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Camino al mesón Rancho Panza

CAPÍTULO XXXIV

Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo. Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que no han lanzado primero el corazón.

Noel Clarasó.

violin copia

 

Subieron todos sobre Cary Grant, el que os recuerdo, al ser perseguido por la ley optó por transformarse en un honorable pura sangre perito en habilidades hípicas. Como no andan ustedes bien de memoria también os recordaré que al verle el pequeño arco de herradura – hijo reconocido de Stradivarius-  se le había añadido a la pezuña para siempre. Gabina y Stradivarius montaban sobre su lomo, y Bobarín había optado por ir en la vaca sujeta por unos pulpos.
- Estoy harto de que ustedes coman en restaurantes sabrosos platos y a mi me den pasto- se quejó Cary mientras se dirigían al Mesón Rancho Panza.
- Pero eso es lo que les gusta a los caballos Cary- replicó Gabina.
- Cary, Cary…ya te diré yo lo que a mi me gusta y no son hierbajos.
- No vamos a pelearnos por un cómete esas pajas, pídete lo que quieras de la carta. Allá tu con tu dentadura.
- Como soy regalado nadie me va a andar mirando el diente.
- Pues todos contentos y ¡Arre caballito vamos a comer!
- Estáis siempre igual, ora la panceta, ora el churrasco…- continuó refunfuñando Cary.
- No hables de comida que me vivo de hambre y te muerdo- intervino Bobarín.
- ¡Churrasco, churrasco y churrasco!- entonó Stradivarius.
- Calladle la boca o me lo como. Anda que no me habré comido yo caballos. No se me resistió ni el de Troya.
- Sería el de Trola, embustera- se defendió Cary.
Gabina interrumpió la trifulca – Madame habla en serio Cary, aunque lo que dice Bobarín va a risa.
ilustrativo

