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Clorata de Potasa


22
marzo 13

Camino al mesón Rancho Panza

CAPÍTULO XXXIV

Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo. Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que no han lanzado primero el corazón.

Noel Clarasó.

violin copia

 

Subieron todos sobre Cary Grant, el que os recuerdo, al ser perseguido por la ley optó por transformarse en un honorable pura sangre perito en habilidades hípicas. Como no andan ustedes bien de memoria también os recordaré que al verle el pequeño arco de herradura – hijo reconocido de Stradivarius-  se le había añadido a la pezuña para siempre. Gabina y Stradivarius montaban sobre su lomo, y Bobarín había optado por ir en la vaca sujeta por unos pulpos.
- Estoy harto de que ustedes coman en restaurantes sabrosos platos y a mi me den pasto- se quejó Cary mientras se dirigían al Mesón Rancho Panza.
- Pero eso es lo que les gusta a los caballos Cary- replicó Gabina.
- Cary, Cary…ya te diré yo lo que a mi me gusta y no son hierbajos.
- No vamos a pelearnos por un cómete esas pajas, pídete lo que quieras de la carta. Allá tu con tu dentadura.
- Como soy regalado nadie me va a andar mirando el diente.
- Pues todos contentos y ¡Arre caballito vamos a comer!
- Estáis siempre igual, ora la panceta, ora el churrasco…- continuó refunfuñando Cary.
- No hables de comida que me vivo de hambre y te muerdo- intervino Bobarín.
- ¡Churrasco, churrasco y churrasco!- entonó Stradivarius.
- Calladle la boca o me lo como. Anda que no me habré comido yo caballos. No se me resistió ni el de Troya.
- Sería el de Trola, embustera- se defendió Cary.
Gabina interrumpió la trifulca – Madame habla en serio Cary, aunque lo que dice Bobarín va a risa.
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Los músicos de Bromen

El pobre caballo avanzaba con paso tardo por la vía, apenas podía con el peso de Gabina, Stradivarius, la vaca y Bobarín, lo que le llevó a tropezar con la acera y el Arco de Herradura se desprendió de su casco saliendo despedido a otra parte del mundo.
- ¡Mi hijo!- gritó Stradivarius desde lo alto- ¿Dónde ha ido a para mi hijo?
- Parece que ha volado del nido- respondió Cary adoptando la contrita actitud que le sirve a uno de defensa.
- De eso ni hablar, no me importa que regrese hecho un higo, pero que regrese.
-Eso. ¡Que vuelva el higo pródigo! -dijo Gabina. Pero por más que buscaron por toda la avenida no hallaron rastro del pequeño arco y agotados en esa empresa optaron por asumir la pérdida y continuar su camino hacia el Mesón.
La crisis en el país había superado el mayor número de parados de la historia, era fácil encontrarse manifestaciones en cualquier esquina, cualquier día y a cualquier hora. El descontento en masa a veces se confundía con el espíritu de verbena convirtiéndose en focos de alegría popular. Al intentar cruzar la Plaza de Colón se vieron acotados por todos los flancos, organillos, vendedores de barquillos, órganos con silla, silla con cabra, hogueras de San Juan, chotis… confluían en la plaza montando una zarabanda de tres pares de demonios.
- ¡Estos parados cómo se mueven!- dijo Gabina.
Cary no podía con su alma y mucho menos con las de todos los que viajaban sobre su lomo, Bobarín comenzó a morder la vaca y Stradivarius tocaba tristes canciones recordando a su recién desaparecido hijo.
- Vais a tener que descabalgar y continuar andando, estoy a punto de desplomarme – casi rogó Cary.
- Bajemos, bajemos que no quiero caerme desde esta altura y ser una discapacitadita entrañable- apuntó Bobarín.
Continuaron el trayecto a pie entre el tumulto hasta el mesón que estaba en la zona de Huertas, mientras Bobarín pedía “maná” con la ilusión de llegar cuanto antes a la Tierra Prometida.
- ¿Falta mucho para Huertas?- preguntó Stradivarius.
- ¡Qué va! Está a la huerta de la esquina pero con tanto tránsito nunca se sabe- respondió Gabina. Mientras dialogaban utilizaron el buen oficio de adelantar peatones sacando codo y pinchando con el paraguas.
- Yo no podría soportar comer ahora en la barra. Espero que sea una cena sentada.
- ¿Sentada? Es una cena tumbada.
- ¡Qué bien! Podemos hacer fotos apaisadas.
- Y descansar un poco.
- No veo la hora de apaisarme.
Stradivarius sacó de su funda una cejilla de plata y se la entregó a Bobarín como si de un anillo se tratara.
- ¿Y esto qué es?- preguntó Bobarín
- Es para aplicar a los trastes del violín, perteneció a mi tatarabuela y es de plata de ley. Pensé que con la emoción del regalo se le podría olvidar el hambre.
-  ¡Ay querido! A mi sólo se me calla con mordaza de bocata no de plata, pero se lo agradezco horrores…
- Al traste con mis trastes…- suspiró Stradivarius apesadumbrado.
Al llegar al Mesón Racho Panza el metre les recibió dando saltos de alegría ofreciéndoles cama y sofá en un alarde deportivo de hospitalidad. Nuestros amigos se dejaron caer a plomo sobre los divanes.
-  Esto lo hacemos por el qué diván…jijiji- se reía Gabina llevada por la felicidad que trae consigo el descanso.
-  ¿Cómo se llamaba el metre? Es que es mi amigo pero con esta memoria…- preguntó Bobarín.
-  Pregúntale.
-  Me da vergüenza, que le conozco mucho, pregúntale tu Gabina.
-  Perdone señor metre ¿Me recuerda su nombre?
-  Rey Midas, el rey de las comidas.
-  ¡Hombre Gabina haberme preguntado a mi! El gran Midas, de toda la vida- disimuló Bobarín.
-  ¡Traidora!…
En la mesa de al lado un sabroso pollo parecía guiñarle el ojo a Bobarín que no dudó en introducir su zarpa en él. Fue tan rápida que los ocupantes de la mesa  no tuvieron tiempo de reaccionar, al intentar quitárselo Bobarín lo defendió a puras uñadas y gruñidos.
-  ¡Camarero! ¡Por favor esta señora se está comiendo nuestro pollo!
Cuando llegó el camarero a reprenderla Bobarín reposaba tranquilamente en su sitio mientras se trabajaba con elegancia los dientes ayudada por un palillo.
- ¿Es verdad que se ha comido usted el pollo de estos señores?
- Ha sido por engaño que he incurrido en tal delito.
- ¿Por engaño?
- Pues si señor, porque el pollo tenía cara de estar relleno. ¡Pero no lo estaba! Mírelo usted mismo.
- Pues tiene usted razón.
- Quéjese usted en la cocina porque no se pueden sacar así por así a las mesas pollos con cara de estar rellenos y luego naaa, ni vísceras tiene este.
- Si señora, aún así el pollo lo habían pedido estos señores, no usted.
- ¡De la que les he librado!
Entonces los señores dueños del pollo retiraron su queja y agradecieron fervorosamente a Bobarín el haberse comido aquél pollo que tenía escrito el engaño en su rostro.
- Señora, le estamos tan agradecidos que nos gustaría convidarle a lo que usted guste.
- No voy negarme a tal invitación, por no ofender su generosidad, claro.
- Tiene usted un gran corazón metido en el corsé.
- Vaaaa, venía con la faja- contestó modesta Bobarín.
- Mientras nos traen la comanda podría tocar algo Stradivarius, la buena música alarga la vida- sugirió Gabina.
- ¡Y la mala! Por lo menos hace que se te haga larguísima- dijo Bobarín mientras mordisqueaba un dedo al camarero.
(Continuará)

5
marzo 13

Una longeva lonHeavy Metal

CAPÍTULO XXXIII

Sólo la virtud tiene argumentos poderosos contra el pesimismo. Leopoldo Alas Clarín

