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julio, 2011


19
julio 11

Porque todos tenemos derecho a probar el caviar

CAPÍTULO VIII
Después de aquella fiesta de máscaras toledanas nada volvió a ser lo mismo. Desde aquél día Bobarín comenzó a acudir a todos los eventos creando tendencia allá por donde iba. Lo de crear tendencia es una cosa muy entretenida cuando una no tiene nada que hacer y es preferible al popular deporte nacional de criticar al vecino y a su buen hijo.
No se hablaba de otra cosa en España, que si Madame Bobarín vestía esto, que si hablaba de tal manera, que si el perro de la Bobarín era muy limpio y maullaba muy bien porque era un gato…
Cuando todas la señoritas se ponían de largo para entrar en sociedad Madame se preguntaba a si misma y a su sombrero “¿ Es posible que se pueda entrar en la suciedad vestida de largo, llevándose una toda la porquería en el satén ?” Bobarín recordaba muy bien los bares dónde su padre la llevaba a comer lo más barato de la carta que eran las sobras. Esos bares españoles dónde las servilletas usadas y las cabezas de gamba le llegan a uno a las rodillas. Tras esta interesante y práctica reflexión Bobarín inventó la moda de ponerse de ancho, tan arraigada ahora en EEUU de América, no en los otros.
Tanto cambio en su vida merecía ser comunicado a su amiga huérfana, pobre y bisiesta, Gavina. A Bobarín siempre le ha enternecido la orfandad de su camarada ya que perdió a sus padres cuando apenas tenía setenta y cuatro años. Gavina gracias a su encendida personalidad consiguió superarlo y ha llegado a octogenaria sin el cariño y los bailes gallegos de sus progenitores. Bobarín ardía de ganas ( y de calor porque era junio) de informar a su amiga sobre las novedades que habían acontecido en los últimos días por lo que se apresuró despacio a escribirle una misiva.
Miraflores,14 de febrero 1917
Querida Gavina, ya sabes que me gusta escribir con propiedad pero ahora sólo encuentro la conmutativa y esa no me viene bien para esta líneas. La verdad es que no estoy en Miraflores pero tiene un nombre tan bonito y me recuerda tanto al los poetas Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso que te lo he puesto por si a ti también te gusta. Tampoco es 14 de febrero pero esta fecha quedaba muy bien con Miraflores.
Por aquí han cambiado mucho las cosas. Desde que creo tendencia allí donde voy todo es muy divertido. Ya puedo ponerme sobre la cabeza un nido de cigüeña con un gorrino dentro que al día siguiente todas se agolpan en la carnicería para comprarse un sombrero o se pelean por trepar a la torre del campanario. Qué bien se les da lo de trepar, lo han debido aprender en sus oficinas que son de alpinismo. Además de esto y de acudir a fiestas también pienso mucho en los pobres aunque todavía no me convence tu afán por dar todo a los necesitados, sobretodo cuando la necesitada no soy yo. Recuerdo cuando dijiste que “ Afortunados serán los desdichados porque de ellos será el reino de los cielos” y a mi chica, aunque lo había oído antes en algún sitio, esta frase me ha abierto los ojos. Como yo ya fui pobre de pequeña y ahora he sido honrada con tanta bonanza voy a aprovechar ahora que luego va a ser todo para vosotros. Sin supuestos, estoy bromeando. Con lo que saco de crear tendencias…he fundado una ONG y quería animarte a que te traslades a vivir a Madrid para que me ayudes, no sabes lo bien que sienta la bondad a la conciencia y al cutis. La ONG se llama BOBARIN ( Berberechos, Ostras,Bocartes, Algulas, Raciones para Indigentes). El eslogan es ” Porque todos tenemos derecho a probar el caviar”  y me llueven los patrocinadores que son muy generosos cuando salen en los medios.
Esta mañana me he subido al autobús para ir al Parque del Retiro, pero me he colado sin pagar porque iba a volver enseguida y era tontería. El Parque del Retiro me recuerda a mi desaparecido padre que es una barca y lo de no tener padre no lo digo por modestia, ahora creo que ha adoptado un par de gemelos que se llaman Rómulo y Remo, aunque el primero lo usa de bolla.  Al llegar al parque se me han agolpado los recuerdos y he descubierto que prefiero mucho antes que ir al Retiro, volver de Palencia. Cuando salía de allí he conocido a una echadora de cartas y escritora de renombre llamada Lucía-Lucía Montojo y le he preguntado por mi último amor pero me ha dicho que sólo ve una pescadilla sin cola. Después me ha leído el poso de las lentejas y me ha aconsejado que les ponga más chorizo. ¡Cómo se nota que es escritora, lee las lentejas como nadie ! La adivina Lucía-Lucía ha sacado una bola de decir bolas y ha hecho de medium con mi padre pero una ardilla se ha metido en medium y ha cortado la conexión. Después la prestidigitadora ha desaparecido como buena escapista y cuando he llegado a casa estaba en la cocina haciéndome unas lentejas. Nos hemos hecho muy ameigas y sentimos que es una amistad para normales.
Con esto y lo otro me despido. Espero noticias tuyas y tu pronta visita, pues ya sabes que me acuerdo mucho más de ti cuando te veo.
P.D : Te adjunto un billete a Atocha, un apartamento, un jamón y una cortinas monísimas que a mi no me gustan nada.
Madame Bobarín

