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mayo, 2011


26
mayo 11

El Balneario

 
Estaba yo sentada en el jardín del Casino del Balneario de Archena tomándome un helado, cuando la tierra tembló bajo mis pies. Eran aproximadamente las siete menos cuarto de la tarde del día 11 de mayo y luego supe que se correspondía con el segundo terremoto de Lorca, una ciudad situada a casi cien kilómetros de distancia. Cuando se produjo el primero, me encontraba, a dos kilómetros del balneario, en el pueblo de Archena, haciendo un recadito y no me enteré de nada.
Dejo a un lado el misterio telúrico de por qué aquí, y allí, no, para recordar que dos días después me encontré en el tren con una conocida. La conocí en el bar del Casino pidiendo un vermouth a las 11 de la mañana y luego cogimos el tren a la una. La oí hablar por teléfono desde el tren (iba sentada justo detrás de mí y todos alzamos la voz un poco cuando hablamos por un móvil) Le contaba a alguien que tras conocerse lo del terremoto, en Archena se había montado un operativo para ir a ayudar y que ella se había pasado la noche en vela. He pedido la confirmación del Balneario y me dicen: “Sí es cierto como una oferta, no como una operación. Contactamos con la Delegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Lorca para ofrecerles nuestros hoteles y poder alojar a algunas personas y también si hiciera falta alimentos. Tuvimos contestación inmediata que no era necesario, que lo tenían suficientemente controlado y que agradecían nuestro apoyo y solidaridad”.
He pasado varios días en el Balneario de Archena acompañando a una amiga que tiene una severa tendinitis de hombro de la que ha mejorado sensiblemente.
Para mí ha sido un tiempo de descanso muy agradable ya que este Balneario, cuenta con 200.000 m2 y está situado en un Paraje Natural en el Valle de Ricote.
Y debo decir que al conocer el Valle de Ricote, se comprende eso de “Murcia que hermosa eres, tu huerta no tiene igual”. Aparte de una vegetación especialmente feraz, el Balneario de Archena tiene unas instalaciones muy buenas y unas piscinas muy interesantes, por ejemplo: la piscina cubierta tiene un río que fluye y te transporta de un lado a otro empujada por la corriente.
Otra de las sorpresas ha sido encontrarme allí con el otrora famoso Padre Apeles.¿Recuerdan ustedes al padre Apeles que trabajaba en Telecinco Pregunté y me dijeron que estaba de turno en el Santuario de la Virgen de la Salud, que está situado dentro del recinto. El Padre Apeles es un hombre alto, con buena facha, aparenta ser tímido y escurridizo, siempre leyendo sus fichas o su libro mientras come, y hoy la cabeza le clarea bastante; yo diría que se está quedando calvo a marchas forzadas.
Otro asunto de interés es que el Balneario de Archena ha presentado concurso voluntario de Acreedores (según noticia del 7 de abril publicada por Europa Press el 18 de mayo “Balneario de Archena presenta de forma voluntaria, concurso de acreedores para garantizar su sostenibilidad”) Allí, entre los huéspedes, este asunto era vox populi , pero se hablaba de que todo estaba solucionado. Desde el Balneario de Archena, don Miguel Lloret Pérez , director general, afirma: “Es cierto que presentamos concurso voluntario de acreedores como arma de negociación con la banca para el aplazamiento de nuestra deuda en mejores condiciones y, la verdad es que tuvo su efecto.”
Forneas
 

20
mayo 11

Crónica de Sociedad (3ª Parte)

(Extracto y 3ª Parte del artículo del mismo título que publiqué en “Historia y Universidades en la España Contemporánea” – Facultad de Ciencias de la Información – Universidad Complutense de Madrid , 2010.)

 

La filosofía de la revista ‘¡Hola!’ es seguir la vida privada de los famosos limitándose a dar información en un 80 % de material gráfico, pero sin comentarios críticos y refiriéndose siempre de una forma aséptica a esa vida privada. Su regla es elegir los temas por el lado más agradable y ello la convierte en la más amable atractiva y mejor hecha de las revistas de la llamada prensa rosa en España. ‘¡HOLA!’ tiene, en la actualidad, 18 ediciones: España, Reino Unido, México, Brasil, Perú, Argentina, Canadá, Serbia, Ucrania, Rusia, Grecia, India, Malasia, Tailandia, Turquía, Emiratos Árabes, Bulgaria y Marruecos. También está presente en Facebook, Twitter y Youtube.

