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Guillermina Royo-Villanova


24
febrero 17

El asentamiento del Dos de Mayo

Madame Bobarín detendrá la publicación de su biografía “La Historia casi real de Madame Bobarín” por causas casi irreales para dar paso a sus experiencias cotidianas a tiempo real. Y tales son esas razones, de una y de otra parte, que no sólo nos interesa a nosotros decirlas aquí, sino que acaso también interese al público conocerlas. En primer lugar, embargados por la imperiosa y acuciante necesidad de cuestionar esta sociedad distópica -poco funcional para los valores individuales-, procuraremos seguir dejando en evidencia y sin tapujos la débil estructura de los convencionalismos. Los hechos y su anhelo por entrar en entredicho no perderán la inequívoca perspectiva surrealista, que nos lleva a ver el mundo común de manera no común en esta aventura que emprendemos en busca del hombre sin artificio. La otra razón que nos obliga a esta decisión es que acabamos de comenzar la novela que se publicará para que lo amables lectores de Bobarín puedan adorar el objeto, leer sus aventuras en papel, utilizarlo como arma de autodefensa o calzar una mesa. Debido a la desazonadora pobreza energética y temporal que oprime al autor -que es mujer pero gusta vestir corbata prieta-, Bobarín echará mano de los archivos mentales, siempre renovables, del humorista, que -aburrido y al borde del suicidio- vive con la única esperanza de sorprenderse a sí mismo miserabilizándose sin pudor alguno. Como venimos haciendo, fisgaremos en el disco duro del pobre infeliz, donde se acumulan los mismos datos que le vienen obligando a decir alguna tontada en el momento menos oportuno, como si se tratara de un chiste espontáneo. Textos en los que el descorazonado artista se creyó útil, letras en las que recobró la vitalidad creyéndose dueño de las experiencias de Bobarín, que a partir de hoy robará definitivamente la dignidad al antihéroe, prescindiendo de sus servicios para escribir ella misma en primera persona y de modo sucinto sus devaneos. No obstante, Bobarín rescatará del autor ese algo litúrgico en su humor que aumenta la propia voluptuosidad de la protagonista, mientras el pobre diablo prepara su novela.

CAPÍTULO  LXVII

Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos.

Antoine de Saint-Exupéry.

MADAME BOBARÍN

Fragmento del cuadro “Windows Macro hard” o “La ventana discreta” para “Mil caras de Dulcinea” actualmente y hasta el 14 de marzo en La casa del Reloj del Matadero.

 

A Bobarín siempre le ha gustado regresar sola a casa para puentear ese incómodo momento en el que una se siente deudora de la caballerosidad masculina, gentileza que no siempre alberga buenas intenciones. Estaba contrariada por la insistencia de Leonardo en acompañarla a casa, seguramente tendría que hacerle una cobra para evitar sus amagos y no tenía los reflejos muy lúcidos. Nunca había entendido por qué algunos cargan el “NO” de esa modestia, que Bobarín no practica, para ser interpretado como un “SÍ”, obligándola a recurrir a una mueca malhumorada para hacer entender que su lenguaje se ciñe al diccionario.
-Está bien- dijo Leonardo esquivando los cuchillos de su mirada-. Ya te llamaré -otras veces estas palabras le sonaban a “hasta nunca”, pero en esta ocasión sabía que Leonardo lo haría.
Por fin sola, continuó andando hasta la Plaza de Dos de Mayo, eran más de las cinco de la mañana y le mataban los pies. Acomodó su trasero en un banco y se quedó observando aquella fauna nocturna que pululaba entre las sombras. Intentaba seguir el seseante paso de aquellos dipsómanos tratando de adivinar la historia que se escondía en cada uno, pero era inútil, le parecían todos el mismo.
Detrás de ella apareció una sombra menos atarugada que el resto. Bobarín agarró presta el bolso antes de que aquel bulto sospechoso se precipitara sobre ella con efusión.
-¡Bobarín! ¿Qué ilusión volverte a ver! ¡Mi querida Bobarín! Siempre tan independiente-. Aquella voz agradable y familiar la conmovió pero no conseguía recordar de qué le conocía. Sobre todo le inquietaba el hecho de que la tuteara, eso indicaba que probablemente hubieran vivido algún romance en el pasado.
-Estás siempre en mi mente, me paso la vida pensando: qué opinaría Bobarín de tal o cual cosa, cómo le gustaría esto a mi preciosa… Hasta sueño contigo.
Pero la escasa memoria afectiva de Bobarín la hacía olvidar las caras, aunque ella asegure que siempre le queda la esencia, e incluso si le suena el físico no acierta nunca a recordar los nombres. Aquel tipo podía tratarse perfectamente un ex amante, nunca le habían faltado galanteadores pero Bobarín había ido desdeñando en su memoria a los que no estaban a la altura de su imaginación. Empeñada en descubrir de quién se trataba, le dio palique hasta esa hora de eclosión en la que los seres meandro que regresan a casa o buscan un último antro se mezclan con los que se despiertan para ir a trabajar. Se llamaba Fernando, era un hombre encantador, un dandi trotamundos sobrado de neuronas y desparpajo que jugaba con la ironía hasta la adulación del damnificado. Incluso había despertado su interés, no se encontraba a menudo este modelo de escéptico y vividor que no llega a cínico y egoísta. Aun así había algo en él que resultaba sospechoso a Bobarín, un dualismo incongruente que azuzaba el recuerdo… Era demasiado frágil, obediente, un poco pelele, vamos, un pagafantas sumiso que clamaba a gritos atención. Bobarín supo sacarle provecho y aceptó desayunar con él, ella no era responsable de la reacción sumisa de su naturaleza, o tal vez sí, tal vez en el pasado su carácter y energía arrolladora había convertido a Fernadito en un hombre faldero fiel a sus caprichos. En cualquier caso, si lo había borrado de su memoria, por algo sería, aunque por más que alargaba la conversación no atinaba a descubrirlo.
-Estoy esperando que abran la farmacia, ya sabes…
-¿Ya sé?
-Sí, ya sabes, Dodotis Dodotis… -dijo palmeándose su abultado trasero.
Una avalancha de recuerdos anegó a Bobarín en un depreviso trabalenguas anaglífico: Diaperismo, anaclitismo, autonepofilia, infantilismo parafílico, Fernandito, Fernandito, pleonasmo. Aquello formaba parte de otra vida, cuando recién llegada a la Villa de Madrid conoció a un señor al que le erotizaba ponerse pañales y que le trataran como a un niño.
Hasta la novela, queridos.
Próxima entrega: Microbobirato.

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30
diciembre 16

De las copas sin fondo y los hombres con fondos

¿Moral biológica? El que ingiera demasiado alcohol será castigado con cirrosis. Pero es necesario, además, que sus cromosomas le hayan fabricado un hígado que se preste a ello. De otra manera, no hay sanción.

Jean Rostand.

Y aquí aparezco yo cuando era vieja.

