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27 marzo 15

El Acelerador de Particulares

CAPÍTULO LII

“¿La ilusión? Eso cuesta caro. A mí me costó vivir más de lo debido.”

Juan Rulfo

“Hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina.”

Gilbert Keith Chesterton

Madame Bobarín

La insistencia de Godoy Álvarez el del Farias había empujado a Bobarín al precipicio de su paciencia. Ella siempre había soñado que el amor verdadero llegaría sin revuelo, sin presiones, sin fechas y sin necesidad de promesas.
 -No puedo más, me está entrando claustrofobia en este vagón. Me voy a la zona de fumadores- dijo Bobarín intentando desencajarse del asiento.
-En este tren no hay de eso- apuntó Godoy.
-¿Cómo que no? Sobre la techumbre del vagón oigo pasos, apuesto que están fumando ahí arriba.
-Estás un poco bolinga para subir ahí arriba.
-Sino estuviera bolinga no se me ocurriría. ¿Me acompañas Gabina?
Gabina y Bobarín salieron por la puerta de emergencia y treparon hasta la cubierta del tren, donde se amontonaba un copioso grupo de fumadores en uniforme. Vestían casacas de colores con botonadura dorada, como los Beatles en Sgt.Salt and Pepper.
-Buenas tardes señoras, bienvenidas ¿Cómo han subido hasta aquí?
-No sé, la verdad, para no acordarme de lo que he hecho. Qué bien lo he hecho.
-¿Y ustedes a qué se dedican?- preguntó Gabina excitada por aquellos coloridos uniformes.
-Somos un Big Band.
-Anda cómo tu Bobarín ¡Un Big Bang!
-Ji,ji,ji…- rieron ambas amigas, completamente borrachas.
-Ah vale, que tienen ustedes un idioma personal.
-Desde que usted lo ha dicho, porque era para todos….
-Ji, ji, ji… Se llama auto exclusión, ji, ji, ji….
-¿Viajan solas?
-A ratos, como todos.
-¿Y qué hacen dos bellezas como ustedes sin acompañante?¿O tienen pareja?
-Estamos comenzando a planteárnoslo….- dijo Gabina mientras atusaba con mimo el cuello del músico.
-Cada vez es más difícil encontrar pareja, uno se vuelve maniático con la edad…- respondió el músico retirando las manos de Gabina de su pecho.
-Desde que perdí el olfato todo es más sencillo – suspiró Bobarín.
-¿Y eso?
-Mire, para que me guste un hombre debo admirarlo, ha de ser un señor interesante, bueno, simpático, que me inspire confianza y me huela bien. Tiene que haber piel, sino la cosa no funciona. Ahora me he quitado esto último.
-Ya, pues si se queda ciega y sorda tendrá al hombre perfecto.
-¡Qué pueril!
-Pues sil….Lo más difícil es admirar a alguien.
-Yo admiraba a mi padre.
-¿Y cuando dejó de hacerlo?
-El día que llegó a casa ebrio.
-¿Y yo le inspiro confianza?
-Supongo que ser digno de confianza importa menos que parecerlo.
-Qué mala eres con lo buena que eres- interrumpió Gabina.
-Pues anda que tu no eres…
-¿Y su amigo, es también músico?-preguntó interesada Gabina con la pupilas en forma de corazón.
-Qué va, es el pipa. El tío es capaz de ir a la ópera con walkman. ¿Y ustedes a qué se dedican?
-Yo soy pobre oficial. Vamos que lo soy hace tiempo pero por fin se me ha reconocido- contestó Gabina.
-¿Y usted?
-Yo soy inventora- contestó Bobarín.
-¡Qué mentirosa!- se quejó Gabina.
-Soy una mentirosa que siempre dice la vedad.
-Yo la creo. ¿Qué ha inventado?
-Ahora acabo de patentar el Acelerador de Particulares.
-¿Hablamos de cuántica?
-No, qué va. Es un programa que se introduce en el hipotálamo y proyecta anuncios de autónomos invadiendo los sueños del personal. “Anúnciese en sueños.”
-No sé…no quiero desanimarla pero no se haga muchas ilusiones con ese proyecto.
-No sé preocupe, también he inventado el contenedor de reciclaje para descargar desilusiones.
-¿Y qué descarga usted?
-Desilusiones nuevas. ¡Qué cosas tiene! Mire lo que me acabo de inventar ” ¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción; y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.”
-Con todo el respeto pero eso…
-Si empieza así ya puede ir tirando el resto de la frase al contenedor.
-Sólo he dicho que la respeto…pero reconozca que eso ya lo dijo Calderón.
-Usted no ha entendido la frase. Además, yo cuando plagio, plagio, sino no sería yo misma.
-Bien, como le digo, yo respeto sus palabras.
-Yo respeto hasta la falta de respeto- dijo Bobarín acalorada.
-¿Bobarín pero cómo puedes decir eso?- le reprendió Gabina.
-Comprendo que no todo el mundo ha tenido la suerte de tener una educación tan exquisita como la mía…
-¡Pero si te has criado entre vacas!
-Pues eso Gabina, ¿Imaginas lo difícil que es tratar al personal como a vacas cuando nunca se ha visto una? Unos genios, te lo digo yo.¡Unos genios!
-Me supera su ironía vacuna.
-Eso, eso, estoy vacunada contra todo, contra todo.¡Qué ironía!

coronilla

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16 febrero 15

Una mujer de principios

En los principios amorosos los desengaños prestos suelen ser remedios calificados.

Miguel de Cervantes

CAPÍTULO LI

La tarde se desplegaba en amena tertulia dentro de aquel vagón donde todo era lo que era hasta que dejaba de serlo. Gabina se acomodó cambiando de postura cuando una elegante ventosidad escapó de su miriñaque abombándolo como el de una Menina.
-Hay personas que si no existieran los cuescos nunca se reirían- dijo Bobarín quitándole importancia mientras se aguantaba la risa.
-Aquí nadie ha dicho nada- respondió Godoy muy serio.
-Nadie lo serás tú- refunfuñó Bobarín.
-Todos nos creemos lo mismo, pero unos lo somos y otros no.
-Venga no os hagáis los reyes del humor inteligente que mi cuesco bien merecía unas risas. A mi a veces de lo listos y pesados que sois me parecéis tontos.
-Los tontos y los pesados no son necesariamente buenos- sentenció Godoy.
-No, de hecho son frecuentemente malos…- aseguró Gabina.
-Y enseguida se dan por aludidos…- zanjó incisiva Bobarín.
En el vagón todos se hicieron los despistados mientras observaban por la ventanilla una bonita estampida de búfalos.
-Pero usted, mi querida Bobarín,es una mujer de principios.
-¡Anda y de finales!
–Sí, pero sin intermedios.
-¿A qué se refiere?
-Me preguntaba si sería usted capaz de amarme cada día de su vida, sin intermedios.
-¿Y eso no es muy cansado?
-No señora, eso le sale a usted del corazón sin esfuerzo.
-¿Y si no me sale un día?
-Eso es precisamente lo que le estoy preguntando.
-¿Y yo qué sé si voy a amarle todos los días o uno me da más por comer sardinas?
-Pues empezamos bien.
-Pues aquí terminamos.
-Si que es usted una mujer de finales.
-Más bien de principios.

