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agosto, 2010


26
agosto 10

BOLSOS DE IMITACIÓN


Esta mañana, me desperté con una extraña sensación de vacío. Tras apagar de un manotazo la alarma de mi despertador, me dirigí a la ducha y me miré al  espejo. “¡Vaya!…si soy yo otra vez”,  a veces tengo la rara idea, sobre todo cuando me ha costado mucho despertar, que de pronto en el reflejo va a mirarme alguien más, en fin…cosas mías.

Como siempre, enciendo la radio, una costumbre que tengo (ducharme con música) y mientras el agua cae a borbotones sobre mi cara pienso: “¿y este vacío que siento?”…  no logro distinguir si se trata de algo o de alguien, pero alguna cosa me falta hace tiempo o puede ser que siempre.

De pronto suena aquella canción, la que bailábamos tu y yo, la que me hacía reír, y la que escuchamos de camino, en el último viaje en coche que hicimos el verano pasado.

El agua sigue cayendo, pero ahora de mis ojos…la nostalgia contra ataca y otra vez sirve de anfitriona de tu recuerdo.

Si, de ese invitado non grato que llama a el telefonillo a horas no adecuadas, esa visita incómoda que deseas que se vaya de casa cuanto antes, o aquel vecino pesado que no encuentras la forma de pedirle que te devuelva el taladro que le prestaste hace meses. Recordarte es tan frustrante como esa llamada en la madrugada de número equivocado que te despierta y no te deja dormir en toda la noche, tan molesto como hacer trámites, o tener que hablar con alguien que no te apetece porque le toco sentarse junto a ti,  en esa cena a la que fuiste por compromiso.

Creo que la forma más rápida de hacer que te vayas de nuevo es aceptar que estás aquí, por lo menos hoy.

No olvido la noche en que nos conocimos, el primer beso que nos dimos y la primera vez que dijiste “te quiero”. El olor del gel de baño por alguna extraña razón, me lleva hasta esas vacaciones en el Caribe, a la playa, cuando me enfade contigo en el hotel. Fue una tontería, de la que después nos reímos, pero que nos costó horas sin dirigirnos la palabra.

Es extraño pero siempre discutíamos por las peores estupideces en los viajes, ahora encuentro un poco graciosas nuestras peleas… increíble el efecto amnésico que tiene el tiempo, ¿no creen?

Lo pasábamos bien… casi siempre, o algunos días, ya no sé. Me sorprendo pensando esta idea y para ser sincera me asusta un poquito acordarme de tí, después me pregunto… ¿por qué acabo?…

Mmmm…¿qué fue lo que paso exactamente?, me cuesta recordarlo y por mucho que intento no recuerdo tus múltiples defectos, los mismos que me hicieron despedirme de ti para siempre.

¡Esto no es justo!…lo tenía tan claro, no dejaba de repetírmelos a mi, a mi familia, a mis amigos…y ahora mismo no puedo.

Bien dice el viejo refrán “que el tiempo lo cura todo”…y no tengo claro si lo cura o lo borra, pero la suma de cronos más soledad o aburrimiento puede ser muy traicionera.

Apago la ducha, y con la toalla me seco los ojos, me visto, me peino, pero la idea de ¿dónde estarás? y ¿qué estarás haciendo?, aún ronda por ahí. Es curioso, pero se mezcla con pensamientos del tipo, “¿me pongo la camisa azul o la rosa?”, “quizá él ahora mismo está en el trabajo”, ¿la combino con el pantalón negro?, “supongo que ya tiene novia”….”estos zapatos se ven mejor”, ¿se acordará de mi?…

Estoy casi lista sólo debo de cambiar de bolso ya que él que llevaba ayer no combina en lo absoluto con mi vestimenta de hoy. Me dirijo al armario donde los tengo todos y de pronto miro uno en especial…el que tú me lo regalaste.

Desde donde lo miro es perfecto, desde la distancia ya que tengo que subirme a un banquillo para alcanzarlo, uff, ¡hace tanto que no lo uso!

“Si es que desde aquí se ve tan real”…pienso de repente, y me percato de lo que estoy pensando y reafirmo una vez más lo que supe desde el día que lo tuve en mis manos…que es falso.

Este bolso no es un Louis Vuitton, es tan sólo una ilusión de Louis Vuitton.

Recuerdo el día que me lo diste, vestiste tu cara con la mejor sonrisa y en verdad dentro de ti creías que me hacías feliz, pensabas que esto era lo que quería.