 Longheavy*

El pequeño arco topó con Cari Grant -el rocín- que pastaba en el pasillo y al verle decidió convertirse en un arco de herradura. Aunque a “trote” y moche, parecía que por fin todo se ponía en su sitio. Si algo tenía claro el pequeño arco es que no quería ser arco rebajado ni de dos centros, ya que esto podría descentrarle para el día de mañana que es hoy. ¿De medio punto? Ni hablar, prefería ser un puntazo; tampoco le gustaba ser arco de descarga, o entrecruzado, ni falso o deprimido. La cosa estaba difícil. No deseaba terminar siendo un arco ciego o abocinado, rampante o apuntado por todos. El arco de herradura era definitivamente la mejor opción y el jamelgo Cari Grant acogió la noticia en su pezuña con gran felicidad.
 - ¡Por fin ha parado de llorar el arquito de los acueductos! Me iba a volver loca- suspiró Bobarín.
- Es un arco flechilla…- dijo Stradivarius rompiendo una lancilla por su hijo.
- ¡Qué gracioso! Pues a mi su flechilla me ha legado una resaca de tres pares de demonios, voy a tomarme una tila- continuó Gabina.
- ¡Ja! A tila la reina de los hunos y de los otros. Lo mejor para la resaca es una cerveza bien fría.
- ¿Y un zumo de naranja? Creo que el ácido cítrico me sentará bien.
- Ácido cíclico es lo que tienes tu.
- Oír el llanto de un niño me ha puesto romántica, nunca sabremos lo que es amor de madre…bueno, ni el de hijas. Huérfanas y sin descendencia. Lo que voy a hacer es retirarme a mis aposentos a leer una novela de Corín Tellado.
- ¡Corín Tullido te voy a dar a ti!
Stradivarius miraba a Bobarín con la decepción colgando de sus papos.
- Señora pero ¿No es usted romántica? Sus actos dicen lo contrario.
- Depende de lo que llame usted romanticismo. Yo creo tanto en el racionalismo como en el romanticismo, porque no hay nada más romántico que una buena ración.
- Yo soy parnasiano perdido.
- ¡Uy parmesano! ¡Haber comenzado por ahí!
- Parnasiano del monte Parnaso, donde moraban las musas como usted.
- ¿Dónde se oraba a las asentaderas en Delfos? ¿El oráculo? Mejor el queso.
- No me tome a chufla señora mía ¿No ve que bebo los vientos por usted?
- Y dale con beber aire- dijo Bobarín sirviéndole vino.
- Escuche con atención.- En ese momento Stradivarius comenzó a hacer vibrar sus cuerdas mientras cantaba una tonadilla subido al sillón orejero que también escuchaba muy atento.
- Bebo el viento del norte, del sur, del este y del oeste. Tralarí, tralarete.  El del norte me lo bebo en copa, en mis brazos que la arropan. El del sur trae el calor, y entre este y oeste, no sea me desoriente, me quedo con el poniente, que pone sin dejar resaca. Mejor, me lo bebo en taza. El del Norte si le da frío, mi piel le haga de abrigo, mi cuerpo sea tu ropa, ¡Mejor me lo bebo en copa! El del sur trae el calor, continente y contenido, amor en decantador, siempre es más divertido…
- No oí en toda mi vida tal orate- habló la ironía en boca de Gabina.
- ¿Continúo?
- ¡No por dios! Está bien, me quedo a su resguardo del viento.
- Le juro por Eolo que yo la amaré al máximo.
- Si, porque con los tiempos que corren supongo que lo demás será al mínimo.
- ¡Alegría, alegría! – interrumpió Gabina- ¡Ha nacido el amor!-
- ¡No empecemos a hablar de amor que no imagináis cómo da de si esa braga!- acuñó Bobarín.
- ¿Se refiere usted al tema del amor ágape?
- No, no, a la braga en sí. Cuando me la compré yo pesaba treinta kilos y ahora peso más de cien y ahí sigue.
- ¡Qué elasticidad!
- Bueno, me aprieta un poco pero también me sube la papada y me vigoriza el pecho.
- ¡Qué invento! ¡Qué mujer! ¡Qué linaje!
- Yo en vez de ser una de mi linaje, soy dos.
- ¡Qué humor! ¿Sabe que reír hace que uno sea longevo?
- Bueno, yo más que longeva soy longheavy metal, pero aquí sigo a mis años, jubilosa y disfrutona.
- No me gusta dar consejos…pero señora usted es maravillosa, no se burle tanto de si misma.
- ¡Uy! Qué cosas, todo el que te da consejos resulta que no le gusta darlos.
- A veces las palabras casi llegan obligadas- respondió Stardivarius mudando el tono-  Sólo quiero que se vea como yo la veo.
- Sólo si usted se ve como le veo yo- dijo Bobarín acercándole sus gafas.
- Con sus gafas la veré como usted no me ve-
- ¡A mi qué me cuenta, ha empezado usted!
- Imagine que usted es Venus y yo llevo un Vulcano dentro a punto de erupción.
- Uy, ahora me dirá que me magma con todo su alma, que sus besos son Vesubios y yo termino como Pompeya.
- Acepte mi amor Bobarín, ha sido usted la que ha abierto este cráter.
- No siga, me ruboriza. He aprendido a ver en el silencio- contestó nuestra dama cubriéndose los ojos con el reverso de su mano.
- Déjeme continuar. Usted es para mi un Tiziano pintado por Rubens, su cuerpo derrocha una atmósfera de fecundidad y eterna primavera irresistible a mis sentidos.
- No gusto de tantas ambiciones estéticas, pero sus halagos me han abierto el apetito y eso es muy buena señal.
- ¿Dónde quieren que hagamos hoy el buche?
- ¡Vayamos al Mesón del Masón!- gritó Gabina emocionada.
- Me ha salido masonera. ¡Ale! Vayamos al Mesón Rancho Panza que en mesa grande caben muchos- dijo Bobarín levantándose con el alma pegada al envite.
Continuará

19
febrero 13

El Arco de Rota – un triunfo-

CAPÍTULO XXXII

El absurdo es la razón lúcida que constata sus límites. Albert Camus

bobarinmedieval

Anduvieron discutiendo largos y tendidos sobre el sofá y sobre la nada misteriosa desaparición de los emparedados hasta que terminaron olvidando de qué estaban hablando.
 
- Mira Bobarín lo que está claro es que te lo has comido tu todo- se quejaba Gabina.
- Eso me lo dices en el cuartito de la plancha- que era un cuarto muy pequeño en el que sólo cabía un catrecillo para la plancha.
- Eso te lo digo donde te sea menester. Pero mujer ¡Si has dejado pistas y todo!
- ¿Qué pistas?
- Has dejado los bordes del sándwich, como siempre.
- No digas eso ¡Que tengo una reputación! Yo no dejo nada en el plato.
- Ya, tu lo que te comes es la chicha, lo jugosito y dejas el resto, incluso lo escondes en servilletas. Cuando compartimos bocadillo a mi me das sólo pan.
- Y tu me pones el dedo para que no muerda mucho.
- ¡Y tu me muerdes el dedo!
- ¡Y tu te comes las uñas!
- Porque paso hambre.
- ¡Cuánta hambre hay en el mundo!
- Deberíamos hacer algo para remediarlo.
 
Stradivarius intentaba plancharse los bigotes mientras suspiraba con cara de lelo.
- Tienes cara de enamorado.
- Si Bobarín. Yo la amo a usted con todas mis cuerdas y sus teorías, con mis clavijas y mis cejillas, con mi caja y su resonancia, con el vibrar de mi diapasón…
- Diacepán es lo que usted necesita.
- Bebo los vientos por usted.
- Pues ya me dirá cómo se bebe usted los vientos ¿ Por qué no se bebe un gin tonic que es más sencillo?
- Yo de copas y bebidas no se mucho.
- ¡Uy! No se preocupe que yo hago de mi copa un ensayo.
- Dirá de mi capa un sayo.
- Eso lo dirá usted que es muy libre de hacer con su capa lo que quiera.
- Un nidito de amor haría yo con ella, para acurrucarla en mi regazo y tocarle lindas canciones.
- Puestos a tocar ya podía tocar otras cosas. Y lo de verme acurrucada en su capa me da un poco de claustrofobia.
- Son metáforas Bobarín que salen de mi corazón.
- Pues si que le sale a uno tonterías del corazón.
- ¡Las más grandes!
- Oigan ustedes tortolitos. ¿Yo no voy a salir en este capítulo?- dijo Gabina.
- Mira qué apañada. ¡Pues ya estás dentro!
- A palanca, que sino me infiltro os olvidáis de mi.
- Es el amor Gabina, que es ciego.
- Ya, pero los vecinos no. Y yo también quiero participar que la ociosidad es madre de vicios y ya me está dando por chismorrear con el vodka.
- Pues chismes son lo que estamos creando para vosotros. ¿No ves que tenemos el corazón abnegado de amor?
- Yo en el corazón lo que tengo es un soplo muy gordo.
- ¿Y es de una fuente fiable?
- De Fuente Oviejuna, nada más y nada menos.
- ¡Uy lo que hace la edad! ¿Y qué dice ese soplo?
- Que Stardivarius ha tenido un hijo Arco y busca una madre para él.
- ¿Es eso verdad violinzuelo?
- ¿En parte?
- ¿En qué parte?
- En que busco una madre para él.
Un leve llanto de niño salía ahogado de la funda de Stradivarius.
- ¿Y es un niño de los que lloran?- preguntó nerviosa Bobarín.
- Si señora, sus berridos ahogan mis notas, es igual que su madre.
Bobarín abrió la funda del violín y sacó al churumbel ahogado en llantos.
- ¿Pero por qué lloras monín?
- Es que mi padre es muy feo.
Stradivarius se acercó y acariciándole la cabecita le dijo.
- Pero no te preocupes que a mi no me importa.
Parece que estas palabras consolaron al arquito que aún seguía haciendo pucheros como si esperara encontrar otra causa para seguir berreando. No tardó en encontrar la razón que estaba como siempre en medio y comenzó a llorar como un descosido, que son una raza celta que llora mucho.
- ¿Y ahora que te pasa?- preguntó Bobarín mientras se preguntaba si ardería bien el la chimenea.
- Es que yo no quiero ser un arco para violín, quiero ser el Arco del Triunfo.
- ¡No es ambicioso el tío! ¿No te vale el Arco de Rota?- dijo Bobarín que siempre se va por otros derroteros- ¿Qué tendrá de malo ser un complemento musical?-
- No lo aclares que oscurece…-dijo Gabina dándole un codazo.
- ¡Lo que me faltaba, soy un complemento!- volvió a lloriquear el rorro.
- Hay muchos tipos de complementos, desde un collar, un piropo a uno circunstancial…
- ¡Yo quiero ser el Arco del Triunfo!- continuó quejándose el pequeño arco alimentando las ganas de propinarle un puntapié o convertirle en el pincho de lo moruno.
- Pero hijo mío ese arco es de la época de Napoleón- acuñó su padre.
- Buen coñac ese- apuntó Bobarín.
- ¿Una copa?- ofreció Gabina. Y así retomaron la situación y retomaron coñac hasta altas horas de la mañana. El pequeño arco, en viendo que nadie le ofrecía atención se dio a la bebida y se pasó lo del arco por la derrota para no ser grosero.