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03 febrero 15

El sabor no ocupa lugar


“La risa no es un mal comienzo para la amistad. Y está lejos de ser un mal final”.
Oscar Wilde

“No hay un final. No existe un principio. Solamente existe una infinita pasión por la vida”. Federico Fellini

¡Qué lío! Madame Bobarín

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En capítulos anteriores Madame Bobarín y Gabina viajan en un tren con destino desconocido acompañadas de Toulouse convertido en estatua al fundirse en un beso con Ramonita; Godoy Álvarez el del Farias antiguo amor de Bobarín irrumpe en el vagón, el valido huido de la justicia sucumbe al amor y protección de Madame Bobarín.

CAPÍTULO L

- ¿Hacia dónde se dirige este tren Bobarín?- preguntó Godoy extrañado ante el paisaje selvático cuando deberían de estar atravesando Cuenca.
- ¿Eso qué importa querido? El viaje es más importante que el destino.
- Sus palabras me hacen sentir… muy seguro y su belleza juvenil me pone a cien.
- ¡Huy juvenil! Lo que pasa es que en nuestro pueblo los relojes estaban retrasados un siglo- intervino Gabina ya cansada de no comerse un colín.
- Calla Gabina que ya sé porqué estás tu tan flaca, la envidia muerde pero no come.
- No si comer te lo comes tu todo… con eso de quitarte años…
- Yo no me quito años, me los pongo para que me digan que estoy estupenda- respondió Bobarín a su amiga mientras se giraba pizpireta hacia su galán – ¡Pero qué guapo está usted con ese uniforme de valido desvalido! ¡Leñe!
- Las mujeres sólo piropean a los hombres cuando no les consideran peligrosos.
- Yo al revés, me suelen temer a mi…
- ¿Y qué he de temer? Nadie me haría daño, soy presa demasiado fácil, un hombre simpático y sincero…
- Es difícil ser ambas cosas sin omitir nada…
- Es difícil no omitir nada y no aburrirle. Yo nunca miento y eso que no estoy dejando de fumar.
- ¡Demuéstrelo!
- Pregunte lo que se le antoje y yo le responderé gustoso.
- ¿Qué intenciones tiene usted para conmigo?
- Quisiera ser el último amor de su vida.
- ¡Ja! Pues aún queda mucho para eso todavía no pienso estirar la pata.
- Quiero decir ahora, ya, para siempre. ¿Me está rechazando?
- No se lo tome así. El tema es que yo acostumbro a dejar lo mejor para el final, me pasa lo mismo con las hamburguesas, me dejo el centro jugosito para el último mordisco, lo malo es que cuando llega el final ya suelo estar empachada…
- Esperemos que entonces le pille la parca con apetito y en lo mejor de su vida…
- Y sobre todo en el final.
- El tiempo siempre encuentra un final perfecto.
- Qué tío el Tiempo, ya quisieran muchos escritores.
- Es usted sabia pero lo importante no es lo que uno sabe sino lo que uno hace.
- Ahora mismo el tonto y cuanto más dure esta disputa más lejos nos hallaremos del final.
- Entonces esperaré a qué me llame usted. ¿Sabe? Así ataviada me recuerda a los Borbones…
- Alago su memoria pero eso me recuerda que no he de llamarle.
- ¿Le parece a usted mal tener un aire borbonesco?
- Mi aire es más bourbonesco, por cierto la botella está vacía.
- Lo que ha vaciado usted es la tarde…
- No se ponga taciturno que no le toca.
- No puedo evitarlo, me pone usted triste.
- Tampoco es cuestión de estar triste por no estar contento. Alégreseeee Godoyyyy ¡Que yo le amoooo…!
- ¡Sorpresa! ¿Utiliza usted mucho lo del bajón como truco para el subidón…?
- ¿Usted no?
- Yo lo estaba dejando. Está usted fatal de la azotea señora.
- Lo sé Godoy, pero yo me curo, en este mundo o en el otro, me curo. Lo importante es que sepa que le amo además admiro mucho que haya superado usted tan bien el que yo le abandonara.
- ¿Que usted me abandonara? Pero si fui yo el que salió corriendo despavorido asustado por sus calenturientas intenciones.
- Bueno sí, pero luego yo le dejé.
- Madame, esto no puede ser, veo que no avanzamos.
- ¿Y a qué llama usted avanzar? ¿A que me quite el corsé?
- No sé si el tamaño de este vagón puede concedérselo.
- ¡Sinsorgo! Ya lo sabía yo. De lo que no hay duda es que avanzar avanza, lo que pasa es que cuanto más avanza usted más retrocedo yo.
- A ver Bobarín, primero me lía y después me interpreta mal.
- ¡Anda ya! Que le he interpretado perfectamente y eso lo sabemos usted y yo.
- ¡Usted no debería saberlo!
- ¡Ay el sabor! ¡Ese sí que no ocupa lugar!
Y ambos saborearon un beso de esos que revientan corsés.

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08 enero 15

La Libertad guiando al pueblo

Por el humor de Dios

(Alá será grande pero…)

Humor con el alma hecha a ráfagas de metralla
¡Eres grande! Hala.

Madame Bobarín y Guillermina Royo-Villanova

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Madame Bobarín por la libertad de expresión (variación) Luto por los compañeros de #CharlieEbdo #JeSuisCharlie

 