Y aquí aparezco yo cuando era vieja junto a Wolf del In Dreams, que no bebe cerveza.(Acrílico sobre madera de G.Royo-Villanova)

 

Parecía que Gabina no sólo había ganado o perdido la virtud –eso depende del lector, que es uno-; por lo visto estaba empalmando una petite mort detrás de otra -que es lo que da la vida- y se había olvidado de servidora. Menos mal que tengo los higadillos preparados para estas circunstancias de esperas etílicas, aunque la continuada ingesta de alcohol comenzaba a afectarme al hipotálamo y el mundo comenzaba a torcerse ligeramente hacia la izquierda: de hecho, Leonardo parecía lucir una doble peluca.
-Leonardo, deben de ser las copas, pero le veo dos pelucas torcidas.
-¡Leche! Ya se me ha descolocado el bisoñé.
-Eso me tranquiliza. Por soñarla quien la sueña, la llaman la biensoñada. Supongo que la dentadura del suelo no es suya. -Leonardo palpó el bolsillo de su chaqueta y respondió-. No, esa no.
-Esto comienza a parecer un cementerio de elefantes…- antes de terminar la frase me dio un vahído y me dejé caer sobre lo que parecía un sofá. La verdad, caí a plomo y no me fijé en si había alguien debajo. De haberlo, no tuvo tiempo de quejarse; más tarde me dijeron que se trataba de un gigante, pero que no me preocupara porque tenía alma de enano cabrón. Me sentía morir, aunque no debía de estar muriéndome porque no vi la luz ni me pasó una parvada de imágenes de mi vida por delante, sólo desfilaron ante mí todas esas cosas que no son importantes; pensándolo bien, tal vez sí me estaba muriendo, porque al fin y al cabo, la muerte es este algo que nada importa. Leonardo me abanicó preocupado.
-¿Cuántos dedos ves? -me preguntó sin mostrarme ningún dedo-. ¿Cuántos años tienes? ¿A qué te dedicas? -parecía estar aprovechando mi desmayo para hacerme un interrogatorio.
-A mi edad y para estar siempre guapa… debo de ser tanatopractora.
-Está usted estupenda, aunque no se puede decir lo mismo del resto de criaturas que habitan a estas horas el bar.
-La competencia es lo que debita el comercio.
-¿Pero se siente mejor? Piense en una suave brisa peinando un campo florido.
-La verdad, en este momento debo de ser muy feliz porque no siento la necesidad de pensar en algo precioso. Aún así, ha llegado la hora de la retirarse.
-No se si podré con usted hasta casa. ¿Cuánto pesa?
-¿Quieres el peso real o el relativo? Porque pesar peso 120 kilos, pero añádale 12 copas, el paso tambaleante y mi zozobra existencial.
-También puedo prestarle dinero para un taxi.
-Sí, prefiero eso. Lo importante no es tener dinero sino deberlo.
-Bueno, soy un hombre pudiente, puedo asumir el gasto.
-Enséñeme el ombligo.
-¿El ombligo?
-Sí señor, el nivel económico de un hombre se mide por el relleno de su ombligo. Hay hombres que tienen pelusillas de algodón egipcio o de lana de vicuña, otros los rellenan –con el tiempo- de pelotillas orgánicas y cascarrias. ¿Le importa enseñarme su pelusa? –Leonardo metió la mano bajo el jersey y extrajo una espumosa y boyante bola del mejor cachemir del Tibet. Hasta me pareció oírla balar.
-¡Qué maravilla de pompón! ¡Qué exceso! ¡Qué tocar!
-Es usted muy generosa en sus elogios.
-Lo que soy es una mujer sólida sin adornos ni engaños… Soy un fondo de inversión.
-Ja,ja,ja… Ya veo por dónde va.
-No lo ve tanto, por lo general analizo lo que le gusta oír a la gente y se lo digo.
-¿No es eso un engaño?
-Se llama piedad. Por ejemplo, a la gente le gusta oír que todo me va de maravilla.
-Eso lo hará porque sabe que si le van mal las cosas las personas tienden a pasar de usted.
-¡Ja! ¿No cree que me gustaría quitarme de en medio a ese tipo de gente? Una mártir. ¡Lo que soy es una mártir! Siempre pensando en los demás.
-Desde luego, es usted una mujer ejemplar.
-Las mujeres no suelen ser ejemplares a no ser que sean muy muy feas.
-No pretendía llamarla fea.
-No, si lo de fea no me molesta, es peor lo de ejemplar, la cursilería del eufemismo. Además, soy lo suficientemente hermosa para suscitar el piropo del albañil desde el andamio. Le aseguro que doy el pego cenitalmente.
-Todos tenemos nuestro perfil bueno. Venga, que la acompaño y convido al taxi -insistió mientras la cerveza se me derramaba lentamente sobre la pantorrilla. Mis reflejos, empáticos como su dueña, se habían quedado en el cristal de la copa siquiera mi cerebro emitió la orden de enderezar el asunto, porque en el fondo agradecía el fresquito que recorría mi pantorrilla.
-La próxima vez intente que parezca que no me invita, como si fuera yo la que está haciéndole el favor.
-Me complacería usted si me acompañara a buscar un taxi.
-Gustosamente iría, pero hoy estoy de copa caída -me levanté con esfuerzo, apoyándome sobre el amable señor plegable que estaba debajo de mi. Le di unas palmaditas y le tranquilicé asegurándole que la humedad provenía de la cerveza que acababa de derramarse. Algo que agradeció mucho-. ¿Qué hora será? Estoy agotada, las neuronas no me dan para más.
-No nos deje, está resplandeciente y lúcida. Hace falta levantarse muy temprano para pillarla a usted dormida.
-Se lo agradezco, pero no apele a mi voluntad con lisonjas, me voy a casa.
-No me huya.
-No huyo, voy hacia mí.
(Continuará después de la resaca)

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11
noviembre 16

Del chisme y su intención

Un chisme es como una avispa; si no puedes matarla al primer golpe, mejor no te metas con ella.

George Bernard Shaw

CAPÍTULO LXV

Detalle de la “MacroHard Windows” por G.Royo-Villanova. Acrílico sobre madera, En la foto: Aitor Estalayo.

