Cuando yo pensaba que lo más destacado de la semana iba a ser descubrir que nuestro vecino es un actor porno… ¡zas! Va y se produce un encuentro entre consuegras.
Pero vayamos por partes (y no me refiero a las del actor, bueno, en parte sí). La otra tarde había un fiestón importante montado cerca de casa, en una librería – galería de arte de ésas en las que todos los libros tienen títulos rimbombantes y los posibles compradores gafas de pasta. La cosa invitaba a entrar (prometían bebida gratis) y allí me encontré con que lo que se celebraba era el aniversario de una revista que saca más carne que un catálogo de tocinerías, pero eso sí, todo muy fino y muy artístico.
Y cuando estaba echando un vistazo a la publicación (estupenda, no nos vamos a engañar) descubro dos cosas:
- en la vernissage estaba el tipo con el que muchas mañanas coincido cogiendo la bicicleta y el metro
- en la revista aparecía el tipo con el que muchas mañanas coincido cogiendo la bicicleta y el metro
No sé si os ha pasado alguna vez, pero cuando tienes justo al lado, cual estrábico, la visión duplicada de una persona, pero vestida y desnuda a la vez (y os aseguro que en la revista había mucha intención artística pero también mucha “obviedad” y “pasión”) no sabes si felicitarle –por las fotos, la profesión y el equipamiento- o cerrar el fanzine o largarte
discretamente.
Yo no me caracterizo especialmente por acobardarme ante una celebridad –lo sabéis- pero en ese momento pensé que mejor ya le felicitaría, si acaso, en un momento bicicletero. Además, tenía que irme pitando a la ferretería antes de que la cerraran, pues quería comprar pinturas, brochas, rasqueta y demás para pintar un par de paredes. Ciertamente hubo un momento en que barajé presentarme a la fiesta cargado de latas de pintura y otros arreos, todos ellos en bolsas cutres del supermercado, como complemento “trash-chic”, pero al final lo decliné.
Como veis, ese día estaba yo un poco cohibido, pero es que el tema era serio. Y no me refiero al de la revista, sino al motivo por el cual quería pintar las paredes.
Se acercaba el día en que no sólo tenía que llegar la madre de PITICLI (sí, sí, esa genial mujer que dispara mejor con escopeta que cocina) de visita desde Asturias -acompañada de una hija y un yerno- sino también el de la llegada de Lady Laca. Si ya el hecho de que se fueran a conocer imponía, la posibilidad de que una de las dos decidiera
pasarse por el minipiso imponía aún más. Porque PITICLI y yo tenemos un nivel de tolerancia a la suciedad y a los desconchones de pared formidable. Pero las madres no tanto. O al menos no las nuestras.
Gracias a Dios (o a Alá o a Buda) tuvimos la genial idea de dedicar el día festivo a pintar y limpiar como posesos, porque no sólo ambas decidieron que querían ir al minipiso, ¡sino que lo hicieron a la vez! Sí, amig@s, el encuentro finalmente se produjo en el minipiso.
Genialidades de PITICLI al respecto:
- PITICLI insiste en que la gente no pinta sus casas, sino que se paga por ello (dice, en todo caso, que esto de pintarse uno la vivienda debe de ser en Cataluña)
- Cuando le propuse hacernos una foto pintando –me parecía muy auténtico- su respuesta fue: “ni se te ocurra, vaya a ser que la vea mi madre y piense que somos pobres”.
- PITICLI insiste en que mencione que pintó aún encontrándose fatal a causa de un resfriado que hubiera merecido ser tratado con el jugo de carne de caballo que su madre preparaba.
En fin, pese a que afortunadamente la casa estaba más limpia que nunca -y recién pintada- cuando eso sucedió, Lady Laca, que había querido subir para descargar los tuppers antes de que se presentara el resto de la comitiva, consideró que no era suficiente nuestro resultado (“¡qué van a pensar de vosotros!”) y a la velocidad de la luz agarró un paño húmedo y se puso a limpiar, por ejemplo, la parte trasera de la puerta de entrada (“¡anda, ahora sigue tú, que yo no llego hasta arriba!”). Ciertamente os he de confesar que me descubrió zonas que ni siquiera yo pensaba que había que limpiar.
Por suerte la madre de PITICLI no le dio importancia a esas cosas y el encuentro entre todas las partes fue estupendo. Hubo intercambio de regalos y yo descubrí una cosa: nuestro precio.
¿No os ha pasado que alguna amiga vuestra, al ir a Marruecos, ha sido tasada con la cantidad de varios camellos?
Pues en nuestro caso fue:
- Por parte mía Lady Laca aportó un recipiente con medio kilo de boquerones en vinagre, un Tupper de albóndigas, otro de merluza en salsa y un tarro de tomate murciano.
- Por parte de PITICLI un tremendo queso Peñasanta de casi tres kilos.
Para ver el vídeo con los últimos tuppers de Lady Laca, clicad aquí –>
Lady Laca muestra sus últimos tuppers
Todos nos dimos por satisfechos con los productos y tras una visita guiada al Palau de la Música fuimos a celebrar el encuentro y el cumpleaños de Lady Laca a la terraza del restaurante ATTIC (absolutamente recomendable).
Uno se da cuenta de que todo está yendo bien cuando empiezas a comer a las tres de la tarde y a las seis todavía estás
sentado, hablando, riendo y hasta cantando coplas y tonadas asturianas. Lady Laca incluso interpretó grandes clásicos como “dónde vas Alfonso XII” y había momentos en que yo sentía que aquella comida era el sueño de Woody Allen: las Ramblas, un palacete en el ático de un edificio, familias que se arrancan a cantar en la mesa a la luz de la tarde…
Imagino que tan “desatados” estábamos que la siguiente parada fue, tras dar un paseo por el Paseo de Gracia, la tienda de Manolo Blahnik en el Mandarín Oriental. Como podéis suponer, ni mucho menos nos contentamos con admirar los zapatos. Lady Laca, que ahora es fan de Sex & the City se llegó a probar los zapatos que Carrie pierde en el episodio de la fiesta de cumpleaños infantil. La familia de PITICLI alucinaba con Lady Laca. Y yo también.
Fue un momento total y desde aquí quiero agradecer el fantástico trato de Mercedes, que nos atendió maravillosamente, y que ejerció de Hada Madrina de Lady Laca.
Para ver el vídeo de Lady Laca probándose los Manolos, haced clic aquí –>
Lady Laca se prueba los Manolos
En fin, que han sido días de sorpresas estupendas, de reencuentros, y de descubrir las mejores facetas de la gente.
Quizá porque cuando uno se fija en lo bueno de uno y de los demás y permite que eso fluya, alejándose mentalmente
de las noticias de los medios y de la tendencia a señalar lo negativo, uno (re)descubre que la vida está llena de momentos fantásticos.
Desde aquí quiero dar las gracias a Lady Laca, a la familia de PITICLI, a los habitantes de Santa Cecilia de Voltregà (que se implicaron para que pudiéramos localizar la masía donde mi suegra estuvo refugiada en 1936) y a todos los que nos han atendido y acompañado estos días. Incluid@s vosotr@s.
¡Sois geniales! ¡Sed muy felices!













Reino Unido
Canada
Rusia
Grecia
México
Brasil
Argentina