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septiembre, 2012


24
septiembre 12

Una hidalga cabellera

 

” En un asador de la Villa, de cuyo nombre no puedo acordarme – porque no nos patrocina esta sección- , mucho tiempo ha que vivía una hidalga cabellera (sic) de las de traga, coma y beba, rocín flaco, adarga antigua y galgo comedor….” Pequeña variación sobre El Quijote.

CAPÍTULO XXVI

En el último capítulo dejamos a nuestros amigos en una bucólica escena plena de felicidad, clavadita a “ La merienda campestre” de Manet sólo que en vez de hallarse recostados a las orillas del Sena estaban en el suelo de un asador avileño.
Aquella estampa engordaba de felicidad hasta que irrumpió la benemérita derrumbando la puerta.
- ¡Todo el mundo al suelo!- Exhortó uno debajo de un tricornio y un bigote. Pero como todos estaban en el suelo, nadie movió un dedo.
- ¡Todo el mundo de pie!- gritó esta vez el guardia civil. Pero como llevaban casi cuatro días en postura de indio Cherokee tenían las articulaciones y los músculos agarrotados y no podían levantarse.
- Tire de mi por favor, que levantarme a mi si que bene mérito- acuñó Gabina. Bobarín intentaba agarrarse a una tubería mientras rogaba a Gabina que le ayudara.
- Empuja Gabina, empújame fuerte hacia arriba.
- ¡Eso hago!, ¡leñe!
Un estruendoso pedo atravesó la sala peinando sus melenas pero como la ventosidad  bien podía haber sido de cualquiera, nadie se inmutó; nadie excepto la benemérita que lo confundió con un disparo.
- ¡Todo el mundo al suelo!- volvió a exhortar el guardia civil.
Una Bobarín jadeante y sudorosa por el esfuerzo se reveló indignada – ¡Póngase usted de acuerdo leñe que no estoy para bromitas!
- ¡Qué abuso de autoridad!
- ¡Habrase visto!
- ¡Silencio, les habla su teniente!
- Shhhhh…callad que este es nuestro y es teniente…
- ¿Teniente de qué? Porque no es lo mismo tener gallinas que un ganado de vacas.
- Señoras les ordeno silencio, la situación es grave y comprometida.
- ¿Quién está comprometida?, ¿No serás tu traidora?, ¿No te habrás liado con este sin contármelo? – preguntó Bobarín a Gabina.
- ¡Que se callen! – volvió a gritar el Guardia Civil mientras les mostraba una fotografía de Cary Grant- ¿Han visto a este hombre? Es un ladrón muy peligroso…-
- ¡Huy peligroso…!- dijo la otra.
- Shhhhh, cállate que nos lo enchironan…
Por si no lo recuerdan, Cary Grant para aquél entonces ya era un caballo y pacía tranquilamente en el comedor del restaurante.
- Nos han informado fuentes fehacientes de que el malhechor se encuentra en este…lo que sea esto- dijo mirando la impresionante estampa impresionista.
- ¿Y se fía usted de lo que le diga una fuente?
- Aquí ladrones no tenemos, lo que tenemos son chorizos- apuntilló Gabina.
- Eso, eso y gracias a ustedes se nos están quedando fríos.
- ¿Y ese caballo que pinta aquí?
- Pintar nada, más bien le han pintado a él en un bonito retrato ecuestre que nos ha hecho este caballero.
- Pa mi que tu sabes algo- susurró el teniente al caballo poniendo cara de Robert Redford. Pero el caballo no le enseñó ni el diente, porque era regalado.
Su teniente, mi teniente y el teniente de todos registró el local con sus hombres y al no hallar rastro del peligroso maleante abandonaron el restaurante a excepción del cabo mayor, un señor mayor que Matusalén- que se había sentado a comer con aquel excéntrico elenco.
- ¡Oiga nuestro teniente, no se vaya! Que se ha dejado usted un cabo suelto!- grito Gabina a lo ji,ji,ji- mientras brindaba con el cabo.
- Tranquilidad, a este paso los Miserables al lado nuestro van a parecer un boudeville-
- Ay…- suspiró Boabrín- Gabina es una gran comprendida.
-Dirás incomprendida- dijo el cabo suelto.
- A la que no comprende usted es a mi, digo “ comprendida”. Ha nacido dentro de su tiempo.
- ¡Ay qué cosa más rara! Yo nací en un tren.
- Jiji, no me digas que el parto marchó sobre raíles.- infirió Gabina que ya nos tiene acostumbrados a sus chascarrillos “Ji-ji-ji”
El cabo mayor, y tan mayor, la miraba ensimismado.
- Usted no me recuerda, la conozco del pueblo, soy aquél mozuelo al que usted daba calabazas.
- Ya recuerdo, y terminó usted poniendo una tienda de calabazas.
- El mismo. Me enamoré de usted de un plantón a primera vista.
- ¡Qué cosas tiene!
- Dígame que está usted libre para entregarle mi corazón.
- Pues la verdad, dicen que me he liado con un rumor…
- ¿ Y qué rumor es ese?
- El ultimo se llamaba Detente.
Bobarín clavaba sus dagas enamoradas en Cary Grant deseando mantener un rocín con el rocín, es decir, una amistad con derecho a roce.
- Gabina, estaba yo pensando últimamente en comprarnos un dos caballo pero ¿ No crees que con uno nos basta?
- No sé si nos pega con las cortinas- respondió Gabina mientras propinaba impetuosas palmadas en el lomo al caballo.
- Míranos ahora. ¿Recuerdas? En el pueblo nos los comíamos…

