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26 abril 12

Una pieza fuera del programa

Gabina tras quitarse unos años de encima y ponerlos bajo el diván

Gabina tras quitarse unos años de encima y ponerlos bajo el diván

CAPÍTULO XXII

Allá por donde voy el escándalo me sigue.

Tirso de Molina y Madame Bobarín.

  Se oye el rumor de las calles, dentro de la milonga Bobarín vuelve a acercarse a la barra.
- Sáqueme el aire de esta copa con ese buen vino, por favor..
- Deje de tomar- imploró Agustín.
- Beber es una manera como otra cualquiera de rendir tributo a la virtud.
- Ande baile conmigo y no beba tanto.
- Yo no bebo mucho, bebo siempre que no es lo mismo.
- Corazón perverso olvide los bebercios y no desoiga la voz del amor.
- Descuide que en demasiadas ocasiones oigo esas voces y es duro acallar la voz del amor.
-  Se requiere un corazón muy intrépido para no temer esa llamada.
-  Aún ando recuperándome de la última decepción.
-  Ámeme.
-  No me toque las palmas que me conozco.
-  Le toco entonces un pie.
-  No siga, no suba a los tobillos que me desmayo.
-  Seamos entonces amigos.
-  No gracias, ya acumulo muchos de esos.
- Mujer, a mi se me pone convidarla a cenar, a bailar, a viajar…
- Uno que responde con cartera, eso ya es otra cosa.
- Menos mal, lo mío es suyo señora.
Esto enterneció a Bobarín que terminó ofreciéndole el brazo con guiño chunguero. Salieron a bailar a la pista pero cuando llegaba la hora de ejecutar el paso de los ochos la potencia de sus caderas hacía que el miriñaque llevado por la fuerza centrífuga lanzara despedida a nuestra dama fuera de la pista arrollando todo lo que se le ponía por delante. El resto de parejas chismorreaban molestos.
- Estas gallegas se toman el tango a chufla- decía una escuálida instructora de baile enfundada en pocos centímetros de tela.
- ¡Ay Agustín! Es ley de vida, una ofrece una pieza fuera del programa y el público queda bloqueado.
- Con el tiempo les terminará gustando y se pondrá de moda en los salones.
La profesora de tango, larga como una farola se acercó a la pareja con insolencia.
- Hagan el favor de abandonar la pista.
Bobarín que había descargado su peso y el de Agustín sobre una mesa respondió.
- Fuera de pista ya estoy, pero pienso volver hasta que controle ese dichoso paso, ¿ Si se ofrece usted a enseñarme? – tomó aire y continuó- A mi sólo me chulea el rey de los ochos, por cierto ¿Quién es el rey de Argentina?- Esta pegunta desorientó a la escritora de este relato, a su vecino y a la instructora de tango que desapareció llevada por una ventolera.
- Hace frío aquí dentro.
- Es el aire acondicionado.
- ¿Aire? Esto es viento del norte.
-¡Ventolera estoy yo por usted! Corra el aire, que la cercanía de su cuerpo me vuelve majara. Quisiera ser el padre de sus hijos.
- ¡Huy! A estas alturas no estoy dispuesta a hacer el sacrificio de multiplicarme, es usted un imprudente.
- A mi ver, la prudencia sólo corteja a la incapacidad.
- Me he quedado sorda del aire.
- Escucha usted lo que quiere, esquiva cobra de piropos.
- Señor, su cortejo me halaga, pero yo lo que necesito es centrarme y conseguir un trabajo para mi y para mi amiga Gabina.
- ¿Dónde quieren trabajar?
- Había pensado hacernos lavanderas, lavar las honras perdidas, el vino tinto con el blanco, los trapos sucios, las reputaciones, las manos a Pilatos…
- ¡Éxito asegurado! ¡Patente la idea antes de que alguien lea esto!
La pareja regresó a la pista con más fuerza, bailaban con los ojos cerrados chocándose con el resto de personas que bailaban con los ojos abiertos, lo que les hacía carcajear como niños y caer al suelo descuajeringados de la risa. Se hacían mucho daño pero nada importaba porque en el amor nada duele hasta que duele. ¡Pero qué bien lo pasaba así la tía!
En la barra Gabina continuaba pelando la pava con Meritorio.
- ¡Che papá sírvame otra copa!
- ¿Es el padre de usted?- preguntó asombrada Gabina.
- Es una forma de hablar, una expresión argentina.
-Che mamá póngame a mi otra copa- exhortó Gabina a la camarera.
- ¡Hija mía!
- ¡Mamá!- gritó Gabina mientras se fundían en un abrazo.
- ¿Pero no era usted huérfana Gabina?
- ¡Ya no!
- ¡Pero si esta madre es más joven que usted!
- Así me dura más que la última.
-Esto es inaudito.
-No diga palabrotas.
 Todos sabemos lo que es la juventud, incluso algunos saben lo que es una segunda juventud que era exactamente lo que estaba viviendo Gabina. Embelesada miraba tiernamente a los ojos de Meritorio y emitía ruiditos de felicidad. Meritorio la arrastró fuera de la milonga.
-Demonio tentador ¿A dónde me llevas?
-Te voy a subir al obelisco para ver la luna de cerca.
Y subieron al obelisco y casi tocaron la luna, Gabina se quedó en lo alto y Meritorio la invitaba a lanzarse.
- Salta mi amor que yo te recojo- Gabina saltaba, Meritorio la recogía y eran muy felices.
-¡Qué hermoso amor!
-Qué ganas de que nos casemos.
-Yo tampoco.
Planeaban ir a París para tirarse desde el obelisco Luxor de la Plaza de la Concordia, una plaza muy cordial donde guillotinaban a todo quisqui independientemente del régimen vigente. Había amanecido, sólo el piar de unos pajarillos turbaba la quietud de la calle Corrientes.
-Esto ya me resulta muy corriente, volvamos a buscar a Bobarín.
En la milonga Bobarín y Agustín descansaban sus bailes cuando se acercó el desalmado de Lázaro que parecía perseguirles por la ciudad.
-¿No me saluda?
- Que le salude su tía.
- Su tía lo será usted.
- Tenga usted juicio y no sofoque a la señora – interrumpió Agustín, pero Lázaro lo ignoraba con desdén.
- ¿Ya no dicto ninguna palabra a su corazón?
- ¡Canalla y tunante!, esas me dicta. Abandone la contienda no vaya a pagar juntas todas sus fechorías.
- Castígueme que me excita.
Por la voz de Bobarín pasó un trémolo sollozo. - No me robe el sosiego, se lo ruego- pero ya era demasiado tarde, an el momento que vio al gaucho el pecho de Bobarín rezumaba angustia. El hecho de que este hombre hubiera terminado con su ilusión primera y de una manera tan hiriente le había trastornado los cascos. Agustín apretaba su mano para que ganara en confianza. Lázaro insistía en incomodar.
- Discuta conmigo Bobarín que aún tengo cosas horribles que decirle.
- Haga el favor Lázaro, no hay pelea si no se incendia el aire donde reposan las palabras- recitaba Agustín.
- Qué tío cursi este panolis que te has buscado. Recuerde Madame los lazos que nos unieron el día del asado.
- Rotos quedaron esos lazos para siempre.
- ¿Y para nada más?
- Para siempre y para nada más.
- Hiera a un amante y hallará un enemigo- continuaba Agustín con ese prurito de hacer frases ingeniosas que acomete a los intelectuales.
- Eso quisiera.¡Bobarín mi enemiga!- contestó Lázaro relamiéndose.
- ¿Por qué quiere hacerme desgraciada?
- Porque herirla me da la vida.
- Es usted un sanguinario.
- No señora soy de Rosario.
- ¿Está usted sordo?
- Tan sordo que ni veo.
- No lo soporto más, me voy a tomar una caja de Espidifen.
- El Espidifen no mata.
- Yo no quiero matarme, es que me da dolor de cabeza con tanta matraca.
- Las mujeres sois como las veletas, sólo paran cuando se oxidan. ¿ Un poco de tres en uno Madame?
Gabina llego justo a tiempo para oír esto último y llevada por un huracán de furia la emprendió contra el gaucho, Bobarín interfirió el ataque impidiendo males mayores.
- ¡Déjame incrustarle en la silla de un porrazo!
- No lo haga Gabina o acabaremos todos en una Institución pública de dudosa comodidad.
- Qué labia tiene Meritorio, trae que le atizo.
- ¡Detente!- Gritó Bobarín.
- ¿Quién es ese?
- Un amigo muy pausado.
- Encantada- respondió Gabina.
- El gusto es mío.
Mientras todos en la mesa saludaban a Detente que entraba en escena muy despacito, Lázaro había vuelto a desaparecer.
Continuará

10 abril 12

¿Para qué zarandear un panal de abejas?

