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Pequeñas cuestiones


2
diciembre 11

Ese Sentimiento Navideño

Por primera vez en mi vida tengo un plan de regalos y unas fechas límites que me he autoimpuesto. Paso de que me pille el toro. Incluso ya le he encargado galletas para Navidad a una amiga que ha montado un negocio genial de cookies decoradas tan apetecibles que decidirse cuesta mucho.

 

No sólo no me ha parecido que El Corte Inglés se haya adelantado trillones de siglos sino que yo misma puse el árbol de Navidad el fin de semana pasado.

 

No sé qué extrañas fuerzas se habrán alineado con Neptuno para conseguir sembrar en mí este espíritu Navideño.

 

¿Será que este año me empeñé tanto en que mis regalos fueran perfectos que me ha alterado las coordenadas espacio temporales el haber gestionado ya los que me vienen por parte de padre, madre y myman y que ya que los tenía no me quedó más remedio que usarlos?

¿O será que la edad le vuelve nostálgica a una?

 

Tengo hasta una caja de Kleenex con lucecitas que se deberían encender cuando sacas un kleenex pero como es un pelín masoca sólo reacciona cuando le das una torta. Y yo para acompañar este espíritu Navideño que me ha entrado de vez en cuando le doy un golpe para que me ilumine.

 


27
septiembre 11

Mi moto y yo

Hay veces que una no tiene escapatoria. Tras meses de persecución por parte de Myman armado con mil razones que hacían de la moto el transporte más cómodo para ir por Madrid a trabajar, me dejé llevar, en plan “go with the flow” y decidí lanzarme con la moto. La primera clase fue graciosa.

“Mira aquí se cambian las marchas, para el fondo la primera y hacia ti las demás. El embrague aquí.”

A mí sólo me salían “Aha”s por respuesta.

“Y aquí el freno, en el pie tienes el otro”

“¿Qué tengo un freno en la mano y otro en el pie?”

“Sí”

“¿Y por qué? ¿No sería más sencillo tenerlos en el mismo sitio? ¿O por lo menos más cerquita?”

“mmmm, no”

“Esto es muy complicado”

“Aquí los intermitentes. Y para arrancar aquí. Vale, ahora te toca”

Me subí en la moto y mientras volvía a escuchar en un segundo plano auditivo todas las explicaciones de nuevo, intenté hacerme a la idea y arrancar pero… la presión pudo conmigo. Demasiadas cosas. ¿Qué es eso de tener un freno arriba y otro abajo? ¿Y qué podía pasar si se me olvidaba la existencia de uno? Leyendas urbanas sobre ruedas que patinan resonaban en mi memoria. ¿Y el embrague? ¿Cómo que el embrague es como el freno de arriba pero en el otro lado? No me pareció nada coherente la actitud de los diseñadores de Vespas. Y demasiadas cosas que pensar a la vez, dos frenos, un embrague, marchas para un lado y para el otro… Puff, no pude intentarlo. Fui gallina y me bajé de la moto. Había vivido toda mi vida sin moto, tampoco era para tanto.

Pero MyMan es persuasivo. Y como sabía que insistir sin más no iba a solucionar nada, se le ocurrió apuntarme a clases de moto.

Sí, clases de moto.

Me persiguió telefónicamente hasta que le envié escaneado mi dni y mi carnet de conducir.

Y llegó el día de la clase.

Un calorazo horrible, unos pirados tocando el bongo debajo de un puente de la M30 y un aparcamiento gigante con camiones y autobuses aparcados por ahí.

Me tuve que poner una cazadora que no tenía pinta de estar muy limpia. Decidí no hacerle ningún comentario sobre este punto al profesor, no quería empezar con mal pie.

Y ahí en el secarral ese me dio una moto que en los días de mi vida me habría subido por voluntad propia – ya se sabe que cuando uno se apunta a una clase “oficial” de pago te quedas sin voluntad y no te queda otra que hacerle caso al profe – y cuando me dijo “arranca” no me quedó otra que arrancar.

Creo que en 45 minutos no superé los 10 km/hora, no exagero.

Qué cague.

Esas curvas. El profe me decía “ésta a la izquierda” y yo no me atrevía.

