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18 enero 16

Carta de Madame Pompadura

Las mujeres llaman arrepentimiento al recuerdo de sus faltas; pero, sobre todo, al sentimiento de no poder cometerlas de nuevo
Jeanne-Antoinette Poisson, Madame de Pompadour

Hoy he recibido carta de  Madame Pompadura, su amistad lejos de las maldades y bajezas de las que es capaz el pobre ser humano, llena mis carnes de gran alegría y contento.
Madame Bobarín / Madame Pompadour

Madame Pompadura Acrílico sobre lienzo

  Querida pecadora, me colma de regocijo nuestra relación epistolar, un tambor de hojalata cargado con balas de plata. Comparto tu fascinación por los aciertos por error, me gustan casi tanto como las serendipias, da igual acertar mal si uno acierta o encontrar algo que no se buscaba, eso es que te han encontrado a ti y yo aún ando buscándome… eso sí, siempre manten tus propias creencias y valores, lo peor que te puede pasar es fallar con ideas ajenas. Llegados a este punto he decidido desaprender, limpiarme de tanto estigma social que sin querer había conseguido lacrarme con ese absurdo sentimiento de culpabilidad por cualquier tontería, de la culpa nacen las injurias, la segregación, incluso parece que cuando la culpa es de todos no es de nadie, tanto se repite la culpa que uno se vuelve inmune, crea ceguera y al final, la culpa, sólo es del tiempo. La cosa consiste en saber más y más sobre menos y menos hasta saber todo de nada. Con la inteligencia emocional de Mayer y con la empatía uno puede tirar para adelante sin conflicto. Siempre he respetado todo tipo de creencias ¿Cómo no hacerlo cuando mis difuntos se comunican conmigo en morse a través de las gotas de lluvia contra el cristal? Es por ello que no entiendo ese miedo que empuja a rechazar todo lo que no se entiende, cuando sólo lo nuevo e incomprensible me lleva a la excitación sexual, claro que me pusieron de sexo hombre, algo que nunca me preocupó demasiado ya que soy mujer, a estas alturas nada, absolutamente nada me crea ansiedad, ese vértigo a la libertad lo superé hace tiempo. ¿Qué más da lo que hagas o dejes de hacer si terminarán diciendo que lo has hecho? En los últimos años me han liado con hombres, mujeres, perros, gatos, puertas y hortalizas. Sólo entiendo esto último. Me divierte lo que me cuentas de Carolina Bescansa y su bebé en el Congreso, eso es lo que yo llamo “pedagogía pura” es decir, demagogia infantil, ellos “pueden” hacerlo mejor el problema es que aún están en pañales, da tiempo al tiempo y los relojes de Dalí se endurecerán, al fin y al cabo un bebé representa que el mundo debe continuar.
No te preocupes por tu pérdida de memoria, la memoria también va a hacia adelante. Últimamente hay mañanas que no atino una, es lo que llamo las mañanas langosta, se me descarga la batería del teléfono y lo recargo con gas mientras saco punta al mechero, seguro que me entiendes. ¿Quién no ha cargado la lavadora con café en lugar de detergente? No pienses demasiado sobre ello, no pienses demasiado y recuerda que eres tu mejor obra de arte.
Tu amiga que te estima todo lo que puede,
Madame Pompadura

Potasa apoya este documento

 

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15 diciembre 15

El pudor habitúa a mentir

“Aquel que no usa su moralidad sino como si fuera su mejor ropaje, estaría mejor desnudo.”

Khalil Gibran, poeta libanés.

CAPÍTULO LIX

"Me han tangado" Acuarela

“Me han tangado” Acuarela

Madrid, a 15 de diciembre 2015

Esta mañana he llamado a la oficina de Correos para pedirle al gentil cartero que acercara un paquete a mi domicilio.
- Gentil cartero, me he entretenido explicándole a un amigo lo que es una teta y ando mal de tiempo.
- ¿Y en qué puedo ayudarle?
- Mire usted, me encuentro desnuda en la bañera y necesito que me traiga un paquete de mi apartado de correos. ¿Le importaría acercármelo? La cuestión es que se trata de la esponja que necesito para frotarme la espalda.
El gentil funcionario no tardó en llegar a casa, le recibo desnuda y me ayuda a frotarme la espalda. Después le ofrezco un café pero me advierte que prefiere un vodka, le acerco la botella y la vierte con brío sobre la esponja, los dos aplaudimos. Embriagados decidimos comer algo para empapar. Después me dijo que debía volver a sus labores y nos despedimos con un fuerte apretón de manos. Al salir a la calle el buen hombre se escandalizó al ver al personal tan vestido. Una mujer en vaqueros, jersey, abrigo, pañuelo, guantes de alpaca, sombrero ruso y zapato plano pasa a su lado.
-¡Desvergonzada!– le grita el cartero. La mujer, que con las prisas no se había percatado de la guisa con la que había salido de casa, se tapa sus vergüenzas, no sin antes decirle:
-Lo que le pasa a usted es que es un mal pensado.