Detalle de la “MacroHard Windows” por G.Royo-Villanova. Acrílico sobre madera, 

        Continué esperando a Gabina en aquél bar de Malasaña. Mientras esperaba mi décima copa una brigada de policía irrumpió en la sala de manera estrepitosa -los antivicio, pensé-. Siempre que veo a la autoridad me inquieto, lo primero que pienso es que estoy haciendo algo mal y tengo que examinarme para asegurar que no estoy bebiendo fuera o fumando dentro. Mi nuevo pretendiente se acercó para tranquilizarme.
-No son de verdad, es otra despedida de soltero.
-¡Qué susto!- dije sacando las gafas.
-He de confesarle que no es la primera vez que la veo. Suelo coincidir con usted en la panadería. Debe tener una familia muy numerosa porque siempre lleva cinco barras de pan.
-No señor. Vivo sola con mi amiga.
-¿Su amiga? A veces la veo acompañada de un fantoche que no tiene muy buena fama en el barrio. Debería usted seleccionar mejor sus compañías.
-¿Esto es una broma? ¿Dónde están las cámaras? ¿Cómo se atreve? ¡Petulante almibarado entrometido!
-No quería molestarle, es que la veo tan inocente e indefensa que me inspira usted ganas de protegerla.
-Sólo le falta decirme “pobrecita” y le arreo un guantazo.
-Se comenta en el Bar de Jesús que ese chico tiene un pasado turbio y de buena fuente me ha llegado que se trata de un loco peligroso.
-Una fuente de agua venenosa y más en manos de traficantes de chismorreos y maldades.
-Hágame caso, no es trigo limpio ese crápula.
-No diga una palabra más por favor, váyase, no sea pelma.
-Es que no sabe usted dónde se está metiendo.
-¿No ve en mis ojos ese brillo sanguíneo que llevaría a la decisión de matar si llegara el caso?
-Disculpe. Yo se lo digo con la mejor de mis intenciones.
-Las peores faenas que me han hecho en la vida han sido con “la mejor de las intenciones”.
-Mujer, la intención es lo que cuenta.
-Ya estamos. Mira, estoy de los tontos buenos y de sus intenciones hasta la coronilla, nunca sabes por dónde te pueden salir, por lo menos con los malos estás alerta y con los listos te diviertes.
-No hable así que hay mucho tonto por aquí y nos puede oír alguno.
-Tranquilo, no se dan nunca por aludidos.- dije mirándole fijamente.
-Que le van a oír…- nada, no se enteraba el tío.
-¡Ay Dios mío! ¡Santa paciencia! ¡Temple es mi virtud y estoica mi condescendencia!
-Amén.
-¿Ve? Sois peligrosísimos, imagine la magnitud del estropicio si manejan la información equivocada. ¡Incluso la buena! ¡Ja! Lo peor que te puede pasar es que tengan la iniciativa de hacerte un favor.
-Peores serán los malos tontos.
-Qué vaaaaa, a esos se les ve venir. Aún así no alcanzo a ver las intenciones de su vilipendio, querido…
-Leonardo.
-Encantada, Bobarín – continué hablando sin darle la mano – Mire, cada vez que comienzo una relación me viene una insufrible comitiva de emisarios a difamar al caballero, siempre “sabiendo bien de lo que hablan…”, en la mayoría de las ocasiones el enviado en cuestión posee una opinión sesgada bajo el criterio de una ex furiosa.
-Sólo déjeme que le cuente…
-¡Qué pesadez! No voy a escuchar sus fatuas afirmaciones, a estas alturas hemos vivido tanto que hasta podríamos hacer las cosas bien. ¿No cree?
-Claro que sí pero es que no quiero que le pase como a mi con mi mujer… esa bellaca infame, autócrata insoportable…
-Mejor haría en guardar su lengua.
-¡Menudo genio gastaba!
-Lo supe nada más verle, viene de una ruptura y está decidido a darme la tabarra con sus absurdas intenciones mortificantes.
-Es verdad, me han abandonado por un jugador de rugbi negro. ¡Negro! Justo ahora que ya no se llevan los negros.
-Mire, se lo repito por ultima vez. No soporto que me hablen mal de nadie, ni de un negro.
-¿Se ha oído?
-Bueno, es que a mi también me dejaron por un negro.
-No es el color de su piel, es que en lo demás no hay color y esa depravada y pérfida traidora, hija de mala…
-Shhhh, sea prudente y calle.
-Déjeme explayarme un poco que me hace bien.
-En mi criterio, por lo general, el individuo al que se pretende perjudicar sale muy bien parado, en cambio el hecho de hablar mal de una persona sólo habla mal de uno mismo.
-A ver, Pablita Coelho, a usted qué más le da, si no la conoce.
-Tampoco usted conoce a mi amigo y eso no le mermó. Además ¿por qué confiar en mi? Ha de elegir bien con quién compartir sus secretos.
A ver. ¿Cuándo le han dejado?
-Ayer.
-¿Ve? Usted está ahora irritado, incluso diría yo, con la cólera en crescendo. Pongámonos en el caso de que yo decidiera ser su confidente. Bien.   Le permito desahogarse a base de injurias y usted enardecido por el “bebercio” en un arrebato de furia exacerbada me confiesa cosas que nunca hubieron de salir de su alcoba. Bien. Hoy usted suelta lastre pero mañana se arregla con su mujer o quedan como amiguitos. ¿Y yo qué?
-Usted mañana no se acuerda ni de mi nombre.
-Leonardo querido, después de llenarme la cabeza de basura procuraría no olvidarme nunca de usted, por lo menos para huirle. ¿Y total para qué? ¿Para aliviarle de su rabia?
-¡Claro mujer! Y usted que tiene criterio no hará mal uso de mis reproches de despecho.
-¡Y usted qué sabe! Hay muchas personas que no tienen ese criterio o que lo utilizan fuera de lugar para demostrar que tienen información sobre otros, así es como se crean las leyendas negras que estigmatizan a los amantes del mundo éste.
-Siento haber hablado mal de su amigo, sólo déjeme hablar mal de mi mujer. ¡Necesito hablar mal de alguien! –me apretó el brazo tembloroso.
-¡Huy! El que en ocasiones ve locos peligrosos… Puede usted bombardearme con todo tipo de maldades subjetivas desde su enajenada versión de los hechos y al fin y al cabo no sería tanto para confortarse como para justificarse.
-¿Yo que tengo que justificar?
-En este momento el estar timándose conmigo “porque su mujer es una tirana” y al parecer sólo encuentra consuelo sobre mi turgente pecho.
-Yo sólo estoy manteniendo un diálogo de bar con una preciosa señorita.
-¿Quiere darme una lección de recato o es que le gusta parecer tonto?
-Qué tiene usted contra los tontos, hay tontos como hay diabéticos pero son los menos, no subestime al personal, además la mayoría de los estultos lo son por propia elección.
-Ah, que es usted mayoría- dije quitándole con elegancia la mano de mi pantorrilla.
-Muy señora mía, no hay porque pensar nada malo.
-¿Y usted por qué lo está pensando?
-No creo que sea malo que usted me erotice.
-Malo es que lo niegue y malo es vituperar a un desconocido o traicionar la confianza de la que fue su mujer.
-A propósito…
-¿Qué dices de los “adredes?”- le interrumpí.
-No sé da cuenta, somos tan afines que a veces creo que estoy dialogando con mi otro yo.
-¿Y no le da asco?
-Un poco.

Hoy en el Canal Potasa :  “Yonqui de la lectura”


6
septiembre 16

Del ego y el juego

Sonreír al desconocido no deja de ser una forma educada de enseñarle los dientes.

Camilo de Ory

CAPÍTULO LXIV

detallecantina

Detalle de la “MacroHard Windows” por G.Royo-Villanova. Acrílico sobre madera, instalación en ventana. Para la exposición colectiva “Las mil caras de Dulcinea” coordinada por Ángel Agrela

    Desflorada Gabina a sus ochenta años me demostró una vez más que para el amor no hay edad, sino edades, las de Lulú y las de Tururú. Yo solía hacer lo mismo, es decir, dejarme lo mejor de la hamburguesa para el final, el problema es que para cuando llegas al último mordisco ya no tienes hambre. Lo bueno de Gabina es que sesenta años después de su primera y última oportunidad en las artes amatorias ya no tenía ni ganas de no tener ganas y lo cogió con ganas. Esperé a que regresara mi amiga tomando mi octavo gin tonic en compañía de mi nuevo pretendiente, que vete tu a saber qué no pretendía.
– ¿Se siente bien?- me preguntó arrimando su ojo a mis senos- verdad es que mi pecho amenazaba con lanzarse por el balcón de mi escote.
– Todo se mueve.
– Eso es porque ha bebido usted demasiado.
– No, se llama relatividad, todo se mueve, en estado de embriaguez sólo empeora.
– Agárrese a mi.
– A usted no le toco yo ni con un palo.
– Reconozco que tampoco estoy muy allá.
– Ni que lo diga, está usted demasiado acá.
– Me refiero a que también estoy ebrio, no he cenado en todo el día.
– Si hubiera dicho que no ha comido en todo el día, no le hubiera creído.
– Touché.
– ¿Ahora me va a hablar usted en francés?
– Bueno, a veces me voy a la francesa.
– ¡Ah! Está bien, se va a usted a la francesa pero avisando.
– Debe creer usted que soy idiota.
– Yo no he dicho nada caballero.
– Le he entrado a usted con mal pie.
– Otro que se disculpa antes de pisarme.
– Por favor no esté a la defensiva.
– Nooooo, era sólo una antimetáfora.
– ¿Una antimetáfora?
-Yo lo llamo así, es una metáfora hiperbólica y cutre con el fin de que la entiendan a una a la primera.
– ¿Por qué me ataca?
– Es usted el que ha traído sus intenciones a mi mesa, déjeme degustarlas como buena canapera.
– No, si se está usted poniendo las botas.
– Me calzaría las de mil leguas, lo malo es que huiría dando eses y usted me alcanzaría rápido.
– No le cojo el punto.
– Ni el G ni el je, je.
– El punto G está bien, pero hay otro mejor. Ese en el que la mujer entra en automático.
– Encima vago.
– Ya ve, a un hombre se le conoce por su basura.
– ¿A todos los hombres?
– Bueno, sobre todo a nosotros los auténticos, los artistas.
– A los “vosotros” os encantaría ser uno solo, lo que pasa es que no sabéis uniros, os puede el ego.
– Un artista necesita el ego, pero también una abuela.
– Me empieza usted a caer bien aunque se ha pasado, tal vez pasaría por su madre.
– Me ha mal interpretado.
– Vaya. ¡Cómo engaña! Era sólo la suerte del beodo, lo confundí con inteligencia.
– No voy a debatir mi inteligencia, pero sepa usted que doy muy buena suerte. ¿No querrá desperdiciarla?
– A las cosas feas siempre se les atribuye buena suerte, como a la joroba de Igor o la caca en el zapato.
– No podrá usted derribar mi ego de artista con oprobios.
– Iba a insultarme a mi misma pero hubiera sido demasiado obvia mi admiración por usted.
– La llamada civilización comenzó cuando dejaron de tirarse piedras para lanzarse insultos. Lo dicho, no podrá con mi ego.
– No, pero seguro que su ego puede conmigo. Ayer, sin ir más lejos, me acerqué a felicitar a un músico por su obra, acababa de comenzar mis adulaciones cuando me quitó la palabra y comenzó con el autobombo.
-¿Eso es cuando se fecundan a si mismos?
-Exacto, el auto-placer. El muy narciso no sólo me interrumpió para quitarme el gusto de la adulación diciendo sobre si mismo lo que yo venía a decirle, sino que según se iba explicando su obra iba perdiendo todo interés. El ego es el más peligroso de nuestros consejeros y aunque es necesario, debemos ocultarlo.
– ¿Por qué ocultarlo?
– Porque pasa a ser vanidad. A ver, todos somos ridículos pero algunos lo disimulamos mejor.
– Vanidoso o no el ego es invencible como la mujer, se le hiere pero no se le mata.
– Por no matarle a usted acabo de matar la copa.
– Una pena, porque después del caneo que me ha metido, mi amor propio me impide invitarle a otra.
– ¡Ay! Ahora su amor propio le hace fingir y cierra sus puertas al conocimiento – dije subiendo la cremallera de mi escote.
– ¿Qué ginebra bebe? – dijo sin bajar la cremallera de su conocimiento.
– Me vale la suya.

