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Clorata de Potasa


5
abril 16

De Gabina sin carabina

“Si la virtud fuese reconocida como un misterio, la virtud sería más fácil.” Cándido

CAPÍTULO LXII

 NOCTÁMBULO DE MADAME BOBARÍN

Serie Pin Ups Madame Bobarín "Romperocazones"

Serie Pin Ups Madame Bobarín “Romperocazones”. Acrílico sobre madera por G.Royo-Villanova

Era la típica taberna española, de esas en las que hay que abrirse paso entre cabezas de gamba, huesos de aceituna y servilletas grasientas. Como tantas otras, estaba abanderada por dos hombres cabizbajos atrincherados al final y principio de la barra. Una mujer notablemente achispada daba la tabarra a los camareros que miraban impacientes un oxidado reloj de Coca-Cola.
-Me da a mí que están cerrando el paraíso- dijo Gabina, demasiado avispada incluso para esa lucidez que le concede la bebida.
Al vernos entrar, los camareros echaron un pulso con la mirada apostándose a quién le tocaba atendernos. El menos obstinado se acercó hacia nosotras:
-Estamos a punto de cerrar.
-Solo es un chupito, lo que dura la ira- dijo Gabina guiñándome el ojo mientras se sacudía el agua del abrigo.
-Bien, pero cerramos en diez minutos.
- Entonces cuando cierre ¿podremos fumar dentro?
-No señora, cerramos con ustedes fuera, esto no es un after y no es negociable que la veo venir.
-Bueno, bueno, no se ponga así, era por si colaba…
Sin duda Gabina ya había cogido el expreso de media noche e iba a ser difícil que saltara de él en marcha. Nos sirvieron los dos chupitos que bebimos con su consecutivo golpe sobre la barra.
-Venga y ahora para casa Gabina, que ahí puedes fumar tranquila- yo también tenía que probar por si colaba.
-Ah, no, no, no, no. La Vía Láctea nos pilla de camino, una paradita anda… que me he quedado con mal sabor de boca.
-Bueno. Una parada más y no me sobes tanto.
Continuamos nuestra peregrinación habitual. El llegar a casa suele convertirse en toda una cruzada contra las seductoras hordas del vicio nocturno. La verdad es que no hace falta que nos tienten demasiado, el simple hecho de saber que aún queda algún bar abierto es una clara incitación a esa hora en la que la voluntad es la primera en rendirse.
-Venga tonta, que esta vez invito yo.
-No abuses de tu generosidad- respondí. Claro, que la muy tunanta no entendió esto último. Era la primera vez que me invitaba a algo y me temo que lo hizo con el dinero que va sisando de mis propinas. Al fin y al cabo, todo queda en casa y no hay riqueza tan segura como la de un amigo.
-Es que con lo que me estás contando esta noche siento una ansiedad que me coge el pecho y me ahoga.
-Tranquila, no es más que el vértigo de la libertad, se te irá pasando.
-Es que siento que he sido toda mi vida una completa idiota.
-No sientas eso Gabina, a ti no te falta inteligencia, solo te falta experiencia e información.
-Pero no me informes tanto leñe, ve poco a poco.
-Ahora ya no sé si me estás vacilando y no hace falta, ya estamos donde querías.
-Mucho me queda para vacilarte pero tiempo al…
- Shhhh… Echa un ojo con disimulo. A mi espalda hay un antiguo conocido tuyo, ese que habla con todos. ¿Le reconoces?
-No, ni un poco. Pero parece que es amigo de todo el mundo.
-Lo que nos dice que no es amigo de nadie.
-Dame otra pista.
-Le echaron del pueblo.
-Pues sería al único, los demás nos fuimos por nuestro propio pie.
-Sobreactúa, me temo que nos ha visto.
-Sin duda a estas horas todos se exceden en el matiz del papel que interpretan.
-¿Le estás defendiendo? Vaya con la inteligencia emocional. A este lo que le convendría es un curso de arte dramático.
-Es de buen ver. ¡Qué mentalidad más arcaica tienes hoy!-me respondió la tía. Por seguro había notado que estaba en efecto contrariada.
-Arcaico hay que ser para decir que alguien tiene “mentalidad arcaica”- respondí.
Recordaba perfectamente a aquel tipejo y cómo en nuestros años mozos, tras repetidos rechazos de Gabina, había intentado sobrepasarse con ella, llegando incluso a besarla en la mejilla. Hubo un revuelo en el pueblo y por decreto fue exiliado a puntapiés llegándose a prohibir pronunciar su nombre en toda la región.
-¡Ay Bobarín, Bobariiiiín! ¡Que se acerca hacia nosotras!
Me inquietó su tono de emoción, tan crónico como la pasión, pensé, qué virtud tan extraña la de aquellos que en lugar de ocultar la emoción, la afectan. Me acercaba a Gabina para refrescarle la memoria cuando aquél canalla nos interrumpió con descaro.
-Les invito a una copa.
-No gracias- respondí contundente.
-No hieran mis sentimientos.
-¿A quién trata de engañar? Sus sentimientos no pueden sentirse heridos- Sí, menuda memez acababa de decir, pero me asaltaba el imperioso deber de proteger a mi amiga.
-¡Ja! Cuánto sentimentalismo.
-Sentimentalismo será para usted los sentimientos que no comparte- me estaba hundiendo yo sola.
-Me temo que no me han reconocido.
-Si no le hubiera reconocido hasta me hubiera caído bien.
-¡Ya caigo yo! Es Eugenio, mi pretendiente del pueblo.
-Tu pretendiente a secas.
-Tu estás celosa- se reveló Gabina mientras entregaba su mano a aquel fantoche que no dudó en besarla como si de un caballero se tratara.
-Eu, para servirla. Gentil, leal y cosmopolita.
-Sí, creo que una vez estuvo en Londres- dije mostrándole mi disgusto. A mala hora había avisado a Gabina de su presencia.
-No se mofe señora y muestre respeto por este paisano de ustedes al que les une el destino.
-Por favor Gabina, quita esa cara de balada- susurré a mi amiga que parecía hipnotizada, seducida, hechizada, cautivada, magnetizada… pero las cartas estaban echadas, Eugenio no iba a desistir en su conquista y Gabina se dejaba seducir ufana.
-Gabi, cielo, no me está atendiendo.
-Que sí, que le escuchaba con el otro oído.
Agarré con fuerza a Gabina del brazo.
-Gabina ha dicho “cielo” por Dios. ¿Vas a irte con alguien que te llama “cielo”? Piensa un poco, los pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
-Me importa un pitoche- me contestó mientras pestañeaba zalamera timándose con Eugenio. Parecía decidida a no dejar pasar de nuevo aquella oportunidad. Tal vez me sentí celosa, tal vez fingía protegerla cuando solo temía perderla. Vinieron a mi cabeza bucólicas imágenes de nuestra amistad en la aldea y recordé a aquella Gabina de dieciocho años que rechazó a Eugenio, miré hacia ella y no pude evitar emocionarme, entre lágrimas volví a ver aquella sonrisa pubescente en aquél rostro ajado, a sus ochenta y dos años mi cándida amiga había conservado su virtud en espera de entregar su flor al hombre adecuado. Eugenio se volvió hacia mí.
-Disculpe Bobarín, ¿no tiene nada que hacer?
-Lo estoy haciendo, querido- pero mi trabajo de carabina fue eclipsado sin decoro por su robusta espalda.
-¿En tu casa o en la mía?- le preguntó en un alarde de originalidad.
-¿Tiene alergia al polvo?
-Mucha.
-Entonces en la suya.
(Continuará)

Dedicada a mi admirada Chus Lampreave, que en paz descanse.