Cuando abrí la caja y me topé con la verdad, que era un bolso falso, mi cara lo dijo todo, fue una decepción inevitable.

“¿No te gusta?”…me preguntaste intrigado incluso un poquito enfadado diría yo.

Me costó mucho responder, recuerdo que me quedé callada un par de minutos en los que sólo veía fijamente el bolso mientras me lo probaba.

Entonces te miré y te dije: “Es falso”

“¿Y qué más da?”… “eso sólo sabes tú”, contestaste.

“Con eso basta”, te respondí.

“¿Pero no es esto lo que querías?…siempre estas hablando de lo mucho que te gusta, dijiste visiblemente irritado. Tu sabes cuanta gente usa bolsos de imitación?…¡la mayoría!”

Entonces todo hizo sentido de nuevo igual que lo hizo aquel día…no se trataba del precio, ni del estatus que aporta usarlo, se trataba de saber lo que era real para mí, lo verdadero entre nosotros.

Te enfadaste, y dijiste “haz lo que quieras con él, yo he cumplido dándote lo que creí que querías”, te quedaste tranquilo y seguiste comiendo lo que habías pedido de cenar en el restaurante donde celebrábamos mi cumpleaños. En ese momento, un silencio enorme se sentó entre nosotros como un tercer invitado a la mesa.

Supe entonces que al igual que el bolso era un ilusión de Louis Vuitton nuestra relación también lo era. En apariencia, perfecta, sana, normal, ideal y real, pero había una distancia tan grande entre nuestros pensamientos y corazones que ni siquiera imitando a la realidad sobreviviría.

Miro el reloj, ¡se me hace tarde!…debo estar en 20 min en aquella cita, tengo las llaves, el móvil, la cartera en la mano, listos para meterlos en algún bolso, así que cogí uno gris que esta ahí y que tampoco había usado hace bastante tiempo.

Pido un taxi, y al llegar a mi destino, y como es típico que me pase cuando tengo más prisa, las moneditas que llevaba en la cartera se caen. Mientras intento recolectarlas miró una piedrita de cuarzo que me diste. La miró en la palma de mi mano, la tenía olvidada en este bolso, decías que era de la suerte.

Me la regalaste cuando empezábamos a salir, decías que me daría suerte en la entrevista de trabajo a la que iba ese día. En efecto la tuve y aquí sigo trabajando. Me pregunto en qué momento algo tan real y auténtico como desear suerte se transformó en un bolso de imitación, si fue tu culpa o la mía ya no importa, el amor muta, se transforma y no siempre permanece.

Entonces entiendo el precio de la autenticidad y también que  existan personas que viven en la simulación, que el aparentar les da ese toque de personalidad que necesitan o cubren por instantes ese vacío que tienen.

Sea cual sea el caso, cuando algo no es origínal ya sea un bolso, un sentimiento o una persona, siempre habrá algo o alguien que diga en silencio “no es de verdad”


13
agosto 10

EXTRAORDINARIAS COINCIDENCIAS

Hace unos días, una importante persona que yo conocía dejó este mundo. Cómo es habitual, la familia organizó todos los rituales destinados para decir adiós a ese ser con el que tuvimos la oportunidad de coincidir en el mismo espacio y tiempo.

Elegantes trajes sastre de Chanel  y maxi gafas negras desfilaban por la sala. Gucci, Prada, Oscar de la Renta, modelos maravillosos e ideales para esconder la mirada de la tristeza.

Mientras el elegante e infalible color negro invadía la escena, una pregunta flotaba en el aire…¿por qué se fue?

Un gran hijo, un buen padre, un profesional admirable, un ser humano increíble. Tal parece que son las personas más especiales las que se van antes, cómo si de alguna forma vinieran a cumplir una misión específica en
este mundo y al completarla deben irse.

Empecé a pensar si acaso son requeridos allá arriba para ser aún más increíbles de lo que ya eran…nunca llegaré a saberlo.

Lo que me queda clara es una cosa: “cualquier día todo puede cambiar”

La gente caminaba hacía la familia para expresar su más profundo pésame y cariño, entre lagrimas, palabras de apoyo y gestos, la mayoría de los presentes decían…LO SIENTO.

Me quedó con esta expresión tan típica y que se dice tan a la ligera. Las personas la mencionan todo el tiempo cuando irónicamente nos pasamos la vida evitando hacerlo, no queremos sentir, huimos al dolor. Somos
víctimas de un pánico terrible y muchas veces nos alejamos de esos seres que nos hacen darnos cuenta que el amor y el desamor pueden llegar a percibirse incluso como sensaciones corporales.