(Continuará)

Capítulo dedicado a Carlos Gil.

Hoy Potasa en un documental imprescindible para sobre llevar la resaca

 

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4
junio 16

De cómo Gabina es desviagrada y desdoblada

Los hombres son criaturas muy raras: la mitad censura lo que practica; la otra mitad practica lo que censura; el resto siempre dice y hace lo que debe.

Benjamín Franklin

CAPÍTULO   LXIII

hola

“La musa y sus titanes” G.Royo-Villanova. Acrílico sobre lienzo para la próxima exposición colectiva “Las mil caras de Dulcinea” coordinada por Ángel Agrela

 

Ahí me quedé, abandonada por Gabina en la Vía Láctea, luchando por moverme entre la displicente masa humana que se apelotonaba en torno al billar donde un grupo de mujeres ataviadas con penes luminosos en la cabeza jugaban a romper el tapete.
-No soporto las despedidas de soltera, está claro que no hay nada más aburrido que divertirse- no hablaba sola, hablaba a Gabina que no estaba.
La cerveza helada me sudaba en la mano, aquello era insoportable. Un palo de billar luchaba por abrirse paso para hacer otra nefasta jugada seguida de las estridentes risas de las mujeres pene, hoy por fin, alguien las mira.
-Me están agobiando las del billar.
-Más bien las agobiamos nosotras.
-¿Gabina?- No la veía pero sin duda era su voz.
-Aquí estoy- respondió su voz- como desdoblada y disuelta en el aire.
-¿Pero no estabas entregando tu flor a Eugenio? ¿No le has invitado a tu huerto sin cercado?
-Sí, sí, estoy en su apartamento a punto de entregarle mi virtud.
-Qué manía en pensar que la virginidad es una virtud. ¿Estás bien?
– Sí, pero tenía que consultarte algo.
-Dime.
-¿Tú me ves a mí como yo a ti?
-¿De qué estamos hablando?
-Te veo desde fuera con subtítulos en español latino.
-No, yo sólo te escucho. ¿Eso es lo que me querías consultar?
-No mujer, es que Eugenio ya anda aflojándome la faja y me preguntaba ¿Cómo sé si es el hombre adecuado? ¿Cómo saber si le gusto de verdad?
-Mi táctica no es ver a quién puedo gustar o me guste, sino quién me parece divertido o interesante. Pero vamos, a estas alturas yo ya no le haría remilgos.
-Estoy asustada, me acaba de tocar una teta. ¿Qué hago?
-Que no cunda el pánico, déjate llevar, sé tu misma, él sabrá que hacer, eres como un libro abierto.
-Un libro abierto de una sola página en blanco. Estoy colapsada. ¿Que sea yo misma? Mira que eres marimoñas – tras un breve silencio escuché incómodos gemidos- ¿Ahora por qué me deja babas en la oreja?
-No sé, yo tampoco lo he entendido nunca, debe ser un punto erógeno.
-¿Alógenos?
Al verme hablar sola una “aparentoso” caballero se sentó junto a mi llevado por la curiosidad y un poco por mi irresistible atractivo. Muy atento, no dejaba de mirar de reojo mi escote por si algo se me escapaba.
-No caerá esa teta caballero.
-Bobarín no te pongas a ligar ahora. ¡Ayúdame!- se quejó la voz. Otro silencio.
-Por dios Gabina, no me retransmitas el partido, es tu gran momento de intimidad.
-Acabo de pegarle. No se por qué pero le he soltado un mamporrazo de aquí te espero. Ahora me odiará para siempre.
-La causa de la causa es causa del mal causado.
-¿Eso es por mí o por él?
-Por los dos.
-¿Qué hago?
– No le sueltes otro leñazo.
-¿Le digo que me duele la cabeza o algo así?
-No, no, que tú tienes muy mala mentira. Dile la verdad.
-La verdad duele.
-Sí, pero es un dolor sano, el golpetazo es menos grato y te puede denunciar.
-Me está diciendo que sea leal con nuestro pasado. Pretende que me entregue como no hice en aquella romería hace sesenta años.
-No se puede ser leal con el pasado siendo desleal con el presente.
-¿Le digo eso?
-Venga, no se me ocurre algo menos libidinoso.
-No ha funcionado, le ha gustado. Me persigue por el dormitorio llamándome Diosa de la Inoportunidad, acaba de aferrarse a mis adiposidades abdominales. Me ha inmovilizado. ¿Qué hago?
-A ver, es evidente que nuestras posibilidades de acción han sufrido una merma considerable.
-No te enrolles, esto es desesperante y desesperante es también tu aparente pasividad.
-Tranquilízate. Prueba a decirle que no quieres intimar con él- intenté aplacarla con mis palabras- ¿Gabina? ¿Qué ha pasado? ¿Gabina? ¿Sigues ahí?
-Que lo ha entendido perfectamente y me está poniendo un Martini. Fíjate, ahora que le veo desde aquí me está dando ganas de la concupiscencia esa.
-Entonces te dejo que tengo a un señor asomado al balcón de mi escote.
-Disculpe señora, deje que la prevenga de los caballeros de dudosa caballerosidad que frecuentan este bar.
-Comete usted un error psicológico garrafal, no quiero conocer de antemano los sinsabores eróticos que me deparan.
-Pero no debería usted estar aquí sola coqueteando con desconocidos.
-¿Viene usted a matar la esperanza que abrigo de tener esta noche un maravilloso destino de lujuria y desenfreno?
-Pues se va a llevar usted un chasco.
-Muy bien, deje entonces que disfrute hasta que llegue el chasco.
-Merece usted mejores compañías.
-Oiga usted, yo nunca le acusaría de no ser ni mucho menos tan honorable como parece, podría usted tener una vida privada abominable o más probable, perder un ojo enganchado entre mis pechos. Además ha de saber que a este sitio venimos mucho.
-¿Venimos?
-Yo y mi amiga, que no está porque se ha reencontrado con el amor.
-Quien ama, principalmente ama el amor y desea que el amado ame a aquel que a su vez le ama.
-Te ha dejado tu novia y me vas a dar la tabarra.
En ese momento volví a escuchar la voz en off de Gabina, más exaltada, pletórica, ufana y satisfecha que nunca.
 -¡Bobarín! ¡Bobarín! ¡Por fin me he convertido en todo un hombrecito!
Había merecido la pena esperar un tiempo.