Ama, espera, confía

porque no puede el que vence sin riesgo

decir que vence.

(Mercurio anima a Perseo) Calderón de la Barca.

                                 CAPÍTULO XXI

Bobarín y Gabina llegaron a un enredo de callejones en el oeste de la ciudad. A lo lejos sonaba un tango, parecía que no era tan contraria su suerte. Frente a la puerta de lo que creían un cafetín un anciano hablaba con su perro como si de un oráculo se tratara.
-¿Crees que hará frío esta noche Garufa?
-Guau, guau – contestó el perro al que gustaba repetirse. Bobarín interrumpió la interesante conversación.
-Perdone señor ¿En este sitio se puede bailar tango?
-¿No ven que estoy hablando con mi perro, quiénes se creen ustedes para interrumpirnos? Es usted…
- No me ladre. ¡Santo cielos qué mal envejece el mal humor! A mi también me molesta que hablen cuando interrumpo, pero a estos cuerpos les urge beber y bailar.
-¿Qué crees Garufa?- Preguntó el anciano a su perro oráculo.
-Lo urgente transciende lo inoportuno…- contestó el perro- Si quieren tomar y bailar están en el lugar adecuado, esto es una milonga.
-Gracias Garufa, entremos presto Gabina que el palique en la puerta sólo trae resfriados.
-Yo tomaré un vino blanco- dijo Gabina.
-¿Blanco? ¡El mejor blanco es un tinto!
-Pues sean dos tintos en vaso grande.
-Eso lo que es…es un vaso dilatador.
- O delatador…
Las dos amigas se fueron encendiendo con uva, Gabina que casi doblaba en edad a Bobarín se quitó unos años de encima y los puso debajo de la mesa, parecía una muchachita con su virtud y su carne prieta. En la mesa de enfrente un hombre que por ratos se rascaba la nalga y absorbía mate hizo un gesto con la cabeza invitando a Gabina a bailar. Gabina accedió azorada pero en un plin se dejó llevar demostrando su maestría, su soltura, su capacidad y su etcétera bailando tango.
-Olé, olé- aplaudía Bobarín.
-¡Qué rumboso es usted!- se animaba Gabina.
-Y eso que bailo tango…¿Y ustedes galleguitas a qué se dedican?
-A viajar, ahora vamos a tener que laburar porque estamos sin plata.
-Algo tendrán.
-El corazón para amar nos pesa, pero ni un peso.
-Ya somos unos cuantos millones, pero descuiden que la ley de los pobres es ayudarse.
-Pobreza obliga…Me está cayendo usted la mar de simpático, le ruego se siente con nosotras en la mesa.
Gabina y el simpático bailarín se reunieron con Bobarín.
-Encantado señora, Meritorio para servir a su amiga.
-Encantada, vaya sirviéndole otro vino qué bien lo merece.
- Si señora, buen vino gustamos en Argentina. Dicen que tenemos mejor carne que los ingles, mejor pizza que los italianos, mejor empanada que los gallegos y mejor vino que los franceses.
-No adivino quién lo dice…
-Yo adivino el parpadeo que las luces a lo lejos, van marcando mi retorno…- canturreó Meritorio clavando su mirada en los faroles de Gabina algo bizcos ya por la bebida y el baile.
-¡Ay Bobarín que este es de tu escuela! Me da a mi que me pretende.
-Déjate querer un poco Gabina.
-Si señora soy un hombre necesitado implorándole audiencia.
-Tenga mis oídos y mi atención pero también tenga en cuenta que este corazón octogenario tiene ya las paredes débiles.
-Déjeme alojarme en él y alicataré sus muros.
-Le aviso que es para usted mucho trabajo, habrá de hacer honor a su nombre.
Meritorio dobló el silencio con la mirada.
-Gabina, esos ojos suplican respuesta- animaba Bobarín a su amiga qué apenas acumulaba experiencia en amores y en tortillas de patata.
-Pues ale, sea usted el patrón de mi corazón en esta velada.
Al oír esto Meritorio sufrió un ataque de alegría cayendo fulminado.
-No se apure, le da por veces- apuntó el camarero.
-Pues esta vez parece la última- desespera Gabina mientras intenta levantar a Meritorio del suelo- No me deje en este valle de lágrimas…- rogaba desesperada a la bola de espejos que colgaba del techo. ¿Y Bobarín, qué hacía Bobarín en medio de este drama? Pues les voy a contar lo que hacía Bobarín. La mujer permanecía extasiada en su silla mirando al fondo del bar, desde donde un bulto de hombre se le acercaba, era Lázaro, el viril gaucho que había robado su corazón reventándolo con dinamita. Su rostro mudó de color y su voz arrugada demandaba botox con urgencia. Sin poder articular palabra permanecía como una piedra bloqueada ante el reciente recuerdo, ajena a otros desmayos. Mientras tanto Gabina hacía una friega de mate a su fulminado Meritorio bajo la nuca.
-¡Parece qué revive!- gritó Gabina.
-¡Parece que muero!- gritó Bobarín.
Lázaro caminaba del brazo de una hermosa mujer deslumbrando a nuestra dama con la delicada ironía de su sonrisa. Aquella ostentación de incomodarla, de ofenderla y maltratarla, tal vez estimándola, era más de lo que Bobarín podía soportar.
-¿Acaso finges quererme?
-En absoluto, fue todo una farsa, yo soy hombre de muchos amores.
-Empezando por el propio.
-Y terminando.
-Pues termine usted de una vez conmigo, cláveme sus puñales de acero. ¡Hiera, mate y huya!
-No sea usted dramática que me da lástima.
-Es todo lo que me queda para darle, a parte de un porrazo.
-No desistiré en molestarla hasta que me atice.
-¿Para qué zarandear un panal de abejas?
-Usted que se pica.
-¡Agárrame Gabina que le doy!
-¡Se impone la demencia!
-¡Gabina que me enajeno!
Pero Gabina estaba en otros menesteres. Meritorio despertó de su repentino letango, digo letargo, mientras la banda tocaba Volver. Con la mirada febril y borrosa se le iba apareciendo Gabina que le refrescaba la frente marchita, peinaba su sien plateada y soplaba para refrescarle.
- Es un soplo la vida…- susurró Meritorio acompañando al tango.
-¡Qué susto me ha dado!
-Tiene usted la expresión de la mujer que ha dialogado con los ángeles.
-Usted si que ha estado cerca de hacerlo.
Las historias se cruzaban haciéndose caso omiso.
-Por favor Lázaro, importune usted a otra dama, esto me va a matar- rogaba Bobarín al gaucho.
-Pues lo que le mata, le hace más fuerte.
-No es así el dicho- y dicho esto un apuesto caballero vestido de época que podría llamarse Paco pero sin embargo se llamaba Agustín acude a la mesa en su socorro. Bobarín cae al suelo medio bolinga ya sin fuerzas.
-¿Le están molestando señora?
-Ya me iba- dijo Lázaro tocándole el pandero a la mina que colgaba de su brazo.
El tercero en concordia abanicaba a Bobarín que recuperaba el color y un poco la compostura.
-Acepte mi gratitud caballero, gracias a usted y a Meritorio gano en fe hacia los porteños. A punto estaba de ingresar en un convento de arrepentidas.
-Pronto se le ha pasado.
-No voy a perder la fe a estas alturas- dijo Bobarín desde el suelo.
-Algunos amantes se creen soldados en guerra, creen en el revivir del amor tras la batalla.
-No era el caso, pero mi débil intuición le adivina a usted hombre de bien.
-Cualquier tierra puede dar hombres de mérito.
Bobarín brindó por ello terminando su copa.
-No tenemos remedio-acuñó Gabina.
-Me temo amiga que estamos llamadas a una suerte pareja con los hombres, yo por apego y tu por desapego.Brindemos por ello.
-No tome tanto señora.
-Bebo para sacarme un clavo del corazón.
Gabina vuelve a escena – Pues ten cuidado que a este ritmo se te va a salir hasta el de la cadera. El elegante Agustín asió a Bobarín con fuerza del brazo.
-¡Qué agustín!
-No se burle y baile conmigo, mujer fatal.
-Fatal lo estará usted.
 (Continuará)

 


