había descargado su peso y el de Agustín sobre una mesa respondió.
– Fuera de pista ya estoy, pero pienso volver hasta que controle ese dichoso paso, ¿ Si se ofrece usted a enseñarme? – tomó aire y continuó- A mi sólo me chulea el rey de los ochos, por cierto ¿Quién es el rey de Argentina?- Esta pegunta desorientó a la escritora de este relato, a su vecino y a la instructora de tango que desapareció llevada por una ventolera.
– Hace frío aquí dentro.
– Es el aire acondicionado.
– ¿Aire? Esto es viento del norte.
-¡Ventolera estoy yo por usted! Corra el aire, que la cercanía de su cuerpo me vuelve majara. Quisiera ser el padre de sus hijos.
– ¡Huy! A estas alturas no estoy dispuesta a hacer el sacrificio de multiplicarme, es usted un imprudente.
– A mi ver, la prudencia sólo corteja a la incapacidad.
– Me he quedado sorda del aire.
– Escucha usted lo que quiere, esquiva cobra de piropos.
– Señor, su cortejo me halaga, pero yo lo que necesito es centrarme y conseguir un trabajo para mi y para mi amiga Gabina.
– ¿Dónde quieren trabajar?
– Había pensado hacernos lavanderas, lavar las honras perdidas, el vino tinto con el blanco, los trapos sucios, las reputaciones, las manos a Pilatos…
– ¡Éxito asegurado! ¡Patente la idea antes de que alguien lea esto!
La pareja regresó a la pista con más fuerza, bailaban con los ojos cerrados chocándose con el resto de personas que bailaban con los ojos abiertos, lo que les hacía carcajear como niños y caer al suelo descuajeringados de la risa. Se hacían mucho daño pero nada importaba porque en el amor nada duele hasta que duele. ¡Pero qué bien lo pasaba así la tía!
En la barra Gabina continuaba pelando la pava con Meritorio.
– ¡Che papá sírvame otra copa!
– ¿Es el padre de usted?- preguntó asombrada Gabina.
– Es una forma de hablar, una expresión argentina.
-Che mamá póngame a mi otra copa- exhortó Gabina a la camarera.
– ¡Hija mía!
– ¡Mamá!- gritó Gabina mientras se fundían en un abrazo.
– ¿Pero no era usted huérfana Gabina?
– ¡Ya no!
– ¡Pero si esta madre es más joven que usted!
– Así me dura más que la última.
-Esto es inaudito.
-No diga palabrotas.
 Todos sabemos lo que es la juventud, incluso algunos saben lo que es una segunda juventud que era exactamente lo que estaba viviendo Gabina. Embelesada miraba tiernamente a los ojos de Meritorio y emitía ruiditos de felicidad. Meritorio la arrastró fuera de la milonga.
-Demonio tentador ¿A dónde me llevas?
-Te voy a subir al obelisco para ver la luna de cerca.
Y subieron al obelisco y casi tocaron la luna, Gabina se quedó en lo alto y Meritorio la invitaba a lanzarse.
– Salta mi amor que yo te recojo- Gabina saltaba, Meritorio la recogía y eran muy felices.
-¡Qué hermoso amor!
-Qué ganas de que nos casemos.
-Yo tampoco.