La Potasada del día

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5
abril 16

De Gabina sin carabina

“Si la virtud fuese reconocida como un misterio, la virtud sería más fácil.” Cándido

CAPÍTULO LXII

 NOCTÁMBULO DE MADAME BOBARÍN

Serie Pin Ups Madame Bobarín "Romperocazones"

Serie Pin Ups Madame Bobarín “Romperocazones”. Acrílico sobre madera por G.Royo-Villanova

Era la típica taberna española, de esas en las que hay que abrirse paso entre cabezas de gamba, huesos de aceituna y servilletas grasientas. Como tantas otras, estaba abanderada por dos hombres cabizbajos atrincherados al final y principio de la barra. Una mujer notablemente achispada daba la tabarra a los camareros que miraban impacientes un oxidado reloj de Coca-Cola.
-Me da a mí que están cerrando el paraíso- dijo Gabina, demasiado avispada incluso para esa lucidez que le concede la bebida.
Al vernos entrar, los camareros echaron un pulso con la mirada apostándose a quién le tocaba atendernos. El menos obstinado se acercó hacia nosotras:
-Estamos a punto de cerrar.
-Solo es un chupito, lo que dura la ira- dijo Gabina guiñándome el ojo mientras se sacudía el agua del abrigo.
-Bien, pero cerramos en diez minutos.
– Entonces cuando cierre ¿podremos fumar dentro?
-No señora, cerramos con ustedes fuera, esto no es un after y no es negociable que la veo venir.
-Bueno, bueno, no se ponga así, era por si colaba…
Sin duda Gabina ya había cogido el expreso de media noche e iba a ser difícil que saltara de él en marcha. Nos sirvieron los dos chupitos que bebimos con su consecutivo golpe sobre la barra.
-Venga y ahora para casa Gabina, que ahí puedes fumar tranquila- yo también tenía que probar por si colaba.
-Ah, no, no, no, no. La Vía Láctea nos pilla de camino, una paradita anda… que me he quedado con mal sabor de boca.
-Bueno. Una parada más y no me sobes tanto.
Continuamos nuestra peregrinación habitual. El llegar a casa suele convertirse en toda una cruzada contra las seductoras hordas del vicio nocturno. La verdad es que no hace falta que nos tienten demasiado, el simple hecho de saber que aún queda algún bar abierto es una clara incitación a esa hora en la que la voluntad es la primera en rendirse.
-Venga tonta, que esta vez invito yo.
-No abuses de tu generosidad- respondí. Claro, que la muy tunanta no entendió esto último. Era la primera vez que me invitaba a algo y me temo que lo hizo con el dinero que va sisando de mis propinas. Al fin y al cabo, todo queda en casa y no hay riqueza tan segura como la de un amigo.
-Es que con lo que me estás contando esta noche siento una ansiedad que me coge el pecho y me ahoga.
-Tranquila, no es más que el vértigo de la libertad, se te irá pasando.
-Es que siento que he sido toda mi vida una completa idiota.
-No sientas eso Gabina, a ti no te falta inteligencia, solo te falta experiencia e información.
-Pero no me informes tanto leñe, ve poco a poco.
-Ahora ya no sé si me estás vacilando y no hace falta, ya estamos donde querías.
-Mucho me queda para vacilarte pero tiempo al…
– Shhhh… Echa un ojo con disimulo. A mi espalda hay un antiguo conocido tuyo, ese que habla con todos. ¿Le reconoces?
-No, ni un poco. Pero parece que es amigo de todo el mundo.
-Lo que nos dice que no es amigo de nadie.
-Dame otra pista.
-Le echaron del pueblo.
-Pues sería al único, los demás nos fuimos por nuestro propio pie.
-Sobreactúa, me temo que nos ha visto.
-Sin duda a estas horas todos se exceden en el matiz del papel que interpretan.
-¿Le estás defendiendo? Vaya con la inteligencia emocional. A este lo que le convendría es un curso de arte dramático.
-Es de buen ver. ¡Qué mentalidad más arcaica tienes hoy!-me respondió la tía. Por seguro había notado que estaba en efecto contrariada.
-Arcaico hay que ser para decir que alguien tiene “mentalidad arcaica”- respondí.
Recordaba perfectamente a aquel tipejo y cómo en nuestros años mozos, tras repetidos rechazos de Gabina, había intentado sobrepasarse con ella, llegando incluso a besarla en la mejilla. Hubo un revuelo en el pueblo y por decreto fue exiliado a puntapiés llegándose a prohibir pronunciar su nombre en toda la región.
-¡Ay Bobarín, Bobariiiiín! ¡Que se acerca hacia nosotras!
Me inquietó su tono de emoción, tan crónico como la pasión, pensé, qué virtud tan extraña la de aquellos que en lugar de ocultar la emoción, la afectan. Me acercaba a Gabina para refrescarle la memoria cuando aquél canalla nos interrumpió con descaro.
-Les invito a una copa.
-No gracias- respondí contundente.
-No hieran mis sentimientos.
-¿A quién trata de engañar? Sus sentimientos no pueden sentirse heridos- Sí, menuda memez acababa de decir, pero me asaltaba el imperioso deber de proteger a mi amiga.
-¡Ja! Cuánto sentimentalismo.
-Sentimentalismo será para usted los sentimientos que no comparte- me estaba hundiendo yo sola.
-Me temo que no me han reconocido.
-Si no le hubiera reconocido hasta me hubiera caído bien.
-¡Ya caigo yo! Es Eugenio, mi pretendiente del pueblo.
-Tu pretendiente a secas.
-Tu estás celosa- se reveló Gabina mientras entregaba su mano a aquel fantoche que no dudó en besarla como si de un caballero se tratara.
-Eu, para servirla. Gentil, leal y cosmopolita.
-Sí, creo que una vez estuvo en Londres- dije mostrándole mi disgusto. A mala hora había avisado a Gabina de su presencia.
-No se mofe señora y muestre respeto por este paisano de ustedes al que les une el destino.
-Por favor Gabina, quita esa cara de balada- susurré a mi amiga que parecía hipnotizada, seducida, hechizada, cautivada, magnetizada… pero las cartas estaban echadas, Eugenio no iba a desistir en su conquista y Gabina se dejaba seducir ufana.
-Gabi, cielo, no me está atendiendo.
-Que sí, que le escuchaba con el otro oído.
Agarré con fuerza a Gabina del brazo.
-Gabina ha dicho “cielo” por Dios. ¿Vas a irte con alguien que te llama “cielo”? Piensa un poco, los pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
-Me importa un pitoche- me contestó mientras pestañeaba zalamera timándose con Eugenio. Parecía decidida a no dejar pasar de nuevo aquella oportunidad. Tal vez me sentí celosa, tal vez fingí protegerla cuando sólo temía perderla. Vinieron a mi cabeza bucólicas imágenes de nuestra amistad en la aldea y recordé a aquella Gabina de dieciocho años que rechazó a Eugenio. Miré hacia ella y no pude evitar emocionarme, entre lágrimas volví a ver aquella sonrisa pubescente en su ahora ajado rostro, a los ochenta y dos años mi cándida amiga había conservado su virtud en espera de entregar su flor al hombre adecuado. Eugenio se volvió hacia mí.
-Disculpe Bobarín, ¿no tiene nada que hacer?
-Lo estoy haciendo, querido- pero mi trabajo de carabina fue eclipsado sin decoro por su robusta espalda.
-¿En tu casa o en la mía?- le preguntó en un alarde de originalidad.
-¿Tiene alergia al polvo?
-Mucha.
-Entonces en la suya.
(Continuará)

Dedicada a mi admirada Chus Lampreave, que en paz descanse.

No se pierdan el desenlace final de Supervivientes con Cuquera y Potasa

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8
marzo 16

Del odio y otras memeces

El Odio es un borracho al fondo de una taberna que constantemente renueva su sed con la bebida.