Apareció el 2º día de septiembre de 1944, teniendo como competidoras más inmediatas a ‘Lecturas’ y ‘Semana’. ‘¡HOLA!’ nació como una revista catalana y hasta 1962 no dio el salto a Madrid. Fue fundada por Antonio Sánchez Gómez y Mercedes Junco Calderón, quienes dirigieron la revista durante sus primeros 40 años.

Ya en 1944 se incorporan las secciones ‘Bodas’ y ‘Panorama’. De esta época data la primera boda real que publica la revista. Se trata del príncipe Pedro de Orleans Braganza, jefe de la Casa Imperial de Brasil y Esperanza de Borbón y Orleans, princesa de las Dos Sicilias y hermana de la condesa de Barcelona, madre del rey de España, Juan Carlos I, pero la primera boda real que apareció en la portada de ‘¡HOLA! fue la de la entonces princesa Isabel de Inglaterra con Felipe de Mounbatten que se habían casado el 20 de noviembre de 1947 en la Abadía de Westminster. Ahora bien, los actores de la gran pantalla solían protagonizar las primeras páginas de ‘¡HOLA!’ que es consciente del gran tirón cinematográfico de Hollywood en aquella época.

En los primeros años cincuenta, las bodas iban ocupando, cada vez más, la cara de ‘¡HOLA! Las preferidas eran las de las actrices y princesas, por eso cuando Rainiero III de Mónaco contrajo matrimonio con Grace Kelly, la combinación resultó explosiva y la princesa Gracia Patricia se convirtió, por aquel entonces en la cara más popular y asidua de las portadas de ‘¡HOLA!’ En 1962 se celebró la boda de la princesa Sofía de Grecia y el príncipe Juan Carlos, actuales reyes de España. La ceremonia tuvo lugar en Atenas el 14 de mayo, con la asistencia de 137 reyes y príncipes, de la cual ‘¡HOLA!’ publicó un número extraordinario. Por entonces es cuando contratan a José Juan Peñafiel Núñez, (que firmaba como Jaime Peñafiel) como redactor jefe y su participación fue muy limitada.

Coincidiendo con su llegada a Madrid, el color hacía su presencia el 6 de octubre de 1962. ‘¡HOLA!’ empieza a entrar en palacios y entrevista a las princesas, reyes y reinas que lucirán todo su glamour haciendo soñar a los lectores con una vida rosa y sin problemas. Distante de la prensa que manifiesta su postura política y social hace primar la información gráfica por encima de los textos, que se justifican como apoyo a la imagen o como aportación de datos para que el lector elabore sus propias conclusiones. En 1974, la revista ‘¡HOLA!’ está considerada, y de hecho lo era, un poder factico en nuestro país.

Proclamado rey, Juan Carlos I decidió prescindir de cualquier cosa que se pareciera a una corte. Aún así la nobleza comenzó a brillar, con cierta timidez al principio, para terminar haciéndolo sin pudor alguno en las páginas del papel “couché”. Pero todos los grandes tendrían que esperar hasta el 12 de junio de 1991 para ser recibidos como tales por Su Majestad.

Adolfo Suárez fue el primer político que vio claramente la gran penetración de la revista en el mundo del ama de casa y del público femenino tradicional, con una tirada de 400.000 ejemplares que influiría decisivamente en el censo femenino y le ayudó a ganar las elecciones. A aquella media página electoral de Suárez le siguió cuatro días antes de las elecciones el reportaje-entrevista más largo de este político publicado en ‘¡HOLA!’

Las exclusivas de nacimientos se inauguraban en junio de 1977 con el hijo de Massiel y ello encendería la mecha para otros temas tras ver el éxito alcanzado.

Cuando en noviembre de 1983, ‘¡HOLA!’ llega al número 2000, es ya una publicación de más de medio millón de ejemplares de difusión media. Suscritos están Buckingham Palace de Londres, La Zarzuela y la Moncloa de Madrid, Laeken en Bruselas, Amalienborg en Copenhague, Haga en Estocolmo o Grimaldi en Mónaco.

Tras la muerte de su padre, en 1984, Eduardo Sánchez Junco, toma las riendas de la publicación, consiguiendo su desarrollo internacional y llevándola hasta donde está hoy. A esto ha de unírsele la edición on-line de ‘Hola.com’.