02 abril 12

La vida es una herida absurda

 

El mejor profeta del futuro es el pasado. Antonio Buero Vallejo

 CAPÍTULO XX

Bobarín observaba afligida el Congreso de Desocupados, hoy en día el trabajo es muy divertido, podemos pasar horas observándolo, unos porque no lo tienen pero lo quieren, otros porque no lo necesitan y otros lo observan cumpliendo el mito del funcionario mito más extendido que el de la caverna de Platón.
- Por estar en paro está hasta la Virgen que ya ni se aparece- dijo Bobarín.
- Pues yo he oído que sigue apareciéndose en Zaragoza, a Lourdes sólo va de vacaciones.
- Mira Gabina parece que van a volver a registrarnos por culpa de la Kalashnikov.
 La policía abrió el bolso de Bobarín y encontró más de 50 frascos de 100 ml.
- ¿ Y esto señora?
- Como no me dejaban traer mis botes de 200 ml los he dividido, este tan mono es ántrax, este cianuro, este cloruro potásico…
- Está bien pase, pase que tiene más labia…!
 Apenas traspasar la puerta de salida del aeropuerto toparon con un simpático señor asiendo un cartel que rezaba “ Perpleja”.
- Ese señor debe venir a por nosotras, Gabina.
- Buenas señor, soy Madame Bobarín la más perpleja, para servirle.
- Encantado, permitan que me presente, Lázaro, para guiarles a ustedes por donde gusten.
- Cómo me alegro porque nunca he entendido porque la gente de pueblo como yo disimulan su sorpresa y admiración al llegar a un nuevo país.
- Ustedes disfruten y pregunten lo que quieran.
 Era una hermosa y gorda mañana de verano en Buenos Aires, Gabina y Bobarín subieron a la furgoneta de Lázaro mientras contemplaban extasiadas el paisaje.
-¡Qué campos, qué vacas! No entiendo por qué las vacas argentinas viajan a Madrid teniendo esto- dijo Gabina.
- Tal vez no viajen por su gusto…
- Precisamente por su gusto me da a mi que viajan- añadió Lázaro.
- ¡Los solares que harán falta para hacer un campo tan extenso!
- ¡Menudo invento!
- ¿Y por qué tiene tantas vacas?
- Para que parezca un campo Gabina.
- Pero son muy caras, tal vez por eso deben compensarlo con margaritas que son más baratas.
- Si Gabina, las flores donde mejor están es en el campo, porque luego les da por ir a los nacimientos y a los entierros y no hay quién las aguante.
- Los campos ya no son como antes, hace apenas un mes la hierba me llegaba a la rodilla- infirió Lázaro mientras un labrador segaba los campos.
 Bobarín comenzó a sentir un leve cosquilleo en la región temporal que es donde ella siente el amor pinzándole el hipotálamo.
- ¡Ay Gabina que me ha dado!
- Bobarín pero si aún no hemos llegado a la ciudad, te habrán confundido las vacas.
- Ha sido Lázaro, su camisa de cuadros, su sombrero de gaucho, sus viriles manos al volante.
- ¿Decía señora?- infirió Lázaro.
- Comentaba la cantidad de camiones que recorren la carretera al corazón…
- ¿Disculpe?
- ¿Nos podría llevar a tomar un asado? Estamos hambrientas.
- Por supuesto les llevaré a lo de Mauricio, que hace los mejores asados de Buenos Aires pero hemos de dejar el vehículo e ir en colectivo.
- ¿Qué es un colectivo?
- Es un mueble gordo en el que se mete la gente muy apretada.
- Ah! Como el autobús.
- Exacto. Pero en el colectivo siempre cabe alguien más mientras no se demuestre lo contrario.
- Igualito, igualito lo tenemos en Madrid, pero a mi siempre me ofrecen asiento los caballeros temiendo que me siente encima de ellos.
- Aquí sólo se puede entrar de canto.
Aparcaron la furgoneta y viajaron en colectivo a lo de Mauricio. Para llegar antes cogieron el colectivo una parada después. Un frondoso jardín y una humeante parrilla acogió a nuestras protagonistas. Mauricio era un hombre fibroso y vegetariano que cocinaba “la chicha” como nadie.
- A mi deme costillas por favor.
- ¿Para qué sirven las costillas?
- No sé , para localizar los dolores, a mi me duele entre esta y esta.
-Eso es el corazón- dijo Lázaro.
-Si es que yo le amo con fervor, gaucho mío.
- Tengan señoras prueben este churrasco- infirió Mauricio.
- Qué lástima que esta vaca no esté más cocinada.
- ¿Está muy cruda?
- Creo que todavía respira.
 Mauricio como buen vegetariano al ver el rojo interior de aquella carne sufrió un desmayo.
- ¡Rápido, una transfusión de remolacha!
Consiguieron revivir a Mauricio, los pájaros cantaban, las vacas mugían en la parrilla y el amor se confundía con el suculento olor a carne mientras Bobarín pelaba la pava en lunfardo con el porteño Lázaro.
- Hermosa, si vamos a tener una relación insisto en que debemos discutir y partirnos el corazón para luego escribir un buen tango…
-Pero Lázaro yo nunca me he peleado con un señor.
-Entonces lo descubrirá junto a mi. ¿Hay algo más bonito?
- La peineta de la Virgen del Rocío. ¿Para qué pelear sino valen golpes bajos ni abrazos? Sepa usted que yo sólo quiero abrazar su masculinidad.
Pero el poder persuasivo del gaucho hizo que el amor del hipotálamo Bobarino terminara en discusión, sin persuadirse fue cediendo al capricho de Lázaro con el que por fin consiguió tener un litigio corriente. Si Bobarín decía blanco, Lázaro decía negro, si ella decía negro para agradarle, el decía que ella no tenía personalidad ni principios. Si el gaucho se ponía pelos rubios en la chaqueta para darle celos a la dama, Bobarín se cambiaba de peluca.
-¡Qué hermoso estar enamorada, mi cabello se ha vuelto adorablemente rubio!- estos incisos que pretendían apaciguar el ambiente sulfuraban más a Lázaro.
- Despierta Bobarín, soy un hombre libre y salvaje y de vez en cuando digo a mi amada que me voy a los Lagos de Sur, que es justamente donde no voy.
- Mi amor, mi dulce de leche, mi alfajor, yo haré que me creo que estás en los Lagos del Sur, incluso puedo enseñarte a ahogarte en un lago.
- Nada tiene que enseñarme usted pues yo todo lo sé y usted es una más del montón para mi.
-¿Qué es un montón, mi amor?- continuaba Bobarín completamente embriagada por la uva ciega del amor.
La intensidad de la disputa fue subiendo gradualmente, aquél gaucho no escatimaba en el grosor de los insultos, era realmente generoso.
- Bobarín lo que tiene que hacer usted es darme guita para que yo pueda invitarla- y Bobarín hipnotizada por sus ojos y sus napias quedó pescada en el anzuelo de su nariz perdiendo la cartera y la razón, que es lo que en ocasiones le hace a uno el enamorarse. La novedad ante el cisma la tenía perpleja, por fin conocía lo que era una vulgar pelea de pareja, era como perder la inocencia y volver a sus años mozos. Lázaro intentó robarle la autoestima pero Bobarín la tenía guardada en la faja y estaba sentada sobre ella.
- Me voy, marcho a los Lagos de Sur.
- Qué pesado con los Lagos del Sur, creí que me amaba-
- No señora, me ha querido demasiado en pocas horas y ahora me aburre.
- También pasa vicealcontrario, ¿ No me escribirá?
- No Bobarín.
- ¿Cómo voy a vivir sin sus faltas de ortografía?
- Como ha vivido hasta ahora.
- Hay que ver, no somos nada.
- Sobre todo usted. Adiós muy buenas.
- Hasta el año que viene- sollozó Bobarín allegando al hueso de una costilla mientras buscaba el calor y apoyo de su amiga.
- Me da a mi Gabina que viéndome ávida de cariño y ciega de amor éste Lázaro me ha engañado- dijo Bobarín rompiendo a llorar definitivamente.
- Has de ser cisterna Bobarín, no seas fuente.
- ¿Qué dices Gabina? Eso me suena al “be water my friend“ de Bruce Lee versión Gabina- dijo Bobarín esbozando una sonrisa.
- ¡Que contengas, que no desbordes!
Habíase secado el manantial de sus lágrimas cuando Gabina la abrazó ofreciéndole un poco de chorizo criollo.
- No sufras Bobarín, hace poco me enseñaste que la apariencia era un error del entendimiento, has querido ver lo que no era, a veces para ver hay que escuchar o comerse un pimiento.
- ¡Qué Dios te bendiga Gabina!
- Deja, deja que la bendición relaja demasiado y mira luego cómo acabas. ¡Que bendiga al chorizo…criollo!
Bobarín guardaba los restos que yacían en la parrilla en el interior de un tupper mientras canturreaba un tango en voz baja:
“La vida es una herida absurda,
y es todo tan fugaz que es una curda, ¡nada más!, 
mi confesión…”
Menos poseída ya de su ardiente pasión y generosidad, le puso una mantita a su cuenta corriente que se había quedado al descubierto y se fue con Gabina al centro a buscar trabajo.
Ilustración, Bobarín germánica preparada para viajar a la sierra de Córdoba, Argentina, antiguo gueto alemán. 

