La comida a domicilio, por favor

El otro día me plantearon un reto: comer y cenar, durante una semana, a base de comida a domicilio. Eso es fácil —pensé—. En EEUU llevan décadas haciéndolo y ahí están. Y mi compi de piso lleva dieciséis semanas y cinco días sin salir de su habitación (probablemente ni de la cama) y también ahí sigue. O eso creo. Estar una semana comiendo y cenando a base de cualquier tipo de comida que se me antojara no solo sonaba delicioso, sino muy muy cómodo. Así que me vine arriba y envidé: “Os doblo la apuesta: no sólo comeré y cenaré utilizando solamente un móvil y el pulgar, sino que también encargaré el desayuno y la merienda a domicilio. Y si me despierto a media noche y tengo hambre, pediré un snack de madrugada”. Y yo, que acababa de ver Braveheart y estaba aún poco eufórico, me vine aún más arriba: “Os digo más: no sólo comeré, cenaré, desayunaré, merendaré y madrugaré con comida Deliveroo, sino que voy a invitar a tres amigos míos, sus novias, a sus mascotas (si las tienen, que lo desconozco), y al conserje de mi edificio a  que se unan a mí en el reto“.

Cuando luego me enteré de que mi presupuesto para el reto era limitado, es decir, que no disponía de crédito infinito para hacer los pedidos, traté de renegociar mi compromiso, pero ya era tarde: en el salón de mi casa tenía dos tiendas Quechua con mis amigos dentro; mi compi de piso había decidido abandonar su encierro voluntario y llevaba 4 horas ininterrumpidas leyendo y estudiándose los menús de todos los restaurantes mexicanos de la zona y se habían incorporado al evento tres universitarios de la tuna que “pasaban por ahí, había escuchado jaleo en el primero y habían decidido subir a tocar la bandurria y a rondar a las mocitas bonitas que nos alegran en Madrid “.

img-0606

Así que nada, con este panorama y con la necesidad de hacer gala a mi inquebrantable palabra, nos dispusimos a atrincherarnos en cuatro paredes y a sobrevivir una semana a base de comida a domicilio.

Os ahorraré algunos delicados detalles de estos días, pero sí os puedo contar que para el tercer día nos habíamos fundido más de dos tercios del presupuesto total. Bueno, se lo había fundido Martín, uno de mis amigos. Por lo visto, él, de manera unilateral, decidió apostarse con el conserje del edificio que sería capaz de “encestar” croquetas de cecina y boletus (no me preguntéis que por qué ésas, no lo sé) en la ventana de la cocina de mi vecina de enfrente. El hecho de que entre ambos pisos haya un patio interior, y, sobre todo, el hecho de que las ventanas ESTUVIERAN CERRADAS, dificultó enormemente su tarea. Era, digamos, una guerra perdida de antemano. Así pues, después de haber lanzado ciento veintidós croquetas, unos nuggets de pollo que sobraron de la primera cena y un chupete que se había encontrado en un cajón de la cocina (juraría que ni mi compañero de piso ni yo tenemos hijos, así que me sorprendió el hallazgo) se dio por vencido y tuvo que abandonar precipitadamente la casa.

img-0589

Según un estudio de Deliveroo, “un cuarto de los británicos optaría por cambiar la cocina por una zona de relajación, sala de juegos, bodega, zona de belleza o vestidor”. Yo, que estoy muy de acuerdo, me adueñé de la vitro y he montado mi pequeña cabina de pinchar ahí encima

El cuarto, quinto y sexto día sobrevivimos a base de comida japonesa e india. Corrijo: en realidad solo pedíamos arroz blanco (era lo más barato), pero poníamos Humor amarillo y pelis de Bollywood de fondo para engañar a nuestra mente y paladar: el mío tardó un rato (mi paladar, digo), pero después del cuarto baile de Akshay Kumar con la bella Kareena Kapoor, yo cerraba los ojos y claramente sentía estar devorando tikka masala con verduras.

La sexta noche, y viendo que nos habíamos puesto al día con las finanzas domésticas, nos dimos un buen homenaje: 4 steak ribeye tender sweet Burger, tres bandejas de alitas BBQ con aros de cebolla fritos, unas patatas asada con salsa tártara y salmón, y brownie a los tres chocolates con nata y sirope. Menos Marta, la novia de Martín. Ella, vegetariana por convicción, decidió pedirse una quiche de tofu y brócoli con salsa de sémola y soja, y caldo de sirope de arce para beber. Nosotros, que somos muy sensibles, miramos fijamente su comida durante un minuto y oramos por el brócoli y el tofu caídos en la batalla.

