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02 abril 10

Una adorable criatura


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Conduje sin rumbo durante más de una hora, hasta que comprendí que había un lugar que debía visitar, y que era el momento de hacerlo. Después de dar muchas vueltas por Westwood, finalmente encontré el cementerio, en el lugar más insospechado: dentro de un altísimo edificio con aspecto de hotel, como un exótico jardín interior, pequeño y pulcro.

Primero encontré la tumba de Truman Capote. Una placa, sucia, en la que se lee “Truman Capote, 1924-1984″, junto a una rosa blanca y ajada. Pobre Truman, parecía tan solo atrapado en esa sobriedad. Después, en un rincón sin nada de particular, la de ella.

“Marilyn Monroe, 1926-1962″. Flores más o menos frescas, besos de carmín, unos zapatos con una carta dentro y un bolso feo y anticuado apoyado en el mármol. Gracias a Dios, no había ningún turista. Sólo ella y yo.


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Me senté en el banco de enfrente, tratando de experimentar la emoción de tantos otros que habían pasado por allí antes que yo. Ahí era donde Joe DiMaggio, que le hacía llegar flores cada
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semana, debía de sentarse cuando la visitaba. Pero yo no sentí nada de particular, porque me impresionaba demasiado tocar el lugar donde yace su cuerpo, el único lugar en el que ella está al alcance de mi mano.

Me quité los zapatos para pasear sobre el césped deliciosamente fresco, sorteando tumbas ilustres. Natalie Wood, Jack Lemmon, Walter Matthau -la extraña pareja yace junta-. Dean Martin: “Everybody loves somebody sometime”, dice la placa. Billy Wilder: “I’m a writer but then nobody’s perfect”.

Quise tenderme odd couple.jpgen la hierba entre todos ellos, cerrar los ojos y dejarme caer en un sueño profundo. Y quizás una musa de las que flotan por allí, velando por todos ellos, se acercaría a regalarme el beso de la inmortalidad.

La tristeza y la serenidad me embargaron por igual. Allí me sentía a salvo, pero me volvía mustia como las flores que decoraban las tumbas, igual que en la casa de Morty. Me pregunté si ya se habrían dado cuenta de mi ausencia y si les importaría. Si yo les dejaría alguna huella.

Abrí el libro que llevaba conmigo desde que subí al avión que me llevó a Hollywood, y leí el final del retrato que Truman le dedicó a Marilyn: “La luz se iba. Marilyn parecía esfumarse con ella, mezclarse con el cielo y las nubes, disolverse a lo lejos. Quería elevar mi voz sobre los chillidos de las gaviotas y llamarla para que volviese: ¡Marilyn! ¿Por qué wood-natalie2.jpgtodo tuvo que acabar así, Marilyn? ¿Por qué la vida tiene que ser tan terrible?”

Marilyn, Truman, Natalie, Billy: ¿Qué dirían si pudieran hablarme? ¿Habrían sentido consuelo si, antes de desaparecer, hubieran sabido que millones de personas se emocionarían con sus creaciones, se enamorarían de una mirada o una carcajada suya, se molestarían en visitar el lugar donde reposan sus cuerpos y dejar una flor en señal de devoción? Que vivirían eternamente, de un modo mucho más hermoso que los años que pasaron en la Tierra…

Eso era lodean-martin-400.jpg que yo deseaba, lo único que me impulsaba. Vivir, como ellos, para tocar los corazones de millones de personas.

Y entonces me puse de pie. Mi cuerpo, mucho más liviano, se encaminó de nuevo al bullicio y la incertidumbre que aguardaban fuera. Me di la vuelta para lanzarles a todos ellos un beso de despedida, lo más teatral que pude.

Después miré al cielo y sonreí.

Tenía por delante un precioso día bañado por el sol de California.