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30 octubre 14

Pensar es moverse en el infinito

Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños. William Shakespeare

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde. Francis Bacon

CAPÍTULO XLIX

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Godoy Álvarez el del Farias disfrutaba de su puro ante la atenta mirada de las damas, en especial la de Bobarín que le envolvía como si del mismo humo se tratara atrapando la imagen en una ilusión nublada, el mismo sueño que le acompañaba cada tarde durante el último año cuando el atardecer tiende su manto de nostalgias. De fondo se podía escuchar un concierto de piano y tos, un original dueto compuesto por el afamado compositor Ricardo Llorca con el objeto de ahorrar esfuerzos al distinguido público, tal era el contexto que Bobarín se abandonó a un inevitable huracán de romanticismo.
-Es tan guapo…- se le escapó a Bobarín en un indiscreto suspiro.
-Los miércoles es el día que estoy más guapo pero normalmente sólo me ven en la oficina.
-Su belleza late ocho días a la semana.
-Qué va, los jueves me afeo muchísimo.
-Aquí no hay plazos, su belleza es reversible.
-Usted Madame lo que tiene es la belleza de la autenticidad, mírese- dijo Godoy acercándole un espejo de bolsillo. El espejo se miró en Bobarín sintiéndose tremendamente satisfecho, esto hizo que Bobarín a su vez se mirara muy satisfecha apoderándose de ella una incontrolable emoción salpicada en lágrimas por todo el vagón.
-¿Qué te pasa Bobarín? ¿Por qué lloras?- le preguntó Gabina pasándole una cebolla.
-Es que cada vez que alguien me mira con cariño me provoca ganas de llorar.
El tren pitó anunciando una parada, Godoy preso aún del pánico corrió las cortinas del camarote.
-¿Pero quién le persigue? Cuéntenos, déjenos ayudarle.
-No quiero implicarles, es mejor que no sepan nada.
-¿Ha matado a alguien?
-Ojalá hubiera sido sólo eso. Antes me pagaban por ello.
-¿Y qué podemos hacer?
-Ocultarme.
-¿De quién?
-De la Guardia Real.
-¿Es que hay una de mentira?- acuñó Gabina.
-Lo que debería hacer usted es dibujarse un bigote real.
-O escribirse una historia de mentira.
-Buena idea Gabina, cambiar la historia es lo más práctico.
-Paso.
-Eso, pase, pase.
-Que paso.
-Pase y nos cuenta la nueva historia.
-Sois imposibles. Voy a relataros lo que nunca sucedió para que suceda.
-¡Así se habla!- exhortó Gabina.
-Shhhhh…
-Es que empieza muy bien la historia…- dijo Gabina mientras Bobarín le tapaba la boca.
El público estaba entregado; Godoy continuaba siendo el centro de todas las miradas y oídos -que eran tres y medio- se ajustó la corbata, estiró los brazos y anudando las manos hizo crujir sus nudillos antes de comenzar a orar.
-Seré breve…
-Ahora es cuando estira la pata- susurró Gabina.
-Aquella mañana el sol no quería salir y es que la noche anterior no quería acostarse a su hora.
-¿Entonces había sol o no había sol?
-Eso no es menester Gabina, ahora lo que importa es saber que el sol es un poco sinsorgo.
-Señoras se trata sólo de una licencia poética para ganar tiempo a ver que se me ocurre.
-¿Pero había sol o no había sol?
-El sol no quería salir y tuvo suerte, amaneció nublado y nadie notó que durante aquel día el astro padre se las pasó durmiendo. Llovía como nunca, ni Noé recordaba un diluvio como aquél. Aranjuez estaba anegado por el agua, normalmente las tormentas engendran partidas de Parchís pero antes de la media tarde los habitantes habían desarrollado branquias, boca de piñón y ojos de lenguado a la plancha.
-¡Qué bonita historia! ¡Qué preciosidad!
-Pues a mi me gustan más las anchoas rellenas de aceituna y lo de Noé está ya un poco pasado…
-Pasado por agua- dijo Gabina.
-Me vais a cortar la inspiración. Los habitantes se encontraban como peces en el agua, yo como es normal estaba un poco escamado. Los bancos habían pasado a ser de peces y todo el mundo era muy feliz. Un día comenzaron a caer suculentos gusanos y ninfas como maná del cielo. -¡Cómeme, cómeme! -decían los gusanillos desde la superficie del agua.
-¡Qué superficiales!- interrumpió Gabina.
-Uno de los peces más gordos, el que dirigía el banco de peces, pegó un bocado a uno de los gusanos y ¡Zas! Algo tiró de él con fuerza y desapareció en la nada sin dejar rastro. Cada día desaparecía media docena de habitantes. Una mañana mientras me encontraba nadando por el fondo, pues soy un hombre muy profundo…
-El mar es tan profundo en la calma como en la tempestad…- interrumpió esta vez Bobarín.
-Sí señora y es más difícil proponer y hablar con gracejo y sosiego que guardar silencio con desprecio, en el fondo el silencio puede ser muy amargo. Como le iba contando me encontraba en lo más profundo de mi mar cuando descubrí un tapón. Aquello parecía un desagüe. Reuní a todos los habitantes y les propuse con mansedumbre y gracejo la idea de quitarlo, intenté convencerles de que estaban estancados, pero todos consideraron que eran felices aislados del mundo sin más problema que el de buscarse una mosquita viva para cenar y una muerta para ligar. ¿Pero no os dais cuenta?- les dije- Vivís en una pecera a la sopa boba, os basta con nadar, desovar y picar en el anzuelo, estáis dejando que os manipulen- pero ellos lo negaban por que alguien había hecho muy bien su trabajo ya que para manipular con eficacia lo primero es hacer creer a la gente que no están siendo manipulados.
-Están terminando con vosotros, estáis a la merced de los de arriba y a la merced de los peces gordos de aquí abajo.
-Qué más da si hay alguna baja que otra. ¡Aquí somos felices!
En pocas semanas todos habían dejado de pensar. Una noche tomé mi propia decisión y decidí sacarles de aquel estado absurdo, sin más dilación quité el tapón.
-Dicen que todos los tontos son felices…debiste dejarles en su Matrix.
-Yo sólo les ayudé a reflexionar…
-Ja, ja, ja. Les obligaste a pensar que no es lo mismo pero no se puede ayudar al que no se quiere dejar ayudar.
-Pensar es vivir dos veces. Lo hice por ellos creo que todo deseo estancado es un veneno.
-¿Ah sí? ¿Por ellos? ¿De quién era ese deseo? ¿Y qué pasó después?- preguntó una incisiva Bobarín.
-Volvieron a recuperar sus pulmones, sus problemas sus hipotecas y pusieron una recompensa por mi cabeza.
-¿Y cuánto cuesta?
-Qué más da Gabina, no vamos a entregarlo.
-Bueno por curiosidad ¿Sólo por un dedito tuyo qué dan?
-Venga Gabina… contente. ¿Y qué hizo usted?
-Corrí tanto que llegué aquí antes de salir.
-Aquí está a salvo. Está claro es que hay personas que prefieren no pensar y que se lo den todo hecho y no se puede ir de salvador por el mundo. Muchos prefieren vivir engañados.
-A peces nos confundimos…
-Qué mala leche tienes Gabina. Los peces gordos donde mejor están es en salmuera pero  para ayudarte mañana me corro una juerguecita con el sol y les inundamos otra vez de ignorancia.
-Si hiciera eso por mi- dijo Godoy asiendo a Bobarín por la cintura.
-…tan antiguo como el Edén es el “Pescado Original” – continuaba Gabina hablando pasa si misma mientras descorchaba una botella de vino.
-Oye si nos vamos a emborrachar yo ya no me movería de aquí.
-Yo tampoco.
-¿Con quién hablas?
-Menos mal que eres de las que tienen unos segundos de memoria.
-¿Dónde estás?
-Estoy en otra página…- dijo Bobarín besando a Godoy con pasión.
Gabina asomó la cabeza al pasillo del tren y gritó:
-¡Una de anchoas rellenas de aceituna!