 

A continuación últimas imágenes desde Mercedes-Benz Fashion Week Madrid.

Bobarín invitada especial al evento posa ufana en el photocall de “hola.com”

“Conviértete en modelo por un día”

bobarinfotocal copia


6
noviembre 12

Jolly Jockey

Todos somos aficionados, la vida es tan corta que no da para más. Charles Chaplin

CAPÍTULO XXVII

 

Mucho había granizado desde que Gabina y Bobarín comieran caballo, decididas a llevarse el rocín apuraron sus copas y tras despedirse de sus nuevas amistades montaron sobre el lomo de Cary Grant camino a casa.
Ufanas cabalgaban por la Villa de Madrid a paso del “rucio” de Sancho Panza haciendo caso omiso a los bocinazos de las bicicletas.
- No vayas tan rápido que me despeino- dijo Gabina asida con fuerza a las caderas de Bobarín.
- Yo creo que se me ha desbocado-
- Tengo susto, por qué no hacemos una paradita-
- Ahora que lo dices podemos pasar por la casa del embajador de Francia-
Madame Bobarín acostumbraba a pasar de vez en cuando por los buzones de los embajadores para coger prestadas las invitaciones a los eventos de más pompa que acontecían en la cuidad, pero su mano de virgen bizantina no cabía bien por la rajilla y necesitaba a Gabina para este menester. Las damas desmontaron el jamelgo por el método “me dejo caer, cuídate que haya algo mullidito debajo”, el mullidito se llamaba Ramón, después anduvieron fisgando el buzón un buen rato.
- Tu palpa y ase solo los sobres que tengan buen tocar-
- ¿ Y esos cuales son?-
- Mujer los satinados con ventana de plástico mala cosa, esos son facturas, multas o reclamaciones-
- Aquí me parece palpar un sobre de algodón con textura-
- Ese, ese, péscalo- Emocionadas abrían la correspondencia de los señores embajadores.
“ El Excelentísimo Marqués de Huevas Frescas tiene el placer de invitarles al cenorrio que tendrá lugar…bla, bla, bla…”
- Seguro que no pone cenorrio, Bobarín-
- Seguro que no lo pone, pero seguro que lo ponen-
- Gabina continuó leyendo – Aprovecha esta ocasión para reiterarles su consideración más distinguida. El marqués de Huevas Frescas-
- Mujer con ese nombre por seguro que nos va a salir el caviar por las orejas-
- ¡Ay mira Bobarín! Aquí nos invitan un fin de semana a la Finca de los Botín, se pone de largo su hija-
- Ya se podían poner los Botas, pero hazte con ella por si tenemos libre ese fin de semana- Bobarín ya se relamía pensando en los desayunos de migas con huevos que acostumbraban a ofrecer en los cotos de caza. Con el zurrón lleno de misivas volvieron a montar su -ahora corcel- y emprendieron la marcha.
- ¿Qué marcha emprendemos?-
- ¡Ancha es Castilla la Marcha! Vamos a ir al Hipódromo de la Zarzuela- dijo Bobarín palmeando a Cary Grant – Sólo necesitamos un dorsal y una fusta- Al oír esto el rocín se inquietó lo justo, porque la fusta gusta.
- ¿Crees que tengo tipito de jockey Gabina?-
- De Jolly Joker un poco-
- Pues con eso vale, digo yo. Jugaré esa carta-
Llegaron justo a punto para pasear por el Paddock, Bobarín montaba altiva entre jockeys de la altura de Horcajada y Fayos. Su caballo Cary Grant se barajaba como uno de los favoritos entre los eruditos.
- Cary Grant, caballo ganador y colocado- susurraban en el círculo.
Bobarín estaba henchida de orgullo. El handicapper al contemplar las dimensiones y peso de la dama y comprobar que pesaba más que el rocín, decidió subir automáticamente el handicap al resto de los participantes. Es decir, si a un caballo según su handicap se le añaden unos “ kilos muertos” en peso de plomo, esta vez añadieron el peso de un muerto a todos los jacos, 100 kilos, para ser precisos.
Recordemos que Cary Grant antes de ser caballo fue un experto ladrón acostumbrado a salir a la carrera, la pista era de hierba y él carnívoro, no había peligro de que se detuviera a comer. Todo pronosticaba un éxito seguro. Gabina, su moza de cuadra les acercó una nevera de viaje con bocatines de chistorra y cerveza con leche de magnesia para el camino.
La salida fue declarada nula, la dama y el rocín habían quedado atascados, se repitió el pistoletazo concediéndoles esta vez los dos cajones interiores. Puedo afirmar que fue la carrera más lenta de la historia, Bobarín cabalgaba como siempre con el cababallo a dos patas, las traseras, debido al contra peso que ejerce la dama sobre el animal.
La fusta de Bobarín azotaba a Cary Grant que gemía de gusto, era caballo entero. Vallecas, montado por El Tuyo Cid, sale en cabeza, llegada la curva de Las Perdices la nevera de Bobarín sale volando, se puede decir que el estado de la pista se convirtió en una de obstáculos, los caballos derivaban al exterior.
Por el altavoz retransmiten la carrera:
Vallecas en cabeza, le sigue Rocindespués por el exterior, Pegasorbos, Bucéfalo montado por Brandy Magno, Artax se retira- Esto parece la historia interminable- declararía a los medios. Cagancho rejonea; cerrando el grupo se encuentra Bobarín a la que parece se le está haciendo larga la distancia, la dama desmonta para recuperar su chistorra. Vallecas y Tornado tropiezan con la nevera de Bobarín y salen disparados hacia las gradas; una señora que viste los colores de Bobarín pinta un paso de cebra en la pista y se cruza un rebaño de ovejas, Cary Grant gana puestos y pone uno castañas asadas, Cary Grant y Selami montado por Borja Fayos van en cabeza. Parece que Bobarín le pregunta algo a Fayos.
- Salami no, Selami señora- responde el jockey; Grant, Selami, Selami, Grant!, llegan a la recta final, el público permanece sentado sabedores aquesta manera es la única de que arriben los caballos. Selami alarga el cuello, Bobarín saca pecho, Fayos aguanta sin desfondarse, Bobarín…Continuará.
Carrera patrocinada por la afamada revista “ A galopar, que son dos días” Dedicado a Borja Fayos. Por qué será que dos de los mejores jockeys se llaman Fayos y Fallon.

24
septiembre 12

Una hidalga cabellera

 

” En un asador de la Villa, de cuyo nombre no puedo acordarme – porque no nos patrocina esta sección- , mucho tiempo ha que vivía una hidalga cabellera (sic) de las de traga, coma y beba, rocín flaco, adarga antigua y galgo comedor….” Pequeña variación sobre El Quijote.