 

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29 marzo 10

La luz de California


sunset h.jpgSolidario, el motor de mi cochecito de alquiler respondió rugiendo con furia, y me alejé para siempre de la depravada casa de Mortimer McCallister. La pena y el despecho bailaban en mi corazón mientras me dirigía a las colinas. Conduje hasta que no pude avanzar más, y entonces me senté en una roca polvorienta para contemplar la salida del sol, que pronto iluminaría las letras blancas del cartel de Hollywood.

Me acordé de mi abuelito Jack mientras me abrazaba a mí misma, exhausta y destemplada. Pero el sol salió como todas las mañanas. Y yo supe que sería capaz de renacer cada día mientras la luz de California se derramara sobre mí, cubriéndome como el beso de un ángel…


audreyhepburn2gemela.jpgNadie podría robarme mis sueños, me dije entre lágrimas. Cuando el sol ya calentaba demasiado me puse de pie, con tan mala fortuna que resbalé y caí, arrastrándome por la arena. Con la rodilla ensangrentada bajo los tejanos, maldije en voz alta y me sacudí violentamente.

De vuelta en el coche, sólo vacilé un segundo: conduciría sin
pensar, siguiendo al sol. Y me detendría en el primer sitio que me gustara.

Ya estaba bien de vivir en un decorado acartonado y superficial como una comedia de los años 40.

¡Despierta, Linda Lovejoy!, me dije, para animarme.


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26 marzo 10

Hora de partir


vettriano jack    rose.jpgEnloquecida, corrí hasta el otro extremo de la casa, ese que nunca visitaba y que debía de ser el nidito de Morty & Boy, y me encerré en una de las habitaciones de invitados. Me arranqué el vestido sucio y mojado y me lancé sobre la cama, sin molestarme en deshacerla para no manchar el lino blanco con los pegotes de rímel que corrían por mis mejillas. Lloré y lloré entre hipos y suspiros primero, silenciosa y resignada al final. Pero nadie acudió a buscarme, ni siquiera Jimmy.


gilda 3.jpgPodía consolarme a mí misma diciéndome que nadie venía porque no sabían dónde me había refugiado, pero estaba cansada de confundir mis sueños con la realidad.

Era hora de partir.


after_the_thrill_is_gone_by_jack_vettriano_thumb[3].jpgCuando los ecos de la fiesta se apagaron del todo, me envolví en una manta y, caminando de puntillas, regresé a la que había sido mi habitación, y que ahora sólo era un espacio hostil que ansiaba perder de vista. Era como si hasta los muebles se burlaran de mí. Gracias a Dios, estaba vacía.

Dando patadas a los zapatos y los vestidos que seguían tirados por el suelo, me hice un hueco y llené mi maleta con la poca ropa que traía cuando bajé del avión.audrey-hepburn-tiffanys_moonriver.jpg

Aún no había amanecido cuando, enfundada en mis viejos tejanos, bajé por última vez aquellas escaleras. La casa olía a bar y a degradación. Junto a la piscina, Jimmy dormía abrazado a una putilla desnuda.

Ni siquiera él merecía la pena, pensé, apartando la mirada con desprecio.

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23 marzo 10

La señora McCallister


MaeWest.jpgEl vestidor abierto de par en par. El suelo sembrado de vestidos y zapatos. Y frente al espejo, Boy completamente borracho, contoneándose dentro un traje de noche, tacones de aguja y los labios pintarrajeados.

-Oh sí, sí, voy a casarme con Morty. ¡Adiós a la estúpida pueblerina! ¡Llamadme Linda McCallister!

Sólo entonces advertí la presencia de Morty, que iba y venía por la habitación recogiendo zapatos en vano.


couple.jpg-Ya está bien, querido, te estás comportando como una chiquilla. ¡Déjalo ya!

-¡No! -chilló Boy, histérico-. Ya no lo soporto más. Tiene que largarse. Quiero volver a mi dormitorio. Ya es hora de que asumas lo que eres y dejes de arrastrarte por esa maldita herencia. No voy a consentir que…

De mi garganta brotó un grito de horror. Justo entonces, ambos se
shout.jpggiraron hacia mí. Boy sonrió, maligno.

