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10
abril 12

¿Para qué zarandear un panal de abejas?

Ama, espera, confía

porque no puede el que vence sin riesgo

decir que vence.

(Mercurio anima a Perseo) Calderón de la Barca.

                                 CAPÍTULO XXI

Bobarín y Gabina llegaron a un enredo de callejones en el oeste de la ciudad. A lo lejos sonaba un tango, parecía que no era tan contraria su suerte. Frente a la puerta de lo que creían un cafetín un anciano hablaba con su perro como si de un oráculo se tratara.
-¿Crees que hará frío esta noche Garufa?
-Guau, guau – contestó el perro al que gustaba repetirse. Bobarín interrumpió la interesante conversación.
-Perdone señor ¿En este sitio se puede bailar tango?
-¿No ven que estoy hablando con mi perro, quiénes se creen ustedes para interrumpirnos? Es usted…
- No me ladre. ¡Santo cielos qué mal envejece el mal humor! A mi también me molesta que hablen cuando interrumpo, pero a estos cuerpos les urge beber y bailar.
-¿Qué crees Garufa?- Preguntó el anciano a su perro oráculo.
-Lo urgente transciende lo inoportuno…- contestó el perro- Si quieren tomar y bailar están en el lugar adecuado, esto es una milonga.
-Gracias Garufa, entremos presto Gabina que el palique en la puerta sólo trae resfriados.
-Yo tomaré un vino blanco- dijo Gabina.
-¿Blanco? ¡El mejor blanco es un tinto!
-Pues sean dos tintos en vaso grande.
-Eso lo que es…es un vaso dilatador.
- O delatador…
Las dos amigas se fueron encendiendo con uva, Gabina que casi doblaba en edad a Bobarín se quitó unos años de encima y los puso debajo de la mesa, parecía una muchachita con su virtud y su carne prieta. En la mesa de enfrente un hombre que por ratos se rascaba la nalga y absorbía mate hizo un gesto con la cabeza invitando a Gabina a bailar. Gabina accedió azorada pero en un plin se dejó llevar demostrando su maestría, su soltura, su capacidad y su etcétera bailando tango.
-Olé, olé- aplaudía Bobarín.
-¡Qué rumboso es usted!- se animaba Gabina.
-Y eso que bailo tango…¿Y ustedes galleguitas a qué se dedican?
-A viajar, ahora vamos a tener que laburar porque estamos sin plata.
-Algo tendrán.
-El corazón para amar nos pesa, pero ni un peso.
-Ya somos unos cuantos millones, pero descuiden que la ley de los pobres es ayudarse.
-Pobreza obliga…Me está cayendo usted la mar de simpático, le ruego se siente con nosotras en la mesa.
Gabina y el simpático bailarín se reunieron con Bobarín.
-Encantado señora, Meritorio para servir a su amiga.
-Encantada, vaya sirviéndole otro vino qué bien lo merece.
- Si señora, buen vino gustamos en Argentina. Dicen que tenemos mejor carne que los ingles, mejor pizza que los italianos, mejor empanada que los gallegos y mejor vino que los franceses.
-No adivino quién lo dice…
-Yo adivino el parpadeo que las luces a lo lejos, van marcando mi retorno…- canturreó Meritorio clavando su mirada en los faroles de Gabina algo bizcos ya por la bebida y el baile.
-¡Ay Bobarín que este es de tu escuela! Me da a mi que me pretende.
-Déjate querer un poco Gabina.
-Si señora soy un hombre necesitado implorándole audiencia.
-Tenga mis oídos y mi atención pero también tenga en cuenta que este corazón octogenario tiene ya las paredes débiles.
-Déjeme alojarme en él y alicataré sus muros.
-Le aviso que es para usted mucho trabajo, habrá de hacer honor a su nombre.
Meritorio dobló el silencio con la mirada.
-Gabina, esos ojos suplican respuesta- animaba Bobarín a su amiga qué apenas acumulaba experiencia en amores y en tortillas de patata.
-Pues ale, sea usted el patrón de mi corazón en esta velada.
Al oír esto Meritorio sufrió un ataque de alegría cayendo fulminado.