Continuará

rellena

Anchoa rellena de aceituna

Dedicado a mi amigo Alejo Axel Heyer, a los bultos sospechosos habituales y a todas las anchoas que tienen siempre la sazón.

coronilla

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12 septiembre 14

To lose a Toulouse

“¡Mira que estaba mal!… Pues nada”  Miguel de la Quintana.

 CAPÍTULO XLVIIIlautrecbobarín

A Ramonita pareció no molestarle la fingida e irónica indiferencia de Bobarín a la cual respondió con una elegante actitud incisiva.
-Poca carne tiene usted para poner en el asador…- dijo Bobarín tocando su escuálido trasero- ¿Usted no come por pobre o por presumida?
-Mi belleza y perfección es de he-reeen-cia, estoy bien hecha porque generación tras generación en mi estiiiiirpeee se ha vivido muuuuuyyy bien, sepa usted que proveeengooo de una familia de raaaancio aboleeeengooo.- dijo Ramona exagerando un acento de lo más cursi siguiendo el juego a Bobarín.
-Huy los abolengos no me los como yo ni maduros, ni verdes ni rancios.
-Pues será usted lo único que no se come.
-Las buenas estirpes son las que se endurecen, las que sobrevivimos a base del trabajo de nuestro sudor… las que sabemos que engordamos por todo lo que no nos mata y nos inmunizamos contra el mundo este.
-Yo estoy hecha de otra madera.
-Si querida pero la carcoma no entiende de maderas, cuando llega, llega.
-Señora yo no estoy delgada por lo que como o dejo de comer.
-Claro que no, es por lo que le recarcome.
-A mi nada me remuerde, hasta pienso mucho en los pobres, mi lema es “Da pan al que tiene hambre”
-Huy y que de hambre a los que tienen pan, porque mírese, está usted que da pena verla.
-Yo soy de buen comer, se lo juuuuro…
-Ja, ja, ja Osea… ¡Una pija que jura! ¡Qué novedosa!- rió Gabina.
Parecía que esta vez nuestra dama había encontrado una contrincante a su medida algo que la excitaba sobre manera, incluso comenzaba a caerle bien, si había de perder a Toulouse bien estaba que fuera por una mujer con personalidad que en cualquier caso ya había robado el corazón del pintor años antes.
-Ramonita, Ramona, mi amor. Soy yo, Toulouse ¿No me recuerdas?
-Pues claro que te recuerdo tonto, llevo buscándote toda la vida, te perdí en la cola del supermercado, te busqué en congelados, en la carnicería, en bebidas…te esperé años junto a la caja. ¡Tres cajeras murieron en ese tiempo! Creí que me habías abandonado, pero al mirarte hoy a los ojos…
-Mi amor.
-Mi vida- y ambos se fundieron en un abrazo convirtiéndose es una bonita estatua de bronce.
-¡Ay Gabina! He estado cerca… pero ni premio, ni puro- exclamó Bobarín.
-¿Cómo que no? Aquí tengo un Farias.
Al oír la palabra Farias Bobarín dio un respingo abandonando aquella actitud derrotista que no iba con su carácter ni con su sombrero. A veces gustaba jugar a ser lo que no era en un vano intento por sentir lo que el mundo esperaba que sintiera pero Bobarín siempre encontraría triunfo en la derrota.
-Trae pa acá ese habano.
-Bueno espera, que sólo me queda uno y no sé…- respondió Gabina bromeando.
-Ya sabía yo, eso más que un habano es un avaro…
-Sólo bromeaaaba bobarina, si ni siquiera es de la Habana- dijo Gabina mientras cortaba el extremo del codiciado puro.
-Con los vicios y la comida no se bromea, estoy harta de repetírtelo.
-Menuda bronca por naaa…
-Pues a mí me encanta que me caigan puros.
-Ji,ji,ji…- rieron al unísono.
En el estrecho camarote la escultural estatua bicéfala y nuestras amigas compartieron el humo del Farias que comenzó a condensarse en una amenazante nube.
-Abre la puerta o abre mi paraguas- se quejó Ramona.
-Qué pesada, las estatuas ya no son lo que eran, tan calladitas señalando con un dedo al horizonte.
-La nube esta parece que está tomando forma de tornado…tú verás…
-Ta tomando tor-tornado tu verás…qué pesadita ta.
Al abrir la puerta Bobarín vio una fugaz sombra a contraluz que se apresuró hacia ellos introduciéndose en el camarote.
-¿Qué ha pasado? ¿Qué era eso?
-¿Y dónde está?
-No veo nada.
-Cuidado que a lo mejor muerde.
La espesa niebla ciclogénica se fue disipando, bajo la cama sobresalía una temblorosa levita.
-Salga de ahí intrigante… cosa- ordenó Gabina. El bulto sospechoso se aferraba en su escondite, sin más dilación Bobarín tiró de él –fundido en blanco- ante los perplejos ojos de Bobarín y Gabina apareció un polvoriento y desencajado Godoy, Manuel Godoy Álvarez el del Farias, les sonara pues el famoso albañil que terminó siendo pocero ha sido nombrado anteriormente en esta biografía por ser el favorito de Bobarín, de Carlos el del cuarto y de su mujer; un hombre válido y valido donde los haya.
-¡Quieren ahorcarme, mi vida pende de un hilo!
-Dirá usted de una soga…- acuñó Gabina.
Toulouse mantenía la mirada lánguida sobre Ramonita, en el cristalino de sus ojos se podían ver pasar tiernas imágenes de su juventud junto a la moza; aún así no ajeno a la nueva e inesperada visita suspiró.
-¿A quién van a matar? A lo largo de estos años a falta de mi Ramona…¡Cuánto he deseado que me visitara La Parca!
-¡Bravo! ¡Así se habla! – exhortó Gabina.
-¿Pero qué dices bruta?- se quejó Ramonita.
-Lo que quiero decir es que si no tenía ganas de vivir que al menos las tuviera de morir.
-Está usted loca…
-Yo no lo creo. Mire, lo primero no tiene remedio pero lo segundo sí- explicó Bobarín apoyando a su amiga.
-Oigan ustedes, con todo el respeto por la estatua esa, pero el que está en apuros soy yo- se quejó Godoy.
-Aquí el que no está en apuros se fuma uno.
-Eso. Ya está bien de querer tener siempre el protagonismo. Uno viene con que le quieren matar, otro con que se quiere morir…¿Y los que queremos vivir tan panchos, qué? ¿No contamos?
-Tienes razón Bobarín, pásame el puro – rogó Godoy alargando su temblorosa mano.
-Amor mío yo te sacaré de apuros, calmaré el temblor de tu mano, no pudiendo fumarnos la vida juntos, nos fumaremos un habano.
-Poeta, poeta, eres una poeta- aplaudía Gabina mientras Bobarín continuaba recitando llevada por ese rapsoda que todo enamorado lleva dentro.
-Le amo con tanta locura
que si el cinismo era mi condena
ahora es mi tortura.
-Muy bonito pero…¿Me pasas el Farias? ¿O qué?