CAPÍTULO XXVI

En el último capítulo dejamos a nuestros amigos en una bucólica escena plena de felicidad, clavadita a “ La merienda campestre” de Manet sólo que en vez de hallarse recostados a las orillas del Sena estaban en el suelo de un asador avileño.
Aquella estampa engordaba de felicidad hasta que irrumpió la benemérita derrumbando la puerta.
- ¡Todo el mundo al suelo!- Exhortó uno debajo de un tricornio y un bigote. Pero como todos estaban en el suelo, nadie movió un dedo.
- ¡Todo el mundo de pie!- gritó esta vez el guardia civil. Pero como llevaban casi cuatro días en postura de indio Cherokee tenían las articulaciones y los músculos agarrotados y no podían levantarse.
- Tire de mi por favor, que levantarme a mi si que bene mérito- acuñó Gabina. Bobarín intentaba agarrarse a una tubería mientras rogaba a Gabina que le ayudara.
- Empuja Gabina, empújame fuerte hacia arriba.
- ¡Eso hago!, ¡leñe!
Un estruendoso pedo atravesó la sala peinando sus melenas pero como la ventosidad  bien podía haber sido de cualquiera, nadie se inmutó; nadie excepto la benemérita que lo confundió con un disparo.
- ¡Todo el mundo al suelo!- volvió a exhortar el guardia civil.
Una Bobarín jadeante y sudorosa por el esfuerzo se reveló indignada – ¡Póngase usted de acuerdo leñe que no estoy para bromitas!
- ¡Qué abuso de autoridad!
- ¡Habrase visto!
- ¡Silencio, les habla su teniente!
- Shhhhh…callad que este es nuestro y es teniente…
- ¿Teniente de qué? Porque no es lo mismo tener gallinas que un ganado de vacas.
- Señoras les ordeno silencio, la situación es grave y comprometida.
- ¿Quién está comprometida?, ¿No serás tu traidora?, ¿No te habrás liado con este sin contármelo? – preguntó Bobarín a Gabina.
- ¡Que se callen! – volvió a gritar el Guardia Civil mientras les mostraba una fotografía de Cary Grant- ¿Han visto a este hombre? Es un ladrón muy peligroso…-
- ¡Huy peligroso…!- dijo la otra.
- Shhhhh, cállate que nos lo enchironan…
Por si no lo recuerdan, Cary Grant para aquél entonces ya era un caballo y pacía tranquilamente en el comedor del restaurante.
- Nos han informado fuentes fehacientes de que el malhechor se encuentra en este…lo que sea esto- dijo mirando la impresionante estampa impresionista.
- ¿Y se fía usted de lo que le diga una fuente?
- Aquí ladrones no tenemos, lo que tenemos son chorizos- apuntilló Gabina.
- Eso, eso y gracias a ustedes se nos están quedando fríos.
- ¿Y ese caballo que pinta aquí?
- Pintar nada, más bien le han pintado a él en un bonito retrato ecuestre que nos ha hecho este caballero.
- Pa mi que tu sabes algo- susurró el teniente al caballo poniendo cara de Robert Redford. Pero el caballo no le enseñó ni el diente, porque era regalado.
Su teniente, mi teniente y el teniente de todos registró el local con sus hombres y al no hallar rastro del peligroso maleante abandonaron el restaurante a excepción del cabo mayor, un señor mayor que Matusalén- que se había sentado a comer con aquel excéntrico elenco.
- ¡Oiga nuestro teniente, no se vaya! Que se ha dejado usted un cabo suelto!- grito Gabina a lo ji,ji,ji- mientras brindaba con el cabo.
- Tranquilidad, a este paso los Miserables al lado nuestro van a parecer un boudeville-
- Ay…- suspiró Boabrín- Gabina es una gran comprendida.
-Dirás incomprendida- dijo el cabo suelto.
- A la que no comprende usted es a mi, digo “ comprendida”. Ha nacido dentro de su tiempo.
- ¡Ay qué cosa más rara! Yo nací en un tren.
- Jiji, no me digas que el parto marchó sobre raíles.- infirió Gabina que ya nos tiene acostumbrados a sus chascarrillos “Ji-ji-ji”
El cabo mayor, y tan mayor, la miraba ensimismado.
- Usted no me recuerda, la conozco del pueblo, soy aquél mozuelo al que usted daba calabazas.
- Ya recuerdo, y terminó usted poniendo una tienda de calabazas.
- El mismo. Me enamoré de usted de un plantón a primera vista.
- ¡Qué cosas tiene!
- Dígame que está usted libre para entregarle mi corazón.
- Pues la verdad, dicen que me he liado con un rumor…
- ¿ Y qué rumor es ese?
- El ultimo se llamaba Detente.
Bobarín clavaba sus dagas enamoradas en Cary Grant deseando mantener un rocín con el rocín, es decir, una amistad con derecho a roce.
- Gabina, estaba yo pensando últimamente en comprarnos un dos caballo pero ¿ No crees que con uno nos basta?
- No sé si nos pega con las cortinas- respondió Gabina mientras propinaba impetuosas palmadas en el lomo al caballo.
- Míranos ahora. ¿Recuerdas? En el pueblo nos los comíamos…

 

Dedicado a Iñaki Retenaga Santamaría, aunque no le guste que a los toros Bobarín se ponga la minifalda. 

Fotografía : Retrato Ecuestre lo que me ecuestre. Acrílico por Clorata de Potasa

“Descompensado” tras Cagancho, rocín rejoneador de Hermoso de Mendoza es el más afamado caballo de la Villa de Madrid, la pareja, amazona y rocín han ganado varias competiciones en el hipódromo de la Zarzuela cabalgando sobre las dos patas traseras.

2
septiembre 12

La justicia poética no excluye la clemencia

CAPÍTULO XXIV

Segunda parte

Las segundas partes siempre son buenas. Madame Bobarín

Huían Bobarín y Gabina detrás del ladrón calle abajo cuando a la vuelta de la esquina se toparon con un asador avileño.
- ¡Ay Bobarín…que tengo hambre! ¿Paramos a descansar?
- Mira que eres inoportuna, tienes que hacer como yo y meterte una pastillita de Avecrem debajo de la lengua para despistar el hambre- Pero a esa alturas el olor de la carne había penetrado en sus pituitarias y sin darse cuenta ya se encontraban dentro del restaurante. Casualmente acurrucado detrás de la barra se encontraba su Cary Grant temblando.
- ¡Te pillé pillín!- le sorprendió Bobarín asiéndole del moflete.
- ¿ Qué hace este en el suelo? ¿ Se ha caído? ¿ Le ayudamos a levantarse?- se ofreció Gabina.
- Yo no me he caído. ¿Acaso me ve usted cara de caerme?
- No señor tiene usted cara de levantarse. Si quiere le ayudo.
- Yo vivo en el suelo de toda la vida.
- En tal caso… ¿Nos invita usted al té?
- Se me ha terminado, pero si esperan ustedes le pido un poco a mi vecina.
A su lado tras la barra y tumbada sobre el suelo estaba su vecina concentrada en la telenovela y presa de unos espasmos rarísimos.
- A su vecina le está dando un patatús.
- No monina es un cólico, me dan cuando sale Francisco José.
- ¿Hay algún médico en el asador?- preguntó Gabina
- Pues creo que no porque no viene en la carta- dijo Bobarín que estaba a lo suyo.
- Lo más parecido a médico es “mediokilo” de buey.
Un hombre vestido de bombero se acercó a la barra donde yacían todos entre unas cosas y las otras cosas.
- ¿Alguien preguntaba por un médico?
- Esos- dijo Bobarín sin levantar la cabeza inmersa en la carta mientras señalaba a Gabina, al ladrón y a su vecina espasmódica.
- ¡Venga aquí señor doctor. ¡Apresúrese que ha salido Francisco José tres escenas seguidas!
El ladrón, llamémoslo Cary Grant intentaba desvalijar a su vecina mientras esta decía algo sobre la virgencita de Guadalupe.
- Mire a ver si le encuentra usted algo a esta señora- le dijo al doctor.
- Levante los brazos por favor.
- Usted no tiene ni idea, se dice, arriba las manos.
- La vecina, muy sufrida ella sufría patatús tras patatús al ver a Francisco José.
- ¡Que alguien apague la dichosa televisión!
- No encuentro el mando- dijo Bobarín que ya había llegado a los postres.
- No seas holgazana, que el suelo de esta barra es tan pequeño que lo raro es que nadie la haya apagado de un estornudo.
El ladrón seguía insistiendo al médico. –¿Pero le encuentra algo o qué?
- Pues no señor. Sólo le he encontrado este collar de perlas, pero son falsas.
- ¡No me fastidie! ¿ Falsas? ¡ Falsaaaaaaaas!- se recuperó la convaleciente.
- Un soponcio quita otro soponcio ya lo decía Soponcio II.
- ¡Ay señoras qué disgusto tengo!, ¡Que son falsas mis perlas!
- ¿A qué no sabe qué le dice una perla a otra? ¡Eres una falsa!- apuntilló Gabina.
- No se burle de mi que tengo un disgusto muy gordo y otro disgusto menos gordo.
- No se disguste mujer, que es sólo un collar.
- Ya pero lo había cambiado por mi Euralio y mi Euralio era auténtico.
- No sé preocupe que seguro que se lo devuelven.
- Tiene razón. Voy a seguir con la telenovela que está la cosa que arde- en la pantalla ardían los campos de trigo de Francisco José. Cary Grant había encontrado el té en casa de su vecina y lo había preparado en una bandeja.
- ¿A qué esperas para servirnos?
- A las cinco.
- ¿ A cinco más? ¿ Tu crees que cabemos todas aquí?- dijo Gabina dando un codazo a Bobarín mientras le guiñaba un ojo- así tocamos a más ladrón por faja- añadió por lo bajini.
- No Gabina se refiere a las cinco de la tarde, algunos ladrones tienen como tradición tomar el té a esa hora y hacer risas con sus rimas.
En ese momento sonaron las cinco, Cary Grant con su puntualidad inglesa sirvió el té a las damas.
- Este té está exquisito- dijo Gabina alzando su copa de whisky.
- Tiene usted los mismos gustos que yo- habló un emocionado Cary Grant brindando con ella.
- ¿Y usted cuántos tiene?
- Pues los mismos que usted más uno.
- Pues ese gusto ¡es mío!
Mientras tanto el médico continuaba reconociendo a la vecina.
- ¡Ay Ramona, cómo la reconozco! ¿Y ahora a qué te dedicas?
- Pues nada, aquí, a la telenovela.
- Pero con tanto lío… No ve la novela. No vela usted- dijo el médico mientra seguía reconociéndola tocándole un pecho.
- No vela- dijo Bobarín.
- No vela!- dijo Gabina chisposilla con un candelabro sin vela.
- ¿Pero son ustedes todos tontos?- dijo uno que pasa por allí mientras se escuchaba de fondo la novela de Bethoven.
- ¿Y ustedes señoras, quienes son? Con tanto lío no nos hemos presentado yo me llamo vecina ¿ De qué conocen al ladrón de mi vecino?
- Pues mismamente de las labores que le ocupan, nos iba a robar….- Cary Grant interrumpió a Bobarín.
- Señoras yo como ladrón les ofrezco el piadoso servicio de no robarles a ustedes acambio de su también piadosa deserción en su empresa amatoria.
- ¡Tu tía! Usted ya nos ha robado el corazón, ahora debe recompensarnos y robarnos la faja.
- ¿A las dos?
- A las tres!- se apunto la vecina.
- Los juegos con las mujeres por veces salen caros.
- Y tan caros, es justicia poética.
- Pero la justicia poética no excluye la clemencia.
- ¡Hombre, pero si lo va a pasar usted de perlas!
- ¡Ayyyyyyyyyy!- se lamentaba la vecina mientras alzaba su falso collar de perlas australianas- …Euralio…
(Continuará)

