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junio, 2011


28
junio 11

UN AMOR OLÍMPICO

CAPÍTULO VI

No fue Botín quien hiriera el fandanguero corazón de Bobarín, sino aquella descarnada y fugaz historia de amor  con Godoy el del Farias, un amor que nunca llegó a superar. Aquello casi termina con su vida, la cual salvó gracias a su vecino que no se llamaba Díos pero llamó a un médico que le aconsejó que se muriera lo mínimo posible y se tomara una aspirina.
Bobarín,que no se fiaba de los médicos,se puso dos rodajas de pepino en los ojos para verlo todo más claro ( he de recordar que por aquel entonces los pepinos no eran asesinos) y con aquellas rodajas calidoscópicas se le ocurrió ser campeona olímpica, que era una idea muy sencilla que se le ocurría todas las mañanas. Esta idea le surgió exactamente estando sentada en un banco con Teresa, una señora mediana de mediana edad, con la que solía hacer haikus que era otra cosa que hacía mucho y le sentaba muy bien en la silla.
“ La gallina pone el huevo
y yo me lo como,
la gallina, bueno ,
pues yo voy y lo pongo
que es muy zen”
Escribió Teresa, la señora mediana de mediana edad, haciendo su haiku.
-Eso no es un haiku, más parece una cosa de esas que hacía Pepín Bello que se llamaban anaglifos y él debía de ser fontanero chino- Añadió Bobarín  que no estaba para haikus – A mi lo que se me ha ocurrido con los pepinos es inventarme las Olimpiadas, toma esa Teresa, para ser campeona olímpica – dijo mientras le saltaban los pepinos de los ojos. ( Entonces Gallardón ya estaba en la cola de las Olimpiadas) Teresa felicitó a Bobarín y a los pepinos por la gran idea y se fué de este capítulo.
Como las Olimpiadas no se habían inventado ni un poco, esta idea mantuvo a Madame Bobarín muy ocupada y le distrajo de su mal de amores.
Para empezar tenía que inventar los países, que eran muchos y le salieron con nombres  muy raros, luego las medallas de oro, los anillos de colores, el lanzamiento de jabalina ( que en un principio era de jabalí pero siempre ganaban los vascos),el atletismo, las vallas…Desde luego era todo un invento.
Un día cuando lo tenía todo bien inventado llegó un señor que se llamaba Delfín y se le ocurrió inventarse las Olimpiadas. ( Toma esa Teresa) Bobarín que estaba muy cansada de inventarse cosas se enamoró de él, ya no quería ser campeona olímpica, solo quería casarse con Delfín, porque se había inventado todo lo que ella se había inventado y encima lo había patentado, a demás estaba segura de que con ese nombre iba a ser el último y definitivo amor de su vida.
Por desgracia Delfín tenía una mujer que se llamaba Jacinta y una amante que se llamaba Fortunata y un biógrafo que se llamaba Benito Pérez con dos galgos que nunca le dejaría casarse con Bobarín.
Bobarín desesperada raptó a Delfín que finalmente le agradeció el haberle sacado de tal engorro y se casó con nuestra dama en sus segundas nupcias y en Benidorm.
En Madrid los amigos íntimos se cambiaban con demasiada frecuencia así que Bobarín llamó a su amiga de toda la vida, Gavina, para que fuera testigo en su boda.
-Querido, te llamaré querido, para no confundirme, eres mi querido Querido quinto- le decía melosa a Delfín.
- Muy bien mi querida Bobarín pero tengo que decirte, eso si, muy cariñoso te lo digo, que sólo en tres días te has gastado mi sueldo de todo el año en sombreros-
- ¿ Hubieses preferido que me lo gastara en medias de hilo?-
- No mi amor, pero tenemos que hacernos unos análisis de sangre y de paso unos de cuenta bancaria- decía Delfín mirándose sus burbujeantes venas.
- Qué poco romántico eres Delfín, parece mentira- (eso ya sabéis quien lo decía)
- Además Zapatero ha recomendado recortar gastos y como sigamos así vamos a tener que divorciarnos-
Pero esto último Bobarín no lo oyó porque no le daba la gana.
Después de este bonito diálogo se fueron a pasear por la playa de Benidorm en el mes de agosto. “ Querido” se despistó un momento y perdió de vista a las dos amigas que iban hablando de sus cosas y sobretodo de las de otros que les entretenía más. Delfín buscó sin éxito a Bobarín entre aquél arco iris interminable de toallas, focas, mujeres, otros queridos y otras focas, pero como no la encontraba, le dio por morirse.
Bobarín cuando le echó de menos le echó de menos, luego lloró en el hombro de su amiga un rato y secó sus lágrimas con una hoja de su libro de Victoria Holt. Como buena adicta a las novelas románticas decidió que su extraviado esposo era un auténtico delfín que se había adentrado en la mar una vez habido conocido el verdadero amor, que era ella.

