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enero, 2012


31
enero 12

Inmolación

 


CAPITULO XVIII

“No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mi.”

Walt Whitman

 

Gabina, el vendedor de seguros del que todavía no sabemos su nombre – porque nadie se lo ha preguntado- y Bobarín, echaban una cabezadita cuando sonó una voz por el altavoz del avión.
-Por favor capitán acuda a cabina- Gabina pegó un respingo exaltada.
- ¿ A la Gabina? Huy que suerte tengo que se me va a presentar el capitán.
- Señora con todos mis respetos, ha dicho “cabina”.
- Déjala que se ilusione, Gabina es tan inocente que parece haberse tatuado las arrugas.
- ¡Os digo que ha dicho Gabina leñe!
El vendedor de seguros enojado por haber sido despertado de sopetón intentaba calmar a Gabina para poder continuar durmiendo. – A ver, lo racional es que dijeran “CA-BI-NA”-
- Oiga y ¿usted porqué cree que lo racional es lo real?- se quejó Bobarín levantándose – voy al baño-
- Pues tiene razón aunque si la razón es racional no sé ya si la tiene…
- Mire lo irracional es que el capitán no esté en la cabina por lo que lo lógico es que tenga que acudir a la Gabina- dijo Gabina que se vio iluminada con el apoyo de su amiga.
- Es verdad, ¿entonces quién lleva el avión? ¡ Vamos a morir!, ¡ Vamos a morir!
- Tenga por seguro que vamos a morir pero hoy no morirá ningún espartano, ups, me he confundido de película, ahora es cuando los 300 pasajeros pasan uno a uno a propinarle un golpetazo por histérico- le amenazó Gabina que siempre mezclaba las películas.
Bobarín intentaba desencajar sus caderas del estrecho pasillo buscando al capitán. El auxiliar de vuelo acudió a auxiliarla untando los asientos con un poco de mantequilla.
- Señora la próxima vez que necesite algo llámeme y acudiré a su asiento. ¿ Quiere unos auriculares? Son gratis- le dijo guiñándole un ojo.
- Gratis qué es ¿ Todo lo que está incluido en el precio? ¿ No ve que me he quedado incrustada? Ande empuje, empuje.
Y de tal forma empujó el auxiliar que Bobarín salió lanzada hasta la cabina. El capitán que aún no había tomado asiento al ver lo que se le avecinaba le dio un patatús y Bobarín cayó sobre él justo a tiempo para darle un beso de reanimación.
- Es usted el capitán de mis vuelos…
- Pídame lo que quiera pero ¡ quítese de encima por Dios!
- Aerolíneas Bobarinas para servirle, y ya que lo dice deseaba pedirle que vaya usted al asiento 45D donde encontrará a mi amiga Gabina y le diga usted algo agradable.
- De acuerdo pero levante antes de que me funda con la moqueta.
Cuando Bobarín regresó a su asiento sus compañeros de viaje seguían discutiendo.
- Yo he oído claramente “Gabina” y en letra gorda aunque si usted está sordo pensará que he dicho gordo.
- Oiga un respeto que yo viajo ligero no como otras…
- Cuídese de ofenderme que sólo he pagado exceso de peso por unos gramitos que he cogido en Navidad- interrumpió Bobarín que volvía con el carmín corrido.
- La apariencia es un error de entendimiento señora, usted es tan bella que merece una escultura de Botero.
- Ya está el pedante y quién es ese borrachín? Para botero mi tío y no vaya de inteligente para seducir a Bobarín.
- Gabina el conocimiento no es producto de la inteligencia sino de la voluntad- aclaró Bobarín.
- Claro y yo soy de letras y leo mucho – apuntilló el vendedor de seguros.
- ¿Será pedante? Pues yo soy de ciencias y de los libros sólo leo los números de las páginas ¿ Se lo repito con ritmo de número primo?
- Por favor Gabina termina con esta trifulca, toma respira oxígeno- dijo Bobarín poniéndole la mascarilla.