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7
julio 11

LA PESADILLA QUE TE MUERDE LA COLA

CAPÍTULO VII
Tras el fracaso de su primer y segundo matrimonio Madame Bobarín se relajaba sentada en la mecedora de ideas cuando sonó el timbre que hacía “ tolón-tolón”, porque era una vaca.
Las vacas en Madrid no mugen porque para eso tienen unos cencerros muy bonitos, gracias a los cuales se le puede decir a una becerra que está como un cencerro sin que ésta se ofenda.
Al abrir la puerta, un mensajero de una empresa que no voy a mencionar (porque no patrocina esta historia), entregó a Bobarín una invitación a un baile de máscaras toledanas, aunque las máscaras eran venecianas y el baile era en Cuenca.
Aquella misma mañana antes de sonar la vaca que era un timbre, Madame Bobarín había decidido que debía cambiar de vida. Primero intentó cambiársela a su vecina pero esta se negó porque le gustaba mucho negarse a todo, sobretodo a dejarle un poco de sal para la tortilla de patata.
- Tal vez sea más sencillo empezar redecorando mi vida – Le comentó  Bobarín a su vaca, la cual espantó la idea con la cola.
Nuestra dama se puso manos a la obra, comenzó cambiando el sofá por una mesa, la mesa por un perchero, los amigos por cacahuetes, los frutos secos por señores jóvenes y los zapatos derechos por izquierdos ya que estos se gastaban menos. Pero esto no supuso ningún cambio sustancial en su vida, sin contar con que ahora tenía dos izquierdas y nunca podría llegar al fondo a la derecha que es donde suelen estar los lavabos.
Bobarín era consciente de ser una mujer con genio pero nunca pasaría por cambiar su carácter porque no lo tenía repetido. Aunque en el fondo, no le hubiera importado tener el de su bisabuelo Gervasio del que todos hablaban maravillas, tal vez porque Gervasio murió a los veinte años, precisamente en los felices años veinte.  Sólo le quedaba una opción.
La mejor idea para comenzar a cambiar su vida era acudir a ese baile de máscaras al que había sido invitada y dónde nadie sabría quién era por lo que podría reinventarse a si misma. Lo primero que hizo fue comprase una más-barata que salía mejor que una máscara y liarse una manta conquense al cuerpo, cosa que es imprescindible para coger carretera a Cuenca ya que la manta zamorana sólo le quería llevar a Zamora.
Al llegar al palacete toledano de Cuenca quedó impresionada por los jardines que era uno pero se llamaba “Los Jardines” porque siempre suena mejor.
Mientras Bobarín paseaba bucólica entre los árboles huyendo de la algarabía del festejo,  vio como un aeroplano muy raro, tanto que no era ni siquiera un aeroplano, sino un helicóptero, aterrizaba en el prado levantándole las faldas y el humor. Como si de un príncipe azul se tratara Bobarín corrió a recibir al galán que bajaba del autogiro. En efecto el individuo era azul pero sin duda a causa del mareo. Ella se apresuró a ofrecerle un sorbo de Compostina que era un bebercio muy práctico que llevaba siempre en el bolso para estos casos. Con el estrepitoso ruido de las aspas la recién encontrada pareja no conseguía entenderse bien, ni conseguía entenderse mal.
Antes de sonar las doce campanadas de las doce comenzaron entre ellos los primeros disgustos y los segundos disgustos. Al tercer disgusto a Bobarín le dio un ataque de hambre y creyendo que era un pescado azul se lo comió sin querer. Entre aspas y raspas quedó la cosa. ¿ Qué había sucedido? He aquí lo que había sucedido :
-  ¿ Me entiendes bien?- Dijo el hombre azulado.
-  Los martes por las tardes- Contestó Bobarín.
-  Pues yo en el Casino-
-  Casi que tampoco-
-   Ni tanto ni tan poco-
-   ¿ Paco? Encantada, yo Madame Bobarín-
-   ¿ La de Flaubert?-
-   Con un agujero sólo-
-   Como pez en el agua –
-   No me escames-
-   ¿ Un vertebrado acuático?-
-   No, ingeniera agrónoma –
-   ¡Anémona! -
-   No me eches la branquia-
-  ¡Qué mala espina!-
-   La de Concha-
-   Con la mujer y el pescado, mucho cuidado-
-   Ya, y el mejor pescado el del prado-
-  ¡Qué pesadilla! -
-  Aunque no me llamo Pescadilla te voy a morder la cola- ¡ Zas! Tras esto Bobarín le mordió la cola sin ton ni sazón y regresó a la fiesta. Al verla aparecer tan sonriente entre las hortalizas del huerto  los invitados comentaban :
-  Oh, esta dama es La Alegría de la huerta-
-  Sin duda, sin duda, la alegría de La Huerta- Decía la huerta.
Fue desde aquella velada cuando las damas de Castilla comenzaron a fijarse en Madame Bobarín para imitar sus ademanes y sus sombreros, como si del Fuero de Cuenca se tratara. Cuando las Casas Colgadas quedaron colgadas por ella, cuando la Ciudad Encantada quedó encantada de conocerla, cuando las huertas descubrieron quién era su alegría y los peregrinos comprendieron que para coger carretera, valía cualquier manta.
DATOS DE INTERÉS :
La Compostina es una pócima personalizada que le sube a uno el ánimo, le baja el pantalón o le sube la falda. La de Madame Bobarín en concreto se llama En honore de Honoré de Balzac y la guarda en petaca.
La Espina de Concha sale cuando se confunde a su marido Ramón de la Serna con Ramón Gómez de la Serna. Serna con gusto no pica.

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