 


4
julio 12

La justicia poética no excluye la clemencia

 

 

  CAPÍTULO XXIV

El hombre es un perro para el hombre. Hip-Hobbes

El viaje de vuelta a la Villa de Madrid fue muy parecido al de ida. Azafatas volando por la ventanilla, terroristas, flirteos, egipcios de Murcia…lo normal.
- ¡ Qué bien me encuentro!
- Hija si, pero no hace falta hacer estos largos y lejanos viajes para encontrarse a una misma, igual te encuentras en Cuenca.
-Este viaje de vuelta, ha sido un ajuste precioso de distancias entre Lázaro y yo.
- Y de paso te enteras de una vez de lo `poco que dura el amor eterno…
- Pero si yo no le quería, sólo quería la posibilidad tan obvia de quererle.
- Pues yo me he quedado un poco melalcohólica…
- Tranquila que eso se te pasa con una cerveza. Hablando de cervezas. ¿ Crees que con ocho euros podemos desayunar las dos?
- Eso no depende de los euros sino del apetito que tengas.
- ¿Pues entonces te importa no desayunar?
- Mereces una lacónica respuesta, no, no me importa.
- Si pero no me hables de lacón que estoy famélica.
- Mujer, famosilla, pero no tanto.
Cuando llegaron a casa la puerta estaba atrancada por la publicidad que se había ido acumulando durante su viaje. Gabina hizo una “reflexión” y se agachó a recoger los papeles.
- ¡Huy mira esta publicidad! Doña Venerea, especialista en tratamientos. ¡¡¡ Llame ahora !!!
- Gabina por favor no te pongas ahora a leer clasificados y ayúdame a meter el equipaje en casa.
- ¡Madre del Amor Hermoso, qué calor!
- A mi me vas a decir, nada más bajar del avión se me han hinchado los pies y me han hecho una herida los zapatos. ¿ Tienes una tirita?
- Si pero espera a que se te bajen los vapores que sino no pega bien.
 No les había dado tiempo a deshacer la maleta cuando escucharon ruidos en la puerta de entrada.
- Ya está, menuda suerte tenemos, este es un ladrón que se cree que seguimos de viaje.
- Ay mujer, qué pesimista, a lo mejor sabe que hemos vuelto.
- Voy a a bloquear la puerta de la entrada con la cómoda, tu vete buscando en ese mueble la Parabellum.
- Si vis pacem, para bellum.
- ¿ Y ahora qué dices?
- Que si quieres paz prepárate para la guerra.
- Lo que quiero es espantar al ladrón.
- Pues en este cajón no se puede encontrar nada, si es que guardas unas porquerías…tienes síndrome de Diógenes- Dijo Gabina sacando un paquetito cerrado con cinta dorada.
 - Deja eso
-  ¿Eso? , ¿ Ya me gustaría a mi saber qué es “eso” ?
- “Eso” es mii colección de cajas de cerillas que no encienden, trae pa acá y céntrate que este ladrón nos asalta en casa. Toma este busto de Maria Antoñeta, sube a esa silla y si entra se lo dejas caer en la cabeza.
 - Te dije que teníamos que haber comprado una hormiga de vigilancia.
 - Qué buena idea me has dado, escucha, este es el plan, vamos a hacernos pasar por perros rabiosos y peligrosos, tu gruñe y ladra, Gabina,¡ Gruñe !
Las dos amigas se acercaron a la puerta a gatas gruñendo y ladrando mientras rozaban con la pezuña la puerta.
 - Grrrrrrr….Grrrrrr….guau, guau!
- ¿Sandoval? ¿ Leónidas? ¿ Qué les pasa a mis rottweiler guapitos? – Decía Bobarín de vez en cuando haciendo que hablaba con dos perros muy fieros.
- ¡¡ Dionisio, Sansón id a ver qué les pasa a los perros!! -
- Grrrrrrrrrr, guau, guau…
- Paco ve a ver tu qué pasa…
-  ¿Dionisio, Juan , Paco? ¡¡¡ Esto parece un cuartel!- dijo Gabina.
-  Ay hija cuantos más hombres hayan en la casa más efecto hará esta performance.
- Shhhh, tu ladra.
- Ggggrrrr….Grrrrr…- Hacían las dos amigas a la par.
- Grrrrr…¡ Quillo…! – dijo Gabina
- ¿ Pero qué dices quillo ni quilla, no ves que los perros no hablan?
- Si es que me aburro, llevo una hora gruñiendo en inglés y quería hacerme el Perro Andaluz como el de Buñuel.
- Shhhhhh! El ladrón a estas alturas tendrá la mosca detrás de la oreja.
- Pues muy mal, donde hay que llevar la mosca es dentro a lo Pepito Grillo, que detrás se la oye mal.
- Qué mujer esta, ¡ Desarmas todo lo alevoso !
- Grrrr, guau, guau. Perra ladradora…grrrr…
- Gabina has estropeado todo el plan- dijo Bobarín que levantándose pega la mejilla contra la puerta y pregunta – ¿Quién va?
- Ramón.
- Ese es un nombre hecho y derecho.
- Y de confianza de toda la vida.
- Usted lo que es es un ladrón.
- No señora yo soy ilusionista.
- Ya, pues no se haga usted muchas ilusiones que aquí poco hay que robar.
- Grrrrrrrrrrr….- seguía ladrando Gabina. Bobarín la miraba perpleja.
- Te voy a llevar a la protectora de animales.
- La protectora de animales soy yo.
- Qué can-sinas- dijo el ladrón que se sentía chisposillo.
- ¿ Y usted por qué no se va a pasar la noche a Calcuta?
- Me han dicho que por la noche está eso muy desanimado- dijo Gabina.
- ¿ Y tu qué sabrás?
- Señoras no se peleen- decía Ramón el ladrón desde el otro lado de la puerta.
- Descuide Ramón, que enseguida se nos pasa. ¿ No se parecerá usted a Cary Grant en Atrapa a un ladrón?
- Pues precisamente…
- ¡Ay Gabina! ¿ Y si nos dejamos robar un poco…?
- Venga señoras no se hagan de robar.
- Bobarín abrió la puerta lanzándose en los brazos de Ramón el ladrón. Gabina le puso una copa fresca de vino de Rueda y le ayudó a quitarse la chaqueta.
- Desvalíjame entera.
- ¡A mi antes!
- Sisa, despoja, usurpa, afana, expólianos un poco- dijo Bobarín aflojándose el corsé mientras se acercaba a Ramón que salió rodando escaleras abajo.
- ¡ Cómo se nota que ha bebido Rueda!
- ¡Que no escape Gabina!
Ambas damas salieron zumbando calle abajo tras su Cary Grant que corría atemorizado sin mirar atrás.
( Continuará)

Dedicado a Isabel Tabares y al Pico ladrador de Sonia Estevez 


26
abril 12

Una pieza fuera del programa

Gabina tras quitarse unos años de encima y ponerlos bajo el diván

Gabina tras quitarse unos años de encima y ponerlos bajo el diván

CAPÍTULO XXII

Allá por donde voy el escándalo me sigue.