Eduardo Sánchez Junco fallece el 14 de julio de 2010 y deja al frente de la revista a sus tres hijos: Eduardo, Carmen y Mercedes y como presidenta a su madre Mercedes Junco Calderón.

En mi modesta opinión, la revista‘¡HOLA!’ es hoy la mejor representante de la crónica de sociedad actual. Tiene la autoridad, calidad y seriedad necesarias para ostentar este liderazgo. Forneas


16
mayo 11

Crónica de Sociedad (2ª Parte)

(Extracto y 2ª parte del artículo del mismo título que publiqué en Historia y Universidades en la España Contemporánea- Facultad de Ciencias de la Información – Universidad Complutense de Madrid – 2010)

 

Entrados en el siglo XX, cuyo primer acontecimiento social está señalado por la boda de la princesa de Asturias con don Carlos de Borbón, que tuvo lugar un frío mes de febrero de 1901.

Puede decirse que la vida mundana tenía una fecha inicial en el calendario de la alta sociedad: el día de San Carlos, 4 de noviembre, que celebraban su onomástica varios miembros de la casa de los barones del Castillo de Chirel. Los domingos se abrían las puertas del palacio de la duquesa de Bailén. Son célebres los miércoles en la residencia de la marquesa de Squilache, en la plaza de las Cortes, con grandes comidas y bailes: el último verdadero salón de Madrid, al decir de los entendidos. Había tertulias en la residencia de la condesa de Casa Valencia, en la Castellana; y terminaban los días en las suntuosas noches del Teatro Real, de enjoyados escotes y almidonadas pecheras. Empezaban los lunes en el Teatro Español y los viernes en el Teatro de la Princesa.

Llega la Gran Guerra y la ciudad atemorizada y expectante cambia. El salón es sustituido por el hotel. Hay una burguesía improvisada que quiere conquistarlo todo con el dinero y la sociedad de los grandes hoteles se bifurca en una España dividida entre francófilos y germanófilos, simbólicamente en personas del Hotel Ritz y en personas del Hotel Palace, según clasificación sostenida en un agudo ensayo por Melchor de Almagro San Martín, el notable cronista de temas mundanos.

Y empiezan los cabarets, los dancings, los music-halls de extranjerizada ortografía. Se juega en Parisiana y en Rosales, se bebe champán y se toma cocaína, y el chotís alterna con el tango argentino. San Sebastián es en el verano la plataforma de las elegancias. En 1916 se funda el hipódromo de Lasarte. En 1917 se inaugura el hipódromo de Lemagacero en Aranjuez. (En 1874 se había inaugurado el de la Castellana de Madrid, pero la tradición hípica española venía desde 1841, en que el duque de Osuna fundara la Sociedad para el Fomento de la Cría Caballar en España). Las carreras eran durante el primer tercio del siglo XX un motivo más de exhibición del gran mundo. Por otra parte, las cacerías estaban también en todo su esplendor y el polo tuvo su gran época, cuyo auge culminó más tarde en el Club de Puerta de Hierro. En la Casa de Campo, el tiro  de pichón tuvo también una importancia extraordinaria, siendo lugar de reunión aristocrática.

El hotel, como toda moda, empieza a decaer allá por el año 1925. Las grandes casas se resisten a dar el cerrojazo a la vida social y a no ser por ciertos saraos –fiesta anual en el Palacio de Liria, salones de la condesa de Casa Valencia, palacio de la duquesa de Parcent…, y otras veladas que ofrecen legaciones y embajadas, puede decirse que la decadencia había sido más precipitada. Llega la dictadura de Primo de Rivera y luego, con la República, se termina este período.

Hoy podríamos pensar que han desaparecido los ecos de una determinada sociedad. El hechizo de ese gran mundo puede que se haya esfumado porque el lugar de la aristocracia y la alta burguesía ha sido ocupado por otra sociedad: la de los artistas y sus adláteres, de políticos, financieros y ejecutivos, la de los famosos, en definitiva. Es verdad que la sociedad ha cambiado, pero sigue habiendo un segmento que logra destacarse, para bien o para mal, y se convierten objetivo de los medios de comunicación. El público, por su parte, sigue interesado en conocer las idas y venidas de esas personas por la simple razón de que lo que más le interesa a la gente es conocer lo que le ocurre a sus prójimos.