42055085-7de0-41d3-b92f-e4ef1326731e-4053-0000056198011fe7

“El 80% de los ingleses solo usa la cocina los fines de semana”. YO NI ESO!! XD

Y así, llegamos a nuestro último día. Un día que, aunque tranquilo, transcurrió entre cierto nerviosismo y excitación, ya que iba a suponer volver a nuestras rutinas. La mayoría de mis eventuales compañeros de piso llevaban días sin pisar la cocina; sabían que ahí ya no había comida y que en los cajones, como mucho, se encontrarían chupetes de épocas precolombinas. Así que yo, sabedor de esta situación, había aprovechado para reutilizar los armarios y cajones a mi antojo. Los 47 m2 en los que ahora convivíamos ocho personas (o nueve; nunca llegamos a hacer un censo contrastado), se me habían quedado pequeños, así que había tenido que extender mis dominios allende mi habitación. Decidí reubicar varias cacerolas y sartenes que habían quedado en desuso y las busqué un nuevo hogar: la basura. Por otro lado, ahora que me había acostumbrado a pedir comida, dudaba que fuera a utilizar las latas de conserva, los cubiertos (ahora comía todo con palillos chinos) o esa máquina de vapor que me compré una vez a base de acumular cupones del Marca, así que se lo regalé todo a mi amigo Torreznos (que además de apellidarse así,  la forma y consistencia de su cuerpo acompañan muy bien al nombre).

img-0605

Otro dato: “Los españoles tenemos, de media, casi 30 utensilios de cocina”. Yo, en el armario donde antes guardaba el escurre pasta y la licuadora, he metido mi antigua colección de vaqueros y coches de carreras. (Y los libros de Derecho de mi hermano para recordarme lo bien que hice no estudiando eso)

Si saco una conclusión de todo esto es que soy un tremendo perezoso y que me encanta no tener que cocinar y tener a mi disposición todo tipo de comida y en cualquier momento. ¡Calidad de vida!. Adiós cacerolas, ¡hola, Deliveroo!

  • JAJAJAJA!!!!!
    Divertidísima experiencia!
    Y toda una innovación en el campo alimenticio.
    Sabía de este tema por mi amiga Esmeralda Moya que también lo ha hecho y ha utilizado su cocina para meter juguetes de su hijo.

    Os lo tenéis que haber pasado de muerte!
    Una duda: quién bajaba la basura?

    Posdata: suelo escribirte pronto porque tengo turnos de trabajo muy dispares!
    La enfermería es lo que tiene!

    Un abrazo a domicilio y sin cocinar!!!

  • TOOOP!!! Me he partido con tu post de hoy, Javier. A mí me encanta tanto pedir comida como ir de restaurantes. Soy tan perezosa como tú para cocinar, por lo que se ve XD
    sigue así solete
    un beso desde málaga

  • JAjaja Me troncho con tus cosas, javi
    La próxima cena que hagas llámame qie me paso com amigas y amigos. Te dejamos elegir a ti la comida!
    Un abrazo

  • Es verdad que la comida a domicilio lleva años y años en EEUU, y aquí casi no se usa (excepto el chino) Creo que con las apps de móviles esto está cambiado. Mis amigas y yo a veces pedimos cuando tenemos que estudiar más de la cuenta
    me encanta tu blog!

  • Holiii

    En mi caso soy mas de hacer yo la comida. antes no me gustaba pero tengo que decir que ahora hasta me entretiene y todo jajajaj
    El otro día fui a casa de mi tía y pedimos churrasquito y ademas de estar muy rico se agradece el no tener que cocinar y lavar tantos “cacharros” jajajaj
    Un besooooo

  • Que buen post Javi, soy fan fan de la comida a domicilio, los take away y de comer fuera, todo lo que no implique tener que fregar la cocina después sobre todo después de un día laaaargo. Cuando vivía en Madrid pocas veces hacía la cena, donde vivo ahora no tengo tanta variedad, es lo que tienen las ciudades pequeñas, pero cada vez que bajo a Madrid pido cada día una cosa (porque la oferta se ha ampliado una barbaridad la verdad) Como echo de menos la capi en estos casos.

    Un beso enorme desde tierras asturianas (donde se come muy pero que muy bien pero tienes que ir tu a los restaurantes)

  • Javiiiiiiiiiiii!!! Jajajaja,buenísimo post…aunque he de decir que yo soy una gran cocinera y disfruto haciéndolo!!! Cuando quieras te hago una cenita 😉
    Un besazo,bombón!!

  • Jaja me mató que subiste la apuesta de lo euforico que te dejo Braveheart!
    Es genial los otros usos que se le puede dar a la cocina que NO SEA para cocinar!
    No me gusta cocinar, me aburre y me parece que pierdo un tiempo que prefiero 1.000 veces dedicarlo a otra cosa! Soy muuy del delivery…

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer