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Cosas de todos los días


29
febrero 12

Intentando estar en forma

 

Últimamente he estado probando varias maneras de hacer ejercicio y después de hacer analizar varias posibilidades, éstas son mis conclusiones:

-          Es posible morir por ahogamiento practicando el Aquagym quemacalorías.

-          Es posible morir descalabrada intentando mantener el equilibrio con la pelota en clase de Pilates

-          Aunque parezca de tebeo, es posible sufrir lo que los expertos llaman “caída de película en la cinta de correr por no saber mantener el paso”

-          Es posible abrirse, literalmente, la cabeza patinando.

 

Y estos los posibles remedios:

-          En Aquagym Quemacalorías aunque la profesora diga “Venga! Que queda poco! Tú puedes! Sin tocar el suelo!”, no la creas y apóyate en el suelo las veces que haga falta. Es peor morir ahogada que no hacer caso a la profe.

-          En Pilates, aunque la profesora se empeñe en usar la dichosa pelotita para todo, cuando notes que tu integridad está en peligro, deja la pelotita de lado y utiliza nuestro el precioso y estable suelo. Es peor morir por fracturación de cráneo que no hacer caso a la profe.

-          Las primeras veces que corras en la cinta, hay que hacer lo que dice nuestro amigo Perogrullo: Ponlo a una velocidad media la primera vez y pasa de las colinas y de las inclinaciones. Es peor caerse de la cinta a que todo el mundo se dé cuenta que es tu primera vez en la cinta.

-          Si hay algo que saque tu lado más infantil, intenta que tu parte adulta no desaparezca del todo.

 

Para recuperar parte de las calorías perdidas, un capricho de vez en cuando:


21
marzo 11

Esos malditos kilillos

Ay, qué pesados los kilillos cuando se ponen. Nos cogen cariño, se pegan a la tripita, al culete o a las caderas, dependiendo de lo que peor nos quede. Parece que son más inteligentes que los perros, mon dieu, qué precisión en la elección del peor sitio posible dónde instalarse, cual enemigo en plena guerra.. Y no les basta con eso, no, además ahí se quedan tranquilamente y tan panchos comas lo que comas sin ninguna prisa por irse por donde vinieron. Parece que como Pulgarcito, los kilos se saben el comido de ida pero no el de vuelta.

Bueno, está bien, lo de que se resisten a irse comas lo que comas, acepto que no es verdad. Estoy siendo un poco exagerada, sí. Pero es que hay veces en las que sí parece que ahí se quedarán comas lo que comas. Porque aunque dejes de comer caprichitos megaengordantes y aunque comas mucha más fruta y verdura de lo normal, el espejo no engaña. Ahí siguen esos malditos kilillos, mirándonos desde el espejo, casi riéndose de nosotras – si pudieran lo harían, estoy segura -.

¿Y por qué?

¿Por qué esos malditos kilillos no se van arreglando un poquito nuestra dieta? Si son solo unos kilillos deberían irse rápido y veloces con un par de medidas, ¿no?

Pues no. Por la vieja cuenta de la vieja, supongo.

Porque si comes más que gastas.. engordas.

Porque si quieres adelgazar, tienes que comer menos de lo que gastas.

Y porque si has engordado un par – quien dice un par dice dos pares – de kilillos en los últimos meses y quieres adelgazarlos de una manera relativamente rápida, hay que comer mucho menos de lo que se gasta.

Y eso, amorzotes y amorzotas, son muchas menos calorías de lo que nos gustaría.

Porque para que nuestros bienintencionados ojitos empiecen a notar la diferencia en el espejo, sospecho que hace falta recortar mucho más de lo planeado la maldita ingesta de calorías.

Si Dante hubiera escrito La Divina Comedia en el siglo XXI el primer infierno sería una dieta, el segundo una dieta contrareloj y el tercero una dieta contrareloj para que un vestido te quede perfecto. Porque hay una gran diferencia entre que te quepa un vestido y que te quede de muerte, nunca se os olvide. Yo ahora lo sé.

