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julio 11

LA PESADILLA QUE TE MUERDE LA COLA

CAPÍTULO VII
Tras el fracaso de su primer y segundo matrimonio Madame Bobarín se relajaba sentada en la mecedora de ideas cuando sonó el timbre que hacía “ tolón-tolón”, porque era una vaca.
Las vacas en Madrid no mugen porque para eso tienen unos cencerros muy bonitos, gracias a los cuales se le puede decir a una becerra que está como un cencerro sin que ésta se ofenda.
Al abrir la puerta, un mensajero de una empresa que no voy a mencionar (porque no patrocina esta historia), entregó a Bobarín una invitación a un baile de máscaras toledanas, aunque las máscaras eran venecianas y el baile era en Cuenca.
Aquella misma mañana antes de sonar la vaca que era un timbre, Madame Bobarín había decidido que debía cambiar de vida. Primero intentó cambiársela a su vecina pero esta se negó porque le gustaba mucho negarse a todo, sobretodo a dejarle un poco de sal para la tortilla de patata.
- Tal vez sea más sencillo empezar redecorando mi vida – Le comentó  Bobarín a su vaca, la cual espantó la idea con la cola.
Nuestra dama se puso manos a la obra, comenzó cambiando el sofá por una mesa, la mesa por un perchero, los amigos por cacahuetes, los frutos secos por señores jóvenes y los zapatos derechos por izquierdos ya que estos se gastaban menos. Pero esto no supuso ningún cambio sustancial en su vida, sin contar con que ahora tenía dos izquierdas y nunca podría llegar al fondo a la derecha que es donde suelen estar los lavabos.
Bobarín era consciente de ser una mujer con genio pero nunca pasaría por cambiar su carácter porque no lo tenía repetido. Aunque en el fondo, no le hubiera importado tener el de su bisabuelo Gervasio del que todos hablaban maravillas, tal vez porque Gervasio murió a los veinte años, precisamente en los felices años veinte.  Sólo le quedaba una opción.
La mejor idea para comenzar a cambiar su vida era acudir a ese baile de máscaras al que había sido invitada y dónde nadie sabría quién era por lo que podría reinventarse a si misma. Lo primero que hizo fue comprase una más-barata que salía mejor que una máscara y liarse una manta conquense al cuerpo, cosa que es imprescindible para coger carretera a Cuenca ya que la manta zamorana sólo le quería llevar a Zamora.
Al llegar al palacete toledano de Cuenca quedó impresionada por los jardines que era uno pero se llamaba “Los Jardines” porque siempre suena mejor.
Mientras Bobarín paseaba bucólica entre los árboles huyendo de la algarabía del festejo,  vio como un aeroplano muy raro, tanto que no era ni siquiera un aeroplano, sino un helicóptero, aterrizaba en el prado levantándole las faldas y el humor. Como si de un príncipe azul se tratara Bobarín corrió a recibir al galán que bajaba del autogiro. En efecto el individuo era azul pero sin duda a causa del mareo. Ella se apresuró a ofrecerle un sorbo de Compostina que era un bebercio muy práctico que llevaba siempre en el bolso para estos casos. Con el estrepitoso ruido de las aspas la recién encontrada pareja no conseguía entenderse bien, ni conseguía entenderse mal.
Antes de sonar las doce campanadas de las doce comenzaron entre ellos los primeros disgustos y los segundos disgustos. Al tercer disgusto a Bobarín le dio un ataque de hambre y creyendo que era un pescado azul se lo comió sin querer. Entre aspas y raspas quedó la cosa. ¿ Qué había sucedido? He aquí lo que había sucedido :
-  ¿ Me entiendes bien?- Dijo el hombre azulado.
-  Los martes por las tardes- Contestó Bobarín.
-  Pues yo en el Casino-
-  Casi que tampoco-
-   Ni tanto ni tan poco-
-   ¿ Paco? Encantada, yo Madame Bobarín-
-   ¿ La de Flaubert?-
-   Con un agujero sólo-
-   Como pez en el agua –
-   No me escames-
-   ¿ Un vertebrado acuático?-
-   No, ingeniera agrónoma –
-   ¡Anémona! -
-   No me eches la branquia-
-  ¡Qué mala espina!-
-   La de Concha-
-   Con la mujer y el pescado, mucho cuidado-
-   Ya, y el mejor pescado el del prado-
-  ¡Qué pesadilla! -
-  Aunque no me llamo Pescadilla te voy a morder la cola- ¡ Zas! Tras esto Bobarín le mordió la cola sin ton ni sazón y regresó a la fiesta. Al verla aparecer tan sonriente entre las hortalizas del huerto  los invitados comentaban :
-  Oh, esta dama es La Alegría de la huerta-
-  Sin duda, sin duda, la alegría de La Huerta- Decía la huerta.
Fue desde aquella velada cuando las damas de Castilla comenzaron a fijarse en Madame Bobarín para imitar sus ademanes y sus sombreros, como si del Fuero de Cuenca se tratara. Cuando las Casas Colgadas quedaron colgadas por ella, cuando la Ciudad Encantada quedó encantada de conocerla, cuando las huertas descubrieron quién era su alegría y los peregrinos comprendieron que para coger carretera, valía cualquier manta.
DATOS DE INTERÉS :
La Compostina es una pócima personalizada que le sube a uno el ánimo, le baja el pantalón o le sube la falda. La de Madame Bobarín en concreto se llama En honore de Honoré de Balzac y la guarda en petaca.
La Espina de Concha sale cuando se confunde a su marido Ramón de la Serna con Ramón Gómez de la Serna. Serna con gusto no pica.