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octubre, 2011


19
octubre 11

De Suegras y otras Hazañas

 

     Cuando yo pensaba que lo más destacado de la semana iba a ser descubrir que nuestro vecino es un actor porno… ¡zas! Va y se produce un encuentro entre consuegras.

     Pero vayamos por partes (y no me refiero a las del actor, bueno, en parte sí). La otra tarde había un fiestón importante montado cerca de casa, en una librería – galería de arte de ésas en las que todos los libros tienen títulos rimbombantes y los posibles compradores gafas de pasta. La cosa invitaba a entrar (prometían bebida gratis) y allí me encontré con que lo que se celebraba era el aniversario de una revista que saca más carne que un catálogo de tocinerías, pero eso sí, todo muy fino y muy artístico.

     Y cuando estaba echando un vistazo a la publicación (estupenda, no nos vamos a engañar) descubro dos cosas:

  1. en la vernissage estaba el tipo con el que muchas mañanas coincido cogiendo la bicicleta y el metro
  2. en la revista aparecía el tipo con el que muchas mañanas coincido cogiendo la bicicleta y el metro

     No sé si os ha pasado alguna vez, pero cuando tienes justo al lado, cual estrábico, la visión duplicada de una persona, pero vestida y desnuda a la vez (y os aseguro que en la revista había mucha intención artística pero también mucha “obviedad” y “pasión”) no sabes si felicitarle –por las fotos, la profesión y el equipamiento- o cerrar el fanzine o largarte discretamente.

     Yo no me caracterizo especialmente por acobardarme ante una celebridad –lo sabéis- pero en ese momento pensé que mejor ya le felicitaría, si acaso, en un momento bicicletero. Además, tenía que irme pitando a la ferretería antes de que la cerraran, pues quería comprar pinturas, brochas, rasqueta y demás para pintar un par de paredes. Ciertamente hubo un momento en que barajé presentarme a la fiesta cargado de latas de pintura y otros arreos, todos ellos en bolsas cutres del supermercado, como complemento “trash-chic”, pero al final lo decliné.

     Como veis, ese día estaba yo un poco cohibido, pero es que el tema era serio. Y no me refiero al de la revista, sino al motivo por el cual quería pintar las paredes.

     Se acercaba el día en que no sólo tenía que llegar la madre de PITICLI (sí, sí, esa genial mujer que dispara mejor con escopeta que cocina) de visita desde Asturias  -acompañada de una hija y un yerno- sino también el de la llegada de Lady Laca. Si ya el hecho de que se fueran a conocer imponía, la posibilidad de que una de las dos decidiera pasarse por el minipiso imponía aún más. Porque PITICLI y yo tenemos un nivel de tolerancia a la suciedad y a los desconchones de pared formidable. Pero las madres no tanto. O al menos no las nuestras.

     Gracias a Dios (o a Alá o a Buda) tuvimos la genial idea de dedicar el día festivo a pintar y limpiar como posesos, porque no sólo ambas decidieron que querían ir al minipiso, ¡sino que lo hicieron a la vez! Sí, amig@s, el encuentro finalmente se produjo en el minipiso.

     Genialidades de PITICLI al respecto:

  1. PITICLI insiste en que la gente no pinta sus casas, sino que se paga por ello (dice, en todo caso, que esto de pintarse uno la vivienda debe de ser en Cataluña)
  2. Cuando le propuse hacernos una foto pintando –me parecía muy auténtico- su respuesta fue: “ni se te ocurra, vaya a ser que la vea mi madre y piense que somos pobres”.
  3. PITICLI insiste en que mencione que pintó aún encontrándose fatal a causa de un resfriado que hubiera merecido ser tratado con el jugo de carne de caballo que su madre preparaba.

      En fin, pese a que afortunadamente la casa estaba más limpia que nunca -y recién pintada- cuando eso sucedió, Lady Laca, que había querido subir para descargar los tuppers antes de que se presentara el resto de la comitiva, consideró que no era suficiente nuestro resultado (“¡qué van a pensar de vosotros!”) y a la velocidad de la luz agarró un paño húmedo y se puso a limpiar, por ejemplo, la parte trasera de la puerta de entrada (“¡anda, ahora sigue tú, que yo no llego hasta arriba!”). Ciertamente os he de confesar que me descubrió zonas que ni siquiera yo pensaba que había que limpiar.