Charles Baudelaire

 

EPIS-ODIO LXII Diario Madame Bobarín

Jolly Jocker (II) Colección privada M.Manrique

Jolly Joker (II) Colección privada M.Manrique

 Madrid 8 de marzo, 2016
     A la quinta cerveza la conversación comenzó a ser delirante, a mí no me lo parecía pero el personal nos miraba raro cuando Gabina alzaba la voz para sentenciar sus inciertas certezas… Había llegado la hora de irnos, mañana probablemente tendríamos que volver a por los objetos olvidados. Como Gabina había llegado al bar a la francesa -vamos, que tardé media hora en verla- estuve atenta para que no se fuera de la misma manera, no porque no pagara, temía que no encontrara el camino de vuelta a casa. Ha pasado una semana desde entonces y me sorprende que me acuerde de algo, esto sólo me pasa cuando me siento responsable de alguien que no sea yo. No sé qué sucederá este sábado, no me gusta hacer planes, como tampoco me gustan las personas manipuladoras que te planifican la vida. Lo de programarme nunca me sale bien porque soy tan previsora como predecible, así que cuando preveo algo no me funciona. Las personas que sufren cuando se les tuerce los planes es por el hecho de tenerlos y por su incapacidad de improvisación ante los imprevistos. Es un error pensar que la vida de uno haya de ser así o asá, lo único que hay que trabajarse es a uno mismo, pero no con objetivos fijos porque lo bueno de los objetivos es que van cambiando según te acercas a ellos, pasa como con las personas, a veces apuestas todo por alguien y te defrauda pero por el camino encuentras otras mejores; la cosa es no enquistarse y seguir creciendo. Esto de lo que hablo no es conformismo, simplemente no conformarse con los deseos de una sociedad que jamás hubieras deseado.
Apenas nos manteníamos en pie, iba siendo hora de regresar a casa.
– Venga Gabina, levanta el trasero -me giré con obvia torpeza hacia la barra para despedirme del camarero, no le vi, aún así me despedí por si acaso.
– Adiós Wolf, tengo una noche de hojalata, me voy con mi tambor a otra parte.
Al salir de In Dreams nos cruzamos con algún exnovio embriagado, aún no tengo claro si era mío o de Gabina porque estaba tan borroso como mi memoria. Se acercó a nosotras y levantando las manos hacia el cielo exclamó:
– ¡Te he amado demasiado como para no odiarte!
– Tu eres idiota.
– Yo creo que me ha confundido, nadie me ha amado tanto…-dijo Gabina irónica.
– El Odio es otra flor del mal, bebiéndose hasta el agua de los floreros al fondo de una taberna que renueva su sed con la bebida. O algo así dijo el maldito.
– Yo no entiendo el odio, es una pérdida de tiempo- apuntó Gabina.
– Es un sentimiento que a mí me enternece, es más, incluso me honra. Pienso que si alguien es capaz de odiarme también podía haber sido capaz de amarme, eso sí, vete tu a saber con qué tipo de amor, que ahora se llama amor a cualquier cosa…- nos tambaleábamos en zigzag de un lado a otro de la acera. Calculé que íbamos a tardar tres veces más de lo habitual, que era tres veces más que en estado sobrio.
– ¿Pero de dónde les sale el odio?- insistía Gabina obcecada.
– No sé, yo lo que he comprobado es que la diferencia engendra odio y envidia, y si encima no se entiende, engendra rechazo… También hay especializaciones en cuanto a eso del odiar.
– Ya, lo malo de los juicios de la gente es que no los hacen para cambiar las cosas sino para destruirlas directamente. Es como una enajenación destructora ante lo desconocido.
– Exacto, es la cólera de los débiles, el camino fácil.
– Ja, ja, ja…pues podíamos coger ese camino a casa- dijo Gabina quitándose los tacones.
– ¿Quieres que cojamos un taxi? Aunque estamos a cien metros…
– No, que me viene bien andar para empapar- había llovido – ¿Sabes? A mí es que no me importa que me odien, incluso a veces ni me entero.
– Eso es lo más gracioso, que el cobarde intimidado lo hace como venganza; luego llega una Gabina de turno y ejerce la venganza más cruel…
– ¿Yo? ¿Qué venganza?
– La del desprecio de toda venganza, aunque sea sin querer es una cosa que les fastidia mucho.
– No sé, yo soy incapaz de vengarme y de odiar, me envenenaría- dijo Gabina mientras vomitaba sobre una farola.
– Creo que ya estás envenenada.
– Ya pasó. Era sólo un hipo gordo. ¿Por qué no sé odiar? ¿Por qué?
– Porque eres todo corazón, criatura. Cuanto más pequeño es el corazón más odio es capaz de albergar, un despilfarro de corazón, lo mejor es un By pass-o de todo…
– Pero me intriga, me gustaría saber lo que sienten.
– Imposible, para odiar hace falta no tener imaginación ni inteligencia, y a ti te sobra de lo primero.
– ¿Qué insinúas?
– Que eres incapaz de odiar.
-¿Y de verdad que no te molesta nada que te odien?
– No, incluso aprecio a los que lo hacen con elegancia.
– Ja, ja, ja, a mí me hacen gracia los que te piden perdón antes de pisarte.
– Y el cínico aconsejándote que dejes de fumar… La verdad, es un arte que respeto, sobre todo si echan mano del cinismo,  la gente debería al menos aprender a odiar.
– Bueno, dicen que el odio disminuye con amor…
– ¿Quién es el memo que dice eso? Al que odia más rabia le da que le des amor, entonces se ensañan, te ven con cara de poner la otra mejilla y no pueden resistirse. Lo mejor que puedes hacer es dejarlo en paso. El tiempo es el único capaz de aburrir al odio, aunque algunos “odios” siguen bullendo bajo la lápida e incluso son hereditarios.
– ¿De verdad que nunca has sentido nada parecido?
– A ver, reconozco haber sentido ira, pero esa no me dura nada, la ira prolongada es la que engendra rencor y el rencor prolongado el que engendra odio…
– ¿Cuánto ha de durar la ira exactamente?
– Exactamente lo que te dura un chupito- en ese momento un coche pasó raudo sobre un charco mojando a Gabina de arriba abajo, su cara se llenó de cólera, sin mediar palabra entró en el primer bar que vio y acercándose a la barra pidió un chupito.
 (Continuará)
Dedicado a ese profesional en irse al francesa, el escritor J.D como el whisky 
Una mujer al final de una barra una barra al final de una mujer In Dreams Café, nuestra casa

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25
febrero 16

De señales y razones, intenciones

La verdad al cien por ciento es tan rara como el alcohol al cien por ciento.

Sigmund Freud

    Continúo recostada en mi diván ejerciendo este acto liberador o terapia literaria de mentir bien la verdad. Defenestrado el síndrome de abstinencia, me centro en lo que ahora me atañe -me centro mucho- porque sólo alcanzando la libertad interior puede una aspirar a tener de las otras, luego ya veré qué hago con ellas. El efecto del gazpachov es placentero, pero como todo buen placer hay que utilizarlo raramente, este bebercio te invade como el té de amapola blanca, muy lejos de la euforia me mantiene relajada en el sofá mientras el hipotálamo realiza sus funciones básicas dejándose acunar por los recuerdos a corto plazo que se reproducen en super 8 sobre la corteza prefrontal sin saber ni pretender entrar por la escuadra al hipocampo…un espacio que he reservado para la memoria del corazón, la que elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, la que me permite seguir adelante.
    Sin duda, aquella noche con Gabina mereció la pena, me ilusionaba su entregada atención, percibía sus cinco sentidos achispados por el alcohol fijos en mi palabra algo que acrecentaba mi inspiración. Cándida criatura, su interés me llamaba a comprometerme con la absurda verborrea destilada de las cervezas que habíamos ingerido. Tampoco deseaba mantenerme alerta, quería disfrutar de aquel momento, pero me preocupaba no saber callarme a tiempo, porque sólo las buenas ideas deberían convertirse en palabra y sólo las buenas palabras han de tratar de convertirse en actos, deseaba protegerla sin perturbar su inocencia y temía que el alcohol me traicionara. Hacía un rato que había adquirido el papel de coach, como si pudiera prepararla para los peligros de la gran ciudad – yo que nada sé- pensaba… Sólo la humildad de alguien como Gabina puede aproximarse a la verdad, si quiera desaprendiendo todo lo que sé podría acercarme a su honestidad.
La vida es la constante sorpresa de saber que existo- ¡Ay!.... (Madame Bobarín avista por la ventana a su novio besando a otra)