(Continuará)

Dedicado a Miguel de la Quintana de Amargord ediciones. 

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19 agosto 14

Las bolsas de la Ramona

CAPÍTULO XLVII

“Las bolsas de la Ramona son más grandes que su cuerpo, Ramona te quiero…¨

capXXXVII

“Mientras yo sepa de qué me pongo, me da igual de qué me pingan, digo pongan”

-¡Ay qué bien se está cuando se está bien!- suspiró Bobarín. Dicho esto y tras disfrutar del gustirrinín que da compartir las cosas buenas, cayó dormida sobre el hombro de Toulouse.
-A ver cuánto dura esta paz- dijo Gabina con el papo aplastado contra la ventanilla. Y es que lo que suele suceder cuando uno está bien es que aparece alguien para estropearlo. Creo que fueron más de cinco apacibles minutos de descanso; los pájaros mugían, las vacas maullaban y los postes eléctricos bailaban a su son.
– ¡Toc! ¡Toc! ¡Toc!- desde el exterior alguien golpeaba el tren a su paso -¡Qué pare leñe! ¡No voy a perder este tren! ¡No señor! ¡Este tren si que no lo pierdo!- El ferrocarril frenó de golpe; Bobarín salió despedida hasta la sala de máquinas, Gabina perdió la dentadura postiza –pero conservó la de verdad- y Toulouse creció cinco centímetros de y del golpe.
Se encontraban parados en mitad de la nada. Una mujer cargada de bártulos con un paraguas colgando del brazo se introdujo en el vagón pegando gritos ininteligibles mientras caminaba propinando golpetazos a su paso. Hay mujeres que caminan cargadas hasta las trancas para poder abrirse camino entre la masa humana valiéndose de sus bolsas, suelen llevar objetos punzantes cargados de mala saña para ayudarse a la hora de adelantar en el paso de cebra o de apearse en el autobús, esta, era una de ellas.
Toulouse -una vez habiéndose acostumbrado a la nueva medida de las cosas- ayudó a la nueva pasajera a colocar los bultos en el compartimento para equipaje. Después de haber organizado las bolsas, la jaula del guacamayo, un reloj de pared, varios baúles, un organillo y un puesto de castañas la miró sonriente y complacido con las pupilas en forma de corazón, la mujer sin apenas mantenerle la mirada le dijo –Gracias, ¿puede por favor acomodar también mi sombrerera? Y no espere propina.
   Bobarín regresó alegre y ufana de la sala de máquinas dónde había preparado una barbacoa al carbón con algo de matanza que llevaba en el refajo. Al darse cuenta del interés que despertaba la señora de las bolsas en Toulouse fingió perder el equilibrio pisándole sin querer un prominente juanete que latía bajo su zapato.
-¡Huy! Disculpe, le he pisado sin querer antes de que usted me saque un ojo queriendo- la mujer apuntó desafiante a Bobarín con su paraguas, en ese oportuno instante Toulouse ofreció su brazo a la mujer de las bolsas acompañándola a tomar asiento.
-No entiendo por qué este género de señora lleva siempre veinte bolsitas colgando en lugar de meterlo todo en una- dijo Gabina.
-Es una mezcla de Síndrome de Diógenes con afán de aparentar, fingen que van de tiendas pero luego no llevan nada dentro, como mucho compran una prenda y la cambian cien veces, en el resto de las bolsas llevan relleno de almohada y unas mandarinas para merendar.
-En definitiva, utilizan los bártulos como coraza para golpear a diestro y siniestro mientras farfullan… vete tu a saber qué farfullan.
-Yo creo que hablan otro idioma, uno que se parece al alemán.
-A veces bufan como un gato.
-Y van a la misma peluquería.
-¿Son las mismas que se hacen las tontas para colarse en las colas?
-Sí, son las mismas.
-¿Las que si les preguntas por una calle te indican erróneamente a propósito?
-Ellas. Pero luego se confiesan al cura y salvan su alma.
-¿Su alma va también con bolsas?
-Eso ya no lo sé. Dijo Bobarín mientras buscaba ansiosa la fiambrera en su bolso. Por el pasillo dando tumbos volvía Toulouse triste y apesadumbrado, limpiándose el sudor con un pañuelo tomó asiento junto a Bobarín y permaneció cabizbajo.
-Esa mujer que acaba de subir es Ramonita, mi primera novia. ¡Ay Bobarín! La he mirado fijamente a los ojos pero no me recuerda. Me temo que no fui nada para ella.
-¿Y qué pasó? ¿Cómo la perdió?
-En una cola.
-No me diga más.
-¡Ay Bobarín! Las viejas heridas tienen vida propia.
-Ni que lo diga, yo tengo una bala incrustada entre las costillas desde La Guerra del 14 y no vea cómo se resiente con el mal tiempo.
-Me refería a las heridas del corazón.
-¿Le dispararon a usted en el corazón?
-Si señora, varias veces.
-Bueno, pero no se preocupe que por ahora dan buen tiempo.
-A veces se me resiente tanto que no sé si me duele por delante o por detrás.
-No vaya a ser reuma…
-No señora es mal de amores.
-¿Y eso es contagioso?
-Qué vacile tiene.
-¡Ay Toulouse! Es que se me pone usted moñas y me estropea la tarde.
-¿Usted nunca se ha enamorado?
-Yo me enamoré una vez perdidamente, las otra veces me enamoré también perdidamente y sigo enamorándome perdidamente todos los días. Vamos que como encuentro el amor lo pierdo.
-¿Ha mirado usted en objetos perdidos?
-En los de este tren no. ¿Qué le parece si vamos a fisgar?
-Disculpen que me entrometa ¿Les importa que les acompañe?- interrumpió la señora de las bolsas- es que he extraviado un ojo.
-Faltaba más, tal vez encuentre usted unas gafas y me reconozca, digo que como está usted estrábica…
-Perdone ¿Ha dicho algo?
-Y también sorda…
-Oye ¿Tu crees que te compensa que te reconozca?- le preguntó Bobarín metiéndole un codazo nada disimulado.
-Dejemos lo de los objetos perdidos para más tarde que ese vagón no se va a perder- dijo Gabina. Bobarín continuaba buscando ansiosa en su bolso.
-¿A qué hora comienzan a servir la cena?
-Aún es pronto Bobarín.
-Tengo un hambre feroz, ojalá pudiera comer algo. Bueno, ojalá pudiera quitarme ese pensamiento…
-Pues no nos queda nada de reservas en la maleta.
-¡Mujer! ¡No me des tristezas para distraerme el hambre!
-Ya no sabe una como entretenerte. Toulouse ¿Por qué no la rondas un poco hasta que abran el restaurante?
-A estas horas yo acostumbro a beberme un orujito.
-Pues vayamos a empinar las costumbres.
-¿Y hoy qué celebramos?- preguntó Gabina guiñando el ojo a su compañera.
-Mi divorcio. Hoy celebramos que me divorcio de mi misma y me lo dejo todo.
Gabina, Toulouse y Bobarín se apretaron dentro del camarote del artista que se apresuró a pintar un par de botellas de orujo para después sacarlas de su lienzo.
-¡Voilá! – exclamó el pintor.
-¡Voilà!- dijo Ramonita que aparecía en ese instante por la puerta.
-Esta se apunta a un bombardeo- dijo Gabina, pero Ramona hizo caso omiso y ayudada de un par de bolsas se abrió paso hasta Tolouse.
-Es usted todo un artista. ¿Qué piensa del arte conceptual?- prosiguió Ramonita mientras le atusaba la barba.
-Eso, eso. ¿Qué fue antes la estatua o la gallina?- infirió Gabina con mala leche.
-Mmmm…pues antiguamente se inventaba entre todos una figura emblemática, un Napoleón, un Roberpierre o algo así y después se le hacía una estatua, ahora con el arte conceptual se puede hacer una estatua y luego decidir a última hora quién es.
-Muy práctico ¿Y a usted qué tal le va desde que se murió?- preguntó Bobarín.
-Ya sabe, no falta nunca gente que se acerque a calentarse a la hoguera del éxito, pero cuando uno se va a Triana…- Toulouse no podía dejar de mirar a Ramonita a la que realmente dirigía sus palabras, Ramona, Ramona, Ramona, la mujer que llenara su vida años atrás y ahora si quiera le reconocía.
- Qué razón tiene, cuando la hoguera se apaga, sólo los que le quieren a uno de verdad le ofrecen su calor…- dijo Bobarín arrimándose a Toulousse y aplastándole con una teta.
-Alguien tiene ceeeloooos- dijo Gabina silbando al aire.
- Esta señora es una fresca. ¡Qué digo una fresca! ¡Es un futón verbenero!
-¿Has oído algo Gabina? Toulouse sírvame otro orujo por favor- y alzando la copa clamó- ¡Mientras yo sepa de qué me pongo, me da igual de qué me pingan!