Guillermina Royo-Villanova  ( Dedicado a Nacho F)

Mi compañera Potasa me apoya con este documento eslavo

 

 

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26 noviembre 15

De los celos y otras cegueras

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

Aristóteles

 CAPÍLTULO LVIII Diario Madame Bobarín

Croniquilla de la muerte de una relación sin anunciar

celos

Madrid 26 de noviembre 2015

 

Hay personas que tienen un problema para cada solución. Cuando alguien está de malas, está de malas y no hay nada que una pueda hacer. Vamos, que si quieren pelearse les basta con que estés delante. Si una opta por dar la razón, porque das la razón, si les sigues la corriente, porque eres sumisa o les tratas como tontos. Vamos, que no te libras de que te caiga un rapapolvo.
El otro día en un restaurante pude escuchar una conversación que me dejó turuleta. No es que yo vaya por ahí escuchando conversaciones… Bueno, sí. Descubrí que el que es celoso no es nunca celoso por lo que ve, con lo que se imagina basta. Bueno, eso ya lo había dicho don Jacinto Benavente pero yo lo descubrí esa noche. He aquí lo que escuché gracias al manos libres de un caballero:
 – ¿Cariño te vienes a tomar una copa después del trabajo con mis amigas?
- Hoy tengo cena con los de la oficina.
- Ya, ya, con los de la oficina, es que te gusta la secretaria de tu jefe.
- Que no mi amor, que es la cena de Navidad.
- Ya, ya… pues muy bien tú verás, haz lo que quieras.
- Pues eso, la cena, y no es que quiera, es que ya estoy aquí y estaría mal…
- Siempre haciendo las cosas por los demás, lo que está mal es no venir…
- ¿Pero no has dicho que haga lo que quiera?
- Sí, sí, con sus consecuencias…
- Bueno venga, ceno y voy corriendo para allá.
-No, no, déjalo, ya no vengas.
- ¿Pero cómo que ya no vaya? Venga cuchi cuchi que te quiero.
- Eso lo dices para que ella te oiga y dar más morbo.
- ¿Qué gano yo con eso? Si me gustara alguien, mejor me saldría estar solo y ligármela.
- ¿Me estás dejando? ¿Has dicho ligar? Lo sabía, es que lo sabía…
- No seas paranoica, sólo me gustas tú.
- ¡Qué horror, qué horror! Ella te está oyendo, sabe que tenemos problemas. ¡Va a ir a por ti!
- Mi amor ella no ha venido. Está enferma.
- Mira cómo te fijas.
- Mujer, somos cinco en la oficina…
- Pues voy yo, ¿qué te parece?
- Pues vente al café, es un poco raro, pero vente…
- Ya, lo que no quieres es que vaya y compruebe que está ella.
- A ver… ¡que no está!
- Ah, por eso estás como estás, porque no ha ido.
- ¿Pero cómo estoy? Venga que voy para allá.
- No, no, no vengas, pero que sepas que aquí hay un chico que me está tirando los trastos.
-No me extraña, es que eres la más guapa del mundo.
- ¿No te molesta? Eso es porque algo tienes por ahí.
- ¿Qué quieres que haga? ¿Qué vaya y le pegue? Es normal que te entren, ¡eres guapísima!, pero confío en ti.
- Pues yo en ti no, está claro prefieres a esa pendona a mí.
- Pobre mujer. ¿Por qué es pendona?
- Hazte el tonto, tú sabes bien a qué me refiero…
- Bueno pues te veo en casa.
- ¿Entonces no vienes?
- Oye que ya están con el postre, hago lo que tú me digas, pero aclárate ya.
- Ahora vas de abnegado…
- Venga petarda que voy.
- No, no, no, ya no vengas, pero no me esperes. Esto se terminó.
La chica colgó el teléfono zanjando la conversación, pero en el fondo esperaba que él la llamara para colgarle de nuevo y si podía hacerlo tres veces más, mejor. Él no llama, ella está segura de que él va a aparecer, quiere verle aunque seguramente le monte un pollo. Él también lo sabe y por eso no aparece, piensa que mañana se le habrá pasado. Aquella noche el buen hombre se aburrió como una ostra en la cena de Navidad, que yo me fijé.
Tras lo escuchado me quedé imaginando lo que sucedería en el futuro:
Ella deja la relación por obvias razones, respaldada por la imparcial opinión de todas sus “amigas”, esa misma noche se liga a un maromazo con el que se casa a los dos meses. Poco después, el abandonado invita a cenar a la secretaria, su única amiga en la oficina, lo ha hecho para contarle que tiene una terrible depresión y que va a pedir la baja laboral. En la mesa de al lado está su ex. El sonríe esperanzado, feliz del encuentro, nervioso, lujurioso, lleno de amor. Su ex se acerca a la mesa, vacía una copa de vino sobre su cabeza y se va. ¡Chimpúm!
Sí señores, en los celos hay mucho amor, sobre todo amor propio, falta de autoestima, avaricia y orgullo y lo peor es que aunque los celos nazcan del amor, no mueren con él porque unos buenos celos son capaces de asesinar el amor pero no consiguen matar el deseo. Claro, que hay celos y celos. Algunos terminan en crimen aunque sean infundados. Está claro que los celos destruyen la libertad interior, desvelan, martirizan y crean infelicidad. No he conocido dos sentimientos más egoístas, venenosos y destructivos como la envidia y los celos. Son la irritación de una falsa vanidad, una enfermedad que destruye a su portador y a quién le acompañe. No miento, en el único celo en el que creo es en el del aparea-miento.