Tirso de Molina y Madame Bobarín.

  Se oye el rumor de las calles, dentro de la milonga Bobarín vuelve a acercarse a la barra.
- Sáqueme el aire de esta copa con ese buen vino, por favor..
- Deje de tomar- imploró Agustín.
- Beber es una manera como otra cualquiera de rendir tributo a la virtud.
- Ande baile conmigo y no beba tanto.
- Yo no bebo mucho, bebo siempre que no es lo mismo.
- Corazón perverso olvide los bebercios y no desoiga la voz del amor.
- Descuide que en demasiadas ocasiones oigo esas voces y es duro acallar la voz del amor.
-  Se requiere un corazón muy intrépido para no temer esa llamada.
-  Aún ando recuperándome de la última decepción.
-  Ámeme.
-  No me toque las palmas que me conozco.
-  Le toco entonces un pie.
-  No siga, no suba a los tobillos que me desmayo.
-  Seamos entonces amigos.
-  No gracias, ya acumulo muchos de esos.
- Mujer, a mi se me pone convidarla a cenar, a bailar, a viajar…
- Uno que responde con cartera, eso ya es otra cosa.
- Menos mal, lo mío es suyo señora.
Esto enterneció a Bobarín que terminó ofreciéndole el brazo con guiño chunguero. Salieron a bailar a la pista pero cuando llegaba la hora de ejecutar el paso de los ochos la potencia de sus caderas hacía que el miriñaque llevado por la fuerza centrífuga lanzara despedida a nuestra dama fuera de la pista arrollando todo lo que se le ponía por delante. El resto de parejas chismorreaban molestos.
- Estas gallegas se toman el tango a chufla- decía una escuálida instructora de baile enfundada en pocos centímetros de tela.
- ¡Ay Agustín! Es ley de vida, una ofrece una pieza fuera del programa y el público queda bloqueado.
- Con el tiempo les terminará gustando y se pondrá de moda en los salones.
La profesora de tango, larga como una farola se acercó a la pareja con insolencia.
- Hagan el favor de abandonar la pista.
Bobarín que había descargado su peso y el de Agustín sobre una mesa respondió.
- Fuera de pista ya estoy, pero pienso volver hasta que controle ese dichoso paso, ¿ Si se ofrece usted a enseñarme? – tomó aire y continuó- A mi sólo me chulea el rey de los ochos, por cierto ¿Quién es el rey de Argentina?- Esta pegunta desorientó a la escritora de este relato, a su vecino y a la instructora de tango que desapareció llevada por una ventolera.
- Hace frío aquí dentro.
- Es el aire acondicionado.
- ¿Aire? Esto es viento del norte.
-¡Ventolera estoy yo por usted! Corra el aire, que la cercanía de su cuerpo me vuelve majara. Quisiera ser el padre de sus hijos.
- ¡Huy! A estas alturas no estoy dispuesta a hacer el sacrificio de multiplicarme, es usted un imprudente.
- A mi ver, la prudencia sólo corteja a la incapacidad.
- Me he quedado sorda del aire.
- Escucha usted lo que quiere, esquiva cobra de piropos.
- Señor, su cortejo me halaga, pero yo lo que necesito es centrarme y conseguir un trabajo para mi y para mi amiga Gabina.
- ¿Dónde quieren trabajar?
- Había pensado hacernos lavanderas, lavar las honras perdidas, el vino tinto con el blanco, los trapos sucios, las reputaciones, las manos a Pilatos…
- ¡Éxito asegurado! ¡Patente la idea antes de que alguien lea esto!
La pareja regresó a la pista con más fuerza, bailaban con los ojos cerrados chocándose con el resto de personas que bailaban con los ojos abiertos, lo que les hacía carcajear como niños y caer al suelo descuajeringados de la risa. Se hacían mucho daño pero nada importaba porque en el amor nada duele hasta que duele. ¡Pero qué bien lo pasaba así la tía!
En la barra Gabina continuaba pelando la pava con Meritorio.
- ¡Che papá sírvame otra copa!
- ¿Es el padre de usted?- preguntó asombrada Gabina.
- Es una forma de hablar, una expresión argentina.
-Che mamá póngame a mi otra copa- exhortó Gabina a la camarera.
- ¡Hija mía!
- ¡Mamá!- gritó Gabina mientras se fundían en un abrazo.
- ¿Pero no era usted huérfana Gabina?
- ¡Ya no!
- ¡Pero si esta madre es más joven que usted!
- Así me dura más que la última.
-Esto es inaudito.
-No diga palabrotas.
 Todos sabemos lo que es la juventud, incluso algunos saben lo que es una segunda juventud que era exactamente lo que estaba viviendo Gabina. Embelesada miraba tiernamente a los ojos de Meritorio y emitía ruiditos de felicidad. Meritorio la arrastró fuera de la milonga.
-Demonio tentador ¿A dónde me llevas?
-Te voy a subir al obelisco para ver la luna de cerca.
Y subieron al obelisco y casi tocaron la luna, Gabina se quedó en lo alto y Meritorio la invitaba a lanzarse.
- Salta mi amor que yo te recojo- Gabina saltaba, Meritorio la recogía y eran muy felices.
-¡Qué hermoso amor!
-Qué ganas de que nos casemos.
-Yo tampoco.
Planeaban ir a París para tirarse desde el obelisco Luxor de la Plaza de la Concordia, una plaza muy cordial donde guillotinaban a todo quisqui independientemente del régimen vigente. Había amanecido, sólo el piar de unos pajarillos turbaba la quietud de la calle Corrientes.
-Esto ya me resulta muy corriente, volvamos a buscar a Bobarín.
En la milonga Bobarín y Agustín descansaban sus bailes cuando se acercó el desalmado de Lázaro que parecía perseguirles por la ciudad.
-¿No me saluda?
- Que le salude su tía.
- Su tía lo será usted.
- Tenga usted juicio y no sofoque a la señora – interrumpió Agustín, pero Lázaro lo ignoraba con desdén.
- ¿Ya no dicto ninguna palabra a su corazón?
- ¡Canalla y tunante!, esas me dicta. Abandone la contienda no vaya a pagar juntas todas sus fechorías.
- Castígueme que me excita.
Por la voz de Bobarín pasó un trémolo sollozo. - No me robe el sosiego, se lo ruego- pero ya era demasiado tarde, an el momento que vio al gaucho el pecho de Bobarín rezumaba angustia. El hecho de que este hombre hubiera terminado con su ilusión primera y de una manera tan hiriente le había trastornado los cascos. Agustín apretaba su mano para que ganara en confianza. Lázaro insistía en incomodar.
- Discuta conmigo Bobarín que aún tengo cosas horribles que decirle.
- Haga el favor Lázaro, no hay pelea si no se incendia el aire donde reposan las palabras- recitaba Agustín.
- Qué tío cursi este panolis que te has buscado. Recuerde Madame los lazos que nos unieron el día del asado.
- Rotos quedaron esos lazos para siempre.
- ¿Y para nada más?
- Para siempre y para nada más.
- Hiera a un amante y hallará un enemigo- continuaba Agustín con ese prurito de hacer frases ingeniosas que acomete a los intelectuales.
- Eso quisiera.¡Bobarín mi enemiga!- contestó Lázaro relamiéndose.
- ¿Por qué quiere hacerme desgraciada?
- Porque herirla me da la vida.
- Es usted un sanguinario.
- No señora soy de Rosario.
- ¿Está usted sordo?
- Tan sordo que ni veo.
- No lo soporto más, me voy a tomar una caja de Espidifen.
- El Espidifen no mata.
- Yo no quiero matarme, es que me da dolor de cabeza con tanta matraca.
- Las mujeres sois como las veletas, sólo paran cuando se oxidan. ¿ Un poco de tres en uno Madame?
Gabina llego justo a tiempo para oír esto último y llevada por un huracán de furia la emprendió contra el gaucho, Bobarín interfirió el ataque impidiendo males mayores.
- ¡Déjame incrustarle en la silla de un porrazo!
- No lo haga Gabina o acabaremos todos en una Institución pública de dudosa comodidad.
- Qué labia tiene Meritorio, trae que le atizo.
- ¡Detente!- Gritó Bobarín.
- ¿Quién es ese?
- Un amigo muy pausado.
- Encantada- respondió Gabina.
- El gusto es mío.
Mientras todos en la mesa saludaban a Detente que entraba en escena muy despacito, Lázaro había vuelto a desaparecer.
Continuará

10
abril 12

¿Para qué zarandear un panal de abejas?

