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marzo 12

Lunes de miel

CAPÍTULO XIX

Vuelo con la lengua.Me apoyo con ella en el ala del águila.Estiro los brazos y planeo,por encima del pájaro, majestuosamente. ( Fernando Arrabal, Volar, Diccionario Pánico)

No sé exactamente qué día salieron, pero ya era lunes. La atmósfera pesaba sobre los hombros, el vuelo se hacía interminable.  Por la ventana golpeaba la luna sobre la resaca de los Gin Tonics , luna, pasajera sin pasaporte, pálida como la mujer que no llega a desmayarse, monólogo del silencio que… rompe estrepitosamente Gabina.
-¡A mi me gustaría viajar a la luna!
- La luna debe de estar llena de despistados, es como Babia, siempre van los mismos. Lo bueno es viajar a Argentina- aseguró Bobarín cuando en un inicio la idea del viaje había sido de su veleta compañera.
- Ya sólo queda media hora de vuelo- animó el vendedor de seguros, al que le corría una espesa barba por la cara. Bobarín al verle pegó un respingo sobresaltada.
-¡Diós mío me han cambiado de pasajero!
-Tranquilla Bobarín míreme bien, sigo siendo Juan su compañero de viaje.
- El donjuanismo ya no se lleva y si se lleva yo lo llevo muy mal.
- Madame soy yo el mismo que ha pasado el viaje recogiendo la miel de sus labios. Tengo un mal de alturas que me acelera el crecimiento piloso y al ser el viaje tan largo he quedado en sotabarba.
- Ahora que lo dice, tiene usted un aire a si mismo, también se le ha asobacado un poco la caballera. Mire, mire, yo he echado raíces-  dijo Bobarín remangándose la falda sobre el miriñaque dejando asomar la pierna por la que subían palpitantes varices.
-No hace falta que nos lo enseñemos todo Madame que eso tampoco se lleva.
- Lo que se lleva en general es el Bobarismo.
- Con el debido respeto esa palabra se la ha inventado usted.
- No señor, todas las palabras de tanto ir y venir  adquieren sentido, el Bobarismo es un –ismo en auge.
- A usted lo que le pasa es que ya no me quiere más porque alguno le espera en Buenos Aires.
-¿Cómo osa?
- Pues ya me dirá usted cual es el motivo de esta escapadita al nuevo continente…
- No vaya a creer que soy como la casada infiel del Romancero Gitano, que se la llevaron al Río de la Plata…creyendo que era mozuela pero tenía marido. Comprenda que para mi no ha sido fácil abandonar el mundo del langostino y el canapé en busca de nuevas e inciertas experiencias…de dudoso comer.
- Señora nunca pensé que fuera mozuela e intuyo en su rostro el sacrificio más no ha de temer que en Argentina gustará usted de exquisitos asados y carne de vaca.
- Shhh, he oído que a las vacas argentinas no les gusta que las llamen vacas.
- Qué razón tiene Bobarín. A su lado me vuelvo más inteligente. Cuando la ilusión perdió toda esperanza vino usted al mundo, quisiera pedirle esa mano de virgen bizantina y labradora…
- Pida, pida, mire que cuanto más le miro más pienso que he visto esa cara en otra parte.
- Pues le aseguro que siempre la he tenido aquí.
- Le digo que me suena usted mucho.
- Y yo le repito que soy su enamorado con barba.
- ¿Me está hablando de amor? Hágame caso, escuche, escuche, del amor no debe fiarse usted porque con nada que ponga el hombre o su barba y la mujer o su bigote, el diablo hace el resto con su cola.
- ¿Pero están enamorados?- infirió Gabina.
- ¡Ay mujer, parece que vives debajo de un árbol! No te enteras de que llueve hasta después.
- ¿Entonces ya no se aman? ¡ Qué alegría, un idilio con final feliz! Brindemos por ello.
- Tres Gin Tonics por favor- pidió Bobarín al auxilar de vuelo.
-Ya no nos quedan, como no han parado de empinar el codo…
- Pues póngame un Vodka.
- Lo siento señora también se ha agotado.
- En las cartas de bebidas siempre están tachados los mejores versos…
 En ese momento el capitán anunció el inminente aterrizaje lo que llevó a Juan, el vendedor de seguros, a su décima crisis de pánico, neurasténico como un letrero luminoso continuó su canto.
-¡Vamos a morir, vamos a morir…!
- Hombre si lo piensa bien los seguros de vida en realidad son seguros de muerte.
- Si vivir no fuese morir ¡ Qué bello sería vivir!-continuó el vendedor de seguros.
- Matemos el tiempo aunque a ese nadie lo asegura.
- Gabina, matar el tiempo es una fanfarronada.
- Pues mira, éste del miedo se ha quedado parado como un reloj estancado.
- ¡Entonces por lo menos tendrá razón dos veces al día!
 El aterrizaje transcurrió sin contratiempos, ya en el aeropuerto junto a la cinta transportadora de maletas se forma un revuelo.
-¿ Qué pasa, qué pasa?- preguntaba Gabina.
- Acaban de multar a un billete que volaba sin pasajero.
- Si es que van a comisión, la cosa es multar.
- Pues en la agencia de viajes había un descuento para los que no se iban de viaje, seguro que ha sido eso.
- Vete tu a saber, cómo han cambiado las cosas.
-Nada vuelve pero todo se parece Gabina.
 Juan, el vendedor de seguros, miró a Bobarín como a un taxi ocupado mientras desaparecía engullido por los miembros de un Congreso de Desocupados.

Dedicado a la Revolución espectacular de Chema Paz Gayo y a Encarna Jimenez Losantos, fuente y fuenta de inspiración