Mi amiga Potasa quiere compartir con ustedes su último proyecto: Potasa Callejuela 

 

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17 noviembre 15

Madame Bobarín y Potasa

Al encontrarse en eminente proceso final la novela biográfica de Madame Bobarín, a partir de ahora transcribiremos sin pudor alguno su diario, respaldado por un vídeo ilustrativo de Potasa.

duquesa madame Bobarín

Duquesa al alba. Acrílico sobre lienzo 50X60 G.Royo-Villanova

 

Madrid 16 de noviembre de 2015

 Recién finalizada mi exitosa exposición podría resumirla en doce cajas de vino y no sé cuántos canapés, aunque estos últimos no los caté. Al llegar a la Galería Carlos Moltó, donde colgaban mis retratos, me agaché para recoger con esfuerzo un objeto sospechoso:
-¡Gabina! ¡Mira! ¡Un palillo! Aquí ha habido canapés…- exclamé certera siguiendo mi exacto olfato. Sin duda alguna no ha habido una moda más viral que la del “canaperismo”.
Siempre he dicho que lo mío es la cultura horizontal y es que lo de montar una exposición me desmonta, aún tengo agujetas aunque no tengo muy claro si se deben al montaje de tramoya precisamente, porque aquella misma noche un enamorado me tuvo trabajando hasta el alba.¡Eso sí que fue cultura horizontal! Al tratarse de un virtuoso actor se dedicó hacendoso al arte del amor mientras recitaba sonetos de Shakespeare, es lo que llaman en retórica, versos encabalgados. En el lecho de amor los hombres suelen hacer promesas que olvidan tras el climax en la “petit mort”: donde fallecen las promesas. Las mujeres en cambio recordarán por siempre aquellos sumisos compromisos que se evaporarán junto al sudor de las sábanas. En mi caso nunca me creo una promesa fugada en el calor de la lujuria por si acaso se cumple, y es que se pueden hacer cosas correctas pero por la razón equivocada. Yo aconsejaría a aquellos hombres que no pueden callarse durante el arte amatorio que reciten el Séptimo Canto de Altazor (Huidobro), les saldría más a cuenta, consideren que por lo general la mujer en su empeño es incisiva e insistente y la sucesiva proyección de deseos durante la concupiscencia terminará funcionando como si de un espejo lento de reflejos se tratara. Yo soy más de sobremesas que de promesas, porque estas últimas suelen ser olvidadas y disminuyen la confianza.  Al final cada cual con su memoria que es directamente proporcional a lo selectivo y sufridor que sea uno, en mi caso tengo tan poca memoria que veo mejor el futuro que el pasado o visto de otra manera, mi memoria funciona hacia delante. Hablando de memoria es curioso cómo cuando vas piripi se dispara el piloto automático para regresar a casa aunque luego una nunca lo recuerde, lo que he comprobado es que en el caso de tener la memoria destilada lo mejor es vivir en un pueblo pequeño, de esta manera si una olvida lo que sucedió la noche anterior, el marujeo popular te recordará gustoso todo lo acontecido sazonado con alguna malvada añadidura que hará tu aventura más sabrosa, al fin y al cabo somos una destilación del chis-morreo y de alguna manera nuestra vida aumenta cuando la ponemos en la memoria de los demás. Ahora me bajo al banco del parque para enterarme de lo que hice ayer y poder seguir escribiendo.
Madame Bobarín

El vídeo de Potasa que hoy respalda este documento :

 

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28 septiembre 15

La ocasión hace al ladrón

“La ira ofusca la mente, pero hace transparente el corazón.” Nicolás Tommaseo

CAPÍTULO LVI

(De la nítida oscuridad y otras cegueras)
novalishola

Playa de Berria. Santoña, Cantabria. #berriadictos

 

-¡Cómo está de cambiado este bar!- exclamó Bobarín a entrar en la cafetería del tren.
-Pero si la decoración sigue exactamente igual- respondió el camarero.
-Me refería a la gente- explicó Bobarín acercándose a un apuesto caballero de bigote rizado.
-¿No me invitaría usted a un pincho?
El caballero sonrió a Bobarín mientras le hacía una radiografía completa para intentar adivinar sus intenciones, que no era más que una.
-Camarero, un pincho Morruno por favor- ordenó el galán.
El apetito voraz de Bobarín hizo que obviara la impertinente gracia del bigotudo proveedor y optó por tragarse el orgullo junto al pincho -de lo que no hay duda es que para que el amor sea auténtico ha de costarnos- pensaba Bobarín mientras masticaba su sazonado orgullo; la verdad es que bien podía estar pensando lo mismo aquel hombre tras sus bigotes. Cuatro horas después Madame Bobarín regresó al camarote agitada y febril, había pasado la tarde en la cafetería del tren con la eterna excusa de su avidez sociológica que la arrastraba a sentir la imperiosa necesidad de conocer a otras personas, otras culturas, otros puntos de vista, otros pinchos… En fin, la coartada perfecta para beberse unos gin tonics. Es bien sabido que Bobarín suele aguantar en los bares más que las puertas tomando sólo conciencia cuando llega a la inconsciencia.
-Acabo de jugármela a la tarjeta rusa en la cafetería.
-Buuuf ¿y cómo estás?- respondió preocupada Gavina.
- Pues imagínate, aún estoy temblando… me ha pasado la vida por delante.
-¿Y qué has visto?
-Pues a Mick Jagger en mi lecho de amor, a Fernando Arrabal en mi mesa, a Ramón Gómez de la Serna haciéndome greguerías debajo de la falda…
-¡Pero si no has vivido nada de eso!
-Chica, pues eso es lo que he visto… ¿Cómo lo ves?
-¿Cómo lo voy a ver? Si me incrusté un calidoscopio que todo lo ve bonito, sonrisas, colorines, atardeceres boreales y eso…
-Ya, ¿tu no me vas a salir hippie a estas alturas?
-¿Eso qué es lo qué es?
-A ver, ¿esa sonrisa de lela que luces es de felicidad o de la inercia de la velocidad que llevas?
-Mira, para lo rápidos que sois todos… digamos que es de la felicidad- dijo Gavina reencendiendo un cigarrillo muy raro.
-No me digas más- en ese momento un poliadicto que apuntaba su pituitaria hacia Gavina se lanzó sobre ellas intentando arrebatarles el cigarro, Gavina asustada propinó un golpe al asaltador y comenzó a correr vagón arriba tirando de Bobarín.
-¡Exfúmate Gavinaaa! – gritaba Bobarín entre sofocos.
-Eso, eso, exfúmate y pásame una caladita…- dijo el maleante.
-¡Huy también es roba frases! Tranquilo, tranquilo, que tengo más…- dijo Bobarín.
-¡Está locooo! ¡Está locooo! – exhortaba Gavina mientras corría tropezando con los equipajes y sus personas. En ese momento Bobarín rompió en un convulsivo ataque de risa viéndose obligada a parar en seco… bueno en seco es un decir. Con las enaguas mojadas y una risa histérica heredada de las señoras invitadas a los programas matutinos de televisión comenzó a desaparecer ante la perpleja mirada del personal; la transparencia de su grotesca carcajada dejaba ver sus higadillos y sus intenciones, obvia decir que todas buenas. El asaltante maravillado ante tales intencionadas viscerillas cesó en su empeño y cayó rendido a los pies de Bobarín.
-Es usted lo más bello que he visto en mi vida.
-Otro enamorado de la apariencia…- se quejó Gavina mientras seguía propinándole batacazos en la cabeza.
-Gavina la violencia no arregla nada, más bien estropea bastante…-la interrumpió una Bobarín casi transparente.
-¿Pero esta por qué me pega ahora? ¿Por llamarle a usted guapa?
-Naaa, es la inercia. Lo mejor para calamar a las fieras es la música.
-Ya, excepto las marchas militares…-apuntilló el mangante.
-No se vaya por peteneras, usted es como todos va a lo que va- se quejó Gavina.
-¿Y usted a qué va? Porque yo sólo me limito a admirar la belleza…
-Déjalo ya Gavina, es indudable que el físico importa, no es que deba importar, es que a la gente le importa.
-¿Nos está llamando gente o frívolos?- se quejó el asaltante palpando el aire donde Bobarín había desaparecido.
-Esta criatura no entiende naaaa. Voy a tener que apagar la luz para que me vea- dijo una voz en la nada.
Bobarín apagó las luces del vagón. En el corazón de lo oscuro el silencio fue violado por un gemidito, una risa picarona y un ruido raro que no sé definir debido a mi poca experiencia en estos menesteres pasionales…
-¡Por fin veo Bobarín!- gritó el salteador que inmerso en la oscuridad se aferraba con ambas manos a la deslumbrante personalidad desdoblada de nuestra dama.
-No hay manera, la ocasión hace al ladrón- gimió Bobarín dejándose llevar por el momento, y es que a la ocasión también la pintan calva.
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Madame Bobarín