      La vida es la constante sorpresa de saber que existo ¡Ay!  (Madame Bobarín descubre a su novio besando a otra)

 -¿Y cómo se hace para mentir?- me preguntó muy interesada por las artes del embuste.
-Lo primero es creerte tu propia mentira y lo segundo tener buena memoria y confiar que sea a la larga porque si no, tarde o temprano, te pillan…
-Antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.
-A no ser que no sea cojo y sólo lo finja.
-Esto va a ser complicado.
-Escucha y luego practicamos. La mentira además habrá de ser apoyada por detalles circunstanciales siempre verídicos…
-¡Ay…! Ponme un ejemplo.
-A ver. Lo mejor es partir de una verdad. Mira, te voy a contar una que me intentó colar un amante que se veía con otra. Se llamaba… vamos a llamarle Santos, para que nos dé más risa.
– De devociones absurdas y santos amargados, líbranos Señor…
-Un pálpito me decía que Santos andaba enredado con Ramona, así que le pregunté sin rodeos y me contestó de manera sospechosa y perifrástica:
-¿Recuerdas cuando nos quedamos sin cerveza? Me enviaste al chino a comprar unas latas – ese es buen comienzo para el mentiroso porque sugiere que el hecho de haberte hecho un favor es el desencadenante de lo sucesivo. Me contó que estaba justo pagando cuando entró ella por casualidad… Ese en cambio fue su primer error, marcar la casualidad, porque supe que ahí me había colado la mentira aunque no sabría cuál hasta más tarde. En realidad estaba omitiendo que aprovechó que bajó a la calle para llamarla, entonces el buen mentiroso enseguida hilvana con otra verdad -¡Qué casualidad! Ella también iba a por cerveza para cocinar su afamado pollo…. – es verdad que el pollo a la cerveza de Ramona tiene mejor fama que el de Ramoncín… -¡Con una casualidad basta!- le dije, y sin entrar en la latosa rueda de la discusión huyendo del cisma, decidí dejar la relación, y no porque me molestara que se viera con otra, pues yo también lo había hecho en mis años mozos, sino porque no soporto la mentira.
-Entonces yo no sirvo para mentirosa, hay que ser muy listo…
-Y buen actor… De todas formas, depende de a quién quieras mentir. Por lo general los más inteligente optan por ser un poco crédulos, sino no hay quién viva. Por otro lado a los listos, como tu dices, que distan mucho de los inteligentes, les suele traicionar el sentimiento de orgullo.
– Vale, entonces nunca hay que decir “por casualidad…”
-Ja, ja, ja, mujer, lo que no hay que hacer es marcar las mentiras, puede ser con un “por casualidad” o rascándote la nariz… Yo tengo un detector de mentiras innato. ¿Sabes? El buen mentiroso, el que disfruta, se pone más guapo cuando miente.
-¡Qué cosas! Por eso me gustarán los feos…
-Bueno, eso es porque no puedes aspirar a otra cosa…
-¿Qué has dicho?
-Nada, nada, alma cándida. ¿Sabes lo que más rabia me da?
-Dime.
– Cuando sin que hayas preguntado intentan arreglar algo que no te importa, más bien, algo que ves claro y prefieres no darle importancia. De nada sirve perdonar una infidelidad si no se olvida, y yo tengo mala memoria, así que mi perdón es de los que duran. No entendí por qué entonces insistía en recordármelo intentando justificarse con más mentiras.
-Hay que asumir que el hombre engaña más.
-Y que la mujer engaña mejor…Y por asumir asumamos que a la larga el hombre es fielmente infiel por naturaleza y la mujer apasionada suele perdonarle.
-Bueno, también están las que prefieren tragar antes de quedarse solas.
-Ya bueno, pero no te vayas por ahí que ese no es nuestro caso. A lo que íbamos, lo que me irritó fue que intentara defender su mentira. ¡Eso sí que me crispa! Lo considero un insulto a mi inteligencia y si me despiertan el ego…
-¡A mí me vas a contar!
-Mujer, suelo mantenerlo aletargado, la debilidad de carácter sí que no se enmienda.
– Ya, ya, venga, ¿y lo siguió intentando?
-No imaginas. Hay personas que son capaces de “matar” a su madre si eso les aporta una buena coartada.
-¿Qué te decía?
-Me dijo que no había pasado nada, pero yo les había visto desde la ventana besándose en la plaza…
-Vaya… Ja, ja, ja y ¿qué hacías en la ventana?
-Ja, ja, ja. Buscar con la mirada ilusionada a mi amor, me gustaba verle andar por la calle…
-¡Ay, pobre! Dicen que la sorpresa es el móvil del descubrimiento…
-Pues yo comencé la casa por el tejado.
-¿Y qué le dijiste?
-Un clásico, el típico “no lo aclares que oscurece”.
-¿Y continuó?
– Claro, ya había cogido carrerilla, me juraba que todo había sido un dominó de casualidades, y es verdad, todo son casualidades, si no son para uno, son para otro. ¡Qué manía tiene la gente de creer que se tiene todo controlado! Eso sería aburridísimo.
-¿Entonces te daba igual de verdad que tuviera otro lio?
-Gabina lo que hay que ser es sincero con uno mismo. ¿Cómo reprocharle lo que yo había hecho anteriormente a otro? Fastidiarme me fastidió, claro, pero ten en cuenta que si te pringas con la vida exageras su importancia y si pasas de ella, exageras su insignificancia.
-Vamos, que no me tomé a mí misma ni demasiado en serio, ni demasiado en broma.
-Exacto. Pero la cosa fue a peor, cuando más insisten, más la fastidian, cuanto más la fastidian, más rabia les da, entonces pasan al papel de víctima… Pasó de pegármela a ser el “pobrecito Santos”. ¡Ay, pobre que le han dejado! Llamadas, whatsapp, mensajitos, en fin, toda la artillería del reproche sobre un mismo blanco. Así que Gabina, ándate con ojo con los mentirosos, lo único bueno que tienen es que como al final hagas lo que hagas siempre tienes la culpa puedes hacer lo que te de la gana.
-No sé yo… si lo ves tan claro juegas con ventaja.
-¡Ah! ¿Entones no sólo hay que parecer tonta sino serlo? Yo perdono la infidelidad pero no la deslealtad.
-Mmmmm…Me haces dudar.
-Bien, lo importante es dudar a tiempo.
-Es que no sé si me gustan tus teorías, me haces un lío, ahora, no sé qué hacer con ellas…- dejé a Gabina dando vueltas al asunto y me giré hacia a la barra.
-Dos tercios Wolf, por favor- lo que más me gusta de Wolf es que se hace querer, es de los pocos camareros que no se llaman “Perdone”. Al volverme hacia Gabina descubrí que se había ofendido al haberla dejado hablando sola, enfurruñada me asaltó:
-¿Me escuchas o qué?
-O qué.
Ambas reímos al tiempo de brindar con las dos nuevas cervezas.
Dedicado a Cecilia Gurrea Moreno y Janis Lázaro ¿Os ha gustado, o qué? – O qué.

Potasa conoce a Neptuno Hurtigruten. Fiordos Noruegos

 

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17
febrero 16

Aparentar tiene más letras que ser

Fingimos lo que somos; seamos lo que fingimos.

