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agosto, 2011


23
agosto 11

Bendita elocuencia del corazón

CAPÍTULO X

Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos.

Calderón de la Barca ( aplaudido por Alberti)

Bobarín estaba sofocada, había tenido unos dimes y diretes con su vecina Paca y no tenía humor de bromas.
-¿ Y ahora qué hago con los dimes? ¿Y los diretes ? ¡ Por Díos Santo, si no me caben en la nevera! – Se asomó por la ventana para asegurarse de que no había nadie debajo y gritó – ¡Diretes vannn! -  después hizo lo propio con los dimes.
Así Paca y Bobarín cayeron en suerte de paz armada hasta la siguiente con-tienda, llamada así porque los conflictos siempre comenzaban en el ultramarinos.
Al rato sonó el timbre que os recuerdo era una vaca.
Para sorpresa de Bobarín era Paca vestida de bombero.
- Perdona Bobarín, es que estaba en la cocina friendo las puñetas que me has mandado freír pero no me salen buenas-
-  Mujer, las fríes a fuego lento y luego las asustas con un golpe de fuego-
-  Ay perdona, que no tengo tanta experiencia como otras- dijo con tono de vecina a la que una manda a freír puñetas. Detrás de Paca asomaba la cabeza un hombre misterioso, todo lo misterioso que resulta alguien al que sólo se le ve el bisoñé.
-  ¿ No nos presentas?- dijo Bobarín con un interés algo más que un cumplimiento.
- Es Pandoro, mi primo el sordo. Me tiene loca, desde que ha llegado no se separa de mi- dijo Paca retirándose de la puerta y dejando a Pandoro al descubierto ante Bobarín.
- Pues si no te importa, yo me lo quedo- dijo Bobarín metiendo a Pandoro en su casa.
- Pues me haces un favor porque ando al retortero con eso de las puñe…- No pudo terminar Paca pues Bobarín ya había cerrado la puerta tirando de Pandoro pa dentro. Pandoro como era sordo parecía que estaba dotado de la madurez y cordura que toda mujer desea.
- Encantada de conocerle Don Pandoro, yo también me hago muy bien la sorda-
- Le beso la mano señora, gracias por tenerme en acogida-
- ¿ Desea tomar una copa?-
-  No gracias no fumo-
-  ¿ Y cómo espera usted?-
-  Sin esperar nada, que es mejor-
-  Pues no ha de esperar que tengo las fabes a punto-
Y así se sentaron el la mesa que era un chigre.
-  ¿ Le sienta bien comer tanta fabada?- preguntó Pandoro disimulando el susto.
-  Bueno, me sienta mejor el sombrero con mis cerecitas -
-  Qué hermosura,está usted muy bien de carnes-
-  Pues mejor que de pescados Don Pandoro-
-  Lo que le sienta mejor son los trajes color miel-
-  Pues no se crea usted, que me duele mucho la cabeza-
-  Lo mejor para el dolor de cabeza, es el dolor de corazón, es usted la mujer más guapa que he visto-
Usted también es la señora más guapa que he visto-
- No se burle, ya no necesito para vivir más espacio que el de sus brazos, es usted la celestial belleza que esperaba sin esperar
- ¿ Era usted ciego o sordo?-
- De oídos sordo-
-  ¿ Entonces considera mis palabras necias?-
-  No me torture-
-  Me resulta de puro obsequioso impertinente-
-  Mis palabras fluyen a par de mi alma. Para mi gloria o castigo, yo, la amo-
-  Termine con tanta palabrería ferviente-
-  Quiero enriquecerme con las perlas de sus dientes-
-  ¡Miente!-
Bobarín ya en palpitación angustiosa deseaba con fervor desvanecer en sus brazos, intentó levantarse hacia él pero se le habían enganchado los faldones con el ancla de la cordura que guardaba bajo la mesa. Pandoro respiraba, jadeaba, transpiraba y finalmente se encendió un puro.
-  Me dijo que no fumaba-
-  Tiene usted muy buena memoria auditiva-
-  No caballero, es que recuerdo muy bien lo que oigo- dijo Bobarín traicionada por los nervios.
- Disimula usted la tontería como yo la sordera-
- No me falte que le pego-
- Señora, no tuerza los cables,yo le agradezco la enfabada y me voy con la vecina del doce que tiene de postre pastel de San Onofre-
- Me repelen sus rimas-
- No sigas…-
- ¡Silencio!-
- Tome aliento-
- No haga eso, me resulta insoportable-
- Pues no hable-
- Trobe al menos en soneto o en romance, no haga ripios-
- Me voy a otro sitio-
- ¡Calle!Cese esta tortura-
-  ¿ Se sulfura?-
-  ¿Y usted tiene miedo a las alturas?-
Bobarín abrió la ventana, esta vez sin mirar y gritó- ¡ Pandoro va!- Y se fue Pandoro.
-  Bendita elocuencia del corazón, no te hice caso más me salvó el faldón- Dijo Bobarín sirviéndose otro plato de fabada con abundante compango.Y es que lo que no se va en llantos o suspiros se va en chorizos y morcillas.