15 septiembre 15

Burbujas breves

“Los artistas ya no sabéis qué inventar” Jorge Cossío, amigo tabernero.

CAPÍTULO LV

operacionhola

Operación Vikingui (Acrílico sobre lienzo)

    Al mirarse al espejo Bobarín tenía la sensación de ser demasiado blanda consigo misma, claro que esto era debido a su infinita bondad, ya que por no engañar a los demás se engañaba a si misma creyéndose a ratos lo que le convenía para olvidarlo después, que es cuando más conviene.
    Cuando alguien se acercaba a ella para saludarle con una amplia sonrisa, Madame aunque no tuviera ni idea de quien se trataba suponía que tras aquella batería de dientes habitaba un posible exnovio y al tener más corazón que memoria no le era posible guardar rencor a nadie con lo que recibía aquellos afables rostros con gran alegría y contento. A Bobarín las parejas le duraban una media de media hora, así que para evitar confusiones en su primera juventud intentó que todos sus novios se llamaran Ramón para no confundirse; ya en su quinta juventud cuando apenas quedaban Ramones en el país que no hubieran pasado por sus breves brazos decidió dividir en subgrupos a sus amantes. A los mozos de pelo moreno los denominaría “mi rey moro”, a los rubios “mi vikingo”, los canosos, pelirrojos, castaños y calvos los trataría de “preciosito”, se ahorró Bobarín un subgrupo, ya que nunca estaría con un caballero que luciera bisoñé, aunque sí estuvo con un simpático galán modelo Anasagasti. Todo se complicó al llegar a su sexta juventud, en el momento en que la memoria comenzó a ser memoria, optó por llamar a todos con el genérico nombre de “Mi-amor” demostrando de esta romántica manera que amor sólo hay uno. Deducimos de esto que hacía ya muchas juventudes que Bobarín, ya desmemoriada, había optado por dejar de mentir – Soy una mentirosa que dice siempre la verdad- solía decir, aunque según Gabina la sinceridad de su amiga se debía a que era más perezosa que mentirosa y recordar una mentira para siempre es muy cansado. Como biógrafa no dudo que Madame Bobarín abanderada por su titánica bondad, si quiera es tan piadosa como perezosa para estos menesteres.
Godoy, enamorado hasta las trancas y barrancas de los innegables encantos de Bobarín, observaba los movimientos de las dos amigas oculto tras una revista.
- Para nosotros los hombres todo es más sencillo- apuntó mientras ojeaba su Playboy.
- ¿Más que yo? Para mí los “vosotros” sois uno sólo…- se quejó Bobarín cuya sencillez nunca había saltado a la vista pero había asaltado a la vista en varias ocasiones.
- Eso no ha dolido señora, porque me consta que en su afán por huir de los convencionalismos se estrella de vez en cuando. Le voy a recordar aquella vez…
- Madre mía… qué memoria se tiene siempre para los demás. Le ruego que resuma en consumidas cuentas, sea breve.
- Recuerde aquel verano…
- Sintetice por Dios…- dijo Bobarín bostezando.
- Aquella tarde en la que paseando usted en bicicleta tuvo un siniestro total al chocar frontalmente con otra bici- paró un segundo y levantándose añadió exaltado-  yendo los dos vehículos en dirección contraria. ¿Qué le ha parecido mi resumen?
- Pues estaba muy bien estructurado, pero en sentimiento… una castaña.
-Supongo que a las mujeres inteligentes se las desatornilla al revés. Tanto cuestionarlo todo puede volver el mundo del revés para terminar llegando a lo mismo.
- Entienda Godoy que no es lo mismo sintetizar que ser sintético- añadió Gabina.
- Por otro lado me alegra no ser un sintetizador…
Tras aquellas tontunas palabras hubo un gélido minuto de silencio, Gabina y Bobarín se miraron con cara de funeral, aquellos sesenta segundos dedicados a la muerte del amor se había llevado súbitamente la pasión de nuestra dama, un minuto eterno que inquietó a Godoy.
- ¡Ayyyy! Pobre, se ha quedado boquidifuso- susurró Gabina a Bobarín.
- ¿Boquidifuso o boquiplático?
- Sí, tal vez boquiplático o más bien platidifuso- las mujeres se enzarzaron buscando un epíteto adecuado para Godoy, un epitáfico epíteto con cierto gracejo para no herir demasiado la sensibilidad de Godoy que por su parte se disponía a abrir una botella del mejor champagne.
- Señoras, están a punto de abusar de los adjetivos y cuando esto sucede suele ser para o bien ser soez o pecar de cursi- dijo el valido que comenzaba a molestarse mientras el corcho de la botella cruzó el vagón como un tiro asustando al personal.
- ¿La abre usted para brindar?
- Nooo, la abro para beber y bebo para olvidar- respondió Godoy apesadumbrado mientras engullía aquellas burbujas tan breves como el amor de Bobarín.
- ¿Para olvidar qué?
- Y yo qué sé si ya no me acuerdo.
Cuatro botellas bebieron, tres brindaron, seis disfrutaron, pero como ninguna bodega ha querido patrocinar este capítulo, quedarán ustedes con las ganas de saber de qué bebercio se trataba.