Y me gritaba “¡aceleraaaaaaa que así no puedes ir por Madrid!”.

Y yo acogotada.

Menos mal que acabó, qué minutos más eternos.

Y como MyMan no se iba a quedar tranquilo hasta que yo fuera y volviera de mi curro por lo menos una vez en mi vida, me llevó por ahí con la Vespa a una calle abandonada y ya, perdido el respeto inicial, me lancé y conseguí circular incluso por una rotonda casi desierta así sin más. Y frené con los dos frenos y todo, en plan listilla.

Y ya me crecí y le dije “¿Te llevo a casa?”

“Sí” me dijo.

En ese momento me di cuenta de una gran verdad, un hombre tiene la cabeza siempre en su sitio excepto en dos temas. Uno son las mujeres. Y el otro son, obviamente, las motos.

En la foto, el último regalo que me ha hecho MyMan.


12
septiembre 11

Mi superamiga

En estos momentos me encuentro medio en duelo. Una de mis amigas del alma, Elena, se las ha pirado a Londres. Se ha ido buscando no ya un futuro mejor, sino un presente mejor. Un presente que ofrezca algo más que paro, vivienda todavía prohibitiva y precios excesivos incluso en los tomates y lechugas.

Y yo, que la he animado sin descanso, ahora estoy descompuesta.

Me falta un pedacito de mí. Un trocito de mi corazón se encuentra a oscuras, vacío, y no sé cómo rellenar ese hueco que parece pequeño pero se me hace tan grande que le falta hasta aire. Sí, tengo más súperamigas también geniales pero ¿qué hago yo con esas conversaciones que siempre tenía con ella sobre la vida y nuestra transcendencia, sobre la importancia de la honestidad?, ¿transplantarlas directamente a otra persona así sin más, como si aquí no pasara nada, sin previo aviso y sin anestesia, esperando comprensión total?

Me niego. No me gustan las altas traiciones.

Mientras supero el duelo intento consolarme con Skype, que sí, que mola mazo, que es gratis y es la bomba pero que no es lo mismo. No sé si es sólo problema mío o qué pero a mí ese invento no me invita a ir más allá de lo básico. “¿Qué tal estás?”, “Qué tal la comida?”, “¿Qué tal el pub?”.  ¿Hay algún método de superación de barrera virtual skypeística? ¿Esta imposibilidad de interiorizar Skype y hacerlo mío se curará con el tiempo o estoy condenada a este agujerito negro dentro de mí hasta nuestra próxima re-unión?

Además, no ayuda nada de nada a la naturalidad el ver tu vídeo horroroso en la esquinita de abajo a la derecha. Dios, si he empezado a pintarme los morros y peinarme un poquito antes de llamarla para no deprimirme. ¿Cómo hacen los novios y parejas que están condenados a las relaciones a distancia? ¿Se maquillarán también antes de los vis-a-vis? ¿Ellos también se retocarán para que no se les vean las ojeras?

MyMan no entiende nada y cuando, intentando mitigar el dolor, le cuento pensamientos inconexos del tipo que Elena habría conectado, me mira como si yo fuera una marciana y flipa. Y entonces tengo que explicarle por qué le digo esto, por qué lo otro, por qué lo de más allá y sobre todo, por qué es tan importante hablar sobre decisiones que a él le resbalan, y aún más, que le parecen insignificantes.  Empiezo a darme cuenta de que él la va a echar más de menos que yo….


2
septiembre 11

Cielos de verano

Esos cielos de verano que lo prometen todo, que lo ofrecen todo, de esos que surcaríamos felices si tuviéramos alas. Esos cielos que son limpios, que no albergan confusión, que no te atormentan. Esos cielos que encierran pura tranquilidad, que no pueden disturbarte de puro cristalinos que son. Esos cielos que no auguran nada, que son paz en sí mismos, que son constantemente azules hasta el infinito. Esos cielos que no tienen apenas nubes, que son lisos y parecen incluso pulidos. Esos cielos tan honestos que no esconden nada, que no esconden sorpresas porque ves el azul que llega más allá de tu vista. Ese azul tan azul, tan intensamente azul que te dan ganas de fundirte con él y volverte totalmente azul. Esos cielos que luego se cuelan en tus sueños más puros para ofrecerte seguridad e inmensidad. Esos cielos que aunque no tengan matices, hipnotizan. Esos cielos que son pura energía. Esos cielos llenos de luz. Esos cielos inundados de sol. Esos cielos tan estáticos que parece que nunca dejarán paso a otros.

