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30 octubre 14

Pensar es moverse en el infinito

Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños. William Shakespeare

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde. Francis Bacon

CAPÍTULO XLIX

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Godoy Álvarez el del Farias disfrutaba de su puro ante la atenta mirada de las damas, en especial la de Bobarín que le envolvía como si del mismo humo se tratara atrapando la imagen en una ilusión nublada, el mismo sueño que le acompañaba cada tarde durante el último año cuando el atardecer tiende su manto de nostalgias. De fondo se podía escuchar un concierto de piano y tos, un original dueto compuesto por el afamado compositor Ricardo Llorca con el objeto de ahorrar esfuerzos al distinguido público, tal era el contexto que Bobarín se abandonó a un inevitable huracán de romanticismo.
-Es tan guapo…- se le escapó a Bobarín en un indiscreto suspiro.
-Los miércoles es el día que estoy más guapo pero normalmente sólo me ven en la oficina.
-Su belleza late ocho días a la semana.
-Qué va, los jueves me afeo muchísimo.
-Aquí no hay plazos, su belleza es reversible.
-Usted Madame lo que tiene es la belleza de la autenticidad, mírese- dijo Godoy acercándole un espejo de bolsillo. El espejo se miró en Bobarín sintiéndose tremendamente satisfecho, esto hizo que Bobarín a su vez se mirara muy satisfecha apoderándose de ella una incontrolable emoción salpicada en lágrimas por todo el vagón.
-¿Qué te pasa Bobarín? ¿Por qué lloras?- le preguntó Gabina pasándole una cebolla.
-Es que cada vez que alguien me mira con cariño me provoca ganas de llorar.
El tren pitó anunciando una parada, Godoy preso aún del pánico corrió las cortinas del camarote.
-¿Pero quién le persigue? Cuéntenos, déjenos ayudarle.
-No quiero implicarles, es mejor que no sepan nada.
-¿Ha matado a alguien?
-Ojalá hubiera sido sólo eso. Antes me pagaban por ello.
-¿Y qué podemos hacer?
-Ocultarme.
-¿De quién?
-De la Guardia Real.
-¿Es que hay una de mentira?- acuñó Gabina.
-Lo que debería hacer usted es dibujarse un bigote real.
-O escribirse una historia de mentira.
-Buena idea Gabina, cambiar la historia es lo más práctico.
-Paso.
-Eso, pase, pase.
-Que paso.
-Pase y nos cuenta la nueva historia.
-Sois imposibles. Voy a relataros lo que nunca sucedió para que suceda.
-¡Así se habla!- exhortó Gabina.
-Shhhhh…
-Es que empieza muy bien la historia…- dijo Gabina mientras Bobarín le tapaba la boca.
El público estaba entregado; Godoy continuaba siendo el centro de todas las miradas y oídos -que eran tres y medio- se ajustó la corbata, estiró los brazos y anudando las manos hizo crujir sus nudillos antes de comenzar a orar.
-Seré breve…
-Ahora es cuando estira la pata- susurró Gabina.
-Aquella mañana el sol no quería salir y es que la noche anterior no quería acostarse a su hora.
-¿Entonces había sol o no había sol?
-Eso no es menester Gabina, ahora lo que importa es saber que el sol es un poco sinsorgo.
-Señoras se trata sólo de una licencia poética para ganar tiempo a ver que se me ocurre.
-¿Pero había sol o no había sol?
-El sol no quería salir y tuvo suerte, amaneció nublado y nadie notó que durante aquel día el astro padre se las pasó durmiendo. Llovía como nunca, ni Noé recordaba un diluvio como aquél. Aranjuez estaba anegado por el agua, normalmente las tormentas engendran partidas de Parchís pero antes de la media tarde los habitantes habían desarrollado branquias, boca de piñón y ojos de lenguado a la plancha.
-¡Qué bonita historia! ¡Qué preciosidad!
-Pues a mi me gustan más las anchoas rellenas de aceituna y lo de Noé está ya un poco pasado…
-Pasado por agua- dijo Gabina.
-Me vais a cortar la inspiración. Los habitantes se encontraban como peces en el agua, yo como es normal estaba un poco escamado. Los bancos habían pasado a ser de peces y todo el mundo era muy feliz. Un día comenzaron a caer suculentos gusanos y ninfas como maná del cielo. -¡Cómeme, cómeme! -decían los gusanillos desde la superficie del agua.
-¡Qué superficiales!- interrumpió Gabina.
-Uno de los peces más gordos, el que dirigía el banco de peces, pegó un bocado a uno de los gusanos y ¡Zas! Algo tiró de él con fuerza y desapareció en la nada sin dejar rastro. Cada día desaparecía media docena de habitantes. Una mañana mientras me encontraba nadando por el fondo, pues soy un hombre muy profundo…
-El mar es tan profundo en la calma como en la tempestad…- interrumpió esta vez Bobarín.
-Sí señora y es más difícil proponer y hablar con gracejo y sosiego que guardar silencio con desprecio, en el fondo el silencio puede ser muy amargo. Como le iba contando me encontraba en lo más profundo de mi mar cuando descubrí un tapón. Aquello parecía un desagüe. Reuní a todos los habitantes y les propuse con mansedumbre y gracejo la idea de quitarlo, intenté convencerles de que estaban estancados, pero todos consideraron que eran felices aislados del mundo sin más problema que el de buscarse una mosquita viva para cenar y una muerta para ligar. ¿Pero no os dais cuenta?- les dije- Vivís en una pecera a la sopa boba, os basta con nadar, desovar y picar en el anzuelo, estáis dejando que os manipulen- pero ellos lo negaban por que alguien había hecho muy bien su trabajo ya que para manipular con eficacia lo primero es hacer creer a la gente que no están siendo manipulados.
-Están terminando con vosotros, estáis a la merced de los de arriba y a la merced de los peces gordos de aquí abajo.
-Qué más da si hay alguna baja que otra. ¡Aquí somos felices!
En pocas semanas todos habían dejado de pensar. Una noche tomé mi propia decisión y decidí sacarles de aquel estado absurdo, sin más dilación quité el tapón.
-Dicen que todos los tontos son felices…debiste dejarles en su Matrix.
-Yo sólo les ayudé a reflexionar…
-Ja, ja, ja. Les obligaste a pensar que no es lo mismo pero no se puede ayudar al que no se quiere dejar ayudar.
-Pensar es vivir dos veces. Lo hice por ellos creo que todo deseo estancado es un veneno.
-¿Ah sí? ¿Por ellos? ¿De quién era ese deseo? ¿Y qué pasó después?- preguntó una incisiva Bobarín.
-Volvieron a recuperar sus pulmones, sus problemas sus hipotecas y pusieron una recompensa por mi cabeza.
-¿Y cuánto cuesta?
-Qué más da Gabina, no vamos a entregarlo.
-Bueno por curiosidad ¿Sólo por un dedito tuyo qué dan?
-Venga Gabina… contente. ¿Y qué hizo usted?
-Corrí tanto que llegué aquí antes de salir.
-Aquí está a salvo. Está claro es que hay personas que prefieren no pensar y que se lo den todo hecho y no se puede ir de salvador por el mundo. Muchos prefieren vivir engañados.
-A peces nos confundimos…
-Qué mala leche tienes Gabina. Los peces gordos donde mejor están es en salmuera pero  para ayudarte mañana me corro una juerguecita con el sol y les inundamos otra vez de ignorancia.
-Si hiciera eso por mi- dijo Godoy asiendo a Bobarín por la cintura.
-…tan antiguo como el Edén es el “Pescado Original” – continuaba Gabina hablando pasa si misma mientras descorchaba una botella de vino.
-Oye si nos vamos a emborrachar yo ya no me movería de aquí.
-Yo tampoco.
-¿Con quién hablas?
-Menos mal que eres de las que tienen unos segundos de memoria.
-¿Dónde estás?
-Estoy en otra página…- dijo Bobarín besando a Godoy con pasión.
Gabina asomó la cabeza al pasillo del tren y gritó:
-¡Una de anchoas rellenas de aceituna!

Continuará

rellena

Anchoa rellena de aceituna

Dedicado a mi amigo Alejo Axel Heyer, a los bultos sospechosos habituales y a todas las anchoas que tienen siempre la sazón.

coronilla

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12 septiembre 14

To lose a Toulouse

“¡Mira que estaba mal!… Pues nada”  Miguel de la Quintana.