25 junio 15

De la Tarjeta Rusa y la importancia de un frenazo

“Hay que vivir para beber y beber para vivir”. Madame Beberín

CAPÍTULO LIV

Madame Bobarín

Acrílico sobre lienzo actualmente expuesto en El Lienzo Azul. Bilbao. Vizcaya

 

Madame Bobarín y Gabina subieron al tren despreciando la invitación del inspector de Hacienda, mientras Godoy Álvarez el del Farias las esperaba en el vagón urdiendo nuevas estrategias para alcanzar el indeciso corazón de Bobarín.

-¡Ayyyy! Que Hacienda nos pille confiscados- suspiró Gabina.

- Venga déjate de suspiritos y vamos a tomarnos un reconstituyente.

-No tienes una buena idea mala, querida.

Con la sonrisa que pinta la ilusión del sonido de los hielos desmoronándose al derramarse el vodka, se dirigieron ufanas a la cafetería del tren.

-Buenos días señoras. ¿Qué desean tomar?

-¿Se siente usted laborioso?

-Más bien laborable.

-Pues póngame mi Coronel.

-¡Señor, sí señor!- gritó el camarero haciéndose el graciosillo cuadrándose ante las damas.

-Perdona, mejor un “Capitán General”.

-¿Y eso qué es?

-Lo mismo pero más cargado.

No tardó el camarero en traer dos espumosas copas con sorbete de limón, vodka y licor de champagne, lo que viene a ser el famoso “Capitán General”, bebida favorita de Madame Bobarín.

-Disculpen señoras, he de cobrarles ahora porque va a haber cambio de turno…

-Por esta nos clavan Gabina y ya no me queda efectivo.

-Entonces… ¿Quién paga?

-No sé porque también tengo la tarjeta temblando…

-Eso puede ser el traqueteo del tren, la mía está tiesa.

-¿Jugamos a la Tarjeta Rusa?

-¿Y cómo es eso?

-La que tenga fondos paga.

-Mmmmm…

-¡Ves! ¡Sabía que tenías algo!

En lo últimos días no había quién ganara a Bobarín a la Tarjeta Rusa. Solía vivir al día pero esta vez sin comerlo pero bebiéndolo, habían terminado con todos sus ahorros.

-Tenemos que idear un nuevo invento para hacer dinero Gabina.

-Algo nos debe quedar por inventar…

-Tiene que ser algo perecedero, como los productos de Mac, es decir, el que registró la bombilla no se hizo rico por el invento, sino porque se funde.

Sorbían ambas damas de sus pajitas pensando en un invento novedosísimo cuando el camarero interrumpió su calma chicha de ideas para entregarles una carta cerrada con un sello de cera en forma de corazón.

-¡Qué sorpresa! Un amor secreto, un enamorado romántico, una intriga… ¡Una ilusión!

-Abre la carta pesada y lee en voz alta- exhortó Gabina. Bobarín pegó un largo trago a su copa.

-Déjame saborear el momento que a lo mejor es una factura.

Bobarín abrió la carta y comenzó a leer:

Mi amado ángel,

Le escribo estas letras para que el papel rece y nunca olvide el amor que le proceso, haciendo de él amor impreso, soy suyo, quisiera cubrirle con éxtasis y caricias, no puedo unir dos ideas sin que usted se interponga entre ellas…bla…bla…bla…bla… Siempre con imperecedero amor, suyo, este anónimo cobarde.

-¿Pone bla, bla, bla…?- preguntó Gabina.

-No, es que eran cosas picantonas y no sé si mis lectores han tomado Omeprazol.

-¡Ay Bobarín! ¡Qué suerte! Una carta de amor de un desconocido.

-Amor, amor, es curioso que amar sea un verbo regular… Vete tu a saber si es de un conocido, del propio Godoy, incluso yo misma pude enviármela.