-Mi amor, yo… -balbuceó Morty.

Por un instante, breve como el roce de una mariposa, creí que aquel “mi amor” iba dirigido a mí. Pero sólo por un instante.

Entonces lo comprendí todo. El nudo que llevaba meses atenazando mi estómago se desató de golpe al tiempo que mi mente ataba todos los cabos sueltos: las noches de ausencia, las toallas bordadas con la B y la M entrelazadas, los enigmáticos comentarios de Ada, la inquina de Boy, el misterio de mi habitación.

Allí tenía, por fin, a la señora McCallister.

Hubiese querido desmayarme, pero algo dentro de mí tomó las riendas cuando oí la voz de Boy a mis espaldas:

-O ella o yo. Es un ultimátum.


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19 marzo 10

Quiero saber


vani.jpg-¡Esta iba a ser mi fiesta, y nadie me mira siquiera! -estallé-. No pinto nada en esta película.

Una putilla con un minúsculo tanga blanco y completamente empapada apareció por detrás de Jimmy y trató de llevárselo.

-¡Estate quieta, estúpida! -dije, tirando de él-. ¡Lárgate!

-¿Pero tú de qué vas, tía? ¿De qué te has disfrazado? -chilló la otra, riéndose de mí en mi propia cara.


Bergman2.jpgMiré mi vestido arruinado por el agua y comprendí que, en efecto, el aspecto de aquella pobre chica no era más lamentable que el mío.

Y entonces ya no pude controlarme. Sin que Jimmy lograra impedirlo, eché a correr con todas mis fuerzas, chocando con la masa de gente, borrosa a causa del alcohol y de mis lágrimas furiosas.

Ya era hora de que Morty me explicara algunas cosas, y no podía esperar ni un segundo más.

En el salón no había ni rastro de él. Subí las escaleras como una flecha, camino de los dormitorios. Seguí el rastro de unas voces masculinas hasta comprobar que procedían de mi propio dormitorio. Me detuve en seco en el pasillo y, jadeando, asomé la cabeza, para toparme con una escena dantesca.


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17 marzo 10

¡Perpleja!


opt-pool-party-1970-hg.jpgMiré a lo lejos y vi a varias de aquellas golfas que pululaban por el salón, lanzándose a la piscina sin ropa y jaleadas por un grupo de cincuentones. Había gente sentada en las sillas blancas junto a la carpa, donde una orquesta intentaba en vano sacar lustre a las melodías de Cole Porter. Y entonces me di cuenta de que era demasiado tarde: los invitados estaban desperdigados, la fiesta encauzada. Ya no tenía sentido una boda sorpresa.

Ultra-Lounge, Vol. 27 Cocktails With Cole Porter (1).jpgUna pequeña decepción. Otra más…

Desde abajo, Jimmy advirtió mi presencia y me hizo un gesto para que me reuniera con él junto a la piscina. ¿Por qué no? Pero cuando bajé las escaleras y me planté en el jardín, Jimmy ya no llevaba la camisa azul ni me prestaba la menor atención. Tres putillas uuu05.jpgen bikini le rodeaban, amenazando con desnudarle del todo.

Movida por un impulso, me acerqué a él por detrás y posé una mano en su hombro. Jimmy se giró y quiso decirme algo, pero una rubia que estaba dentro de la piscina me lanzó un chorro de agua de un manotazo, empapando mi vestido.

-¿Qué haces, estúpida? -grité, harta.

-¡Deja a Jimmy en paz!

-¿Quién eres tú para decirme nada? Yo vivo aquí. ¡Esta es mi casa! -chillé, enfurecida.

-¿Tu casa? ¡Flipas! Pero si nadie sabe quién eres. ¿Alguien conoce a esta tía? -dijo. Todas las demás la corearon entre risas.