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23 julio 14

Bobarín sienta la cabeza

CAPÍTULO XLVI

A veces el piso más alto es el peor amueblado.

Madame Bobarín

 

Stradivarius cabalgaba a lomo de Cary Grant; unidos por la desesperación perseguían el tren en un vano intento por dar caza a sus amigas. Gabina y Bobarín representaban para ellos una alegoría a la vida, la ilusión, la magia, la alegría, la esperanza, un destino en libertad, un sueño… Un sueño que no alcanzarían nunca si ese tren paraba porque señores, sólo ellos eran dueños de su destino y había llegado el momento de cortar aquel cordón umbilical.
- ¡No nos dejéis aquí!
- ¡Bobarín te necesitamos!- gritó Cary desmoralizado, pero las damas parecían no haberse dado cuenta de la triste escena que acontecía en el exterior.
- ¡Oh Dios mío! ¡Qué tristeza! ¡Corre más jamelgo, corre!- Stradivarius golpeó con su funda la ventana del tren sobresaltando a las mujeres.
- Bobarín, estoy fatal, me creo hasta lo que veo.
- ¡Ostrás! Cary y Stradivarius nos persiguen.
- Qué pare el tren- ruega Gabina.
- No Gabina, déjales ir. Hazme caso, les hacemos un favor.
- Oh Bobarín, no puedo, son nuestros amigos, nos necesitan.
- ¡Qué nos van a necesitar! No mires atrás.
- ¿Por qué?
- Si miras atrás la imagen permanecerá como una promesa y no es bueno vivir esperando nada.
- Pues bien que hemos esperado para que no se nos escapara este tren.
- ¡Ah no! El tren nos esperaba a nosotras querida.
Fuera como fuere y ante la desolada mirada de nuestros amigos, el tren fue haciéndose pequeñito hasta despeñarse en el horizonte.
- Siendo los dos una tristeza, ya no será tristeza si no alegría- se consolaba Cary.
- Tú eres bobo.
- Bueno, era para consolarte, ni siquiera la frase es mía es de Villaespesa…
-Espeso estás tú.
El tren ya había desaparecido mientras Cary y Stradivarius se consolaban con el mal de muchos y unos gin tonics.
***
Un sacerdote debidamente ataviado con su traje talar tomó asiento junto a nuestras damas.
- Creo que ha llegado el momento de sentar la cabeza- pensó Bobarín en voz alta.
- ¿Decía algo señora?- El cura parecía ansioso, al hombre le habían aconsejado en su diócesis que hiciera un viajecito para desengancharse de sus vicios y es que últimamente se había vuelto adicto a los secretos de confesión.
- Sí, ya lo he decidido, voy a casarme conmigo misma- bajo la perpleja mirada del sacerdote Bobarín se levantó y agarrando a Gabina del brazo se dirigió hacia la locomotora en busca del “Capitán del Tren” que gustoso y con la bendición de Gabina casó a Bobarín con ella misma embargada de alegría e ilusión.
- ¡Cómo me quiero!
- ¡No he visto nunca un amor igual!- sollozaba Gabina llevada por la emoción.
En el vagón y ajeno a todo, Toulouse pintaba bocetos y apuntes de Madame Bobarín.
- Te puede dominar la belleza o la cabeza, pero yo nunca dejaría que la belleza me domine- le interrumpió Bobarín mientras curioseaba los dibujos por encima de su hombro.
- … claro que siendo usted tan bella debe resultarle difícil…
- ¿Lo dice con retintín?
- No señora lo digo yo solito. A mi nunca me dominará la cabeza porque la he perdido por usted.
- Pues por mi en lugar de perder la cabeza ya podría encontrar un buen trabajo.
- Por usted me haré ingeniero. ¿No cree entonces que es un mérito vestir tanta hermosura con tal holgada inteligencia?
- Yo no creo que las guapas sean tontas por necesidad, sólo que a veces se hacen bobas sin necesidad.
- Eso lo dice usted que además de belleza posee una inteligencia cegadora.
- Qué va, a veces estoy tan lenta que me parece que una persona se cruza consigo misma frente a mis narices.
- Eso es que la gente va muy rápido, andan como locos de un sitio para otro sin disfrutar de las pequeñas cosas, como el hecho de estar con usted.
- Hombre pequeña cosa…nunca me habían llamado.
- Entiéndame usted, para mi sois una persona grande.
- No se paseeee…
- No me refiero a su tamaño. Míreme a mi que como buen fruto de la endogamia no levanto ni un metro y medio del suelo.
- Mire jovencito si no fuera capaz de empatizar no me gustaría nada lo que dice.
- ¿Pero le gusta?
- Es que soy muy empática.
- Y le sienta a usted muy bien esa enfermedad.
- Me sonroja. ¿Pero no considera que es usted muy joven para mi?
- No sería tan joven, ni tan bajo, si no apuntara tan alto.
- Hombre visto así…
- La amo por auténtica, por ser usted misma.
- ¡Ja! Imagínese vivir siendo otro mismo.
- No le falta razón pero no me negará que la sociedad esta insiste en imponernos las pautas para ser feliz. ¡A mi me van a decir lo que necesito!
- ¿Y qué necesita usted para ser feliz?
- Con mi lienzo y mis pinceles me basta.
- Es usted el hombre de mi vida, además me cabe en el bolsillo.
- La amo. ¿No tiene sitio para mi en su corazón?
- Seguro que sí, espere que haga mudanza que siempre tiro algo.
Gabina llevaba un buen rato propinando codazos a Bobarín escandalizada por lo que estaba sucediendo.
-Bobarín ¿Has perdido la cabeza? Deja de coquetear con ese hombre ¡Que acabas de contraer matrimonio mujer!
Bobarín llevada por la lujuria y haciendo caso omiso de su amiga, se lanzó sobre Toulouse propinándole un beso de Supercinexin.
- Muy bien. Te has puesto los cuernos a ti misma. ¡Adúltera, adúltera!- gritaba Gabina por el pasillo.
-Tranquila que yo me perdono soy una mujer muy comprensiva y nada rencorosa- y continuó besando al pintor mientras se lo metía en el bolsillo.
- ¡Ay! ¡Qué bien se está cuando se está bien!- suspiró Bobarín.
Continuará

