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Entradas etiquetadas: amor


14
marzo 17

“El Tribunal Social” y “Amor octogenario”

El Tribunal Social

Decir que te gusta la soledad, aborrecer la masa, los grupos de WhatsApp y los smartphones, está peor visto por el tribunal social que acumular una decena de taras y parafilias, que también.

Madame Bobarín , el silencio nunca me agrede.

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Microbobarato#2

Amor octogenario. [Relato en un acto]

Llevo hora y media en el bar. Por fin aparece Gabina, que irrumpe en mi mesa con esa libertad sólo permitida a una amiga íntima. Mueve con torpeza la mano derecha, lastrada por un pesado diamante de dos quilates.
B: ¿Y ese pedrolo? ¿No te da miedo que te atraquen?
G: Mírame. Nadie puede sospechar que es auténtico. -Un largo silencio que oscila entre la risa y la lágrima es irrumpido por el camarero.
Camarero: ¿Qué vas a tomar?
G: ¿Usted y yo nos hemos acostado?
Camarero: No, señora.
G: ¡Ah! Como me habla de tú había pensado… Póngame un Bull Shot para celebrar.
B: ¿Te han caído otros cuernos?
G: No, no, hoy no. Creo. ¿No te da rabia cuando se te ocurren las respuestas lúcidas a toro pasado?
B: Me pasa poco, pero cuando me pasa, recuerdo las hermosas ocasiones de callar que a veces dejamos pasar. Intuyo en ti esa desazón…
G: No, de verdad –cuando Gabina dice eso significa: Sí, sin duda-, a mi no me importa que los hombres me fastidien.
B: Ya, lo que fastidia es que sea siempre el mismo.
G: ¿Tienes una receta para la monogamia heterosexual?
B: Para eso, lo mejor es hacer creer a tu pareja que es él el que manda.
G: Pero eso está muy manido y si hacemos los dos lo mismo… Al final, ¿quién manda?
B: Es que eso no es relevante, la cosa no consiste en mandar, ni en ganar. Consiste en disfrutar, entonces ambos ganan. A ver, ¿tú qué le pides a una relación?
G: No tenerla. ¿Y tú?
B: A estas alturas: sólo paz -esas dos palabras condensaban todo el poema de mi amor.
G: ¿Y lo has conseguido?
B: Bien sabes que no.
G: Entonces eliges mal, eso es que tú tampoco quieres una relación.
B: La edad de la inocencia siempre es truncada por un desengaño, eso no perdona a ninguna. Después, el amor lo escribe la fatalidad y siempre se ignora el desenlace.
Camarero: Aquí tienes.
G: ¿Usted y yo nos hemos acostado?
Camarero: Sí.

17
noviembre 15

Madame Bobarín y Potasa

Al encontrarse en eminente proceso final la novela biográfica de Madame Bobarín, a partir de ahora transcribiremos sin pudor alguno su diario, respaldado por un vídeo ilustrativo de Potasa.

duquesa madame Bobarín

Duquesa al alba. Acrílico sobre lienzo 50X60 G.Royo-Villanova

 

