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enero, 2013


28
enero 13

Haga ripio la trobalenguas

CAPÍTULO XXXI

Hemos inventado la revolución, pero no sabemos qué hacer con ella.

Peter Weiss (1916-1982)

JUGLARINA copia

Resolvieron ir presto a la orilla de la bañera,
las pompas de jamón del baño salían bellas, enteras,
que decir que parecían en toda su pomposidad
un anuncio de lotería del premio de Navidad.
Gabina declamaba un poema sobre los Mayas y Brincas,
lírica de su cultura y costumbres alimenticias.
- ¿Es la hora de la cena?-
- ¿Qué ripias Bobarín?
Ten paciencia y espera
que aún flota Stradivarius
a remojo en la bañera.
Si quieres ve a la cocina
y mientras él esté listo
preparas una tortilla
y unos sándwiches mixtos-
 Pompas salían del baño, a la luz de las velas
la música de Stradivarius envolvía la escena,
una radio o transmisor, una especie de patata
emitía extraños ruidos a los pies de la tina como cosa de magia.
Encendiose ella sola emitiendo a gran volumen la canción de La Ramona.
- ¿La Ramona?
- La Ramona Pechugona.
-Bonita canción-
Al llegar el estribillo
en el golpe de emoción
Stradivarius con brío
y con pie la derribó.
No háyase visto tal brillo
tal chispa de ejecución
ejecutada la música
el violín sobrevivió.
Propinada la descarga
habiendo tocado madera
no hay calambre que valga
para rama brasileña
aislante donde los haya
la sacudida certera
al violín en su prestancia
inmerso el la bañera
resistió con elegancia
el tremendo voltaje.
Más los plomos de la casa
cayeron cual cae un sable
fundido tras un estoque
rizadas quedaron sus cuerdas
como en Dalí el bigote
o las cejas de Cela.
Con el arco por garrote
asió una de las velas
saliendo cual presta estela
de aquel cuarto de baño.
Lavose antes las manos
sin dejar de aquello rastro
acaso la afrenta fuera
cosa del mismo Pilatos.
- ¿Qué ha sido eso?-
Preguntole Bobarín.
-Ha sido la patata,
no me mire a mí.
Me tiene preso de asombro,
ha confundido su nombre
y olvidando el último “ta”
metió la pata hasta el fondo.
Con los cables bien pelados
y peinados por el agua,
me dejó el cuerpo escaldado
en exagerada descarga.
- ¡Que nos pillen confesados!
- ¡A mi que me pille peinada!
- Señoras que no ha sido nada.
- ¡Más han saltado los plomos!
- ¿Por Dónde?
- ¡Gabina, aplomo!
No seas cotilla, mujeeer
Que salte
donde le ha menester,
de una silla o de una torre
que a plomo ha de caer
lo que a plomo responde
donde el metal se desplome
tu no lo has de saber.