Ama, espera, confía

porque no puede el que vence sin riesgo

decir que vence.

(Mercurio anima a Perseo) Calderón de la Barca.

                                 CAPÍTULO XXI

Bobarín y Gabina llegaron a un enredo de callejones en el oeste de la ciudad. A lo lejos sonaba un tango, parecía que no era tan contraria su suerte. Frente a la puerta de lo que creían un cafetín un anciano hablaba con su perro como si de un oráculo se tratara.
-¿Crees que hará frío esta noche Garufa?
-Guau, guau – contestó el perro al que gustaba repetirse. Bobarín interrumpió la interesante conversación.
-Perdone señor ¿En este sitio se puede bailar tango?
-¿No ven que estoy hablando con mi perro, quiénes se creen ustedes para interrumpirnos? Es usted…
- No me ladre. ¡Santo cielos qué mal envejece el mal humor! A mi también me molesta que hablen cuando interrumpo, pero a estos cuerpos les urge beber y bailar.
-¿Qué crees Garufa?- Preguntó el anciano a su perro oráculo.
-Lo urgente transciende lo inoportuno…- contestó el perro- Si quieren tomar y bailar están en el lugar adecuado, esto es una milonga.
-Gracias Garufa, entremos presto Gabina que el palique en la puerta sólo trae resfriados.
-Yo tomaré un vino blanco- dijo Gabina.
-¿Blanco? ¡El mejor blanco es un tinto!
-Pues sean dos tintos en vaso grande.
-Eso lo que es…es un vaso dilatador.
- O delatador…
Las dos amigas se fueron encendiendo con uva, Gabina que casi doblaba en edad a Bobarín se quitó unos años de encima y los puso debajo de la mesa, parecía una muchachita con su virtud y su carne prieta. En la mesa de enfrente un hombre que por ratos se rascaba la nalga y absorbía mate hizo un gesto con la cabeza invitando a Gabina a bailar. Gabina accedió azorada pero en un plin se dejó llevar demostrando su maestría, su soltura, su capacidad y su etcétera bailando tango.
-Olé, olé- aplaudía Bobarín.
-¡Qué rumboso es usted!- se animaba Gabina.
-Y eso que bailo tango…¿Y ustedes galleguitas a qué se dedican?
-A viajar, ahora vamos a tener que laburar porque estamos sin plata.
-Algo tendrán.
-El corazón para amar nos pesa, pero ni un peso.
-Ya somos unos cuantos millones, pero descuiden que la ley de los pobres es ayudarse.
-Pobreza obliga…Me está cayendo usted la mar de simpático, le ruego se siente con nosotras en la mesa.
Gabina y el simpático bailarín se reunieron con Bobarín.
-Encantado señora, Meritorio para servir a su amiga.
-Encantada, vaya sirviéndole otro vino qué bien lo merece.
- Si señora, buen vino gustamos en Argentina. Dicen que tenemos mejor carne que los ingles, mejor pizza que los italianos, mejor empanada que los gallegos y mejor vino que los franceses.
-No adivino quién lo dice…
-Yo adivino el parpadeo que las luces a lo lejos, van marcando mi retorno…- canturreó Meritorio clavando su mirada en los faroles de Gabina algo bizcos ya por la bebida y el baile.
-¡Ay Bobarín que este es de tu escuela! Me da a mi que me pretende.
-Déjate querer un poco Gabina.
-Si señora soy un hombre necesitado implorándole audiencia.
-Tenga mis oídos y mi atención pero también tenga en cuenta que este corazón octogenario tiene ya las paredes débiles.
-Déjeme alojarme en él y alicataré sus muros.
-Le aviso que es para usted mucho trabajo, habrá de hacer honor a su nombre.
Meritorio dobló el silencio con la mirada.
-Gabina, esos ojos suplican respuesta- animaba Bobarín a su amiga qué apenas acumulaba experiencia en amores y en tortillas de patata.
-Pues ale, sea usted el patrón de mi corazón en esta velada.
Al oír esto Meritorio sufrió un ataque de alegría cayendo fulminado.
-No se apure, le da por veces- apuntó el camarero.
-Pues esta vez parece la última- desespera Gabina mientras intenta levantar a Meritorio del suelo- No me deje en este valle de lágrimas…- rogaba desesperada a la bola de espejos que colgaba del techo. ¿Y Bobarín, qué hacía Bobarín en medio de este drama? Pues les voy a contar lo que hacía Bobarín. La mujer permanecía extasiada en su silla mirando al fondo del bar, desde donde un bulto de hombre se le acercaba, era Lázaro, el viril gaucho que había robado su corazón reventándolo con dinamita. Su rostro mudó de color y su voz arrugada demandaba botox con urgencia. Sin poder articular palabra permanecía como una piedra bloqueada ante el reciente recuerdo, ajena a otros desmayos. Mientras tanto Gabina hacía una friega de mate a su fulminado Meritorio bajo la nuca.
-¡Parece qué revive!- gritó Gabina.
-¡Parece que muero!- gritó Bobarín.
Lázaro caminaba del brazo de una hermosa mujer deslumbrando a nuestra dama con la delicada ironía de su sonrisa. Aquella ostentación de incomodarla, de ofenderla y maltratarla, tal vez estimándola, era más de lo que Bobarín podía soportar.
-¿Acaso finges quererme?
-En absoluto, fue todo una farsa, yo soy hombre de muchos amores.
-Empezando por el propio.
-Y terminando.
-Pues termine usted de una vez conmigo, cláveme sus puñales de acero. ¡Hiera, mate y huya!
-No sea usted dramática que me da lástima.
-Es todo lo que me queda para darle, a parte de un porrazo.
-No desistiré en molestarla hasta que me atice.
-¿Para qué zarandear un panal de abejas?
-Usted que se pica.
-¡Agárrame Gabina que le doy!
-¡Se impone la demencia!
-¡Gabina que me enajeno!
Pero Gabina estaba en otros menesteres. Meritorio despertó de su repentino letango, digo letargo, mientras la banda tocaba Volver. Con la mirada febril y borrosa se le iba apareciendo Gabina que le refrescaba la frente marchita, peinaba su sien plateada y soplaba para refrescarle.
- Es un soplo la vida…- susurró Meritorio acompañando al tango.
-¡Qué susto me ha dado!
-Tiene usted la expresión de la mujer que ha dialogado con los ángeles.
-Usted si que ha estado cerca de hacerlo.
Las historias se cruzaban haciéndose caso omiso.
-Por favor Lázaro, importune usted a otra dama, esto me va a matar- rogaba Bobarín al gaucho.
-Pues lo que le mata, le hace más fuerte.
-No es así el dicho- y dicho esto un apuesto caballero vestido de época que podría llamarse Paco pero sin embargo se llamaba Agustín acude a la mesa en su socorro. Bobarín cae al suelo medio bolinga ya sin fuerzas.
-¿Le están molestando señora?
-Ya me iba- dijo Lázaro tocándole el pandero a la mina que colgaba de su brazo.
El tercero en concordia abanicaba a Bobarín que recuperaba el color y un poco la compostura.
-Acepte mi gratitud caballero, gracias a usted y a Meritorio gano en fe hacia los porteños. A punto estaba de ingresar en un convento de arrepentidas.
-Pronto se le ha pasado.
-No voy a perder la fe a estas alturas- dijo Bobarín desde el suelo.
-Algunos amantes se creen soldados en guerra, creen en el revivir del amor tras la batalla.
-No era el caso, pero mi débil intuición le adivina a usted hombre de bien.
-Cualquier tierra puede dar hombres de mérito.
Bobarín brindó por ello terminando su copa.
-No tenemos remedio-acuñó Gabina.
-Me temo amiga que estamos llamadas a una suerte pareja con los hombres, yo por apego y tu por desapego.Brindemos por ello.
-No tome tanto señora.
-Bebo para sacarme un clavo del corazón.
Gabina vuelve a escena – Pues ten cuidado que a este ritmo se te va a salir hasta el de la cadera. El elegante Agustín asió a Bobarín con fuerza del brazo.
-¡Qué agustín!
-No se burle y baile conmigo, mujer fatal.
-Fatal lo estará usted.
 (Continuará)

 


2
abril 12

La vida es una herida absurda

 