Dedicado a Alfonso, La Trama, Cabo de Palos


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agosto 11

Bobarín es mozo de mudanzas

CAPÍTULO IX

¡Bendito el Arte porque es Amor, pero bendito el Amor antes! Y vosotras, mujeres, eterno femenino del Amor y del Arte,¡ benditas sobre todo! Jacinto Benevente 1893

A esa hora en que Madrid es un mismo tejado, Madame Bobarín tuvo un nuevo deseo como alimento de sus inquietudes. Primero pensó en hacerse cantante de Chim chimney al estilo de la afamada película de Mary Poppins, pero no quiso ensuciar su miriñaque de hollín.                                                        -Voy a ser mozo de mudanzas-dijo remangándose las mangas y rascándose el trasero.
Por aquel entonces tampoco se habían inventado las mudanzas pues ni las vacas hacían “ muuuu” ni mucho menos danzaban. Bien es sabido que las becerras antiguas sólo sabían tocar la trompeta.
-Lo primero que tenemos que hacer…- dijo mirando a su perro que era un gato – …es encontrar a alguien que me cambie la casa-
Consiguió la candidata perfecta, una vecina a la que le apetecía cambiar su casa con la de Bobarín para poder sacar los muebles y que el resto de la vecindad  admirara su sofá nuevo. La única condición que le puso a Bobarín es que lo dejara toda la tarde en la acera antes de volverlo a subir. Esta fue su primera y última mudanza porque tras el agotador trabajo encontró que había adelgazado 3 kilos y todo lo que había ganado en la jornada se le fue en estrecharse los trajes. Un de-sastre, como se enteraran en el Club de Los cien kilos le quitarían la presidencia.

-Muy bonito el sofá Chesterfield- le dijo Bobarín a su vecina que ahora vivía en su casa y había entrado por confusión – Y como tengo la vista cansada no puedo quitarla de tu sofá ¡Qué descanso!-
-No es un Chester hija, es una imitación, ahora lo que se llevan son las buenas imitaciones-
Al oír esto Bobarín corrió como un rayo de los que corren hasta al garaje e imitó el primer sombrero que era una bicicleta con marchas militares. Su segunda imitación fue un perro que era un tranvía que paraba en el Guguenheim que a su vez era la casa de otro perro que se llamaba Puppi . El Puppi estaba hecho de flores y ladraba en euskera, que es así “ Guuuuuaaaauuuu” y quiere decir ¡ Qué hermosa mujer! El más lisonjero elogio que jamás tuviera Bobarín. ( Salgo de este parrafito algo desorientada)

Nadie tenía unas imitaciones como las de Madame Bobarín ni siquiera en el Rastro ni en las furgonetas que venden imitaciones por la puerta de atrás. Llegó a imitar un perchero que era un notario y un despertador que era un novio y que como muestra de la honradez de su intención, le juró amor hasta la muerte. Pero como Madame Bobarín ya no se fiaba de los novios lo mató para que así cumpliera su promesa  y fuera al cielo de los relojes.
Le hicieron un funeral muy bonito mientras sonaba el Reloj no marques las horas de Lucho Gatica. Bobarín lo recordaría siempre como el único novio que cumplió su promesa de amor.

Tanto el arte de imitar como el de crear tendencias era un don, ni enseñado ni aprendido, que Bobarín aliñaba  con la compostura de lo artificioso y mácula literaria, creando un mundo de irresistible atracción para una sociedad ávida de vanguardias.

Fue entonces cuando Bobarín tras probar el delicioso sabor de la celebridad inventó el chiste “Ji,Ji,Ji”, que consiste en un chiste que no hace gracia pero te inmuniza contra el tifus, es por ello que aún en nuestros días sigue existiendo tanto pesado “cuenta chistes”. Arrepentida del invento Bobarín se hizo Masona y se hizo la manicura, aunque ya era demasiado tarde, Lepe ya había sido devastado.  Tras erradicarse el tifus en el país Bobarín fue denunciada por las farmacéuticas que a su vez fueron denunciadas por Bobarín en su lucha contra el piojo. Fue esta la etapa más oscura de su vida, ya que para ocultar su identidad a los demandantes intentó disfrazarse de negra pintándose la cara con un corcho frito y se quemó la nariz. Finalmente la única forma que encontró para pasar desapercibida fue ponerse una rosa en el ojal que es lo que llevaban todos para que les reconociesen.