No supe qué cpinuppp.jpgontestar. Jimmy volvió a mirarme con aquella sombra de piedad en los ojos y entonces fue cuando ya no pude más. Incapaz de reprimirme, le abofeteé y me marché caminando a zancadas en dirección al garaje, alejándome de las burlas de aquellas malditas putillas.

Él me alcanzó y, cogiéndome del brazo, me obligó a mirarle a los ojos.

-¿Qué demonios está pasando aquí, Jimmy?

-¿De qué hablas? Sois tú y mi padre los que habéis montado toda esta farsa -dijo muy enfadado, dejándome con la boca abierta.

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15 marzo 10

Yo, la espectadora


bette_davis_b_2.jpgLa figura de Morty aparecía y desaparecía de mi vista, siempre estrechando una mano o celebrando un comentario. Boy, que lideraba un corrillo de hombres solos, no se había molestado en saludarme. Ada se paseaba, incapaz de permanecer quieta, sonriendo a aquellas jovencitas que eran tan distintas de ella. Aunque, a decir verdad, a mí me parecían todas iguales, con el mismo aire vano y codicioso que sólo otra mujer podía oler a la legua. La mayoría revoloteaban en torno a Jimmy, que no daba abasto a atenderlas.

Pero, de repente, él alzó la mirada en mi dirección. Sus ojos atravesaron el salón como un rayo y se clavaron en lo más profundo de mí. Ya estaba prácticamente borracha y todo cuanto me rodeaba era una masa informe, pero los ojos de Jimmy, que transmitían algo que parecía lástima, me hicieron sentirme desnuda. Necesitaba alejarme y respirar.

Subí al primer piso y me asomé a un balcón desde el que se veía todo el jardín.

-Enhorabuena, parejita -escuché.

Me asomé a la barandilla y vi a un hombre mayor que daba palmaditas en la espalda de Morty, que miraba al suelo con modestia. Mi corazón se aceleró pero, entonces, un chillido me impidió escuchar la respuesta de Morty.


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12 marzo 10

Mezclas peligrosas


partyyyyy.jpgDurante unos minutos gloriosos, Morty me paseó aquí y allá. Todo el mundo se mostraba amable y sonriente conmigo, y el rubor comenzó a encender mis mejillas. Jimmy me saludó desde el otro extremo del salón y me guiñó un ojo. Qué guapo estaba con su sencilla camisa azul y su pantalón chino… No como Morty, que, cuando yo llevaba tacones, apenas me llegaba a la altura del hombro. Me fijé en que la frente le sudaba, como si estuviera haciendo un esfuerzo terrible. Verdaderamente, era una pena que mi novio fuera tan feo.

Aun así, aquella noche esperaba la pregunta de Morty con más anhelo que nunca…

Pero los invitados le reclamaban y, antes de que pudiera darme
taittinger-grace-kelly.jpgcuenta, me había quedado de nuevo sola y desprotegida. Miré alrededor, tratando de encontrar a alguien con quien detenerme a conversar, pero las mismas personas que había conocido en los restaurantes o que acababan de saludarme con efusión no daban muestra alguna de querer dedicarme su tiempo.

Así que me dediqué a beber muy deprisa el cóctel que tenía entre las manos y luego lo sustituí por otro, y otro más. Pronto, el nudo de mi estómago se aflojó y la gente que me rodeaba ya no parecía tan amenazadora.

Se me acercó un viejo muy feo con esmoking y bigote que apestaba a whisky.

-Nena, ¿cómo es que tu hombre te deja tan solita?

Di un paso atrás, no fuera que me tocara y me ensuciara el vestido. El tipo se rió en mi cara y se dio la vuelta. Nadie más me miraba.

-¡Los McCallister siempre han sabido lo que es una buena fiesta! -escuché decir a un tipo muy alto y muy flaco que le daba palmaditas en la espalda a Boy. Estúpido Boy.