Sobre los restantes 6 infiernos, si queréis, hablamos otro día…


28
febrero 11

El reloj de la discordia

MyMan y yo tenemos un problema grave. Hay un reloj que amenaza con distanciarnos. Es un reloj que le regalaron sus amigos hace unos diez años por un cumpleaños. No se lo regalaron en plan bien, en plan “cómo molas, te hemos comprado este reloj que mola mogollón para que veas lo mucho que molamos nosotros también” sino más bien en plan “jajaja, como nunca nos regalamos nada en nuestros cumpleaños porque somos así de graciosos, ¿qué es mejor que no regalarte nada? ¡Regalarte algo feo!”. Vale, es gracioso. Sí, en su momento se debieron reír mogollón firmándolo por detrás y poniendo chorradas. El problema es que después de dormitar durante varios años en una cesta encima de un armario que casi no se le veía, MyMan ha decidido rescatarlo y colgarlo en la cocina.

 

“Por encima de mi cadáver” dije yo. Y lo quité.

“Porque me llamo Myman” dijo él. Y lo puso otra vez.

“No puedes tomar decisiones unilaterales en lo que concierne a la decoración general de la casa”.

“Ni tú”.

“Tengo que estar de acuerdo”

“Hagamos un trato”.

“¿Un trato?”

“¿Te acuerdas del bote de cristal que tengo en mi baño para el cepillo de dientes y demás que tú siempre quieres cambiar por un vaso de baño y yo nunca quiero?”

“Sí”

“Pues te dejo poner el vaso que quieras en mi baño a cambio de colgar el reloj en la cocina”

“Lo pensaré”

Ya lo he pensado.

“NO”. El reloj es horroroso y no me compensa el cambio.

Qué difícil es decorar en pareja, díos mío…


28
enero 11

Gossip Girl

Mi amigo súperDeivid llevaba años intentándome enganchar a Gossip Girl. Y yo, erre que erre, “que no, David, que yo tengo treinta y pico años y paso millas de series adolescentes. Que sí, que ya sé que mola mogollón pero ya me tragué en su momento Sensación de Vivir, Melrose Place y más capítulos de El príncipie de BelAir de los que hubiera debido ver. No creo que sea el momento ahora, con esta edad, de tragarme otra mamarrachada de adolescentes para adolescentes. Que sí, que ya se que sus estilismos molan mazo pero es que tampoco me llama tanto la atención las fotos que veo por ahí, paso mucho de engancharme a una serie Teen…” Y así durante dos años hasta que un alma pérfida, pese a las mil excusas que se me ocurrieron en un segundo sobre por qué no quería que me prestara la serie Teen por excelencia, me obligó – casi a punta de pistola - a llevármela a casa. Y claro, en días tontos y noches absurdas de esas que no apetece hacer nada fue cayendo y cayendo hasta que acabó la primera temporada. Y luego discretamente tuve que recurrir a Alma Pérfida y preguntarle: “Oye, me habías comentado que te habías comprado la Season 2 de Gossip Girl, ¿no? Tú ya la habrás visto, ¿no? ¿Me la pasarías, por favor?” Y aquí estoy tan absurdamente enganchada a lo que le pueda pasar a Blair con Chuck y a Lily con Mr. Bass y con el padre de Jenny, que dejo ya de escribir esto para aprovechar que hoy no está MyMan y tragarme un par de capítulos de Basurilla Teen a la de ya. ¡Que alguien me dé un antídoto!

P.S. Sí, ya sé que todo el mundo está aburrido ya de Gossip Girl, pero ¿qué queréis que os diga? Para mí es novedad..