Esos cielos que en breve dejaremos de ver y de los que tendremos que despedirnos durante casi un año.

Adiós cielos de verano, ya os echamos de menos.


26
agosto 11

Los extraños y yo

Si tuviera algún atisbo de locura, juraría que estoy viviendo mi show de Truman particular. Últimamente me atraviesan muchas miradas de gente que no conozco, me dirigen muchas palabras y conversaciones intrascendentes personas, hombres y mujeres, a las que no he visto en mi vida e incluso me saluda gente cuya cara me es totalmente extraña.

Las opciones son:

A-    Mi cara es ahora una cara común que invita a la confusión (digo es ahora porque si siempre hubiera sido común, me imagino que estas pequeñas muestras de atención de gente desconocida me habrían llamado la atención antes, ¿no?)

B-    Mi cara es ahora una cara amistosa que invita a la confianza (aquí podemos aplicar el mismo razonamiento que en el anterior punto)

C-    Me hago mayor y por tanto más sabia y más confiada en mi misma y lo transmito por el aire, en plan diva. Soy como un imán.

D-    Me hago mayor y tengo más cara de señora que va a aguantar cualquier rollo que le echen. En plan, esta tiene paciencia, se le nota en esa naricita respingona.

E-     Me hago mayor y chocheo. No me gustaría chochear con treinta y pico pero todo en esta vida es posible.

¿Por cuál votáis vosotros?

P.S. Por ti, Bea.

P.S.ii: Este post va sin foto porque llevo desde el lunes intentando subirla y no lo consigo. ¿Qué te pasa, editor de entradas?


12
abril 11

La gente perfecta

El otro día me encontré con una compi de clase del cole. En mi cole éramos compis de clase que para eso el cole era de monjitas, de niñas y de uniforme.

Me puse a hablar con ella y me contó que después de la carrera se sacó la oposición a no-sé-qué, que ahora trabaja de no-sé-cuántos-todo-bien y que se casó con su primer novio, el de los quince años, con el que ha tenido una niña que allí estaba y era tan mona como ella.

Y después de esta microconversación, mi capacidad de análisis - que por lo visto no debía existir cuando yo tenía quince y dieciséis años - salió a la luz y llegó a las siguientes conclusiones:

Mi compi de cole siempre fue buena.

No recuerdo haberla visto ser mala nunca con nadie. NUNCA. Ni media sonrisilla malévola riéndose de las malas palabras de otra.

Mi compi de cole siempre sacó buenas notas.

Creo recordar que navegó siempre entre notables y sobresalientes, de niña y de adolescente. En su vida lo bueno nunca cambiaba.

Mi compi  de cole nunca estuvo castigada.

Nunca respondió una pregunta mal a ninguna profe (en mi cole las profes como mucho eran señoritas, creo que nunca me crucé con una profesora), nunca habló con nadie en clase y, menos aún, hizo pellas, por dios, eso sólo lo hacían las ovejas megadescarríadas.

Mi compi de clase era muy santa y en misa se concentraba mucho. Debe seguir haciéndolo que no nos despedimos porque se fue a misa corriendo.

Mi compi de clase nunca se ha líado con ningún Paolo (dícese de aquel cabroncete que en algún momento se cruza en la vida de – casi – cualquier mujer) porque le dio su primer beso a su primer novio y ya nunca se separaron.

Pero no os creáis que mi compi de clase era aburrida, no. Ella, además de todo lo dicho antes, era simpática, tenía amigas, era incluso adorada por algunas y además tenía un tipazo, un pelazo y una cara muy bonita.

¿Es esto comprensible? ¿Tanta perfección y linealidad es asimilable por los que la rodean? ¿Él será tan lineal como ella y juntos educarán una hija lineal? En el cole nunca me lo planteé pero mi mente actual no la comprende. Debe ser que no es nada lineal.