Había cada vez más gente, más calor, más tumulto. Los corrillos engordaban y la gente iba y venía de un lado a otro. Me retiré a un rincón del salón y contemplé la escena. Era la primera vez que podía observar a toda aquella gente desde una cierta distancia, sin el amparo de Morty o el barullo de los locales nocturnos. Me di cuenta de que la mayoría de los invitados eran hombres maduros y mujeres muy jóvenes. Estas últimas sólo hablaban con los hombres, pero algunos de los hombres no se mezclaban con mujeres.


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10 marzo 10

¡A escena!


grace.jpgEl día de la fiesta, todos los habitantes de la casa nos despedimos a las cinco de la tarde para retirarnos a nuestros respectivos aposentos, cual comedidas cenicientas. Boy desapareció por un pasillo detrás de Morty, mientras yo me encogía de hombros. Qué me importaba aquel engreído cuando aquella noche todas las miradas iban a estar posadas en mí. ¡Bah!

Y yo, a aquellas alturas, estaba borracha de mí misma. Tarde o temprano triunfaría. No podía ser de otra manera: derrochaba belleza, talento y coraje, y estaba sin duda en el lugar adecuado. Era imposible que pudiera fracasar.

Sin embargo, a medida que fue cayendo el sol y la casa iba poblándose de un murmullo de voces, pasos y sonidos de coches que aparcaban, empecé a perder fuelle. Necesité mucho tiempo y varias copas de champán (había cogido una botella de la bodega por si acaso) para decidirme a salir de la habitación y enfrentarme con la fiesta.

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Aunque, al fin y al cabo, la novia siempre se hace esperar.

Pensé que lo correcto era que Morty viniera a buscarme, pero nadie llamó a mi puerta. Cuando la botella no dio más de sí, decidí que
escalera.jpgera hora de actuar. Finalmente descendí por las escaleras sin pisarme el vestido ni una sola vez.

El salón estaba tomado por corrillos de gente con copas en la mano. El tipo de gente y de charlas a los que yo ya estaba acostumbrada, así que no había nada que temer.

Morty apareció ante mis ojos, con su pelo engominado, un traje blanco y una pajarita roja a juego con el Martini que sostenía en su manita.

-Pequeña, estás bellísima. Ven, quiero que todo el mundo te conozca -dijo, tendiéndome el brazo. Yo di un paso adelante…

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08 marzo 10

Suenan campanas…

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Durante días enteros me esmeré a fondo. Hice llamar de nuevo al masajista tailandés y gocé como una gatita tendiéndome bajo sus manos con los ojos cerrados, imaginando que era Jimmy (y a veces, incluso Boy) con su bañador rojo el que frotaba mi espalda. Acudí al mejor salón de belleza para afilar mis uñas, lijar mvogue.JPGis facciones y sacar lustre a mi cabellera. Dormí hasta que mi piel emitía destellos de puro descansada.

Y rebusqué entre el vestidor de la enigmática señora McCallister hasta dar con lo que buscaba: un fabuloso vestido de seda, con finísimos tirantes y una falda que caía hasta el suelo, regia. Aquella obra de arte color azul grisáceo hacía resaltar mi belleza como una joya. Paseé con él por toda la habitación hasta estar segura de que sabía caminar sin pisarme la falda.

No pude evitar coger un jarrón, alzarlo entre mis brazos y mirarme en el espejo con los ojos llenos de lágrimas de pretendida sorpresa:

“Dedico este Oscar a mi esposo y protector, Mortimer McCallister, sin el cual…”

Un estruendo procedente del jardín cortó en seco mi discurso. Me asomé y vi un enjambre de hombrecillos morenos pululando por el
vivianG.jpgcésped. Estaban colocando focos y altavoces aquí y allá. Había una carpa, cientos de flores blancas y unas sillas apiladas en un rincón.

Por un instante, me asaltó la loca idea de que la fiesta de Morty iba a ser, en realidad, una boda sorpresa para todos… ¡Incluida yo!

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