Planeaban ir a París para tirarse desde el obelisco Luxor de la Plaza de la Concordia, una plaza muy cordial donde guillotinaban a todo quisqui independientemente del régimen vigente. Había amanecido, sólo el piar de unos pajarillos turbaba la quietud de la calle Corrientes.
-Esto ya me resulta muy corriente, volvamos a buscar a Bobarín.
En la milonga Bobarín y Agustín descansaban sus bailes cuando se acercó el desalmado de Lázaro que parecía perseguirles por la ciudad.
-¿No me saluda?
– Que le salude su tía.
– Su tía lo será usted.
– Tenga usted juicio y no sofoque a la señora – interrumpió Agustín, pero Lázaro lo ignoraba con desdén.
– ¿Ya no dicto ninguna palabra a su corazón?
– ¡Canalla y tunante!, esas me dicta. Abandone la contienda no vaya a pagar juntas todas sus fechorías.
– Castígueme que me excita.
Por la voz de Bobarín pasó un trémolo sollozo. – No me robe el sosiego, se lo ruego- pero ya era demasiado tarde, an el momento que vio al gaucho el pecho de Bobarín rezumaba angustia. El hecho de que este hombre hubiera terminado con su ilusión primera y de una manera tan hiriente le había trastornado los cascos. Agustín apretaba su mano para que ganara en confianza. Lázaro insistía en incomodar.
– Discuta conmigo Bobarín que aún tengo cosas horribles que decirle.
– Haga el favor Lázaro, no hay pelea si no se incendia el aire donde reposan las palabras- recitaba Agustín.
– Qué tío cursi este panolis que te has buscado. Recuerde Madame los lazos que nos unieron el día del asado.
– Rotos quedaron esos lazos para siempre.
– ¿Y para nada más?
– Para siempre y para nada más.
– Hiera a un amante y hallará un enemigo- continuaba Agustín con ese prurito de hacer frases ingeniosas que acomete a los intelectuales.
– Eso quisiera.¡Bobarín mi enemiga!- contestó Lázaro relamiéndose.
– ¿Por qué quiere hacerme desgraciada?
– Porque herirla me da la vida.
– Es usted un sanguinario.
– No señora soy de Rosario.
– ¿Está usted sordo?
– Tan sordo que ni veo.
– No lo soporto más, me voy a tomar una caja de Espidifen.
– El Espidifen no mata.
– Yo no quiero matarme, es que me da dolor de cabeza con tanta matraca.
– Las mujeres sois como las veletas, sólo paran cuando se oxidan. ¿ Un poco de tres en uno Madame?
Gabina llego justo a tiempo para oír esto último y llevada por un huracán de furia la emprendió contra el gaucho, Bobarín interfirió el ataque impidiendo males mayores.
– ¡Déjame incrustarle en la silla de un porrazo!
– No lo haga Gabina o acabaremos todos en una Institución pública de dudosa comodidad.
– Qué labia tiene Meritorio, trae que le atizo.
– ¡Detente!- Gritó Bobarín.
– ¿Quién es ese?
– Un amigo muy pausado.
– Encantada- respondió Gabina.
– El gusto es mío.
Mientras todos en la mesa saludaban a Detente que entraba en escena muy despacito, Lázaro había vuelto a desaparecer.
Continuará