 CAPÍTULO XLVIIIlautrecbobarín

A Ramonita pareció no molestarle la fingida e irónica indiferencia de Bobarín a la cual respondió con una elegante actitud incisiva.
-Poca carne tiene usted para poner en el asador…- dijo Bobarín tocando su escuálido trasero- ¿Usted no come por pobre o por presumida?
-Mi belleza y perfección es de he-reeen-cia, estoy bien hecha porque generación tras generación en mi estiiiiirpeee se ha vivido muuuuuyyy bien, sepa usted que proveeengooo de una familia de raaaancio aboleeeengooo.- dijo Ramona exagerando un acento de lo más cursi siguiendo el juego a Bobarín.
-Huy los abolengos no me los como yo ni maduros, ni verdes ni rancios.
-Pues será usted lo único que no se come.
-Las buenas estirpes son las que se endurecen, las que sobrevivimos a base del trabajo de nuestro sudor… las que sabemos que engordamos por todo lo que no nos mata y nos inmunizamos contra el mundo este.
-Yo estoy hecha de otra madera.
-Si querida pero la carcoma no entiende de maderas, cuando llega, llega.
-Señora yo no estoy delgada por lo que como o dejo de comer.
-Claro que no, es por lo que le recarcome.
-A mi nada me remuerde, hasta pienso mucho en los pobres, mi lema es “Da pan al que tiene hambre”
-Huy y que de hambre a los que tienen pan, porque mírese, está usted que da pena verla.
-Yo soy de buen comer, se lo juuuuro…
-Ja, ja, ja Osea… ¡Una pija que jura! ¡Qué novedosa!- rió Gabina.
Parecía que esta vez nuestra dama había encontrado una contrincante a su medida algo que la excitaba sobre manera, incluso comenzaba a caerle bien, si había de perder a Toulouse bien estaba que fuera por una mujer con personalidad que en cualquier caso ya había robado el corazón del pintor años antes.
-Ramonita, Ramona, mi amor. Soy yo, Toulouse ¿No me recuerdas?
-Pues claro que te recuerdo tonto, llevo buscándote toda la vida, te perdí en la cola del supermercado, te busqué en congelados, en la carnicería, en bebidas…te esperé años junto a la caja. ¡Tres cajeras murieron en ese tiempo! Creí que me habías abandonado, pero al mirarte hoy a los ojos…
-Mi amor.
-Mi vida- y ambos se fundieron en un abrazo convirtiéndose es una bonita estatua de bronce.
-¡Ay Gabina! He estado cerca… pero ni premio, ni puro- exclamó Bobarín.
-¿Cómo que no? Aquí tengo un Farias.
Al oír la palabra Farias Bobarín dio un respingo abandonando aquella actitud derrotista que no iba con su carácter ni con su sombrero. A veces gustaba jugar a ser lo que no era en un vano intento por sentir lo que el mundo esperaba que sintiera pero Bobarín siempre encontraría triunfo en la derrota.
-Trae pa acá ese habano.
-Bueno espera, que sólo me queda uno y no sé…- respondió Gabina bromeando.
-Ya sabía yo, eso más que un habano es un avaro…
-Sólo bromeaaaba bobarina, si ni siquiera es de la Habana- dijo Gabina mientras cortaba el extremo del codiciado puro.
-Con los vicios y la comida no se bromea, estoy harta de repetírtelo.
-Menuda bronca por naaa…
-Pues a mí me encanta que me caigan puros.
-Ji,ji,ji…- rieron al unísono.
En el estrecho camarote la escultural estatua bicéfala y nuestras amigas compartieron el humo del Farias que comenzó a condensarse en una amenazante nube.
-Abre la puerta o abre mi paraguas- se quejó Ramona.
-Qué pesada, las estatuas ya no son lo que eran, tan calladitas señalando con un dedo al horizonte.
-La nube esta parece que está tomando forma de tornado…tú verás…
-Ta tomando tor-tornado tu verás…qué pesadita ta.
Al abrir la puerta Bobarín vio una fugaz sombra a contraluz que se apresuró hacia ellos introduciéndose en el camarote.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué era eso?
-¿Y dónde está?
-No veo nada.
-Cuidado que a lo mejor muerde.
La espesa niebla ciclogénica se fue disipando, bajo la cama sobresalía una temblorosa levita.
-Salga de ahí intrigante… cosa- ordenó Gabina. El bulto sospechoso se aferraba en su escondite, sin más dilación Bobarín tiró de él –fundido en blanco- ante los perplejos ojos de Bobarín y Gabina apareció un polvoriento y desencajado Godoy, Manuel Godoy Álvarez el del Farias, les sonara pues el famoso albañil que terminó siendo pocero ha sido nombrado anteriormente en esta biografía por ser el favorito de Bobarín, de Carlos el del cuarto y de su mujer; un hombre válido y valido donde los haya.
-¡Quieren ahorcarme, mi vida pende de un hilo!
-Dirá usted de una soga…- acuñó Gabina.
Toulouse mantenía la mirada lánguida sobre Ramonita, en el cristalino de sus ojos se podían ver pasar tiernas imágenes de su juventud junto a la moza; aún así no ajeno a la nueva e inesperada visita suspiró.
-¿A quién van a matar? A lo largo de estos años a falta de mi Ramona…¡Cuánto he deseado que me visitara La Parca!
-¡Bravo! ¡Así se habla! – exhortó Gabina.
-¿Pero qué dices bruta?- se quejó Ramonita.
-Lo que quiero decir es que si no tenía ganas de vivir que al menos las tuviera de morir.
-Está usted loca…
-Yo no lo creo. Mire, lo primero no tiene remedio pero lo segundo sí- explicó Bobarín apoyando a su amiga.
-Oigan ustedes, con todo el respeto por la estatua esa, pero el que está en apuros soy yo- se quejó Godoy.
-Aquí el que no está en apuros se fuma uno.
-Eso. Ya está bien de querer tener siempre el protagonismo. Uno viene con que le quieren matar, otro con que se quiere morir…¿Y los que queremos vivir tan panchos, qué? ¿No contamos?
-Tienes razón Bobarín, pásame el puro – rogó Godoy alargando su temblorosa mano.
-Amor mío yo te sacaré de apuros, calmaré el temblor de tu mano, no pudiendo fumarnos la vida juntos, nos fumaremos un habano.
-Poeta, poeta, eres una poeta- aplaudía Gabina mientras Bobarín continuaba recitando llevada por ese rapsoda que todo enamorado lleva dentro.
-Le amo con tanta locura
que si el cinismo era mi condena
ahora es mi tortura.
-Muy bonito pero…¿Me pasas el Farias? ¿O qué?

(Continuará)

Dedicado a Miguel de la Quintana de Amargord ediciones. 

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19 agosto 14

Las bolsas de la Ramona

CAPÍTULO XLVII

“Las bolsas de la Ramona son más grandes que su cuerpo, Ramona te quiero…¨

capXXXVII

“Mientras yo sepa de qué me pongo, me da igual de qué me pingan, digo pongan”