Que el plomo cae donde quiere
y la caída es certera.
- Ya podía caerse
el vecino de la escalera,
que a pelmazo no le gana
ni el plomo de España entera.
Es en vano que espere
no caerá a plomo esa breva.
- ¡Mala hierba nunca muere!
- ¿Pesan mucho los plomos esos?
Preguntó Bobarín
sofocada en pensamiento,
imaginar sólo el subirlos
le afanaba hasta el aliento.
En la oscuridad de la sala
encontrábanse las damas;
sus siluetas relucían
¡Cual dos hogueras brillaban!
Esfinges fluorescentes
glaucas ambas deslumbraban
¡Y más brillaban sus dientes!
- ¿Que nos pasa Bobarín?
¿Qué es éste relucir?
¿ Qué es lo que tengo?-
Preguntaba Gabina
mientras sus brazos movía
en amago de flamenco.
Bobarín agitaba los suyos
en el aire dibujando
con tal haz un minotauro,
tal complicado era el sino
¡Que no llegaba ni al a mino!
A ver si adivinas que escribo
con mi dedo en el aire
que es aire y es pedo
gases de lo comido
entra antes, sale luego
plato hondo aire fino
-¡No adivino!
-¡Pues si da aires…!
-¡Si no es fabada…es cocido!
-¡Acertaste!
- ¡Con compango de chorizo!
- Ahí te pasaste,
que tanto no he escrito.
-¿Pero por qué relucimos?
Bobarín dudó un momento
-No fue nada que comimos
que mesurada fui ¡Lo juro!
y la cena está por llegar…
¡Ya se! ¡Es la mistad!
Que resplandece en lo oscuro
y la nuestra es de envidiar.
-Si eso que dices es cierto
has de encender la luz
que Stradivarius es nuevo
y andará con ojo ciego.
- La razón tienes puesta
siempre como virtud
curémonos en salud
si la ocasión no espera
y la pintan calva
enciendo ahora la luz
o este va y se la pega
y a ver si de esa se salva.
-¡Reine la calma!
-¡Encienda!
-Se lo agradezco señoras,
Si quieren traigo otra vela….
- No será a dos velas
como vuestra vuecencia nos vea.
No teniendo mayordomo
habré de arreglarlo yo
pesen lo que pesen los plomos-
Ya con la luz repuesta
y sabiendo puesta la mesa
miran todos las bandejas
Gabina, suspira.
Un plato con pocas migas
y un trozo de costra seca
coronan triste vajilla
disfrazada de cena.
-¿No hiciste emparedados
de queso y de jamón?
Y para vegetarianos
¿Otros del huerto?
- ¿Quién yo?
- ¡Si! Eran de jamón y queso
y estaban calientes
Que lo he visto.
- ¡Ha sido mixto y no mixto!
- ¡Mientes! ¿El de verdura también?
- Ojos que no ven
 corazón que no siente.
-Tu estómago en celo
no tiene remedio.
Ávido e impaciente
clava el ojo primero
para hincar después el diente.
-Pues si he visto no me acuerdo.
-Y esa mancha en tu pechera
Confiesa ¿Qué eso?
- Parecer… parece queso.
(Continuará)