20
enero 12

Viaje sin fe de vida ni de erratas

 

Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan. Wenceslao Fernández Flórez

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.Enrique Jardiel Poncela

 

 CAPÍTULO XVII

No se había acostado hace mucho Bobarín cuando una voz que parecía venir de debajo de la cama y que realmente venía de debajo de la cama le dijo :
– Bobarín has de viajar con tu amiga Gabina a Argentina…
– Gabina sal de ahí que es donde guardo las pelusas y me las vas a desordenar. ¿ Por qué quieres ir a Argentina?
– Por que he encontrado un viaje muy barato, además no soy Gabina soy un fantasma gordo.
– Los fantasmas no son gordos ni flacos, son pesadísimos, además no hay que comprar lo barato porque suele resultar inútil, lo barato siempre termina saliendo caro.
– Que no Bobarín que esto es muy útil, dada tu ahincada tendencia a la erudición he pensado que deberías viajar más para ampliar tus horizontes.
– Mi horizonte ahora mismo es reunirme con Orfeo y no tener una noche de tres meses.
– Ché mamita no seas salame y ani-mate.
– ¡Pero si hablás boludo!, mañana mismo partimos a Buenos Aires.
Era la primera vez que Bobarín y Gabina viajaban en avión y andaban muy agitadas, tanto que si se las llega abrir se hubiera llenado todo de espuma. El aeropuerto también estaba revolucionado pues se estaban retrasando vuelos por culpa de un volcán islandés que tenía un nombre tan difícil de pronunciar que todo el mundo lo llamaba el “Volcán Islandés”.
– Déjenme ver sus billetes señoras- Bobarín sacó la cartera y le enseñó dos billetes de veinte euros.
– Perdonen pero dada la erupción del “Volcán Islandés” su vuelo queda retrasado por culpa de las cenizas en suspensión.
– Otras que están suspendidas, las calificaciones no son todo en la vida- protestó Gabina que no tenía estudios ni apartamento.
– Tienes razón Gabina en cambio las recalificaciones si. Señor mi billete es para hoy.
– Con el debido respeto siento comunicarle que los vuelos de hoy son los de ayer así que venga usted mañana para volar hoy-
– Pero si yo vine ayer.
– ¡Pardiez! Haberlo dicho antes, disculpen las molestias, pasen, pasen.
Cuando llegaron al aeropuerto tuvieron que pasar por la aduana donde detuvieron a Gabina por portar una Kalashnikov, pero no pudieron quitársela porque era un recuerdo de su mamá. Una vez en el avión como ninguna de las dos veía bien no encontraban el asiento que les correspondía y se quedaron paradas en el pasillo hasta que se acercó un auxiliar de vuelo.
– Buenas tardes señoras, pueden seguir ustedes ahí de pié que les queda muy bien.
– Pues no sabe usted cómo nos quedan las butacas, si supiéramos cual es nuestro sitio lo ocuparíamos con creces.
El amable azafato las acomodó y subió la Kalashnikov el porta equipajes dejando un suave hedor a sobaquina.
– Ah, es usted axilar de vuelo, ya no quedan oficios como los de antes, enhorabuena.
– Gracias señora es un oficio de tradición familiar- dijo mientras  acomodaba a las damas junto a un apuesto vendedor de seguros.
– Vamos a morir, vamos a morir…- susurraba tembloroso – ¿ Están ustedes aseguradas?-
– Si señor, estamos muy seguras de nosotras mismas- respondió Gabina.
– Tiene usted la frente agobiada de miedo, lo mejor para la angustia es entretenerse con otras cosas- le aconsejó Bobarín