-¡Ay qué bien se está cuando se está bien!- suspiró Bobarín. Dicho esto y tras disfrutar del gustirrinín que da compartir las cosas buenas, cayó dormida sobre el hombro de Toulouse.
-A ver cuánto dura esta paz- dijo Gabina con el papo aplastado contra la ventanilla. Y es que lo que suele suceder cuando uno está bien es que aparece alguien para estropearlo. Creo que fueron más de cinco apacibles minutos de descanso; los pájaros mugían, las vacas maullaban y los postes eléctricos bailaban a su son.
– ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!- desde el exterior alguien golpeaba el tren a su paso -¡Qué pare leñe! ¡No voy a perder este tren! ¡No señor! ¡Este tren si que no lo pierdo!- El ferrocarril frenó de golpe; Bobarín salió despedida hasta la sala de máquinas, Gabina perdió la dentadura postiza –pero conservó la de verdad- y Toulouse creció cinco centímetros de y del golpe.
Se encontraban parados en mitad de la nada. Una mujer cargada de bártulos con un paraguas colgando del brazo se introdujo en el vagón pegando gritos ininteligibles mientras caminaba propinando golpetazos a su paso. Hay mujeres que caminan cargadas hasta las trancas para poder abrirse camino entre la masa humana valiéndose de sus bolsas, suelen llevar objetos punzantes cargados de mala saña para ayudarse a la hora de adelantar en el paso de cebra o de apearse en el autobús, esta, era una de ellas.
Toulouse -una vez habiéndose acostumbrado a la nueva medida de las cosas- ayudó a la nueva pasajera a colocar los bultos en el compartimento para equipaje. Después de haber organizado las bolsas, la jaula del guacamayo, un reloj de pared, varios baúles, un organillo y un puesto de castañas la miró sonriente y complacido con las pupilas en forma de corazón, la mujer sin apenas mantenerle la mirada le dijo –Gracias, ¿puede por favor acomodar también mi sombrerera? Y no espere propina.
   Bobarín regresó alegre y ufana de la sala de máquinas dónde había preparado una barbacoa al carbón con algo de matanza que llevaba en el refajo. Al darse cuenta del interés que despertaba la señora de las bolsas en Toulouse fingió perder el equilibrio pisándole sin querer un prominente juanete que latía bajo su zapato.
-¡Huy! Disculpe, le he pisado sin querer antes de que usted me saque un ojo queriendo- la mujer apuntó desafiante a Bobarín con su paraguas, en ese oportuno instante Toulouse ofreció su brazo a la mujer de las bolsas acompañándola a tomar asiento.
-No entiendo por qué este género de señora lleva siempre veinte bolsitas colgando en lugar de meterlo todo en una- dijo Gabina.
-Es una mezcla de Síndrome de Diógenes con afán de aparentar, fingen que van de tiendas pero luego no llevan nada dentro, como mucho compran una prenda y la cambian cien veces, en el resto de las bolsas llevan relleno de almohada y unas mandarinas para merendar.
-En definitiva, utilizan los bártulos como coraza para golpear a diestro y siniestro mientras farfullan… vete tu a saber qué farfullan.
-Yo creo que hablan otro idioma, uno que se parece al alemán.
-A veces bufan como un gato.
-Y van a la misma peluquería.
-¿Son las mismas que se hacen las tontas para colarse en las colas?
-Sí, son las mismas.
-¿Las que si les preguntas por una calle te indican erróneamente a propósito?
-Ellas. Pero luego se confiesan al cura y salvan su alma.
-¿Su alma va también con bolsas?
-Eso ya no lo sé. Dijo Bobarín mientras buscaba ansiosa la fiambrera en su bolso. Por el pasillo dando tumbos volvía Toulouse triste y apesadumbrado, limpiándose el sudor con un pañuelo tomó asiento junto a Bobarín y permaneció cabizbajo.
-Esa mujer que acaba de subir es Ramonita, mi primera novia. ¡Ay Bobarín! La he mirado fijamente a los ojos pero no me recuerda. Me temo que no fui nada para ella.
-¿Y qué pasó? ¿Cómo la perdió?
-En una cola.
-No me diga más.
-¡Ay Bobarín! Las viejas heridas tienen vida propia.
-Ni que lo diga, yo tengo una bala incrustada entre las costillas desde La Guerra del 14 y no vea cómo se resiente con el mal tiempo.
-Me refería a las heridas del corazón.
-¿Le dispararon a usted en el corazón?
-Si señora, varias veces.
-Bueno, pero no se preocupe que por ahora dan buen tiempo.
-A veces se me resiente tanto que no sé si me duele por delante o por detrás.
-No vaya a ser reuma…
-No señora es mal de amores.
-¿Y eso es contagioso?
-Qué vacile tiene.
-¡Ay Toulouse! Es que se me pone usted moñas y me estropea la tarde.
-¿Usted nunca se ha enamorado?
-Yo me enamoré una vez perdidamente, las otra veces me enamoré también perdidamente y sigo enamorándome perdidamente todos los días. Vamos que como encuentro el amor lo pierdo.
-¿Ha mirado usted en objetos perdidos?
-En los de este tren no. ¿Qué le parece si vamos a fisgar?
-Disculpen que me entrometa ¿Les importa que les acompañe?- interrumpió la señora de las bolsas- es que he extraviado un ojo.
-Faltaba más, tal vez encuentre usted unas gafas y me reconozca, digo que como está usted estrábica…
-Perdone ¿Ha dicho algo?
-Y también sorda…
-Oye ¿Tu crees que te compensa que te reconozca?- le preguntó Bobarín metiéndole un codazo nada disimulado.
-Dejemos lo de los objetos perdidos para más tarde que ese vagón no se va a perder- dijo Gabina. Bobarín continuaba buscando ansiosa en su bolso.
-¿A qué hora comienzan a servir la cena?
-Aún es pronto Bobarín.
-Tengo un hambre feroz, ojalá pudiera comer algo. Bueno, ojalá pudiera quitarme ese pensamiento…
-Pues no nos queda nada de reservas en la maleta.
-¡Mujer! ¡No me des tristezas para distraerme el hambre!
-Ya no sabe una como entretenerte. Toulouse ¿Por qué no la rondas un poco hasta que abran el restaurante?
-A estas horas yo acostumbro a beberme un orujito.
-Pues vayamos a empinar las costumbres.
-¿Y hoy qué celebramos?- preguntó Gabina guiñando el ojo a su compañera.
-Mi divorcio. Hoy celebramos que me divorcio de mi misma y me lo dejo todo.
Gabina, Toulouse y Bobarín se apretaron dentro del camarote del artista que se apresuró a pintar un par de botellas de orujo para después sacarlas de su lienzo.
-¡Voilá! – exclamó el pintor.
-¡Voilà!- dijo Ramonita que aparecía en ese instante por la puerta.
-Esta se apunta a un bombardeo- dijo Gabina, pero Ramona hizo caso omiso y ayudada de un par de bolsas se abrió paso hasta Tolouse.
-Es usted todo un artista. ¿Qué piensa del arte conceptual?- prosiguió Ramonita mientras le atusaba la barba.
-Eso, eso. ¿Qué fue antes la estatua o la gallina?- infirió Gabina con mala leche.
-Mmmm…pues antiguamente se inventaba entre todos una figura emblemática, un Napoleón, un Roberpierre o algo así y después se le hacía una estatua, ahora con el arte conceptual se puede hacer una estatua y luego decidir a última hora quién es.
-Muy práctico ¿Y a usted qué tal le va desde que se murió?- preguntó Bobarín.
-Ya sabe, no falta nunca gente que se acerque a calentarse a la hoguera del éxito, pero cuando uno se va a Triana…- Toulouse no podía dejar de mirar a Ramonita a la que realmente dirigía sus palabras, Ramona, Ramona, Ramona, la mujer que llenara su vida años atrás y ahora si quiera le reconocía.
- Qué razón tiene, cuando la hoguera se apaga, sólo los que le quieren a uno de verdad le ofrecen su calor…- dijo Bobarín arrimándose a Toulousse y aplastándole con una teta.
-Alguien tiene ceeeloooos- dijo Gabina silbando al aire.
- Esta señora es una fresca. ¡Qué digo una fresca! ¡Es un futón verbenero!
-¿Has oído algo Gabina? Toulouse sírvame otro orujo por favor- y alzando la copa clamó- ¡Mientras yo sepa de qué me pongo, me da igual de qué me pingan!

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23 julio 14

Bobarín sienta la cabeza

CAPÍTULO XLVI

A veces el piso más alto es el peor amueblado.

