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junio 08

YSL

lalluvia02062008001.jpgHa muerto Yves Saint Laurent. Ha muerto y a escasos minutos de enterarme de la noticia no sé si con él también han muerto mis chaquetas, los anuncios y la exposición que hace tan sólo unas semanas me transportaba a su mundo…
Creo que no sabría decir cuándo conocí a Yves Saint Laurent o, mejor dicho, cuando comencé a conocer sus creaciones porque, querido grelinno, a quién pretendes engañar, tú nunca conociste a Yves persona ni a Yves creador, más allá de sus propias creaciones.  De  todas formas, y sea como sea, creo que lo conocí demasiado pronto y a la vez demasiado tarde, demasiado pronto porque a principios de los 80′s, de los difíciles años 80 (porque los 80′s fueron difíciles para todos), yo no era más que un niño en una década de hombreras, cardados imposibles, mangas farol y tejidos estridentes como papeles de celofán, un niño extraterrestre fascinado ya por una moda, en cierta forma, igual de extraterrestre; y demasiado tarde porque, por aquel entonces, Yves llevaba ya casi 30 años de carrera y, entre otras cosas, el mérito a sus espaldas de haber salvado Dior de la ruina.

Tarde o pronto ahí lo conocí y ahí me quedé enamorado de tres letras casi superpuestas, de unas iniciales, YSL, y de un nombre, Yves, sinónimo -pese a ser y seguir siendo un Peter Pan- de mis deseos por crecer… más rápido, más alto, más fuerte… y así poder rellenar la chaqueta violeta, con aquel YSL superpuesto y bordado en rojo sobre la lana, que tenía papan. Una chaqueta que él había desterrado para ser usada en casa, casi a modo de bata y que día a día se encargaba de profanar con manchas de cotidianidad pero que yo, a cada poco, lavaba y rescataba, probándomela frente al espejo de su armario, calculando cuánto tiempo más tendría que esperar, cuánto faltaba aún hasta poder adueñarme de ella.

El niño creció y con esa chaqueta hice la confirmación en un día en el que corrí por primera vez las calles de la Town de la mano de A, mi A, vuestra ya A, cuando ambos no éramos más que dos amigos pero ya éramos mucho más que eso.  Fue la misma chaqueta que de alguna forma me hizo famoso en los primeros años de facultad y que tantas risas nos hizo soltar en la biblioteca y en los intercambios de clase con aquel grupo recién creado del que ya poco o nada queda pero para el que aquel YSL estaba claro que no podía ser más que la abrevitura secreta de “Yo Soy Loba” y “la loba” era yo, lo mismito que Bette Davis con Wyler o mascullando en castellano y ante el auditorio del Festival de Cine de San Sebastián aquel “la louba” que ya casi sonaba a muerte. Luego vino la lavadora y, cosas del amor, esa chaqueta y esa lana deliberadamente encogidas para poder ser usadas por A y su elegante delgadez hasta que chaqueta y lana estuvieron tan desgastadas que terminaron rompiéndose lo mismo que ayer se rompía Yves.

Ha muerto Yves Saint Laurent. Ha muerto y a escasos minutos de enterarme de la noticia sólo sé que esta tarde saldré a la calle con chaqueta; chaqueta gris marengo, casi de luto, con un YSL bordado en negro, una chaqueta distinta pero la misma chaqueta con la que pisé por primera vez y con forma de becario la empresa para la que hoy trabajo y es que al final, Yves Saint Laurent es una chaqueta lo mismo que Yo Soy Loba.

Plus, Plis, Plas… ¡mañana más!


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