El mejor profeta del futuro es el pasado. Antonio Buero Vallejo

 CAPÍTULO XX

Bobarín observaba afligida el Congreso de Desocupados, hoy en día el trabajo es muy divertido, podemos pasar horas observándolo, unos porque no lo tienen pero lo quieren, otros porque no lo necesitan y otros lo observan cumpliendo el mito del funcionario mito más extendido que el de la caverna de Platón.
- Por estar en paro está hasta la Virgen que ya ni se aparece- dijo Bobarín.
- Pues yo he oído que sigue apareciéndose en Zaragoza, a Lourdes sólo va de vacaciones.
- Mira Gabina parece que van a volver a registrarnos por culpa de la Kalashnikov.
 La policía abrió el bolso de Bobarín y encontró más de 50 frascos de 100 ml.
- ¿ Y esto señora?
- Como no me dejaban traer mis botes de 200 ml los he dividido, este tan mono es ántrax, este cianuro, este cloruro potásico…
- Está bien pase, pase que tiene más labia…!
 Apenas traspasar la puerta de salida del aeropuerto toparon con un simpático señor asiendo un cartel que rezaba “ Perpleja”.
- Ese señor debe venir a por nosotras, Gabina.
- Buenas señor, soy Madame Bobarín la más perpleja, para servirle.
- Encantado, permitan que me presente, Lázaro, para guiarles a ustedes por donde gusten.
- Cómo me alegro porque nunca he entendido porque la gente de pueblo como yo disimulan su sorpresa y admiración al llegar a un nuevo país.
- Ustedes disfruten y pregunten lo que quieran.
 Era una hermosa y gorda mañana de verano en Buenos Aires, Gabina y Bobarín subieron a la furgoneta de Lázaro mientras contemplaban extasiadas el paisaje.
-¡Qué campos, qué vacas! No entiendo por qué las vacas argentinas viajan a Madrid teniendo esto- dijo Gabina.
- Tal vez no viajen por su gusto…
- Precisamente por su gusto me da a mi que viajan- añadió Lázaro.
- ¡Los solares que harán falta para hacer un campo tan extenso!
- ¡Menudo invento!
- ¿Y por qué tiene tantas vacas?
- Para que parezca un campo Gabina.
- Pero son muy caras, tal vez por eso deben compensarlo con margaritas que son más baratas.
- Si Gabina, las flores donde mejor están es en el campo, porque luego les da por ir a los nacimientos y a los entierros y no hay quién las aguante.
- Los campos ya no son como antes, hace apenas un mes la hierba me llegaba a la rodilla- infirió Lázaro mientras un labrador segaba los campos.
 Bobarín comenzó a sentir un leve cosquilleo en la región temporal que es donde ella siente el amor pinzándole el hipotálamo.
- ¡Ay Gabina que me ha dado!
- Bobarín pero si aún no hemos llegado a la ciudad, te habrán confundido las vacas.
- Ha sido Lázaro, su camisa de cuadros, su sombrero de gaucho, sus viriles manos al volante.
- ¿Decía señora?- infirió Lázaro.
- Comentaba la cantidad de camiones que recorren la carretera al corazón…
- ¿Disculpe?
- ¿Nos podría llevar a tomar un asado? Estamos hambrientas.
- Por supuesto les llevaré a lo de Mauricio, que hace los mejores asados de Buenos Aires pero hemos de dejar el vehículo e ir en colectivo.
- ¿Qué es un colectivo?
- Es un mueble gordo en el que se mete la gente muy apretada.
- Ah! Como el autobús.
- Exacto. Pero en el colectivo siempre cabe alguien más mientras no se demuestre lo contrario.
- Igualito, igualito lo tenemos en Madrid, pero a mi siempre me ofrecen asiento los caballeros temiendo que me siente encima de ellos.
- Aquí sólo se puede entrar de canto.
Aparcaron la furgoneta y viajaron en colectivo a lo de Mauricio. Para llegar antes cogieron el colectivo una parada después. Un frondoso jardín y una humeante parrilla acogió a nuestras protagonistas. Mauricio era un hombre fibroso y vegetariano que cocinaba “la chicha” como nadie.
- A mi deme costillas por favor.
- ¿Para qué sirven las costillas?
- No sé , para localizar los dolores, a mi me duele entre esta y esta.
-Eso es el corazón- dijo Lázaro.
-Si es que yo le amo con fervor, gaucho mío.
- Tengan señoras prueben este churrasco- infirió Mauricio.
- Qué lástima que esta vaca no esté más cocinada.
- ¿Está muy cruda?
- Creo que todavía respira.
 Mauricio como buen vegetariano al ver el rojo interior de aquella carne sufrió un desmayo.
- ¡Rápido, una transfusión de remolacha!
Consiguieron revivir a Mauricio, los pájaros cantaban, las vacas mugían en la parrilla y el amor se confundía con el suculento olor a carne mientras Bobarín pelaba la pava en lunfardo con el porteño Lázaro.
- Hermosa, si vamos a tener una relación insisto en que debemos discutir y partirnos el corazón para luego escribir un buen tango…
-Pero Lázaro yo nunca me he peleado con un señor.
-Entonces lo descubrirá junto a mi. ¿Hay algo más bonito?
- La peineta de la Virgen del Rocío. ¿Para qué pelear sino valen golpes bajos ni abrazos? Sepa usted que yo sólo quiero abrazar su masculinidad.
Pero el poder persuasivo del gaucho hizo que el amor del hipotálamo Bobarino terminara en discusión, sin persuadirse fue cediendo al capricho de Lázaro con el que por fin consiguió tener un litigio corriente. Si Bobarín decía blanco, Lázaro decía negro, si ella decía negro para agradarle, el decía que ella no tenía personalidad ni principios. Si el gaucho se ponía pelos rubios en la chaqueta para darle celos a la dama, Bobarín se cambiaba de peluca.
-¡Qué hermoso estar enamorada, mi cabello se ha vuelto adorablemente rubio!- estos incisos que pretendían apaciguar el ambiente sulfuraban más a Lázaro.
- Despierta Bobarín, soy un hombre libre y salvaje y de vez en cuando digo a mi amada que me voy a los Lagos de Sur, que es justamente donde no voy.
- Mi amor, mi dulce de leche, mi alfajor, yo haré que me creo que estás en los Lagos del Sur, incluso puedo enseñarte a ahogarte en un lago.
- Nada tiene que enseñarme usted pues yo todo lo sé y usted es una más del montón para mi.
-¿Qué es un montón, mi amor?- continuaba Bobarín completamente embriagada por la uva ciega del amor.
La intensidad de la disputa fue subiendo gradualmente, aquél gaucho no escatimaba en el grosor de los insultos, era realmente generoso.
- Bobarín lo que tiene que hacer usted es darme guita para que yo pueda invitarla- y Bobarín hipnotizada por sus ojos y sus napias quedó pescada en el anzuelo de su nariz perdiendo la cartera y la razón, que es lo que en ocasiones le hace a uno el enamorarse. La novedad ante el cisma la tenía perpleja, por fin conocía lo que era una vulgar pelea de pareja, era como perder la inocencia y volver a sus años mozos. Lázaro intentó robarle la autoestima pero Bobarín la tenía guardada en la faja y estaba sentada sobre ella.
- Me voy, marcho a los Lagos de Sur.
- Qué pesado con los Lagos del Sur, creí que me amaba-
- No señora, me ha querido demasiado en pocas horas y ahora me aburre.
- También pasa vicealcontrario, ¿ No me escribirá?
- No Bobarín.
- ¿Cómo voy a vivir sin sus faltas de ortografía?
- Como ha vivido hasta ahora.
- Hay que ver, no somos nada.
- Sobre todo usted. Adiós muy buenas.
- Hasta el año que viene- sollozó Bobarín allegando al hueso de una costilla mientras buscaba el calor y apoyo de su amiga.
- Me da a mi Gabina que viéndome ávida de cariño y ciega de amor éste Lázaro me ha engañado- dijo Bobarín rompiendo a llorar definitivamente.
- Has de ser cisterna Bobarín, no seas fuente.
- ¿Qué dices Gabina? Eso me suena al “be water my friend“ de Bruce Lee versión Gabina- dijo Bobarín esbozando una sonrisa.
- ¡Que contengas, que no desbordes!
Habíase secado el manantial de sus lágrimas cuando Gabina la abrazó ofreciéndole un poco de chorizo criollo.
- No sufras Bobarín, hace poco me enseñaste que la apariencia era un error del entendimiento, has querido ver lo que no era, a veces para ver hay que escuchar o comerse un pimiento.
- ¡Qué Dios te bendiga Gabina!
- Deja, deja que la bendición relaja demasiado y mira luego cómo acabas. ¡Que bendiga al chorizo…criollo!
Bobarín guardaba los restos que yacían en la parrilla en el interior de un tupper mientras canturreaba un tango en voz baja:
“La vida es una herida absurda,
y es todo tan fugaz que es una curda, ¡nada más!, 
mi confesión…”
Menos poseída ya de su ardiente pasión y generosidad, le puso una mantita a su cuenta corriente que se había quedado al descubierto y se fue con Gabina al centro a buscar trabajo.
Ilustración, Bobarín germánica preparada para viajar a la sierra de Córdoba, Argentina, antiguo gueto alemán.