 

Dedicado a Iñaki Retenaga Santamaría, aunque no le guste que a los toros Bobarín se ponga la minifalda. 

Fotografía : Retrato Ecuestre lo que me ecuestre. Acrílico por Clorata de Potasa

“Descompensado” tras Cagancho, rocín rejoneador de Hermoso de Mendoza es el más afamado caballo de la Villa de Madrid, la pareja, amazona y rocín han ganado varias competiciones en el hipódromo de la Zarzuela cabalgando sobre las dos patas traseras.

12
septiembre 12

A caballo retratado buenas son tortas

CAPÍTULO XXV

Tercera parte del capítulo XXIV

Lo mejor de “El Banquete”, es el Platón de cocido. Clorata de Potasa

El día transcurría en el suelo tras la barra del bar de aquel asador. Nuestras damas comenzaban a desesperarse con la tardanza de Grant que había desaparecido hace horas con el propósito de hacer un recado. De fondo la fuga de Bach amenizaba el restaurante.
- Para mi que éste se ha fugado…
- Y aquí las dos sin pegar ojo…
- ¡Ojo!…que yo lo tengo bien pegado al suelo.
- Eso es que tendrás un ojo vago.
- Y que me ando con ojo- dijo mientras avanzaba arrastrándose sobre las posaderas ayudándose con las manos.
- Ahí viene mi copa, sostenme el pincho moruno Gabina.
- Yo también tengo las manos ocupadas.
- Pues suelta la copita, monina.
- Ay chica, siempre te sobra un brazo hasta que lo necesitas.
- Debe de ser tardísimo. ¿Qué hora es?
- Pues espera que mire mi reloj de cal.
- Dirás de arena.
- Yo nunca he sabido cual es la buena, la de cal o la de arena, así que me hice un reloj de cada.
- ¿Y qué hora es?
- Pues no sé, ya sabes que veo borroso hasta por los ojos.
- Ya, tu de tanto no ver lo ves todo.
- Pues sí, reconozco a un ladrón hasta en la oscuridad y por ahí viene el nuestro.
- Aquí estoy señoras- dijo Cary Grant a las damas que le miraban sorprendidas.
- ¡¡¡Has vuelto!!!- exclamaron al unísono.
- Si señoras, un caballero siempre da la cara.
- Lo que nosotras queremos que nos de son otras cosas, que con dar la cara no se acalla la conciencia.
- Reconozcan señoras que desafían el sentido de la belleza, pero a su favor diré que son hermosas y muy amenas.
- ¿Eso es lo de las abejas?
- No…es un libro de Cela…¡Ay Gabina, que hay que decírtelo todo!- infirió Bobarín poniendo cara de intelectual.
- Vale, pero no me levantes la voz que las cosas interesantes se dicen en voz bajita.
- Pero si más abajo no podemos estar y ¡Qué rápido pasa el tiempo bajo el nivel del mar.!- Un buzo atravesó la escena lacónicamente.
- ¿ Te acuerdas cuando vivíamos en un bunker antisubmarinos en Luchana?
- Qué vistas tan bonitas tenía…
- Cary y usted ahí tan pichi, sin ponerse a su faena- se quejó Gabina.
- ¡Qué faena!
- Pero si no ha habido ni redoble.
- Bueno de vodka.
- Señoras es que no estoy de servicio.
- ¿ El servicio? Al fondo a la derecha- añadió Bobarín inmersa en la carta eligiendo un segundo primero.
- De primero tomaré dos segundos y de segundo dos primeros, de postre me trae tres entrantes, por favor, con sacarina y manchados de café.
- Qué manía con manchar- se quejó Gabina.
Grant aprovechando que las damas estaban distraídas intentó fugarse de la escena reptando por el suelo hacia una joven muchachita que le ponía morritos.
- ¡Un mutis por el foro! ¡ Un mutis fuera de guión!- advirtió la vecina.
- ¡Canalla!- gritó Grant- ¡Traidora! Yo sólo me iba al servicio…
Gabina y Bobarín cercaron la salida al ladrón.
- Cary, hagamos un trato. Nos conformamos con un ósculo si nos deja retratar tan esperado momento.
- ¿Con una fotografía?
- No hombre no, con un retrato ecuestre.
Así que Cary Grant cedió y se puso en actitud equitativa emulando una jaca árabe mientras nuestras dos damas montaban sobre su lomo y un retratista de La Corte se las veía para que todos cupieran en el lienzo.
- Por favor, metan tripa que no me caben.
- Pues dibújenos de frente.
- No, si el menor problema es el caballo.
- ¡Pues será el caballete!- infirió Gabina con la chispa que le caracteriza.
- No te rías no se vaya a desbocar el caballo.
Tres días después tras finalizar el retrato ecuestre ordenaron una parrillada y ordenaron un poco el salón que era una barra y estaba lleno de heno para el rocín.
Entre los efluvios a trementina y vodka Cary Grant pacía, el buzo intentaba quitarse la escafandra sin éxito, el médico -que era un bombero- regaba el televisor intentando extinguir el incendio de los campos de trigo de Francisco José, que llevaban tres capítulos ardiendo, la vecina besaba con frenesí a Eurelio que se lo habían devuelto y Bobarín y Gabina se colocaban las servilletas a modo de babero. ¡Qué bonita estampa!, ¡Qué escena más familiar y embriagadora! ¡Hip!
(Continuará)

