Las mudanzas

Ni derivadas, ni ríos, ni mitocondrias. En el colegio se debería enseñar cómo se hace una mudanza, de manera que ya desde pequeños nos fuéramos preparando para la que se nos viene encima.
Estoy seguro de que traerse el Templo de Debod a Madrid desde Egipto fue más fácil que vaciar mi casa y recolocarla en el nuevo destino. El grado de complejidad y estrés de las cosas deberían ser medidos en mudanzas. Mudanza como unidad de medida. “El fichaje de Neymar ha implicado dos unidades de mudanza de complejidad”. “Señora, la operación no será fácil: se ha obstruido una arteria y el latido del corazón es débil. Complejidad de al menos cuatro unidades de mudanza . Haremos lo posible”.
Aún recuerdo la primera vez que me cambié de casa. Yo estaba en C.O.U (sí, C.O.U, eso que hacíamos los que tenemos más de 33 y menos de 50) y todo fue muy rápido. Fue en verano, yo vivía con mis padres. Recuerdo que me fui de monitor a un campamento y, cuando volví, ya no vivíamos en mi casa. Y por arte de magia, todo se había movido de una casa a otra. En ese momento no lo valoré: “a ver dónde coloco yo ahora la torre del ordenador” fue toda mi preocupación. Valiente iluso. Pero ahora entiendo por qué mis padres lo hicieron cuando yo no estuve: ¡¡si llego a intervenir yo en el proceso, no me independizo hasta 2030!! Y no, los que os habéis mudado alguna vez sabéis que no exagero…
Esta familia claramente está posando: nadie es tan feliz en una mudanza.
Hay una norma no escrita que nos afecta a todos a la hora de mudarnos: cuando somos menores de treinta, jamás pagamos a alguien para que nos ayude: para eso están los amigos. Es un poco como cuando uno sale de fiesta y no bebe para poder conducir: se sacrifica por el equipo. Hoy por ti, mañana por mí.
Las mudanzas tienen dos inconvenientes de gran magnitud: que existen y que son inevitables. Porque uno no puede irse de un lugar a otro sin llevarse cosas. Aunque sean pocas, aunque no haya muebles; lo que tienes, va contigo. Uno no puede salir sin más por la puerta con una mochila diciendo: “pues nada, aquí dejo mi vida de los últimos 12 años. ¿La ropa? No hace falta: me vestiré con el rocío de la mañana y el calor de la primavera. ¿El ordenador y la consola? Tampoco serán necesarios: jugaré a contar estrellas, y durante el día acariciaré perritos en el parque. ¿Mis cajas de recuerdos, mis fotos, mis discos duros y los libros? Las historias de nuestros mayores serán mi sabiduría, y las imágenes de mi cerebro será mi memoria perenne…”
No, esto no funciona así. La única posibilidad de dejar tu casa y salir con lo puesto, es si te vas al seminario o si estás de camino a la cárcel. Y en ambos casos, creo que prefiero la mudanza.
Pero lo más interesante de todo es que, en realidad, el traslado de enseres en sí, la mudanza, el MOVIDOTE, casi nunca dura más de un día. ¡Ni eso! Apenas dura unas horas; por la mañana vacían tu casa, y por la noche ya estás en la nueva. Con una pirámide de cajas, trastos, alfombras y estores en medio del salón, y preguntándote que en qué estabas pensando cuando firmaste el contrato de la nueva casa. Y lo único que quieres es meterte en la cama porque estás agotado…
Pero las sábanas están en alguna de las cajas, quizá entre la almohada y una pila de ropa interior que estaba en la cómoda de tu habitación y que era lo único que cabía para poder cerrarla bien. Y cuando las encuentras y te haces la cama, echas un último vistazo a la pirámide y quieres llorar porque, en realidad, no solo te queda desempaquetar todo, sino que además tienes que hacer un viaje a Leroy para comprar los tacos para los cuadros, otro viaje a Ikea para comprar los toalleros y la escobilla del baño, tienes que ir también a MerK mueble porque falta la cómoda de la habitación de los niños, y probablemente te toque ir un par de veces al Corte Inglés porque el canapé que compraste por Internet no ha entrado por el pasillo y necesitas traer uno a medida.

