hola.com

 

julio, 2012


4
julio 12

La justicia poética no excluye la clemencia

 

 

  CAPÍTULO XXIV

El hombre es un perro para el hombre. Hip-Hobbes

El viaje de vuelta a la Villa de Madrid fue muy parecido al de ida. Azafatas volando por la ventanilla, terroristas, flirteos, egipcios de Murcia…lo normal.
– ¡ Qué bien me encuentro!
– Hija si, pero no hace falta hacer estos largos y lejanos viajes para encontrarse a una misma, igual te encuentras en Cuenca.
-Este viaje de vuelta, ha sido un ajuste precioso de distancias entre Lázaro y yo.
– Y de paso te enteras de una vez de lo `poco que dura el amor eterno…
– Pero si yo no le quería, sólo quería la posibilidad tan obvia de quererle.
– Pues yo me he quedado un poco melalcohólica…
– Tranquila que eso se te pasa con una cerveza. Hablando de cervezas. ¿ Crees que con ocho euros podemos desayunar las dos?
– Eso no depende de los euros sino del apetito que tengas.
– ¿Pues entonces te importa no desayunar?
– Mereces una lacónica respuesta, no, no me importa.
– Si pero no me hables de lacón que estoy famélica.
– Mujer, famosilla, pero no tanto.
Cuando llegaron a casa la puerta estaba atrancada por la publicidad que se había ido acumulando durante su viaje. Gabina hizo una “reflexión” y se agachó a recoger los papeles.
– ¡Huy mira esta publicidad! Doña Venerea, especialista en tratamientos. ¡¡¡ Llame ahora !!!
– Gabina por favor no te pongas ahora a leer clasificados y ayúdame a meter el equipaje en casa.
– ¡Madre del Amor Hermoso, qué calor!
– A mi me vas a decir, nada más bajar del avión se me han hinchado los pies y me han hecho una herida los zapatos. ¿ Tienes una tirita?
– Si pero espera a que se te bajen los vapores que sino no pega bien.
 No les había dado tiempo a deshacer la maleta cuando escucharon ruidos en la puerta de entrada.
– Ya está, menuda suerte tenemos, este es un ladrón que se cree que seguimos de viaje.
– Ay mujer, qué pesimista, a lo mejor sabe que hemos vuelto.
– Voy a a bloquear la puerta de la entrada con la cómoda, tu vete buscando en ese mueble la Parabellum.
– Si vis pacem, para bellum.
– ¿ Y ahora qué dices?
– Que si quieres paz prepárate para la guerra.
– Lo que quiero es espantar al ladrón.
– Pues en este cajón no se puede encontrar nada, si es que guardas unas porquerías…tienes síndrome de Diógenes- Dijo Gabina sacando un paquetito cerrado con cinta dorada.
 – Deja eso
–  ¿Eso? , ¿ Ya me gustaría a mi saber qué es “eso” ?
– “Eso” es mii colección de cajas de cerillas que no encienden, trae pa acá y céntrate que este ladrón nos asalta en casa. Toma este busto de Maria Antoñeta, sube a esa silla y si entra se lo dejas caer en la cabeza.
 – Te dije que teníamos que haber comprado una hormiga de vigilancia.
 – Qué buena idea me has dado, escucha, este es el plan, vamos a hacernos pasar por perros rabiosos y peligrosos, tu gruñe y ladra, Gabina,¡ Gruñe !
Las dos amigas se acercaron a la puerta a gatas gruñendo y ladrando mientras rozaban con la pezuña la puerta.
 – Grrrrrrr….Grrrrrr….guau, guau!
– ¿Sandoval? ¿ Leónidas? ¿ Qué les pasa a mis rottweiler guapitos? – Decía Bobarín de vez en cuando haciendo que hablaba con dos perros muy fieros.
– ¡¡ Dionisio, Sansón id a ver qué les pasa a los perros!! –
– Grrrrrrrrrr, guau, guau…
– Paco ve a ver tu qué pasa…
–  ¿Dionisio, Juan , Paco? ¡¡¡ Esto parece un cuartel!- dijo Gabina.
–  Ay hija cuantos más hombres hayan en la casa más efecto hará esta performance.
– Shhhh, tu ladra.
– Ggggrrrr….Grrrrr…- Hacían las dos amigas a la par.
– Grrrrr…¡ Quillo…! – dijo Gabina
– ¿ Pero qué dices quillo ni quilla, no ves que los perros no hablan?
– Si es que me aburro, llevo una hora gruñiendo en inglés y quería hacerme el Perro Andaluz como el de Buñuel.
– Shhhhhh! El ladrón a estas alturas tendrá la mosca detrás de la oreja.
– Pues muy mal, donde hay que llevar la mosca es dentro a lo Pepito Grillo, que detrás se la oye mal.
– Qué mujer esta, ¡ Desarmas todo lo alevoso !
– Grrrr, guau, guau. Perra ladradora…grrrr…
– Gabina has estropeado todo el plan- dijo Bobarín que levantándose pega la mejilla contra la puerta y pregunta – ¿Quién va?
– Ramón.
– Ese es un nombre hecho y derecho.
– Y de confianza de toda la vida.
– Usted lo que es es un ladrón.
– No señora yo soy ilusionista.
– Ya, pues no se haga usted muchas ilusiones que aquí poco hay que robar.
– Grrrrrrrrrrr….- seguía ladrando Gabina. Bobarín la miraba perpleja.
– Te voy a llevar a la protectora de animales.
– La protectora de animales soy yo.
– Qué can-sinas- dijo el ladrón que se sentía chisposillo.
– ¿ Y usted por qué no se va a pasar la noche a Calcuta?
– Me han dicho que por la noche está eso muy desanimado- dijo Gabina.
– ¿ Y tu qué sabrás?
– Señoras no se peleen- decía Ramón el ladrón desde el otro lado de la puerta.
– Descuide Ramón, que enseguida se nos pasa. ¿ No se parecerá usted a Cary Grant en Atrapa a un ladrón?
– Pues precisamente…
– ¡Ay Gabina! ¿ Y si nos dejamos robar un poco…?
– Venga señoras no se hagan de robar.
– Bobarín abrió la puerta lanzándose en los brazos de Ramón el ladrón. Gabina le puso una copa fresca de vino de Rueda y le ayudó a quitarse la chaqueta.
– Desvalíjame entera.
– ¡A mi antes!
– Sisa, despoja, usurpa, afana, expólianos un poco- dijo Bobarín aflojándose el corsé mientras se acercaba a Ramón que salió rodando escaleras abajo.
– ¡ Cómo se nota que ha bebido Rueda!
– ¡Que no escape Gabina!
Ambas damas salieron zumbando calle abajo tras su Cary Grant que corría atemorizado sin mirar atrás.
( Continuará)

Dedicado a Isabel Tabares y al Pico ladrador de Sonia Estevez