01 marzo 12

Lunes de miel

CAPÍTULO XIX

Vuelo con la lengua.Me apoyo con ella en el ala del águila.Estiro los brazos y planeo,por encima del pájaro, majestuosamente. ( Fernando Arrabal, Volar, Diccionario Pánico)

No sé exactamente qué día salieron, pero ya era lunes. La atmósfera pesaba sobre los hombros, el vuelo se hacía interminable.  Por la ventana golpeaba la luna sobre la resaca de los Gin Tonics , luna, pasajera sin pasaporte, pálida como la mujer que no llega a desmayarse, monólogo del silencio que… rompe estrepitosamente Gabina.
-¡A mi me gustaría viajar a la luna!
- La luna debe de estar llena de despistados, es como Babia, siempre van los mismos. Lo bueno es viajar a Argentina- aseguró Bobarín cuando en un inicio la idea del viaje había sido de su veleta compañera.
- Ya sólo queda media hora de vuelo- animó el vendedor de seguros, al que le corría una espesa barba por la cara. Bobarín al verle pegó un respingo sobresaltada.
-¡Diós mío me han cambiado de pasajero!
-Tranquilla Bobarín míreme bien, sigo siendo Juan su compañero de viaje.
- El donjuanismo ya no se lleva y si se lleva yo lo llevo muy mal.
- Madame soy yo el mismo que ha pasado el viaje recogiendo la miel de sus labios. Tengo un mal de alturas que me acelera el crecimiento piloso y al ser el viaje tan largo he quedado en sotabarba.
- Ahora que lo dice, tiene usted un aire a si mismo, también se le ha asobacado un poco la caballera. Mire, mire, yo he echado raíces-  dijo Bobarín remangándose la falda sobre el miriñaque dejando asomar la pierna por la que subían palpitantes varices.
-No hace falta que nos lo enseñemos todo Madame que eso tampoco se lleva.
- Lo que se lleva en general es el Bobarismo.
- Con el debido respeto esa palabra se la ha inventado usted.
- No señor, todas las palabras de tanto ir y venir  adquieren sentido, el Bobarismo es un –ismo en auge.
- A usted lo que le pasa es que ya no me quiere más porque alguno le espera en Buenos Aires.
-¿Cómo osa?
- Pues ya me dirá usted cual es el motivo de esta escapadita al nuevo continente…
- No vaya a creer que soy como la casada infiel del Romancero Gitano, que se la llevaron al Río de la Plata…creyendo que era mozuela pero tenía marido. Comprenda que para mi no ha sido fácil abandonar el mundo del langostino y el canapé en busca de nuevas e inciertas experiencias…de dudoso comer.
- Señora nunca pensé que fuera mozuela e intuyo en su rostro el sacrificio más no ha de temer que en Argentina gustará usted de exquisitos asados y carne de vaca.
- Shhh, he oído que a las vacas argentinas no les gusta que las llamen vacas.
- Qué razón tiene Bobarín. A su lado me vuelvo más inteligente. Cuando la ilusión perdió toda esperanza vino usted al mundo, quisiera pedirle esa mano de virgen bizantina y labradora…
- Pida, pida, mire que cuanto más le miro más pienso que he visto esa cara en otra parte.
- Pues le aseguro que siempre la he tenido aquí.
- Le digo que me suena usted mucho.
- Y yo le repito que soy su enamorado con barba.
- ¿Me está hablando de amor? Hágame caso, escuche, escuche, del amor no debe fiarse usted porque con nada que ponga el hombre o su barba y la mujer o su bigote, el diablo hace el resto con su cola.
- ¿Pero están enamorados?- infirió Gabina.
- ¡Ay mujer, parece que vives debajo de un árbol! No te enteras de que llueve hasta después.
- ¿Entonces ya no se aman? ¡ Qué alegría, un idilio con final feliz! Brindemos por ello.
- Tres Gin Tonics por favor- pidió Bobarín al auxilar de vuelo.
-Ya no nos quedan, como no han parado de empinar el codo…
- Pues póngame un Vodka.
- Lo siento señora también se ha agotado.
- En las cartas de bebidas siempre están tachados los mejores versos…
 En ese momento el capitán anunció el inminente aterrizaje lo que llevó a Juan, el vendedor de seguros, a su décima crisis de pánico, neurasténico como un letrero luminoso continuó su canto.
-¡Vamos a morir, vamos a morir…!
- Hombre si lo piensa bien los seguros de vida en realidad son seguros de muerte.
- Si vivir no fuese morir ¡ Qué bello sería vivir!-continuó el vendedor de seguros.
- Matemos el tiempo aunque a ese nadie lo asegura.
- Gabina, matar el tiempo es una fanfarronada.
- Pues mira, éste del miedo se ha quedado parado como un reloj estancado.
- ¡Entonces por lo menos tendrá razón dos veces al día!
 El aterrizaje transcurrió sin contratiempos, ya en el aeropuerto junto a la cinta transportadora de maletas se forma un revuelo.
-¿ Qué pasa, qué pasa?- preguntaba Gabina.
- Acaban de multar a un billete que volaba sin pasajero.
- Si es que van a comisión, la cosa es multar.
- Pues en la agencia de viajes había un descuento para los que no se iban de viaje, seguro que ha sido eso.
- Vete tu a saber, cómo han cambiado las cosas.
-Nada vuelve pero todo se parece Gabina.
 Juan, el vendedor de seguros, miró a Bobarín como a un taxi ocupado mientras desaparecía engullido por los miembros de un Congreso de Desocupados.

Dedicado a la Revolución espectacular de Chema Paz Gayo y a Encarna Jimenez Losantos, fuente y fuenta de inspiración


31 enero 12

Inmolación

 


CAPITULO XVIII

“No pregunto quién eres, eso carece de importancia para mi.”

Walt Whitman

 