Algunos prefieren asomar la cabeza al cielo a meter el cielo en su cabeza. Capítulo dedicado a Gabriela Fígulis.

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14 julio 14

Postimpresionado. Toulouse-Lautrec pierde la cabeza

CAPÍTULO XLV

Una idea fija siempre parece una gran idea, no por ser grande, sino porque llena todo un cerebro. Jacinto Benavente

Lautrec
 
En capítulos anteriores:

Stradivarius, el caballo Cary Grant, Gabina y Madame Bobarín se las veían para sobrevivir ante la creciente e imparable espuma de plátano que había invadido su hogar. Ambas damas huyeron despavoridas de la casa abandonando indolentes violín y caballo a su suerte. Sin más enseres que un libro y un cepillo de dientes -con el único fin de tener algo que llevarse a la boca- se descolgaron por la ventana hasta la calle.

-Bobarín me voy a la peluquería a leer revistas- dijo Gabina sacudiéndose los tropezones de plátano de su vestido, como si tal cosa.
-Muy bien, yo aprovecharé para tomarme una cerveza en Santa Bárbara mientras devoro mi libro- jubilosas, se despidieron las damas tarareando Plátano Baloo como dos colegialas.
No llevaba Bobarín más de cinco minutos en la cervecería cuando el camarero se acercó ofreciéndole el teléfono.
-Señora, le llaman de la peluquería “Te Tomo el Pelo”
-Ah, esa es mi amiga Gabina. ¿Cómo sabe usted que soy yo la que busca?
-Me la han descrito.
-Y por curiosidad. ¿Cómo me ha descrito esa sinsorga?- pero cuando Bobarín levantó la cabeza el camarero había desaparecido.
-¿Gabina?
-Sí, Bobarín te llamo porque he tenido un pedazo de idea y me da miedo que se me olvide.
-¿Por qué no te vienes aquí y me la cuentas?
-Por que es una idea muy grande y pesa mucho.
-Bueeeenooo, pues te envío a Paquito el camarero que es muy fuerte para que me la traiga.
-Esa si que es una buena idea. ¿Y tu cómo haces para que no te pesen?
-Para que no pese una idea sólo hay que realizarla- y apuró su cerveza con un sonoro sorbo de los que roban el alma a la cebada.
En promesa de una buena propina Paquito hizo gustoso el recado aunque a duras penas pudo traer aquella la idea que de tan grande no cabía por la puerta por lo que se vio obligado a dejarla aparcada en la acera.
-Señora su amiga me ha encargado que le de este nota, la idea la encontrará aparcada en segunda fila a cargo del guarda llaves.
-¿Le parece a usted bonito? Ahí pueden estar las ideas, claro, así a la hora de la verdad nadie tiene una idea buena, ya lo decía mi madre “Hija mía tu no pienses” y va usted y le hace caso- contestó Bobarín mientras asomaba con curiosidad la cabeza por la ventana para encontrarse con una locomotora agitándose como una batidora; con calma y dando un trago a su nueva cerveza abrió la nota de Gabina.
“Querida, te espero en el primer vagón. Nos vamos en un viaje sin destino ni retorno previsto. Deja de leer ese libro y levanta el culo de la silla, la lectura es el viaje de los que no pueden tomar el tren. Estoy como una locomotora, veo la luz al final del túnel y no es un tren. Celebremos nuestra libertad por todo lo bajo. Gabina.”
Por todo lo bajo es como se venían celebrando las cosas desde que la crisis arrasara el mundo, lo de celebrar su libertad era un género de vida que llevaban siglos practicando y el libro lo seguiría leyendo allá dónde fuera, lo único del plan que excitaba a Bobarín era el hecho de tener un tren a su plena disposición.
-Señora, su tren de largo recorrido está en la puerta fumando pitidos, el maquinista parece ansioso, pegada a una ventanilla una señora llora y se suena los mocos mientras se despide de un violín que toca la canción más triste del mundo- se quejaba Paquito esperando su propina.
-Venga, por simpático le dejo las aceitunas- se despidió Bobarín mientras vaciaba los cacahuetes en su bolso y dejaba un par de olivas custodiadas por un puñado de relucientes huesos.
Cuando Bobarín llegó al vagón Gabina conversaba ufana con un hombre de acentuado acento francés, un individuo de pequeño tamaño con barba y gafas coronado por un bombín que batía su bastón en el aire llevado por la euforia de la conversación. Al ver a Bobarín cesó de aspear los brazos y aflojándose la corbata se presentó a nuestra dama.
cabaret copy-Toulouse-Lautrec para servirla- dijo el galán besándole la mano.
-Madame Bobarín, para que me sirva usted… un gintonic.
-Es todo un placer. ¡Marchando un gintonic!- Toulouse desenrolló un lienzo y pintó en él un gintonic con mucho hielo, terminada la obra introdujo su mano en el cuadro y ofreció a Bobarín el aparente bebercio.
-¡Oh! Muchas gracias caballero, usted y yo sí que vamos a hacer migas. Bueno migas para desayunar pero visto su don creo que vamos a cenar ostras y caviar.
-Acompañado de un ChâteauLafite Rothschild.
-Hombre ya que estamos y si no le importa prefiero el producto nacional. ¿Qué tal un Vega Sicilia con Denominación de Origen Ribera del Duero?
-No sé yo ese vino qué tal lo pintaré…lo que suelo hacer es pintar “tempranillo” por la mañana un Cabernet Sauvignon y lo dejo cinco años en barrica, pero a estas horas…
-¡Vaya a usted a saber dónde estamos dentro de cinco años!
-Yo también soy artista, artista independiente- interrumpió Gabina.
-Más bien es artista dependiente, primero fue dependiente de sus padres y ahora de mi- apuntilló Bobarín.
-Lo que es todo un arte es verme así con mi edad- contestó Gabina con la cabeza bien alta mientras se tocaba el busto orgullosa.
-Lo malo de viajar en coche-cama a esta edad tan artística…es que una termina baldada.
-Eso se arregla con un masaje.
-Miedo me dan los masajes, ¿Cree usted que si me doy un masaje corro el peligro de adelgazar?
-En todo caso adelgazaría el masajista.
-Qué labia tiene usted. Creo que sale el tren.
-¿Lo ha visto moverse?
-No. Hay que saber ver por las orejas querido Touloue- dijo Bobarín guiñándole un ojo al pintor, en ese momento la cabeza de Toulouse desapareció bajo el bombín que flotaba en el aire como si de un Magritte se tratara.
-¡Diantres! Otro hombre que pierde la cabeza por mí. Gabina, por favor, pregunta al revisor si hay alguna cabeza con olor a trementina en objetos perdidos.