Dedicado a mi querida alma perpleja María Maier, mixta o no mixta.


10
enero 13

El Ejército del Amor

 

CAPÍTULO XXX

 ¡Prisa! Nunca tengo prisa, no tengo tiempo.

Igor Stravinski.

"Mens sana y copa resana" Ilustración del libro La Fórmula Femenina. Editoria Aguilar

 

Manolo el Azañas del Buen Querer abandonó las rimas para arrimarse a una jovenzuela que hacía alarde de sus virtudes de silicona.
- Si me arrimo a tal jamona, ya no rimo, que es silicona, lo que me es menester ahora. ¿Me disculpa señora?- dijo el truhán levantándose de su silla y abandonando la mesa.
Las tripas de Bobarín comenzaban a pedir justicia lo que provocaba en ella rebeldía y algún espasmo que otro, arritmias que le impidieron escuchar la  cruel despedida de su último enamorado. Nada predecía entonces lo que estaba a punto de acontecer. Se batía nuestra dama con las convulsiones propias del hambre cuando un apuesto galán se apoyó sobre su mesa derramando en ella llantos y amores.
- No me trastorne la mesa que anda coja.
- Señora acabo de perder el trabajo, mi mujer me ha abandonado heredando en vida y yo sólo quiero correrme una juerguita gozando de su simpática compañía.
- ¿Una juerguita? ¿Le parece a usted bonito? ¡Revélese contra el sistema! ¿No tiene sangre en las venas? ¿No le importan los males que acucian a la clase trabajadora? ¡Parece usted un trozo de madera!
- No soy un trozo de madera. ¡Soy un Stradivarius!
- Pues entonces aporte a la causa lo que pueda con sus notas.
- Al menos darla, me dirá…
- Toque usted el más grande de sus secretos.
- Los secretos… ¡Qué poco me importan los secretos! El que me los cuenta le va la vida en ello y a mi se me olvidan a la vuelta de la esquina. Haré algo mejor, tocaré los deseos más virtuosos y puros que me aquejan.
Stradivarius subió sobre la silla que también andaba coja por toda la sala y tocó las más hermosas melodías. Los oídos de Bobarín jamás habían escuchado sones tan sublimes. Madame cerraba los ojos e imaginaba al mundo feliz bailando un mismo son, desechando egoísmos y abriendo paso a una nueva era…tan emotivo fue el momento que llegó a olvidar a su estómago en celo.
A Bobarín y Gabina les holgaba tanto escuchar aquella armonía que les reventaron los corsés y comenzaron a bailar y dar saltitos por todo el recinto. Aún hoy cuentan que las vieron dar volteretas y saltos inmortales en los columpios que colgaban del techo, cuentan que el Cirque du Soleil pretendió contratarlas pero ellas sólo tuvieron oídos para aquella hermosa melodía y orejas para sus pendientes.
La gente que pasaba frente a la puerta del chigre, al oír aquel trozo de madera quedaba hipnotizada agolpándose para entrar. Contagiados por lo que acaso fuera el segundo himno a la alegría entraban en un estado de felicidad místico y saltimbanqui.  Al terminar aquel maravilloso son con mánticas funciones que auguraban o esperanzaban un futuro mejor, quedaron sumidos en una terrible depresión y comenzaron una grita del diablo.
- ¡Tócala otra vez Sam! ¡Más madera! ¡Vuelva a alegrar nuestros oídos y a encender nuestras almas! ¡Que no cese la música!
Al comenzar a tocar de nuevo volvieron a encenderse las almas creando pequeños incendios en el chigre.
- ¿Cual es la mejor hora de llamar a los bomberos?
- Yo creo que antes de que los relojes se queden blandos como en la persistencia de la memoria.
- Si, si, antes de que la perdamos. ¡Que alguien llame a los bomberos!- exhortó Bobarín.
Pero no había quién matara aquellos fuegos porque no hay quién pueda contra la pasión y los buenos sentimientos.
- ¡Calma señores, no ardan con las virtudes de Stradivarius y utilicen las suyas pues todo hombre tiene alguna!- gritaba Bobarín mientras intentaba abrirse paso entre la muchedumbre para salir de aquel horno.
Con los pelos algo chamuscados consiguieron llegar a la calle.
- Saca la patita un poco Gabina y de esta nos depilamos.
Depiladas y sin un pelo de tontas les dio gran contento descubrir que Stradivarius salía del chigre ileso.
- ¡De buena madera ignífuga está usted hecho! Anda suba a nuestro rocín que hemos de pensar cómo aprovechar ese su don y tal vez crear un ejército del amor que invada el mundo borrando fronteras.
- Nobles son sus intenciones, pero… ¿No ve el peligro que trae consigo encender pasiones?
- ¡Oh si! Unos amarán su música, otros se reirán de los que la aman pero nadie quedará indiferente.
- ¿Y los que no la entiendan? ¿Los que la interpreten mal y se alcen a las armas?
- Sus armas serán sus instrumentos de trabajo, sus sartenes, sus plumas o pinceles.
- Es usted el vivo retrato de la utopía.
- Es ese un retrato que a Dorian Grey hubiera gustado.
- ¿Dónde me llevan?
- Vamos a casa a comer y a que se de un buen baño que huele usted a chicha a la brasa.
- Me tienta usted, si fueran ambas cosas a la vez…
- Por su puesto, en mi bañera lo que se hacen son pompas de jamón.

 

Dedicado a Mario San Miguel y el Ejército del Amor (http://www.youtube.com/watch?v=DNsi5lLbblo) con el encendido deseo de construir un mundo mejor.