     Por suerte la madre de PITICLI no le dio importancia a esas cosas y el encuentro entre todas las partes fue estupendo. Hubo intercambio de regalos y yo descubrí una cosa: nuestro precio.

     ¿No os ha pasado que alguna amiga vuestra, al ir a Marruecos, ha sido tasada con la cantidad de varios camellos?

     Pues en nuestro caso fue:

-          Por parte mía Lady Laca aportó un recipiente con medio kilo de boquerones en vinagre, un Tupper de albóndigas, otro de merluza en salsa y un tarro de tomate murciano.

-          Por parte de PITICLI un tremendo queso Peñasanta de casi tres kilos.

Para ver el vídeo con los últimos tuppers de Lady Laca, clicad aquí –>

 Lady Laca muestra sus últimos tuppers    

     Todos nos dimos por satisfechos con los productos y tras una visita guiada al Palau de la Música fuimos a celebrar el encuentro y el cumpleaños de Lady Laca a la terraza del restaurante ATTIC (absolutamente recomendable).

     Uno se da cuenta de que todo está yendo bien cuando empiezas a comer a las tres de la tarde y a las seis todavía estás sentado, hablando, riendo y hasta cantando coplas y tonadas asturianas. Lady Laca incluso interpretó grandes clásicos como “dónde vas Alfonso XII” y había momentos en que yo sentía que aquella comida era el sueño de Woody Allen: las Ramblas, un palacete en el ático de un edificio, familias que se arrancan a cantar en la mesa a la luz de la tarde…

     Imagino que tan “desatados” estábamos que la siguiente parada fue, tras dar un paseo por el Paseo de Gracia, la tienda de Manolo Blahnik en el Mandarín Oriental. Como podéis suponer, ni mucho menos nos contentamos con admirar los zapatos. Lady Laca, que ahora es fan de Sex & the City se llegó a probar los zapatos que Carrie pierde en el episodio de la fiesta de cumpleaños infantil. La familia de PITICLI alucinaba con Lady Laca. Y yo también.

     Fue un momento total y desde aquí quiero agradecer el fantástico trato de Mercedes, que nos atendió maravillosamente, y que ejerció de Hada Madrina de Lady Laca.

Para ver el vídeo de Lady Laca probándose los Manolos, haced clic aquí –>

Lady Laca se prueba los Manolos

     En fin, que han sido días de sorpresas estupendas, de reencuentros, y de descubrir las mejores facetas de la gente.

     Quizá porque cuando uno se fija en lo bueno de uno y de los demás y permite que eso fluya, alejándose mentalmente de las noticias de los medios y de la tendencia a señalar lo negativo, uno (re)descubre que la vida está llena de momentos fantásticos.

    Desde aquí quiero dar las gracias a Lady Laca, a la familia de PITICLI, a los habitantes de Santa Cecilia de Voltregà (que se implicaron para que pudiéramos localizar la masía donde mi suegra estuvo refugiada en 1936) y a todos los que nos han atendido y acompañado estos días. Incluid@s vosotr@s.

      ¡Sois geniales! ¡Sed muy felices!


6
octubre 11

De Musas, Suegras y Tita

     En un momento de la conversación le dije a la Baronesa Thyssen “mire, yo pincho un poco, pero me gustaría besarla”, y ella no sólo accedió sino que dijo que yo era “encantador”.

     La verdad es que no me la esperaba tan guapa y simpática. Eso sí, yo fui muy prudente. Cuando el altísimo cargo de una Institución Cultural de renombre de la ciudad me preguntó a qué me dedicaba, para “introducirme” a la Baronesa, y yo se lo conté, me dijo “mira, mejor te presentamos como escritor a secas”, y que mi formación en terapia de pareja, así como otros detalles, la pasarían por alto, no fuera que ella pensara que la cosa iba con segundas.

     De todos modos yo no tenía ninguna intención de hablar ni de mí (aunque parezca mentira) ni de su familia, pues bastantes líos entre padres e hijos veo ya por las mañanas como para hacer horas extras durante las fiestas nocturnas.

     La Musa Tímida dice que desaproveché una oportunidad de oro para ampliar mis conocimientos sobre las fascinantes relaciones suegra – nuera. Sin embargo, yo creo que esa misma mañana ya había llenado mi cupo al haber tenido que tratar con una suegra enfurecida porque su nuera adolescente le había hecho a su hijo (un menor de edad afectado por un problema cardiovascular grave y tratado con sintrom) un chupetón en el cuello que se había convertido en un derrame del tamaño de Mongolia.