En fin, que las mudanzas son duras, son estresantes y uno solo tiene ganas de dejar la pila de cajas abandonadas a su suerte y quemar la casa con todo dentro… pero cuando pasan los días y  terminas de colocar todo en su nuevo hábitat, cuando ves tu nuevo espacio y te imaginas tu nueva vida, de pronto todo tiene sentido y te olvidas del pequeño infierno que han sido esos días y te alegras de haber dado el paso.
  • Lo mejor de las mudanzas es que haces limpieza de todo aquello inutil que lleva cogiendo polvo en casa desde tiempos inmemoriables, porque no lo usas desde que estabas, en el insti, uni, o lo menos hace 10 años…, yo hace tiempo que hago dos barridas al año de cosas inútiles, sino no cabemos en casa digo. Mi marido me teme, porque no tengo piedad, pero es que….., ¿ Y ese momento en el que te has ido de casa hace unos años y un día tu madre te dice…que vas a hacer con todo esto que hay en tu cuarto? Sudores frios, que pensabas que eso se iba a quedar ahí para siempre, que empiezas a hiperventilar y todo…
    Feliz verano!

  • Hola Javier, las mudanzas son algo que alguna vez te toca hacer. Yo soy un poco culo inquieto y cada dos o tres años me toca una. Cuando vivía en España cada tres años me cambiaba de casa y de ciudad, y ahora que vivo en el extranjero sigo igual, dentro de unos meses cambio de casa pero no de ciudad que ya he montado un pequeño negocio y estoy buscando un poco de estabilidad. Cuando vine a U.K me vine solo con una maleta y deje todo lo que tenia en el trastero de mi madre pero dentro de poco tendre que decidir que hacer con todos esos trastos porque ahora ya tengo los mismos en otro país. Yo soy de esas que una vez al año limpio todos los cajones y armarios y tiro practicamente todo, solo tengo las cosas que utilizo, la ropa que me vale, no guardo aquella para cuando pierda tres kilos y solo alguna caja con recuerdos. Suelo leerte cuando puedo y siempre me sacas una sonrisa. un abrazo.

    • Así que ya no vuelves,no? al menos de momento..y tu mamá con un trastero lleno de cosas: un clásico 😉
      Espero que tu pequeño negocio desntro de dos años sea un próspero negocio y dentro de 4 sea un “tremendo negocio”. Tú me vas informando, vale? 🙂
      un besote grande y gracias por ser habitual por aquí!

  • jajajjajaj que razón por favor!!! cómo odio las mudanzas!!! la cantidad de cosas que se acumulan…. es increíble!!!! yo recuerdo mi primera mudanza cuando viví en una residencia universitaria que vives en una habitación pues en una sola habitación ya había miiiiles y miles de cajas así que cuando me he mudado de casas completas ha sido un auténtico infierno jajajjaja pero para mi la mudanza no dura un día como tu dices, tu solo cuentas el cambio de cajas de un lugar a otro pero para mi el infierno empieza en el momento de empaquetar todo eso ya para mi es…. oú una graaaan odisea, creo que el trayecto del cambio es lo más fácil aunque agotador porque lo siguiente el momento limpieza y recolocar otra gran locura vaya que las mudanzas las odio con todas mis fuerzas !!!! y con 25 años sé que aún me quedan unas cuantas xDxD
    kiss
    P.D. que no comente en el anterior post ENHORABUENA por esa boda galán!!!

  • De momento aún no me ha tocado hacer mudanzas a lo grande, podría decir que cada año hago una pequeña “mudanza” de piso donde estudio a casa de mis padres cuando se acaba la uni jajajaja espero que cuando acabe la carrera de Ingeniería encuentre un sitio fijo y no tenga que hacer mudanzas porque ya me cuesta recoger todo cuando se acaba el curso y para cuanto más hacer mudanza a lo grande … que estrés!

    Un besitoo y nos seguimos leyendo 🙂

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