2
septiembre 12

La justicia poética no excluye la clemencia

CAPÍTULO XXIV

Segunda parte

Las segundas partes siempre son buenas. Madame Bobarín

Huían Bobarín y Gabina detrás del ladrón calle abajo cuando a la vuelta de la esquina se toparon con un asador avileño.
- ¡Ay Bobarín…que tengo hambre! ¿Paramos a descansar?
- Mira que eres inoportuna, tienes que hacer como yo y meterte una pastillita de Avecrem debajo de la lengua para despistar el hambre- Pero a esa alturas el olor de la carne había penetrado en sus pituitarias y sin darse cuenta ya se encontraban dentro del restaurante. Casualmente acurrucado detrás de la barra se encontraba su Cary Grant temblando.
- ¡Te pillé pillín!- le sorprendió Bobarín asiéndole del moflete.
- ¿ Qué hace este en el suelo? ¿ Se ha caído? ¿ Le ayudamos a levantarse?- se ofreció Gabina.
- Yo no me he caído. ¿Acaso me ve usted cara de caerme?
- No señor tiene usted cara de levantarse. Si quiere le ayudo.
- Yo vivo en el suelo de toda la vida.
- En tal caso… ¿Nos invita usted al té?
- Se me ha terminado, pero si esperan ustedes le pido un poco a mi vecina.
A su lado tras la barra y tumbada sobre el suelo estaba su vecina concentrada en la telenovela y presa de unos espasmos rarísimos.
- A su vecina le está dando un patatús.
- No monina es un cólico, me dan cuando sale Francisco José.
- ¿Hay algún médico en el asador?- preguntó Gabina
- Pues creo que no porque no viene en la carta- dijo Bobarín que estaba a lo suyo.
- Lo más parecido a médico es “mediokilo” de buey.
Un hombre vestido de bombero se acercó a la barra donde yacían todos entre unas cosas y las otras cosas.
- ¿Alguien preguntaba por un médico?
- Esos- dijo Bobarín sin levantar la cabeza inmersa en la carta mientras señalaba a Gabina, al ladrón y a su vecina espasmódica.
- ¡Venga aquí señor doctor. ¡Apresúrese que ha salido Francisco José tres escenas seguidas!
El ladrón, llamémoslo Cary Grant intentaba desvalijar a su vecina mientras esta decía algo sobre la virgencita de Guadalupe.
- Mire a ver si le encuentra usted algo a esta señora- le dijo al doctor.
- Levante los brazos por favor.
- Usted no tiene ni idea, se dice, arriba las manos.
- La vecina, muy sufrida ella sufría patatús tras patatús al ver a Francisco José.
- ¡Que alguien apague la dichosa televisión!
- No encuentro el mando- dijo Bobarín que ya había llegado a los postres.
- No seas holgazana, que el suelo de esta barra es tan pequeño que lo raro es que nadie la haya apagado de un estornudo.
El ladrón seguía insistiendo al médico. –¿Pero le encuentra algo o qué?
- Pues no señor. Sólo le he encontrado este collar de perlas, pero son falsas.
- ¡No me fastidie! ¿ Falsas? ¡ Falsaaaaaaaas!- se recuperó la convaleciente.