Dice Rysard Kapuscinki y dice bien : “Ver no es saber. La gente confunde el mundo generado por las sensaciones con el mundo creado por el pensamiento, y cree que ver es lo mismo que entender. Y más aún la creciente cantidad de imágenes que nos atacan constantemente limitan la relación con la palabra hablada y escrita y, por consiguiente, con el dominio del pensamiento” Y se pregunta: “Por qué algunos textos pueden vivir cien años y otros mueren al día siguiente de su publicación?” en Los cinco sentidos del periodista (estar, ver, oír, compartir, pensar) Fondo de Cultura Económica. Edición especial en coedición con la Asociación de la Prensa de Cádiz y de Madrid, 2005. Sin embargo, no podemos olvidar aquí que el mundo de las sensaciones (de los sentimientos) ha sido una cuestión durante siglos y hasta hace muy poco tiempo. Miles, millones de mujeres que soñaron con Cenicienta y todavía recuerdan sus palabras: “Soy feliz siguiendo soñando. Despierta todo me lo pueden quitar menos la dicha de vivir mis sueños”.

En la revista ¡Hola! Prevalece la imagen sobre la palabra. Es cierto. Y con esa premisa, resulta que las imágenes viven y vivirán para siempre, por mucho que el paso del tiempo, inevitablemente, las enrancie. Forneas

 

Continuará…/….


6
mayo 11

Crónica de Sociedad (1ª Parte)

( Extracto y primera parte del artículo del mismo nombre que publiqué en Historia y Comunicación en la España Contemporánea – Facultad de Ciencias de la Información – Universidad Complutense de Madrid, 2010)

Yo diría que la crónica y la noticia se pueden considerar los géneros periodísticos más antiguos. Luego, ya hay que distinguir, por ejemplo, las crónicas de Indias y los cronistas reales de las diversas clases de crónica que se van configurando a lo largo del siglo XIX: cronistas viajeros, que ya existían, pero proliferan en esta época; cronistas taurinos, cuyo pionero es Santos López Pelegrín, Abenámar; cronistas parlamentarios etc. Y después viene el reportaje, un producto posterior.

En la crónica de sociedad (o crónica social) se comenta la actualidad. O sea: un baile flower-power en Ibiza; los asistentes a la última corrida de José Tomás o al Master Series de Madrid; los romances sonados; una boda del año, de cuento de hadas, de rumbo; o simplemente boda de famosos o de hijos de famosos, por no hablar de las bodas y bautizos reales.

La estructura puede ser narrativa, episódica, con planos paralelos, intercalados, de aluvión, estilo directo e indirecto. Los temas van desde los hechos históricos y la actualidad periodística hasta otros temas que están claramente sobrevalorados. Ahora bien, la crónica es siempre el cronista; es decir, un escritor, y no sólo en el terreno que nos ocupa (la crónica de sociedad) sino también en el resto de las crónicas periodísticas: política, parlamentaria, viajera, de costumbres, etc.

Su pequeña historia

El cronista de sociedad (llamado también “revistero de salones”) apareció durante el reinado de Isabel II (1830-1868). Hablamos de Ramón de Navarrete (1818-1897), más conocido como Asmodeo y relacionado con “La Época”, el elegante periódico conservador. Su público era selecto: aristócratas, mayormente; financieros, hombres de estado, banqueros y otros miembros de las clases privilegiadas, tal como recuerda Pequeñeces, la pequeña obra de ficción que el Padre Coloma publicó en 1890. “La crónica de sociedad es un culto a la aristocracia”, escribió Luis Araujo Costa en su “Biografía de la Época” , Madrid, Libros y Revistas, 1946. “La Época” era vendida mediante suscripción privada, raramente se podía adquirir de otra manera y era también más cara que los otros periódicos. Los suscriptores, aunque pequeños en número, se decía que leían el periódico de cabo a rabo, deteniéndose con suma satisfacción en las páginas de Sociedad, tomando nota del último detalle de los atavíos, peinados, etc.