23
enero 11

Bótox, no te necesito

Sí, sé que muchos vais a poner  el grito en el cielo cuando me leáis diciendo que me he planteado ponerme Botox, pero así es, me lo he planteado. Más que planteármelo, había decidido ponérmelo. Y todo porque mi entrecejo se empeñaba en marcar una fina línea en mi piel justo después de fruncirlo, que de noche debe ser a menudo teniendo en cuenta cómo aparecía frente a mí en el espejo cada mañana. Y como había leído en algún sitio que el Bótox lo que hace es impedir que el músculo arrugador se mueva, pensé que lo mejor era evitar que se siguiera moviendo antes de que la arruga se asentara definitivamente en mi piel.

Obviamente, prácticamente todo el mundo estaba en mi contra. “¿Bótox? ¡Pero tú estás loca! ¡Si sólo tienes 33 años! ¿Y qué vas a hacer cuando tengas 50?” Pues lo mismo, pensaba yo, seguir evitando que las arrugas del entrecejo se formen, porque lo más feo que hay en el mundo es parecer que uno está enfadado permanentemente y os aseguro que yo cuando frunzo el entrecejo, parece que estoy MUY enfadada.

Así que decidí hacer lo que me me pedía el cuerpo – o lo que es lo mismo, no más arrugas – y que el Bótox me lo iba a regalar MyMan por mi cumple a pesar de que él no estaba muy de acuerdo. Pero como estas cosas no son de un día para otro sino que hay que pedir opiniones, preguntar a varias fuentes anónimas que sí se atrevieron y pedir presupuestos a varios médicos, iban pasando los días y harta de cogerme cuatro catarros seguidos (¿qué tendrán que ver los catarros con las arrugas? Ahora veréis..), decidí seguir el consejo de una amiga de tomar un kiwi diario que es muy rico en vitamina C para subir las defensas. Mientras tanto, a pesar de las truculentas historias que empecé a escuchar por ahí y por allí intentando disuadirme de no inyectarme el Botox, yo seguía decidida a hacerlo. Y cuando estaba a puntito, a puntito, ya a un milímetro de superar la barrera emocional que me separaba del Bótox y practicando ya la frase de “Sí, me he echado Bótox y sólo tengo 34 años, ¿algún problema?”, ha ocurrido algo muy extraño. Desde un mes o dos después de empezar a tomar el kiwi diario empecé a notar que mi arruguita ya no me miraba desde el espejo después de fruncir el entrecejo. Y mi entrecejo era el de antaño y ahora era otra vez sano-sano y feliz. No me lo podía creer, pero sí, el kiwi había conseguido que yo no me echara bótox, muy fuerte. Desde entonces no lo he abandonado y me he convertido en la consumidora más fiel de kiwis de Europa entera y ando por ahí proclamándolo a los cuatro vientos para que todas y todos (algún amiguete tengo también con este problema de “genio”…) sepan lo guay y fantástico que es comer bien. Ya se sabe, si es que al final somos lo que comemos.


23
enero 11

Cosas que siempre se pierden

Estoy segura de que Gillete oculta en sus cuchillas Venus un transmisor de ondas reblandecedoras de neuronas para que las mujeres nos las olvidemos siempre, siempre, siempre, sin excepción, cada vez que viajamos, en el baño de turno.

Pero me queda poco tiempo de amistad con Gillete, lo siento amigos. Vuestra Venus ha sido mi acompañante más fiel durante tantos años que prefiero ni contarlos, no vaya a ser que de repente me sienta vieja y me dé un ataque de comprarme una crema antiarrugas carísima. Después de haberme atrevido a empezar la maravillosa depilación láser con las ingles – y a continuar, que después de una primera depilación láser en las ingles, no es tan fácil ni tan sencillo volver por allí sabiendo lo que te van a hacer – y haber continuado con las piernas, en breve me tocan las axilas. Los hombres heteros nunca entenderán lo guay que es no tener que volver a depilarse nunca. Por mucho que la depilación láser ataque el centro neurálgico del dolor físico y económico – porque duele más sacar la tarjeta después de la sesión que la tortura física – , es de las cosas más satisfactorias que me han tocado vivir como mujer. Es un sueño hecho realidad, que pasen meses y meses y meses y más meses y no necesites pensar siquiera en que tienes que depilarte es el cielo en la tierra para cualquier mujer.