-¿Tú misma?

-Sí. A veces me escribo cartas de amor y me las envío para darme una sorpresa… Lo hago tan bien que se me olvida que lo he hecho y me sorprendo muchísimo.

-Qué egoísta. ¡Podías envíarme una a mí de vez en cuando!- se quejó Gabina.

Por el pasillo se acercó Godoy que andaba escondido detrás de un discreto puro esperando que Bobarín terminara de leer la carta.

-Señoras, buenas tardes – se introdujo el valido quitándose el sombrero.

-¿Esta epístola con balas es suya?- preguntó Bobarín.

-Sí señora y le ruego que tome en serio esa carta.

-La única carta que me tomo en serio es la del menú.

-Bobarín, por favor, piénselo bien, yo… -suspiró Godoy- la admiro taaaaanto.

-¡Huy! Me admira sin conocerme, a ver si con el tiempo me admira a pesar de conocerme.

- Ten por seguro lo haré, lo presiento.

-Ese menester es más propio de mujeres.

-¿El de amarla?

-No hombre no, el de hacerse ilusiones.

-¡Mire! ¡Mire! ¡Dos estrellas fugaces…pidamos un deseo!

-Son dos gaviotas querido, mejor pídame otra copa.

Godoy ordenó tres Capitanes Generales y continuó insistiendo al impermeable corazón de Bobarín.

-Admita, mi señora, que usted me ababa. No se mienta a sí misma.

-Hace tiempo que dejé de mentir porque he perdido la memoria. Y ahora no puedo decir la verdad porque ya no me acuerdo de lo que pasó.

-¿Me permite ser sincero?

-¡Ah! ¿Qué no lo ha sido hasta ahora?

-Sin faltarle al respeto y como reconocido admirador de su belleza reversible, hemos de reconocer que usted ya no tiene edad para rechazar el amor.

-¿Y qué edad es esa?

-Le ruego que no le afecten para mal mis palabras.

-La afección es una ilusión creada entre los que tienen poder y no lo tienen, a mí este mundo me afectó tanto con su veneno que ya no me afecta.

-¿No se da cuenta de que somos tal para cual?

Bobarín se giró hacia su amiga y le susurró al oído – Empatizo con ellos y ellos se creen que somos iguales.

-Mi señora, ¿no se da cuenta que somos iguales?

-Lo que te dije Gabina.

-Somos dos almas clónicas separadas por un espejo.

-Un espejo con los reflejos muy lentos…

-Tal vez no la merezca.

-Es usted muy blando consigo mismo.

-Veo que aún no me ha perdonado.

-No es rencor, ya le he dicho que carezco de memoria. Hoy por hoy lo que me gusta es comer.

-Reconozca que eso es poco para usted, es una afición de masas.

-Más bien de mesas. En cambio, hay cierto tipo de amor que bien podría ser nombrado Ministro de la Mundanidad.

-Claro que usted prefiere Menestra de la Mundanidad.

-No me ofende.

-No lo pretendo, pero si insiste en decir siempre lo que piensa algún día se le terminarán los amigos para decir nada.

El camarero sirvió las copas acompañadas de unos aperitivos que Gabina atacó con ferocidad.

-Cuidado Gabina, esas setas son incomestibles.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque son gratis.

Godoy ensimismado siguió a lo suyo que era la insistencia.

-Madame sin su amor mi vida no tiene sentido, terminaré tirándome a las vías del tren.

-Deberían prohibir el suicidio- dijo Gabina.

-¡Vengaaaa! ¡Más prohibiciones! ¿Y por qué no penalizarlo con la pena de muerte por si uno falla? Usted Godoy no se obceque que es peor…

-Dicen que el que la sigue la consigue.

-Mire, lo malo de obcecarse con algo es morirse diez años antes de conseguirlo… y eso siendo optimista. Siga mi consejo y déjese fluir.

-Por seguro si sigo su consejo a usted le irá mucho mejor- en ese momento se produjo un violento frenazo que lanzó a Godoy sobre Bobarín amortiguando el golpe entre sus pechos.

-Ahora me está usted cayendo muy bien.

-Disculpe, perdí el equilibrio.

-Romper el equilibrio equilibra las cosas – dijo Bobarín antes de besar con pasión a su pretendiente.

(Continuará)

Madame Bobarín

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06 mayo 15

El Fisco Ambulante

El pensamiento está libre de impuestos.

Martín Lutero

Agradar cuando se recaudan impuestos y ser sabio cuando se ama son virtudes que no han sido concedidas a los hombres.