No se pierdan el desenlace final de Supervivientes con Cuquera y Potasa

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8
marzo 16

Del odio y otras memeces

El Odio es un borracho al fondo de una taberna que constantemente renueva su sed con la bebida.

Charles Baudelaire

 

EPIS-ODIO LXII Diario Madame Bobarín

Jolly Jocker (II) Colección privada M.Manrique

Jolly Joker (II) Colección privada M.Manrique

 Madrid 8 de marzo, 2016
     A la quinta cerveza la conversación comenzó a ser delirante, a mí no me lo parecía pero el personal nos miraba raro cuando Gabina alzaba la voz para sentenciar sus inciertas certezas… Había llegado la hora de irnos, mañana probablemente tendríamos que volver a por los objetos olvidados. Como Gabina había llegado al bar a la francesa -vamos, que tardé media hora en verla- estuve atenta para que no se fuera de la misma manera, no porque no pagara, temía que no encontrara el camino de vuelta a casa. Ha pasado una semana desde entonces y me sorprende que me acuerde de algo, esto sólo me pasa cuando me siento responsable de alguien que no sea yo. No sé qué sucederá este sábado, no me gusta hacer planes, como tampoco me gustan las personas manipuladoras que te planifican la vida. Lo de programarme nunca me sale bien porque soy tan previsora como predecible, así que cuando preveo algo no me funciona. Las personas que sufren cuando se les tuerce los planes es por el hecho de tenerlos y por su incapacidad de improvisación ante los imprevistos. Es un error pensar que la vida de uno haya de ser así o asá, lo único que hay que trabajarse es a uno mismo, pero no con objetivos fijos porque lo bueno de los objetivos es que van cambiando según te acercas a ellos, pasa como con las personas, a veces apuestas todo por alguien y te defrauda pero por el camino encuentras otras mejores; la cosa es no enquistarse y seguir creciendo. Esto de lo que hablo no es conformismo, simplemente no conformarse con los deseos de una sociedad que jamás hubieras deseado.
Apenas nos manteníamos en pie, iba siendo hora de regresar a casa.
- Venga Gabina, levanta el trasero -me giré con obvia torpeza hacia la barra para despedirme del camarero, no le vi, aún así me despedí por si acaso.
- Adiós Wolf, tengo una noche de hojalata, me voy con mi tambor a otra parte.
Al salir de In Dreams nos cruzamos con algún exnovio embriagado, aún no tengo claro si era mío o de Gabina porque estaba tan borroso como mi memoria. Se acercó a nosotras y levantando las manos hacia el cielo exclamó:
- ¡Te he amado demasiado como para no odiarte!
- Tu eres idiota.
- Yo creo que me ha confundido, nadie me ha amado tanto…-dijo Gabina irónica.
- El Odio es otra flor del mal, bebiéndose hasta el agua de los floreros al fondo de una taberna que renueva su sed con la bebida. O algo así dijo el maldito.
- Yo no entiendo el odio, es una pérdida de tiempo- apuntó Gabina.
- Es un sentimiento que a mí me enternece, es más, incluso me honra. Pienso que si alguien es capaz de odiarme también podía haber sido capaz de amarme, eso sí, vete tu a saber con qué tipo de amor, que ahora se llama amor a cualquier cosa…- nos tambaleábamos en zigzag de un lado a otro de la acera. Calculé que íbamos a tardar tres veces más de lo habitual, que era tres veces más que en estado sobrio.
- ¿Pero de dónde les sale el odio?- insistía Gabina obcecada.
- No sé, yo lo que he comprobado es que la diferencia engendra odio y envidia, y si encima no se entiende, engendra rechazo… También hay especializaciones en cuanto a eso del odiar.
- Ya, lo malo de los juicios de la gente es que no los hacen para cambiar las cosas sino para destruirlas directamente. Es como una enajenación destructora ante lo desconocido.
- Exacto, es la cólera de los débiles, el camino fácil.
- Ja, ja, ja…pues podíamos coger ese camino a casa- dijo Gabina quitándose los tacones.
- ¿Quieres que cojamos un taxi? Aunque estamos a cien metros…
- No, que me viene bien andar para empapar- había llovido – ¿Sabes? A mí es que no me importa que me odien, incluso a veces ni me entero.
- Eso es lo más gracioso, que el cobarde intimidado lo hace como venganza; luego llega una Gabina de turno y ejerce la venganza más cruel…
- ¿Yo? ¿Qué venganza?
- La del desprecio de toda venganza, aunque sea sin querer es una cosa que les fastidia mucho.
- No sé, yo soy incapaz de vengarme y de odiar, me envenenaría- dijo Gabina mientras vomitaba sobre una farola.
- Creo que ya estás envenenada.
- Ya pasó. Era sólo un hipo gordo. ¿Por qué no sé odiar? ¿Por qué?
- Porque eres todo corazón, criatura. Cuanto más pequeño es el corazón más odio es capaz de albergar, un despilfarro de corazón, lo mejor es un By pass-o de todo…
- Pero me intriga, me gustaría saber lo que sienten.
- Imposible, para odiar hace falta no tener imaginación ni inteligencia, y a ti te sobra de lo primero.
- ¿Qué insinúas?
- Que eres incapaz de odiar.
-¿Y de verdad que no te molesta nada que te odien?
- No, incluso aprecio a los que lo hacen con elegancia.
- Ja, ja, ja, a mí me hacen gracia los que te piden perdón antes de pisarte.
- Y el cínico aconsejándote que dejes de fumar… La verdad, es un arte que respeto, sobre todo si echan mano del cinismo,  la gente debería al menos aprender a odiar.
- Bueno, dicen que el odio disminuye con amor…
- ¿Quién es el memo que dice eso? Al que odia más rabia le da que le des amor, entonces se ensañan, te ven con cara de poner la otra mejilla y no pueden resistirse. Lo mejor que puedes hacer es dejarlo en paso. El tiempo es el único capaz de aburrir al odio, aunque algunos “odios” siguen bullendo bajo la lápida e incluso son hereditarios.
- ¿De verdad que nunca has sentido nada parecido?
- A ver, reconozco haber sentido ira, pero esa no me dura nada, la ira prolongada es la que engendra rencor y el rencor prolongado el que engendra odio…
- ¿Cuánto ha de durar la ira exactamente?
- Exactamente lo que te dura un chupito- en ese momento un coche pasó raudo sobre un charco mojando a Gabina de arriba abajo, su cara se llenó de cólera, sin mediar palabra entró en el primer bar que vio y acercándose a la barra pidió un chupito.
 (Continuará)
Dedicado a ese profesional en irse al francesa, el escritor J.D como el whisky 
Una mujer al final de una barra una barra al final de una mujer In Dreams Café, nuestra casa

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25
febrero 16

De señales y razones, intenciones

La verdad al cien por ciento es tan rara como el alcohol al cien por ciento.