Gabina, el vendedor de seguros del que todavía no sabemos su nombre – porque nadie se lo ha preguntado- y Bobarín, echaban una cabezadita cuando sonó una voz por el altavoz del avión.
-Por favor capitán acuda a cabina- Gabina pegó un respingo exaltada.
- ¿ A la Gabina? Huy que suerte tengo que se me va a presentar el capitán.
- Señora con todos mis respetos, ha dicho “cabina”.
- Déjala que se ilusione, Gabina es tan inocente que parece haberse tatuado las arrugas.
- ¡Os digo que ha dicho Gabina leñe!
El vendedor de seguros enojado por haber sido despertado de sopetón intentaba calmar a Gabina para poder continuar durmiendo. – A ver, lo racional es que dijeran “CA-BI-NA”-
- Oiga y ¿usted porqué cree que lo racional es lo real?- se quejó Bobarín levantándose – voy al baño-
- Pues tiene razón aunque si la razón es racional no sé ya si la tiene…
- Mire lo irracional es que el capitán no esté en la cabina por lo que lo lógico es que tenga que acudir a la Gabina- dijo Gabina que se vio iluminada con el apoyo de su amiga.
- Es verdad, ¿entonces quién lleva el avión? ¡ Vamos a morir!, ¡ Vamos a morir!
- Tenga por seguro que vamos a morir pero hoy no morirá ningún espartano, ups, me he confundido de película, ahora es cuando los 300 pasajeros pasan uno a uno a propinarle un golpetazo por histérico- le amenazó Gabina que siempre mezclaba las películas.
Bobarín intentaba desencajar sus caderas del estrecho pasillo buscando al capitán. El auxiliar de vuelo acudió a auxiliarla untando los asientos con un poco de mantequilla.
- Señora la próxima vez que necesite algo llámeme y acudiré a su asiento. ¿ Quiere unos auriculares? Son gratis- le dijo guiñándole un ojo.
- Gratis qué es ¿ Todo lo que está incluido en el precio? ¿ No ve que me he quedado incrustada? Ande empuje, empuje.
Y de tal forma empujó el auxiliar que Bobarín salió lanzada hasta la cabina. El capitán que aún no había tomado asiento al ver lo que se le avecinaba le dio un patatús y Bobarín cayó sobre él justo a tiempo para darle un beso de reanimación.
- Es usted el capitán de mis vuelos…
- Pídame lo que quiera pero ¡ quítese de encima por Dios!
- Aerolíneas Bobarinas para servirle, y ya que lo dice deseaba pedirle que vaya usted al asiento 45D donde encontrará a mi amiga Gabina y le diga usted algo agradable.
- De acuerdo pero levante antes de que me funda con la moqueta.
Cuando Bobarín regresó a su asiento sus compañeros de viaje seguían discutiendo.
- Yo he oído claramente “Gabina” y en letra gorda aunque si usted está sordo pensará que he dicho gordo.
- Oiga un respeto que yo viajo ligero no como otras…
- Cuídese de ofenderme que sólo he pagado exceso de peso por unos gramitos que he cogido en Navidad- interrumpió Bobarín que volvía con el carmín corrido.
- La apariencia es un error de entendimiento señora, usted es tan bella que merece una escultura de Botero.
- Ya está el pedante y quién es ese borrachín? Para botero mi tío y no vaya de inteligente para seducir a Bobarín.
- Gabina el conocimiento no es producto de la inteligencia sino de la voluntad- aclaró Bobarín.
- Claro y yo soy de letras y leo mucho – apuntilló el vendedor de seguros.
- ¿Será pedante? Pues yo soy de ciencias y de los libros sólo leo los números de las páginas ¿ Se lo repito con ritmo de número primo?
- Por favor Gabina termina con esta trifulca, toma respira oxígeno- dijo Bobarín poniéndole la mascarilla.
En ese momento un capitán en dos dimensiones causado por aplastamiento se acercó a Gabina.
- Señora ha ganado usted el premio “Belleza interior Boeing 747″ por favor acepte estas flores de parte de la tripulación.
- ¿ No tiene usted flores para hombres?
- Señora, las flores no son para hombres ni para mujeres son flores y estas son para usted.
- Pues prefiero que me invite a cenar en Buenos Aires.
- Señora, no quiero ofenderla pero soy un hombre casado y usted comprenderá…
- Pues no será usted muy feliz si anda regalando flores por ahí.
- Amo a mi esposa, es tan guapa y tan simpática que no parece mi mujer.
- Pues ande y regálele usted estas flores a ella.
- Gabina no seas tan antipática, las flores son de parte de la tripulación- interrumpió Bobarín.
- ¿ De qué parte de la tripulación?
- Mire señora ya no me parece usted Miss. Simpatía así que traiga pa acá esas flores que se están marchitando sólo de oírla.
- Ande, ande, vuelva a la cabina que nos vamos a estrellar.
- ¡ Si, vamos a morir, vamos a morir…- continuó el temeroso vendedor de seguros.
Gabina miró hacia la izquierda buscando distracción. En el pasillo descubrió un apuesto e irresistible egipcio. Gabina siempre había querido conocer uno y viajar al Cairo.
- ¿Es usted egipcio?- preguntó.
- No señora, soy un valerosísimo bombero de Morón, Buenos Aires.¿Por qué lo dice?
- Porque como está siempre de perfil.
- Claro señora si estoy sentado mirando al frente usted me ve de perfil.
- Pues hábleme mirándome a la cara.
- Es que me mareo- dijo el valerosísimo bombero mirando al frente.
- ¿Está usted enfadado conmigo?
- ¿Por qué debía estarlo?
- No sé, como no me habla nunca.
- Señora ni soy egipcio ni la conozco a usted.
- Pues debería conocerme porque soy un encanto.
Cuando Gabina volvió la vista hacia sus compañeros de viaje Bobarín andaba troquelando un beso al vendedor de seguros.
- Ten cuidado Gabina que me ha dicho un tal Neville que una señora tuvo siete hijos en un desliz.
- Gabina por favor que esto es sólo para ver si adivino su nombre…¡Óculo! Se llama usted Óculo!- el vendedor de seguros sacó un billete de cien pesos y se los dio a Bobarín.
- Si señora es usted muy perspicaz…y me saca muy bien los cuartos.
- Pues usted señor besa muy bien, creo. Béseme otra vez que ya no me acuerdo.
En la pantalla del avión proyectaban el bonito drama “ Se llamaba María, como todo el mundo” una película inventada para dormir la siesta. Los pasajeros dormitaban cuando un terrorista de al-Qaeda irrumpió en el pasillo enfundado en un original chaleco pirotécnico.
- Este chaleco no es nada , llevo conmigo “Bacilos de Koch” y exijo que el avión cambie el rumbo hacia Washington DC- dijo el saboteador.
- ¿ Qué son los Bacilos de Koch?- preguntó Gabina.
- Creo que es un grupo de rock que toca muy mal.
En ese momento la Gabina melómana que vivía dentro de Gabina pegó un salto sacando la Kalashnikov. Con pulso firme apuntaba al fanático rompecuerdas cuando una voz hombruna surgió de su garganta como si del mismo Leónidas se tratara.
- ¡Hasta aquí hemos llegado! Bobarín baja la ventanilla que hoy tenemos fuegos artificiales.
Bobarín obedeció, el valeroso bombero de Morón empujó por la espalda al terrorista que salió despedido dejando tras de si una preciosa estela de fuegos de artificio con gran éxito de crítica y público.
- ¡Viva las fallas, viva San José !- gritaban todos al unísono. Los pasajeros aplaudían, el capitán volvió con sus flores a Gabina, se descorcharon más de veinte botellas de champagne y apareció la vaca adiestrada que fue asada a la parrilla. Bobarín, ajena al jolgorio, continuó probando los besos del vendedor de seguros para asegurarse.
( Continuará)

20 enero 12

Viaje sin fe de vida ni de erratas

 

Cuando los hombres buscan la diversidad, viajan. Wenceslao Fernández Flórez

Viajar es imprescindible y la sed de viaje, un síntoma neto de inteligencia.Enrique Jardiel Poncela

 

