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Sin sal, sin azúcar, sin grasas…

Desafortunadamente, hay muchas personas que, por distintos motivos de salud y por recomendación médica se ven privadas de consumir sal, azúcar o grasa en su dieta, o incluso tienen prohibidos los tres componentes al mismo tiempo. Esto supone un problema en el día a día. A un buen amigo mío y compañero de profesión, André Bonnaure, le ocurre esto. Valga su testimonio junto con algunas recomendaciones para que podáis veos un poco más comprendidos y arropados:

Acabo de transformarme en gourmet vigilado…

Como miles de personas, a la vista del panorama de unos análisis completos, el médico me ha aconsejado vivamente y con argumentos convincentes, suprimir de mi alimentación los azúcares, la sal y las grasas. Una desgracia para un “bon vivant” y el cocinero goloso que soy. Para agravar el caso, y es lo que me molesta más, una limitación del número de calorías diarias, lo que me obliga a pesar los alimentos que ingiero.

Los amigos, sobre todo si son gourmets, comentan tu desgracia con un “de todas maneras de algo hay que morir”, lo que, si lo pensamos bien, tiene su dosis de morbo.

Entonces, queda una única solución: intentar, a pesar de estas desafortunadas privaciones, cocinar unos platos lúdicos y salvaguardar el bienestar emocional.

Hay ante todo un imperativo muy importante, tratar de vigilar la mayor calidad de los ingredientes. Al tener que comer menos es posible elegir mejores productos sin que afecte el presupuesto.

Productos de la máxima calidad, comprar en los mercados, si es posible, directamente al productor, a pesar de que sean mal calibrados y más bien de aspecto mediocre. Comer poco, pero mejor.

Uno de los retos más difíciles es que para la falta de sal no existe, como para el azúcar, ningún sustituto.

Es desesperante no poder comer jamones, embutidos, bacalao, quesos y tantas otras maravillas. Por suerte muchos alimentos, como las espinacas tienen sodio entre sus componentes, lo que atenúa la falta de sal. Descubrimos lo insípido del arroz, de las pastas, del pan…

El azúcar es más fácilmente controlable, los edulcorantes nos facilitan la tarea, a pesar de ser ineficientes a partir de ciertas temperaturas.

Para un cocinero lo peor de todo es reducir al máximo el contenido de grasa de nuestros alimentos, y una gran frustración tener que olvidarme de mi querido foie gras, de los confitados, de los fritos, de la piel de las aves, del tocino y de tantas tentaciones…

Las comidas en casa son fácilmente controlables. Con una gran vigilancia en la compra y si no llenamos la nevera de manjares prohibidos, las tentaciones son menores. El problema son los restaurantes, pocos están en condiciones de respetar nuestro régimen, pero siempre es posible elegir platos que puedan corresponder a vuestros impedimentos.

Si invitáis comensales a degustar vuestra cocina y tener que compartir la comida, podéis cocinar sin grasa, sin sal y sin azúcar, quitar vuestra parte de cada plato y sazonar normalmente la parte destinada a vuestros invitados. Al menos podréis comer como ellos y disfrutar de guisados bien desgrasados.

Lo ideal es enfriar el guisado dejándolo en la nevera, así la grasa al ser más ligera que el resto del líquido se endurece con el frío y se quita muy fácilmente.

Existen trucos para compensar tantas desgracias, el primero es vigilar atentamente la compra a fin de no tener tentaciones cuando abrimos el frigorífico. Es el momento de valorar la gran variedad de recursos aromáticos que tenemos a nuestra disposición: las especias, las hierbas, los cítricos, los vinagres, que muchas veces animan los platos…

“A quelque chose malheur est bon” *(1) Este proverbio francés tiene todo su sentido si tenemos en cuenta que este handicap hace trabajar mi imaginación de cocinero y que, anotando todas las fórmulas, quizás un día se transforman en libro… Buen provecho…, a pesar de todo.

Acabo de transformarme en gourmet vigilado…

Como miles de personas, a la vista del panorama de unos análisis completos, el médico me ha aconsejado vivamente y con argumentos convincentes, suprimir de mi alimentación los azúcares, la sal y las grasas. Una desgracia para un “bon vivant” y el cocinero goloso que soy. Para agravar el caso, y es lo que me molesta más, una limitación del número de calorías diarias, lo que me obliga a pesar los alimentos que ingiero.

Los amigos, sobre todo si son gourmets, comentan tu desgracia con un “de todas maneras de algo hay que morir”, lo que, si lo pensamos bien, tiene su dosis de morbo.

Entonces, queda una única solución: intentar, a pesar de estas desafortunadas privaciones, cocinar unos platos lúdicos y salvaguardar el bienestar emocional.

Hay ante todo un imperativo muy importante, tratar de vigilar la mayor calidad de los ingredientes. Al tener que comer menos es posible elegir mejores productos sin que afecte el presupuesto.

Productos de la máxima calidad, comprar en los mercados, si es posible, directamente al productor, a pesar de que sean mal calibrados y más bien de aspecto mediocre. Comer poco, pero mejor.

Uno de los retos más difíciles es que para la falta de sal no existe, como para el azúcar, ningún sustituto.

Es desesperante no poder comer jamones, embutidos, bacalao, quesos y tantas otras maravillas. Por suerte muchos alimentos, como las espinacas tienen sodio entre sus componentes, lo que atenúa la falta de sal. Descubrimos lo insípido del arroz, de las pastas, del pan…

El azúcar es más fácilmente controlable, los edulcorantes nos facilitan la tarea, a pesar de ser ineficientes a partir de ciertas temperaturas.

Para un cocinero lo peor de todo es reducir al máximo el contenido de grasa de nuestros alimentos, y una gran frustración tener que olvidarme de mi querido foie gras, de los confitados, de los fritos, de la piel de las aves, del tocino y de tantas tentaciones…

Las comidas en casa son fácilmente controlables. Con una gran vigilancia en la compra y si no llenamos la nevera de manjares prohibidos, las tentaciones son menores. El problema son los restaurantes, pocos están en condiciones de respetar nuestro régimen, pero siempre es posible elegir platos que puedan corresponder a vuestros impedimentos.

Si invitáis comensales a degustar vuestra cocina y tener que compartir la comida, podéis cocinar sin grasa, sin sal y sin azúcar, quitar vuestra parte de cada plato y sazonar normalmente la parte destinada a vuestros invitados. Al menos podréis comer como ellos y disfrutar de guisados bien desgrasados.

Lo ideal es enfriar el guisado dejándolo en la nevera, así la grasa al ser más ligera que el resto del líquido se endurece con el frío y se quita muy fácilmente.

Existen trucos para compensar tantas desgracias, el primero es vigilar atentamente la compra a fin de no tener tentaciones cuando abrimos el frigorífico. Es el momento de valorar la gran variedad de recursos aromáticos que tenemos a nuestra disposición: las especias, las hierbas, los cítricos, los vinagres, que muchas veces animan los platos…

“A quelque chose malheur est bon” *(1) Este proverbio francés tiene todo su sentido si tenemos en cuenta que este handicap hace trabajar mi imaginación de cocinero y que, anotando todas las fórmulas, quizás un día se transforman en libro… Buen provecho…, a pesar de todo.

*(1) Para algunas cosas las desgracias sirven

www.afuegolento.com

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¿Debes eliminar de tu dieta la sal, el azúcar, las grasas, o las tres cosas?
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