Sigmund Freud

    Continúo recostada en mi diván ejerciendo este acto liberador o terapia literaria de mentir bien la verdad. Defenestrado el síndrome de abstinencia, me centro en lo que ahora me atañe -me centro mucho- porque sólo alcanzando la libertad interior puede una aspirar a tener de las otras, luego ya veré qué hago con ellas. El efecto del gazpachov es placentero, pero como todo buen placer hay que utilizarlo raramente, este bebercio te invade como el té de amapola blanca, muy lejos de la euforia me mantiene relajada en el sofá mientras el hipotálamo realiza sus funciones básicas dejándose acunar por los recuerdos a corto plazo que se reproducen en super 8 sobre la corteza prefrontal sin saber ni pretender entrar por la escuadra al hipocampo…un espacio que he reservado para la memoria del corazón, la que elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, la que me permite seguir adelante.
    Sin duda, aquella noche con Gabina mereció la pena, me ilusionaba su entregada atención, percibía sus cinco sentidos achispados por el alcohol fijos en mi palabra algo que acrecentaba mi inspiración. Cándida criatura, su interés me llamaba a comprometerme con la absurda verborrea destilada de las cervezas que habíamos ingerido. Tampoco deseaba mantenerme alerta, quería disfrutar de aquel momento, pero me preocupaba no saber callarme a tiempo, porque sólo las buenas ideas deberían convertirse en palabra y sólo las buenas palabras han de tratar de convertirse en actos, deseaba protegerla sin perturbar su inocencia y temía que el alcohol me traicionara. Hacía un rato que había adquirido el papel de coach, como si pudiera prepararla para los peligros de la gran ciudad – yo que nada sé- pensaba… Sólo la humildad de alguien como Gabina puede aproximarse a la verdad, si quiera desaprendiendo todo lo que sé podría acercarme a su honestidad.
La vida es la constante sorpresa de saber que existo- ¡Ay!.... (Madame Bobarín avista por la ventana a su novio besando a otra)

      La vida es la constante sorpresa de saber que existo ¡Ay!  (Madame Bobarín descubre a su novio besando a otra)

 -¿Y cómo se hace para mentir?- me preguntó muy interesada por las artes del embuste.
-Lo primero es creerte tu propia mentira y lo segundo tener buena memoria y confiar que sea a la larga porque si no, tarde o temprano, te pillan…
-Antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.
-A no ser que no sea cojo y sólo lo finja.
-Esto va a ser complicado.
-Escucha y luego practicamos. La mentira además habrá de ser apoyada por detalles circunstanciales siempre verídicos…
-¡Ay…! Ponme un ejemplo.
-A ver. Lo mejor es partir de una verdad. Mira, te voy a contar una que me intentó colar un amante que se veía con otra. Se llamaba… vamos a llamarle Santos, para que nos dé más risa.
- De devociones absurdas y santos amargados, líbranos Señor…
-Un pálpito me decía que Santos andaba enredado con Ramona, así que le pregunté sin rodeos y me contestó de manera sospechosa y perifrástica:
-¿Recuerdas cuando nos quedamos sin cerveza? Me enviaste al chino a comprar unas latas – ese es buen comienzo para el mentiroso porque sugiere que el hecho de haberte hecho un favor es el desencadenante de lo sucesivo. Me contó que estaba justo pagando cuando entró ella por casualidad… Ese en cambio fue su primer error, marcar la casualidad, porque supe que ahí me había colado la mentira aunque no sabría cuál hasta más tarde. En realidad estaba omitiendo que aprovechó que bajó a la calle para llamarla, entonces el buen mentiroso enseguida hilvana con otra verdad -¡Qué casualidad! Ella también iba a por cerveza para cocinar su afamado pollo…. – es verdad que el pollo a la cerveza de Ramona tiene mejor fama que el de Ramoncín… -¡Con una casualidad basta!- le dije, y sin entrar en la latosa rueda de la discusión huyendo del cisma, decidí dejar la relación, y no porque me molestara que se viera con otra, pues yo también lo había hecho en mis años mozos, sino porque no soporto la mentira.
-Entonces yo no sirvo para mentirosa, hay que ser muy listo…
-Y buen actor… De todas formas, depende de a quién quieras mentir. Por lo general los más inteligente optan por ser un poco crédulos, sino no hay quién viva. Por otro lado a los listos, como tu dices, que distan mucho de los inteligentes, les suele traicionar el sentimiento de orgullo.
- Vale, entonces nunca hay que decir “por casualidad…”
-Ja, ja, ja, mujer, lo que no hay que hacer es marcar las mentiras, puede ser con un “por casualidad” o rascándote la nariz… Yo tengo un detector de mentiras innato. ¿Sabes? El buen mentiroso, el que disfruta, se pone más guapo cuando miente.
-¡Qué cosas! Por eso me gustarán los feos…
-Bueno, eso es porque no puedes aspirar a otra cosa…
-¿Qué has dicho?
-Nada, nada, alma cándida. ¿Sabes lo que más rabia me da?
-Dime.
- Cuando sin que hayas preguntado intentan arreglar algo que no te importa, más bien, algo que ves claro y prefieres no darle importancia. De nada sirve perdonar una infidelidad si no se olvida, y yo tengo mala memoria, así que mi perdón es de los que duran. No entendí por qué entonces insistía en recordármelo intentando justificarse con más mentiras.
-Hay que asumir que el hombre engaña más.
-Y que la mujer engaña mejor…Y por asumir asumamos que a la larga el hombre es fielmente infiel por naturaleza y la mujer apasionada suele perdonarle.
-Bueno, también están las que prefieren tragar antes de quedarse solas.
-Ya bueno, pero no te vayas por ahí que ese no es nuestro caso. A lo que íbamos, lo que me irritó fue que intentara defender su mentira. ¡Eso sí que me crispa! Lo considero un insulto a mi inteligencia y si me despiertan el ego…
-¡A mí me vas a contar!
-Mujer, suelo mantenerlo aletargado, la debilidad de carácter sí que no se enmienda.
- Ya, ya, venga, ¿y lo siguió intentando?
-No imaginas. Hay personas que son capaces de “matar” a su madre si eso les aporta una buena coartada.
-¿Qué te decía?
-Me dijo que no había pasado nada, pero yo les había visto desde la ventana besándose en la plaza…
-Vaya… Ja, ja, ja y ¿qué hacías en la ventana?
-Ja, ja, ja. Buscar con la mirada ilusionada a mi amor, me gustaba verle andar por la calle…
-¡Ay, pobre! Dicen que la sorpresa es el móvil del descubrimiento…
-Pues yo comencé la casa por el tejado.
-¿Y qué le dijiste?
-Un clásico, el típico “no lo aclares que oscurece”.
-¿Y continuó?
- Claro, ya había cogido carrerilla, me juraba que todo había sido un dominó de casualidades, y es verdad, todo son casualidades, si no son para uno, son para otro. ¡Qué manía tiene la gente de creer que se tiene todo controlado! Eso sería aburridísimo.
-¿Entonces te daba igual de verdad que tuviera otro lio?
-Gabina lo que hay que ser es sincero con uno mismo. ¿Cómo reprocharle lo que yo había hecho anteriormente a otro? Fastidiarme me fastidió, claro, pero ten en cuenta que si te pringas con la vida exageras su importancia y si pasas de ella, exageras su insignificancia.
-Vamos, que no me tomé a mí misma ni demasiado en serio, ni demasiado en broma.
-Exacto. Pero la cosa fue a peor, cuando más insisten, más la fastidian, cuanto más la fastidian, más rabia les da, entonces pasan al papel de víctima… Pasó de pegármela a ser el “pobrecito Santos”. ¡Ay, pobre que le han dejado! Llamadas, whatsapp, mensajitos, en fin, toda la artillería del reproche sobre un mismo blanco. Así que Gabina, ándate con ojo con los mentirosos, lo único bueno que tienen es que como al final hagas lo que hagas siempre tienes la culpa puedes hacer lo que te de la gana.
-No sé yo… si lo ves tan claro juegas con ventaja.
-¡Ah! ¿Entones no sólo hay que parecer tonta sino serlo? Yo perdono la infidelidad pero no la deslealtad.
-Mmmmm…Me haces dudar.
-Bien, lo importante es dudar a tiempo.
-Es que no sé si me gustan tus teorías, me haces un lío, ahora, no sé qué hacer con ellas…- dejé a Gabina dando vueltas al asunto y me giré hacia a la barra.
-Dos tercios Wolf, por favor- lo que más me gusta de Wolf es que se hace querer, es de los pocos camareros que no se llaman “Perdone”. Al volverme hacia Gabina descubrí que se había ofendido al haberla dejado hablando sola, enfurruñada me asaltó:
-¿Me escuchas o qué?
-O qué.
Ambas reímos al tiempo de brindar con las dos nuevas cervezas.
Dedicado a Cecilia Gurrea Moreno y Janis Lázaro ¿Os ha gustado, o qué? – O qué.