 CAPÍTULO XVII

No se había acostado hace mucho Bobarín cuando una voz que parecía venir de debajo de la cama y que realmente venía de debajo de la cama le dijo :
- Bobarín has de viajar con tu amiga Gabina a Argentina…
- Gabina sal de ahí que es donde guardo las pelusas y me las vas a desordenar. ¿ Por qué quieres ir a Argentina?
- Por que he encontrado un viaje muy barato, además no soy Gabina soy un fantasma gordo.
- Los fantasmas no son gordos ni flacos, son pesadísimos, además no hay que comprar lo barato porque suele resultar inútil, lo barato siempre termina saliendo caro.
- Que no Bobarín que esto es muy útil, dada tu ahincada tendencia a la erudición he pensado que deberías viajar más para ampliar tus horizontes.
- Mi horizonte ahora mismo es reunirme con Orfeo y no tener una noche de tres meses.
- Ché mamita no seas salame y ani-mate.
- ¡Pero si hablás boludo!, mañana mismo partimos a Buenos Aires.
Era la primera vez que Bobarín y Gabina viajaban en avión y andaban muy agitadas, tanto que si se las llega abrir se hubiera llenado todo de espuma. El aeropuerto también estaba revolucionado pues se estaban retrasando vuelos por culpa de un volcán islandés que tenía un nombre tan difícil de pronunciar que todo el mundo lo llamaba el “Volcán Islandés”.
- Déjenme ver sus billetes señoras- Bobarín sacó la cartera y le enseñó dos billetes de veinte euros.
- Perdonen pero dada la erupción del “Volcán Islandés” su vuelo queda retrasado por culpa de las cenizas en suspensión.
- Otras que están suspendidas, las calificaciones no son todo en la vida- protestó Gabina que no tenía estudios ni apartamento.
- Tienes razón Gabina en cambio las recalificaciones si. Señor mi billete es para hoy.
- Con el debido respeto siento comunicarle que los vuelos de hoy son los de ayer así que venga usted mañana para volar hoy-
- Pero si yo vine ayer.
- ¡Pardiez! Haberlo dicho antes, disculpen las molestias, pasen, pasen.
Cuando llegaron al aeropuerto tuvieron que pasar por la aduana donde detuvieron a Gabina por portar una Kalashnikov, pero no pudieron quitársela porque era un recuerdo de su mamá. Una vez en el avión como ninguna de las dos veía bien no encontraban el asiento que les correspondía y se quedaron paradas en el pasillo hasta que se acercó un auxiliar de vuelo.
- Buenas tardes señoras, pueden seguir ustedes ahí de pié que les queda muy bien.
- Pues no sabe usted cómo nos quedan las butacas, si supiéramos cual es nuestro sitio lo ocuparíamos con creces.
El amable azafato las acomodó y subió la Kalashnikov el porta equipajes dejando un suave hedor a sobaquina.
- Ah, es usted axilar de vuelo, ya no quedan oficios como los de antes, enhorabuena.
- Gracias señora es un oficio de tradición familiar- dijo mientras  acomodaba a las damas junto a un apuesto vendedor de seguros.
- Vamos a morir, vamos a morir…- susurraba tembloroso – ¿ Están ustedes aseguradas?-
- Si señor, estamos muy seguras de nosotras mismas- respondió Gabina.
- Tiene usted la frente agobiada de miedo, lo mejor para la angustia es entretenerse con otras cosas- le aconsejó Bobarín
- Yo propongo una partida de backgammon- sugirió Gabina.
Antes de que despegara el avión tenían montada la timba. Se hacían unas trampas descomunales, el asegurador contaba en francés, Madame Bobarín tenía un dedo de más y Gabina uno de menos desde que su abuelita se lo cortó por señalar. Todos contaban apretándose los dedos en la pantorrilla disimuladamente aún así la partida estaba muy nivelada ya que apenas intervenía la suerte.
- Gabina estás contando de menos, así gana cualquiera.
- ¿Ahora caes en mi cuenta? Yo no hago trampas.
- Embustera aqui hacemos trampas todos.
- ¿ Embustera? Yo sólo miento dos veces al día.
-  Si, cuando habla y cuando calla- dijo Bobarín mirando al vendedor de seguros que movía las fichas con cara de sospechoso.
-  Bobarín es usted maravillosa, voluptuosa, una mujer capaz de destruir la geometría, me tiene usted impresionado- dijo mirándola a los ojos para entretenerla mientras sus fichas daban saltos comiendo la de su contrincante.
- En realidad sólo poseo una belleza académica pero con este modelito decimonónico gano mucho, usted si que hace trampas mejor que nadie.
- Y eso que estoy muerto de miedo, presiento que el avión va a caerse dentro de un momento-
- Por Dios pues que retiren los momentos de la pista-
- ¿Qué es un momento?- infirió Gabina interrumpiendo el flirteo.
- Debe ser como un agujero negro.
- ¿Y eso qué es?
- Una espinilla, creo.
El asegurador estaba empotrado contra el asiento de delante debido al paracaídas que acababa de calzarse.
- No entiendo porqué tiene usted tanto miedo a volar, parece un hombre muy viajado.
-Si señora tengo una cultura internacional he estado en la montaña rusa, como tortilla francesa, tengo una puntualidad británica, una paciencia de chinos, un pie de bailarina y otro de cama.Ahora viajo a Argentina para aprender a venderme.
- ¡Es usted un tesoro! Relájese y piense que es mejor viajar disfrutando lleno de esperanza, que llegar.
Por el pasillo se acercaba una azafata para servirles el almuerzo.
- Yo no tomaré nada gracias, me sienta mal el bigote y las albóndigas de guerra.
- Pues yo creo que el bigote le sienta muy bien- dijo la azafata que no se abrió el escote porque lo tenía abierto.
- Usted señora lo que quiere es ligarse a mi compañero de asiento y yo le vi antes.
- Estas albóndigas son una porquería. ¿No tienen carne argentina?- dijo Gabina.
- Pues no señora, teníamos una vaca adiestrada para que su carne estuviera blanda y sabrosa, también sabía dar la patita, tanto que un buey se la pidió y se fue a vivir a Albacete.
- ¡Huy Albacete!, yo soy de Albacete- dijo más animado el vendedor.
- Pues yo soy muyyyy de Albacete.
- Azafata como siga así le propino un albondigazo- amenazó Bobarín.
- ¿Es muy largo el viaje?- preguntó Gabina intentando solventar la batalla.
- Espera- dijo Bobarín bajando la ventanilla del avión que absorbió a la azafata.
- ¡Mira qué mona! No me había caído en gracia pero si que sabe caer con gracia- tras esto sacó el dedo calculando el viento predominante y volvió a cerrar la ventanilla. Parecía que todos los pasajeros debían haber aprovechado para despeinarse en ese ratito de nada.
- Calculo Gabina que estaremos en doce horas-
 ( Continuará)
Dedicado a Marcelino, porque en Argentina también se leía La Codorniz.

 


07 diciembre 11

En lunes ni te cases ni te embarques

CAPÍTULO XVI

Sólo lo imaginario es verdad y nada es verdad si no puede imaginarse. Clorata de Potasa

 

Se oían truenos a lo lejos.
- ¡Gabina de tanto mirar al cielo te va a salir una nube en el ojo!-
- A qué voy y lluevo- dijo una nube.
Bobarín, Gabina y Jesús se apresuraron al ayuntamiento para celebrar el casorio pues amenazaba con llover. Como no podían compartir el paraguas porque no tenían paraguas, compartieron la lluvia. Al llegar a la municipalidad infirió Bobarín:
- Mi amor ¿ No van a venir tus padres?
- No pueden, se fueron en un accidente de coche.
- ¡Oh Jesús, cómo los míos! ¿ Se salieron de la carretera?- interrumpió apesalumbrada Gabina.
- No, se los tragó el coche.
- Qué mal trago, lo siento ¿Murieron en el acto?
- No, murieron treinta años después de muerte natural.
- Qué tristes son las naturalezas muertas.
El alcalde comenzaba a impacientarse. Un besugo con su limón debajo del brazo compartía banco con Gabina y con un jamón vivo.
- Por favor señores si quieren casarse hoy terminen con este ataque de cencerrofrenia. ¿Desean proferir los contrayentes alguna palabra antes de que proceda?
- Si por favor que llevo aquí toda la tarde y como tengo un reloj tan pequeño no tengo tiempo para nada- dijo el besugo.
- ¿ Y ese quién es?
-La cena.
- Señores quieren dedicarse unas palabras o voy al grano.
- Lo que faltaba si ahora se va usted Al Grano no terminamos nunca.
- Yo sólo tengo que decir que estoy en la gloria- dijo Bobarín levantándose y alzando los brazos.
- ¡Ay! Pero, ¿te has muerto?- preguntó Jesús afligido.
- No, bobo, es del gusto.
- Menos mal Bobarín creí que hablaba con los muertos o que también me había muerto yo.
- Estás muy vivo y muy guapo aunque sin colear, pero como no sé qué más decir no digo nada más.
- Yo quería decirle para que conste al besugo y al jamón vivo que la amo a usted Bobarín por que es muy ahorradora no hay más que ver lo despacio que enciende usted las luces.
- Las que usted tiene que parece un árbol de Navidad.
-Me sube usted la moral Madame.
- Es que soy muy moralista, tanto que creo que me voy a casar sola.
- Tiene usted razón Bobarín, no nos casemos piense que las mujeres casadas se vuelven egoístas y les hacen la vida imposible a sus maridos ¿ Usted no quiere hacer eso, a qué no Bobarín?
- ¡Diós me libre! Anulado quede el casamiento y listo, lo mejor es no involucrarse mucho en estas cosas ni en las otras,  cojo ésta que es mi última alegría y me voy con Gabina a Las Vistillas a echar un vistazo.
- Además ya hemos perdido los papeles y en esto de las nupcias son imprescindibles con tanta burocracia.
- Burogracia la que no tiene usted. Ea, aquí no se casa nadie- El besugo y el jamón aplaudían por el indulto.
 -Perfecto porque no me gustan las mujeres casadas. Cada día la gente está más loca- dijo el prometido que no había cumplido su promesa.
- Sobretodo todo usted Jesús que aún teniendo nombre de estornudo me ha durado menos que una tos.
Bobarín y Gabina fueron a las Vistillas para ver la puesta de sol y celebrar su fracaso tomándose un Gin Tonic.
- Para ver la puesta de sol llevamos esperando todo el día-
- No hay derecho, siempre hacen lo mismo.
- Analicemos lo acontecido esta mañana y lleguemos a una conclusión.
Se sentaron las amigas a analizar concienzudamente lo sucedido pero como no querían llegar a ninguna conclusión incómoda porque estaban muy cómodas decidieron hablar de otras cosas.
- ¿Te acuerdas de Eusebio?
- Si, claro, el que se ahogó en la playa.
-  Si pero se ahogó fuera del agua con un hueso de pollo que pasaba por ahí.
- Pues ya podía haber pasado de largo.
- Iba de corto, concretamente en traje de baño.
- Pobre hombre, mira que ahogarse sin avisar…
Llegó la puesta de sol, luego la puesta de Gin Tonic y después un acordeonista muy pesado, que al menos pesaba 120 kilos.