5
abril 11

¿Cómo quemar calorías?

Internet es maravilloso. Se pueden encontrar tantas cosas graciosas hurgando por
ahí. He estado riéndome un buen rato con esta tabla tan completa de quema de
calorías según la actividad (en Inglés). Sí, lo sé, soy pesada. Ya basta de hablar de calorías, de morir de hambre para conseguir adelgazar y de kilillos absurdos que se pegan donde no deben. Pero así soy, muy humana y por tanto muy obsesiva cuando me da por un tema. Y sí, obviamente me ha dado por las calorías. 
 
Volviendo a la tablita, me ha parecido muy grande que la segunda actividad que más calorías quema es
cortar leña vigorosamente que quema 1.003 calorías por hora. Me están entrando
muchas ganas de ponerme una camisa de leñador, agarrar un hacha y en menos de
una semana quitarme de una vez estos tres kilos que se me han pegado a mis
tiernos huesecillos.
 
Es más, alguien debería ya montar un campamento de adelgazamiento cuya principal
actividad desgrasante fuera esa. Sería tan gracioso el anuncio.. Ya me lo estoy
imaginando, una imagen de una mujer y un hombre con varios kilos de más y con
semblante derrotado acercándose al campamento con una mochila y una vez que
pasan una entrada de esas tan típicas americanas hecha con troncos se  les
ilumina la cara con una sonrisa, corriendo se ponen encima de su camiseta una
camisa de leñador roja y negra y se ponen a dar hachazos a troncos vigorosamente
(nota, daos cuenta de lo importante que es el detalle “vigorosamente” que si no
la quema de calorías baja a 295 calorías por hora). Seguro que sólo por lo
“exótico” de la actividad, sería un éxito seguro.
 
Otras actividades graciosas y muy adelgazantes que podríamos alternar con cortar
leña con hacha en este campamento de adelgazar tan fabuloso podrían ser Jai Alai
(708 calorías por hora), Carreras sobre patines sobre hielo (531 calorías por
hora), Buceo rápido a pelo (944 calorías por hora, de nuevo el hacerlo rápido es
parte fundamental para quemar tantas), o Escalar montes llevando 19,1 Kg de peso
(531 calorías por hora). Obviamente la actividad de mantenimiento debería ser una a la que pudiésemos tener fácil acceso como por ejemplo Correr escaleras arriba cual Rocky (885 calorías por hora).

Por cierto, me encantaría conocer a quién haya hecho
estas mediciones. ¿A quién se le ha ocurrido contar las calorías que quemas
cuando bañas a un perro (207 calorías por hora)? ¿Y contar las calorías que
quemas sacando y metiendo una avioneta de un hangar (354 por hora)?
 
En cualquier  caso, supongo que tendría que darle las gracias porque ahora cada
vez que bañe a mi perro, lo haré con más ganas, aunque se rebele y tarde una
hora…

Aviso desde ya que estoy dándole vueltas a otro tema que tiene con ver con calorías. No podéis decir que no aviso…


15
febrero 11

Pensamientos en San Valentín

Nunca me ha entrado una tía. Muchas me diréis “a mí tampoco y creo que no es nada de lo que preocuparse”. Vale, no me preocupo. Pero me inquieto. Más bien, tengo envidia, lo admito. No es que quiera investigar la otra acera pero no sé, a varias de mis amigas más cercanas les ha entrado alguna tía alguna vez y a mí nunca. ¿Por qué será? ¿Soy fea o poco atractiva para las lesbianas? ¿Tengo pinta de heterosexual convencida? ¿Les genero desconfianza? Algo tiene que haber que explique semejante discriminación. Y no es que yo imponga, no, si tíos me han entrado de todos los colores, hasta un mensajero buenín, buenín, quiso quedar un día para salir conmigo. Pobre, todavía me acuerdo de su apuro al pedírmelo, era su último día de curro y por tanto la última vez que iba a verme y todo azorado, me pidió mi teléfono para quedar un día. No era mi tipo pero me entraron ganas de decirle que sí sólo de lo bien que me caía.