 Capítulo dedicado al antes amigo que poeta George Clark

Notas de interés: Otro título que barajaba ” Tolouse-Latrain” (en inglés postimpresionista, perder el tren)

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01 junio 14

República Bananera

CAPÍTULO XLIV

Llega un momento que te das cuenta de que no es que te hayas especializado en algo, sino que algo se ha especializado en ti. Arthur Miller

 

Sor Olla. Actualmente expuesto en la Galería Ara Arte. Madrid

Sor Olla. Actualmente expuesto en la Galería Ara Arte. Madrid

El deseado actor continuaba pretendiendo a Bobarín con el único fin de heredar su fortuna que -como nosotros sabemos pero el ignoraba- se reducía a un puñado de ilusiones ya invertidas en delirantes negocios de dudosa rentabilidad. Por su lado, la astuta Bobarín había conseguido que los aires de grandeza abandonaran a La Marquesa que como un globo deshinchado yacía flácida sobre el diván.
-¿Sabías que doña Adelaida se ha separado de su marido?
-¡Ya han tardado!- cotilleaban las damas al fondo de la sala.
-Yo soy de clase media, no tengo acceso a reflexiones tan profundas…- ironizó Bobarín.
-Por mí como si se separa Ortega de Gasset o Ramón de Cajal – interrumpió Gabina.
-Aquí todos tenemos ganas de contar nuestras historias.-se quejó “La Marquesa”.
-Lo malo es que sus historias son siempre las de otros…
-Así se habla Gabina y usted marquesa a ver si deja de refunfuñar- añadió Bobarín.
-Pero si no he dicho ni muuuu.
-Que utilice usted silenciador no significa que no se delate el “refunfuño” en su rostro.
-Una ya no puede ni sufrir en paz. ¡Ay qué vida más dura…!- se lamentó la marquesa.
-Mujer, deje de darse pena de si misma, mejor démonos alegrías de nosotras mismas.
Bobarín comenzaba a cansarse de sus invitados, sobre todo de los que pagaba por horas mientras vaciaban su mueble bar, por lo que fingió recibir una carta sazonada en ántrax y ordenó desalojar la casa y acordonar la zona. Clooney que ahora era un clásico mayordomo “Fermín” se despidió apesadumbrado; estaba el Cassanova besando con elegancia a nuestra dama cuando pegó un respingo hacia atrás.
-¡Pardiez! Creo que el ántrax le ha afectado al crecimiento capilar. ¡Me ha pinchado con el bigote!
-¡Se habrá creído usted que el bigote es exclusividad de los hombres!
-No se excite, al menos no tiene usted un pelo de tonta.
-¡Ah no! Cuando me sale uno de esos me lo quito con la eléctrica- respondió Bobarín señalando el enchufe.
-Aunque me pinche usted no se olvide nunca de mi, recuerde que este humilde actor la amó por conveniencia. Nunca un querer ha sido tan interesado.
-No se preocupe, de vez en cuando le preguntaré a mi ascensor que tiene más memoria que yo.
-Adios muy buenas Madame.
-Mira Gabina, acabo de perder otro novio.
-No te preocupes querida, tendrás otros y también los perderás.
-No sé qué haría sin ti. El origen de mi fortaleza es que nadie me ha amado nunca…
Stradivarius y Cary se habían escondido en la cocina para no ser desalojados con el elenco y aprovechando el ambiente culinario cocinaban unas chuletas de cordero y un batido de plátano.
-Mmmmm…Parece que algo se está cocinando.
-Menos mal porque a este paso me voy a quedar en los huesos- se quejaba Gabina que al compartir aventuras con Bobarín a estas alturas del libro ya había perdido treinta kilos.
-La única manera de no quedarse en los huesos es comiendo- dijo Bobarín mientras hacía una demostración práctica con las chuletillas, allegando al hueso y dejándolos bien peladitos sobre el plato.
-¡Bobarín! ¡Con tus demostraciones te has vuelto a comer todas las chuletillas!- se quejó Gabina.
-Ten cuidado Gabina que la gente termina siempre por condenar a los que acusa. Observa, huesos y huesos.
-No se preocupen señoras ahora mismo les traigo el postre- no terminó esta frase Cary cuando comenzó a salir una enorme masa amarillenta de la cocina invadiendo el salón, aquel magma ambarino semejante a la espuma para apagar incendios anegó el piso engullendo a nuestros protagonistas.
-¡Oh Dios mío! ¿Qué es eso?- gritaba Gabina. Entre el espumajo se oía la voz ahogada de Stradivarius.
-No se qué ha pasado, me he puesto a batir y aquello ha comenzado a crecer…
-¿No estarías batiéndolo con nata?
-¡La que has montado!
-Esta casa se ha convertido en una República Bananera.
-¡Siempre dando la nata!- bromeaba Gabina mientras se relamía.
La espuma de plátano había invadido ya la sala, Bobarín aprovechó para afeitarse el bigote, Stradivarius tocaba aquella bonita canción de los plátanos de Canarias, mientras Cary al intentar seguirle el ritmo planeó sobre las peladuras…
-¡Cáscaras! ¡Qué resbalón!
-¡Estoy de los carbonos hasta los hidratos!- se quejaba Bobarín mientras intentaba alcanzar la puerta.
-Esto no parece oro ni plata ni naaaa…- protestaba Gabina sacando la cabeza por la ventana.
-Tu come a ver si baja la marea.
-¡Me has mordido los bajos!- gritó Cary que reaccionó propinándole una patada a Bobarín en el trasero.
-Esto parece un batido de futbol.
-¡Ponle setas y hacemos la Champiñons League!- acuñó Gabina.
-¡Menuda frutada!
Continuará

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