Edmund  Burke

CAPÍTULO LIII

buñuelos

    En capítulos anteriores mientras nuestras dos amigas fumaban en la techumbre del tren, Bobarín es acusada por un músico de plagiar a Calderón de la Barca. Madame, gran estudiosa del sexo apuesto, repasó con esmero a todos los miembros de la Big Band, concluyendo que el buñuelo, era sin duda su instrumento de viento favorito y entre el resto de instrumentos musicales, se quedaba con el tocadiscos.
Estaban ya fumándose el segundo cigarrillo cuando el tren hizo una parada sin aparente sentido, por el megáfono se escuchó la voz del maquinista.
-Debido a que varios pasajeros se están fumando la vida sobre el techado del tren, haremos una parada de cinco minutos para que los pasajeros puedan bajar a fumar y entregarse a los vicios o a quién quieran.
Bobarín con los pelos de punta por la altísima velocidad del tren, no dudó en bajarse para estirar las piernas. Un hombre que paseaba junto a la vía se tocaba el cuerpo incisivo, algo andaba buscando desesperado entre los cien bolsillos de su chaleco de pesca.
-¿Busca algo?-preguntó Bobarín.
-Si señora, han pasado ya tres minutos y no encuentro mi tabaco, ya no me da tiempo porque encima tengo que elaborarlo-dijo nervioso con un filtro en la boca y las manos temblorosas.
-A mi no me hable con filtros. Tenga mi cigarro, fume, fume a gusto.
-Muchas gracias señora, muchas gracias. Es usted muy generosa.
-Qué va, así disfruto dos veces.
-Disfrutar viendo disfrutar le hace a usted grande.
-Será eso… yo disfruto hasta cuando meto la pata, digo, que una vez ya la he fastidiado…
-Pero disfruta haciendo buenas acciones.
-Hombre, disfrutaría más comprándolas.
-Venga, reconózcalo, usted distribuye el bien.
-Sí y el Estado los bienes.
-¿No será usted de las que defrauda a Hacienda?- dijo el nicotínico con cara de inspector.
-¡Huy cómo le ha cambiado la caraaaa! ¿A alguien le importa lo que Hacienda me defrauda a mi?
-¿Tanto se me nota? ¿Tengo mucha cara de inspector?
-De pesacador de infelices, de Alí Babá, de fistro, digo fiasco, cisco… digo Fisco. Bueno, de todo junto.
-Señora mi trabajo es tan digno como cualquier otro.
-Mire, yo valgo por dos, cobro por un tercio y ustedes se quedan con más de la mitad. No me apriete las tuercas…
-Tiene usted razón a las mujeres inteligentes se las desatornilla al revés. ¿Ha sido usted entonces una mujer cívica y legal toda su vida?
-Quitando el canaperismo, el robo de invitaciones en las embajadas y que tuve un novio ladrón foragido en mi casa…sí.
-¿Y cómo lo hacía su novio de usted? ¿Le iba bien con lo del hurto?
-Pues mire era sencillo. El robaba diamantes, es decir, tiraba la mano y escondía la piedra.
-¡Qué actitud más valiente!
-Sí…pobre…- suspiró Bobarín- luego se convirtió en caballo y tuvimos que abandonarle en la estación, era demasiado dependiente, el pobre…
-De pendiente de diamantes. ¿Cuándo se dio cuenta de que era un pobre hombre o caballo o lo que sea?
-El día que llegó a casa sobrio.
-¿Empinaba mucho el codo?
-Bueeeenoooo, nosotros lo llamábamos empinar las costumbres.
-¿Me está diciendo que beber es costumbrismo?
-Depende como lo mire…nosotros éramos más de dar de beber al hambriento…Para qué darle tantas explicaciones, si luego usted va a entender lo que le de la gana.
-No voy a juzgadles, no me haga sentir como un idiota que siempre he sido muy ecuánime.
-Hombre, entonces no es usted tan tonto, al menos es lo suficientemente listo como para ser imparcial.
-Lo decía por su salud.
-Ja,ja, ja, la salud es como la hacienda, que se goza gastándola y si no se gasta, no se goza, si ustedes gastan mi hacienda déjenme al menos administrarme la salud.
-Lo que le pasa a usted es que tiene susto de encontrarse por fin con un hombre decente con la ley en la mano.
-Prefería un diamante y disculpe ¿Cuando se refiere a decente es en público o en privado?
-A usted lo que le gusta es andar con malas compañías.
-¿Cuantas veces le he de decir que íbamos a caballo? Como mucho íbamos en taxi, no andando.
-Pues aunque no lo crea no hace mucho, una joven bellísima me amó con locura.
-¿No sería su hija en pleno complejo de Electra?
-Es usted durísima.
-Lo mio me ha costado.
-Si quiere le ayudo a hacer la declaración. ¿Tiene el borrador de la renta?
-¿Me va a borrar usted?- contestó Bobarín por un segundo emocionada- en lugar de desplumarme me borran ustedes de un plumazo y tan contentos, por que el año pasado me embargaron.
-Yo sin embargo….la quiero.
-Lo que yo le decía.
Un sonoro pitido anunció la puesta en marcha del tren.
-¿Tomamos algo en el bar?
-Ya he declarado más de lo que debía.
Dedidaco a mi amigo Paco.R.T , ¡“Sin embargo” -fiscal- le quiero! Que Hacienda nos pille confiscados.

27 marzo 15

El Acelerador de Particulares

CAPÍTULO LII

“¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido.”

Juan Rulfo

“Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.”