Muerto Ramón de Navarrete, “La Época” se quedaba sin uno de sus más firmes pilares periodísticos. Al director, Alfredo Escobar y Ramírez, segundo marqués de Valdeiglesias, se le planteaba un grave problema: cubrir una vacante de revistero de salones. Se daba el caso de que resultaba más difícil encontrar un cronista de salones que un reportero y hasta que un articulista político. Los que mostraban aptitudes para el cargo estaban acaparados por otros diarios, llegó a comentar Escobar, quien tuvo que hacerse cargo de esta sección por un tiempo. Y parece ser que lo logró con gran éxito. Es más, según José Altabella (“Crónica de Sociedad” – Gaceta de la Prensa Española, Madrid, 1952) , “Escobar recreó el género, le dio un tinte especial y, además, revalorizó el adjetivo, tan traído y llevado en esta función tan acosada por las vanidades humanas” . Siempre se dijo que con las crónicas del marqués de Valdeiglesias podría redactarse documentalmente toda la historia de la sociedad española de la Restauración, la Regencia y el reinado de Alfonso XIII.

Los literatos

Tres grandes literatos del siglo XIX fueron cronistas de salones: Gustavo Adolfo Bécquer, Pedro Antonio de Alarcón y Juan de Valera.

Bécquer hizo crónica de salones en “El Contemporáneo”, desde las últimas semanas de 1860 hasta 1864. Parece ser que Bécquer era un suplente del elegante Juan de Valera. (José Altabella atribuye a su amistad con el ministro González Bravo, su generoso protector, su introducción en algunos de los más destacados salones de la época)

Pedro Antonio de Alarcón sustituyó en una ocasión a Asmodeo, en “La Época” y durante un tiempo se deslizó entre fiestas , flores y perfumes… Ahora bien, con gran dificultad. No le era tan fácil el empleo del oportuno adjetivo, el uso del eufemismo discreto, de la perífrasis ingeniosa, de la velada alusión. Parece ser que el autor de El Escándalo no tuvo ese tacto que consiste en no herir susceptibilidades, en no aventurar juicios, en no humillar la altivez del amor propio. Mientras actuó de cronista de sociedad cosechó disgustos, lances y desazones si cuento.

Juan de Valera publicó bellas crónicas de sociedad en “El Contemporáneo”. Como todos los trabajos de aquel órgano conservador, las revistas de salones eran anónimas.

Una hábil y minuciosa confrontación de fuentes, desde el análisis estilístico hasta la consulta de ciertos particulares realizados por Gamayo Fierros, lo que primero fue intuitiva suposición, corazonada de lector avisado y enterado, acabó siendo comprobación fehaciente, afirma José Altabella.

Monte Cristo: El gran revistero de salones

De los cronistas de salones, el más famoso fue sin duda Monte Cristo, que firmaba también Monte Amor, cuando escribía para “La Época”, ejerció su dictadura de 1890 a 1928, es decir, el reinado casi íntegro de Alfonso XIII. Su nombre era Eugenio Rodríguez y Ruiz de la Escalera.

Procedente de Santander, entró en el seno, en lo más íntimo, en el cogollo de la sociedad aristocrática española, de la mano del marqués de Sardoal, un Abrantes muy famoso en su época. Una noche, a la salida del Teatro Variedades de la calle Magdalena recibe un par de bofetadas de un caballero bien portado (frac y chistera), para él desconocido. Todo ha sido una confusión, el impulsivo agresor da sus explicaciones al inocente agredido y así comenzó Monte Cristo su carrera como cronista de salones. Monte Cristo falleció en 1933 y su amigo y discípulo redactó un bello artículo necrológico en el que dejaba entrever, o así lo creía él, la desaparición de todo un género: “¡El último cronista!… Los demás que tratamos de escribir de una sociedad que ya no existe, deberíamos romper nuestras plumas en señal de duelo”

Emilia Pardo Bazán, en el prólogo a Los salones de Madrid de “Monte Cristo” , Madrid, 1870, escribe la siguiente apología del cronista de sociedad:

<<En mi concepto, la crónica de salones, lejos de ser un género fácil está erizada de peligros y dificultades y requiere más brillantez de estilo, galas de dicción, erudición, tacto, sentido de las conveniencias y discernimiento de gentes, sobre todo. El cronista de salones es mucho más hábil por lo que calla que por lo que dice. Su retórica es el eufemismo, la omisión y el silencio. El cronista de salones necesita saberse al dedillo la historia, los antecedentes , hasta las manías de cada uno de los individuos e individuas que desfilan entre las once de la noche y las dos de la madrugada por las casas iluminadas y llenas de gente, sonriendo y estrechando manos; y esa historia y esos antecedentes, después de aprenderlos necesita hacer como si los olvidase, y recordarlos solamente cuando importa, para no cometer esas que en Francia se llaman “gaffes” y aquí con acepción del arroyo que va sancionando el uso, “planchas”. Los que leen una crónica de salones y ven en ella que todos los generales son “valientes”, todas las señoritas “juveniles beldades”, todos los refrescos “delicados”, todas las porcelanas de Sévres y todos los encajes del “viejo Malinas”, acaso no crean que el cronista no tiene ojos o no ha visto jamás mujeres jóvenes y hermosas, y encajes auténticos. Desengáñense: el cronista sabe bien donde le aprieta el zapato, aunque no sea más que por efecto del contínuo roce y la familiaridad con lo bello, lo suntuoso, lo raro y lo precioso. Leedle despacio, entre líneas, y no tardaréis en distinguir la alabanza sincera y entusiasta del forzoso ditirambo.>>

Según el ilustre polígrafo Luis Araujo Costa (Ibidem) las difíciles cualidades de que debía estar adornado un buen cronista de salones pasaban por: “El cronista de sociedad ha de agradar en la casa de quienes ostentan, con razón o sin ella, el centro de la moda y el vivir elegante. La crónica de sociedad exige un conocimiento seguro de la Historia (grande y pequeña); la heráldica; el arte de los estilos que se aprende en Bayard; la manera de disponer las mesas y manjares conforme a las normas de Brillat-Savarin: las artes cisorias aprendidas de Don Enrique de Villena, el Brujo, que no fue marqués ni condestable, ni siquiera conde de Cangas de Tineo; las elegancias en el vestir de las damas y los galanes; la historia de las costumbres; las prácticas y teorías venatorias; el protocolo de las Cortes y Embajadas; la psicología del momento presente; el fino tacto para proceder de uno u otro modo, según la persona, la familia, las circunstancias; sin olvidar los cuadros de los museos y colecciones particulares que han de venir a los puntos de su pluma en más de una ocasión” Para aprender el oficio, Araujo-Costa recomienda la lectura de las Etimologías de San Isidoro, el XIX y el XX, si bien los juegos se tratan en el XVIII. Forneas

./… Continuará


2
mayo 11

Retorno al pasado

La institución cultural de la taberna (creo que se puede hablar así) sobrevive con creces en el siglo XXI y en Madrid tenemos varios establecimientos centenarios, muchos de los cuales son tabernas y tabernas de postín que siguen siendo ágoras de la cultura popular.

En 1600, existían en Madrid unas trescientas noventa y una tabernas, según cuentan los cronistas de la época, de ahí lo oportuno del epigrama que rezaba así:

Es Madrid ciudad bravía

que entre antiguas y modernas

tiene trescientas tabernas

y ninguna librería.

Mesonero Romanos, curioso cronista de la villa de Madrid contó ochocientas tabernas en el siglo XIX, y durante la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) existían unos dos mil establecimientos dedicados a la venta de bebidas alcohólicas, según cuenta Lorenzo Díaz en “El vino y las primeras tabernas”.

                                                                                                       —-ooo0ooo—-

La Asociación de Restaurantes Centenarios de Madrid acoge aquellos establecimientos que tienen más de siglo de vida. De ellos, he elegido algunos ejemplos que representan diversos hitos en mi vida periodística.

 Botín. Según el libro Guinness de los Records, se trata del restaurante más antiguo del mundo, ya que data de 1725. Ubicado en el Madrid de los Austrias, el mismo Goya fue friegaplatos en su cocina, según afirma este establecimiento; por no hablar de Benito Pérez Galdós, Ramón Gómez de la Serna, Valle Inclán o Hemingway que allí comieron, escribieron y disfrutaron. Y sin ánimo de comparación, dicho humildemente y con todo respeto, la autora quiere dejar constancia de un hecho importante en su vida: la comida de despedida que celebró en Botín hace años, previa al inicio de su primera dieta. La dieta fue un éxito, faltaría más, pero hubo otras dietas, naturalmente. “La hospitalidad es algo más fácil de sentir que de explicar “parece ser el emblema del Restaurante Botín

Casa Alberto Estamos ante una tasca centenaria, pletórica de remembranzas literarias, teatrales y taurinas, hogar donde borbolla la excelente cocina madrileña tradicional.
1827 es la fecha de fundación de la taberna, según consta en la placa colocada por el Ayuntamiento de Madrid. De aquel tiempo es el edificio actual, construido sobre otro anterior, de mediados del siglo XVI, que fue donde vivió Miguel de Cervantes. El gran genio de las letras españolas trabajó durante dos años (1613 y 14) en varios de sus libros: “El Viaje al Parnaso”, la segunda parte del “Quijote” y “Los trabajos de Persiles y Segismunda”. Casa Alberto contiene todos los elementos característicos de la taberna madrileña: la pila con su librillo, su grifería, su mostrador de ónix y , lo más importante, sus recetas tradicionales.