En ese momento un capitán en dos dimensiones causado por aplastamiento se acercó a Gabina.
- Señora ha ganado usted el premio “Belleza interior Boeing 747″ por favor acepte estas flores de parte de la tripulación.
- ¿ No tiene usted flores para hombres?
- Señora, las flores no son para hombres ni para mujeres son flores y estas son para usted.
- Pues prefiero que me invite a cenar en Buenos Aires.
- Señora, no quiero ofenderla pero soy un hombre casado y usted comprenderá…
- Pues no será usted muy feliz si anda regalando flores por ahí.
- Amo a mi esposa, es tan guapa y tan simpática que no parece mi mujer.
- Pues ande y regálele usted estas flores a ella.
- Gabina no seas tan antipática, las flores son de parte de la tripulación- interrumpió Bobarín.
- ¿ De qué parte de la tripulación?
- Mire señora ya no me parece usted Miss. Simpatía así que traiga pa acá esas flores que se están marchitando sólo de oírla.
- Ande, ande, vuelva a la cabina que nos vamos a estrellar.
- ¡ Si, vamos a morir, vamos a morir…- continuó el temeroso vendedor de seguros.
Gabina miró hacia la izquierda buscando distracción. En el pasillo descubrió un apuesto e irresistible egipcio. Gabina siempre había querido conocer uno y viajar al Cairo.
- ¿Es usted egipcio?- preguntó.
- No señora, soy un valerosísimo bombero de Morón, Buenos Aires.¿Por qué lo dice?
- Porque como está siempre de perfil.
- Claro señora si estoy sentado mirando al frente usted me ve de perfil.
- Pues hábleme mirándome a la cara.
- Es que me mareo- dijo el valerosísimo bombero mirando al frente.
- ¿Está usted enfadado conmigo?
- ¿Por qué debía estarlo?
- No sé, como no me habla nunca.
- Señora ni soy egipcio ni la conozco a usted.
- Pues debería conocerme porque soy un encanto.
Cuando Gabina volvió la vista hacia sus compañeros de viaje Bobarín andaba troquelando un beso al vendedor de seguros.
- Ten cuidado Gabina que me ha dicho un tal Neville que una señora tuvo siete hijos en un desliz.
- Gabina por favor que esto es sólo para ver si adivino su nombre…¡Óculo! Se llama usted Óculo!- el vendedor de seguros sacó un billete de cien pesos y se los dio a Bobarín.
- Si señora es usted muy perspicaz…y me saca muy bien los cuartos.
- Pues usted señor besa muy bien, creo. Béseme otra vez que ya no me acuerdo.
En la pantalla del avión proyectaban el bonito drama “ Se llamaba María, como todo el mundo” una película inventada para dormir la siesta. Los pasajeros dormitaban cuando un terrorista de al-Qaeda irrumpió en el pasillo enfundado en un original chaleco pirotécnico.
- Este chaleco no es nada , llevo conmigo “Bacilos de Koch” y exijo que el avión cambie el rumbo hacia Washington DC- dijo el saboteador.
- ¿ Qué son los Bacilos de Koch?- preguntó Gabina.
- Creo que es un grupo de rock que toca muy mal.
En ese momento la Gabina melómana que vivía dentro de Gabina pegó un salto sacando la Kalashnikov. Con pulso firme apuntaba al fanático rompecuerdas cuando una voz hombruna surgió de su garganta como si del mismo Leónidas se tratara.
- ¡Hasta aquí hemos llegado! Bobarín baja la ventanilla que hoy tenemos fuegos artificiales.
Bobarín obedeció, el valeroso bombero de Morón empujó por la espalda al terrorista que salió despedido dejando tras de si una preciosa estela de fuegos de artificio con gran éxito de crítica y público.
- ¡Viva las fallas, viva San José !- gritaban todos al unísono. Los pasajeros aplaudían, el capitán volvió con sus flores a Gabina, se descorcharon más de veinte botellas de champagne y apareció la vaca adiestrada que fue asada a la parrilla. Bobarín, ajena al jolgorio, continuó probando los besos del vendedor de seguros para asegurarse.
( Continuará)