-No se apure, le da por veces- apuntó el camarero.
-Pues esta vez parece la última- desespera Gabina mientras intenta levantar a Meritorio del suelo- No me deje en este valle de lágrimas…- rogaba desesperada a la bola de espejos que colgaba del techo. ¿Y Bobarín, qué hacía Bobarín en medio de este drama? Pues les voy a contar lo que hacía Bobarín. La mujer permanecía extasiada en su silla mirando al fondo del bar, desde donde un bulto de hombre se le acercaba, era Lázaro, el viril gaucho que había robado su corazón reventándolo con dinamita. Su rostro mudó de color y su voz arrugada demandaba botox con urgencia. Sin poder articular palabra permanecía como una piedra bloqueada ante el reciente recuerdo, ajena a otros desmayos. Mientras tanto Gabina hacía una friega de mate a su fulminado Meritorio bajo la nuca.
-¡Parece qué revive!- gritó Gabina.
-¡Parece que muero!- gritó Bobarín.
Lázaro caminaba del brazo de una hermosa mujer deslumbrando a nuestra dama con la delicada ironía de su sonrisa. Aquella ostentación de incomodarla, de ofenderla y maltratarla, tal vez estimándola, era más de lo que Bobarín podía soportar.
-¿Acaso finges quererme?
-En absoluto, fue todo una farsa, yo soy hombre de muchos amores.
-Empezando por el propio.
-Y terminando.
-Pues termine usted de una vez conmigo, cláveme sus puñales de acero. ¡Hiera, mate y huya!
-No sea usted dramática que me da lástima.
-Es todo lo que me queda para darle, a parte de un porrazo.
-No desistiré en molestarla hasta que me atice.
-¿Para qué zarandear un panal de abejas?
-Usted que se pica.
-¡Agárrame Gabina que le doy!
-¡Se impone la demencia!
-¡Gabina que me enajeno!
Pero Gabina estaba en otros menesteres. Meritorio despertó de su repentino letango, digo letargo, mientras la banda tocaba Volver. Con la mirada febril y borrosa se le iba apareciendo Gabina que le refrescaba la frente marchita, peinaba su sien plateada y soplaba para refrescarle.
- Es un soplo la vida…- susurró Meritorio acompañando al tango.
-¡Qué susto me ha dado!
-Tiene usted la expresión de la mujer que ha dialogado con los ángeles.
-Usted si que ha estado cerca de hacerlo.
Las historias se cruzaban haciéndose caso omiso.
-Por favor Lázaro, importune usted a otra dama, esto me va a matar- rogaba Bobarín al gaucho.
-Pues lo que le mata, le hace más fuerte.
-No es así el dicho- y dicho esto un apuesto caballero vestido de época que podría llamarse Paco pero sin embargo se llamaba Agustín acude a la mesa en su socorro. Bobarín cae al suelo medio bolinga ya sin fuerzas.
-¿Le están molestando señora?
-Ya me iba- dijo Lázaro tocándole el pandero a la mina que colgaba de su brazo.
El tercero en concordia abanicaba a Bobarín que recuperaba el color y un poco la compostura.
-Acepte mi gratitud caballero, gracias a usted y a Meritorio gano en fe hacia los porteños. A punto estaba de ingresar en un convento de arrepentidas.
-Pronto se le ha pasado.
-No voy a perder la fe a estas alturas- dijo Bobarín desde el suelo.
-Algunos amantes se creen soldados en guerra, creen en el revivir del amor tras la batalla.
-No era el caso, pero mi débil intuición le adivina a usted hombre de bien.
-Cualquier tierra puede dar hombres de mérito.
Bobarín brindó por ello terminando su copa.
-No tenemos remedio-acuñó Gabina.
-Me temo amiga que estamos llamadas a una suerte pareja con los hombres, yo por apego y tu por desapego.Brindemos por ello.
-No tome tanto señora.
-Bebo para sacarme un clavo del corazón.
Gabina vuelve a escena – Pues ten cuidado que a este ritmo se te va a salir hasta el de la cadera. El elegante Agustín asió a Bobarín con fuerza del brazo.
-¡Qué agustín!
-No se burle y baile conmigo, mujer fatal.
-Fatal lo estará usted.
 (Continuará)