– Yo propongo una partida de backgammon- sugirió Gabina.
Antes de que despegara el avión tenían montada la timba. Se hacían unas trampas descomunales, el asegurador contaba en francés, Madame Bobarín tenía un dedo de más y Gabina uno de menos desde que su abuelita se lo cortó por señalar. Todos contaban apretándose los dedos en la pantorrilla disimuladamente aún así la partida estaba muy nivelada ya que apenas intervenía la suerte.
– Gabina estás contando de menos, así gana cualquiera.
– ¿Ahora caes en mi cuenta? Yo no hago trampas.
– Embustera aqui hacemos trampas todos.
– ¿ Embustera? Yo sólo miento dos veces al día.
–  Si, cuando habla y cuando calla- dijo Bobarín mirando al vendedor de seguros que movía las fichas con cara de sospechoso.
–  Bobarín es usted maravillosa, voluptuosa, una mujer capaz de destruir la geometría, me tiene usted impresionado- dijo mirándola a los ojos para entretenerla mientras sus fichas daban saltos comiendo la de su contrincante.
– En realidad sólo poseo una belleza académica pero con este modelito decimonónico gano mucho, usted si que hace trampas mejor que nadie.
– Y eso que estoy muerto de miedo, presiento que el avión va a caerse dentro de un momento-
– Por Dios pues que retiren los momentos de la pista-
– ¿Qué es un momento?- infirió Gabina interrumpiendo el flirteo.
– Debe ser como un agujero negro.
– ¿Y eso qué es?
– Una espinilla, creo.
El asegurador estaba empotrado contra el asiento de delante debido al paracaídas que acababa de calzarse.
– No entiendo porqué tiene usted tanto miedo a volar, parece un hombre muy viajado.
-Si señora tengo una cultura internacional he estado en la montaña rusa, como tortilla francesa, tengo una puntualidad británica, una paciencia de chinos, un pie de bailarina y otro de cama.Ahora viajo a Argentina para aprender a venderme.
– ¡Es usted un tesoro! Relájese y piense que es mejor viajar disfrutando lleno de esperanza, que llegar.
Por el pasillo se acercaba una azafata para servirles el almuerzo.
– Yo no tomaré nada gracias, me sienta mal el bigote y las albóndigas de guerra.
– Pues yo creo que el bigote le sienta muy bien- dijo la azafata que no se abrió el escote porque lo tenía abierto.
– Usted señora lo que quiere es ligarse a mi compañero de asiento y yo le vi antes.
– Estas albóndigas son una porquería. ¿No tienen carne argentina?- dijo Gabina.
– Pues no señora, teníamos una vaca adiestrada para que su carne estuviera blanda y sabrosa, también sabía dar la patita, tanto que un buey se la pidió y se fue a vivir a Albacete.
– ¡Huy Albacete!, yo soy de Albacete- dijo más animado el vendedor.
– Pues yo soy muyyyy de Albacete.
– Azafata como siga así le propino un albondigazo- amenazó Bobarín.
– ¿Es muy largo el viaje?- preguntó Gabina intentando solventar la batalla.
– Espera- dijo Bobarín bajando la ventanilla del avión que absorbió a la azafata.
– ¡Mira qué mona! No me había caído en gracia pero si que sabe caer con gracia- tras esto sacó el dedo calculando el viento predominante y volvió a cerrar la ventanilla. Parecía que todos los pasajeros debían haber aprovechado para despeinarse en ese ratito de nada.
– Calculo Gabina que estaremos en doce horas-
 ( Continuará)
Dedicado a Marcelino, porque en Argentina también se leía La Codorniz.