22 noviembre 11

Diálogos en el desayuno

 

CAPÍTULO XV

Todos los chorizos se ahorcan. Greguería, Ramón Gómez de la Serna.

Gabina y Bobarín desayunaban mientras barajaban la posibilidad de presentarse a un concurso de indiferencia.
- ¿ Entonces qué Bobarín nos presentamos?
- A mi me da igual.
- Pues entonces vamos a ganar.
- Pero si no me importa ganar ni siquiera me importa quedar segunda, esos premios están todos dados. Lo bueno es quedar la cuarta como Francisco Carreño en el Planeta, pero como me da igual.
- Pues tu me dirás…Yo voy a apuntar lo que tengo que hacer hoy para que no se me olvide.
- Pues yo voy a apuntar lo que no tengo que hacer que es justo lo que terminaré haciendo.
- ¿ Qué apuntas Bobarín?
- Te apunto con el dedo.
- Eso es muy feo.
- Pues el tuyo más.
En ese momento sonó el teléfono que sonaba “ring, ring”, como antiguamente sonaban los teléfonos, Bobarín sintió un pálpito y un gas, primero arregló lo segundo y luego saltó sobre el teléfono.
- Residencia de Madame Bobarín ¿ Quíen habla?- Hubo un silenció que Bobarín se apresuró a romper con un golpe de karate.
- ¿ Quién calla?
- Bobarín soy Jesús, el que la mira a usted cuando no lo sabe.
- Ah, Jesús! Ya le localizo, ¡ Qué bien mira usted! Apenas se nota que me vigila aunque debería hacer los agujeros del periódico más pequeños.
- Son para que quepa el bocadillo de chorizo.
- Dígamelo usted a mi.
- Si ya se lo he dicho.
- Digo que un bocadillo de chorizo de Salamanca es más importante que ser un buen espía.
- No lo sabe usted bien.
- Que si lo sé, por eso se lo digo. Comer es lo primero charro.
- Dígamelo.
- Pues se lo estoy diciendo.
- Parecemos bobos.
- Sobre todo usted.
- Si te callas te toco el bandoneón.
- ¿ Qué es el bandoneón?
- Una cosa que suena y que todavía no se ha inventado.
- ¡ Ah si, el Ipad!
- Si, eso- Se oye un estornudo.
- ¡Jesús!-
- A mandar-
-¿ Qué pensaba su madre para ponerle nombre de estornudo?
- Sólo sé en quien pienso yo y es en usted Bobarín.
- Lo siento Estornudo pero tengo que colgarle que estoy desayunando.
- ¿ Es qué había usted ayunado?
- Un ratito, mientras dormía esta noche.
- La dejo entonces sin reproche- Jesús colgó sin más y sin menos.
- ¡Ay Gabina, este hombre no pierde ripio!
- ¿ Es tu novio?
- No, entre Jesús y yo no hay nada.
- ¿Entonces es tu marido?
- Pues mira, es mejor casarse y luego ser novios.
- Qué lista eres Bobarín.
Tras el desayuno se ataviaron con sus respectivos tocados y salieron a la calle. Apenas atravesar el quicio de la puerta apareció Jesús como en una aparición bíblica.
- Bobarín, no sé cómo manifestar la profunda tristeza que aflige mi corazón…-
- Pues manifiéstese con una pancarta como todos.
- No me tome a guasa Bobarín, yo la amo y le quiero recitar unas coplas, escuche :
Cuando me parió mi madre
Yo acababa de nacer,
y a los quince días justos,
yo tenía medio mes….-
- ¿ Y eso fue antes de ayer?
- Déjeme Bobarín, déjeme…que aún tengo fe en conseguirla.
- Suprimido el saber qué fácil es tener fe.
- Tiene tanta razón, yo no puedo probar con la razón que la razón no existe.
- ¿Eso tiene doble sentido?
- Si, para que me comprenda a medias.
- Jesús que tengo prisa ¿ Se quiere usted casar conmigo o qué?
- Por supuesto primero nos casamos y luego somos novios, como debe de ser.
( Continuará)

Dedicado a Alberto Urrutia mi fiel amigo y compañero de canapé, de los que se comen no dónde se duerme y Paco Carreño un poeta como la copa…de lo que más os guste.


14 noviembre 11

El Cerro de Las Vistillas

Capítulo XIV

Cuando el amor ha sido una comedia, la relación termina en drama.

Alphonse de Lamartine

 

Hacía cinco minutos que había fallecido Gauchito, un pequeño pez que alegraba la casa cantando apoyado por un coro de microbios. El dolor no puede medirse por la causa, sino por el efecto. Desde que murió Gauchito en la casa reinaba el silencio, sólo se escuchaba el caer de una gota de agua desde la gotera del salón. Gabina se acercó a Bobarín que luchaba por mantener el equilibrio subida a una escalera.
- ¿Pero qué haces ahí arriba Bobarín?
- Intento aprovechar la gotera poniéndole un grifo.
- Salgamos a tomar el aire.
- Yo ya lo he tomado en la cocina, pero tienes razón hoy me gustaría enseñarte el Cerro de Las Vistillas.
Gabina y Bobarín mojaban pan con cabrales en vino tinto sentadas en una terraza de Las Vistillas. Mantenían una acalorada conversación porque hacía mucho calor.
- Mira Gabina, tienes que perder el miedo a las relaciones.Los hombres son muy divertidos.
- Claro, nunca has tenido uno el tiempo suficiente como para aburrirte.
- Que no, hay que saber ver, mira los hombres son la parte más divertida de la mujer.
- A mi me parece que la parte más divertida de una mujer es tu turbante.
- Bueno, es que mis tocados tiene buena cabeza.
- Pues eso Bobarín, que a mi los hombres como son tan sencillos se me hacen muy complicados.
- Pero Gabina los hombres son más claros y directos. Tengo una vecina que se debe creer que las caras no se han inventado por cantidad de maquillaje que se pone, los hombres en cambio llevan la cara lavada.
- ¡Fíate! Que también tienen sus secretos.
- Ya pero como son secreto nunca se sabe. Mira a la Ramona que le salió un ojo en la sien de tanto mirar a casa de su vecina.
- Ya. En el pueblo hay un par que les ha salido una cornetilla en la oreja pero no todas las mujeres son cotillas.
- Saben poco y murmuran mucho, Gabina. Tal vez si supieran mucho…
- No todas las mujeres son así. Mira qué virtuosas son las de la Junta de Damas de la Honradez y el Trabajo.
- Mujer no te líes y hazme caso, no rechaces las caricias de amoríos que al paso se te ofrezcan.
- ¿Pero a quién tienes en cabeza?
- Pues mira conozco a un escritor de manos que ha ganado el Premio Cerguantes. Le han traducido la mano a cinco idiomas. Los lectores de manos le van a hacer un monumento.
- Los lectores de manos son muy pesados, sobretodo cuando las leen en voz alta. Yo prefiero leer recetas de cocina o el periódico de mañana aunque al final me paso el día leyendo instrucciones y haciendo colas.
-Yo tengo enciclopedias y tomos de manos completos, yo te tomo la mano, te la dejo de tomar…Así es la vida Gabina.
- Déjate de hacer de Celestina que yo prefiero mirar el paisaje. Mira qué bonito paisaje el que se ve dese aquí.
- Pues el que no se ve ¿ Qué me dices de ese?
- Ese es precioso.
-  Los paisajes que no se ven ya no son como los de antes.
- ¿ Antes de qué?
- Antes de comer, Gabina, siempre es antes de comer.
- Tampoco las comidas son como las de antes- dijo Gabina mientras volcaba el platito de cacahuetes en su bolso.
- No hagas eso Gabina.
- Pues si no quieres que haga eso haré lo otro- e hizo lo propio con las aceitunas.
- Qué a gusto hemos estado Gabina mira cómo ha caído la tarde-
- Si, está por lo suelos.
- Deberíamos volver a casa antes de enero.
- Venga que es tarde y me gustaría preparar un caldo de tortuga.
- Nunca es tarde si la sopa es buena.
- Vámonos entonces. Yo tengo tanto sueño que se me ha dormido una pierna.
Se disponían a levantarse cuando un galán se acercó a nuestras damas.
- Dichosos los ojos que le contemplan Bobarín. Aunque dejáramos de ser novios no hemos dejado de ser primos.
- Señor usted se confunde yo no soy su prima.
- Si que lo es y me rompió el corazón. Vengo a decirle que no me importa más que se riera usted de mi. Ría, ría porque lloraremos tanto…
- Qué afición al drama.
- Comparada con un verso suelto es usted toda una novela.
- Le ruego diga lo que ha venido a decir, antes de que se me duerma la otra pierna.
- Vengo a despedirme porque tengo que irme.
- ¿ Dónde va usted?
- A la guerra, a morir por usted y por mi patria.
- Pero si no hay ninguna guerra.
- La inventaré por usted. Suélteme, déjeme ir…
- Señor, si yo no le estoy agarrando es que se ha enganchado la chaqueta con la silla.
- Me llama el deber. Adiós pichoncito, adiós.
- Adiós mi amor y no te mueras.
- Que si, que seguro que me muero y nunca más me vuelves a ver.
-  ¿Pero quién lo dice?
-  La voz de la experiencia.
- Pues tiene usted la voz de la experiencia un poco ronca.
- Pedí luces a la suya para guiarme y se fundieron los plomos.
- A veces donde mejor se ve es en la oscuridad. Y no sobre actúe o no le aplaudo cuando termine.
- Puedo leer la indiferencia en su frente.
- Señor si yo no le deseo ninguna guerra ni ningún mal. Yo no le deseo…nada.
- No busco ya el deseo busque un hueco donde enterrarme a mi con mi recuerdo.
- Qué fácil es hacer drama.
- Muy señora mía me dio usted la miel de sus labios para luego arrebatármela.
- Tenga en cuenta señor que la miel es manjar indigesto.
- Alimento del alma. ¿ Ya no recuerda cómo arrebatada sacrificó nuestro cariño por un bocadillo de calamares?
- Algo me suena. Ahora que me habla de moluscos cefalópodos se me está abriendo el apetito.
- Queden escritas en tinta de calamar mis palabras imprudentes y desatinadas en esta carta que le entrego. Me voy, me voy y le entrego mi amor.
 Aquél hombre desapareció dejando sobre la mesa un bocadillo de rabas que Bobarín y Gabina compartieron de vuelta a casa. No insistan en la desventura y en la tragedia pues no es drama cuando llora el actor sino cuando llora el público.