Potasa conoce a Neptuno Hurtigruten. Fiordos Noruegos

 

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17
febrero 16

Aparentar tiene más letras que ser

Fingimos lo que somos; seamos lo que fingimos.

Calderón de la Barca

In Dreams, la segunda casa de Bobarín

In Dreams, la segunda casa de Bobarín

El diario noctámbulo de Madame Bobarín
15 Febrero 2016 Madrid
  Menudo fin de semana, la resaca está siendo apoteósica. Escribo mientras disfruto de mi “Gazpachov”, un brebaje compuesto de dos porciones de gazpacho y una de vodka que te deja como nueva. En este momento me estoy dejando arrastrar hacia una lúcida flacidez y sí, miro hacia la luz y que sea lo que el gazpachov quiera.
Mentira, mentirosos, mentir… La mentira no lleva a nada bueno, a no ser que se quiera perder el tiempo o no preocupar a una ancianita débil del corazón, y digo anciana porque creo que lo más piadoso que se puede hacer con un niño es no mentirle. Conozco varias mentirosas compulsivas – coinciden ser mujeres- no sólo mienten sin necesidad ni propósito, van más allá, cuando no eres una de sus víctimas pretenden hacerte cómplice, lo que te obliga a estar atenta y complica las situaciones confundiendo al personal… al final una termina por alejarse, en ese momento la mentirosa pregunta algo como – ¿Qué pasa, te aburro? – Tremendamente.
Yo nunca miento, verdad es que no habrían de canonizarme por ello porque para mentir hay que tener una memoria privilegiada de la que carezco. El engaño es una mutación de la mentira muy arraigada que suele echar mano de la omisión, es el pan de cada día en esta era de la apariencia en la que vivimos, donde para muchos los sueños son más reales que la vigilia, aunque en realidad, todo es lo que parece si sabemos mirar. Por ejemplo, el que no comulga con los cánones establecidos, está loco, e ahí el cuerdo, así de sencillo, con esta teoría uno puede equivocarse de vez en cuando pero tiene más probabilidades de acertar, si uno toma conciencia de ello, nunca conocerá el aburrimiento porque no todas las personas errantes andamos perdidas, más bien buscándonos en ese viaje que huye de lo falso,camino a Ítaca, el verdadero encuentro del perdido.
La venerada apariencia no es más que un error del entendimiento; somos engañados por la apariencia de una verdad forjada a conveniencia por unos cuantos. Eso sí, lo aparente sólo es un claro indicio de lo inaparente y como hay más rostros que personas una se la pasa viendo indicios por todas partes.
Ayer tras meditar sobre la cristalina sonrisa de Wolf – el camarero del bar que frecuento- mantuve una amena conversación a pie de barra con mi amiga Gabina.
- Qué bien entran las cañas cuando te las tiran con cariño.
- Pero se pueden poner con profesionalidad y saben igual.
- Nunca será lo mismo, con la esencia de la bebida en taberna pasa como con el amor, no hay disfraz que lo oculte o finja por mucho tiempo.
- ¿Por eso los borrachos dicen siempre la verdad?
- Nada que ver Gabina, hablo de otra cosa, anda pega un trago. La honradez del vicioso de la que hablas es otra careta, todo es un camino hacia el placer gratuito.
-Pero yo no miento cuando estoy ebria.
-Porque tampoco mientes sobria, además no necesitas que te patrocinen las copas. Los alcohólicos mienten como bellacos respaldados por la mejor de las interpretaciones.
-Ahhh, hablas del alcohol como careta inhibidora…
- También, y no me parece mal, incluso las máscaras pueden ayudar a uno a mostrar su verdadero rostro. El problema comienza cuando por la costumbre uno llega a creerse su propio disfraz.
- Conozco a varios autoprefabricados, cómo cambian cuando se lo creen, se les sube lo humos de la noche a la mañana, les cambia el rictus facial y hasta la forma de hablar.
- A algunos les afea el éxito como a otros el fracaso. Ambos tienen mala digestión porque olvidan calibrar el esfuerzo.
- Eso es porque se da más importancia a la apariencia del mérito que al mérito mismo.
- Aparentemente… porque a ver, si tuvieras dos caras, ¿utilizarías esa que tienes?
- ¿Por qué no? ¿Me ves tan mal?
- Déjalo Gabina, estás preciosísima…
- Bueno, reconoce que si mantienes las apariencias el mundo te abre las puertas…
- ¿Y para qué están las ventanas? A demás , lo que hay que hacer es derrumbar las paredes.
- ¿Pero tu en qué mundo vives?
- En el que me gusta, consciente de que hay más en los que me juzgan por lo que parezco, así que se lo pongo fácil.
- Nadie te juzga por lo que eres a no ser que seas lo que pareces…
- Ahí está, como soy tan lo que soy al menos ahorro tiempo, enseguida se autoseleccionan los que me quieren u odian de verdad…
- Ya, lo peor es que te odien de mentira- tras esto nos dio la risa y brindamos apurando la cerveza.
- ¿Entonces cómo saber si una persona es auténtica?
- En general observa cómo son en las pequeñas cosas, porque es cuando se muestran como son, en cambio en las grandes son más como les conviene.
- Grandes cosas, no sé, no sé…dependerá de lo que a uno le de importancia…
- Al final nada es tan importante como que te pongan una cerveza antes de pedirla.
En ese momento un sonriente Wolf posó dos tercios helados sobre la barra.
Dedicado a Eva Rivas y Fernando Vacas

Potasa y Cuquera en SUPERVIVIENTES III

Una intensísima entrega

 

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18
enero 16

Carta de Madame Pompadura

Las mujeres llaman arrepentimiento al recuerdo de sus faltas; pero, sobre todo, al sentimiento de no poder cometerlas de nuevo
Jeanne-Antoinette Poisson, Madame de Pompadour

Hoy he recibido carta de  Madame Pompadura, su amistad lejos de las maldades y bajezas de las que es capaz el pobre ser humano, llena mis carnes de gran alegría y contento.
Madame Bobarín / Madame Pompadour