Todas estas decisiones de quedar o no quedar que tienes que hacer en tres segundos porque es lo que toca, responder rápido sí o no, lo tengas claro o no, son más importantes de lo que deberían ser, traen más consecuencias de las deseadas. A veces una dice que sí aunque quisiera decir que no. Porque hay veces que decir que no podría parecer ridículo, aunque es lo que de verdad queremos decir. Pero preferimos pasar por una cita mediocre que sabíamos que iba a ser mediocre antes que dudar si de verdad iba a ser mediocre. Otras veces, éstas ocurren con menos frecuencia, una dice que no aunque quisiera decir sí. Supongo que este es uno de los motivos que hacen que hombres y mujeres no lleguen nunca a entenderse del todo. ¿Por qué decir que no cuando quieres decir que sí? Sí, es extraño, el mundo de los deseos femeninos está siempre plagado de misteriosas razones y motivos oscuros que en ocasiones no entendemos ni nosotras mismas pero hay veces en que sentimos que no y punto. Algo hay ahí que no nos convence y no nos convencerá nunca. Y es que desear conocer no es siempre igual a desear. O lo que es lo mismo, la curiosidad mató al gato.


31
mayo 10

Cómo salir bien en la foto del DNI

Para no volver a salir HORROROSA en la foto del DNI y no tener que desear cada vez que abro la  cartera que se volatilice el maldito carnet porque estoy harta de enseñarle mi careto horroroso de – probablemente – uno de los peores días de mi cara a  todas los cajeros y cajeras y dependientes y dependientas de España, esta última vez he adoptado un nuevo protocolo:

 

1.- Ir con tiempo para no llegar ahogada, roja, cansada, sudando o de mal humor porque hay atasco.

2.- Sentarme en un banco e ignorando si los viandantes me miraban o no, echarme polvos y pintalabios. Los polvos con especial interés en las ojeras. A mí me daba igual si el que me fuera a hacer la foto veía demasiado maquillaje en esa zona, lo que me importaba cuando me estaba pintando, era el resultado que después se iba a ver en la foto.

3.- Fotomatón ni borracha. Mejor el “estudio” de enfrente de la comisaría que con una camarita salida de la primera hornada digital te hace tres fotos y luego te deja elegir.

4.- Cruzar feliz y contenta y entrar en la comisaría sabiendo que sí, este carnet sí va a molar, que no te va a importar que te lo pidan mil y una veces y que lo vas a cuidar como a un bebé para que no se pierda.

 


27
mayo 10

Traumas infantiles

 


26-05-2010.JPG 

Todos tenemos “traumas infantiles” y en general solemos pensar que nuestra vida habría sido mucho mejor si nuestros padres, hermanos a amigos no nos hubiesen generado ese “trauma” pero, ¿y lo divertido que es contar y volver  a contar como cuando éramos pequeños nos marcaron de ésta o aquella forma?

 

Mis pequeños traumas son:

 

-          No haber podido llevar un vestido como los de la imagen* en mi adolescencia. A principios de los 90 no eras nadie si no ibas a las fiestas de los 14, 15 o 16 años sin un cuerpo de terciopelo y una falda de tafetán bien rígida. Mi amiga MYR y yo nos teníamos que conformar con que nuestras madres quisieran que fuéramos monas.

-          Que mi madre me engañara diciéndome que me iba a comprar unos zapatos Clarks rojos con suela de goma para acompañar a mis padres para jugar al Golf y que luego no me comprara más zapatos hasta que me creció el pie. Creo que estuve una eternidad llevando esos zapatos horribles CADA sábado y CADA domingo.

-          Que los niños de mi urbanización me llamaran Sofea en vez de  Sofía cuando era una enana. Afortunadamente eso cambió, y mucho, durante la adolescencia.

-          Que mi hermana me engañufara siempre cuando jugábamos al escondite y siempre me tocara A MÍ buscar la primera.

-          Que los reyes no comprendieran mi necesidad de tener un caballo, un mono o un loro.

 

¿Y vosotros? ¿Tenéis “traumas”?

 

*Ojos y boca del dibujo mangados sin piedad a Garance Doré, que a mí me salen muy feos.


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