Madrid 16 de noviembre de 2015

 Recién finalizada mi exitosa exposición podría resumirla en doce cajas de vino y no sé cuántos canapés, aunque estos últimos no los caté. Al llegar a la Galería Carlos Moltó, donde colgaban mis retratos, me agaché para recoger con esfuerzo un objeto sospechoso:
-¡Gabina! ¡Mira! ¡Un palillo! Aquí ha habido canapés…- exclamé certera siguiendo mi exacto olfato. Sin duda alguna no ha habido una moda más viral que la del “canaperismo”.
Siempre he dicho que lo mío es la cultura horizontal y es que lo de montar una exposición me desmonta, aún tengo agujetas aunque no tengo muy claro si se deben al montaje de tramoya precisamente, porque aquella misma noche un enamorado me tuvo trabajando hasta el alba.¡Eso sí que fue cultura horizontal! Al tratarse de un virtuoso actor se dedicó hacendoso al arte del amor mientras recitaba sonetos de Shakespeare, es lo que llaman en retórica, versos encabalgados. En el lecho de amor los hombres suelen hacer promesas que olvidan tras el climax en la “petit mort”: donde fallecen las promesas. Las mujeres en cambio recordarán por siempre aquellos sumisos compromisos que se evaporarán junto al sudor de las sábanas. En mi caso nunca me creo una promesa fugada en el calor de la lujuria por si acaso se cumple, y es que se pueden hacer cosas correctas pero por la razón equivocada. Yo aconsejaría a aquellos hombres que no pueden callarse durante el arte amatorio que reciten el Séptimo Canto de Altazor (Huidobro), les saldría más a cuenta, consideren que por lo general la mujer en su empeño es incisiva e insistente y la sucesiva proyección de deseos durante la concupiscencia terminará funcionando como si de un espejo lento de reflejos se tratara. Yo soy más de sobremesas que de promesas, porque estas últimas suelen ser olvidadas y disminuyen la confianza.  Al final cada cual con su memoria que es directamente proporcional a lo selectivo y sufridor que sea uno, en mi caso tengo tan poca memoria que veo mejor el futuro que el pasado o visto de otra manera, mi memoria funciona hacia delante. Hablando de memoria es curioso cómo cuando vas piripi se dispara el piloto automático para regresar a casa aunque luego una nunca lo recuerde, lo que he comprobado es que en el caso de tener la memoria destilada lo mejor es vivir en un pueblo pequeño, de esta manera si una olvida lo que sucedió la noche anterior, el marujeo popular te recordará gustoso todo lo acontecido sazonado con alguna malvada añadidura que hará tu aventura más sabrosa, al fin y al cabo somos una destilación del chis-morreo y de alguna manera nuestra vida aumenta cuando la ponemos en la memoria de los demás. Ahora me bajo al banco del parque para enterarme de lo que hice ayer y poder seguir escribiendo.
Madame Bobarín

El vídeo de Potasa que hoy respalda este documento :

 

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14
noviembre 11

El Cerro de Las Vistillas

Capítulo XIV

Cuando el amor ha sido una comedia, la relación termina en drama.

Alphonse de Lamartine

 