Cuando estudiaba Periodismo, visité a menudo el “Barrio de las Letras” para frecuentar las tertulias. Y hablábamos bajito, pero hablábamos de todo, de lo divino y de lo humano. Casa Alberto estaba allí para recordarnos el Romanticismo, con todo lo que hoy significa, a pesar de la distancia temporal. Recuerdo haber estado allí un par de veces , de paso, y siempre en la barra, pero al pasar por delante y lo hice muchas veces, siempre mi mirada se quedaba prendada de su ambiente de taberna del siglo XIX.

Lhardy se abrió en 1839 como pastelería y con servicio de catering a domicilio para las celebraciones de la alta sociedad. En un tiempo en que las comidas se servían llenas de aceite y ajo y no eran del gusto de los visitantes de la Corte, la apertura de Lhardy supuso un punto de alivio. El evento que lo lanzó a la fama fue la organización del bautizo del hijo primogénito de José de Salamanca y Mayol, (marqués de Salamanca) en 1841. Lhardy es famoso también por su consomé, sus croquetas, su cocido y muchas cosas más.

El perro Paco

La primera vez que oí hablar del perro Paco fue a Jaime de Armiñán, en 1989, en un Curso de Verano de Toros que dirigió Andrés Amorós. Pensé que aquella historia era inventada y luego conocí que era cierta. Debí haberla incluido en el espacio dedicado al Café Fornos, reino y señorío del perro Paco, pero no pudo ser. Por eso la recojo ahora en el espacio dedicado a Lhardy porque este perro era también cliente de este restaurante.

–El perro Paco fue un perro callejero de color negro que ocupó un lugar en la historia madrileña y en la de locales como Lhardy y el Fornos, era objeto de numerosas crónicas periodísticas y su apogeo popular se sitúa entre los años 1881 y 1882. El perro Paco fue objeto del costumbrismo madrileño del último cuarto del siglo XIX., nunca tuvo dueño pero asistía a teatros, a restaurantes de moda, se colaba en los más famosos cafés de tertulia madrileños. Tras su muerte continuaron las crónicas periodísticas y su popularidad.

Lo que más le gustaba a Paco eran los toros. En aquel entonces, la plaza de toros de Madrid estaba entre las calles Goya y Jorge Juan. Los días de lidia, los madrileños subían a los toros calle Alcalá arriba. Y Paco subía como uno más. Ocupaba localidad como cualquiera y asistía al espectáculo de la cruz a la raya. Al terminar las faenas, muerto el toro, solía saltar a la arena y hacer unas cabriolas, para regresar a su localidad con los clarines que anunciaban el siguiente toro. De hecho, podría decirse que fue la excesiva afición a los toros la que le costó la vida al pobre Paco. La tarde del 21 junio de 1882, un novillero lidiaba, malamente, a uno de los toros que le había tocado en suerte. En el momento de la suerte suprema, nadie sabe por qué (habría que saber de sicología perruna), Paco saltó a la arena. Comenzó a hacer cabriolas, como reprochándole al lidiador su escasa pericia. Éste, temiendo tropezarse con el can, y para sacárselo de encima, le dio un estoconazo.

Hubo muchos cronistas periodísticos de las aventuras de este perro, dos de los más destacados fueron José Fernández Bremón que escribía en la revista quincenal titulada “La Ilustración Española y Americana” y el director de “El Imparcial”, José Ortega Munilla (padre del filósofo José Ortega y Gasset). Ambos recreaban la vida del perro, unas veces paseando, otras asistiendo a un evento. Siempre destacaban en él un gesto u acción notable, era común que comiese al lado de un torero famoso. Algunos periódicos escribieron su biografía. El dibujante Joaquín Xaudaró le puso en sus tiras cómicas. Se acuñó el proverbio de “saber más que el perro Paco” aludiendo a dicho perro. Forneas


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