20
enero 12

Viaje sin fe de vida ni de erratas

 

Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan. Wenceslao Fernández Flórez

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.Enrique Jardiel Poncela

 

 CAPÍTULO XVII

No se había acostado hace mucho Bobarín cuando una voz que parecía venir de debajo de la cama y que realmente venía de debajo de la cama le dijo :
- Bobarín has de viajar con tu amiga Gabina a Argentina…
- Gabina sal de ahí que es donde guardo las pelusas y me las vas a desordenar. ¿ Por qué quieres ir a Argentina?
- Por que he encontrado un viaje muy barato, además no soy Gabina soy un fantasma gordo.
- Los fantasmas no son gordos ni flacos, son pesadísimos, además no hay que comprar lo barato porque suele resultar inútil, lo barato siempre termina saliendo caro.
- Que no Bobarín que esto es muy útil, dada tu ahincada tendencia a la erudición he pensado que deberías viajar más para ampliar tus horizontes.
- Mi horizonte ahora mismo es reunirme con Orfeo y no tener una noche de tres meses.
- Ché mamita no seas salame y ani-mate.
- ¡Pero si hablás boludo!, mañana mismo partimos a Buenos Aires.
Era la primera vez que Bobarín y Gabina viajaban en avión y andaban muy agitadas, tanto que si se las llega abrir se hubiera llenado todo de espuma. El aeropuerto también estaba revolucionado pues se estaban retrasando vuelos por culpa de un volcán islandés que tenía un nombre tan difícil de pronunciar que todo el mundo lo llamaba el “Volcán Islandés”.
- Déjenme ver sus billetes señoras- Bobarín sacó la cartera y le enseñó dos billetes de veinte euros.
- Perdonen pero dada la erupción del “Volcán Islandés” su vuelo queda retrasado por culpa de las cenizas en suspensión.
- Otras que están suspendidas, las calificaciones no son todo en la vida- protestó Gabina que no tenía estudios ni apartamento.
- Tienes razón Gabina en cambio las recalificaciones si. Señor mi billete es para hoy.
- Con el debido respeto siento comunicarle que los vuelos de hoy son los de ayer así que venga usted mañana para volar hoy-
- Pero si yo vine ayer.
- ¡Pardiez! Haberlo dicho antes, disculpen las molestias, pasen, pasen.
Cuando llegaron al aeropuerto tuvieron que pasar por la aduana donde detuvieron a Gabina por portar una Kalashnikov, pero no pudieron quitársela porque era un recuerdo de su mamá. Una vez en el avión como ninguna de las dos veía bien no encontraban el asiento que les correspondía y se quedaron paradas en el pasillo hasta que se acercó un auxiliar de vuelo.
- Buenas tardes señoras, pueden seguir ustedes ahí de pié que les queda muy bien.
- Pues no sabe usted cómo nos quedan las butacas, si supiéramos cual es nuestro sitio lo ocuparíamos con creces.
El amable azafato las acomodó y subió la Kalashnikov el porta equipajes dejando un suave hedor a sobaquina.
- Ah, es usted axilar de vuelo, ya no quedan oficios como los de antes, enhorabuena.
- Gracias señora es un oficio de tradición familiar- dijo mientras  acomodaba a las damas junto a un apuesto vendedor de seguros.
- Vamos a morir, vamos a morir…- susurraba tembloroso – ¿ Están ustedes aseguradas?-
- Si señor, estamos muy seguras de nosotras mismas- respondió Gabina.
- Tiene usted la frente agobiada de miedo, lo mejor para la angustia es entretenerse con otras cosas- le aconsejó Bobarín
- Yo propongo una partida de backgammon- sugirió Gabina.
Antes de que despegara el avión tenían montada la timba. Se hacían unas trampas descomunales, el asegurador contaba en francés, Madame Bobarín tenía un dedo de más y Gabina uno de menos desde que su abuelita se lo cortó por señalar. Todos contaban apretándose los dedos en la pantorrilla disimuladamente aún así la partida estaba muy nivelada ya que apenas intervenía la suerte.
- Gabina estás contando de menos, así gana cualquiera.
- ¿Ahora caes en mi cuenta? Yo no hago trampas.
- Embustera aqui hacemos trampas todos.
- ¿ Embustera? Yo sólo miento dos veces al día.
-  Si, cuando habla y cuando calla- dijo Bobarín mirando al vendedor de seguros que movía las fichas con cara de sospechoso.
-  Bobarín es usted maravillosa, voluptuosa, una mujer capaz de destruir la geometría, me tiene usted impresionado- dijo mirándola a los ojos para entretenerla mientras sus fichas daban saltos comiendo la de su contrincante.
- En realidad sólo poseo una belleza académica pero con este modelito decimonónico gano mucho, usted si que hace trampas mejor que nadie.
- Y eso que estoy muerto de miedo, presiento que el avión va a caerse dentro de un momento-
- Por Dios pues que retiren los momentos de la pista-
- ¿Qué es un momento?- infirió Gabina interrumpiendo el flirteo.
- Debe ser como un agujero negro.
- ¿Y eso qué es?
- Una espinilla, creo.
El asegurador estaba empotrado contra el asiento de delante debido al paracaídas que acababa de calzarse.
- No entiendo porqué tiene usted tanto miedo a volar, parece un hombre muy viajado.
-Si señora tengo una cultura internacional he estado en la montaña rusa, como tortilla francesa, tengo una puntualidad británica, una paciencia de chinos, un pie de bailarina y otro de cama.Ahora viajo a Argentina para aprender a venderme.
- ¡Es usted un tesoro! Relájese y piense que es mejor viajar disfrutando lleno de esperanza, que llegar.
Por el pasillo se acercaba una azafata para servirles el almuerzo.
- Yo no tomaré nada gracias, me sienta mal el bigote y las albóndigas de guerra.
- Pues yo creo que el bigote le sienta muy bien- dijo la azafata que no se abrió el escote porque lo tenía abierto.
- Usted señora lo que quiere es ligarse a mi compañero de asiento y yo le vi antes.
- Estas albóndigas son una porquería. ¿No tienen carne argentina?- dijo Gabina.
- Pues no señora, teníamos una vaca adiestrada para que su carne estuviera blanda y sabrosa, también sabía dar la patita, tanto que un buey se la pidió y se fue a vivir a Albacete.
- ¡Huy Albacete!, yo soy de Albacete- dijo más animado el vendedor.
- Pues yo soy muyyyy de Albacete.
- Azafata como siga así le propino un albondigazo- amenazó Bobarín.
- ¿Es muy largo el viaje?- preguntó Gabina intentando solventar la batalla.
- Espera- dijo Bobarín bajando la ventanilla del avión que absorbió a la azafata.
- ¡Mira qué mona! No me había caído en gracia pero si que sabe caer con gracia- tras esto sacó el dedo calculando el viento predominante y volvió a cerrar la ventanilla. Parecía que todos los pasajeros debían haber aprovechado para despeinarse en ese ratito de nada.
- Calculo Gabina que estaremos en doce horas-
 ( Continuará)
Dedicado a Marcelino, porque en Argentina también se leía La Codorniz.