Y ahora estoy con el mono porque las piernas quieren una nueva sesión pero como estoy con colorcito, por muy ligero que sea, hay que evitar la láser, tengo que esperar por lo menos un mesecito a que se me vaya cualquier rastro que pueda haber del verano en mi piel. Así que mientras tanto, con mi nueva Venus, seguiré siéndole fiel a Gillete. Por poco tiempo, eso sí.

P.S. Esta entrada se quedó en un limbo entre borrador y publicado hasta ahora. Mejor tarde que nunca, ¿no?


11
mayo 10

La vida dura del horticultor

 

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La primavera pasada planté unas semillas de calabaza que enseguida florecieron pero necesitaban tanta agua que en cuanto pestañee un par de veces, se secaron sin remedio.

 

También planté también semillas de perejil y albahaca que olvidé enseguida porque no salía nada.

 

En septiembre planté unas semillas de unas flores muy bonitas blancas de cuyo nombre no me acuerdo porque tampoco salió nada nunca.

 

De repente, sin previo aviso, hacia el final del invierno, brotó el perejil que había plantado la primavera anterior y me puse tan contenta que redescubrí mi faceta de hortelana y planté semillas de zanahoria, tomate, lechuga, espinacas y albahaca – esta última, por segunda vez-.

 

Lo único que salió fue la lechuga, que estaba en un semillero improvisado. El jueves, emocionada con los miles de brotes que había obtenido, pacientemente los separé uno a uno y los fui plantando separaditos en las jardineras y en una maceta. Estuve por lo menos un par de horas.

 

El viernes me fui a Gijón y cuando ayer salí a la terraza a ver como había evolucionado la lechuga, vi que ya no quedaba ningún brote ni rastro de él en ninguna de las jardineras. Sólo los de la maceta han sobrevivido. Deben haber sido los pájaros que afortunadamente no se atrevieron a entrar dentro de la terraza a despellejarme también la maceta.

 

La albahaca, los tomates, las zanahorias y las espinacas no tienen ningún interés en aparecer.

 

Creo que me va a costar más barato o comprar la verdura lista para consumir o comprar la plantita ya bien crecidita y lista para trasplantar en el caso de los tomates o de la albahaca.


20
abril 10

Ganas de verano

 


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Esta foto la encontró Jessica de The Cat’s Pajamas en una tienda de antigüedades. Desde ya ha entrado a ser una de mis fotos favoritas. Me hace recordar esos veranos en los que mi mayor preocupación era que mi madre me dejase quedarme hasta tarde jugando en el jardín y mi único gran problema las tres horas exageradamente largas en las que se tardaba en hacer la famosa digestión.

 

Brincando y saltando era feliz y para mí no había nada más divertido que subirme a  los árboles, algo que mi hermana, mayor que yo, no siempre comprendió. Por eso no me cuadra que unas señoritas tan monas y tan aseadas se subieran al árbol y se sentaran ahí tranquilamente a hablar como si fuera lo más chic del mundo. Aunque sí, es que en eso consiste ser chic, en hacer del detalle más tonto, algo con tanto encanto.

 

El álbum entero de las fotos que encontró Jessica aquí.

 


7
abril 10

Un mundo más limpio

MyMan me dice que me estoy haciendo ecológica de palo porque ahora  me ha dado por reciclar pero me  dejo la luz encendida. No sé por qué pero todos  los días consigo dejarme al menos una vez una luz encendida con el consiguiente chiste:

“Changó – el perro – lo ha vuelto a  hacer” me dice MyMan. “Se ha  vuelto a dejar encendida la luz del cuarto de baño”.

“Regáñale” le respondo siempre yo.