Madame Pompadura Acrílico sobre lienzo

  Querida pecadora, me colma de regocijo nuestra relación epistolar, un tambor de hojalata cargado con balas de plata. Comparto tu fascinación por los aciertos por error, me gustan casi tanto como las serendipias, da igual acertar mal si uno acierta o encontrar algo que no se buscaba, eso es que te han encontrado a ti y yo aún ando buscándome… eso sí, siempre manten tus propias creencias y valores, lo peor que te puede pasar es fallar con ideas ajenas. Llegados a este punto he decidido desaprender, limpiarme de tanto estigma social que sin querer había conseguido lacrarme con ese absurdo sentimiento de culpabilidad por cualquier tontería, de la culpa nacen las injurias, la segregación, incluso parece que cuando la culpa es de todos no es de nadie, tanto se repite la culpa que uno se vuelve inmune, crea ceguera y al final, la culpa, sólo es del tiempo. La cosa consiste en saber más y más sobre menos y menos hasta saber todo de nada. Con la inteligencia emocional de Mayer y con la empatía uno puede tirar para adelante sin conflicto. Siempre he respetado todo tipo de creencias ¿Cómo no hacerlo cuando mis difuntos se comunican conmigo en morse a través de las gotas de lluvia contra el cristal? Es por ello que no entiendo ese miedo que empuja a rechazar todo lo que no se entiende, cuando sólo lo nuevo e incomprensible me lleva a la excitación sexual, claro que me pusieron de sexo hombre, algo que nunca me preocupó demasiado ya que soy mujer, a estas alturas nada, absolutamente nada me crea ansiedad, ese vértigo a la libertad lo superé hace tiempo. ¿Qué más da lo que hagas o dejes de hacer si terminarán diciendo que lo has hecho? En los últimos años me han liado con hombres, mujeres, perros, gatos, puertas y hortalizas. Sólo entiendo esto último. Me divierte lo que me cuentas de Carolina Bescansa y su bebé en el Congreso, eso es lo que yo llamo “pedagogía pura” es decir, demagogia infantil, ellos “pueden” hacerlo mejor el problema es que aún están en pañales, da tiempo al tiempo y los relojes de Dalí se endurecerán, al fin y al cabo un bebé representa que el mundo debe continuar.
No te preocupes por tu pérdida de memoria, la memoria también va a hacia adelante. Últimamente hay mañanas que no atino una, es lo que llamo las mañanas langosta, se me descarga la batería del teléfono y lo recargo con gas mientras saco punta al mechero, seguro que me entiendes. ¿Quién no ha cargado la lavadora con café en lugar de detergente? No pienses demasiado sobre ello, no pienses demasiado y recuerda que eres tu mejor obra de arte.
Tu amiga que te estima todo lo que puede,
Madame Pompadura

Potasa apoya este documento

 

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26
noviembre 15

De los celos y otras cegueras

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

Aristóteles

 CAPÍLTULO LVIII Diario Madame Bobarín

Croniquilla de la muerte de una relación sin anunciar

celos

Madrid 26 de noviembre 2015

 

Hay personas que tienen un problema para cada solución. Cuando alguien está de malas, está de malas y no hay nada que una pueda hacer. Vamos, que si quieren pelearse les basta con que estés delante. Si una opta por dar la razón, porque das la razón, si les sigues la corriente, porque eres sumisa o les tratas como tontos. Vamos, que no te libras de que te caiga un rapapolvo.
El otro día en un restaurante pude escuchar una conversación que me dejó turuleta. No es que yo vaya por ahí escuchando conversaciones… Bueno, sí. Descubrí que el que es celoso no es nunca celoso por lo que ve, con lo que se imagina basta. Bueno, eso ya lo había dicho don Jacinto Benavente pero yo lo descubrí esa noche. He aquí lo que escuché gracias al manos libres de un caballero:
 – ¿Cariño te vienes a tomar una copa después del trabajo con mis amigas?
- Hoy tengo cena con los de la oficina.
- Ya, ya, con los de la oficina, es que te gusta la secretaria de tu jefe.
- Que no mi amor, que es la cena de Navidad.
- Ya, ya… pues muy bien tú verás, haz lo que quieras.
- Pues eso, la cena, y no es que quiera, es que ya estoy aquí y estaría mal…
- Siempre haciendo las cosas por los demás, lo que está mal es no venir…
- ¿Pero no has dicho que haga lo que quiera?
- Sí, sí, con sus consecuencias…
- Bueno venga, ceno y voy corriendo para allá.
-No, no, déjalo, ya no vengas.
- ¿Pero cómo que ya no vaya? Venga cuchi cuchi que te quiero.
- Eso lo dices para que ella te oiga y dar más morbo.
- ¿Qué gano yo con eso? Si me gustara alguien, mejor me saldría estar solo y ligármela.
- ¿Me estás dejando? ¿Has dicho ligar? Lo sabía, es que lo sabía…
- No seas paranoica, sólo me gustas tú.
- ¡Qué horror, qué horror! Ella te está oyendo, sabe que tenemos problemas. ¡Va a ir a por ti!
- Mi amor ella no ha venido. Está enferma.
- Mira cómo te fijas.
- Mujer, somos cinco en la oficina…
- Pues voy yo, ¿qué te parece?
- Pues vente al café, es un poco raro, pero vente…
- Ya, lo que no quieres es que vaya y compruebe que está ella.
- A ver… ¡que no está!
- Ah, por eso estás como estás, porque no ha ido.
- ¿Pero cómo estoy? Venga que voy para allá.
- No, no, no vengas, pero que sepas que aquí hay un chico que me está tirando los trastos.
-No me extraña, es que eres la más guapa del mundo.
- ¿No te molesta? Eso es porque algo tienes por ahí.
- ¿Qué quieres que haga? ¿Qué vaya y le pegue? Es normal que te entren, ¡eres guapísima!, pero confío en ti.
- Pues yo en ti no, está claro prefieres a esa pendona a mí.
- Pobre mujer. ¿Por qué es pendona?
- Hazte el tonto, tú sabes bien a qué me refiero…
- Bueno pues te veo en casa.
- ¿Entonces no vienes?
- Oye que ya están con el postre, hago lo que tú me digas, pero aclárate ya.
- Ahora vas de abnegado…
- Venga petarda que voy.
- No, no, no, ya no vengas, pero no me esperes. Esto se terminó.
La chica colgó el teléfono zanjando la conversación, pero en el fondo esperaba que él la llamara para colgarle de nuevo y si podía hacerlo tres veces más, mejor. Él no llama, ella está segura de que él va a aparecer, quiere verle aunque seguramente le monte un pollo. Él también lo sabe y por eso no aparece, piensa que mañana se le habrá pasado. Aquella noche el buen hombre se aburrió como una ostra en la cena de Navidad, que yo me fijé.
Tras lo escuchado me quedé imaginando lo que sucedería en el futuro:
Ella deja la relación por obvias razones, respaldada por la imparcial opinión de todas sus “amigas”, esa misma noche se liga a un maromazo con el que se casa a los dos meses. Poco después, el abandonado invita a cenar a la secretaria, su única amiga en la oficina, lo ha hecho para contarle que tiene una terrible depresión y que va a pedir la baja laboral. En la mesa de al lado está su ex. El sonríe esperanzado, feliz del encuentro, nervioso, lujurioso, lleno de amor. Su ex se acerca a la mesa, vacía una copa de vino sobre su cabeza y se va. ¡Chimpúm!
Sí señores, en los celos hay mucho amor, sobre todo amor propio, falta de autoestima, avaricia y orgullo y lo peor es que aunque los celos nazcan del amor, no mueren con él porque unos buenos celos son capaces de asesinar el amor pero no consiguen matar el deseo. Claro, que hay celos y celos. Algunos terminan en crimen aunque sean infundados. Está claro que los celos destruyen la libertad interior, desvelan, martirizan y crean infelicidad. No he conocido dos sentimientos más egoístas, venenosos y destructivos como la envidia y los celos. Son la irritación de una falsa vanidad, una enfermedad que destruye a su portador y a quién le acompañe. No miento, en el único celo en el que creo es en el del aparea-miento.