 


20
enero 12

Viaje sin fe de vida ni de erratas

 

Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan. Wenceslao Fernández Flórez

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.Enrique Jardiel Poncela

 

 CAPÍTULO XVII

No se había acostado hace mucho Bobarín cuando una voz que parecía venir de debajo de la cama y que realmente venía de debajo de la cama le dijo :
- Bobarín has de viajar con tu amiga Gabina a Argentina…
- Gabina sal de ahí que es donde guardo las pelusas y me las vas a desordenar. ¿ Por qué quieres ir a Argentina?
- Por que he encontrado un viaje muy barato, además no soy Gabina soy un fantasma gordo.
- Los fantasmas no son gordos ni flacos, son pesadísimos, además no hay que comprar lo barato porque suele resultar inútil, lo barato siempre termina saliendo caro.
- Que no Bobarín que esto es muy útil, dada tu ahincada tendencia a la erudición he pensado que deberías viajar más para ampliar tus horizontes.
- Mi horizonte ahora mismo es reunirme con Orfeo y no tener una noche de tres meses.
- Ché mamita no seas salame y ani-mate.
- ¡Pero si hablás boludo!, mañana mismo partimos a Buenos Aires.
Era la primera vez que Bobarín y Gabina viajaban en avión y andaban muy agitadas, tanto que si se las llega abrir se hubiera llenado todo de espuma. El aeropuerto también estaba revolucionado pues se estaban retrasando vuelos por culpa de un volcán islandés que tenía un nombre tan difícil de pronunciar que todo el mundo lo llamaba el “Volcán Islandés”.
- Déjenme ver sus billetes señoras- Bobarín sacó la cartera y le enseñó dos billetes de veinte euros.
- Perdonen pero dada la erupción del “Volcán Islandés” su vuelo queda retrasado por culpa de las cenizas en suspensión.
- Otras que están suspendidas, las calificaciones no son todo en la vida- protestó Gabina que no tenía estudios ni apartamento.
- Tienes razón Gabina en cambio las recalificaciones si. Señor mi billete es para hoy.
- Con el debido respeto siento comunicarle que los vuelos de hoy son los de ayer así que venga usted mañana para volar hoy-
- Pero si yo vine ayer.
- ¡Pardiez! Haberlo dicho antes, disculpen las molestias, pasen, pasen.
Cuando llegaron al aeropuerto tuvieron que pasar por la aduana donde detuvieron a Gabina por portar una Kalashnikov, pero no pudieron quitársela porque era un recuerdo de su mamá. Una vez en el avión como ninguna de las dos veía bien no encontraban el asiento que les correspondía y se quedaron paradas en el pasillo hasta que se acercó un auxiliar de vuelo.
- Buenas tardes señoras, pueden seguir ustedes ahí de pié que les queda muy bien.
- Pues no sabe usted cómo nos quedan las butacas, si supiéramos cual es nuestro sitio lo ocuparíamos con creces.
El amable azafato las acomodó y subió la Kalashnikov el porta equipajes dejando un suave hedor a sobaquina.
- Ah, es usted axilar de vuelo, ya no quedan oficios como los de antes, enhorabuena.
- Gracias señora es un oficio de tradición familiar- dijo mientras  acomodaba a las damas junto a un apuesto vendedor de seguros.
- Vamos a morir, vamos a morir…- susurraba tembloroso – ¿ Están ustedes aseguradas?-
- Si señor, estamos muy seguras de nosotras mismas- respondió Gabina.
- Tiene usted la frente agobiada de miedo, lo mejor para la angustia es entretenerse con otras cosas- le aconsejó Bobarín