Mi ecología de palo consiste en ayudar un poquito al planeta así:

Tenemos una basura para los restos orgánicos
Tenemos una basura para los plásticos, latas y tetrabriks
Tenemos una bolsa para el papel y el cartón

Da un poco de pereza al principio pero no nos cuesta nada hacerlo y yo me siento mejor conmigo misma, un poco más reconciliada con el planeta. Y saber que con el plástico reciclado se hacen cosas tan geniales como éstas impresiona:

 

 

banco.jpg

 

bolavda.jpg

 

 

embarcadero.jpgAdemás, el otro día me compré esta bosa ideal de H&M para cuando hago pequeñas compras (el pan de cada día, la farmacia, un libro, unos cerales…). Lo que no tengo muy claro es si es mejor reciclar una bolsa de plástico de supermercado como bolsa de basura o es mejor comprar directamente la de basura pero como ahora te miran mal en el super si te llevas una bolsa de plástico, pues mejor voy con ésta que es más mona y grita “soy ecológica” a los cuatro vientos. Hoy he comprado amoniaco perfurmado y, la verdad, una se siente mucho más chic llevando el amoniaco perfurmado en una bolsa mona que en una bolseja de esas cutres. 

 

P1090619.JPGTambién me ha dado por investigar el compostaje para:

1. poder abonar mis plantas de la terraza con un producto totalmente natural.
2. ahorrarle al camión de basura de mi zona el traslado de parte de mis desechos.

No sé si comprarme este artuligio compostador y plantarlo en la terraza a generar abono. ¿Será muy sucio? ¿Será muy oloroso? ¿Me aburriré del tema antes de conseguir mi primera tanda de abono?


15
enero 10

Los regalos de Reyes y sus consecuencias

Cuando le compré los regalos de Reyes a MyMan estaba  emocionada. Sabía que la idea que se me había ocurrido era buena y dado lo difícil que es acertar con él, el hecho de saber que esta vez iba a dar en la diana me ponía bastante, lo confieso.

Para empezar quería algo práctico. Cayeron los tan socorridos Dockers tan necesarios para los Casual Friday españoles.

También quería regalarle unos vaqueros ideales pero que no fueran ni pitillo ni cagados. Lo raro es que la dependienta no me miró como si estuviera loca cuando le hice esta petición.

Y para terminar, el regalo estrella, la serie completa de Cosas de Marcianos (“3rd rock from the sun” en “original version”).

Me encantó ver su cara de flipe cuando vio la caja.

Cuando lo vemos no sólo me encanta reírme – tiene algunos golpes geniales como ese en el que Sally le pregunta a Dick que por qué le abre la puerta del coche a lo que él responde “No sé, es lo que todos  los hombres hacen en la Tierra. Aparentemente las mujeres no saben abrir puertas de coches” – sino que me encanta ver cómo MyMan  se ríe, mejor dicho, se parte a carcajadas. Está claro de que el regalo ha sido perfecto.

Pero. Si es que todo tiene un pero.

Entre semana vemos 3 o 4 episodios por noche (duran 20 minutos cada uno).

Así que empiezo a pensar que los Aliens están por todas partes.

Cuando veo gente rara pienso que igual son Aliens.

Como ayer cuando una amiga me contó que el otro día hizo “pruebas  de cama”. Es decir, estuvo dos horas haciendo y deshaciendo la cama de diferentes formas y metiéndose dentro para probarlas todas.

O como cuando el miércoles una amiga del curro casi se desmaya cuando fui a enseñarle el moratón que me había hecho la enfermera que me había sacado sangre.

O como cuando me di cuenta de que alguien muy listo se había equivocado muy avispadamente y me había mangado mi paraguas de Emporio Armani dejándome en su lugar uno peor que los de los chinos – ¡en mi propia casa! -.

Otras veces le doy la vuelta a la tortilla y decido que los humanos sois absurdos y que la Alien quizás sea yo y por eso hay tantas cosas que me parecen tan raras.

La próxima vez que se me ocurra la genial idea de regalarle una serie  a MyMan, me plantearé si quiero hacerla mía durante dos meses hasta que mi mente esté tan metida en la historia que ya no sepa diferenciar entre realidad y ficción.


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