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El Ejército del Amor

 

CAPÍTULO XXX

 ¡Prisa! Nunca tengo prisa, no tengo tiempo.

Igor Stravinski.

"Mens sana y copa resana" Ilustración del libro La Fórmula Femenina. Editoria Aguilar

 

Manolo el Azañas del Buen Querer abandonó las rimas para arrimarse a una jovenzuela que hacía alarde de sus virtudes de silicona.
– Si me arrimo a tal jamona, ya no rimo, que es silicona, lo que me es menester ahora. ¿Me disculpa señora?- dijo el truhán levantándose de su silla y abandonando la mesa.
Las tripas de Bobarín comenzaban a pedir justicia lo que provocaba en ella rebeldía y algún espasmo que otro, arritmias que le impidieron escuchar la  cruel despedida de su último enamorado. Nada predecía entonces lo que estaba a punto de acontecer. Se batía nuestra dama con las convulsiones propias del hambre cuando un apuesto galán se apoyó sobre su mesa derramando en ella llantos y amores.
– No me trastorne la mesa que anda coja.
– Señora acabo de perder el trabajo, mi mujer me ha abandonado heredando en vida y yo sólo quiero correrme una juerguita gozando de su simpática compañía.
– ¿Una juerguita? ¿Le parece a usted bonito? ¡Revélese contra el sistema! ¿No tiene sangre en las venas? ¿No le importan los males que acucian a la clase trabajadora? ¡Parece usted un trozo de madera!
– No soy un trozo de madera. ¡Soy un Stradivarius!
– Pues entonces aporte a la causa lo que pueda con sus notas.
– Al menos darla, me dirá…
– Toque usted el más grande de sus secretos.
– Los secretos… ¡Qué poco me importan los secretos! El que me los cuenta le va la vida en ello y a mi se me olvidan a la vuelta de la esquina. Haré algo mejor, tocaré los deseos más virtuosos y puros que me aquejan.
Stradivarius subió sobre la silla que también andaba coja por toda la sala y tocó las más hermosas melodías. Los oídos de Bobarín jamás habían escuchado sones tan sublimes. Madame cerraba los ojos e imaginaba al mundo feliz bailando un mismo son, desechando egoísmos y abriendo paso a una nueva era…tan emotivo fue el momento que llegó a olvidar a su estómago en celo.
A Bobarín y Gabina les holgaba tanto escuchar aquella armonía que les reventaron los corsés y comenzaron a bailar y dar saltitos por todo el recinto. Aún hoy cuentan que las vieron dar volteretas y saltos inmortales en los columpios que colgaban del techo, cuentan que el Cirque du Soleil pretendió contratarlas pero ellas sólo tuvieron oídos para aquella hermosa melodía y orejas para sus pendientes.
La gente que pasaba frente a la puerta del chigre, al oír aquel trozo de madera quedaba hipnotizada agolpándose para entrar. Contagiados por lo que acaso fuera el segundo himno a la alegría entraban en un estado de felicidad místico y saltimbanqui.  Al terminar aquel maravilloso son con mánticas funciones que auguraban o esperanzaban un futuro mejor, quedaron sumidos en una terrible depresión y comenzaron una grita del diablo.
– ¡Tócala otra vez Sam! ¡Más madera! ¡Vuelva a alegrar nuestros oídos y a encender nuestras almas! ¡Que no cese la música!
Al comenzar a tocar de nuevo volvieron a encenderse las almas creando pequeños incendios en el chigre.
– ¿Cual es la mejor hora de llamar a los bomberos?
– Yo creo que antes de que los relojes se queden blandos como en la persistencia de la memoria.
– Si, si, antes de que la perdamos. ¡Que alguien llame a los bomberos!- exhortó Bobarín.
Pero no había quién matara aquellos fuegos porque no hay quién pueda contra la pasión y los buenos sentimientos.
– ¡Calma señores, no ardan con las virtudes de Stradivarius y utilicen las suyas pues todo hombre tiene alguna!- gritaba Bobarín mientras intentaba abrirse paso entre la muchedumbre para salir de aquel horno.
Con los pelos algo chamuscados consiguieron llegar a la calle.
– Saca la patita un poco Gabina y de esta nos depilamos.
Depiladas y sin un pelo de tontas les dio gran contento descubrir que Stradivarius salía del chigre ileso.
– ¡De buena madera ignífuga está usted hecho! Anda suba a nuestro rocín que hemos de pensar cómo aprovechar ese su don y tal vez crear un ejército del amor que invada el mundo borrando fronteras.
– Nobles son sus intenciones, pero… ¿No ve el peligro que trae consigo encender pasiones?
– ¡Oh si! Unos amarán su música, otros se reirán de los que la aman pero nadie quedará indiferente.
– ¿Y los que no la entiendan? ¿Los que la interpreten mal y se alcen a las armas?
– Sus armas serán sus instrumentos de trabajo, sus sartenes, sus plumas o pinceles.
– Es usted el vivo retrato de la utopía.
– Es ese un retrato que a Dorian Grey hubiera gustado.
– ¿Dónde me llevan?
– Vamos a casa a comer y a que se de un buen baño que huele usted a chicha a la brasa.
– Me tienta usted, si fueran ambas cosas a la vez…
– Por su puesto, en mi bañera lo que se hacen son pompas de jamón.

 

Dedicado a Mario San Miguel y el Ejército del Amor (http://www.youtube.com/watch?v=DNsi5lLbblo) con el encendido deseo de construir un mundo mejor.

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