 


18
octubre 11

Al natural. Gabina llega a la ciudad

CAPÍTULO XIII

El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita.Enrique Jardiel Poncela

Bobarín había recibido recientemente una misiva de su amiga Gabina anunciando su llegada, pero los días pasaban y allí no arribaba nadie. Desconsolada y contrariada Bobarín escribía con pulso tembloroso:
Zarzadilla de Totana, 27 Agosto 1890
 Ingrata Gabina no se si finalmente has abortado el viaje a la Villa o has enviado una carta avisándome de tu demora a Paquito el Chocolatero. Sé que no dejas de escribirme por Olvido, que es una señora que antes se llamaba Alaska. ¡Ah! No morirá de empacho nuestro cariño pero pudiera morir de hambre. Como no vienes a visitarme todos creen que me invento que tengo una amiga Gabina, anda qué me iba yo a inventar un nombre así, si me inventara una amiga se llamaría Patata Frita…
Antes de que cayera la primera lágrima sobre el papel,que era una papeleta del bingo,alguien entró por la ventana que era una puerta.
– ¡Gabina! ¡Quita de la ventana, me estás tapando la vista!- dijo Bobarín emocionada.
-¿Hacia dónde me muevo? ¿Qué vista prefieres?
-¡La que me estás tapando!- Y ambas se fundieron en un abrazo atravesándose con efusión y estrellándose contra la pared.
Recordemos que su amiga Gabina era una huerfanita bisiesta de ochenta años que hacía las amistades de Bobarín desde su infancia, lo que no sabían ustedes es que Gabina era también cleptómana, ludópata, juerguista y sabía hacerse la tonta incluso mejor que Bobarín.
Gabina era tan sospechosa que creía que todo el mundo era sospechoso, de nadie se fiaba, esa era la causa de que nunca llevara cartera y de que Bobarín tuviera que correr con todos sus gastos. Gabina no tiene principios pero tiene unos orígenes monísimos, sobre todo porque nació de una pieza. Bobarín la tiene por una mujer muy optimista pues cuando toma alubias con chorizo no le pasa nada. En una ocasión Gabina tuvo un novio al que quiso mucho, pero no podía casarse sin el consentimiento de sus padres y como era huérfana y con los tiempos que corren decidió dedicarse a la virtud que es muy económica. Cuando la detienen por algún pequeño hurto y se la llevan ante el juez ella siempre declara lo mismo “ Teniendo juicio vive una tan a gusto” y sale de allí tan contenta con su amiga Bobarín que la considera muy juiciosa. “ Mi amiga Gabina, de todas ha salido muy bien mirada”, declararía Bobarín en el Faro de Vigo “ No ha roto un pleito en su vida”. Y es que Gabina había aprendido a salvar de la ruina su conciencia.
 Sin deshacer el equipaje porque Gabina no tenía bagaje…se lanzaron a la calle sin dejarse hablar la una a la otra. Atropellándose y pisándose los zapatos llegaron al Club “Con-medias y Copilla” en el que entraron encantadas aunque se trataba del Club de Comedia y Coplilla.Allí encontraron una pared de ladrillo y un cómico que se llamaba Abundancio y contaba cosas de lo más tristes. Cuando terminó la actuación Bobarín estaba destrozada del dolor. Gabina y un tal Martini la consolaban cuando se acercó el artista.
– Abundancio para servirlas. ¿No le ha gustado a usted la actuación?
– Muchísimo caballero, muchísimo, pero es que era tristísima, es usted un genio, nadie me había hecho llorar así desde la desamortización de Godoy.
– ¿ Puedo sentarme a vuestro lado de ustedes?
– Si no pide usted permiso…si- apuntillo Gabina.
– Es usted todo belleza en exquisito concentro de intelectualidad y emoción-dijo el cómico mirándola mientras Bobarín se hacía la despistada.
– Tengan, estos son los horarios de mis próximas actuaciones.
– ¿Y honorarios, tiene usted honorarios?- Preguntó Gabina.
– Muy buenos, de nueve a doce.
– Entonces tiene tres…¿Y sueldo? ¿ Tiene usted sueldo?
– ¿Qué es eso?
– Una cosa.
– ¿Pero usted sabe qué es?
–  Si, pero no se lo quiero explicar porque no son horas para eso.
– Tiene usted razón son horas para que yo le pida la mano.
– ¿Pero cómo sabe usted que tengo una mano?
– No hay más que verla y seguro que tiene dos.
– Yo creo que no hay nada entre nosotros.
– Entonces demuéstrelo y quítese la ropa.
Y así lo hicieron. El tardó un poco más en desvestirse porque llevaba el traje de buzo, Gabina en cambio llevaba el modelo “váyase usted a pasero”. Lo de quitarse el traje no le importaba nada a Gabina ya que ella se quitaba siempre la falda en la peluquería para no gastarla. Después de pelar a una pava que pasaba por allí Gabina, animada por Bobarín que siempre alentaba a juzgar con pasión, le concedió al cómico una de sus manos y corrieron al Ayuntamiento.
Abundancio y Gabina fueron muy felices durante una semana y media. Como ya no tenían pava se pasaban el día pelando pipas y las llamaban peladillas. Hasta que un día Abundancio agotado de pelar pipas encendió la radio y escuchó decir a un Zapatero que había llegado a  presidente “Que era urgente reducir gastos”, por lo que con toda la tristeza de su estómago se vio obligado a abandonar a Gabina y a Bobarín en una tienda de complementos. Abundancio se despidió muy bien, diciendo:
– Adiós muy buenas-
 Así comenzó Gabina a olvidar sus valores que eran dos.

Dedicado a Marta Manrique allá en las tierras de Byron y  Gervasian Vintage