Mi amiga Potasa quiere compartir con ustedes su último proyecto: Potasa Callejuela 

 

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17
noviembre 15

Madame Bobarín y Potasa

Al encontrarse en eminente proceso final la novela biográfica de Madame Bobarín, a partir de ahora transcribiremos sin pudor alguno su diario, respaldado por un vídeo ilustrativo de Potasa.

duquesa madame Bobarín

Duquesa al alba. Acrílico sobre lienzo 50X60 G.Royo-Villanova

 

Madrid 16 de noviembre de 2015

 Recién finalizada mi exitosa exposición podría resumirla en doce cajas de vino y no sé cuántos canapés, aunque estos últimos no los caté. Al llegar a la Galería Carlos Moltó, donde colgaban mis retratos, me agaché para recoger con esfuerzo un objeto sospechoso:
-¡Gabina! ¡Mira! ¡Un palillo! Aquí ha habido canapés…- exclamé certera siguiendo mi exacto olfato. Sin duda alguna no ha habido una moda más viral que la del “canaperismo”.
Siempre he dicho que lo mío es la cultura horizontal y es que lo de montar una exposición me desmonta, aún tengo agujetas aunque no tengo muy claro si se deben al montaje de tramoya precisamente, porque aquella misma noche un enamorado me tuvo trabajando hasta el alba.¡Eso sí que fue cultura horizontal! Al tratarse de un virtuoso actor se dedicó hacendoso al arte del amor mientras recitaba sonetos de Shakespeare, es lo que llaman en retórica, versos encabalgados. En el lecho de amor los hombres suelen hacer promesas que olvidan tras el climax en la “petit mort”: donde fallecen las promesas. Las mujeres en cambio recordarán por siempre aquellos sumisos compromisos que se evaporarán junto al sudor de las sábanas. En mi caso nunca me creo una promesa fugada en el calor de la lujuria por si acaso se cumple, y es que se pueden hacer cosas correctas pero por la razón equivocada. Yo aconsejaría a aquellos hombres que no pueden callarse durante el arte amatorio que reciten el Séptimo Canto de Altazor (Huidobro), les saldría más a cuenta, consideren que por lo general la mujer en su empeño es incisiva e insistente y la sucesiva proyección de deseos durante la concupiscencia terminará funcionando como si de un espejo lento de reflejos se tratara. Yo soy más de sobremesas que de promesas, porque estas últimas suelen ser olvidadas y disminuyen la confianza.  Al final cada cual con su memoria que es directamente proporcional a lo selectivo y sufridor que sea uno, en mi caso tengo tan poca memoria que veo mejor el futuro que el pasado o visto de otra manera, mi memoria funciona hacia delante. Hablando de memoria es curioso cómo cuando vas piripi se dispara el piloto automático para regresar a casa aunque luego una nunca lo recuerde, lo que he comprobado es que en el caso de tener la memoria destilada lo mejor es vivir en un pueblo pequeño, de esta manera si una olvida lo que sucedió la noche anterior, el marujeo popular te recordará gustoso todo lo acontecido sazonado con alguna malvada añadidura que hará tu aventura más sabrosa, al fin y al cabo somos una destilación del chis-morreo y de alguna manera nuestra vida aumenta cuando la ponemos en la memoria de los demás. Ahora me bajo al banco del parque para enterarme de lo que hice ayer y poder seguir escribiendo.
Madame Bobarín

El vídeo de Potasa que hoy respalda este documento :

 

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28
septiembre 15

La ocasión hace al ladrón

“La ira ofusca la mente, pero hace transparente el corazón.” Nicolás Tommaseo

CAPÍTULO LVI

(De la nítida oscuridad y otras cegueras)
novalishola

Playa de Berria. Santoña, Cantabria. #berriadictos

 

-¡Cómo está de cambiado este bar!- exclamó Bobarín a entrar en la cafetería del tren.
-Pero si la decoración sigue exactamente igual- respondió el camarero.
-Me refería a la gente- explicó Bobarín acercándose a un apuesto caballero de bigote rizado.
-¿No me invitaría usted a un pincho?
El caballero sonrió a Bobarín mientras le hacía una radiografía completa para intentar adivinar sus intenciones, que no era más que una.
-Camarero, un pincho Morruno por favor- ordenó el galán.
El apetito voraz de Bobarín hizo que obviara la impertinente gracia del bigotudo proveedor y optó por tragarse el orgullo junto al pincho -de lo que no hay duda es que para que el amor sea auténtico ha de costarnos- pensaba Bobarín mientras masticaba su sazonado orgullo; la verdad es que bien podía estar pensando lo mismo aquel hombre tras sus bigotes. Cuatro horas después Madame Bobarín regresó al camarote agitada y febril, había pasado la tarde en la cafetería del tren con la eterna excusa de su avidez sociológica que la arrastraba a sentir la imperiosa necesidad de conocer a otras personas, otras culturas, otros puntos de vista, otros pinchos… En fin, la coartada perfecta para beberse unos gin tonics. Es bien sabido que Bobarín suele aguantar en los bares más que las puertas tomando sólo conciencia cuando llega a la inconsciencia.
-Acabo de jugármela a la tarjeta rusa en la cafetería.
-Buuuf ¿y cómo estás?- respondió preocupada Gavina.
- Pues imagínate, aún estoy temblando… me ha pasado la vida por delante.
-¿Y qué has visto?
-Pues a Mick Jagger en mi lecho de amor, a Fernando Arrabal en mi mesa, a Ramón Gómez de la Serna haciéndome greguerías debajo de la falda…
-¡Pero si no has vivido nada de eso!
-Chica, pues eso es lo que he visto… ¿Cómo lo ves?
-¿Cómo lo voy a ver? Si me incrusté un calidoscopio que todo lo ve bonito, sonrisas, colorines, atardeceres boreales y eso…
-Ya, ¿tu no me vas a salir hippie a estas alturas?
-¿Eso qué es lo qué es?
-A ver, ¿esa sonrisa de lela que luces es de felicidad o de la inercia de la velocidad que llevas?
-Mira, para lo rápidos que sois todos… digamos que es de la felicidad- dijo Gavina reencendiendo un cigarrillo muy raro.
-No me digas más- en ese momento un poliadicto que apuntaba su pituitaria hacia Gavina se lanzó sobre ellas intentando arrebatarles el cigarro, Gavina asustada propinó un golpe al asaltador y comenzó a correr vagón arriba tirando de Bobarín.
-¡Exfúmate Gavinaaa! – gritaba Bobarín entre sofocos.
-Eso, eso, exfúmate y pásame una caladita…- dijo el maleante.
-¡Huy también es roba frases! Tranquilo, tranquilo, que tengo más…- dijo Bobarín.
-¡Está locooo! ¡Está locooo! – exhortaba Gavina mientras corría tropezando con los equipajes y sus personas. En ese momento Bobarín rompió en un convulsivo ataque de risa viéndose obligada a parar en seco… bueno en seco es un decir. Con las enaguas mojadas y una risa histérica heredada de las señoras invitadas a los programas matutinos de televisión comenzó a desaparecer ante la perpleja mirada del personal; la transparencia de su grotesca carcajada dejaba ver sus higadillos y sus intenciones, obvia decir que todas buenas. El asaltante maravillado ante tales intencionadas viscerillas cesó en su empeño y cayó rendido a los pies de Bobarín.
-Es usted lo más bello que he visto en mi vida.
-Otro enamorado de la apariencia…- se quejó Gavina mientras seguía propinándole batacazos en la cabeza.
-Gavina la violencia no arregla nada, más bien estropea bastante…-la interrumpió una Bobarín casi transparente.
-¿Pero esta por qué me pega ahora? ¿Por llamarle a usted guapa?
-Naaa, es la inercia. Lo mejor para calamar a las fieras es la música.
-Ya, excepto las marchas militares…-apuntilló el mangante.
-No se vaya por peteneras, usted es como todos va a lo que va- se quejó Gavina.
-¿Y usted a qué va? Porque yo sólo me limito a admirar la belleza…
-Déjalo ya Gavina, es indudable que el físico importa, no es que deba importar, es que a la gente le importa.
-¿Nos está llamando gente o frívolos?- se quejó el asaltante palpando el aire donde Bobarín había desaparecido.
-Esta criatura no entiende naaaa. Voy a tener que apagar la luz para que me vea- dijo una voz en la nada.
Bobarín apagó las luces del vagón. En el corazón de lo oscuro el silencio fue violado por un gemidito, una risa picarona y un ruido raro que no sé definir debido a mi poca experiencia en estos menesteres pasionales…
-¡Por fin veo Bobarín!- gritó el salteador que inmerso en la oscuridad se aferraba con ambas manos a la deslumbrante personalidad desdoblada de nuestra dama.
-No hay manera, la ocasión hace al ladrón- gimió Bobarín dejándose llevar por el momento, y es que a la ocasión también la pintan calva.
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Madame Bobarín