- Yo propongo una partida de backgammon- sugirió Gabina.
Antes de que despegara el avión tenían montada la timba. Se hacían unas trampas descomunales, el asegurador contaba en francés, Madame Bobarín tenía un dedo de más y Gabina uno de menos desde que su abuelita se lo cortó por señalar. Todos contaban apretándose los dedos en la pantorrilla disimuladamente aún así la partida estaba muy nivelada ya que apenas intervenía la suerte.
- Gabina estás contando de menos, así gana cualquiera.
- ¿Ahora caes en mi cuenta? Yo no hago trampas.
- Embustera aqui hacemos trampas todos.
- ¿ Embustera? Yo sólo miento dos veces al día.
-  Si, cuando habla y cuando calla- dijo Bobarín mirando al vendedor de seguros que movía las fichas con cara de sospechoso.
-  Bobarín es usted maravillosa, voluptuosa, una mujer capaz de destruir la geometría, me tiene usted impresionado- dijo mirándola a los ojos para entretenerla mientras sus fichas daban saltos comiendo la de su contrincante.
- En realidad sólo poseo una belleza académica pero con este modelito decimonónico gano mucho, usted si que hace trampas mejor que nadie.
- Y eso que estoy muerto de miedo, presiento que el avión va a caerse dentro de un momento-
- Por Dios pues que retiren los momentos de la pista-
- ¿Qué es un momento?- infirió Gabina interrumpiendo el flirteo.
- Debe ser como un agujero negro.
- ¿Y eso qué es?
- Una espinilla, creo.
El asegurador estaba empotrado contra el asiento de delante debido al paracaídas que acababa de calzarse.
- No entiendo porqué tiene usted tanto miedo a volar, parece un hombre muy viajado.
-Si señora tengo una cultura internacional he estado en la montaña rusa, como tortilla francesa, tengo una puntualidad británica, una paciencia de chinos, un pie de bailarina y otro de cama.Ahora viajo a Argentina para aprender a venderme.
- ¡Es usted un tesoro! Relájese y piense que es mejor viajar disfrutando lleno de esperanza, que llegar.
Por el pasillo se acercaba una azafata para servirles el almuerzo.
- Yo no tomaré nada gracias, me sienta mal el bigote y las albóndigas de guerra.
- Pues yo creo que el bigote le sienta muy bien- dijo la azafata que no se abrió el escote porque lo tenía abierto.
- Usted señora lo que quiere es ligarse a mi compañero de asiento y yo le vi antes.
- Estas albóndigas son una porquería. ¿No tienen carne argentina?- dijo Gabina.
- Pues no señora, teníamos una vaca adiestrada para que su carne estuviera blanda y sabrosa, también sabía dar la patita, tanto que un buey se la pidió y se fue a vivir a Albacete.
- ¡Huy Albacete!, yo soy de Albacete- dijo más animado el vendedor.
- Pues yo soy muyyyy de Albacete.
- Azafata como siga así le propino un albondigazo- amenazó Bobarín.
- ¿Es muy largo el viaje?- preguntó Gabina intentando solventar la batalla.
- Espera- dijo Bobarín bajando la ventanilla del avión que absorbió a la azafata.
- ¡Mira qué mona! No me había caído en gracia pero si que sabe caer con gracia- tras esto sacó el dedo calculando el viento predominante y volvió a cerrar la ventanilla. Parecía que todos los pasajeros debían haber aprovechado para despeinarse en ese ratito de nada.
- Calculo Gabina que estaremos en doce horas-
 ( Continuará)
Dedicado a Marcelino, porque en Argentina también se leía La Codorniz.