Dedicado al poeta Pepe Ramos y al pez que está al otro lado de mi pecera.


18 octubre 11

Al natural. Gabina llega a la ciudad

CAPÍTULO XIII

El hombre que se ríe de todo es que todo lo desprecia. La mujer que se ríe de todo es que sabe que tiene una dentadura bonita.Enrique Jardiel Poncela

Bobarín había recibido recientemente una misiva de su amiga Gabina anunciando su llegada, pero los días pasaban y allí no arribaba nadie. Desconsolada y contrariada Bobarín escribía con pulso tembloroso:
Zarzadilla de Totana, 27 Agosto 1890
 Ingrata Gabina no se si finalmente has abortado el viaje a la Villa o has enviado una carta avisándome de tu demora a Paquito el Chocolatero. Sé que no dejas de escribirme por Olvido, que es una señora que antes se llamaba Alaska. ¡Ah! No morirá de empacho nuestro cariño pero pudiera morir de hambre. Como no vienes a visitarme todos creen que me invento que tengo una amiga Gabina, anda qué me iba yo a inventar un nombre así, si me inventara una amiga se llamaría Patata Frita…
Antes de que cayera la primera lágrima sobre el papel,que era una papeleta del bingo,alguien entró por la ventana que era una puerta.
- ¡Gabina! ¡Quita de la ventana, me estás tapando la vista!- dijo Bobarín emocionada.
-¿Hacia dónde me muevo? ¿Qué vista prefieres?
-¡La que me estás tapando!- Y ambas se fundieron en un abrazo atravesándose con efusión y estrellándose contra la pared.
Recordemos que su amiga Gabina era una huerfanita bisiesta de ochenta años que hacía las amistades de Bobarín desde su infancia, lo que no sabían ustedes es que Gabina era también cleptómana, ludópata, juerguista y sabía hacerse la tonta incluso mejor que Bobarín.
Gabina era tan sospechosa que creía que todo el mundo era sospechoso, de nadie se fiaba, esa era la causa de que nunca llevara cartera y de que Bobarín tuviera que correr con todos sus gastos. Gabina no tiene principios pero tiene unos orígenes monísimos, sobre todo porque nació de una pieza. Bobarín la tiene por una mujer muy optimista pues cuando toma alubias con chorizo no le pasa nada. En una ocasión Gabina tuvo un novio al que quiso mucho, pero no podía casarse sin el consentimiento de sus padres y como era huérfana y con los tiempos que corren decidió dedicarse a la virtud que es muy económica. Cuando la detienen por algún pequeño hurto y se la llevan ante el juez ella siempre declara lo mismo “ Teniendo juicio vive una tan a gusto” y sale de allí tan contenta con su amiga Bobarín que la considera muy juiciosa. “ Mi amiga Gabina, de todas ha salido muy bien mirada”, declararía Bobarín en el Faro de Vigo “ No ha roto un pleito en su vida”. Y es que Gabina había aprendido a salvar de la ruina su conciencia.
 Sin deshacer el equipaje porque Gabina no tenía bagaje…se lanzaron a la calle sin dejarse hablar la una a la otra. Atropellándose y pisándose los zapatos llegaron al Club “Con-medias y Copilla” en el que entraron encantadas aunque se trataba del Club de Comedia y Coplilla.Allí encontraron una pared de ladrillo y un cómico que se llamaba Abundancio y contaba cosas de lo más tristes. Cuando terminó la actuación Bobarín estaba destrozada del dolor. Gabina y un tal Martini la consolaban cuando se acercó el artista.
- Abundancio para servirlas. ¿No le ha gustado a usted la actuación?
- Muchísimo caballero, muchísimo, pero es que era tristísima, es usted un genio, nadie me había hecho llorar así desde la desamortización de Godoy.
- ¿ Puedo sentarme a vuestro lado de ustedes?
- Si no pide usted permiso…si- apuntillo Gabina.
- Es usted todo belleza en exquisito concentro de intelectualidad y emoción-dijo el cómico mirándola mientras Bobarín se hacía la despistada.
- Tengan, estos son los horarios de mis próximas actuaciones.
- ¿Y honorarios, tiene usted honorarios?- Preguntó Gabina.
- Muy buenos, de nueve a doce.
- Entonces tiene tres…¿Y sueldo? ¿ Tiene usted sueldo?
- ¿Qué es eso?
- Una cosa.
- ¿Pero usted sabe qué es?
-  Si, pero no se lo quiero explicar porque no son horas para eso.
- Tiene usted razón son horas para que yo le pida la mano.
- ¿Pero cómo sabe usted que tengo una mano?
- No hay más que verla y seguro que tiene dos.
- Yo creo que no hay nada entre nosotros.
- Entonces demuéstrelo y quítese la ropa.
Y así lo hicieron. El tardó un poco más en desvestirse porque llevaba el traje de buzo, Gabina en cambio llevaba el modelo “váyase usted a pasero”. Lo de quitarse el traje no le importaba nada a Gabina ya que ella se quitaba siempre la falda en la peluquería para no gastarla. Después de pelar a una pava que pasaba por allí Gabina, animada por Bobarín que siempre alentaba a juzgar con pasión, le concedió al cómico una de sus manos y corrieron al Ayuntamiento.
Abundancio y Gabina fueron muy felices durante una semana y media. Como ya no tenían pava se pasaban el día pelando pipas y las llamaban peladillas. Hasta que un día Abundancio agotado de pelar pipas encendió la radio y escuchó decir a un Zapatero que había llegado a  presidente “Que era urgente reducir gastos”, por lo que con toda la tristeza de su estómago se vio obligado a abandonar a Gabina y a Bobarín en una tienda de complementos. Abundancio se despidió muy bien, diciendo:
- Adiós muy buenas-
 Así comenzó Gabina a olvidar sus valores que eran dos.

Dedicado a Marta Manrique allá en las tierras de Byron y  Gervasian Vintage


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