hola.com

 

Entradas etiquetadas: Buenos Aires


20
enero 12

Viaje sin fe de vida ni de erratas

 

Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan. Wenceslao Fernández Flórez

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.Enrique Jardiel Poncela

 

 CAPÍTULO XVII

No se había acostado hace mucho Bobarín cuando una voz que parecía venir de debajo de la cama y que realmente venía de debajo de la cama le dijo :
- Bobarín has de viajar con tu amiga Gabina a Argentina…
- Gabina sal de ahí que es donde guardo las pelusas y me las vas a desordenar. ¿ Por qué quieres ir a Argentina?
- Por que he encontrado un viaje muy barato, además no soy Gabina soy un fantasma gordo.
- Los fantasmas no son gordos ni flacos, son pesadísimos, además no hay que comprar lo barato porque suele resultar inútil, lo barato siempre termina saliendo caro.
- Que no Bobarín que esto es muy útil, dada tu ahincada tendencia a la erudición he pensado que deberías viajar más para ampliar tus horizontes.
- Mi horizonte ahora mismo es reunirme con Orfeo y no tener una noche de tres meses.
- Ché mamita no seas salame y ani-mate.
- ¡Pero si hablás boludo!, mañana mismo partimos a Buenos Aires.
Era la primera vez que Bobarín y Gabina viajaban en avión y andaban muy agitadas, tanto que si se las llega abrir se hubiera llenado todo de espuma. El aeropuerto también estaba revolucionado pues se estaban retrasando vuelos por culpa de un volcán islandés que tenía un nombre tan difícil de pronunciar que todo el mundo lo llamaba el “Volcán Islandés”.
- Déjenme ver sus billetes señoras- Bobarín sacó la cartera y le enseñó dos billetes de veinte euros.
- Perdonen pero dada la erupción del “Volcán Islandés” su vuelo queda retrasado por culpa de las cenizas en suspensión.
- Otras que están suspendidas, las calificaciones no son todo en la vida- protestó Gabina que no tenía estudios ni apartamento.
- Tienes razón Gabina en cambio las recalificaciones si. Señor mi billete es para hoy.
- Con el debido respeto siento comunicarle que los vuelos de hoy son los de ayer así que venga usted mañana para volar hoy-
- Pero si yo vine ayer.
- ¡Pardiez! Haberlo dicho antes, disculpen las molestias, pasen, pasen.
Cuando llegaron al aeropuerto tuvieron que pasar por la aduana donde detuvieron a Gabina por portar una Kalashnikov, pero no pudieron quitársela porque era un recuerdo de su mamá. Una vez en el avión como ninguna de las dos veía bien no encontraban el asiento que les correspondía y se quedaron paradas en el pasillo hasta que se acercó un auxiliar de vuelo.
- Buenas tardes señoras, pueden seguir ustedes ahí de pié que les queda muy bien.
- Pues no sabe usted cómo nos quedan las butacas, si supiéramos cual es nuestro sitio lo ocuparíamos con creces.
El amable azafato las acomodó y subió la Kalashnikov el porta equipajes dejando un suave hedor a sobaquina.
- Ah, es usted axilar de vuelo, ya no quedan oficios como los de antes, enhorabuena.
- Gracias señora es un oficio de tradición familiar- dijo mientras  acomodaba a las damas junto a un apuesto vendedor de seguros.
- Vamos a morir, vamos a morir…- susurraba tembloroso – ¿ Están ustedes aseguradas?-
- Si señor, estamos muy seguras de nosotras mismas- respondió Gabina.
- Tiene usted la frente agobiada de miedo, lo mejor para la angustia es entretenerse con otras cosas- le aconsejó Bobarín
- Yo propongo una partida de backgammon- sugirió Gabina.
Antes de que despegara el avión tenían montada la timba. Se hacían unas trampas descomunales, el asegurador contaba en francés, Madame Bobarín tenía un dedo de más y Gabina uno de menos desde que su abuelita se lo cortó por señalar. Todos contaban apretándose los dedos en la pantorrilla disimuladamente aún así la partida estaba muy nivelada ya que apenas intervenía la suerte.
- Gabina estás contando de menos, así gana cualquiera.
- ¿Ahora caes en mi cuenta? Yo no hago trampas.
- Embustera aqui hacemos trampas todos.
- ¿ Embustera? Yo sólo miento dos veces al día.
-  Si, cuando habla y cuando calla- dijo Bobarín mirando al vendedor de seguros que movía las fichas con cara de sospechoso.
-  Bobarín es usted maravillosa, voluptuosa, una mujer capaz de destruir la geometría, me tiene usted impresionado- dijo mirándola a los ojos para entretenerla mientras sus fichas daban saltos comiendo la de su contrincante.
- En realidad sólo poseo una belleza académica pero con este modelito decimonónico gano mucho, usted si que hace trampas mejor que nadie.
- Y eso que estoy muerto de miedo, presiento que el avión va a caerse dentro de un momento-
- Por Dios pues que retiren los momentos de la pista-
- ¿Qué es un momento?- infirió Gabina interrumpiendo el flirteo.
- Debe ser como un agujero negro.
- ¿Y eso qué es?
- Una espinilla, creo.
El asegurador estaba empotrado contra el asiento de delante debido al paracaídas que acababa de calzarse.
- No entiendo porqué tiene usted tanto miedo a volar, parece un hombre muy viajado.
-Si señora tengo una cultura internacional he estado en la montaña rusa, como tortilla francesa, tengo una puntualidad británica, una paciencia de chinos, un pie de bailarina y otro de cama.Ahora viajo a Argentina para aprender a venderme.
- ¡Es usted un tesoro! Relájese y piense que es mejor viajar disfrutando lleno de esperanza, que llegar.
Por el pasillo se acercaba una azafata para servirles el almuerzo.
- Yo no tomaré nada gracias, me sienta mal el bigote y las albóndigas de guerra.
- Pues yo creo que el bigote le sienta muy bien- dijo la azafata que no se abrió el escote porque lo tenía abierto.
- Usted señora lo que quiere es ligarse a mi compañero de asiento y yo le vi antes.
- Estas albóndigas son una porquería. ¿No tienen carne argentina?- dijo Gabina.
- Pues no señora, teníamos una vaca adiestrada para que su carne estuviera blanda y sabrosa, también sabía dar la patita, tanto que un buey se la pidió y se fue a vivir a Albacete.
- ¡Huy Albacete!, yo soy de Albacete- dijo más animado el vendedor.
- Pues yo soy muyyyy de Albacete.
- Azafata como siga así le propino un albondigazo- amenazó Bobarín.
- ¿Es muy largo el viaje?- preguntó Gabina intentando solventar la batalla.
- Espera- dijo Bobarín bajando la ventanilla del avión que absorbió a la azafata.
- ¡Mira qué mona! No me había caído en gracia pero si que sabe caer con gracia- tras esto sacó el dedo calculando el viento predominante y volvió a cerrar la ventanilla. Parecía que todos los pasajeros debían haber aprovechado para despeinarse en ese ratito de nada.
- Calculo Gabina que estaremos en doce horas-
 ( Continuará)
Dedicado a Marcelino, porque en Argentina también se leía La Codorniz.