Madame Bobarín

 

Stradivarius cabalgaba a lomo de Cary Grant; unidos por la desesperación perseguían el tren en un vano intento por dar caza a sus amigas. Gabina y Bobarín representaban para ellos una alegoría a la vida, la ilusión, la magia, la alegría, la esperanza, un destino en libertad, un sueño… Un sueño que no alcanzarían nunca si ese tren paraba porque señores, sólo ellos eran dueños de su destino y había llegado el momento de cortar aquel cordón umbilical.
- ¡No nos dejéis aquí!
- ¡Bobarín te necesitamos!- gritó Cary desmoralizado, pero las damas parecían no haberse dado cuenta de la triste escena que acontecía en el exterior.
- ¡Oh Dios mío! ¡Qué tristeza! ¡Corre más jamelgo, corre!- Stradivarius golpeó con su funda la ventana del tren sobresaltando a las mujeres.
- Bobarín, estoy fatal, me creo hasta lo que veo.
- ¡Ostrás! Cary y Stradivarius nos persiguen.
- Qué pare el tren- ruega Gabina.
- No Gabina, déjales ir. Hazme caso, les hacemos un favor.
- Oh Bobarín, no puedo, son nuestros amigos, nos necesitan.
- ¡Qué nos van a necesitar! No mires atrás.
- ¿Por qué?
- Si miras atrás la imagen permanecerá como una promesa y no es bueno vivir esperando nada.
- Pues bien que hemos esperado para que no se nos escapara este tren.
- ¡Ah no! El tren nos esperaba a nosotras querida.
Fuera como fuere y ante la desolada mirada de nuestros amigos, el tren fue haciéndose pequeñito hasta despeñarse en el horizonte.
- Siendo los dos una tristeza, ya no será tristeza si no alegría- se consolaba Cary.
- Tú eres bobo.
- Bueno, era para consolarte, ni siquiera la frase es mía es de Villaespesa…
-Espeso estás tú.
El tren ya había desaparecido mientras Cary y Stradivarius se consolaban con el mal de muchos y unos gin tonics.
***
Un sacerdote debidamente ataviado con su traje talar tomó asiento junto a nuestras damas.
- Creo que ha llegado el momento de sentar la cabeza- pensó Bobarín en voz alta.
- ¿Decía algo señora?- El cura parecía ansioso, al hombre le habían aconsejado en su diócesis que hiciera un viajecito para desengancharse de sus vicios y es que últimamente se había vuelto adicto a los secretos de confesión.
- Sí, ya lo he decidido, voy a casarme conmigo misma- bajo la perpleja mirada del sacerdote Bobarín se levantó y agarrando a Gabina del brazo se dirigió hacia la locomotora en busca del “Capitán del Tren” que gustoso y con la bendición de Gabina casó a Bobarín con ella misma embargada de alegría e ilusión.
- ¡Cómo me quiero!
- ¡No he visto nunca un amor igual!- sollozaba Gabina llevada por la emoción.
En el vagón y ajeno a todo, Toulouse pintaba bocetos y apuntes de Madame Bobarín.
- Te puede dominar la belleza o la cabeza, pero yo nunca dejaría que la belleza me domine- le interrumpió Bobarín mientras curioseaba los dibujos por encima de su hombro.
- … claro que siendo usted tan bella debe resultarle difícil…
- ¿Lo dice con retintín?
- No señora lo digo yo solito. A mi nunca me dominará la cabeza porque la he perdido por usted.
- Pues por mi en lugar de perder la cabeza ya podría encontrar un buen trabajo.
- Por usted me haré ingeniero. ¿No cree entonces que es un mérito vestir tanta hermosura con tal holgada inteligencia?
- Yo no creo que las guapas sean tontas por necesidad, sólo que a veces se hacen bobas sin necesidad.
- Eso lo dice usted que además de belleza posee una inteligencia cegadora.
- Qué va, a veces estoy tan lenta que me parece que una persona se cruza consigo misma frente a mis narices.
- Eso es que la gente va muy rápido, andan como locos de un sitio para otro sin disfrutar de las pequeñas cosas, como el hecho de estar con usted.
- Hombre pequeña cosa…nunca me habían llamado.
- Entiéndame usted, para mi sois una persona grande.
- No se paseeee…
- No me refiero a su tamaño. Míreme a mi que como buen fruto de la endogamia no levanto ni un metro y medio del suelo.
- Mire jovencito si no fuera capaz de empatizar no me gustaría nada lo que dice.
- ¿Pero le gusta?
- Es que soy muy empática.
- Y le sienta a usted muy bien esa enfermedad.
- Me sonroja. ¿Pero no considera que es usted muy joven para mi?
- No sería tan joven, ni tan bajo, si no apuntara tan alto.
- Hombre visto así…
- La amo por auténtica, por ser usted misma.
- ¡Ja! Imagínese vivir siendo otro mismo.
- No le falta razón pero no me negará que la sociedad esta insiste en imponernos las pautas para ser feliz. ¡A mi me van a decir lo que necesito!
- ¿Y qué necesita usted para ser feliz?
- Con mi lienzo y mis pinceles me basta.
- Es usted el hombre de mi vida, además me cabe en el bolsillo.
- La amo. ¿No tiene sitio para mi en su corazón?
- Seguro que sí, espere que haga mudanza que siempre tiro algo.
Gabina llevaba un buen rato propinando codazos a Bobarín escandalizada por lo que estaba sucediendo.
-Bobarín ¿Has perdido la cabeza? Deja de coquetear con ese hombre ¡Que acabas de contraer matrimonio mujer!
Bobarín llevada por la lujuria y haciendo caso omiso de su amiga, se lanzó sobre Toulouse propinándole un beso de Supercinexin.
- Muy bien. Te has puesto los cuernos a ti misma. ¡Adúltera, adúltera!- gritaba Gabina por el pasillo.
-Tranquila que yo me perdono soy una mujer muy comprensiva y nada rencorosa- y continuó besando al pintor mientras se lo metía en el bolsillo.
- ¡Ay! ¡Qué bien se está cuando se está bien!- suspiró Bobarín.
Continuará

Algunos prefieren asomar la cabeza al cielo a meter el cielo en su cabeza. Capítulo dedicado a Gabriela Fígulis.

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14 julio 14

Postimpresionado. Toulouse-Lautrec pierde la cabeza

CAPÍTULO XLV

Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro. Jacinto Benavente

Lautrec
 
En capítulos anteriores:

Stradivarius, el caballo Cary Grant, Gabina y Madame Bobarín se las veían para sobrevivir ante la creciente e imparable espuma de plátano que había invadido su hogar. Ambas damas huyeron despavoridas de la casa abandonando indolentes violín y caballo a su suerte. Sin más enseres que un libro y un cepillo de dientes -con el único fin de tener algo que llevarse a la boca- se descolgaron por la ventana hasta la calle.