Hacía cinco minutos que había fallecido Gauchito, un pequeño pez que alegraba la casa cantando apoyado por un coro de microbios. El dolor no puede medirse por la causa, sino por el efecto. Desde que murió Gauchito en la casa reinaba el silencio, sólo se escuchaba el caer de una gota de agua desde la gotera del salón. Gabina se acercó a Bobarín que luchaba por mantener el equilibrio subida a una escalera.
– ¿Pero qué haces ahí arriba Bobarín?
– Intento aprovechar la gotera poniéndole un grifo.
– Salgamos a tomar el aire.
– Yo ya lo he tomado en la cocina, pero tienes razón hoy me gustaría enseñarte el Cerro de Las Vistillas.
Gabina y Bobarín mojaban pan con cabrales en vino tinto sentadas en una terraza de Las Vistillas. Mantenían una acalorada conversación porque hacía mucho calor.
– Mira Gabina, tienes que perder el miedo a las relaciones.Los hombres son muy divertidos.
– Claro, nunca has tenido uno el tiempo suficiente como para aburrirte.
– Que no, hay que saber ver, mira los hombres son la parte más divertida de la mujer.
– A mi me parece que la parte más divertida de una mujer es tu turbante.
– Bueno, es que mis tocados tiene buena cabeza.
– Pues eso Bobarín, que a mi los hombres como son tan sencillos se me hacen muy complicados.
– Pero Gabina los hombres son más claros y directos. Tengo una vecina que se debe creer que las caras no se han inventado por cantidad de maquillaje que se pone, los hombres en cambio llevan la cara lavada.
– ¡Fíate! Que también tienen sus secretos.
– Ya pero como son secreto nunca se sabe. Mira a la Ramona que le salió un ojo en la sien de tanto mirar a casa de su vecina.
– Ya. En el pueblo hay un par que les ha salido una cornetilla en la oreja pero no todas las mujeres son cotillas.
– Saben poco y murmuran mucho, Gabina. Tal vez si supieran mucho…
– No todas las mujeres son así. Mira qué virtuosas son las de la Junta de Damas de la Honradez y el Trabajo.
– Mujer no te líes y hazme caso, no rechaces las caricias de amoríos que al paso se te ofrezcan.
– ¿Pero a quién tienes en cabeza?
– Pues mira conozco a un escritor de manos que ha ganado el Premio Cerguantes. Le han traducido la mano a cinco idiomas. Los lectores de manos le van a hacer un monumento.
– Los lectores de manos son muy pesados, sobretodo cuando las leen en voz alta. Yo prefiero leer recetas de cocina o el periódico de mañana aunque al final me paso el día leyendo instrucciones y haciendo colas.
-Yo tengo enciclopedias y tomos de manos completos, yo te tomo la mano, te la dejo de tomar…Así es la vida Gabina.
– Déjate de hacer de Celestina que yo prefiero mirar el paisaje. Mira qué bonito paisaje el que se ve dese aquí.
– Pues el que no se ve ¿ Qué me dices de ese?
– Ese es precioso.
–  Los paisajes que no se ven ya no son como los de antes.
– ¿ Antes de qué?
– Antes de comer, Gabina, siempre es antes de comer.
– Tampoco las comidas son como las de antes- dijo Gabina mientras volcaba el platito de cacahuetes en su bolso.
– No hagas eso Gabina.
– Pues si no quieres que haga eso haré lo otro- e hizo lo propio con las aceitunas.
– Qué a gusto hemos estado Gabina mira cómo ha caído la tarde-
– Si, está por lo suelos.
– Deberíamos volver a casa antes de enero.
– Venga que es tarde y me gustaría preparar un caldo de tortuga.
– Nunca es tarde si la sopa es buena.
– Vámonos entonces. Yo tengo tanto sueño que se me ha dormido una pierna.
Se disponían a levantarse cuando un galán se acercó a nuestras damas.
– Dichosos los ojos que le contemplan Bobarín. Aunque dejáramos de ser novios no hemos dejado de ser primos.
– Señor usted se confunde yo no soy su prima.
– Si que lo es y me rompió el corazón. Vengo a decirle que no me importa más que se riera usted de mi. Ría, ría porque lloraremos tanto…
– Qué afición al drama.
– Comparada con un verso suelto es usted toda una novela.
– Le ruego diga lo que ha venido a decir, antes de que se me duerma la otra pierna.
– Vengo a despedirme porque tengo que irme.
– ¿ Dónde va usted?
– A la guerra, a morir por usted y por mi patria.
– Pero si no hay ninguna guerra.
– La inventaré por usted. Suélteme, déjeme ir…
– Señor, si yo no le estoy agarrando es que se ha enganchado la chaqueta con la silla.
– Me llama el deber. Adiós pichoncito, adiós.
– Adiós mi amor y no te mueras.
– Que si, que seguro que me muero y nunca más me vuelves a ver.
–  ¿Pero quién lo dice?
–  La voz de la experiencia.
– Pues tiene usted la voz de la experiencia un poco ronca.
– Pedí luces a la suya para guiarme y se fundieron los plomos.
– A veces donde mejor se ve es en la oscuridad. Y no sobre actúe o no le aplaudo cuando termine.
– Puedo leer la indiferencia en su frente.
– Señor si yo no le deseo ninguna guerra ni ningún mal. Yo no le deseo…nada.
– No busco ya el deseo busque un hueco donde enterrarme a mi con mi recuerdo.
– Qué fácil es hacer drama.
– Muy señora mía me dio usted la miel de sus labios para luego arrebatármela.
– Tenga en cuenta señor que la miel es manjar indigesto.
– Alimento del alma. ¿ Ya no recuerda cómo arrebatada sacrificó nuestro cariño por un bocadillo de calamares?
– Algo me suena. Ahora que me habla de moluscos cefalópodos se me está abriendo el apetito.
– Queden escritas en tinta de calamar mis palabras imprudentes y desatinadas en esta carta que le entrego. Me voy, me voy y le entrego mi amor.
 Aquél hombre desapareció dejando sobre la mesa un bocadillo de rabas que Bobarín y Gabina compartieron de vuelta a casa. No insistan en la desventura y en la tragedia pues no es drama cuando llora el actor sino cuando llora el público.

Dedicado al poeta Pepe Ramos y al pez que está al otro lado de mi pecera.