Gilbert Keith Chesterton

Madame Bobarín

La insistencia de Godoy Álvarez el del Farias había empujado a Bobarín al precipicio de su paciencia. Ella siempre había soñado que el amor verdadero llegaría sin revuelo, sin presiones, sin fechas y sin necesidad de promesas.
 -No puedo más, me está entrando claustrofobia en este vagón. Me voy a la zona de fumadores- dijo Bobarín intentando desencajarse del asiento.
-En este tren no hay de eso- apuntó Godoy.
-¿Cómo que no? Sobre la techumbre del vagón oigo pasos, apuesto que están fumando ahí arriba.
-Estás un poco bolinga para subir ahí arriba.
-Sino estuviera bolinga no se me ocurriría. ¿Me acompañas Gabina?
Gabina y Bobarín salieron por la puerta de emergencia y treparon hasta la cubierta del tren, donde se amontonaba un copioso grupo de fumadores en uniforme. Vestían casacas de colores con botonadura dorada, como los Beatles en Sgt.Salt and Pepper.
-Buenas tardes señoras, bienvenidas ¿Cómo han subido hasta aquí?
-No sé, la verdad, para no acordarme de lo que he hecho. Qué bien lo he hecho.
-¿Y ustedes a qué se dedican?- preguntó Gabina excitada por aquellos coloridos uniformes.
-Somos un Big Band.
-Anda cómo tu Bobarín ¡Un Big Bang!
-Ji,ji,ji…- rieron ambas amigas, completamente borrachas.
-Ah vale, que tienen ustedes un idioma personal.
-Desde que usted lo ha dicho, porque era para todos….
-Ji, ji, ji… Se llama auto exclusión, ji, ji, ji….
-¿Viajan solas?
-A ratos, como todos.
-¿Y qué hacen dos bellezas como ustedes sin acompañante?¿O tienen pareja?
-Estamos comenzando a planteárnoslo….- dijo Gabina mientras atusaba con mimo el cuello del músico.
-Cada vez es más difícil encontrar pareja, uno se vuelve maniático con la edad…- respondió el músico retirando las manos de Gabina de su pecho.
-Desde que perdí el olfato todo es más sencillo – suspiró Bobarín.
-¿Y eso?
-Mire, para que me guste un hombre debo admirarlo, ha de ser un señor interesante, bueno, simpático, que me inspire confianza y me huela bien. Tiene que haber piel, sino la cosa no funciona. Ahora me he quitado esto último.
-Ya, pues si se queda ciega y sorda tendrá al hombre perfecto.
-¡Qué pueril!
-Pues sil….Lo más difícil es admirar a alguien.
-Yo admiraba a mi padre.
-¿Y cuando dejó de hacerlo?
-El día que llegó a casa ebrio.
-¿Y yo le inspiro confianza?
-Supongo que ser digno de confianza importa menos que parecerlo.
-Qué mala eres con lo buena que eres- interrumpió Gabina.
-Pues anda que tu no eres…
-¿Y su amigo, es también músico?-preguntó interesada Gabina con la pupilas en forma de corazón.
-Qué va, es el pipa. El tío es capaz de ir a la ópera con walkman. ¿Y ustedes a qué se dedican?
-Yo soy pobre oficial. Vamos que lo soy hace tiempo pero por fin se me ha reconocido- contestó Gabina.
-¿Y usted?
-Yo soy inventora- contestó Bobarín.
-¡Qué mentirosa!- se quejó Gabina.
-Soy una mentirosa que siempre dice la vedad.
-Yo la creo. ¿Qué ha inventado?
-Ahora acabo de patentar el Acelerador de Particulares.
-¿Hablamos de cuántica?
-No, qué va. Es un programa que se introduce en el hipotálamo y proyecta anuncios de autónomos invadiendo los sueños del personal. “Anúnciese en sueños.”
-No sé…no quiero desanimarla pero no se haga muchas ilusiones con ese proyecto.
-No sé preocupe, también he inventado el contenedor de reciclaje para descargar desilusiones.
-¿Y qué descarga usted?
-Desilusiones nuevas. ¡Qué cosas tiene! Mire lo que me acabo de inventar ” ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”
-Con todo el respeto pero eso…
-Si empieza así ya puede ir tirando el resto de la frase al contenedor.
-Sólo he dicho que la respeto…pero reconozca que eso ya lo dijo Calderón.
-Usted no ha entendido la frase. Además, yo cuando plagio, plagio, sino no sería yo misma.
-Bien, como le digo, yo respeto sus palabras.
-Yo respeto hasta la falta de respeto- dijo Bobarín acalorada.
-¿Bobarín pero cómo puedes decir eso?- le reprendió Gabina.
-Comprendo que no todo el mundo ha tenido la suerte de tener una educación tan exquisita como la mía…
-¡Pero si te has criado entre vacas!
-Pues eso Gabina, ¿Imaginas lo difícil que es tratar al personal como a vacas cuando nunca se ha visto una? Unos genios, te lo digo yo.¡Unos genios!
-Me supera su ironía vacuna.
-Eso, eso, estoy vacunada contra todo, contra todo.¡Qué ironía!

coronilla


16 febrero 15

Una mujer de principios

En los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados.

Miguel de Cervantes

CAPÍTULO LI

La tarde se desplegaba en amena tertulia dentro de aquel vagón donde todo era lo que era hasta que dejaba de serlo. Gabina se acomodó cambiando de postura cuando una elegante ventosidad escapó de su miriñaque abombándolo como el de una Menina.
-Hay personas que si no existieran los cuescos nunca se reirían- dijo Bobarín quitándole importancia mientras se aguantaba la risa.
-Aquí nadie ha dicho nada- respondió Godoy muy serio.
-Nadie lo serás tú- refunfuñó Bobarín.
-Todos nos creemos lo mismo, pero unos lo somos y otros no.
-Venga no os hagáis los reyes del humor inteligente que mi cuesco bien merecía unas risas. A mi a veces de lo listos y pesados que sois me parecéis tontos.
-Los tontos y los pesados no son necesariamente buenos- sentenció Godoy.
-No, de hecho son frecuentemente malos…- aseguró Gabina.
-Y enseguida se dan por aludidos…- zanjó incisiva Bobarín.
En el vagón todos se hicieron los despistados mientras observaban por la ventanilla una bonita estampida de búfalos.
-Pero usted, mi querida Bobarín,es una mujer de principios.
-¡Anda y de finales!
–Sí, pero sin intermedios.
-¿A qué se refiere?
-Me preguntaba si sería usted capaz de amarme cada día de su vida, sin intermedios.
-¿Y eso no es muy cansado?
-No señora, eso le sale a usted del corazón sin esfuerzo.
-¿Y si no me sale un día?
-Eso es precisamente lo que le estoy preguntando.
-¿Y yo qué sé si voy a amarle todos los días o uno me da más por comer sardinas?
-Pues empezamos bien.
-Pues aquí terminamos.
-Si que es usted una mujer de finales.
-Más bien de principios.