-Bobarín me voy a la peluquería a leer revistas- dijo Gabina sacudiéndose los tropezones de plátano de su vestido, como si tal cosa.
-Muy bien, yo aprovecharé para tomarme una cerveza en Santa Bárbara mientras devoro mi libro- jubilosas, se despidieron las damas tarareando Plátano Baloo como dos colegialas.
No llevaba Bobarín más de cinco minutos en la cervecería cuando el camarero se acercó ofreciéndole el teléfono.
-Señora, le llaman de la peluquería “Te Tomo el Pelo”
-Ah, esa es mi amiga Gabina. ¿Cómo sabe usted que soy yo la que busca?
-Me la han descrito.
-Y por curiosidad. ¿Cómo me ha descrito esa sinsorga?- pero cuando Bobarín levantó la cabeza el camarero había desaparecido.
-¿Gabina?
-Sí, Bobarín te llamo porque he tenido un pedazo de idea y me da miedo que se me olvide.
-¿Por qué no te vienes aquí y me la cuentas?
-Por que es una idea muy grande y pesa mucho.
-Bueeeenooo, pues te envío a Paquito el camarero que es muy fuerte para que me la traiga.
-Esa si que es una buena idea. ¿Y tu cómo haces para que no te pesen?
-Para que no pese una idea sólo hay que realizarla- y apuró su cerveza con un sonoro sorbo de los que roban el alma a la cebada.
En promesa de una buena propina Paquito hizo gustoso el recado aunque a duras penas pudo traer aquella la idea que de tan grande no cabía por la puerta por lo que se vio obligado a dejarla aparcada en la acera.
-Señora su amiga me ha encargado que le de este nota, la idea la encontrará aparcada en segunda fila a cargo del guarda llaves.
-¿Le parece a usted bonito? Ahí pueden estar las ideas, claro, así a la hora de la verdad nadie tiene una idea buena, ya lo decía mi madre “Hija mía tu no pienses” y va usted y le hace caso- contestó Bobarín mientras asomaba con curiosidad la cabeza por la ventana para encontrarse con una locomotora agitándose como una batidora; con calma y dando un trago a su nueva cerveza abrió la nota de Gabina.
“Querida, te espero en el primer vagón. Nos vamos en un viaje sin destino ni retorno previsto. Deja de leer ese libro y levanta el culo de la silla, la lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren. Estoy como una locomotora, veo la luz al final del túnel y no es un tren. Celebremos nuestra libertad por todo lo bajo. Gabina.”
Por todo lo bajo es como se venían celebrando las cosas desde que la crisis arrasara el mundo, lo de celebrar su libertad era un género de vida que llevaban siglos practicando y el libro lo seguiría leyendo allá dónde fuera, lo único del plan que excitaba a Bobarín era el hecho de tener un tren a su plena disposición.
-Señora, su tren de largo recorrido está en la puerta fumando pitidos, el maquinista parece ansioso, pegada a una ventanilla una señora llora y se suena los mocos mientras se despide de un violín que toca la canción más triste del mundo- se quejaba Paquito esperando su propina.
-Venga, por simpático le dejo las aceitunas- se despidió Bobarín mientras vaciaba los cacahuetes en su bolso y dejaba un par de olivas custodiadas por un puñado de relucientes huesos.
Cuando Bobarín llegó al vagón Gabina conversaba ufana con un hombre de acentuado acento francés, un individuo de pequeño tamaño con barba y gafas coronado por un bombín que batía su bastón en el aire llevado por la euforia de la conversación. Al ver a Bobarín cesó de aspear los brazos y aflojándose la corbata se presentó a nuestra dama.
cabaret copy-Toulouse-Lautrec para servirla- dijo el galán besándole la mano.
-Madame Bobarín, para que me sirva usted… un gintonic.
-Es todo un placer. ¡Marchando un gintonic!- Toulouse desenrolló un lienzo y pintó en él un gintonic con mucho hielo, terminada la obra introdujo su mano en el cuadro y ofreció a Bobarín el aparente bebercio.
-¡Oh! Muchas gracias caballero, usted y yo sí que vamos a hacer migas. Bueno migas para desayunar pero visto su don creo que vamos a cenar ostras y caviar.
-Acompañado de un ChâteauLafite Rothschild.
-Hombre ya que estamos y si no le importa prefiero el producto nacional. ¿Qué tal un Vega Sicilia con Denominación de Origen Ribera del Duero?
-No sé yo ese vino qué tal lo pintaré…lo que suelo hacer es pintar “tempranillo” por la mañana un Cabernet Sauvignon y lo dejo cinco años en barrica, pero a estas horas…
-¡Vaya a usted a saber dónde estamos dentro de cinco años!
-Yo también soy artista, artista independiente- interrumpió Gabina.
-Más bien es artista dependiente, primero fue dependiente de sus padres y ahora de mi- apuntilló Bobarín.
-Lo que es todo un arte es verme así con mi edad- contestó Gabina con la cabeza bien alta mientras se tocaba el busto orgullosa.
-Lo malo de viajar en coche-cama a esta edad tan artística…es que una termina baldada.
-Eso se arregla con un masaje.
-Miedo me dan los masajes, ¿Cree usted que si me doy un masaje corro el peligro de adelgazar?
-En todo caso adelgazaría el masajista.
-Qué labia tiene usted. Creo que sale el tren.
-¿Lo ha visto moverse?
-No. Hay que saber ver por las orejas querido Touloue- dijo Bobarín guiñándole un ojo al pintor, en ese momento la cabeza de Toulouse desapareció bajo el bombín que flotaba en el aire como si de un Magritte se tratara.
-¡Diantres! Otro hombre que pierde la cabeza por mí. Gabina, por favor, pregunta al revisor si hay alguna cabeza con olor a trementina en objetos perdidos.

 Capítulo dedicado al antes amigo que poeta George Clark

Notas de interés: Otro título que barajaba ” Tolouse-Latrain” (en inglés postimpresionista, perder el tren)

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01 junio 14

República Bananera

CAPÍTULO XLIV

Llega un momento que te das cuenta de que no es que te hayas especializado en algo, sino que algo se ha especializado en ti. Arthur Miller

 

Sor Olla. Actualmente expuesto en la Galería Ara Arte. Madrid

Sor Olla. Actualmente expuesto en la Galería Ara Arte. Madrid

    El deseado actor continuaba pretendiendo a Bobarín con el único fin de heredar su fortuna que -como nosotros sabemos pero el ignoraba- se reducía a un puñado de ilusiones ya invertidas en delirantes negocios de dudosa rentabilidad. Por su lado, la astuta Bobarín había conseguido que los aires de grandeza abandonaran a La Marquesa que como un globo deshinchado yacía flácida sobre el diván.
-¿Sabías que doña Adelaida se ha separado de su marido?
-¡Ya han tardado!- cotilleaban las damas al fondo de la sala.
-Yo soy de clase media, no tengo acceso a reflexiones tan profundas…- ironizó Bobarín.
-Por mí como si se separa Ortega de Gasset o Ramón de Cajal – interrumpió Gabina.
-Aquí todos tenemos ganas de contar nuestras historias.-se quejó “La Marquesa”.
-Lo malo es que sus historias son siempre las de otros…
-Así se habla Gabina y usted marquesa a ver si deja de refunfuñar- añadió Bobarín.
-Pero si no he dicho ni muuuu.
-Que utilice usted silenciador no significa que no se delate el “refunfuño” en su rostro.
-Una ya no puede ni sufrir en paz. ¡Ay qué vida más dura…!- se lamentó la marquesa.
-Mujer, deje de darse pena de si misma, mejor démonos alegrías de nosotras mismas.
Bobarín comenzaba a cansarse de sus invitados, sobre todo de los que pagaba por horas mientras vaciaban su mueble bar, por lo que fingió recibir una carta sazonada en ántrax y ordenó desalojar la casa y acordonar la zona. Clooney que ahora era un clásico mayordomo “Fermín” se despidió apesadumbrado; estaba el Cassanova besando con elegancia a nuestra dama cuando pegó un respingo hacia atrás.
-¡Pardiez! Creo que el ántrax le ha afectado al crecimiento capilar. ¡Me ha pinchado con el bigote!
-¡Se habrá creído usted que el bigote es exclusividad de los hombres!
-No se excite, al menos no tiene usted un pelo de tonta.
-¡Ah no! Cuando me sale uno de esos me lo quito con la eléctrica- respondió Bobarín señalando el enchufe.
-Aunque me pinche usted no se olvide nunca de mi, recuerde que este humilde actor la amó por conveniencia. Nunca un querer ha sido tan interesado.
-No se preocupe, de vez en cuando le preguntaré a mi ascensor que tiene más memoria que yo.
-Adios muy buenas Madame.
-Mira Gabina, acabo de perder otro novio.
-No te preocupes querida, tendrás otros y también los perderás.
-No sé qué haría sin ti. El origen de mi fortaleza es que nadie me ha amado nunca…
Stradivarius y Cary se habían escondido en la cocina para no ser desalojados con el elenco y aprovechando el ambiente culinario cocinaban unas chuletas de cordero y un batido de plátano.
-Mmmmm…Parece que algo se está cocinando.
-Menos mal porque a este paso me voy a quedar en los huesos- se quejaba Gabina que al compartir aventuras con Bobarín a estas alturas del libro ya había perdido treinta kilos.
-La única manera de no quedarse en los huesos es comiendo- dijo Bobarín mientras hacía una demostración práctica con las chuletillas, allegando al hueso y dejándolos bien peladitos sobre el plato.
-¡Bobarín! ¡Con tus demostraciones te has vuelto a comer todas las chuletillas!- se quejó Gabina.
-Ten cuidado Gabina que la gente termina siempre por condenar a los que acusa. Observa, huesos y huesos.
-No se preocupen señoras ahora mismo les traigo el postre- no terminó esta frase Cary cuando comenzó a salir una enorme masa amarillenta de la cocina invadiendo el salón, aquel magma ambarino semejante a la espuma para apagar incendios anegó el piso engullendo a nuestros protagonistas.
-¡Oh Dios mío! ¿Qué es eso?- gritaba Gabina. Entre el espumajo se oía la voz ahogada de Stradivarius.
-No se qué ha pasado, me he puesto a batir y aquello ha comenzado a crecer…
-¿No estarías batiéndolo con nata?
-¡La que has montado!
-Esta casa se ha convertido en una República Bananera.
-¡Siempre dando la nata!- bromeaba Gabina mientras se relamía.
La espuma de plátano había invadido ya la sala, Bobarín aprovechó para afeitarse el bigote, Stradivarius tocaba aquella bonita canción de los plátanos de Canarias, mientras Cary al intentar seguirle el ritmo planeó sobre las peladuras…
-¡Cáscaras! ¡Qué resbalón!
-¡Estoy de los carbonos hasta los hidratos!- se quejaba Bobarín mientras intentaba alcanzar la puerta.
-Esto no parece oro ni plata ni naaaa…- protestaba Gabina sacando la cabeza por la ventana.
-Tu come a ver si baja la marea.
-¡Me has mordido los bajos!- gritó Cary que reaccionó propinándole una patada a Bobarín en el trasero.
-Esto parece un batido de futbol.
-¡Ponle setas y hacemos la Champiñons League!- acuñó Gabina.
-¡Menuda frutada!
Continuará