     Dudo que la Sra. Cervera pudiera ilustrarme más que dicha usuaria, que me espetó finalmente: “bueno, es verdad, no me voy a enfadar con esta nuera, pues mi hijo es tan joven que aún tiene que tocar 20.000 panderos antes de encontrar a la definitiva. Cuando tenga a la definitiva ya hablaremos”.

     La Musa Mexicana tampoco entendía mi fascinación por Tita (pese a que yo le expliqué la anécdota de su encadenamiento a un árbol cual Juana de Arco posmoderna) y bastante hacía con aguantar estoicamente sobre sus tacones (según ella, un invento del diablo). De hecho, en cuanto se fueron las autoridades sacó de su bolso unas chanclas y se las puso.

     Al menos ese día fue al cóctel con un vestido (regalado por una amiga con la condición de que lo usara esa noche), porque no sería la primera vez que hace acto de presencia en un acto importante con mallas y una camiseta de propaganda. “¿Acaso lo que tienen que valorar de mí no es mi cerebro? Además, si yo pudiera, iría todo el día desnuda” (damos fe) suele decirnos.

     Y como no había manera de convencerla, le tiramos la camiseta de propaganda. Porque sí, su cerebro es un paradigma, pero ella tiene que aprender que cuando va con un vestido –especialmente si es escotado- su poder de convicción aumenta. Palabra.

     Menos aún le preocupa el tema “suegras”. Ella tiene una máxima: si viven lejos y /o cocinan mal, directamente no pierde el tiempo con ellas. “Que lo hagan sus hijos, pues bastante tiene cada uno con su madre como para tener que estar pendiente de las de otros” (a no ser que cocinen bien, pues entonces hace los kilómetros que hagan falta).

     Supongo que la Musa Mexicana está más curtida que otras de mis amigas…

     Sin ir más lejos, la otra tarde estuve con una que andaba desesperada porque no sabía cómo gestionar su situación amorosa. A saber: tiene un novio guapo, fornido, fantástico en la cama… pero tremendamente celoso. Irónicamente lo que no sabe el hombre es que mi amiga tiene otro novio.

     Lo curioso del caso es que mi amiga se ha juntado con dos no porque quiera, sino porque el otro (un aprendiz de yogi recién llegado de la India) se niega a que le dejen. Según ella, ha intentado romper la relación por todos los medios, incluido por mail, sin éxito: “no dejes a nadie por mail, Agustín, no te lo aceptan”. Y luego ella, que coge fácilmente cariño a la gente y le cuesta desprenderse, dice que ya no insiste en dejarlo porque le da un poco de “cosa”.

     Así que los mantiene a los dos, pero dice que es un estrés y que lo peor es que le salen granos. Y eso sí que no.

     Mi amiga es guapa, ingeniosa, inteligente… pero tiene que aprender a gestionar su sex appeal, que es una gran virtud, y su extraña capacidad para ennoviarse con gente un poco tarada. Claro que después de hablar con distintas personas, eso parece algo común en nuestros días.

     Al menos ella va bien servida (“sí chico, pero es que no tengo ni un día de respiro” –vamos, que todo en exceso puede cansar, venía a decir, hablando en plata), no como una que conocí en otra fiesta, y que muy resuelta explicaba sin rubor que siempre iba a dar con tipos pésimos en lo relativo a las artes amatorias (¿veis que fino me pongo cuando quiero?).

     Su última frase antes de despedirse fue tremenda –como ella- “yo creo que el día que encuentre a alguien que me trabaje bien me caso y no lo suelto”. Le deseamos toda la suerte del mundo.

     Y a vosotr@s os deseo también toda la suerte en estos tiempos inciertos tan plagados de pesimismo, y que encontréis lo que amáis, que sigáis alocad@s (¿existe algún deseo mejor?), utilizando las palabras del discurso de Steve Jobs, que nos recordaba cómo todos nosotros seremos “eliminados”. 

     Se han ido Steve Jobs y también la Musa Deshojada, dos personas fascinantes y visionarias. Quién sabe si ahora están departiendo en una conversación formidable, aderezada con pimientos rellenos.

     Nos han dejado su ejemplo y su legado. Personalmente me siento honrado y agradecido por haber podido disfrutar, apoyarme, reír y aprender de Pilar. Va por ti, Musa. Porque las Musas son eternas.


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