La semana pasada viví una experiencia muy reveladora. Tuve una cita. Pero no es por eso en sí. Me explico. Mi cita me invitó a la fashion week de Nosequé, a ver un desfile de modelos. Y allí que fui, con mis pantalones de pana y un jersey de lana de oveja (yo con estos fríos no cambio de uniforme). Iba “informal”. Mi cita no. Lo primero que me preguntó es si venía del trabajo, creo que no fue como diciendo “pobre mía a estas horas, lo que te esfuerzas” sino más bien “nomedigasquevasconesapintaalaoficina”. Y me ofreció tomar algo. Una cervecita sin, dije yo para darme un aire fashion, como la week (y dicho sea de paso para no engordar ya que de ese ambiente lleno de gacelas de 45 kilos y dos metros no quería yo llevarme unos kilos extras). ¿Algo de picar? No, no, nada, gracias, dije yo con el mismo objeto.
Estuvimos un rato charlando de… no sé. Haciendo tiempo dijo él. Hacíamos tiempo hasta que empezara el desfile. Qué angustia tenía yo, todas tan ideales, con esos tipines que ni tuve yo a su edad ni tendré a ninguna. Yo me tenía por persona envidiosa y en aquellos momentos lo certifiqué. Lo que contaba el muchacho sobre su bufete me daba lo mismo, yo sólo quería ser delgada y alta como sus madres morenas saladás, cooomooo sus madreeees. Pasé un hambre y un asco con la sin que ni te cuento y sólo pensaba en el hambre que desde ese día iba yo a pasar. Nada de empezar el régimen un lunes, el régimen se empieza el día que vas a una fashion week.
Llegó un momento en que yo ya ni oía al muchacho, sólo veía pasar por mi mente bocadillos de lomo con queso, patatas fritas y cerveza con, con de todo. Y cuando mi cita me agitó un brazo volví en mí, empezaba ya el desfile y teníamos que ir a sentarnos.
Qué incómodo es esto, pensé mientras intentaba acomodarme sin que los de detrás me vieran las lorzas, me puse la bufanda en los riñones y coloqué los dientes por si salía en la prensa, para salir sonriente como si nada.
Y empezó. Empezó y cuando a los 3 minutos acabó seguía yo ojiplática. ¿Era aquello un desfile de qué? Las criaturas no pesaban más de 25 kilos en casi dos metros de alto, todos mirábamos aterrados temiendo con ansiedad que una de ellas se quebrara en dos si alguien estornudaba. Un espectáculo raro. En la ropa ni me fijé, estaba alucinada con esas espiguitas andantes ¿eso es lo que en la tele dices aydiosquétipazojolínyyoconestecuerpomepongoarégimenya?
La ficción supera a la realidad y yo prefiero quedarme como estoy, tan contenta, tomándome un bocadillo de lomo, buscando una nueva cita, pensando en algo nuevo que me dé envidia y absolutamente decidida a que mis huesos sigan recubiertos de carne.




Reino Unido
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Ay mujer boni, pero ¡Qué bien te lo pasas! No encuentras a tu chico ideal, pero vida social tienes un rato…Como te imagino sentada para ver el desfile y que sólo vieras a las espigadas de las modelos y no la ropa que llevaban. Eres total!!!