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03 marzo 14

Un cúmulo de imperfecciones perfecto

CAPÍTULO XLIII

Los deseos se tienen, no se piden. Lo que se pide es el objeto del deseo. Francisco Umbral

MADAME BOBARÍN

Madame Bobarín llevaba horas sin levantarse de su diván, disfrutando agradecida de la vida horizontal. Stradivarius, Cary Grant y George Clooney atendían a sus deseos colmándola de caprichos y piropos. Es curioso cómo Bobarín suele despertar un deseo irrefrenable de cuidarla, no es que parezca débil, qué va, tal vez, el hecho haber adquirido como actitud el hacer lo menos posible había sido asumido por el resto de sus amigos de tal manera que llegaban a creer que tenía algún problema en desplazarse a causa de su peso, como si el solo hecho de levantarse pudiera agotarla o quizá la desinteresada generosidad de la dama les hacía sentirse deudores de aquella entrega casi servicial que, por otro lado, la dama agradecía junto esa cándida sonrisa que tanto escasea en el mundo este. Pero Clooney llevaba esta entrega a tal límite que comenzó a convertirse en un mayordomo inglés.
-¿Desea algo de comer Bobarín?- se ofreció Clooney con una servilleta blanca colgando del antebrazo.
-No, gracias Fermín. No como entre bebidas.
-Debería comer como yo, para empapar.
-No me extraña que sea usted tan pesado, comiendo tanto…
 -Las que no paran de comer mientras la critican son la marquesa del Foie y sus amigas.
-”La higadilla” es tan chismosa que aprendió francés para cotillear en dos idiomas.
-Es evidente que no maneja biel el arte del dime y direte. Cuando se critica no se come.
Desde la mesa de juego se escuchaba a la marquesa arder en quejas, asegurando indignada tener un pelo en la sopa.
-Bobarín, disculpe pero esto es inaceptable, tengo un pelo suyo en la sopa.
-¿Qué me ha ahogado usted un pelo?
-¿Uno? Creo que tengo más pelos que fideos.
-¡Es usted una pelicida! ¡Salga ahora mismo de mi casa!
Gabina se acercó a Bobarín para intentar paliar sus sofocos con gin tonic.
-Bobarín, intenta condescender. Comprende que esta mujer es una multimillonaria muy desgraciadita.
-Supongo que el dinero le ayudará a soportar las desgracia.¿No?
-La mujer no valora las cosas importantes…los pelos en la sopa, la amistad…
-Señora, venga pa acá que yo le enseño a usted a ser pobre en un periquete- exhortó Bobarín dirigiéndose a la Marquesa de Foie.
-¿Haría eso por mí?
-Sólo tiene usted el cerebro un poco esclerosado, tráigalo pa acá que le hago unas friegas. También necesito que meta toda su fortunita en mi caja fuerte.
-¿Y seré pobre de verdad?
-No tendrá usted ni un cepillo de dientes que llevarse a la boca.
-¿Y seré capaz de valorar las cosas que uno tiene que valorar?
-Dinero, buen vivir, viajes, jóvenes apuestos…dejará usted de ser amante de esas zarandejas.
-¿Dejaré de ser avariciosa?
-¡Ohhh querida! La avaricia termina cuando empieza la pobreza.
-¿Seré humilde?
-Le enseñaré a ser una nueva pobre, pero sin hacer ostentación de su pobreza.
La Marquesa comenzó por abandonar sus aires de grandeza, un huracanado viento recorrió la sala desordenando las pelusas que descansaban bajo los muebles. La grandeza volaba como un pajarillo desorientado entre cuatro paredes, chocándose con los muebles y rebotando contra el suelo.
-La ambición puede volar, pero también arrastrarse. Gabina, por favor, abre la ventana a ver si se va esta ciclogénesis con aire fresco.
Los aires de grandeza parecían resistirse a separarse de la marquesa. Después de haber compartido toda una vida juntos, abandonar el cuerpo de la dama significada salir de la cárcel en la que había nacido. ¿Qué sería de su futuro ahí fuera? ¿Encontrarían a otras personas dispuestas a sentirse superiores?
-¡Volad libres, volad! Sólo tenéis que tomaros a vosotros mismos a la ligera- les animaba Bobarín. Y en el preciso instante que los aires de grandeza se tomaron a la ligera, se hicieron humildes y regresaron dentro de la Marquesa. La sala aplaudió la alquimia y “La higadilla” se terminó tan contenta la sopa de pelos.
Cloonney, maravillado por los dones de Bobarín se acercó a ella retomando aquella conversación que interrumpió el maldito óculo de la discordia.
-Cuando llegué me iba a contar usted a qué se dedicaba.
-Estaba pensando en alquilar perros lazarillos para citas a ciegas.
-¿Entonces ligan los perros?
-Nunca se sabe, tal vez se trate de ligar por los perros que es mejor que por los pelos.
-¿Y si no funciona el negocio?
-Alquilaré perros ciegos para personas lazarillo.
-Aventurada empresa pero ¿y si eso tampoco funciona?
-Me haré futbolista.
-¿Futbolista? Los futbolistas son perseguidos por la ira de los aficionados y por las mujeres que olfatean su cartera. ¿Por qué no trabaja usted en televisión?
-¡Huy! Mi cara es más para la radio. Aunque ahora tengo catarro y cuando hablo, toso.
-¡Qué catarro más prudente!
-Es un señor catarro.
-Entonces envíelo usted a trabajar y quédese conmigo.
-¡Contrólese Clooney! No adule mis imperfecciones.
-Es usted un cúmulo de imperfecciones perfecto.

(Continuará)

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18 febrero 14

¡Que me den morcilla!

CAPÍTULO XLII

Sólo viviendo absurdamente se podrá romper alguna vez este absurdo infinito. (Rayuela. Julio Cortazar)