15
septiembre 15

Burbujas breves

“Los artistas ya no sabéis qué inventar” Jorge Cossío, amigo tabernero.

CAPÍTULO LV

operacionhola

Operación Vikingui (Acrílico sobre lienzo)

    Al mirarse al espejo Bobarín tenía la sensación de ser demasiado blanda consigo misma, claro que esto era debido a su infinita bondad, ya que por no engañar a los demás se engañaba a si misma creyéndose a ratos lo que le convenía para olvidarlo después, que es cuando más conviene.
    Cuando alguien se acercaba a ella para saludarle con una amplia sonrisa, Madame aunque no tuviera ni idea de quien se trataba suponía que tras aquella batería de dientes habitaba un posible exnovio y al tener más corazón que memoria no le era posible guardar rencor a nadie con lo que recibía aquellos afables rostros con gran alegría y contento. A Bobarín las parejas le duraban una media de media hora, así que para evitar confusiones en su primera juventud intentó que todos sus novios se llamaran Ramón para no confundirse; ya en su quinta juventud cuando apenas quedaban Ramones en el país que no hubieran pasado por sus breves brazos decidió dividir en subgrupos a sus amantes. A los mozos de pelo moreno los denominaría “mi rey moro”, a los rubios “mi vikingo”, los canosos, pelirrojos, castaños y calvos los trataría de “preciosito”, se ahorró Bobarín un subgrupo, ya que nunca estaría con un caballero que luciera bisoñé, aunque sí estuvo con un simpático galán modelo Anasagasti. Todo se complicó al llegar a su sexta juventud, en el momento en que la memoria comenzó a ser memoria, optó por llamar a todos con el genérico nombre de “Mi-amor” demostrando de esta romántica manera que amor sólo hay uno. Deducimos de esto que hacía ya muchas juventudes que Bobarín, ya desmemoriada, había optado por dejar de mentir – Soy una mentirosa que dice siempre la verdad- solía decir, aunque según Gabina la sinceridad de su amiga se debía a que era más perezosa que mentirosa y recordar una mentira para siempre es muy cansado. Como biógrafa no dudo que Madame Bobarín abanderada por su titánica bondad, si quiera es tan piadosa como perezosa para estos menesteres.
Godoy, enamorado hasta las trancas y barrancas de los innegables encantos de Bobarín, observaba los movimientos de las dos amigas oculto tras una revista.
- Para nosotros los hombres todo es más sencillo- apuntó mientras ojeaba su Playboy.
- ¿Más que yo? Para mí los “vosotros” sois uno sólo…- se quejó Bobarín cuya sencillez nunca había saltado a la vista pero había asaltado a la vista en varias ocasiones.
- Eso no ha dolido señora, porque me consta que en su afán por huir de los convencionalismos se estrella de vez en cuando. Le voy a recordar aquella vez…
- Madre mía… qué memoria se tiene siempre para los demás. Le ruego que resuma en consumidas cuentas, sea breve.
- Recuerde aquel verano…
- Sintetice por Dios…- dijo Bobarín bostezando.
- Aquella tarde en la que paseando usted en bicicleta tuvo un siniestro total al chocar frontalmente con otra bici- paró un segundo y levantándose añadió exaltado-  yendo los dos vehículos en dirección contraria. ¿Qué le ha parecido mi resumen?
- Pues estaba muy bien estructurado, pero en sentimiento… una castaña.
-Supongo que a las mujeres inteligentes se las desatornilla al revés. Tanto cuestionarlo todo puede volver el mundo del revés para terminar llegando a lo mismo.
- Entienda Godoy que no es lo mismo sintetizar que ser sintético- añadió Gabina.
- Por otro lado me alegra no ser un sintetizador…
Tras aquellas tontunas palabras hubo un gélido minuto de silencio, Gabina y Bobarín se miraron con cara de funeral, aquellos sesenta segundos dedicados a la muerte del amor se había llevado súbitamente la pasión de nuestra dama, un minuto eterno que inquietó a Godoy.
- ¡Ayyyy! Pobre, se ha quedado boquidifuso- susurró Gabina a Bobarín.
- ¿Boquidifuso o boquiplático?
- Sí, tal vez boquiplático o más bien platidifuso- las mujeres se enzarzaron buscando un epíteto adecuado para Godoy, un epitáfico epíteto con cierto gracejo para no herir demasiado la sensibilidad de Godoy que por su parte se disponía a abrir una botella del mejor champagne.
- Señoras, están a punto de abusar de los adjetivos y cuando esto sucede suele ser para o bien ser soez o pecar de cursi- dijo el valido que comenzaba a molestarse mientras el corcho de la botella cruzó el vagón como un tiro asustando al personal.
- ¿La abre usted para brindar?
- Nooo, la abro para beber y bebo para olvidar- respondió Godoy apesadumbrado mientras engullía aquellas burbujas tan breves como el amor de Bobarín.
- ¿Para olvidar qué?
- Y yo qué sé si ya no me acuerdo.
Cuatro botellas bebieron, tres brindaron, seis disfrutaron, pero como ninguna bodega ha querido patrocinar este capítulo, quedarán ustedes con las ganas de saber de qué bebercio se trataba.

25
junio 15

De la Tarjeta Rusa y la importancia de un frenazo

“Hay que vivir para beber y beber para vivir”. Madame Beberín

CAPÍTULO LIV

Madame Bobarín

Acrílico sobre lienzo actualmente expuesto en El Lienzo Azul. Bilbao. Vizcaya

 

Madame Bobarín y Gabina subieron al tren despreciando la invitación del inspector de Hacienda, mientras Godoy Álvarez el del Farias las esperaba en el vagón urdiendo nuevas estrategias para alcanzar el indeciso corazón de Bobarín.