Ese pinchazo en el corazón cuando ves su llamada, ese dolor de estómago cuando le recuerdas, ese sudor en las manos cuando está por llegar. Los sentimientos encuentran siempre la forma de manifestarse por más que racionalmente queramos negarlos y jugar a que no existen.

De pronto una especie de ansiedad me invade en medio de todas esas caras tristes, se hace paso a través de todos los recuerdos que convergen en la persona que se fue. Me percato, que cualquier día puedo irme yo también:

Y si no le dije a esa persona que lo quería…

Y si jamás mencione a esa otra su importancia en mi vida…

Y si olvide darle un abrazo a ese amigo cuando sabía que lo necesitaba…

Y si no le dije a mi amiga que se veía increíblemente bien en aquella fiesta en la que todo le salió mal…

Y si no hice esa llamada…

Y si no tuve esa mirada…

Y si no pedí perdón…

Y si ese alguien especial se convierte en  un recuerdo por miedo….

Y si ese recuerdo me atormenta toda la vida…

Y si toda la vida pienso “y si hubiera”…

Como si se tratara de una escena en un programa de televisión, hice un paneo de todos aquellos rostros. Me pregunté en quien estarían pensando, a quién añoran, qué se lamentan. Estoy segura que en la cabeza de todos ellos, existía una pregunta, que empezaba con: ¿Y si tan sólo hubiera?…cuya respuesta en la mayoría de los casos era: “ya es demasiado tarde”.

Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, y de pronto la ansiedad que sentí unos minutos atrás cambió por una especie de euforia, por unas ganas terribles de decir y hacer millones de cosas.

Empecé a ponerme inquieta, la silla me estorbaba, de esas veces que el cuerpo es un obstáculo, y tu alma necesita salir corriendo a hacer lo que tienes que hacer.

Un hombre mayor, de aspecto entrañable, se dio cuenta de mi nerviosismo, y me volteó a ver sonriendo.

Con su mano arrugada y llena de pecas tomo la mía delicadamente y me dijo:

“Estas cosas son infinitamente tristes, pero existe otra manera de verlas”. Intrigada,  pregunté: ¿cómo la partida de alguien que nos importa puede verse como algo positivo?… El respondió:

“Mi esposa falleció hace cinco años, y todos los días en lugar de recriminar a Dios su falta, le agradezco enteramente haberle conocido. Ella me eligió a mi… eso es una suerte”

Aquel hombre me dió una de las lecciones más valiosas que he oído jamás. Coincidir con un ser extraordinario es increíble, tener la suerte de que alguien haga brillar tu día aunque sea un segundo, es una bendición.

Inmersos en nuestra absoluta y egoísta cotidianeidad no nos tomamos el tiempo a pensar con cuantas personas valiosas hemos coincidido y eso, (como decía el hombre mayor) es una suerte. El simple hecho de que alguien deje en tu memoria un recuerdo que te haga sonreír, es extraordinario.

Existen personas que viven buscando esa chispa adecuada en alguien sin encontrarla jamás y otros que la tienen en frente y deciden no apreciarla. Lo que escapa a la normalidad, a lo cómodo, suele atemorizar. Da miedo que un ser extraordinario aparezca en tu vida, acostumbrarte a su presencia y que de pronto se vaya, que cambie el rumbo de tus días y que sin su presencia, no te veas capaz de seguir.  Da pánico la idea de jamás volver a toparte con alguien igual o parecido.

Algunos tienen tanto miedo a cuestionarse esto siquiera, que eligen el camino de la comodidad y se rodean de seres que vibran en la misma frecuencia gris que ellos mismos. Mirarán la vida pasar desde la ventana…y nunca vestirán de rojo, tampoco reirán demasiado alto, y usarán gafas para tapar su llanto y pretextos para cubrir su corazón.

A través de este post, agradezco profundamente los seres a quienes considero extraordinarias coincidencias. Le doy gracias a la vida, por ponerme en su mismo camino. A mi familia, a mis amigos, a quien he amado y quién amaré…gracias. Por todos los que han dejado en mi una palabra, un recuerdo, una risa, un baile, un viaje, una lagrima, una pelea, por los que están y los que se han convertido en una estrella más del cielo que me mira de vez en cuando…gracias. Ha sido:

UN PLACER COINCIDIR EN ESTA VIDA!



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