morcillas

El beso de Bobarín paralizó el mundo, dicen que la tierra incluso rotó en sentido contrario, los relojes de arena cerraron su embudo y los de cuerda hicieron cortes de manga con sus agujas; de Oriente a Occidente no se hablaba de otra cosa, la prensa del corazón ingresó por urgencias para que le hicieran un bypass. Y Clooney ¡Oh Clooney! Mientras el resto de lan mujeres continuaban la partida de cartas el galán enamorado insistía en declarar su admiración por nuestra dama con tal insistencia que el amor de Bobarín comenzaba a remitir como un cangrejo asustado.
-¡Ay Bobarín! ¡Cómo la admiro! Al ver cómo competían todas por mi amor me di cuenta del valor de su silencio abnegado.
- Chico, yo sólo compito conmigo misma.
-Usted no conoce la envidia.
-Claro, porque me importa un pito lo que tengan los demás.
-Y si se tiene mucho le asesinan a uno.
-Lo que le pasa a usted es que ha hecho muchas películas. El asesinato perfecto es asesinarse a uno mismo y que el consorte con suerte cobre el seguro.
-¿Seguro?
-Segurísimo, así no fastidia usted a nadie.
-Qué alma tiene usted Bobarín, qué generosidad. ¿Haría usted eso por mí?
-¿El qué? ¿Asesinarme?
-¡No! No le pido que lo haga sólo si lo haría.
-Ni loca. ¿Y usted por mí?
-Si lo necesitarais lo haría, mi vida a cambio de su comodidad- afirmó el actor levantando la copa.
-Hombre, para eso con que me acerque ese cojín me basta- Clooney colocó el cojín bajo los pies de Bobarín que reposaban sobre un escabel.
-Poso mi frente sobre sus botas…
-Mejor pose la copa sobre la mesa que me está usted poniendo perdida.
-La noto distante.
-Y yo a usted distinto.
-Es que ahora soy un hombre besado por el amor.
-Pues le sentaba a usted mejor lo otro.
-Más bien parece pesado por el amor- interfirió Gabina.
-El amor puede ser muy pesado muy a su pesar.
-No soporto escucharla así. No puedo perderla ahora, es usted una alegre banderilla en el páramo ártico de mi agenda.
En aquel momento sonó el timbre, Stradivarius y el caballo Cary Grant volvían del mesón Rancho Panza alegres como los mozos en las fiestas de mi pueblo. Gabina abrió la puerta y se encargó de introducir bebidamente a los invitados. El violín Stradivarius batía nervudo su caja de resonancia pidiendo a gritos que alguna de las damas le tocara.
-¡Tóquenme por favor! ¡Tóquenme! Si no lo hacen terminaré desafinándome.
-¡Fino vas tu! Desafinarte va a ser complicado- dijo Gabina mientras le servía un vaso de agua.
-¡Qué desafinante!
-Por favor Stradivarius guarda las formas- le rogó Bobarín.
-¡Tóqueme Bobarín, tóqueme se lo ruego!
-Ya sabes que los instrumentos de curda se me dan muy mal.
-Dirá usted de cuerda- le corrigió Clooney.
 -Eso lo dirá usted, yo digo de curda, porque sobria los toco de maravilla.
-Mi amada, ahora que han llegado sus amigos la noto aún más distante- se lamentaba Clooney.
-Sólo estoy intentando poner orden ¿No ve que Stradivarius esta dando la nota sin que le toque una sola?
-¡Me gustaría tener con usted dos palabras!- exhortó Clooney esta vez con desafiante autoridad.
-¿Dos?
-Palabras.
-Pues ale, ya las has tenido.
-Andábamos esta vida sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
-Y al final me vas a encontrar…
Todos sabemos que el amor eterno es muy corto pero este batió records en la Thermomix. Cary Grant después de descalzarse las espuelas se acercó a Bobarín con la mirada de un trotón en celo y un relinchar de whisky que enderezó las pelucas en la sala.
-¡Qué gusto volverla a ver!- dijo con los ojos clavados en el escote de nuestra dama.
-El busto es mío Cary. Pero no me vengas con esa mirada lisonjera que ya nos conocemos.
-Bisojera dirás, porque he perdido las gafas y se me va un poco el ojo…
-Un poco sí se te va, sí.
-Veo que alguien puja por su amor ¿He llegado tarde para retomar lo nuestro?
-Gabina por favor sírvenos una copa que Cary quiere retomar.
 -¿Va George Clooney a destronar a Cary Grant? ¿Ese es su postor?- lloriqueaba Cary llevado por el engañoso amor de la resaca.
-Sí, Clooney es mi postor pero lo convierto en impostor en un segundo. Y ahora déjate de sospechas que Alfred Hitchcock te hizo mucho daño.
Clonney que aún saboreaba la miel de los labios de Boabrín no podía creer que ya no le amaran.
-¿Cómo he pedido sus favores? ¿Qué le he hecho?
-Usted es el sueño de cualquier dama, pero no se olvide que es un actor contratado y cuando salga por esa puerta tendrá otra vida esperándole. No nos engañemos más de la cuenta.
-No Bobarín, engañémonos un poco menos de la cuenta.
-Pues siento decirle que el contrato terminó hace ya media hora.
-No me importa trabajar unas horas más de extra.
-Atienda a razón, es mejor para los dos, hágame caso que he vivido más de lo que usted a dormido.
-¡No es usted tan mayor!
-Claro que no, es que yo duermo mucho.
-Al menos dígame usted cómo ha conseguido ser tan ilustrada en las artes y humanidades.
-Pues comiendo morcilla, mi padre siempre dijo que la letra con sangre entra.
-¡Anda ya! ¡Vete a tomar morcilla!
Y de esta Bobarín se aprendió La Vida es Sueño.
(Continuará)
Un capítulo dedicado a Isidorian Grey. Que nos den morcilla, slogan en defensa de la cultura. 
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03 febrero 14

Maestra de ceremoñas…

CAPÍTULO XLI

Un capítulo de novela rosa en blanco y negro

Odio la realidad, pero es el único sitio donde se puede comer un buen filete. Woody Allen

En el último capítulo Madame Bobarín tonteaba descaradamente con un falso George Clooney,   parte del elenco contratado por Gabina y Bobarín para pasar la velada.

Un capítulo de novela rosa en blanco y negro
 
-¡Qué elenco más aburrido! A este paso voy a terminar siendo maestra de ceremoñas- se quejaba Bobarín- Gabina ¿El carnicero no tenía que venir hoy?
-Tenía que haber llegado ates de ayer.
-Esto pasa siempre con los impuntuales, la única manera de que lleguen es esperarles y la única manera que tienen de llegar es irse.
-Pues este no se va.
-Shhhh…No digas tonterías en público.
-¿Y cómo se yo si son tonterías? Cuando estamos solas te parecen bien.
-Pues eso, tu no las digas en público.
-¿Y por qué?
-Por que luego me toca hacer que nos entiendan y ahora estoy ocupada. Escoger el momento es ahorrar tiempo Gabina…- farfullaba Bobarín mientras recorría la salita con la mirada analizando a sus tediosos invitados.
-Qué cosas le dice usted a su amiga- interrumpió Clooney.
-Descuide. Gabina es una no conformista apacible, con ella da gusto- respondió Bobarín mientras Gabina sonreía en su regazo.
-No nos tomamos tan en serio como hacen ustedes…los actores de la vida esta. Nos conformamos con encender focos de alegría popular- aseguraba Gabina mientras abrazaba a su amiga.
 El actor, confundido, giraba sobre la alfombra bailando los vientos y la polca por Bobarín.
-¡Es usted diplomático!-observó Bobarín.
-No señora ¿Por qué dice eso?
-Porque he notado que se le da muy bien comer canapés y bailar la polca.
-En estos momentos soy por completo un corazón enamorado.
-Y mareado…¡Deje de girar por Dios! Que se le está poniendo cara de alfombra turca.
-¿Usted no sigue a su corazón nunca?
-Depende del marca pasos que lleve. La última vez tuve que montarme en un taxi y decirle “Siga a ese corazón”
-¿Y qué pasó?
-Pinchó el taxi…Mire, en las grandes crisis el corazón o se rompe o se curte; así que a estas alturas tengo por corazón una bota de vino de cuero español.
-Olvide los dolores pasados, bebamos juntos de su bota. La vida no va sin grandes olvidos, con que se quede usted con la esencia de lo aprendido…
-Aprehendido…en esencia o me olvido enseguida o no me olvido nunca.
-De todas formas la memoria no es nunca la misma.
-Está claro, además para crecer hay que apostar…Lo mejor para no equivocarse, es no hacer naaa. Hay que arriesgar, si señor, hay que arriesgar…¿Pero quién le ha dicho a usted que yo quiero estar acompañada?
-¿Tiene usted miedo a las relaciones?
-No me venga con esas ¿O es que tiene usted miedo a la soledad?
Clooney presintiendo que Bobarín se encontraba a punto de sucumbir a sus encantos tomó asiento junto a ella sujetando sus manos con la dulzura del tío más cursi que se puedan imaginar.
-Hay que caminar hacia adelante, nada llega por si sólo; excepto el miedo.
-Sí, ese te va a buscar, el valor es el que espera arrezagado.
-Señora, yo no hago caso de habladurías pero me han soplado que está usted enamorada.
-Soplado, soplado…Pues con la bota de vino se puede usted imaginar que lo que tengo es un soplo de corazón. ¡Uno gordísimo! Tanto que me han salido dos señoras en mis ventrículos embriagados- despistó una vez más nuestra dama que al sentirse atravesada por la flecha de Cupido intentaba inútil cambiar la dirección del viento -¡Qué viento!- del huracán que agitaba todo su cuerpo y estallaba su corsé como una mascletá.
-¿Me haría el favor de presentármelas?- se interesó Clooney mientras esquivaba el último latigazo de la cinta del corpiño.
-Sístoles y Diósteles- dijo Bobarín entre jadeos, señalando a dos hermosas damas que la abanicaban- creo que son hijas de alguna deidad griega- Clooney aprovechando el mareo de Bobarín puso sus frías y nerviosas manos sobre el pecho excitado de la dama que con los ojos oportunamente cerrados esperaba ansiosa el deseado ósculo que por fin recibió en… la mejilla.
-¡Huy que beso más soso! Un buen beso no debería ser singular.
-Tiene usted razón, es cosa de dos. Pero con Sítoles y Diástoles somos cuatro y no quise incomodarla ante tanto público. ¿Le gustaron mis flores?- dijo Clooney contundente ocultando su vergüenza mientras se alejaba de la dama recolocándose el nudo de la corbata.
-Hombre después de plancharlas un poco…
-Es que vine en metro.
-Si dejaran tranquilas a las flores…las pobres se pasan la vida yendo a nacimientos y entierros. ¡Cuanto mejor están es en el campo!
-Debería tomarse la vida con más tranquilidad. ¿Le preparo una Tila?
-Ayyy un Atila, rey de las Hunos y de los otros como el Lexatín; yo para tranquilizarme me como un bocadillo. Ve, ahora me está dando un ataquito de hambre.
-Para eso lo mejor es un a-taquito de jamón.
-¡Oh…adorable Clooney! Dichoso este momento en el que por fin congeniamos…
-Entonces ¿Quiere ser mi novia?- la temperatura volvía a subir en la sala.
-¿Qué es exactamente un novio, querido?
-Un marido disfrazado de bueno, supongo…
-Entonces si, pero no vaya a casarse conmigo.
-Ni por asomo. Mañana la llamaré para ir al teatro. No se vaya usted a olvidar.
-No se preocupe que si me olvido…improviso.
-¿Y en qué trabaja ahora mi adorada dama?
-Trabajo en lo que haga falta, en lo que se me ocurra. Todo trabajo es digno.
-Bien se que a usted no se le caen los anillos.
-Con estos dedos lo difícil es que me entren.
-Yo le haré uno a medida.
-Ay alma de mujeriego, siempre encontrará la buena fe de la que no le conozca… ¿No hemos quedado que no ofendería usted esta mano con un diamante?
-Seré sólo su amante de noche que los de día son muy caros.
-Usted si que me entiende- dijo Bobarín abrazandole por la cintura desde la comodidad de su butaca. El actor enajenado de amor y obviando la concurrencia de la sala se lanzó sobre los gordezuelos labios de Bobarín- (beso fundido en negro) Oportunamente se habían apagado las luces de la sala, sólo se escuchaba la respiración entrecortada y jadeante de los enamorados. Entre gemido y gemido latían las palabras…
-Si hiciera agravio de tratarme con cumplimiento…
-¡Sí mi amada! Ya le he dicho que la trataré como un novio.
-Júrame que la furia matrimonial no se interpondrá entre nosotros.
-Seré un novio de los de antes, meteré un poco de mano y un poco la pata.
-¡Ay qué suerte tengo! ¡Qué suerte tengo! – dijo Bobarín mientras Sístoles y Diósteles la abanicaban sin pausa.
(Continuará)
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15 enero 14