Calderón de la Barca

In Dreams, la segunda casa de Bobarín

In Dreams, la segunda casa de Bobarín

El diario noctámbulo de Madame Bobarín
15 Febrero 2016 Madrid
  Menudo fin de semana, la resaca está siendo apoteósica. Escribo mientras disfruto de mi “Gazpachov”, un brebaje compuesto de dos porciones de gazpacho y una de vodka que te deja como nueva. En este momento me estoy dejando arrastrar hacia una lúcida flacidez y sí, miro hacia la luz y que sea lo que el gazpachov quiera.
Mentira, mentirosos, mentir… La mentira no lleva a nada bueno, a no ser que se quiera perder el tiempo o no preocupar a una ancianita débil del corazón, y digo anciana porque creo que lo más piadoso que se puede hacer con un niño es no mentirle. Conozco varias mentirosas compulsivas – coinciden ser mujeres- no sólo mienten sin necesidad ni propósito, van más allá, cuando no eres una de sus víctimas pretenden hacerte cómplice, lo que te obliga a estar atenta y complica las situaciones confundiendo al personal… al final una termina por alejarse, en ese momento la mentirosa pregunta algo como – ¿Qué pasa, te aburro? – Tremendamente.
Yo nunca miento, verdad es que no habrían de canonizarme por ello porque para mentir hay que tener una memoria privilegiada de la que carezco. El engaño es una mutación de la mentira muy arraigada que suele echar mano de la omisión, es el pan de cada día en esta era de la apariencia en la que vivimos, donde para muchos los sueños son más reales que la vigilia, aunque en realidad, todo es lo que parece si sabemos mirar. Por ejemplo, el que no comulga con los cánones establecidos, está loco, e ahí el cuerdo, así de sencillo, con esta teoría uno puede equivocarse de vez en cuando pero tiene más probabilidades de acertar, si uno toma conciencia de ello, nunca conocerá el aburrimiento porque no todas las personas errantes andamos perdidas, más bien buscándonos en ese viaje que huye de lo falso,camino a Ítaca, el verdadero encuentro del perdido.
La venerada apariencia no es más que un error del entendimiento; somos engañados por la apariencia de una verdad forjada a conveniencia por unos cuantos. Eso sí, lo aparente sólo es un claro indicio de lo inaparente y como hay más rostros que personas una se la pasa viendo indicios por todas partes.
Ayer tras meditar sobre la cristalina sonrisa de Wolf – el camarero del bar que frecuento- mantuve una amena conversación a pie de barra con mi amiga Gabina.
– Qué bien entran las cañas cuando te las tiran con cariño.
– Pero se pueden poner con profesionalidad y saben igual.
– Nunca será lo mismo, con la esencia de la bebida en taberna pasa como con el amor, no hay disfraz que lo oculte o finja por mucho tiempo.
– ¿Por eso los borrachos dicen siempre la verdad?
– Nada que ver Gabina, hablo de otra cosa, anda pega un trago. La honradez del vicioso de la que hablas es otra careta, todo es un camino hacia el placer gratuito.
-Pero yo no miento cuando estoy ebria.
-Porque tampoco mientes sobria, además no necesitas que te patrocinen las copas. Los alcohólicos mienten como bellacos respaldados por la mejor de las interpretaciones.
-Ahhh, hablas del alcohol como careta inhibidora…
– También, y no me parece mal, incluso las máscaras pueden ayudar a uno a mostrar su verdadero rostro. El problema comienza cuando por la costumbre uno llega a creerse su propio disfraz.
– Conozco a varios autoprefabricados, cómo cambian cuando se lo creen, se les sube lo humos de la noche a la mañana, les cambia el rictus facial y hasta la forma de hablar.
– A algunos les afea el éxito como a otros el fracaso. Ambos tienen mala digestión porque olvidan calibrar el esfuerzo.
– Eso es porque se da más importancia a la apariencia del mérito que al mérito mismo.
– Aparentemente… porque a ver, si tuvieras dos caras, ¿utilizarías esa que tienes?
– ¿Por qué no? ¿Me ves tan mal?
– Déjalo Gabina, estás preciosísima…
– Bueno, reconoce que si mantienes las apariencias el mundo te abre las puertas…
– ¿Y para qué están las ventanas? A demás , lo que hay que hacer es derrumbar las paredes.
– ¿Pero tu en qué mundo vives?
– En el que me gusta, consciente de que hay más en los que me juzgan por lo que parezco, así que se lo pongo fácil.
– Nadie te juzga por lo que eres a no ser que seas lo que pareces…
– Ahí está, como soy tan lo que soy al menos ahorro tiempo, enseguida se autoseleccionan los que me quieren u odian de verdad…
– Ya, lo peor es que te odien de mentira- tras esto nos dio la risa y brindamos apurando la cerveza.
– ¿Entonces cómo saber si una persona es auténtica?
– En general observa cómo son en las pequeñas cosas, porque es cuando se muestran como son, en cambio en las grandes son más como les conviene.
– Grandes cosas, no sé, no sé…dependerá de lo que a uno le de importancia…
– Al final nada es tan importante como que te pongan una cerveza antes de pedirla.
En ese momento un sonriente Wolf posó dos tercios helados sobre la barra.
Dedicado a Eva Rivas y Fernando Vacas

Potasa y Cuquera en SUPERVIVIENTES III

Una intensísima entrega

 

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18
enero 16

Carta de Madame Pompadura

Las mujeres llaman arrepentimiento al recuerdo de sus faltas; pero, sobre todo, al sentimiento de no poder cometerlas de nuevo
Jeanne-Antoinette Poisson, Madame de Pompadour

Hoy he recibido carta de  Madame Pompadura, su amistad lejos de las maldades y bajezas de las que es capaz el pobre ser humano, llena mis carnes de gran alegría y contento.
Madame Bobarín / Madame Pompadour

Madame Pompadura Acrílico sobre lienzo

  Querida pecadora, me colma de regocijo nuestra relación epistolar, un tambor de hojalata cargado con balas de plata. Comparto tu fascinación por los aciertos por error, me gustan casi tanto como las serendipias, da igual acertar mal si uno acierta o encontrar algo que no se buscaba, eso es que te han encontrado a ti y yo aún ando buscándome… eso sí, siempre manten tus propias creencias y valores, lo peor que te puede pasar es fallar con ideas ajenas. Llegados a este punto he decidido desaprender, limpiarme de tanto estigma social que sin querer había conseguido lacrarme con ese absurdo sentimiento de culpabilidad por cualquier tontería, de la culpa nacen las injurias, la segregación, incluso parece que cuando la culpa es de todos no es de nadie, tanto se repite la culpa que uno se vuelve inmune, crea ceguera y al final, la culpa, sólo es del tiempo. La cosa consiste en saber más y más sobre menos y menos hasta saber todo de nada. Con la inteligencia emocional de Mayer y con la empatía uno puede tirar para adelante sin conflicto. Siempre he respetado todo tipo de creencias ¿Cómo no hacerlo cuando mis difuntos se comunican conmigo en morse a través de las gotas de lluvia contra el cristal? Es por ello que no entiendo ese miedo que empuja a rechazar todo lo que no se entiende, cuando sólo lo nuevo e incomprensible me lleva a la excitación sexual, claro que me pusieron de sexo hombre, algo que nunca me preocupó demasiado ya que soy mujer, a estas alturas nada, absolutamente nada me crea ansiedad, ese vértigo a la libertad lo superé hace tiempo. ¿Qué más da lo que hagas o dejes de hacer si terminarán diciendo que lo has hecho? En los últimos años me han liado con hombres, mujeres, perros, gatos, puertas y hortalizas. Sólo entiendo esto último. Me divierte lo que me cuentas de Carolina Bescansa y su bebé en el Congreso, eso es lo que yo llamo “pedagogía pura” es decir, demagogia infantil, ellos “pueden” hacerlo mejor el problema es que aún están en pañales, da tiempo al tiempo y los relojes de Dalí se endurecerán, al fin y al cabo un bebé representa que el mundo debe continuar.
No te preocupes por tu pérdida de memoria, la memoria también va a hacia adelante. Últimamente hay mañanas que no atino una, es lo que llamo las mañanas langosta, se me descarga la batería del teléfono y lo recargo con gas mientras saco punta al mechero, seguro que me entiendes. ¿Quién no ha cargado la lavadora con café en lugar de detergente? No pienses demasiado sobre ello, no pienses demasiado y recuerda que eres tu mejor obra de arte.
Tu amiga que te estima todo lo que puede,
Madame Pompadura

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