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14
junio 11

QUÉ FELIZ SOY CON MI INSIGNIFICANCIA, ¡AY!

A J.B Manrique el sueño que habita el sueño, gas de mi alma

CAPÍTULO V

Madame Bobarín quería mucho a su padre, que no era su padre pero se llamaba papá y a su perro que no era su perro porque cada día era uno diferente pero se llamaba Miperro. Todos los sábados iban los tres al Parque del Retiro a dar paseos y limosna. Un día anocheció como terminan anocheciendo los días y se perdieron entre las sombras de los árboles, Bobarín temblaba asustada mientras intentaba pensar en un jamón y en un cocido para distraerse.
-  ¿Quién va?- preguntaba a los ruidos en la oscuridad.
-  Dirás  ¿Quién viene?.
-  ¡Ah eres tú! , el hombre malo del Retiro, pues vete mejor.
-  Ni mejor ni peor, me voy como puedo.
-  Pues usted lo hace muy bien y muy rápido, ala, ala que yo le vea.
- Muchas gracias, lo mío me ha costado.
Y el hombre malo desapareció en la noche del Buen Retiro.
Así Bobarín se pasó las horas oscuras preguntando a cada ruido pero nunca apareció su padre, que no era su padre porque era una barca del estanque del Retiro y lo que a él le gustaba era que las señoritas que iban al parque para lucir sus sombrillas nuevas se sentaran en su regazo remangándose los sayos  y suspirando porque quedaba muy bien con la sombrilla. Durante el navegar de esta estampa impresionista él pescaba peces y los colgaba de una pata en su zurrón.
***
A la mañana siguiente Bobarín se había hecho mujer y decidió buscarse un buen mozo relativo que le ofreciera patrimonio o matrimonio que para ella era lo mismo. Se puso uno de sus trajes escotados de buscar patrimonio y se fue a Embassy a tomar un Bloody Mary de esos sin tomate.
Sentada en la cafetería Bobarín puso cara de cheque en blanco y esperó a que algún hombre lo firmara con su sonrisa. Se le acercó un joven con una pluma tremenda y le dijo:
-  Señorita yo a usted le amo y le firmo con mi pluma.
-  ¡ Ay señor! , ¿Y cómo se yo que usted me quiere de verdad?
-   Se lo juro por Doña Letizia.
-   ¿ Por Rania o por Doña Letizia? No se confunda usted.
-   Pues se lo juro por Don Leandro para que no haya  confusiones.
-   Entonces no tengo más remedio que creerle.
Y así fue como Bobarín se comprometió con Botín de Cuña, que era un banquero que usaba tacones para parecer de alta alcurnia y para que no le confundieran con otro banquero que vivía en Santander. Primero contrajeron matrimonio y luego contrajeron E.Coli pero les importó un pepino y se curaron de las dos cosas.
Una mañana después de desayunar una mosca con café como solía hacer cada día,Bobarín le sugirió pizpireta a su esposo:
-   ¡Ay, Botín!  Me tienen muy preocupada lo de nuestros hijos.
-    Mi amor ¿ Qué hijos? , si no tenemos hijos.
-    Pues eso Botín, estoy cansada de pasear una patata con faldones.
-     Pero mi amor, tu sabes desde el primer día que nos conocimos que yo tengo mucha pluma y no sólo para firmar cheques en blanco.
-     Si Botín, si lo de llevar cuñas ya era muy sospechoso pero puedes cerrar los ojos por una vez…
-    Qué no Bobarín que por ahí no paso, no quiero tener hijos estrepitosos que terminen con la poesía. Dijo de Cuña poniendo cara de Antonio Gala.
-    Por favor mi amor sólo un hijo pequeñito. Si no me das un hijo te araño.
-    ¡Que no, so pelma! ¿ Cómo quieres que te lo diga?
-    Pues como si fuera tu coche, a él si que le hablas con cariño.
Madame Bobarín se sentía como el dolor de un mal sueño. Y aunque no estaban en el coche se fue dando un portazo  con la puerta del Mercedes, cogió las bolsas de basura, que es donde se guarda el dinero , dejó las maletas que es donde se guarda la basura , le arrancó la pluma de un plumazo a Botín, se la puso en el sombrero y se fue para siempre al supermercado. Para cuando llegó al pasillo de congelados Bobarín volvía a ser feliz con su insignificancia y planeaba hacerse telonera cupletista.

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