Economía sumergida

CAPÍTULO XL (Un capítuo que da la talla)

A veces una batalla lo decide todo, y a veces la cosa más insignificante decide la suerte de una batalla. Napoleón

 

Recordatorio: En el último capítulo dejamos a Bobarín y Gabina jugando una partida de Bridge acompañadas de un ecléctico elenco contratado para la ocasión. Partida que terminó en una acalorada disputa por George Clooney.

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La partida de Bridge se había convertido en una puja y empuja por George Clooney, el galán de la tarde a estas horas se había convertido en el galán de noche sobre el que todas las damas querían colgar sus prendas. Lo importante del Bridge es saber qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar, pero las damas tocadas por la desesperación unas y muy metidas en su papel otras, parecían decididas a dejarse las uñas por llevarse al actor . No había prejuicio, sólo orgullo.
- No sé para qué jugamos al Bridge si el único puente que sé hacer es a los coches- comentaba Bobarín a su amiga Gabina.
- Y el de mayo, confiesa.
- Y el de Calatrava, pero de naipes ni papa.
Gabina, viéndose con pocas posibilidades de ganar el juego decidió hacerse pasar por Madame Bobarín y acercándose al actor sacó todas sus armas, algo que sólo le sirvió para desarmarse.
- Querido, bien sabrá que Bobarín ama a todo aquel cuya mirada sea sincera y cuyo bocadillo comparta…-  Clooney la interrumpió sin reparos.
- Señora, a usted le falta mucha carne para ser Madame Bobarín.
- Es que la tengo en el asador.
- En tal caso la creo.
Bobarín viendo el juego que se traía entre manos su amiga se retiró a la cocina y es que cuando una batalla está perdida sólo los que se retiran pueden combatir en otra; ahora lo importante era llenar el gaznate sin perder la voluntad de contender. Al abrir la nevera se encontró con la más joven del elenco que sin éxito buscaba entre embutidos algún producto bajo en calorías.
- Menuda generación esta. Ahora pagáis por quedaros en los huesos.
- Y en la suya se quedaban en los besos.
- Es usted una preciosa ridícula, Molièr habría hecho de usted por lo menos dos actos.
- ¿A si? ¿Y qué actos son esos?
- El coito y cambio.
- Perdone pero arrastro una sordera desde niña que no me deja oír los agudos.
- Con lo aguda que soy usted no me oirá nada.
- Zumbiditos.
- Eso es su cerebro que intenta arrancar.
Cuando Bobarín regresó al salón los comensales estaban inmersos en la típica y tediosa conversación política de queja e indignación que venía estando de moda los últimos años.
- Menos quejas y más acción. Lo malo es que hay demasiados movimientos, deberíamos unirnos todos. Necesitamos un lider que nos organice y de conferencias ilustrativas.- proponía madame Curie.
- Un Lidel es lo que necesito yo. El otro día estuve en una conferencia que venía a ser una enérgica condenación de las conferencias.
- Nos estamos volviendo todos locos.
- Para poder decidir hay que tener la mirada amplia y observar desde la imparcialidad.
- ¿A favor de quién hay que ser imparcial?- bromeó Gabina.
- ¿Ves lo que os quiero decir?
- Lo escucho, lo escucho.
- En el único movimiento que creo es en el gastrointestinal, ese nunca miente – dijo Bobarín desviando el tema con aplomo gástrico.
- ¡A mi lo que me gusta más son los callos!-  le siguió la Marquesa del Garbanzo.
- ¡Por fin coincidimos en algo! Yo tampoco presumo de buen gusto- contestó Bobarín arrimándose a Clooney, que de callo no tenía ni el plato.
- Bobarín yo la amo a usted. ¿No será mi perfección anatómica un impedimento entre nosotros?
- Vivimos bajo el mismo cielo querido, pero con diferentes horizontes.
- Su horizonte es vertical porque vive usted en horizontal, pero qué más da si el sol se pone en mi universo si en el suyo se pone una copa.
- Qué gran orador es usted. En tal caso tendríamos un Sol y Sombra. Pero me debo y bebo a mis principios y en mi corazón siempre anidará la rebeldía.
- Y en el mío el deseo de poseerla. ¿Podría darme su teléfono?
-  Yo no utilizo de eso. ¿Acaso quiere llamarme para venderme el último modelo de cafetera Nesspreso?
-  ¡Qué mal café!
Al fondo de la sala el resto de las mujeres cuchicheaban clavando sus ojos en Bobarín.
- Otras que les gusta la comidilla…
- Con lo que hablan no les da tiempo a comer sino es con la boca llena.
- ¿Qué es un cocido sino un murmuro de palabras?
- Es irremediable, cuando uno destaca se expone a la crítica y está usted en boga.
- En boga de todos.
-  Razón tiene usted y en boga cerrada no entran moscas.
- Tan afrancesadas…y más que bilingües son viperinas.
- ¡Usted las ha contratado!
- ¡No pensaba yo que serían tan buenas actrices!
- Yo creo que no están actuando.
- ¿ Y a qué se dedica usted cuándo no es George Clooney?
- Cuando no soy Clooney soy Paquito Martínez Soria. ¿Y usted?
- Yo soy buza, lo que viene a ser “busca tesoros”.
- ¿Y de dónde le viene el oficio?
- De escara-buzas (sic), lo mío es la economía sumergida.
oscarmayer-1- Si, si que tiene usted “cara”… de buza.
-  Y usted si que es buen actor.
- A usted le darían el Oscar.
- El Mayer, supongo.
- Entonces en su trabajo pillará doblones de oro.
- Más bien dobletes de órdago – afirmó bostezando Bobarín que llevaba ya varios días sin dormir.
- Claro que si la economía consiste en la compra del barril de whisky que uno no necesita por el precio de la vaca que uno no tiene…no me extraña que acabe toda chuza.
- Buza, querido, buza, como bien dice usted la economía es una rama del ilusionismo.
- Se ha quedado usted bien con la copla.
- Con la copa, Clooney, con la copa.

(Continuará)

Un capítulo dedicado a Gabriela Figuls.

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