El cerebro y el aparato digestivo

En el último post hablé de la relación tan estrecha que hay entre el cuerpo y la mente , y sobre las personas que somatizan y a qué se debe.

En el post de hoy me voy a centrar en una determinada parte del cuerpo: el aparato digestivo, al que muchos científicos denominan el ‘segundo cerebro’. Y es que hay una conexión muy directa entre el cerebro y nuestras emociones con el aparato digestivo, conexión que se produce en ambas direcciones.

¿Has sentido ‘mariposas’ en el estómago cuando has estado enamorado?

¿Notas un nudo en el estómago cuando tienes algo muy importante a lo que enfrentarte?

¿Sientes que se te cierra el estómago cuando te dan una mala noticia?

¿Cuándo tienes mucha hambre, tienes mal humor y te cambia el carácter?

Así podría seguir. Si somos conscientes de nuestro aparato digestivo podremos comprobar cómo está relacionado con nuestras emociones y qué síntomas tenemos en función de lo que estemos sintiendo.

De la misma forma, hay relación entre el cerebro y el aparato digestivo pero en sentido inverso. La alimentación que llevemos a cabo es muy importante para nuestra salud mental. Dicho así parece un poco excesivo pero tiene mucho sentido la frase de ‘somos lo que comemos’ ya que los alimentos que ingerimos están muy relacionados con nuestro estado de ánimo.

Dicho lo cual, si cuidamos lo que comemos estaremos cuidando a nuestro cerebro, y si cuidamos a nuestro cerebro estaremos también dándole cariño a nuestro aparato digestivo.

Es importante que sepáis que la serotonina, la hormona del bienestar de la que ya he hablado alguna vez, se produce en un 90% en el intestino. Es un dato que, sin duda, llama la atención y que os puede resultar muy clarificador para comprender el nexo tan estrecho que hay entre ambas partes de nuestro cuerpo.

Con este dato seguro que no os extrañará si os digo que las personas que padecen colón irritable o enfermedad de Crohn o síndrome inflamatorio del intestino, tienen más posibilidades de sufrir depresión o estrés.

Al revés ocurre algo parecido: cuando tenemos mucho estrés, el cerebro le manda señales al aparato digestivo. El cerebro está teniendo un gasto de energía extra en estos casos y el intestino también disminuye la suya por eso. En estos casos somos más proclives a tener molestias estomacales porque el intestino se debilita al tener cerebro a tope.

Si padeces digestiones lentas, hinchazón del estómago después de comer, dolor abdominal, episodios de estreñimiento mezclados con diarreas y no tienes un diagnóstico, te recomiendo que pares y que analices qué está ocurriendo, cómo te encuentras, qué sientes y qué emociones te están invadiendo. Seguro que con ese análisis puedes encontrar una explicación.

Al revés te recomiendo que hagas lo mismo. Si reconoces que estás viviendo momentos de estrés por el motivo que sea o que estás en un estado depresivo o más alicaído de lo normal, sin fuerzas ni energías, para y observa cómo funciona y lleva funcionando tu aparato digestivo en los últimos tiempos. ¿Encuentras alguna relación?

¿Qué podemos hacer para cuidar de manera recíproca a estas partes tan importantes de nuestro cuerpo? Os voy a decir que es lo que hago yo y que es lo que recomiendan los especialistas.

  1. Por un lado, para cuidar la mente, el cerebro:

Lo he hablado en más de una ocasión: cuidar nuestros pensamientos, aprender a respirar de manera consciente, meditar, rodearnos de gente positiva que nos transmita energía, tener hobbies y llevarlos a cabo, descansar, dormir bien… Podéis ver más información en el post que escribí hace un tiempo: Pon en forma tu cerebro.

  1. Por otro lado, cuidar a nuestro aparato digestivo:

No se trata de seguir ninguna dieta sino de usar el sentido común y conocer qué nos sienta bien y qué no. Todos sabemos que es importante tomar frutas y verdura. Ahora sabemos que aparte de ser saludables también son muy beneficiosas para nuestro cerebro. Si son de hoja o piel verde, mejor que mejor: brócoli, manzana verde, judías vedes, acelgas, espinacas…. Tomar alimentos con fibra, legumbres unas dos o tres veces a la semana, beber dos litros de líquido al día. E igual de importante es lo que comemos como el cómo lo comemos. Esto a veces se nos olvida y es fundamental. Sé que a veces por la vorágine de nuestros días es complicado pero en la medida en que podamos, sabemos que tenemos que comer despacio, centrados en lo que comemos, disfrutando de la comida, siendo plenamente conscientes de ese momento. Que ese rato no sea un simple ingerir comida en el menor tiempo posible sino que lo sepamos apreciar y que seamos conscientes de que estamos cuidando tanto nuestro aparato digestivo como nuestro cerebro, en definitiva nos estamos cuidando a nosotros mismos.

  1. Y para terminar, no puede faltar la actividad física que es algo esencial.

Espero vuestros comentarios, sugerencias, opiniones y casos particulares. Siempre es muy grato leerlos.

Como sabéis, podéis leer más post sobre temas de desarrollo personal y coaching en mi página web.

Muchas gracias.

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