- Un soponcio quita otro soponcio ya lo decía Soponcio II.
- ¡Ay señoras qué disgusto tengo!, ¡Que son falsas mis perlas!
- ¿A qué no sabe qué le dice una perla a otra? ¡Eres una falsa!- apuntilló Gabina.
- No se burle de mi que tengo un disgusto muy gordo y otro disgusto menos gordo.
- No se disguste mujer, que es sólo un collar.
- Ya pero lo había cambiado por mi Euralio y mi Euralio era auténtico.
- No sé preocupe que seguro que se lo devuelven.
- Tiene razón. Voy a seguir con la telenovela que está la cosa que arde- en la pantalla ardían los campos de trigo de Francisco José. Cary Grant había encontrado el té en casa de su vecina y lo había preparado en una bandeja.
- ¿A qué esperas para servirnos?
- A las cinco.
- ¿ A cinco más? ¿ Tu crees que cabemos todas aquí?- dijo Gabina dando un codazo a Bobarín mientras le guiñaba un ojo- así tocamos a más ladrón por faja- añadió por lo bajini.
- No Gabina se refiere a las cinco de la tarde, algunos ladrones tienen como tradición tomar el té a esa hora y hacer risas con sus rimas.
En ese momento sonaron las cinco, Cary Grant con su puntualidad inglesa sirvió el té a las damas.
- Este té está exquisito- dijo Gabina alzando su copa de whisky.
- Tiene usted los mismos gustos que yo- habló un emocionado Cary Grant brindando con ella.
- ¿Y usted cuántos tiene?
- Pues los mismos que usted más uno.
- Pues ese gusto ¡es mío!
Mientras tanto el médico continuaba reconociendo a la vecina.
- ¡Ay Ramona, cómo la reconozco! ¿Y ahora a qué te dedicas?
- Pues nada, aquí, a la telenovela.
- Pero con tanto lío… No ve la novela. No vela usted- dijo el médico mientra seguía reconociéndola tocándole un pecho.
- No vela- dijo Bobarín.
- No vela!- dijo Gabina chisposilla con un candelabro sin vela.
- ¿Pero son ustedes todos tontos?- dijo uno que pasa por allí mientras se escuchaba de fondo la novela de Bethoven.
- ¿Y ustedes señoras, quienes son? Con tanto lío no nos hemos presentado yo me llamo vecina ¿ De qué conocen al ladrón de mi vecino?
- Pues mismamente de las labores que le ocupan, nos iba a robar….- Cary Grant interrumpió a Bobarín.
- Señoras yo como ladrón les ofrezco el piadoso servicio de no robarles a ustedes acambio de su también piadosa deserción en su empresa amatoria.
- ¡Tu tía! Usted ya nos ha robado el corazón, ahora debe recompensarnos y robarnos la faja.
- ¿A las dos?
- A las tres!- se apunto la vecina.
- Los juegos con las mujeres por veces salen caros.
- Y tan caros, es justicia poética.
- Pero la justicia poética no excluye la clemencia.
- ¡Hombre, pero si lo va a pasar usted de perlas!
- ¡Ayyyyyyyyyy!- se lamentaba la vecina mientras alzaba su falso collar de perlas australianas- …Euralio…
(Continuará)