-¡Ayyyy! Que Hacienda nos pille confiscados- suspiró Gabina.

- Venga déjate de suspiritos y vamos a tomarnos un reconstituyente.

-No tienes una buena idea mala, querida.

Con la sonrisa que pinta la ilusión del sonido de los hielos desmoronándose al derramarse el vodka, se dirigieron ufanas a la cafetería del tren.

-Buenos días señoras. ¿Qué desean tomar?

-¿Se siente usted laborioso?

-Más bien laborable.

-Pues póngame mi Coronel.

-¡Señor, sí señor!- gritó el camarero haciéndose el graciosillo cuadrándose ante las damas.

-Perdona, mejor un “Capitán General”.

-¿Y eso qué es?

-Lo mismo pero más cargado.

No tardó el camarero en traer dos espumosas copas con sorbete de limón, vodka y licor de champagne, lo que viene a ser el famoso “Capitán General”, bebida favorita de Madame Bobarín.

-Disculpen señoras, he de cobrarles ahora porque va a haber cambio de turno…

-Por esta nos clavan Gabina y ya no me queda efectivo.

-Entonces… ¿Quién paga?

-No sé porque también tengo la tarjeta temblando…

-Eso puede ser el traqueteo del tren, la mía está tiesa.

-¿Jugamos a la Tarjeta Rusa?

-¿Y cómo es eso?

-La que tenga fondos paga.

-Mmmmm…

-¡Ves! ¡Sabía que tenías algo!

En lo últimos días no había quién ganara a Bobarín a la Tarjeta Rusa. Solía vivir al día pero esta vez sin comerlo pero bebiéndolo, habían terminado con todos sus ahorros.

-Tenemos que idear un nuevo invento para hacer dinero Gabina.

-Algo nos debe quedar por inventar…

-Tiene que ser algo perecedero, como los productos de Mac, es decir, el que registró la bombilla no se hizo rico por el invento, sino porque se funde.

Sorbían ambas damas de sus pajitas pensando en un invento novedosísimo cuando el camarero interrumpió su calma chicha de ideas para entregarles una carta cerrada con un sello de cera en forma de corazón.

-¡Qué sorpresa! Un amor secreto, un enamorado romántico, una intriga… ¡Una ilusión!

-Abre la carta pesada y lee en voz alta- exhortó Gabina. Bobarín pegó un largo trago a su copa.

-Déjame saborear el momento que a lo mejor es una factura.

Bobarín abrió la carta y comenzó a leer:

Mi amado ángel,

Le escribo estas letras para que el papel rece y nunca olvide el amor que le proceso, haciendo de él amor impreso, soy suyo, quisiera cubrirle con éxtasis y caricias, no puedo unir dos ideas sin que usted se interponga entre ellas…bla…bla…bla…bla… Siempre con imperecedero amor, suyo, este anónimo cobarde.

-¿Pone bla, bla, bla…?- preguntó Gabina.

-No, es que eran cosas picantonas y no sé si mis lectores han tomado Omeprazol.

-¡Ay Bobarín! ¡Qué suerte! Una carta de amor de un desconocido.

-Amor, amor, es curioso que amar sea un verbo regular… Vete tu a saber si es de un conocido, del propio Godoy, incluso yo misma pude enviármela.

-¿Tú misma?

-Sí. A veces me escribo cartas de amor y me las envío para darme una sorpresa… Lo hago tan bien que se me olvida que lo he hecho y me sorprendo muchísimo.

-Qué egoísta. ¡Podías envíarme una a mí de vez en cuando!- se quejó Gabina.

Por el pasillo se acercó Godoy que andaba escondido detrás de un discreto puro esperando que Bobarín terminara de leer la carta.

-Señoras, buenas tardes – se introdujo el valido quitándose el sombrero.

-¿Esta epístola con balas es suya?- preguntó Bobarín.

-Sí señora y le ruego que tome en serio esa carta.

-La única carta que me tomo en serio es la del menú.

-Bobarín, por favor, piénselo bien, yo… -suspiró Godoy- la admiro taaaaanto.

-¡Huy! Me admira sin conocerme, a ver si con el tiempo me admira a pesar de conocerme.

- Ten por seguro lo haré, lo presiento.

-Ese menester es más propio de mujeres.

-¿El de amarla?

-No hombre no, el de hacerse ilusiones.

-¡Mire! ¡Mire! ¡Dos estrellas fugaces…pidamos un deseo!

-Son dos gaviotas querido, mejor pídame otra copa.

Godoy ordenó tres Capitanes Generales y continuó insistiendo al impermeable corazón de Bobarín.

-Admita, mi señora, que usted me ababa. No se mienta a sí misma.

-Hace tiempo que dejé de mentir porque he perdido la memoria. Y ahora no puedo decir la verdad porque ya no me acuerdo de lo que pasó.

-¿Me permite ser sincero?

-¡Ah! ¿Qué no lo ha sido hasta ahora?

-Sin faltarle al respeto y como reconocido admirador de su belleza reversible, hemos de reconocer que usted ya no tiene edad para rechazar el amor.

-¿Y qué edad es esa?

-Le ruego que no le afecten para mal mis palabras.

-La afección es una ilusión creada entre los que tienen poder y no lo tienen, a mí este mundo me afectó tanto con su veneno que ya no me afecta.

-¿No se da cuenta de que somos tal para cual?

Bobarín se giró hacia su amiga y le susurró al oído – Empatizo con ellos y ellos se creen que somos iguales.

-Mi señora, ¿no se da cuenta que somos iguales?

-Lo que te dije Gabina.

-Somos dos almas clónicas separadas por un espejo.

-Un espejo con los reflejos muy lentos…

-Tal vez no la merezca.

-Es usted muy blando consigo mismo.

-Veo que aún no me ha perdonado.

-No es rencor, ya le he dicho que carezco de memoria. Hoy por hoy lo que me gusta es comer.

-Reconozca que eso es poco para usted, es una afición de masas.

-Más bien de mesas. En cambio, hay cierto tipo de amor que bien podría ser nombrado Ministro de la Mundanidad.

-Claro que usted prefiere Menestra de la Mundanidad.

-No me ofende.

-No lo pretendo, pero si insiste en decir siempre lo que piensa algún día se le terminarán los amigos para decir nada.

El camarero sirvió las copas acompañadas de unos aperitivos que Gabina atacó con ferocidad.

-Cuidado Gabina, esas setas son incomestibles.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque son gratis.

Godoy ensimismado siguió a lo suyo que era la insistencia.

-Madame sin su amor mi vida no tiene sentido, terminaré tirándome a las vías del tren.

-Deberían prohibir el suicidio- dijo Gabina.

-¡Vengaaaa! ¡Más prohibiciones! ¿Y por qué no penalizarlo con la pena de muerte por si uno falla? Usted Godoy no se obceque que es peor…

-Dicen que el que la sigue la consigue.

-Mire, lo malo de obcecarse con algo es morirse diez años antes de conseguirlo… y eso siendo optimista. Siga mi consejo y déjese fluir.

-Por seguro si sigo su consejo a usted le irá mucho mejor- en ese momento se produjo un violento frenazo que lanzó a Godoy sobre Bobarín amortiguando el golpe entre sus pechos.

-Ahora me está usted cayendo muy bien.

-Disculpe, perdí el equilibrio.

-Romper el equilibrio equilibra las cosas – dijo Bobarín antes de besar con pasión a su pretendiente.

(Continuará)

Madame Bobarín

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