Los músicos de Bromen

El pobre caballo avanzaba con paso tardo por la vía, apenas podía con el peso de Gabina, Stradivarius, la vaca y Bobarín, lo que le llevó a tropezar con la acera y el Arco de Herradura se desprendió de su casco saliendo despedido a otra parte del mundo.
- ¡Mi hijo!- gritó Stradivarius desde lo alto- ¿Dónde ha ido a para mi hijo?
- Parece que ha volado del nido- respondió Cary adoptando la contrita actitud que le sirve a uno de defensa.
- De eso ni hablar, no me importa que regrese hecho un higo, pero que regrese.
-Eso. ¡Que vuelva el higo pródigo! -dijo Gabina. Pero por más que buscaron por toda la avenida no hallaron rastro del pequeño arco y agotados en esa empresa optaron por asumir la pérdida y continuar su camino hacia el Mesón.
La crisis en el país había superado el mayor número de parados de la historia, era fácil encontrarse manifestaciones en cualquier esquina, cualquier día y a cualquier hora. El descontento en masa a veces se confundía con el espíritu de verbena convirtiéndose en focos de alegría popular. Al intentar cruzar la Plaza de Colón se vieron acotados por todos los flancos, organillos, vendedores de barquillos, órganos con silla, silla con cabra, hogueras de San Juan, chotis… confluían en la plaza montando una zarabanda de tres pares de demonios.
- ¡Estos parados cómo se mueven!- dijo Gabina.
Cary no podía con su alma y mucho menos con las de todos los que viajaban sobre su lomo, Bobarín comenzó a morder la vaca y Stradivarius tocaba tristes canciones recordando a su recién desaparecido hijo.
- Vais a tener que descabalgar y continuar andando, estoy a punto de desplomarme – casi rogó Cary.
- Bajemos, bajemos que no quiero caerme desde esta altura y ser una discapacitadita entrañable- apuntó Bobarín.
Continuaron el trayecto a pie entre el tumulto hasta el mesón que estaba en la zona de Huertas, mientras Bobarín pedía “maná” con la ilusión de llegar cuanto antes a la Tierra Prometida.
- ¿Falta mucho para Huertas?- preguntó Stradivarius.
- ¡Qué va! Está a la huerta de la esquina pero con tanto tránsito nunca se sabe- respondió Gabina. Mientras dialogaban utilizaron el buen oficio de adelantar peatones sacando codo y pinchando con el paraguas.
- Yo no podría soportar comer ahora en la barra. Espero que sea una cena sentada.
- ¿Sentada? Es una cena tumbada.
- ¡Qué bien! Podemos hacer fotos apaisadas.
- Y descansar un poco.
- No veo la hora de apaisarme.
Stradivarius sacó de su funda una cejilla de plata y se la entregó a Bobarín como si de un anillo se tratara.
- ¿Y esto qué es?- preguntó Bobarín
- Es para aplicar a los trastes del violín, perteneció a mi tatarabuela y es de plata de ley. Pensé que con la emoción del regalo se le podría olvidar el hambre.
-  ¡Ay querido! A mi sólo se me calla con mordaza de bocata no de plata, pero se lo agradezco horrores…
- Al traste con mis trastes…- suspiró Stradivarius apesadumbrado.
Al llegar al Mesón Racho Panza el metre les recibió dando saltos de alegría ofreciéndoles cama y sofá en un alarde deportivo de hospitalidad. Nuestros amigos se dejaron caer a plomo sobre los divanes.
-  Esto lo hacemos por el qué diván…jijiji- se reía Gabina llevada por la felicidad que trae consigo el descanso.
-  ¿Cómo se llamaba el metre? Es que es mi amigo pero con esta memoria…- preguntó Bobarín.
-  Pregúntale.
-  Me da vergüenza, que le conozco mucho, pregúntale tu Gabina.
-  Perdone señor metre ¿Me recuerda su nombre?
-  Rey Midas, el rey de las comidas.
-  ¡Hombre Gabina haberme preguntado a mi! El gran Midas, de toda la vida- disimuló Bobarín.
-  ¡Traidora!…
En la mesa de al lado un sabroso pollo parecía guiñarle el ojo a Bobarín que no dudó en introducir su zarpa en él. Fue tan rápida que los ocupantes de la mesa  no tuvieron tiempo de reaccionar, al intentar quitárselo Bobarín lo defendió a puras uñadas y gruñidos.
-  ¡Camarero! ¡Por favor esta señora se está comiendo nuestro pollo!
Cuando llegó el camarero a reprenderla Bobarín reposaba tranquilamente en su sitio mientras se trabajaba con elegancia los dientes ayudada por un palillo.
- ¿Es verdad que se ha comido usted el pollo de estos señores?
- Ha sido por engaño que he incurrido en tal delito.
- ¿Por engaño?
- Pues si señor, porque el pollo tenía cara de estar relleno. ¡Pero no lo estaba! Mírelo usted mismo.
- Pues tiene usted razón.
- Quéjese usted en la cocina porque no se pueden sacar así por así a las mesas pollos con cara de estar rellenos y luego naaa, ni vísceras tiene este.
- Si señora, aún así el pollo lo habían pedido estos señores, no usted.
- ¡De la que les he librado!
Entonces los señores dueños del pollo retiraron su queja y agradecieron fervorosamente a Bobarín el haberse comido aquél pollo que tenía escrito el engaño en su rostro.
- Señora, le estamos tan agradecidos que nos gustaría convidarle a lo que usted guste.
- No voy negarme a tal invitación, por no ofender su generosidad, claro.
- Tiene usted un gran corazón metido en el corsé.
- Vaaaa, venía con la faja- contestó modesta Bobarín.
- Mientras nos traen la comanda podría tocar algo Stradivarius, la buena música alarga la vida- sugirió Gabina.
- ¡Y la mala! Por lo menos hace que se te haga larguísima- dijo Bobarín mientras mordisqueaba un dedo al camarero.
(Continuará)

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7 comentarios

    • cloratade potasa

      Estimada Lourdes, muchas gracias por tu elogio al pincel, que por su parte, pinta solo y al comunicarle tu contento se ha llenado de soberbia y repeinado con relamido tupé. Por su parte Madame Bobarín te invita gustosa a su página de Face Book donde puedes seguir sus retratos ( tampoco anda corta de ego, desde que le pintaran un ecuestre!) Atentamente, Clorata de Potasa

  1. Tras mi periplo por La Mancha, estoy deseoso de probar el Rancho Panza de Huertas. Gracias por el esquema, tan ilustrativo.
    Andaré con ojos no vaya a salirme también un pollo relleno sin relleno.
    ¡Besos!

  2. [...] me sugería Guillermina, Madame Bobarín viene a Madrid a crear la tendencia de la no tendencia!!!! Vive y deja vivir… que [...]

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